Viernes Santo

Comentarios de los Padres de la Iglesia

Jn. 18, 1-2 | 3-9| 10-11 | 12-14 | 15-18| 19-21

Jn. 18, 1-2

Cuando Jesús hubo dicho estas cosas, salió con sus discípulos de la otra parte del arroyo de Cedrón, en donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos. Y Judas, que lo entregaba, sabía también aquel lugar, porque muchas veces concurría allí Jesús con sus discípulos. (vv. 1-2)

San Agustín, in Ioannem, tract., 112

Terminado el sermón que el Señor había dirigido a sus discípulos después de la cena, y la oración elevada al Padre, empieza el evangelista San Juan la historia de su pasión, en estos términos: "Habiendo dicho esto, salió con sus discípulos hacia la otra parte del torrente", etc. No sucedió esto en seguida de concluida la oración, sino que mediaron otras cosas que omitió y se leen en los otros evangelistas.

San Agustín, De cons. evang. 3, 3

Se suscitó entre ellos una contienda sobre quién era el mayor, según dice San Lucas (22,24), y añade que el Señor dijo a Pedro: "He aquí que Satanás os ha solicitado para cribaros como el trigo" (Lc 22,31), etc. Y, según San Mateo (26,30) y San Marcos (14,26), después de rezado el Himno salieron para el Monte de los Olivos. Y continuando su relación San Mateo, dijo: "Entonces fue el Señor con ellos a una granja llamada Gethsemaní", (Mt 26,36). Este es el lugar de que habla San Juan, donde había un huerto, en el que entró Jesús con sus discípulos.

San Agustín, ut supra

Las palabras después de haber dicho esto, son para que no pensemos que la entrada en el huerto fue antes.

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 82

Pues ¿por qué no dice que cesando en su oración fue al huerto? Porque aquella oración fue pronunciada para los discípulos. Fue, pues, de noche, y pasó el río, y se apresuró a ir al sitio conocido por el traidor, ahorrando a sus enemigos el trabajo, y mostrando a sus discípulos que va voluntariamente.

Alcuino

Dice "a la otra parte del arroyo de Cedrón"; esto es, a la otra parte del torrente de los cedros, pues es genitivo del griego cedran. Pasó el torrente, el que se encuentra en el camino del torrente de su pasión, y bebió en el camino en donde estaba el huerto, para borrar en un huerto el pecado que en el huerto había sido cometido, pues la palabra paraíso significa huerto de delicias.

Crisóstomo, ut supra

Pero para que no pienses al nombrar el huerto que era para esconderse, añadió: "Pues Judas, que le entregaba, conocía el lugar, porque Jesús lo frecuentaba con sus discípulos".

San Agustín, ut supra

Con profunda sabiduría del Padre de los hijos, fue allí tolerado el lobo que, cubierto con piel de oveja, aprendió entre ellos el lugar donde, dada la ocasión, dispersaría el pequeño rebaño acometiendo insidiosamente al pastor.

Crisóstomo, ut supra

Muchas veces había concurrido allí Jesús con sus discípulos, para comunicarles secretos que no debían saber los demás. Esto lo hizo en los montes y en los huertos, buscando siempre lugar apartado de la muchedumbre, para que el alma no se distrajera de lo que oía. Allí, pues, fue Judas, pues era donde Jesús pasaba muchas noches, así como hubiera ido a su domicilio, si hubiera creído encontrarle durmiendo.

Teofilacto

Sabía Judas que el Señor acostumbraba enseñar a sus discípulos algo sublime y misterioso en los días festivos y en tales lugares y, por cuanto aquellos eran días solemnes, creyó que estaría allí para preparar a sus discípulos a celebrarlos.

Jn 18,3-9

Judas, pues, habiendo tomado una cohorte y los alguaciles de los Pontífices y de los fariseos, vino allí con linternas y con hachas y con armas. Mas Jesús, sabiendo todas las cosas que habían de venir sobre El, se adelantó y les dijo: "¿A quién buscáis?" Le respondieron: "A Jesús Nazareno". Jesús les dice: "Yo soy". Y Judas, aquel que lo entregaba, estaba también con ellos. Luego, pues, que les dijo yo soy, volvieron atrás y cayeron en tierra. Mas El les volvió a preguntar: "¿A quién buscáis?" Y ellos dijeron: "A Jesús Nazareno". Respondió Jesús: "Os he dicho que yo soy, pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos". Para que se cumpliese la palabra que dijo: De los que me diste, a ninguno de ellos perdí. (vv. 3-9)

Glosa

Había demostrado el Evangelista el modo como Judas pudo dar con el sitio donde estaba Cristo; ahora explica cómo llegó, diciendo: "Judas, pues, habiendo tomado una cohorte y los subalternos de los Pontífices", etc.

