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Germán Doig K.
Índice
De la introducción: Vivimos un tiempo de encrucijadas. Un tiempo fascinante a la vez que incierto. Junto con esperanzadoras perspectivas también hay que señalar el surgimiento de nuevas amenazas e idolatrías. Es un tiempo de profundos cambios de paradigmas culturales en el que la tecnología ocupa un lugar importante. Preguntarse por lo que es y darle su lugar correcto es imperativo para comprender mucho de lo que está ocurriendo y afrontar los retos del mañana. Hoy en día se puede decir que resulta igual de ingenuo y simplista pensar en un paraíso pre-tecnológico —como imaginaban algunos ideólogos de corte ilustrado y como parecen creer algunos extremistas de la ecología profunda—, como lo que llamamos la utopía tecnológica, que hace de la tecnología el instrumento supremo y definitivo de libertad y felicidad de un ser humano que se redefine según su racionalidad. Después de haber corrido tanta agua bajo el puente debería quedar claro que no existen paraísos en la tierra. Ni el romanticismo de un Jean Jacques Rousseau —y su buen salvaje—, ni la fe ciega en el progreso tecnológico de un Francis Bacon —con su utopía tecnológica descrita en su Nueva Atlántida— debieran tener cabida hoy en día. Pero el ser humano es así, elabora mitos y fabrica ídolos. Y en este tiempo que ve crecer el desarrollo tecnológico también lo está haciendo. La tecnología es un desafío para la humanidad que está ingresando en un nuevo milenio. Un desafío que exige un serio esfuerzo de discernimiento y que debe ser sopesado adecuadamente, con ponderación. Hay, evidentemente, razones para mirar con preocupación algunas consecuencias ligadas a su desarrollo, como existen también señales de esperanza a partir de sus beneficios. La tecnología es obra del ser humano y forma parte de la manera como vive y se desarrolla, es decir de su cultura. Por esa razón no se puede prescindir en su valoración de las preguntas fundamentales en torno a la verdad y al bien, ya que nada de lo humano puede dejar de lado estas dimensiones de la realidad. El presente trabajo constituye un intento de explorar los principales aspectos de la tecnología, teniendo en cuenta sobre todo el desarrollo tecnológico de los últimos tiempos. Trata de plantear los diversos dilemas que se han alzado buscando ofrecer algunas pistas desde la fe de la Iglesia, experta en humanidad, para comprender y asumir este desafío. Es, como tal, un trabajo que quisiera ser más una invitación a la reflexión que una respuesta acabada, pero que sobre todo aspira a ser una convocatoria a la investigación seria y comprensiva de un asunto de tanta trascendencia para la existencia del ser humano. Está en manos del hombre el que la tecnología sea un instrumento de bien y de auténtica humanización o que se desvíe y se vuelva contra él, convirtiéndose en ocasión de nuevas y sofisticadas formas de esclavitud. Eso plantea la necesidad de asumir el desafío de la tecnología con agudo sentido de responsabilidad. El mito de Ícaro y Dédalo es un recordatorio de los límites y ambigüedades del obrar tecnológico, pero debe ser además una invitación a darle su lugar adecuado y su recto sentido al servicio del hombre y de su realización según el Plan de Dios.
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