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San Ireneo de Lyon, Demostración de la predicación apostólica
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Demostración de la predicación apostólica

PR√ďLOGO [cc. 1-3)

Irineo escribe a su amigo Marciano y le promete un compendio de la fe cristiana

1. Conozco, querido Marciano, tu empe√Īo en seguir la senda de la piedad el √ļnico camino que lleva al hombre a la vida eterna; me alegro por ello y pido por ti para que, conservando pura la fe, resultes grato a Dios, tu Creador. ¬°Ojal√° pudi√©semos estar siempre juntos para ayudarnos mutuamente y aligerar las preocupaciones de la vida terrena mediante el intercambio continuo de cuestiones provechosas! Dado que en la actualidad estamos f√≠sicamente separados uno del otro, he decidido, dentro de mis posibilidades, conversar contigo por escrito y exponerte brevemente la predicaci√≥n de la verdad para fortalecer tu fe. Lo que te env√≠o es una especie de promemoria sobre los puntos fundamentales, de tal modo que en pocas p√°ginas puedas encontrar abundante material teniendo reunidas concisamente las l√≠neas fundamentales del cuerpo de la verdad y con este compendio tengas a mano las pruebas de las realidades divinas. Pienso que te ser√° √ļtil no s√≥lo para tu salvaci√≥n sino tambi√©n para confutar a los que defienden falsas opiniones y, a quien lo quiera conocer, le podr√°s exponer con seguridad nuestra ense√Īanza en su integridad y pureza. En realidad, para aqu√©llos que ven no hay m√°s que un camino ascendente, iluminado por la luz celeste; pero para aqu√©llos que no ven, los caminos son muchos, sin iluminaci√≥n y descendentes. El primero conduce al reino de los cielos y une al hombre con Dios; los otros llevan a la muerte y alejan de Dios. Por lo tanto, para ti y para los que desean ardientemente su salvaci√≥n, es necesario que caminen en la fe, sin desviarse, con coraje y determinaci√≥n, para evitar que, por falta de tenacidad y perseverancia, se entreguen a los placeres materiales o que, errando el camino, se alejen de la recta direcci√≥n.

El conocimiento de la verdad y las buenas obras

2. Y como el hombre es un ser viviente compuesto de alma y cuerpo, as√≠ es necesario y conveniente que exista en virtud de tales dos elementos; y puesto que del uno y del otro, de los dos, emanan las ca√≠das, la pureza del cuerpo est√° en abstenerse y rehuir toda cosa inverecunda y toda acci√≥n injusta, y la pureza del alma est√° en conservar intacta la fe en Dios, sin agregar ni quitar nada de ella. Porque la piedad se empa√Īa y pierde su candor cuando se contamina con la impureza del cuerpo; se rompe, se mancha y se desintegra cuando el error entra en el alma; se mantendr√° en su belleza y en su justa proporci√≥n cuando la verdad habita constantemente en el alma y la santidad en el cuerpo. Pero ¬Ņpara qu√© sirve conocer la verdad de palabra si se profana el cuerpo y se realizan acciones degradantes? ¬ŅDe qu√© sirve la santidad del cuerpo si la verdad no anida en el alma? Ambos, pues, se alegran de estar juntos, est√°n aliados y luchan mano a mano para llevar al hombre a la presencia de Dios. Por esto dice el Esp√≠ritu Santo por medio de David: Dichoso el hombre que no ha caminado en el consejo de los imp√≠os (Ps 1,1), es decir, en el consejo de los pueblos que no conocen a Dios; de hecho, imp√≠os son aquellos que no veneran a Aqu√©l que es, por naturaleza, Dios. De ah√≠ que el Verbo dice a Mois√©s: Yo soy el que soy (Ex 3,14). De esta forma los que no veneran a Aqu√©l que verdaderamente es, son imp√≠os. El que no se ha parado en el camino de los pecadores (Ps 1,1). Y son pecadores los que poseen el conocimiento de Dios y no guardan sus mandamientos, es decir, los que le desprecian. Que tampoco se sienta en la c√°tedra de los c√≠nicos (Ps 1,1). C√≠nicos son los que con doctrinas falsas y perversas no s√≥lo se corrompen a s√≠ mismos sino tambi√©n a los dem√°s. La c√°tedra de hecho es el s√≠mbolo de la escuela. As√≠ son los herejes: se sientan en la c√°tedra de los c√≠nicos y corrompen a los que toman el veneno de sus doctrinas.

La Regla de la fe: fundamento de la verdad y de la salvación

3. As√≠ pues, por temor a cosa semejante, nosotros debemos mantener inalterada la Regla de la fe, y cumplir los mandamientos de Dios creyendo en √Čl, temi√©ndole como a Se√Īor y am√°ndole como a Padre. Por lo tanto, un comportamiento de este estilo es una conquista de la fe, pues, como dice Isa√≠as: Si no cre√©is no comprender√©is (Is 7,9); la fe nos es concedida por la verdad, pues la fe se fundamenta en la verdad. De hecho nosotros creemos lo que realmente es y c√≥mo es; y creyendo lo que realmente es y como siempre es, mantendremos firme nuestra adhesi√≥n. Ahora bien, puesto que la fe sostiene nuestra salvaci√≥n, es necesario prestarle mucha atenci√≥n para lograr una aut√©ntica inteligencia de la realidad. La fe es la que nos procura todo eso como nos han transmitido los presb√≠teros, disc√≠pulos de los ap√≥stoles. En primer lugar la fe nos invita insistentemente a rememorar que hemos recibido el bautismo para el perd√≥n de los pecados en el nombre de Dios Padre y en el nombre de Jesucristo, Hijo de Dios encarnado, muerto y resucitado, y en el Esp√≠ritu Santo de Dios; que el bautismo es el sello de la vida eterna, el nuevo nacimiento de Dios, de tal modo que no seamos ya m√°s hijos de los hombres mortales, sino de Dios eterno e indefectible; que el Eterno e Indefectible es Dios, por encima de todas las creaturas, y que cada cosa, sea de la especie que sea, est√° sometida a √Čl, y cuanto a √Čl fue sometido fue por √Čl creado. Dios, por lo tanto, no ejerce su poder y soberan√≠a sobre lo que pertenece a otros, sino sobre lo que le es propio. Y todo es de Dios. En efecto, Dios es omnipotente y todo proviene de √Čl.

LA CATEQUESIS APOST√ďLICA (cc. 4-41)

Dios creador de todas las cosas

4. Porque es necesario que las cosas creadas tengan por principio alguna causa grande, y el principio de todo es Dios; √Čl no tiene origen en otro, antes por el contrario, todo fue creado por √Čl. Es, pues, necesario creer primeramente que hay un Dios, el Padre, el cual lo cre√≥ y organiz√≥ el conjunto de los seres e hizo existir lo √ļnico que no exist√≠a, y conteniendo el conjunto de los seres es el √ļnico incontenible. Ahora bien, en tal conjunto se halla igualmente este mundo nuestro, y en el mundo, el hombre. Tambi√©n, pues, este mundo fue creado por Dios.

Dios crea por medio del Verbo y del Espíritu

5. He aqu√≠ la demostraci√≥n (de esta doctrina): que hay un solo Dios, Padre, increado, invisible, creador del universo; ni por encima de √Čl ni despu√©s de √Čl existe otro Dios; que Dios es racional y por esto todos los seres fueron creados por medio del Verbo; y Dios es Esp√≠ritu, y con el Esp√≠ritu lo dispuso todo, seg√ļn dice el profeta: Por la palabra del Se√Īor fueron establecidos los cielos, y por obra de su Esp√≠ritu todas sus potencias (Ps 32,6). Ahora bien, ya que el Verbo establece, es decir, crea y otorga la consistencia a cuanto es, all√≠ donde el Esp√≠ritu pone en orden y en forma la m√ļltiple variedad de las potencias, justa y convenientemente el Verbo es denominado Hijo, y el Esp√≠ritu, Sabidur√≠a de Dios. A este prop√≥sito el ap√≥stol Pablo dice: Un solo Dios Padre, que est√° por encima de todo, con todo y en todos nosotros (Ep 4,6). Porque sobre todas las cosas est√° el Padre, pero con todo est√° el Verbo, puesto que por su medio el Padre ha creado el universo; y en todos nosotros est√° el esp√≠ritu que grita ¬ęAbb√°¬Ľ y ha plasmado el hombre a semejanza de Dios. As√≠ pues, el Esp√≠ritu muestra al Verbo; a su vez los profetas anunciaron al Hijo de Dios; mas el Verbo lleva consigo el Esp√≠ritu, y as√≠ es √Čl mismo quien comunica a los profetas el mensaje y eleva al hombre hasta el Padre.

Los tres artículos de la Fe: Padre, Hijo y Espíritu Santo

6. He aqu√≠ la Regla de nuestra fe, el fundamento del edificio y la base de nuestra conducta: Dios Padre, increado, ilimitado, invisible, √ļnico Dios, creador del universo. √Čste es el primer y principal art√≠culo. El segundo es: el Verbo de Dios, Hijo de Dios, Jesucristo nuestro Se√Īor, que se ha aparecido a los profetas seg√ļn el designio de su profec√≠a y seg√ļn la econom√≠a dispuesta por el Padre; por medio de √Čl ha sido creado el universo. Adem√°s al fin de los tiempos para recapitular todas las cosas se hizo hombre entre los hombres, visible y tangible, para destruir la muerte, para manifestar la vida y restablecer la comuni√≥n entre Dios y el hombre. Y como tercer art√≠culo: el Esp√≠ritu Santo por cuyo poder los profetas han profetizado y los padres han sido instruidos en lo que concierne a Dios, y los justos han sido guiados por el camino de la justicia, y que al fin de los tiempos ha sido difundido de un modo nuevo sobre la humanidad, por toda la tierra, renovando al hombre para Dios.

El Bautismo nuevo nacimiento en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo

7. Por eso el Bautismo, nuestro nuevo nacimiento, tiene lugar por estos tres art√≠culos, y nos concede renacer a Dios Padre por medio de su Hijo en el Esp√≠ritu Santo. Porque los portadores del Esp√≠ritu de Dios son conducidos al Verbo, esto es, al Hijo, que es quien los acoge y los presenta al Padre, y el Padre les regala la incorruptibilidad. Sin el Esp√≠ritu Santo es pues imposible ver el Verbo de Dios y sin el Hijo nadie puede acercarse al Padre, porque el Hijo es el conocimiento del padre y el conocimiento del Hijo se obtiene por medio del Esp√≠ritu Santo. Pero el Hijo, seg√ļn la bondad del Padre, dispensa como ministro al Esp√≠ritu Santo a quien quiere y como el padre quiere.