San Agustín, in Ioannem, tract., 112

La cohorte no fue de judíos, sino de soldados. Entiéndase que la recibió del Procónsul para prender al culpable, observando el procedimiento de autoridad legítima, a fin de que nadie osara hacer resistencia, a pesar de ser tanta y tan bien armada la gente que iba, que asustaba y acobardaba la idea de que alguno se atreviera a defender a Cristo.

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 82

¡Pero de qué modo se ganaron a los soldados con dinero, que iban dispuestos a todo!

Teofilacto

Llevaban haces y linternas, por si Cristo se escapaba ocultándose en la oscuridad.

Crisóstomo, ut supra

Muchas veces habían enviado, en otras ocasiones, a prenderlo, pero no lo consiguieron. De donde claramente se ve que en aquella se entregó espontáneamente. Por eso dice: "Jesús, pues, sabiendo todo lo que iba a venir sobre El, se adelantó y les dijo: "¿A quién buscáis?"

Teofilacto

No pregunta para querer saber (pues perfectamente conocía todo lo que le iba a suceder), pero queriendo manifestar que, aun estando presente, no podía ser visto ni distinguido por ellos; "Díjoles el Señor: Yo soy".

Crisóstomo, ut supra.

Estando en medio de ellos, cegó sus ojos. Y para manifestar que no fue por causa de la oscuridad, indica el Evangelista que llevaban luces. Si, pues, no las llevaran, habían de conocerle al menos por la voz. Y si Judas, que siempre había estado con El, no le conocía, tampoco le hubieran conocido ellos; por esto añade: "Estaba también Judas", etc. Hizo esto el Señor para manifestar que, no sólo no le hubieran podido prender, pero que ni aun le hubieran visto estando en medio de ellos, si El no lo hubiera permitido; por esto dice: "En cuanto les dijo: yo soy, retrocedieron", etc.

San Agustín, ut supra.

¿Dónde está la cohorte de soldados? ¿Dónde está el terror y el aparato de las armas? Una voz rechazó, hirió y derribó a tan gran turba, enfurecida de odio y temible por las armas, sin disparar una saeta. Es que Dios se ocultaba bajo la carne, y el eterno día de tal modo se escondía en los miembros humanos, que era buscado por las tinieblas con la luz de las linternas y de los haces para distinguirle. ¿Qué hará como Juez el que como reo así obra? Ahora, por medio del Evangelio, hace resonar por todas partes esta palabra: "Yo soy", dice Cristo, y los judíos esperan al anticristo, para volverse atrás y caer en tierra, porque los que abandonan el cielo desean la tierra.

San Gregorio, super Ezech. hom 9.

¿Por qué razón los elegidos caen de cara y los réprobos de espalda, sino porque el que cae de espalda no ve a dónde cae, al paso que el que cae de frente ve dónde cae? Por eso los malvados, que caen en las cosas invisibles, caen de espaldas, porque caen en donde no pueden ver lo que les viene detrás, mientras que los justos, que se abniegan a sí mismos y a las cosas visibles para levantarse por medio de las invisibles, caen como de cara, porque, arrepentidos por el temor, se reconcentran y humillan.

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 83

Nadie diga que el Señor mismo indujo a los judíos a que le matasen, entregándose El mismo en sus manos; pues claramente les demostró lo que bastaba para que ellos desistiesen. Pero por cuanto permanecían en su malicia, y no tenían excusa, entonces se entregó El mismo en sus manos. Por eso, "Volvió, pues, a preguntarles, ¿a quién buscáis? pero ellos", etc.

San Agustín, in Ioannem, tract., 112

Ya habían oído primero, yo soy, pero no habían comprendido que el que pudo todo lo que quiso, no quiso esto. Pero si nunca hubiera permitido el ser prendido por ellos, no habrían llevado a cabo aquello por lo que venían, ni El hubiera hecho aquello por lo que había venido y, por tanto, después de haber mostrado su poder a los ojos de los que querían y no podían prenderle, se deja prender para hacerles cumplir inconscientes su voluntad. Y sigue: "Si, pues, me buscáis a mí, dejad ir a éstos".

