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RetrocederÍndiceAvanzar Los Evangelios de la Infancia
  Lc 1,54-55

Recibió a Israel su siervo, acordándose de su misericordia. Así como habló a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia por los siglos. (v. 54-55)

 

 

Glosa. Después que hace mención de la piedad y de la justicia divina, vuelve a ocuparse de la gracia especial que dispensa por medio de la nueva encarnación, diciendo: "Recibió a Israel su siervo", como médico que visita al enfermo. Así, Dios se hizo visible entre los hombres, para hacer que Israel -esto es, el que ve a Dios- fuese su siervo.
Beda. Esto es, al obediente y al humilde; porque el que no quiere humillarse, no puede salvarse.
San Basilio. Dice, pues, Israel, no la material a quien ennoblecía su nombre, sino la espiritual que retenía el nombre de la fe, teniendo sus ojos dirigidos hacia Dios para verlo por medio de la fe. También puede adaptarse a la Israel material, puesto que de ella creyeron muchos. Hizo esto "acordándose de su misericordia", porque cumplió lo que había ofrecido a Abraham, diciendo: "Porque serán bendecidas en tu descendencia todas las naciones de la tierra" (Gén 22,18). La Madre de Dios, recordando esta promesa decía: "Así como habló a nuestros padre Abraham". Porque se dijo a Abraham: "Estableceré mi pacto entre nosotros, y entre tu descendencia que habrá de venir después que tú, por medio de un pacto sempiterno que alcanzará a todas sus generaciones, a fin de que yo sea tu Dios y el de tu descendencia después de ti" (Gén 17,7).

 

Beda. Llama descendencia, no tanto a los engendrados por la carne, como a los que han de seguir las huellas de su fe, y a quienes se ha prometido la venida del Salvador en los siglos.
Glosa. Como esta promesa de herencia no se cierra por límite, no faltarán creyentes hasta el fin del mundo y la gloria de la bienaventuranza será perenne.

 

 


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