Dios Padre bondadoso y justo

8. Y si el padre es denominado por el Esp√≠ritu Santo, Alt√≠simo, Omnipotente y Se√Īor de las potencias, es para que lleguemos a conocer a Dios, es decir, el creador del cielo y de la tierra y de todo el universo, creador de los √°ngeles y de los hombres y Se√Īor de todos, por medio del cual todo existe y permanece en vida, misericordioso, compasivo, tiern√≠simo, bueno, justo, Dios de todos, de los Jud√≠os, de los Gentiles y de los creyentes; pero de los creyentes es Dios Padre, pues al fin de los tiempos abri√≥ √Čl el testamento de la adopci√≥n filial; sin embargo para los Jud√≠os es Se√Īor y legislador porque cuando aquellos hombres, en los tiempos medios, olvidaron a Dios alej√°ndose y rebel√°ndose contra √Čl, los recondujo a la obediencia mediante la ley para que cayeran en la cuenta que ten√≠an un Se√Īor que es autor, creador y que da el soplo de vida, al cual debemos prestar culto d√≠a y noche; y para los Gentiles es creador, demiurgo y omnipotente. Para todos, sin excepci√≥n, es dador de alimento y manjar, rey y juez, porque nadie escapar√° a su juicio, ni jud√≠o, ni gentil ni ning√ļn creyente que haya pecado y ni siquiera un √°ngel. Aquellos que en el presente se nieguen a creer en su bondad, experimentar√°n en el juicio su poder, como dice el santo Ap√≥stol: No reconociendo que la bondad de Dios te est√° empujando a la enmienda, antes por el contrario, con la dureza y la impenitencia de tu coraz√≥n te est√°s almacenando la ira para el d√≠a de la ira cuando se revelar√° el justo juicio de Dios que pagar√° a cada uno seg√ļn sus obras (Rm 2,4-6). √Čste es Aquel que en la Ley es llamado el Dios de Abrah√°m, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, Dios de vivos (Ex 3,6). De este Dios es indescriptible su trascendencia y magnitud.

Los siete cielos, los dones del Espíritu y el culto angélico

9. Este mundo h√°llase rodeado de siete cielos, en los cuales habitan innumerables potencias, √°ngeles y arc√°ngeles, que aseguran un culto a Dios todopoderoso y creador del universo. No porque tenga necesidad de ellos, sino para que no est√©n al menos sin hacer nada e in√ļtiles y malditos. Por eso es m√ļltiple la presencia interior del Esp√≠ritu de Dios, y el profeta Isa√≠as la enumera en siete formas de ministerio, que han descansado en el Hijo de Dios, a saber, el Verbo en su venida humana. En efecto, dice: Sobre √©l se posar√° el Esp√≠ritu de Dios, Esp√≠ritu de sabidur√≠a e inteligencia, Esp√≠ritu de consejo y de fortaleza, (Esp√≠ritu de Ciencia) y de piedad; le conquistar√° el Esp√≠ritu del temor de Dios (Is 11,2-3). El primer cielo, pues, a partir de lo alto, que contiene a los restantes, es la sabidur√≠a; el segundo es la inteligencia; el tercero es el consejo; el cuarto, en l√≠nea descendente, es la fortaleza; el quinto es la ciencia; el sexto es la piedad; el s√©ptimo, que corresponde a nuestro firmamento, est√° repleto del temor de este Esp√≠ritu que ilumina a los cielos. De ah√≠ tom√≥ Mois√©s el modelo del candelabro de los siete brazos que arde ininterrumpidamente en el Santuario. De hecho organiz√≥ el culto seg√ļn este esquema celeste con lo que le hab√≠a significado el Verbo: Te ajustar√°s al modelo que te fue mostrado en la monta√Īa (Ex 25,40).

La glorificación del padre por el Hijo y por el Espíritu Santo

10. Aqueste Dios, es decir el Padre, viene pues glorificado por su Verbo, que es su Hijo para siempre, y por el Esp√≠ritu Santo, que es la Sabidur√≠a del Padre de todos. Y sus potencias, la del Logos y de la sabidur√≠a, llamadas tambi√©n Querubines y Serafines, glorifican a Dios con voz incesante; y cualquier otra creatura que con ellas est√° en los cielos da gloria a Dios, Padre de todos. √Čl con la palabra confiri√≥ la existencia al universo entero; y en este universo hay tambi√©n √°ngeles; y a este universo entero le dio leyes, ordenando que cada cual est√© y permanezca en lo suyo, sin salirse de los l√≠mites decretados por Dios, cumpliendo cada uno el trabajo que le asignaron.

Dios plasma al hombre con sus manos

11. Al hombre empero lo plasm√≥ Dios con sus propias manos, tomando el polvo m√°s puro y m√°s fino de la tierra y mezcl√°ndolo en medida justa con su virtud. Dio a aquel plasma su propia fisonom√≠a, de modo que el hombre, aun en lo visible, fuera imagen de Dios. Porque el hombre fue puesto en la tierra plasmado a imagen de Dios. Y a fin de que pudiera vivir, sopl√≥ Dios en su rostro un h√°lito vital, de manera que tanto en el soplo como en la carne plasmada el hombre fuera semejante a Dios. Fue creado por Dios libre y se√Īor de s√≠, destinado para ser rey de todos los seres del cosmos. Este mundo creado, preparado por Dios antes de plasmar al hombre, fue entregado al hombre como territorio propio con todos los bienes que conten√≠a. En este lugar trabajaban, cada uno seg√ļn sus propias funciones, los siervos de aquel Dios que hab√≠a creado todoas las cosas; y all√≠ mandaba el regidor y cabeza que hab√≠a sido constituido jefe de sus consiervos; y los siervos eran √°ngeles y el regidor y cabeza era un arc√°ngel.

El paraíso lugar de delicias

12. Habiendo, pues, constituido al hombre due√Īo de la tierra y de toda cosa que hay sobre ella, secretamente le constituy√≥ tambi√©n due√Īo de aquellos que en ella tienen oficio de siervos. Sin embargo, √©stos, es decir los √°ngeles, se hallaban en la plenitud de su posibilidad, mientras que el due√Īo, esto es, el hombre, era a√ļn peque√Īo, como ni√Īo, y deb√≠a crecer para llegar a la madurez. Y a fin que se alimentara y desarrollara con gozo y alegr√≠a, le fue preparado un sitio mejor que este mundo, superior a √©l por el aire, la belleza, la luz, el alimento, las plantas, los frutos, las aguas y todas las dem√°s cosas necesarias para la vida. Y este lugar tiene por nombre Jard√≠n. El Jard√≠n era tan bello y agradable que el Verbo de Dios se personaba con frecuencia en √©l; se paseaba y entreten√≠a con el hombre prefigurando lo que hab√≠a de suceder en el futuro, es decir, que el Verbo de Dios se har√≠a conciudadano del hombre y conversar√≠a y habitar√≠a con todos los hombres ense√Ī√°ndoles la justicia. Pero el hombre era todav√≠a ni√Īo y no ten√≠a a√ļn pleno uso de raz√≥n, de ah√≠ que le fuera f√°cil al seductor enga√Īarle.

La creación de Eva

13. Entonces Dios hizo comparecer ante la presencia de Ad√°n, que estaba paseando por el Jard√≠n, a todos los animales y le dio orden de imponerles nombres a cada uno, y el nombre con que denomin√≥ Ad√°n a un ser viviente, tal fue su nombre. Decidi√≥, asimismo, crear una ayuda al hombre, diciendo: No es bueno que el hombre est√© solo, voy a hacerle el auxiliar que le corresponde (Gn 2,18). Entre todos los vivientes no fue hallada una ayuda igual, parangonable y similar a Ad√°n. Dios mismo inspir√≥, entonces, un √©xtasis a Ad√°n y le adormeci√≥. Como el sue√Īo no exist√≠a en el Jard√≠n, fue inspirado sobre Ad√°n por voluntad de Dios, para realizar una obra a partir de otra obra. Tom√≥, entonces, una costilla de Ad√°n, llen√≥ de carne el vac√≠o creado, y con la costilla extra√≠da hizo a la mujer y as√≠ la present√≥ a Ad√°n. √Čste, en vi√©ndola, exlam√≥: ¬°√Čsta si que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Su nombre ser√° hembra, porque la han sacado de su hombre! (Gn 2,23).

Adán y Eva en perfecta armonía

14. Y Ad√°n y Eva, pues as√≠ se llamaba la mujer, estaban desnudos y no sent√≠an verg√ľenza, porque su mentalidad era inocente e infantil y no brotaban en ellos imaginaciones y pensamientos como los que engendran en el alma la concupiscencia y la pasi√≥n atizados por el mal. De hecho viv√≠an en estado de integridad, conservando su propia naturaleza, porque lo inspirado en el plasma era un soplo de vida. Ahora bien, mientras dura y persevera aquel soplo, en su orden y con su vigor, no es posible entender y concebir cosas abyectas. Por eso no sent√≠an verg√ľenza al besarse y abrazarse con la inocencia m√°s infantil.

El mandamiento de Dios

15. Pero para que el hombre no tuviese pensamientos de soberbia y se enorgulleciese, como si no tuviera amo, por raz√≥n de la autoridad que le hab√≠a sido conferida y de la libertad de acceso a Dios para que no faltase, y, por complacencia en s√≠, concibiese pensamientos de orgullo contra Dios, le fue dada por Dios una ley, a fin de que reconociera que ten√≠a por Se√Īor al Se√Īor de todo. Y le impuso Dios algunas reglas, de suerte que, si observaba el mandamiento de Dios, permanecer√≠a siempre tal como era, esto es, inmortal. Pero, si no la observaba, se har√≠a mortal, destinado a disolverse en la tierra de donde hab√≠a sido tomado su plasma. Y √©ste era el mandamiento: De todo √°rbol que est√° en el interior del Jard√≠n, come y alim√©ntate. Mas del √°rbol de donde procede la ciencia del bien y del mal, de √©se s√≥lo no comer√°s, pues el d√≠a que com√°is de √©l morir√©is de muerte (Gn 2,16-17).

Sat√°n provoca el pecado, la ruina del hombre

16. El hombre no cumplió el mandato sino que desobedeció a Dios. El ángel lo sedujo, celoso y envidioso del hombre por los numerosos dones con que Dios le había colmado. Y al persuadirle la desobediencia al mandato divino, provocó su propia ruina al mismo tiempo que hacía al hombre pecador. El ángel, convertido así en jefe y guía del pecado, fue castigado por haber ofendido a Dios, y consiguió al mismo tiempo que el hombre fuera expulsado del Jardín. Y porque con su intento se rebeló y apostató de Dios, fue llamado en hebreo Satán, es decir, apóstata, aunque también le dicen diablo. Dios maldijo además a la serpiente, que había sido disfraz del diablo; maldición que alcanzó al animal mismo y al ángel escondido en él, Satán. Y al hombre le expulsó de su presencia, le transfirió y le hizo habitar entonces en el camino que conduce al Jardín, ya que el Jardín no admite al pecador.

El drama de los hijos de Adán: Caín y Abel

17. Desterrados del Jard√≠n, Ad√°n y su mujer, Eva, padecieron muchas miserias y vivieron en este mundo llenos de tristeza, fatigas y lamentos. Porque el hombre trabajaba la tierra bajo los rayos del sol, y la tierra produc√≠a espinas y abrojos, castigo del pecado. Entonces se cumpli√≥ el dicho de la Escritura: Ad√°n se uni√≥ a su mujer; ella concibi√≥, dio a luz a Ca√≠n y, despu√©s, dio a luz a Abel. Mas el √°ngel rebelde, el mismo que impuls√≥ al hombre a la desobediencia, que le hab√≠a hecho pecador y causado su destierro del Jard√≠n, no contento con el primero, obr√≥ un nuevo da√Īo, esta vez sobre los dos hermanos; porque llenando a Ca√≠n de su propio esp√≠ritu le hizo fratricida. As√≠ muri√≥ Abel, asesinado por su hermano, como un signo del futuro, cuando algunos ser√≠an perseguidos, atormentados y muertos, y ser√≠an los injustos quienes matar√≠an y perseguir√≠an a los justos. Por esto Dios mont√≥ en c√≥lera y maldijo a Ca√≠n y desde entonces todos los descendientes en la l√≠nea de su sucesi√≥n fueron semejantes a su progenitor. Dios, despu√©s, hizo que Ad√°n tuviese otro hijo en sustituci√≥n del asesinado Abel.