Crisóstomo, ut supra

Como si dijera: "Si me buscáis a mí, nada tenéis que ver con éstos; he aquí que yo mismo me entrego", demostrando así la consecuencia de su amor a los suyos, hasta la última hora.

San Agustín, ut supra

Esto manda a sus enemigos, y hacen esto que manda; les permite que se vayan aquellos que El no quiere que perezcan.

Crisóstomo, ut supra

Para demostrar el Evangelista que esto no fue efecto de la voluntad de ellos, sino del poder del que era prendido, añade: "Para que se cumpliese la palabra que dijo: Porque no perdí a los que me diste", etc. Esta perdición no se refería a la muerte natural, sino a la eterna, pero el Evangelista la entendió de la muerte presente.

San Agustín, ut supra

¿Acaso no habían de morir después? ¿Cómo entender que los perdería si entonces morían, sino porque aún no creían en El como creen los que se salvan?

Jn 18,10-11

Mas Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó: e hirió a un siervo del Pontífice; y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. Jesús entonces dijo a Pedro: "Mete tu espada en la vaina. ¿El cáliz que me ha dado el Padre, no le tengo de beber?" (vv. 10-11)

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 82

Confiando Pedro en la palabra que había dicho el Señor sobre lo que había de suceder, se arma contra los que habían venido. Por eso dice: "Teniendo, pues, Simón Pedro una espada", etc. ¿Cómo, pues, el que había recibido orden de no tener bolsa ni dos túnicas, tiene espada? Me parece que él venía preparado temiendo los acontecimientos próximos.

Teofilacto

O bien, porque necesitando la espada para el sacrificio del cordero, la llevaba aun después de la cena.

Crisóstomo, ut supra

Pero ¿cómo el que tenía orden de no devolver una bofetada, es homicida? Porque tenía el mandato principal de no vengarse; pero aquí no se vengaba sino que defendía al Maestro. Además, aun no eran perfectos, y si no, verás después cómo Pedro es azotado y lo lleva con humildad. No sin causa, añade después: "Y le cortó la oreja derecha". Paréceme que esto quiere significar la impetuosidad del apóstol, porque él tiraba a la cabeza.

San Agustín, in Ioannem, tract., 112

Sólo este Evangelista expresa el nombre de este criado, cuando dice: "El nombre de este siervo era Malcho", así como sólo San Lucas expresa que el Señor le tocó la oreja y le curó.

Crisóstomo, ut supra

Entonces hizo este milagro para enseñarnos que conviene hacer bien a los que nos hacen mal, revelando al mismo tiempo su poder. Pero el Evangelista citó el nombre para que los que leyeren pudiesen averiguar si verdaderamente sucedió esto. Y dice que era criado del Sumo Pontífice, porque es notable el hecho, no sólo porque le curó, sino porque hizo la cura en favor de aquel que había venido a prenderle, y poco después le había de abofetear.

San Agustín, ut supra

El nombre de Malcho quiere decir que ha de reinar1. ¿Qué significa, pues, esta oreja amputada en la defensa del Señor y por el Señor curada, sino que cortado el oído del hombre viejo se ha renovado en el espíritu y no en la vetustez de la letra? El que haya recibido de Cristo, ¿quién duda que ha de reinar con Cristo? El que fuese criado revela aquella antigüedad que engendra la esclavitud, así como su curación es figura de la libertad.

Teofilacto

También la amputación de la oreja derecha del siervo del Príncipe de los Sacerdotes era signo de la sordera de éstos, que había invadido principalmente a los Príncipes de los Sacerdotes, pero su curación significa la sumisión de la inteligencia que rendirán los Israelitas a la venida de Elías.

San Agustín, ut supra

El Señor reprobó el hecho de Pedro, y prohibió su repetición en lo sucesivo, y por eso dijo, pues, Jesús: "Vuelve tu espada a la vaina"; lo dijo amonestándole a la paciencia, y para que esto quedara escrito.

