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RetrocederÍndiceAvanzar Los Evangelios de la Infancia
  Lc 1,65-66

Y vino temor sobre todos los vecinos de ellos, y se extendieron todas estas cosas por todas las montañas de la Judea. Y todos los que las oían las conservaban en su corazón, diciendo: ¿Quién pensáis que será este niño? Porque la mano del Señor estaba con él. (vv. 65-66)

 

 

Teofilacto. Así como todo el pueblo estaba admirado del mutismo de Zacarías, así también se admiró cuando lo oyeron hablar. Por esto se dice: "Y vino temor sobre todos los vecinos, ...", a fin de que esos dos prodigios hiciesen pensar algo grande acerca del recién nacido. Todo esto se disponía así, a fin de que, el que debía ser testigo de Cristo, fuese también digno de fe. De donde sigue: "Y todos los que las oían las conservaban en su corazón, diciendo: ¿Quién pensáis que será?".
Beda. Signos previos abren al precursor el camino de la verdad y el futuro profeta es recomendado por oráculos que lo preceden. De donde sigue: "Porque la mano del Señor estaba con él".
Glosa. Dios era quien hacía estos prodigios en él, los cuales no hacía San Juan, sino la mano divina -o lo que es lo mismo, su diestra-.
Griego. En sentido místico, es el temor saludable que produjo la predicación de la gracia de Jesucristo en el tiempo de la resurrección del Señor, no solamente a los judíos -que eran vecinos, ya por el país, ya por el conocimiento de la ley- sino también a los gentiles, moviendo sus corazones. Y la fama de Jesucristo no sólo franqueó las montañas de Judea, sino también todas las cumbres del reino del mundo y de la sabiduría mundana.

 

 


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