Los Gigantes. La dilatación de la maldad y la disminución de la justicia

18. La maldad, extendi√©ndose continuamente, alanz√≥ e inund√≥ la raza humana; s√≥lo un poco de semilla de justicia quedaba en ella. Porque, adem√°s, sobre la tierra ten√≠an lugar uniones ileg√≠timas: los √°ngeles fornicaron con las hijas de los hombres, quienes dieron a luz unos hijos que por su enorme estatura fueron llamados gigantes. Los √°ngeles, entonces, dieron a sus esposas como regalo malignas ense√Īanzas. Les ense√Īaron la manera de obtener extractos de flores y plantas, tintes y pinturas, joyas y cosm√©ticos, los celos y los amores apasionados, la seducci√≥n y la coqueter√≠a, los sortilegios de la magia, toda clase de adivinaci√≥n e idolatr√≠a odiados por Dios. Y una vez desencadenadas tales cosas, el mal se expandi√≥ hasta desbordar, y la justicia disminuy√≥ hasta casi desaparecer.

El diluvio como juicio de Dios

19. Finalmente, cuando vino sobre el mundo el justo juicio de Dios con el diluvio en la d√©cima generaci√≥n, contando desde el primer hombre, √ļnicamente No√© fue encontrado justo y, gracias a su propia justicia, fue salvado con su mujer, sus tres hijos y sus mujeres, encerrados en el arca con los animales que Dios hab√≠a ordenado a No√© introducir en el arca. Cuando la destrucci√≥n se cern√≠a sobre toda la tierra, sobre hombres y seres vivientes, se salvaron solamente los que estaban en el arca. Los tres hijos de No√© eran Sem, Cam y Jafet, y su estirpe volvi√≥ a multiplicarse de nuevo. √Čstos son el origen de todos los nacidos despu√©s del diluvio.

Las bendiciones y las maldiciones en la familia de Noé

20. De entre los hijos de Noé, uno cayó en maldición, mientras que los dos restantes recibieron la bendición pos sus obras. Pues el más joven de entre ellos, llamado Cam, por haberse reído de su padre y haber sido condenado por pecado de impiedad a causa de ultraje e ignominia para con su padre, atrájose una maldición que le trasmitió a toda su descendencia. Resultó por ello que toda la raza que le siguió fue maldita y en este pecado creció y se multiplicó. En cambio Sem y Jafet, sus hermanos, por razón de su piedad con el padre, obtuvieron una bendición. He aquí los términos de la maldición lanzada por Noé sobre Cam: Maldito sea el joven Cam. Sea el siervo de sus hermanos (Gn 9,25). Cuando alcanzó la edad adulta, tuvo sobre la tierra un posteridad numerosa como una floresta, desarrollándose por catorce generaciones de descendientes, hasta que, tras haber sido condenada, fue sesgada por Dios. De hecho los cananeos, los jeteos, los fereceos, los jeveos, los amorreos, los jebuseos, los guergeseos, los sodomitas, los árabes, los habitantes de Fenicia, todos los egipcios y los libios descienden de Cam y cayeron bajo la maldición, la cual se extendió ampliamente sobre los impíos.

El triunfo de las bendiciones

21. Igual que la maldici√≥n sigui√≥ su camino, la bendici√≥n continu√≥ en la posteridad del que hab√≠a sido bendecido, cada uno seg√ļn su orden. En primer lugar fue bendecido Sem con estas palabras: Bendito el Se√Īor Dios de Sem. Sea Cam su siervo (Gn 9,26). De esta bendici√≥n result√≥ que Dios, Se√Īor del universo, lleg√≥ a ser para Sem objeto privilegiado de su piedad; la bendici√≥n se desarroll√≥ hasta alcanzar a Abrah√°m, que, en la posteridad de Sem, llega a la d√©cima generaci√≥n seg√ļn el orden geneal√≥gico descendente. Y es √©sta la raz√≥n por la que el Padre, Dios del universo, se complace en ser llamado Dios de Abrah√°m, Dios de Isaac y Dios de Jacob (Ex 3,6; Mt 22,32; Mc 12,26; Lc 20,37), porque la bendici√≥n de Sem lleg√≥ hasta Abrah√°m.

La bendici√≥n de Jafet fue formulada del siguiente modo: Que Dios dilate a Jafet y habite en la casa de Sem, y Cam sea su siervo (Gn 9,27). Esta bendici√≥n floreci√≥ al final de este per√≠odo, cuando el Se√Īor se manifest√≥ a las naciones por su llamamiento ‚ÄĒpues Dios dilat√≥ su llamamiento hasta ellas‚ÄĒ y a toda la tierra alcanz√≥ su preg√≥n y sus palabras han llegado hasta los l√≠mites del orbe (Ps 18,5). Dilatar significa, pues, el llamamiento de entre las naciones, a saber, la Iglesia. Y habitar en la casa de Sem indica la herencia de los patriarcas, por haber recibido en Jesucristo el derecho de primogenitura. De este modo, seg√ļn el orden de la bendici√≥n, cada uno recibi√≥ por medio de la descendencia el fruto de la bendici√≥n.

La Alianza universal

22. Despu√©s del diluvio, Dios estableci√≥ un pacto de alianza con el mundo entero, en particular con todos los animales y con los hombres, en virtud del cual no destruir√≠a jam√°s con un diluvio lo que reflorece sobre la tierra, y le dio una se√Īal: Cuando el cielo se cubra de nubes, aparecer√° en las nubes un arco, y yo me recordar√© de la alianza y no volver√© a destruir con el agua todo lo que rebulle sobre la tierra (Gn 9,14-15). Y cambi√≥ de alimento a los hombres, d√°ndoles orden de comer carne, pues a partir de la primera creatura, Ad√°n, hasta el diluvio, los hombres se alimentaban de solos granos y frutos de √°rboles; pero el alimento de la carne no les estaba permitido. Y como los tres hijos de No√© eran el principio de la raza de los hombres, Dios los bendijo para que se multiplicaran y creciesen, diciendo: Creced y multiplicaos, llenad la tierra y dominadla. Os temer√°n y respetar√°n todos los animales y todas las aves del cielo. Os servir√°n de alimento, lo mismo que los vegetales. Pero no com√°is carne con sangre, que es su vida, porque yo pedir√© cuentas de vuestra sangre a cualquier animal y al hombre. Si uno derrama la sangre de un hombre, otro derramar√° la suya, porque Dios hizo al hombre a su imagen (Gn 9,1-6). Y la imagen de Dios es el Hijo, a cuya imagen ha sido hecho el hombre. He aqu√≠ por qu√©, en los √ļltimos tiempos, se ha manifestado, para dar a entender que la imagen era semejante a S√≠. Despu√©s de esta alianza el g√©nero humano se multiplic√≥ y se propag√≥ a partir de la posteridad de los tres hijos de No√©. Y hab√≠a, entonces, un solo labio en la tierra, es decir, una sola lengua.

La torre de Babel

23. Levantadas las tiendas, partieron de Oriente y en su peregrinaci√≥n llegaron hasta la extensa llanura de Senaar, donde decidieron edificar una torre. Buscaban con ella llegar hasta el cielo, pretendiendo, asimismo, dejar su obra como memorial para las futuras generaciones. Construyeron el edificio con ladrillos cocidos y bet√ļn; crec√≠a su audacia y temeridad y, gracias a su uni√≥n en el mismo objetivo y al uso de una sola lengua, lo que intentaban se realizaba. Pero para que no fuese adelante su obra, Dios dividi√≥ sus lenguas con el fin de que no se entendiesen entre ellos. De esta forma se dispersaron y ocuparon la tierra en distintos grupos seg√ļn sus lenguas. De aqu√≠ las diferencias entre los pueblos y la diversidad de lenguas. De hecho tres razas humanas se adue√Īaron de la tierra. Una de ellas estaba bajo la pesadilla de la maldici√≥n, en cambio las dos restantes eran bendecidas. La bendici√≥n descendi√≥ primero sobre Sem, cuyos descendientes habitaron en Oriente y ocuparon el pa√≠s de los caldeos.

La alianza con Abrah√°m

24. Posteriormente, en la d√©cima generaci√≥n despu√©s del diluvio, se encuentra Abrah√°m que busca al Dios que le corresponde y que le pertenece por la bendici√≥n de su antepasado (Sem). Cuando, siguiendo el ardiente deseo de su coraz√≥n, peregrinaba por el mundo pregunt√°ndose d√≥nde estaba Dios y comenz√≥ a flaquear y estaba a punto de desistir en la b√ļsqueda, Dios tuvo piedad de aquel que, solo, le buscaba en silencio. Y se manifest√≥ a Abrah√°m, d√°ndose a conocer por medio del Verbo como por un rayo de sol; le habl√≥ desde el cielo y le dijo: Sal de tu tierra, de tu pueblo y de la casa de tu padre; emigra al pa√≠s que te indicar√© y fija all√≠ tu morada (Gn 12,1). √Čl se fio de la voz celeste y, a pesar de tener setenta a√Īos y una mujer anciana, con ella abandon√≥ la Mesopotamia y se llev√≥ consigo a Lot, hijo de su hermano difunto. Cuando lleg√≥ a la tierra que hoy se denomina Judea, habitada entonces por siete pueblos descendientes de Cam, Dios se le apareci√≥ en visi√≥n y le dijo: A ti y a tu descendencia en futuras generaciones te dar√© esta tierra como posesi√≥n perpetua (Gn 12,7; 13,15; 17,8; Ac 7,2-5). Y a√Īade que su descendencia andar√≠a errante por un pa√≠s extranjero en el que ser√≠a maltratada, afligida y esclavizada a lo largo de 400 a√Īos; pero aqu√©lla, en la cuarta generaci√≥n, volver√≠a a la tierra prometida a Abrah√°m, y Dios condenar√≠a al pueblo que le hab√≠a esclavizado a su posteridad. Y para que Abrah√°m conociese la grandeza y esplendor de su descendencia, Dios le hizo salir de noche y le dirigi√≥ estas palabras: Mira a lo alto, al cielo, y, si puedes, cuenta las estrellas del cielo. As√≠ ser√° tu descendencia (Gn 15,15). Y Dios viendo la fe y la firme decisi√≥n de su esp√≠ritu, se lo testimoni√≥ diciendo en la Escritura por medio del Esp√≠ritu Santo: Abrah√°m se fio de Dios y le fue reputado por justicia (Gn 15,6). Era incircunciso cuando recibi√≥ este testimonio, y para que la grandeza de su fe fuera reconocida con un signo, le dio la circuncisi√≥n como sello de la justicia de la fe de la incircuncisi√≥n (Rm 4,11). Despu√©s de esto, seg√ļn la promesa de Dios, de la est√©ril Sara le naci√≥ un hijo, Isaac, que circuncid√≥ seg√ļn el pacto que Dios hab√≠a estipulado con √©l. De Isaac naci√≥ Jacob. De esta manera la inicial bendici√≥n de Sem lleg√≥ hasta Abrah√°m y de Abrah√°m pas√≥ a Isaac y De Isaac a Jacob, gracias a la asignaci√≥n de la herencia hecha por el Esp√≠ritu. Por esto a Dios se le denomina Dios de Abrah√°m, Dios de Isaac y Dios de Jacob (Ex 3,6; Mt 22,32). Jacob, a su vez, engendr√≥ doce hijos, de los cuales tomaron el nombre las doce tribus de Israel.