Crisóstomo, ut supra

Al mismo tiempo que le contuvo con la reprensión, como refiere San Mateo, por otra parte le consolaba diciendo: "¿No quieres que beba el cáliz que me dio mi Padre?" Manifestando que lo que sucedía no era efecto del poder de los judíos sino de su permisión, y que lejos de ser contrario a Dios, era obediente hasta la muerte.

Teofilacto

En lo que dice El mismo de su cáliz, revela cuán grata y aceptable le parecía la muerte por la salvación de los hombres.

San Agustín, ut supra

En cuanto a lo que dice que es el Padre quien le ha dado el cáliz de la pasión, es lo que dice el Apóstol: "No perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros" (Rom 8,32). Pero el Autor de este cáliz es el mismo que lo bebe, por lo que dice el Apóstol: "Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros" (Ef 5,2).

Jn 18,12-14

La cohorte, pues, y el tribuno, y los ministros de los judíos, prendieron a Jesús, y lo ataron. Y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, el cual era el Pontífice de aquel año. Y Caifás era el que había dado el consejo a los judíos: Que convenía que muriese un hombre por el pueblo. (vv. 12-14)

Teofilacto

Después de hecho cuanto bastaba para contener a los judíos, como ellos de ningún modo entraran en razón, entonces permitió ser llevado; y por esto dice: "La cohorte, pues, y el tribuno, y los ministros", etc.

San Agustín, in Ioannem, tract., 112

Prendieron, pues, al que no se acercaron, ni entendieron, ni oyeron aquello: "Acercáos a El y seréis iluminados" (Sal 33,6), porque si se acercasen de corazón, lo tomarían en palmas no para matarle, sino para recibirle; pero del modo que le prendieron se apartaron más lejos de El. Sigue: Y ataron a Aquel por quien más bien debieron querer ser desatados; y tal vez estaban con ellos los que libertados después por El dijeron: "Desataste mis ataduras" (Sal 115,16). Después que los aprensores por la traición de Judas ataron al Señor, para que se entienda que Judas no es digno de alabanza por la utilidad de esta traición, sino punible por la espontaneidad del crimen, dice: "Y le llevaron primero a casa de Anás", etc.

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 82

Gozaban, pues, y se gloriaban en lo que hacían, llevándolo como en trofeo.

San Agustín, in Ioannem, tract., 113

Ni calla el motivo por qué esto se hizo así, añadiendo: "Pues era suegro de Caifás", etc. Con razón, queriendo San Mateo contar esto con más brevedad, dice que fue conducido a Caifás, porque si fue llevado primero a Anás, su suegro, es para que se entienda que así lo quiso Caifás.

Beda

A fin de que siendo condenado por otro juez de igual jurisdicción, pareciese menos criminal su sentencia. O tal vez porque en tal dirección podía estar situada su casa que fuera preciso pasar por ella. O bien por disposición divina sucedió que los que estaban unidos por parentesco lo estuviesen también por crimen. Pero lo que dice de ser Pontífice de aquel año, es contrario a la Ley, en la que estaba mandado que no hubiera más que un solo sumo Pontífice, muerto el cual sucediera su hijo. Pero el pontificado estaba ya corrompido por la ambición.

Alcuino

Refiere Josefo que este Caifás había comprado el sacerdocio por un año; no es, pues, de extrañar que un Pontífice inicuo juzgara inicuamente, pues frecuentemente el que llega por avaricia al sacerdocio, se conserva en él por la injusticia.

Crisóstomo, ut supra

No se aturda el que oiga hablar de prisiones; recuerde la profecía, de que la muerte de Jesús fue la salvación del mundo. Así sigue: "Era pues, Caifás quien había aconsejado a los judíos; porque conviene que muera un hombre por el pueblo"; tanto era, pues, la superabundancia de la verdad, que rebosaba hasta en la boca de los enemigos.

Jn 18,15-18

Simón Pedro y otro discípulo, seguían a Jesús. Y aquel discípulo era conocido del Pontífice, y entró con Jesús en el atrio del Pontífice. Mas Pedro estaba fuera a la puerta. Y salió el otro discípulo, que era conocido del Pontífice, y le dijo a la portera, e hizo entrar a Pedro. Y dijo a Pedro la criada portera: "¿No eres tú también de los discípulos de este hombre?" Dice él: "No soy". Los criados y los ministros estaban en pie a la lumbre, porque hacía frío, y se calentaban; y Pedro se estaba también en pie calentándose con ellos. (vv. 15-18)

San Agustín, De cons. evang. 2, 6.

No todos los Evangelistas refieren del mismo modo la negación de Pedro, que es comprendida entre las afrentas hechas al Señor, pues San Mateo y San Marcos cuentan primero las injurias, y después la tentación de Pedro; pero San Lucas explica primero las tentaciones de Pedro, y después los ultrajes hechos al Señor. San Juan empieza a decir sobre la tentación de Pedro: "Seguían a Jesús, Simón Pedro y otro discípulo".

Alcuino

Seguían al Maestro por devoción, aunque de lejos por el temor.

San Agustín, in Ioannem, tract., 113

Quién fuese el otro discípulo, puede asegurarse sin temeridad, por el silencio que guarda San Juan, pues acostumbra a darse a conocer de este modo, y añadiendo: al que amaba Jesús. Y sin duda, pues, es él mismo.

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 82

El mismo se oculta por humildad, pues refiere con gran sinceridad el modo cómo en el momento de huir todos él siguió, y posponiéndose a Pedro, precisado a nombrarse a sí mismo, para dar a conocer la certeza con que puede asegurar mejor que los otros lo que sucedió en el atrio, porque se hallaba dentro, prescinde de su propia alabanza, diciendo: "Aquel discípulo era conocido del Pontífice". No da gran importancia a lo que dice de sí, pero porque había dicho que entró con Jesús solo, a fin de que no se forme de él una elevada idea, añade la razón. El haber ido Pedro fue un acto de amor; el no haber entrado lo fue de temor. Por lo que sigue: "Pero Pedro estaba a la puerta fuera".

Alcuino

Fuera estaba el que había de negar al Señor; y no estaba en Cristo quien no se atrevía a confesarle.

Crisóstomo, ut supra

Mas que Pedro entró en la casa con permiso, lo explica diciendo: "Salió, pues, aquel discípulo y habló a la portera, e introdujo a Pedro"; pero no fue él quien le introdujo, porque Pedro estaba unido a Cristo y le seguía: "Dícele la criada portera: ¿por ventura eres tú de los discípulos de este hombre? Dice él: No soy". ¿Qué dices, oh Pedro? ¿No dijiste antes: Si conviniere daré mi vida por ti (Mt 26,35)? ¿Qué, pues, ha sucedido que no puedes soportar ni aun la pregunta de una portera? No era soldado el que preguntaba, sino una vil portera. Ni dijo: Eres discípulo de un seductor, sino de aquel hombre; palabra que es de compasión. Dice, pues: "¿Acaso también tú?" porque Juan estaba dentro.

San Agustín, ut supra

¡Pero qué es de admirar si Dios predijo la verdad y el hombre presumió la falsedad! En verdad que en esta negación de Pedro ya comenzada debemos observar que no sólo niega a Cristo diciendo que no es Cristo, sino que (se niega) a sí mismo, negando que sea cristiano. El Señor no había dicho a Pedro: Negarás que eres mi discípulo, sino "me negarás" (Mt 26,34; Lc 22,51). Negó, por tanto, a Cristo cuando negó ser su discípulo. ¿Qué otra cosa hizo de este modo sino negar que era cristiano? ¡Cuántos, aun niños y doncellas supieron despreciar la muerte confesando a Cristo después de él, y conquistaron el reino de los cielos! Lo que entonces no pudo éste que había recibido las llaves de aquel reino, porque se dijo: "Dejad ir a éstos", porque de los que me diste no perdí a ninguno de ellos. He aquí, pues, a Pedro que si después de haber negado a Cristo marchara de aquí, sin duda perecería.

Crisóstomo, in Serm. De Petro et Elia

Es sin duda un secreto, que la Divina Providencia permitió que cayera primero el mismo Pedro, a fin de templar la dureza de la sentencia para con los pecadores en vista de este caso. Pedro, doctor y maestro de todo el mundo, pecó y alcanzó el perdón, a fin de que este ejemplo de indulgencia fuese la regla para todos los jueces. Esta es la razón por la que yo pienso que la potestad sacerdotal no ha sido encomendada a los ángeles, porque siendo éstos impecables castigarían a los pecadores sin compasión. Por eso se ha constituido sobre los hombres a otros también pecadores, para que, reconociendo en sí las mismas pasiones que en los otros, se muestren benignos con ellos.