El misterio de la Pascua

25. Cuando el hambre afligi√≥ a toda la tierra, y solamente Egipto contaba con g√©neros alimenticios, Jacob emigr√≥ con toda la familia a aquel pa√≠s. El n√ļmero total de los emigrantes ascend√≠a a 75 personas y en 400 a√Īos llegaron a ser, seg√ļn las predicciones, 660.000. Dado que sufrieron muchas vejaciones y opresiones en una cruel esclavitud, y gem√≠an y se lamentaban ante Dios, el Dios de sus padres, Abrah√°m, Isaac y Jacob, los sac√≥ de Egipto vali√©ndose de Mois√©s y de Aar√≥n, despu√©s de haber castigado a los egipcios con 10 plagas, en la √ļltima de las cuales mand√≥ un √°ngel exterminador para matar a los primog√©nitos tanto de los hombres como de los animales. As√≠ salv√≥ a los hijos de Israel, prefigurando de un modo misterioso la pasi√≥n de Cristo en la inmolaci√≥n de un cordero inmaculado y en su sangre, derramada como garant√≠a de inmunidad, para rociar las casas de los Hebreos. Este misterio recibe el nombre de ¬ęPasi√≥n¬Ľ, manantial de liberaci√≥n. Dividido el mar Rojo, condujo ‚ÄĒcon toda clase de precauciones‚ÄĒ a los hijos de Israel al desierto, mientras que los egipcios, que se lanzaron en su persecuci√≥n por el mar, perecieron todos. √Čste fue el juicio de Dios contra los que injustamente hab√≠an oprimido a la estirpe de Abrah√°m.

El Decálogo entregado a Moisés

26. Mois√©s, en el desierto, recibi√≥ de Dios la ley: el Dec√°logo, grabado en tablas de piedra por el dedo de Dios ‚ÄĒel dedo de Dios es lo que sale del Padre en el Esp√≠ritu Santo‚ÄĒ, los preceptos y los derechos que transmiti√≥ a los hijos de Israel para que los guardasen. Por orden de Dios construy√≥ el tabern√°culo del testimonio, construcci√≥n visible en la tierra de las realidades espirituales e invisibles del cielo, figura de la Iglesia y representaci√≥n prof√©tica de las realidades futuras. All√≠ coloc√≥ los vasos, los altares y el arca en la que introdujo las Tablas. Constituy√≥ sacerdotes a Aar√≥n y sus hijos, que descend√≠an de Lev√≠, confiriendo el sacerdocio a toda esta estirpe para ejercer el ministerio cultual en el templo de Dios. Y les dio la ley lev√≠tica que fija qu√© cualidad y conducta debe adornar a los que permanentemente van a dedicarse al servicio del culto en el templo de Dios.

La explotación de la Tierra Prometida y la peregrinación por el Desierto

27. Cuando estaban cerca de la Tierra Prometida por Dios a Abrah√°m y a su posteridad, Mois√©s escogi√≥ a un hombre de cada tribu y les envi√≥ a explorar aquella tierra, las ciudades y sus habitantes. Entonces fue cuando Dios le revel√≥ el √ļnico Nombre capaz de salvar a los que en √Čl creyeran. Mois√©s cambi√≥ el nombre a Oseas, hijo de Nav√©, uno de los exploradores, y le puso por nombre Jes√ļs. Y Mois√©s les envi√≥ junto con el Poder de aquel Nombre, persuadido de que los acoger√≠a inc√≥lumes a su vuelta, por haber sido conducidos por aquel Nombre. Lo que, en efecto, ocurri√≥. Concluida su misi√≥n de espionaje y de exploraci√≥n, regresaron trayendo un racimo de uvas; pero alguno de los doce exploradores atemoriz√≥ y alarm√≥ al pueblo al relatar que las ciudades eran inmensas y fortificadas y que los hombres, hijos de los Titanes, ten√≠an una estatura gigantesca y estaban capacitados para defender su tierra. Al recibir tales noticias, el pueblo llor√≥, resquebraj√°ndosele la fe en aquel Dios que le fortalec√≠a y le somet√≠a todo el mundo. Murmuraron del pa√≠s, como si no fuese bueno y como si por un pa√≠s de tal naturaleza no merec√≠a la pena correr riesgo alguno. Pero dos de entre los doce, Jes√ļs, hijo de Nav√©, y Caleb, hijo de Jefon√©, se rasgaron las vestiduras por el mal cometido y suplicaron al pueblo que no se abatiese y desanimase porque Dios le hab√≠a puesto todo en sus manos y el pa√≠s era excelente. Mas, como el pueblo no se convenc√≠a y persist√≠a en la incredulidad, Dios desvi√≥ y cambi√≥ su itinerario para que se dispersara y le afligi√≥ en el desierto. Y contando un a√Īo por cada d√≠a de los empleados por el viaje de ida y vuelta por los que hab√≠an ido a explorar e inspeccionar el pa√≠s, es decir, 40 d√≠as, Dios los tuvo cuarenta a√Īos en el desierto. Ning√ļn adulto y en pleno uso de raz√≥n fue juzgado digno de entrar en el pa√≠s por motivo de la incredulidad, excepto Jes√ļs, hijo de Nav√©, y Caleb, hijo de Jefon√©, que hab√≠an hablado bien de la herencia prometida, y los ni√Īos incapaces de distinguir la derecha de la izquierda. Poco a poco, el pueblo incr√©dulo lleg√≥ al final y, paulatinamente, pereci√≥ en el desierto, justamente castigado por su incredulidad. Los ni√Īos crecidos en estos 40 a√Īos cubrieron los lugares que hab√≠an dejado vac√≠os los muertos.

El Deuteronomio

28. Transcurridos los 40 a√Īos, el pueblo lleg√≥ a las cercan√≠as del Jord√°n y, reagrup√°ndose, se aline√≥ para la batalla frente a Jeric√≥. Aqu√≠, ante el pueblo reunido, Mois√©s evoc√≥ la historia pasada recordando las grandes haza√Īas de Dios hasta el presente, preparando y disponiendo a aquellos que hab√≠an crecido en el desierto a temer a Dios y a observar los mandamientos. Impuso a √©stos una nueva legislaci√≥n, a√Īadi√©ndola a la que hab√≠a establecido anteriormente. Este nuevo cuerpo legislativo lo llam√≥ Deuteronomio, es decir Ley segunda, en el que est√°n escritas muchas profec√≠as referentes a Nuestro Se√Īor Jesucristo, al pueblo, a la vocaci√≥n de los gentiles y al Reino.

La distribución de la Tierra

29. Cuando Mois√©s estaba a punto de acabar sus d√≠as, Dios le dijo: Sube al monte y muere en √©l, porque no ser√°s t√ļ quien entre con mi pueblo en la Tierra Prometida. Seg√ļn la palabra del Se√Īor, muri√≥ Mois√©s y le sucedi√≥ Jes√ļs, hijo de Nav√©. Atraves√≥ √©ste el Jord√°n, condujo al pueblo a la Tierra Prometida y, vencidos y aniquilados los siete pueblos que la habitaban, la distribuy√≥ entre el pueblo. All√° se encuentra Jerusal√©n, donde reinaron David y su hijo Salom√≥n, quien construy√≥ el templo en el nombre de Dios a imagen del tabern√°culo hecho por Mois√©s como tipo de las realidades celestes y espirituales.

El envío de profetas

30. All√° a Jerusal√©n fueron enviados por Dios, por medio del Esp√≠ritu Santo, los profetas que aconsejaban al pueblo y lo convert√≠an al Dios Omnipotente de sus padres; como heraldos de la revelaci√≥n de Nuestro Se√Īor Jesucristo, Hijo de Dios, anunciaban que de la estirpe de David hab√≠a de florecer Su cuerpo, para que fuese, seg√ļn la carne, hijo de David ‚ÄĒque era hijo de Abrah√°m‚ÄĒ en virtud de una larga cadena de generaciones y, seg√ļn el Esp√≠ritu, Hijo de Dios, preexistente con el Padre, engendrado antes de la fundaci√≥n del mundo, y aparecido, como hombre, al mundo entero en los √ļltimos tiempos; √Čl es el Verbo de Dios que recapitula en s√≠ todas las cosas, las del cielo y las de la tierra (Ep 1,10).

La desobediencia y la Encarnación

31. Uni√≥, pues, al hombre con Dios y obr√≥ la comuni√≥n entre Dios y el hombre, porque no habr√≠amos podido en absoluto obtener participaci√≥n alguna en la incorruptibilidad si no hubiera venido (el Verbo) a habitar entre nosotros. Pues si la incorruptibilidad hubiera permanecido invisible y oculta, no nos hubiera sido de ninguna utilidad. H√≠zose, pues, visible a fin de que √≠ntegramente (es decir, en cuerpo y alma) recibi√©semos una participaci√≥n de esta incorruptibilidad. Y porque, envueltos todos en la creaci√≥n originaria de Ad√°n, hemos sido vinculados a la muerte, por causa de su desobediencia, era conveniente y justo que, por obra de la obediencia de quien se hizo hombre por nosotros, fueran rotas las (cadenas) de la muerte. Y porque la muerte reinaba sobre la carne, era preciso que fuera abolida por medio de la carne, y que el hombre fuera liberado de su opresi√≥n. El Verbo se hizo carne (Jn 1,14) para destruir por medio de la carne el pecado que por obra de la carne hab√≠a adquirido el poder, el derecho de propiedad y dominio; y para que no existiese m√°s entre nosotros. Por esta raz√≥n Nuestro Se√Īor tom√≥ una corporeidad id√©ntica a la de la primera creatura para luchar en favor de los primog√©nitos y vencer en Ad√°n a quien en Ad√°n nos hab√≠a herido.

Ad√°n y Cristo

32. Ahora bien ¬Ņde d√≥nde proviene la esencia de la primera creatura? De la voluntad y de la Sabidur√≠a de Dios y de la tierra virgen. Porque Dios a√ļn no hab√≠a enviado lluvia a la tierra ‚ÄĒdice la Escritura‚ÄĒ antes de que el hombre fuese plasmado y antes de que el hombre estuviese all√≠ para cultivar la tierra (Gn 2,5). De esta tierra, pues, todav√≠a virgen, Dios tom√≥ barro y plasm√≥ al hombre, principio del g√©nero humano. Para dar, pues, cumplimiento a aqueste hombre, asumi√≥ el Se√Īor la misma disposici√≥n suya de corporeidad, que naci√≥ de una Virgen por la Voluntad y por la Sabidur√≠a de Dios, para manifestar tambi√©n √©l la identidad de su corporeidad con la de Ad√°n, y para que se cumpliese lo que en el principio se hab√≠a escrito: el hombre a imagen y semejanza de Dios.

Eva y María

33. Y as√≠ como por obra de una virgen desobediente fue el hombre herido y ‚ÄĒprecipitado‚ÄĒ muri√≥, as√≠ tambi√©n, reanimado el hombre por obra de una Virgen, que obedeci√≥ a la Palabra de Dios, recibi√≥ √©l en el hombre nuevamente reavivado, por medio de la vida, la vida. Pues el Se√Īor vino a buscar la oveja perdida, es decir, el hombre que se hab√≠a perdido. De donde no se hizo el Se√Īor otra carne, sino de aquella misma que tra√≠a origen de Ad√°n y de ella conserv√≥ la semejanza. Porque era conveniente y justo que Ad√°n fuese recapitulado en Cristo, a fin de que fuera abismado y sumergido lo que es mortal en la inmortalidad. Y que Eva fuese recapitulada en Mar√≠a, a fin de que una Virgen, venida a ser abogada de una virgen (Eva), deshiciera y destruyera la desobediencia virginal mediante la virginal obediencia. El pecado cometido a causa del √°rbol fue anulado por la obediencia cumplida en el √°rbol, obediencia a Dios por la cual el Hijo del hombre fue elevado en el √°rbol, aboliendo la ciencia del mal y aportando y regalando la ciencia del bien. El mal es desobedecer a Dios; el bien, en cambio, es obedecer.

La crucifixión cósmica

34. El Verbo, preanunciando por medio del profeta Isa√≠as los acontecimientos futuros ‚ÄĒson profetas porque anuncian lo que va a suceder‚ÄĒ, se expresa as√≠: Yo no me rebelo ni contradigo. He ofrecido mis espaldas a los azotes y mis mejillas a las bofetadas; no hurtar√© mi rostro a la afrenta de los esputos (Is 50,5-6). As√≠ pues, por la obediencia a que se someti√≥ hasta la muerte, pendiente del madero, destruy√≥ la desobediencia antigua cometida en el √°rbol. Y como el Verbo mismo Omnipotente de Dios, en su condici√≥n invisible, est√° entre nosotros extendido por todo este universo (visible) y abraza su largura y su anchura y su altura y su hondura ‚ÄĒpues por medio del Verbo de Dios fueron dispuestas y gobernadas aqu√≠ todas las cosas‚ÄĒ, la crucifixi√≥n (visible) del Hijo de Dios tuvo tambi√©n lugar en esas (dimensiones, anticipadas invisiblemente) en la forma de cruz trazada (por √Čl) en el universo. Al hacerse en efecto visible, debi√≥ de hacer manifiesta la participaci√≥n de este universo (sensible) en su crucifixi√≥n (invisible), a fin de revelar, merced a su forma visible, su acci√≥n (misteriosa y oculta) sobre lo visible, a saber, c√≥mo es √Čl quien ilumina la altura ‚ÄĒes decir, lo celeste‚ÄĒ y contiene la hondura ‚ÄĒlas regiones subterr√°neas‚ÄĒ y se extiende a lo largo desde el Oriente hasta el Ocaso y gobierna como piloto la regi√≥n Norte y la anchura del Mediod√≠a y convoca de todas partes al conocimiento del Padre a los dispersos.

El cumplimiento de la promesa de Abrah√°m

35. Se realiz√≥ as√≠ la promesa hecha por Dios a Abrah√°m seg√ļn la cual su descendencia ser√≠a como las estrellas del cielo. Cristo cumpli√≥ la promesa naciendo de la Virgen, de la estirpe de Abrah√°m, y convirtiendo en luminarias del mundo a los creyentes en √Čl y justificando a los gentiles con Abrah√°m por medio de la misma fe. Abrah√°m crey√≥ al Se√Īor y le fue reputado por justicia (Gn 15,6). Del mismo modo tambi√©n nosotros somos justificados en virtud de la fe en Dios, porque el justo vivir√° por la fe. La promesa de Abrah√°m no fue hecha por el cumplimiento de la ley sino por medio de la fe. De hecho Abrah√°m fue justificado por la fe: la ley no fue establecida para el justo (Gn 1). De igual forma tambi√©n nosotros no somos justificados por la ley sino por la fe, que ha recibido el testimonio de la ley y los profetas y que nos presenta el Verbo de Dios.

Cristo, nacido de la Virgen de la descendencia de David

36. Y cumpli√≥ lo prometido a David, pues Dios se hab√≠a comprometido a suscitar del fruto de su seno un Rey eterno, cuyo reino no tendr√≠a ocaso. Este Rey es el Cristo, Hijo de Dios hecho hijo del hombre, es decir, nacido, como fruto, de la Virgen descendiente de David; y si la promesa fue del fruto de su seno ‚ÄĒa saber un pimpollo de la concepci√≥n caracter√≠stica de una mujer, y no del fruto del lomo ni del fruto de los ri√Īones, lo que es caracter√≠stico del var√≥n,‚ÄĒ era para anunciar lo que de singular y propio hab√≠a en la producci√≥n de este fruto de un seno virginal procedente de David, que reina en la casa de David, por los siglos, y cuyo reino no conocer√° el ocaso.

La Encarnación: destrucción de la muerte y don de la vida

37. En tales condiciones, pues, realizaba magníficamente nuestra salvación, mantenía las promesas hechas a los patriarcas y abolía la antigua desobediencia. El Hijo de Dios se hace hijo de David e hijo de Abrahám. Para cumplir las promesas y recapitularlas en Sí mismo con el fin de restituirnos las vida, el Verbo de Dios se hizo carne por el ministerio de la Virgen, a fin de desatar la muerte y vivificar al hombre, porque nosotros estábamos encadenados por el pecado, y destinados a nacer a través del régimen del pecado y a caer bajo el imperio de la muerte.

Nacimiento, muerte y resurrección de Cristo

38. Dios Padre, por su inmensa misericordia, envi√≥ a su Verbo creador, el cual, venido para salvarnos, estuvo en los mismos lugares, en la misma situaci√≥n y en los ambientes donde nosotros hemos perdido la vida. Y rompi√≥ las cadenas que nos ten√≠an prisioneros. Apareci√≥ su luz e hizo desaparecer las tinieblas de la prisi√≥n y santific√≥ nuestro nacimiento y aboli√≥ la muerte, desligando aquellos mismos lazos en que nos hab√≠an encadenado. Manifest√≥ la resurrecci√≥n, haci√©ndose √©l en persona primog√©nito de los muertos; levant√≥ en su persona al hombre ca√≠do por tierra, al ser elevado a √©l a las alturas del cielo hasta la diestra de la gloria del Padre, como hab√≠a Dios prometido por medio del profeta al decir: Levantar√© la tienda de David, ca√≠da en la tierra (Am 9,11), es decir, el cuerpo que proviene de David. Nuestro Se√Īor Jesucristo cumpli√≥ realmente esto actuando gloriosamente nuestra salvaci√≥n, a fin de resucitarnos de veras y presentarnos libres al Padre. Y, si alguien no acepta su nacimiento de una virgen, ¬Ņc√≥mo va a admitir su resurrecci√≥n de entre los muertos? Porque nada tiene de milagroso, extra√Īo e inesperado, que resucite de entre los muertos el que no naci√≥; ni siquiera podemos hablar de resurrecci√≥n para el que vino a la existencia sin nacimiento; el innascible, en efecto, es tambi√©n el inmortal, y quien no se ha sometido al nacimiento, tampoco ser√° sujeto a la muerte. Pues quien no tom√≥ principio del hombre, ¬Ņc√≥mo va a poder recibir su fin?

Cristo primogénito de toda la creación

39. Si, pues, no naci√≥, tampoco muri√≥. Y, si no muri√≥, tampoco resucit√≥ de entre los muertos. Y, si no resucit√≥ de entre los muertos, no es el vencedor de la Muerte ni el destructor de su imperio. Y, si no qued√≥ vencida la Muerte, ¬Ņc√≥mo subiremos a la vida quienes, desde los or√≠genes de aqu√≠ abajo, sucumbimos al imperio de la Muerte? Seg√ļn eso los que niegan al hombre la redenci√≥n y no creen que Dios le resucitar√° de entre los muertos, desprecian tambi√©n la natividad de nuestro Se√Īor, a que por nosotros se someti√≥ el Verbo de Dios al hacerse carne, a fin de mostrar la resurrecci√≥n de la carne y tener la primac√≠a sobre todos en el cielo: como primog√©nito de la mente del Padre, el Verbo perfecto dirige todas las cosas en persona y legifera en la tierra; como primog√©nito de la Virgen es justo, hombre santo, piadoso, bueno, agradable a Dios, perfecto en todo, libra del infierno a los que los siguen; como primog√©nito de los muertos es origen y se√Īal de la vida de Dios.

La continua llamada del Verbo

40. As√≠ pues el Verbo de Dios ostenta el primado sobre todas las cosas, porque es verdadero hombre y admirable consejero y Dios fuerte (Is 9,6), que llama de nuevo (con la resurrecci√≥n) al hombre a la comuni√≥n con Dios para que por medio de la comuni√≥n con √Čl participemos en la incorruptibilidad. El que es anunciado por Mois√©s y por los profetas del Dios alt√≠simo y omnipotente, Padre del universo, origen de todo, que convers√≥ con Mois√©s, vino a Judea, engendrado por Dios por medio del Esp√≠ritu Santo, y nacido de la Virgen Mar√≠a, que era de la estirpe de David y de Abrah√°m, Jes√ļs, el Ungido de Dios, el que se revel√≥ a s√≠ mismo como el que hab√≠a sido predicho por los profetas.

La Iglesia comunica el espíritu de salvación por medio del Bautismo

41. Juan el bautista, el precursor, cuando preparaba y dispon√≠a al pueblo para recibir el Verbo de la vida, hizo saber que √©ste era el Cristo sobre quien el Esp√≠ritu de Dios hab√≠a descansado unido con su carne. Los disc√≠pulos y testigos de todas sus buenas obras, de su ense√Īanza, de su pasi√≥n, de su muerte, de su resurrecci√≥n, de la ascensi√≥n al cielo despu√©s de la resurrecci√≥n corporal, es decir los ap√≥stoles, con el poder del Esp√≠ritu Santo, enviados por √Čl por toda la tierra, convocaron a los gentiles, ense√Īando a los hombres el camino de la vida para apartarlos de los √≠dolos, de la fornicaci√≥n y de la avaricia, purificando sus almas y sus cuerpos con el bautismo de agua y de Esp√≠ritu Santo, distribuyendo y suministrando a los creyentes este Esp√≠ritu Santo que hab√≠an recibido del Se√Īor. As√≠ instituyeron y fundaron esta iglesia. Con la fe, la caridad y la esperanza confirmaron la llamada a los gentiles que, preanunciada por los los profetas, les fue dirigida seg√ļn la misericordia de Dios manifestada con su ministerio, acogi√©ndoles en la promesa hecha a los patriarcas, es decir, a aquellos que creyeron y amaron a Dios; y a los que viven en su santidad, la justicia y la paciencia, el Dios de todos otorgar√°, por medio de la resurrecci√≥n de los muertos, la vida eterna; gracias a aquel que muri√≥ y resucit√≥, Jesucristo, al cual confi√≥ la realeza sobre todos los seres de la tierra, la autoridad sobre los vivos y los muertos, y el juicio. Los ap√≥stoles, con la palabra de verdad, exhortaron a los gentiles a guardar su cuerpo sin mancilla en orden a la resurrecci√≥n y su alma al abrigo de la corrupci√≥n.