Teofilacto

Hay algunos que queriendo atribuir a Pedro una falsa gracia, dicen que éste negó porque quería estar siempre con Cristo y seguirle; pues conocía que si confesaba ser discípulo de Cristo, le separarían de El y no podría en adelante seguir y ver al que amaba, y por esta razón fingió ser uno de los ministros, para evitar que, conociéndole por su tristeza, fuese echado fuera. Por eso dice: "Estaban, pues, en pie los criados y los ministros alrededor del fuego, porque hacía frío y se calentaban, y Pedro estaba con ellos", etc.

San Agustín, ut supra

No era invierno, y sin embargo hacía frío, como suele suceder en el equinoccio de verano.

San Gregorio, Moralium 2, 3

Ya se había enfriado en el corazón de Pedro el calor de la caridad, y renaciendo en él el amor a la vida presente, como si padeciese la misma enfermedad que los perseguidores, se calentaba.

Jn 18,19-21

El Pontífice, pues, preguntó a Jesús sobre sus discípulos y sobre su doctrina. Jesús le respondió: "Yo manifiestamente he hablado al mundo; yo siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, a donde concurren todos los judíos, y nada he hablado en oculto. ¿Qué me preguntáis a mí? Preguntad a aquellos que han oído lo que yo les hablé: he aquí éstos saben lo que yo he dicho". (vv. 19-21)

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 82

Como no podían imputarle a Cristo ningún crimen, le preguntaron sobre sus discípulos; por lo que se dice: "El Pontífice, pues, preguntó a Jesús sobre sus discípulos"; tal vez dónde estaban, o cómo los había reunido. Esto lo decía, queriendo tratarle como sedicioso y acusarle de innovador, sin atender casi a nada más que a sus discípulos.

Teofilacto

Sobre su doctrina investiga cuál es; si discrepaba de la Ley de Moisés, o la contradecía, para tomar de aquí pretexto para condenarle como antagonista de Dios.

Alcuino

No pregunta por amor a conocer la verdad, sino para encontrar motivo de acusación y entregarlo al Pretor romano para que le condene. Pero el Señor de tal modo atemperó su respuesta, que ni ocultó la verdad, ni demostró que se defendía. Sigue: "Respondió Jesús: Yo he hablado al mundo manifiestamente; Yo siempre enseñé en la sinagoga y en el templo", etc.

San Agustín, in Ioannem, tract., 113

No es de pasar por alto esta cuestión. Si, pues, a sus discípulos no les hablaba claramente, sino que les ofrecía hora en que les hablaría descubiertamente, ¿cómo ha hablado manifiestamente al mundo? Además, hablaba mucho más claro a sus discípulos cuando se hallaban separados de las turbas, y entonces les explicaba las parábolas que presentaba oscuras a los demás. Pero se ha de entender que cuando dijo "He hablado públicamente", es como si dijera: "Muchos me han oído", aunque interiormente no comprendían. Y cuando hablaba aparte a sus discípulos, tampoco lo hacía en secreto; porque ¿quién habla secretamente haciéndolo en público, principalmente si lo dice a pocos para que lo comuniquen a muchos?

Teofilacto

Recuérdese aquí aquella profecía que dice: "No hablé en secreto ni en lugar tenebroso de la tierra" (Is 45,19).

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 82

O en verdad habló en secreto, pero no como ellos buscaban, tímida y sediciosamente, sino diciendo cosas sublimes, en presencia de grande auditorio. Queriendo probar sobradamente la verdad de su aserto, añade: "¿Qué me preguntas? Pregunta a aquellos que me oyeron qué es lo que les he dicho; éstos lo saben". Como diciendo: Tú me preguntas por los míos; pregunta a mis enemigos, que me preparan acechanzas. Estas palabras son sólo propias de un hombre que fía en la verdad de su dicho. Este es un irrefutable argumento de la verdad (una prueba sin réplica) que resulta de la declaración de los enemigos citados por el acusado.

San Agustín, ut supra

Hasta lo mismo que habían oído y no habían entendido era de tal naturaleza, que no podían por ello acusarle justa y verazmente; y cuantas veces intentaron preguntarle para encontrar de qué acusarle, les respondió de modo que resultó contra ellos su falacia y frustró sus calumnias.