LA DEMOSTRACI√ďN PROF√ČTICA (cc. 42-85)

La obra del Espíritu en los fieles y en los profetas

42. En efecto, as√≠ deben comportarse los creyentes por el hecho de que en ellos habita permanentemente el Esp√≠ritu Santo, donado por el Se√Īor en el bautismo y custodiado por aquel que lo recibe si es que vive en la verdad y en la santidad, en la justicia y en la paciencia. De hecho la resurrecci√≥n de los creyentes es tambi√©n obra de este Esp√≠ritu cuando el cuerpo acoge nuevamente al alma, y a una con ella resucita por la fuerza del Esp√≠ritu Santo y es introducido en el reino de Dios. El fruto de la bendici√≥n de Jafet es manifestado por la Iglesia en la llamada a los gentiles que viven en continua obediencia para poder habitar en la casa de Sem, seg√ļn la promesa de Dios. Que estas cosas hubieran de ocurrir, lo predijo el Esp√≠ritu Santo por medio de los profetas, a fin de que cuantos sirven a Dios en la verdad tengan fe firme sobre ellas. En realidad, todos estos hechos imposibles a la naturaleza humana y, por lo tanto, poco cre√≠bles a los hombres, Dios, por medio de los profetas, los predijo mucho tiempo antes ‚ÄĒy se realizaron a su tiempo como se hab√≠a anunciado‚ÄĒ para que, por el hecho de haber sido profetizados, y a√ļn mucho tiempo antes, conoci√©semos que era Dios el que desde el principio nos hab√≠a preanunciado nuestra salvaci√≥n.

Identidad entre el Verbo y el Hijo de Dios, por medio del cual todo fue hecho

43. A Dios se debe creer todo porque es veraz en todo. Y creer que un hijo exist√≠a en Dios y que exist√≠a no s√≥lo antes de su aparici√≥n en el mundo sino tambi√©n antes de que el mundo fuese creado. Y Mois√©s fue el primero en profetizarlo cuando escribi√≥ en hebreo: BERESIT BARA ELOVIM BASAN BENOWAM SAMENT'ARES. Y esto traducido (en armenio) significa: Un Hijo en el principio estableci√≥ Dios, luego estableci√≥ el cielo y la tierra. El profeta Jerem√≠as lo testimoni√≥ cuando dice: Antes de la estrella matutina te he engendrado y antes del sol (es) tu nombre, es decir, antes de la creaci√≥n del mundo y antes de las estrellas creadas con el mundo. Dice todav√≠a: Dichoso Aquel que exist√≠a antes de ser hombre. Pues para Dios el Hijo fue el principio antes de la creaci√≥n del mundo, pero para nosotros no existe m√°s que desde ahora, es decir, desde cuando se ha manifestado. Antes, pues, no exist√≠a para nosotros porque no lo conoc√≠amos. Por esto su disc√≠pulo Juan explic√°ndonos quien es el Hijo de Dios que estaba junto al Padre antes de que el mundo fuese formado y que por su mediaci√≥n todo fue creado, dice: Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. √Čl estaba al principio en Dios. Todas las cosas fueron hechas por √Čl, y sin √Čl, no se hizo nada de cuanto ha sido hecho (Jn 1,1-3). De esta forma demuestra claramente que todas las cosas han sido creadas por medio de este Verbo, el cual desde el principio estaba con el Padre, es decir, su Hijo.

El Hijo de Dios conversa con Abrah√°m

44. Dice tambi√©n Mois√©s que el Hijo de Dios se acerc√≥ a Abrah√°m para conversar con √©l: Y Dios se apareci√≥ junto al encinar de Mambr√©, al mediod√≠a... Y alzando la vista vio a tres hombres de pie frente a √©l, se prostern√≥ en tierra diciendo: Si realmente he hallado gracia a tus ojos... (Gn 18,1-3). Y a continuaci√≥n lo que √©l dijo al Se√Īor y el Se√Īor a √©l. Ahora bien, dos de los tres eran √°ngeles, pero el tercero era el Hijo de Dios. Con √©l tambi√©n habl√≥ Abrah√°m suplic√°ndole por los habitantes de Sodoma, para que no fuesen exterminados si al menos se encontraban all√≠ diez justos. Mientras discurr√≠an as√≠ sobre esto, los dos √°ngeles que bajaron a Sodoma fueron recibidos por Lot. A este respecto dice la Escritura: El Se√Īor hizo llover azufre y fuego provenientes del Se√Īor, desde lo alto del cielo, sobre Sodoma y Gomorra (Gn 19,24). Quiere decir que el Hijo, aquel mismo que conversaba con Abrah√°m, siendo Se√Īor, hab√≠a recibido el poder de castigar a los habitantes de Sodoma del Se√Īor desde lo alto del cielo, del Padre, que es Se√Īor del Universo. Abrah√°m, pues, era profeta y vio cu√°nto hab√≠a de suceder en el futuro; a saber, c√≥mo el Hijo de Dios, bajo humanas formas, conversar√≠a con los hombres, comer√≠a con ellos, y luego ejercitar√≠a el oficio de Juez, por el hecho de haber recibido del Padre, Se√Īor del Universo, la autoridad para castigar a los habitantes de Sodoma.

Jacob contempla el Verbo

45. Y tambi√©n Jacob cuando viaj√≥ a Mesopotamia, le vio en sue√Īos de pie en lo alto de la escalera, es decir, en el madero que estaba fijo de la tierra al cielo. Pues por este madero los que creen en √Čl ascienden al cielo, porque su pasi√≥n es nuestra ascensi√≥n. Todas las visiones de este g√©nero significan al Hijo de Dios que conversa con los hombres y est√° en medio de ellos. Ciertamente, no es el Padre del Universo, invisible al mundo y creador de todo, quien dice: El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies; ¬Ņqu√© casa vais a edificarme o qu√© lugar para mi descanso? (Is 66,1-2; Ac 7,49), y, ¬Ņqui√©n sostiene la tierra en un pu√Īo y el cielo en la palma de la mano? (Is 40,12); no era ciertamente √Čl el que estaba de pie en un peque√Īo espacio y conversaba con Abraham, sino el Verbo de Dios que, siempre presente en medio del g√©nero humano, nos daba a conocer anticipadamente lo que hab√≠a de suceder e instru√≠a a los hombres sobre las cosas de Dios.

El Hijo de Dios conversa con Moisés

46. Fue √Čl quien en la zarza ardiente convers√≥ con Mois√©s y dijo: He visto los sufrimientos de mi pueblo en Egipto y he bajado para liberarlo (Ex 3,7-8). √Čl sub√≠a y bajaba para liberar a los oprimidos arranc√°ndonos del poder de los Egipcios, es decir, de toda clase de idolatr√≠a e impiedad; salv√°ndonos del mar Rojo, es decir, liber√°ndonos de las turbulencias homicidas de los Gentiles y de las aguas amargas de sus blasfemias. Estos acontecimientos eran continua repetici√≥n de lo que a nosotros se refiere en el sentido que el Verbo de Dios mostraba entonces anticipadamente en tipo las cosas futuras, mientras ahora nos arranca de veras de la servidumbre cruel de los Gentiles. Y en el desierto hizo brotar con abundancia un r√≠o de agua de una roca. Y la roca es √Čl. Y produjo doce fuentes, esto es, la doctrina de los doce ap√≥stoles. Y a los recalcitrantes e incr√©dulos los hizo morir y desaparecer en el desierto. Y a los que cre√≠an en √Čl, hechos ni√Īos por la malicia, los introdujo en la herencia de los Padres que recibi√≥ y distribuy√≥ no Mois√©s sino Jes√ļs; todav√≠a m√°s, nos ha liberado de Amaleq extendiendo sus manos, y nos condujo e hizo subir al reino del Padre.

La Unción del Verbo

47. El Padre, pues, es Se√Īor y el Hijo es Se√Īor; es Dios el Padre y lo es el Hijo, porque el que ha nacido de Dios es Dios. As√≠ seg√ļn la esencia de su ser y de su poder, hay un solo Dios; pero, al mismo tiempo, en la administraci√≥n de la econom√≠a de nuestra redenci√≥n, Dios aparece como Padre y como Hijo. Y dado que el Padre del Universo es invisible e inaccesible a los seres creados, es por medio del Hijo como los destinados a acercarse a Dios deben conseguir el acceso al Padre. David, clara y patentemente, se expres√≥ de este modo a prop√≥sito del Padre y del Hijo: Tu trono, oh Dios, permanece para siempre; t√ļ has amado la justicia y detestado la iniquidad, por eso Dios te ha ungido con √≥leo de alegr√≠a m√°s que a tus compa√Īeros. Esto significa que el Hijo, en cuanto Dios, recibe del Padre, es decir, de Dios, el trono de un reino eterno y el √≥leo de la unci√≥n m√°s que sus compa√Īeros. El √≥leo de la unci√≥n es esl Esp√≠ritu Santo con el que es ungido, y sus compa√Īeros son los profetas, los justos, los ap√≥stoles y todos los que participan del reino, es decir, sus disc√≠pulos.

El primado y realeza de Cristo, Sacerdote eterno

48. Y tambi√©n dice David: Dice el Se√Īor a mi Se√Īor: si√©ntate a mi derecha, hasta que yo haga de tus enemigos el estrado de tus pies. Desde Si√≥n extender√° el Se√Īor un cetro de poder; ¬°domina en medio de tus enemigos! Contigo, al principio, en el d√≠a de tu poder, en el esplendor de los santos, del seno, antes de la aurora, te he engendrado. El Se√Īor lo ha jurado y no se arrepentir√°. T√ļ eres sacerdote eterno seg√ļn el orden de Melquisedec y el Se√Īor est√° a tu derecha. En el d√≠a de su c√≥lera ha quebrantado a reyes; juzgar√° a las naciones, llenar√° de ruinas, quebrantar√° las cabezas de muchos sobre la tierra. En el camino beber√° del torrente, por eso levantar√° la cabeza (Ps 109,1-7). Mediante estas palabras, anunci√≥ que vino primero a la existencia, domina sobre los pueblos, juzga a los hombres y a los reyes, a los que aborrecen ahora y persiguen su nombre, pues esos son sus enemigos. Denomin√°ndole sacerdote eterno de Dios declara la inmortalidad. Cuando dice: En el camino beber√° del torrente, por eso levantar√° la cabeza, se refer√≠a a la exaltaci√≥n gloriosa, despu√©s de su condici√≥n humana, de su humillaci√≥n y abyecci√≥n.

El Hijo de Dios rey universal

49. El Profeta Isa√≠as a su vez afirma: As√≠ dice el Se√Īor Dios al Ungido, mi Se√Īor, a quien yo he tomado de la diestra para que le obedezcan las naciones (Is 45,1). En cuanto a la afirmaci√≥n de que el Hijo de Dios es llamado Ungido y rey de las naciones, es decir, de todos los hombres, David repite que √Čl es y es llamado Hijo de Dios y rey de todos con estas palabras: El Se√Īor me ha dicho: t√ļ eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. P√≠deme y te dar√© en herencia las naciones; te dar√© en propiedad los confines de la tierra (Ps 2,7-8). Estas palabras no fueron pronunciadas refiri√©ndose a David porque no gobern√≥ todas las naciones, ni toda la tierra, sino solamente a los Jud√≠os. Es, pues, evidente que la promesa hecha al Ungido de reinar sobre toda la tierra se refiere al Hijo de Dios, al que el mismo David reconoce como su Se√Īor cuando escribe: Dice el Se√Īor a mi Se√Īor: si√©ntate a mi derecha (Ps 109,1), como poco ha hemos referido. En efecto, esto significa que el Padre conversa con el Hijo, como arriba hemos demostrado a prop√≥sito de Isa√≠as que dec√≠a: As√≠ dice el Se√Īor al Ungido mi Se√Īor: obed√©zcanle las naciones. Id√©ntica promesa aparece en ambos profetas: √Čl ser√° rey; consecuentemente las palabras de Dios se refieren a una sola y a una misma persona, a saber, a Cristo, Hijo de Dios. Desde el momento que David dice: El Se√Īor me ha dicho, es preciso afirmar que ni David ni otro profeta hablan por propia iniciativa, pues no es un hombre quien profiere las profec√≠as, sino el Esp√≠ritu de Dios, el cual, tomando figura y una forma semejantes a las personas interesadas, hablaba en los profetas y discurr√≠a ora en nombre de Cristo ora en el del Padre.

Testimonio de los profetas sobre la preexistencia de Cristo

50. Oportunamente, pues, Cristo afirma por medio de David que el padre le habla a √©l, y por medio de los profetas dice √©l mismo, a su propia cuenta, las dem√°s cosas, como, por ejemplo, entre otras en Isa√≠as cuando escribe: Y ahora as√≠ habla el Se√Īor, el que me plasm√≥ para servidor suyo desde el seno materno para hacer que Jacob vuelva a √©l, y que Israel se le una. Yo ser√© glorificado a los ojos del Se√Īor, y mi Dios ser√° mi fuerza... √Čl me ha dicho: Gran cosa ser√° para ti ser llamado siervo m√≠o, para levantar y restablecer las tribus de Jacob y hacer volver a los preservados de Israel; te he puesto como luz de las gentes para que mi salvaci√≥n alcance hasta los confines de la tierra (Is 49,5-6).

El Hijo siervo del Padre

51. Porque aqu√≠, sobre todo, del coloquio del Padre con el Hijo y del hecho que a√ļn antes de su nacimiento el Padre se hizo visible a los hombres, se deduce la preexistencia del Hijo de Dios; despu√©s, (tambi√©n se manifiesta) a√ļn antes de nacer, el que hab√≠a de ser hombre nacido de hombres, el que Dios mismo hab√≠a de plasmar del seno ‚ÄĒes decir, que hab√≠a de nacer del Esp√≠ritu de Dios‚ÄĒ el que es Se√Īor de todos los hombres y Salvador de los que creen en √Čl, de los jud√≠os y de todos los hombres. ¬ęIsrael¬Ľ, de hecho, es el nombre del pueblo Jud√≠o en lengua hebrea, nombre que le proviene del patriarca Jacob, que fue el primero en ser llamado ¬ęIsrael¬Ľ. Y denomina ¬ęGentiles¬Ľ a todos los hombres. El Hijo de Dios se llama a S√≠ propio ¬ęsiervo del Padre¬Ľ, a causa de su obediencia al Padre, ya que todo hijo, aun entre los hombres, es siervo de su padre.

La preexistencia a la luz de la Escritura

52. Que Cristo, Hijo de Dios, existente antes del mundo, estaba con el Padre y junto al Padre y al mismo tiempo cercano a los hombres y en √≠ntima uni√≥n con ellos, rey del Universo, porque el Padre le ha sometido todas las cosas, y Salvador de aquellos que creen en √Čl, tal es el mensaje de semejantes textos de la escritura. Porque no es nuestra intenci√≥n ni est√°, por otra parte, dentro de nuestras posibilidades hacer unas concordancias de todos los textos b√≠blicos, pero con la ayuda de los pasos ya citados podr√°s comprender tambi√©n los otros que hablan de la misma manera, mas los interpretar√°s a condici√≥n de que creas en Cristo y le pidas a Dios sabidur√≠a e inteligencia para comprender cuanto fue dicho por los profetas.

El signo prof√©tico que anuncia al Mes√≠as-Cristo y Jes√ļs-Salvador

53. Que este Cristo, que estaba junto al Padre, por ser el Verbo del Padre, haya debido encarnarse, hacerse hombre, someterse a la generaci√≥n y al nacimiento de una Virgen y vivir entre los hombres, operando asimismo el Padre del Universo su encarnaci√≥n, es lo que expresa Isa√≠as: Pues el Se√Īor mismo va a daros una se√Īal; he aqu√≠ que una virgen concebir√° y dar√° a luz a un hijo que llamar√©is Emmanuel; comer√° mantequilla y miel y antes de conocer o distinguir el mal, escoge el bien, porque antes que este ni√Īo conozca el bien o el mal, rechazar√° el mal para escoger el bien (Is 7,14-16). Indic√≥ que nacer√≠a de una Virgen. Signific√≥ que ser√≠a verdadero hombre por el hecho de comer y por llamarle ¬ęel infante¬Ľ, y hasta por imponerle su nombre. Ya que √©ste es un extrav√≠o a√ļn del que ha nacido. En hebreo tiene un doble nombre: Mes√≠as-Cristo y Jes√ļs-Salvador. Estos dos nombres indican las obras que hab√≠a de realizar. En efecto, ha recibido el nombre de Cristo, porque el Padre por su medio y teniendo en cuenta su venida como hombre ha ungido y dispuesto todas las cosas, porque fue ungido por el Esp√≠ritu de Dios su Padre, como afirma refiri√©ndose a S√≠ mismo en Isa√≠as: El Esp√≠ritu del Se√Īor est√° sobre m√≠, por cuenta que me ha ungido para llevar la buena noticia a los pobres (Is 61,1). Y el nombre de ¬ęSalvador¬Ľ porque es causa de salvaci√≥n para todos los que, desde entonces, fueron liberados por √Čl de toda enfermedad y de la muerte; para los que hab√≠an de creer en √©l despu√©s de ellos es tambi√©n dador de salvaci√≥n eterna.

Emmanuel: Dios-con-nosotros

54. He aqu√≠ el por qu√© es llamado ¬ęSalvador¬Ľ. ¬ęEmmanuel¬Ľ se traduce por ¬ęDios-con-nosotros¬Ľ, o como expresi√≥n de buen deseo formulada por el profeta ¬ęDios est√© con nosotros¬Ľ. De este modo √Čl es la interpretaci√≥n y la revelaci√≥n de la ¬ębuena nueva¬Ľ. Por eso dice: He aqu√≠ que una Virgen concebir√° y dar√° a Luz a un hijo (Is 7,14). Y √©ste, que es Dios, tiene el destino de estar con nosotros. Y al mismo tiempo, maravillado por tal acontecimiento, anuncia lo que ha de suceder, es decir, que ¬ęDios estar√° con nosotros¬Ľ. Y tambi√©n, en torno a su nacimiento, el mismo profeta dice en otra parte: Antes de que engendre la que est√° en dolores y antes de que lleguen los dolores de parto, dio a luz un ni√Īo (Is 66,7). As√≠ dio a conocer lo inesperado e inopinado de su nacimiento de la Virgen. El mismo profeta dijo a√ļn: Un hijo nos ha nacido y un ni√Īo nos han dado, y recibi√≥ por nombre Admirable Consejero, Dios fuerte (Is 9,6).

Admirable Consejero

55. Le llama ¬ęAdmirable Consejero¬Ľ sea del Padre sea nuestro. Del Padre, lo indica el hecho de que el Padre hizo con √©l todas las cosas, seg√ļn se dice en el primer libro de Mois√©s, titulado ¬ęG√©nesis¬Ľ: Y dijo Dios: hagamos al hombre a imagen nuestra y a semejanza (Gn 1,26). Aqu√≠ visiblemente habla el Padre al Hijo, como a Admirable Consejero del Padre... √Čl es tambi√©n consejero nuestro; habla y no obliga, como Dios, aunque sea igualmente como el Padre ¬ęDios fuerte¬Ľ. Nos aconseja renunciar a la ignorancia y recibir la gnosis, apartarnos del error para encaminar hacia la verdad, rechazar la corrupci√≥n para poseer la incorruptibilidad.

La paz y su dominio no tendrán límites

56. E Isa√≠as dice de nuevo: Querr√°n haber sido consumidos por el fuego, porque un ni√Īo nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; en cuyos hombros estuvo el poder y es llamado con el nombre del √Āngel del gran consejo. Y traer√° la paz entre los pr√≠ncipes y aun paz y salvaci√≥n para √Čl. Grande es su dominio y la paz no tendr√° l√≠mites sobre el trono de David y su reino, para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre (Is 9,5-7 LXX). En estos t√©rminos es anunciado el nacimiento del Hijo de Dios y la eternidad de su reino. Pero las palabras, querr√°n haber sido consumidos por el fuego (Is 9,5 LXX), est√°n dichas dirigi√©ndose a quienes no creen en el Emmanuel e hicieron contra √Čl todo lo que hicieron. Pues dir√°n en el d√≠a del juicio: ¬ę¬°Ojal√° hubi√©semos sido abrasados antes del nacimiento del Hijo de Dios que no haber cre√≠do en √Čl luego que naci√≥!¬Ľ. Porque aquellos que han muerto antes de la manifestaci√≥n de Cristo tienen esperanza de obtener la salvaci√≥n en el Juicio del Resucitado. A esta categor√≠a pertenecen los que temieron a Dios y han muerto en la justicia y han pose√≠do el Esp√≠ritu de Dios, como los patriarcas, los profetas y los justos. Mas para aquellos que despu√©s de la manifestaci√≥n de Cristo no han cre√≠do en √Čl ser√° inexorable la vindicaci√≥n en el juicio. En cuanto a aquello, En cuyos hombros estuvo el poder (Is 9,6), se designa aleg√≥ricamente la cruz, en la que ten√≠a clavados los brazos; porque la cruz que era y es oprobio para √Čl ‚ÄĒy para nosotros, a causa de √Čl‚ÄĒ esa misma cruz es, dice, su poder, a saber, el signo de su realeza. Lo llama √Āngel del gran consejo de aquel Padre que √Čl nos ha revelado.

El esperado de las naciones

57. Por todo lo que fue dicho y expuesto con la ayuda de los profetas est√° claro que el Hijo de Dios deb√≠a nacer, de qu√© manera hab√≠a de nacer y que se dar√≠a a conocer como Cristo. Incluso fue predicho en qu√© pa√≠s y entre qu√© hombres deb√≠a nacer y darse a conocer. As√≠ lo dio a entender Mois√©s en el G√©nesis: No le faltar√° un pr√≠ncipe a Jud√°, ni un jefe de su estirpe, hasta que venga aquel a quien le est√° reservado; y El ser√° el esperado de las gentes; lavar√° en el vino su vestimenta y en la sangre de la uva su manto (Gn 49,10-11). Pero Jud√°, hijo de Jacob, es el antepasado de los Jud√≠os, de quien √©stos han tomado sus nombres. Hasta la venida de Cristo no les falt√≥ ni pr√≠ncipe, ni jefe. Pero despu√©s de su venida, le fueron quitadas las flechas de la aljaba, el pa√≠s de los Jud√≠os fue sometido por los Romanos y no volvi√≥ a tener un pr√≠ncipe o un rey propio. Ya que hab√≠a venido aquel a quien est√° reservado el reino del cielo; aquel que lav√≥ su vestimenta en el vino y con sangre de la uva su manto. Su vestimenta igual que el manto, son quienes creen en √Čl, a los cuales tambi√©n √Čl purific√≥, con su sangre; y su sangre d√≠cese sangre de la uva, porque as√≠ como no es producto del hombre la sangre de la uva, sino de Dios que hace que se alegren aquellos que la beben, de igual forma su cuerpo y su sangre no son obra del hombre sino de Dios. El Se√Īor mismo dio el signo de la Virgen, es decir, el Emmanuel, nacido de la Virgen y alegra los √°nimos de aquellos que lo beben, es decir, de aquellos que reciben su Esp√≠ritu, alegr√≠a eterna. Por eso es tambi√©n el esperado de las gentes, para aquellos que esperan en √Čl. Tambi√©n nosotros esperamos de √Čl la restauraci√≥n del reino.

La estrella de Jacob

58. Y Mois√©s cuando escribe de nuevo: Se levantar√° una estrella de Jacob y un jefe surgir√° de Israel (Nm 24,17), anuncia expl√≠citamente que la econom√≠a de su encarnaci√≥n se realizar√° entre los hebreos y que Aquel que descendiendo del cielo nacer√° de Jacob y de la estirpe jud√≠a se ha sometido a esta econom√≠a. Porque una estrella apareci√≥ en el cielo y si se llama jefe a un rey es porque √©ste es el rey de todos los salvados. Por otra parte esta estrella apareci√≥, cuando su nacimiento, a los Magos, que habitan en Oriente y por su medio tuvieron conocimiento del nacimiento de Cristo. Guiados por la estrella vinieron a Judea, hasta que la estrella lleg√≥ a Bel√©n, donde hab√≠a nacido Cristo, y entrada en la casa donde estaba acostado el ni√Īo envuelto en pa√Īales, se detuvo encima de su cabeza, indic√°ndoles a los Magos al Hijo de Dios, Cristo.

El vástago de Jesé

59. Y el mismo Isa√≠as dice a√ļn m√°s: Saldr√° un v√°stago del tronco de Jes√© y de su ra√≠z brotar√° una flor. Sobre √Čl se posar√° el Esp√≠ritu de Dios, esp√≠ritu de sabidur√≠a y de inteligencia, esp√≠ritu de consejo y de fortaleza, esp√≠ritu de conocimiento y de piedad. Lo llenar√° el esp√≠ritu de temor de Dios. No juzgar√° por sola opini√≥n ni acusar√° por solos rumores, sino que juzgar√° la causa del humilde y tendr√° piedad de los humildes de la tierra. Castigar√° a la tierra con la palabra de su boca, ejecutar√° al imp√≠o con el soplo de sus labios. La justicia ser√° cintur√≥n de sus lomos, y la lealtad cintur√≥n de sus flancos. Pacer√° el lobo con el cordero, el leopardo con el cabrito, el novillo y el le√≥n pacer√°n juntos... El ni√Īo meter√° la mano en la boca del √°spid y en el escondrijo de los viboreznos y no le har√°n da√Īo. En aquel d√≠a suceder√°...; la ra√≠z de Jes√© es aquel que se yergue para ejercer el poder sobre las naciones, y √©stas a √Čl le buscar√°n; y su resurrecci√≥n ser√° gloriosa (Is 11,1-10).Con estas palabras quiere decir que nacer√° de aquella que desciende de David y de Abrah√°m. Efectivamente, Jes√© descend√≠a de Abrah√°m y era padre de David. De este modo la Virgen, que concibi√≥ a Cristo, era el v√°stago. Por esto Mois√©s hac√≠a sus prodigios ante el Fara√≥n, sirvi√©ndose de un bast√≥n. Entre los hombres el bast√≥n es signo de poder. Llama flor a su cuerpo, que floreci√≥ bajo la acci√≥n del Esp√≠ritu, como antes hemos indicado.

Justo juez

60. En cuanto a: No juzgará por sola opinión, ni acusará por solos rumores, sino que juzgará la causa del humilde y tendrá piedad del humilde de la tierra (Is 11,3-4), da a entender con mayor firmeza su divinidad. Pues juzgar imparcialmente y sin acepción de personas, sin honrar al ilustre y otorgando al pobre lo que merece en equidad e igualdad es conforme a la suprema y celeste justicia de Dios. Dios, en efecto, no se deja influir por nadie, y sólo compadece al justo. Y el hacer misericordia es propio y peculiar de aquel Dios que puede asimismo salvar en virtud de su misericordia. Y herirá la tierra con una palabra y destruirá al impío con la sola palabra (Is 11,4) es propio de Dios que hace todas las cosas con su Verbo. Cuando dice: La justicia será el cinturón de sus lomos y la verdad cinturón de sus flancos (Is 11,5), anuncia su forma externa humana y su verdadera y suprema justicia.

La concordancia y la paz universal

61. En cuanto al entendimiento, la concordia y la paz entre los animales de especies diferentes y que por naturaleza son contrarios y hostiles unos a otros, ense√Īan los Presb√≠teros que as√≠ ser√° en verdad a la venida de Cristo, al tiempo en que debe personalmente reinar sobre todas las cosas. Pues ya (aqu√≠) en s√≠mbolo da a conocer que los hombres de razas diferentes, pero de costumbres semejantes, se juntar√°n en la concordia y la paz, gracias al nombre de Cristo; porque los justos (unidos) a la vez, que han sido parangonados a los novillos y a los corderos y a los cabritos y a los ni√Īos tiernos, no recibir√°n da√Īo por parte de ninguno de cuantos, en √©poca anterior, se hab√≠an convertido ‚ÄĒhombres y mujeres‚ÄĒ a causa de su codicia, por forma y costumbres, en bestias feroces, hasta el punto que algunos de ellos se asemejaban a lobos o a leones, y despojaban los bienes de los m√°s d√©biles y hac√≠an guerra a sus semejantes; y las mujeres eran como leopardos y v√≠boras, cuando recurriendo a venenos mortales llegaban a dar muerte a los propios amantes, o arrastrados por su pasi√≥n... Reunidos en un solo nombre, lograr√°n tener costumbres de justos, por la gracia de Dios, cambiando su naturaleza salvaje y feroz. Esto es lo que ha ocurrido ya, pues los que antes eran crudel√≠simos hasta no retroceder ante ning√ļn acto imp√≠o, una vez instruidos sobre Cristo y cre√≠do en √Čl, han dado fe todo a una y han cambiado hasta no retroceder ante ning√ļn exceso de justicia. Tanta es la mudanza que la fe en Cristo, Hijo de Dios, opera entre cuantos en √Čl creen. Y si dice: Se levant√≥ para ense√Īorear sobre los gentiles (Is 11,10), es porque, una vez muerto, resucitar√° y ser√° confesado y cre√≠do Hijo de Dios, rey. Por eso dice: Y su resurrecci√≥n ser√° gloriosa (Is 11,10), esto es, magnificencia, porque en el momento en que fue glorificado como Dios, es cuando resucit√≥.

La tienda de David y el cuerpo de Cristo

62. Por eso el profeta cuando dice: En aquel d√≠a levantar√© la tienda de David, ca√≠da en tierra (Am 9,11), afirma claramente que el cuerpo de Cristo, nacido de David, como hemos dicho, despu√©s de la muerte es resucitado de entre los muertos. Llama tienda a su cuerpo. Y, en efecto, por estas palabras dijo tambi√©n que Cristo ‚ÄĒel cual seg√ļn la carne desciende de David‚ÄĒ ser√° Hijo de Dios y despu√©s de su muerte resucitar√° y ser√° hombre por el aspecto externo, pero Dios por el poder ser√° juez del universo y el √ļnico justo y Redentor. Todo ello se encuentra en la Escritura.

Belén: patria de David

63. A su vez el profeta Miqueas indic√≥ tambi√©n el lugar del nacimiento de Cristo, a saber en Bel√©n de Jud√°. Se expresa as√≠: Y t√ļ, Bel√©n de Jud√°, no eres insignificante entre los jefes de Jud√°, pues de t√≠ saldr√° un jefe que ser√° pastor de mi pueblo, Israel (Mi 5,1). Pero Bel√©n es tambi√©n el pueblo de David, de suerte que Cristo es de la posteridad de David, no s√≥lo por la Virgen que le dio a luz, sino tambi√©n por ser nacido en Bel√©n, patria de David.

Rey para siempre

64. A su vez dice David que Cristo nacer√° de su posteridad: Por causa de David, tu siervo, no apartes el rostro de tu Cristo. El Se√Īor jur√≥ a David la verdad y no la mentira: del fruto de tu seno pondr√© sobre tu trono, si tus hijos guardan mi alianza y mis testimonios, objeto de mi pacto con ellos, y el hijo de ellos ser√° hasta la eternidad (Ps 131,10-12). Mas no hay ninguno, entre los hijos de David, que haya reinado hasta la eternidad, ni su reino permaneci√≥ para siempre, pues ha sido destruido; (indica) en efecto al rey que ha nacido de David, a saber Cristo. Todos estos testimonios dan a entender clar√≠simamente, sobre su descendiente seg√ļn la carne, tanto el linaje como el lugar donde iba a nacer. Los hombres no tienen por qu√© buscar el nacimiento del Hijo de Dios entre los Gentiles o en cualquier otro lugar, sino en Bel√©n de Jud√°, entre la descendencia de Abrah√°m y David.

La entrada en Jerusalén

65. Cómo hizo su entrada en Jerusalén, la capital de Palestina, donde estaba su residencia y el Templo de Dios, díjolo Isaías: Decid a la Hija de Sión: he aquí viene a ti tu rey, dulce, sentado en un asno, sobre un borrico, hijo de asna (Is 62,11). Entró en Jerusalén sentado sobre un pollino de asna, y la muchedumbre alfombraba el camino con sus mantos para que pasase por encima. Hija de Sión es el nombre dado a Jerusalén.

El anuncio de los profetas

66. Los profetas anunciaban entonces que el Hijo de Dios hab√≠a de nacer, c√≥mo y d√≥nde hab√≠a de nacer y qui√©n es Cristo, el √ļnico rey eterno. Han predicho tambi√©n, que una vez hecho hombre, hab√≠a de curar a los que cur√≥, de resucitar a los muertos que ha resucitado, que hab√≠a de ser odiado, despreciado, torturado, matado y crucificado, tal como fue odiado, despreciado y matado.

Los milagros de Jes√ļs

67. Trataremos ahora de las curaciones. Dice Isaías: El soportó nuestras dolencias y aguantó nuestros dolores (Is 53,4; Mt 8,17), es decir, soportará y aguantará. A veces el Espíritu de Dios narra en los profetas como pasados, acontecimientos que han de suceder en el futuro. Esto acontece porque en Dios lo que es establecido, determinado y destinado a existir ya es considerado como existente y el Espíritu se expresa teniendo en cuenta el tiempo en que se realiza la profecía. En estos términos recuerda los distintos modos de curaciones: En aquel día oirán los sordos las palabras del libro; y en las tinieblas y oscuridad verán los ojos de los ciegos (Is 29,18). Y todavía: Fortaleceos, manos débiles, rodillas vacilantes y débiles; animaos, pusilánimes, tomad fuerzas, no temáis; mirad, nuestro Dios hace justicia, vendrá a salvarnos. Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y oirán los oídos de los sordos; entonces el cojo saltará como un ciervo y se soltará la lengua del mudo (Is 35,3-6). Y acerca de la resurrección de los muertos dice: Así resucitarán los muertos y se levantarán los que están en los sepulcros (Is 26,19). Cuando esto se cumpla se creerá que es Hijo de Dios.

La Pasión de Cristo

68. Isa√≠as dice que hab√≠a de ser despreciado, torturado y finalmente matado: He aqu√≠ que mi Hijo comprender√°: ser√° exaltado y glorificado sobremanera. Como muchos se espantar√°n de ti, as√≠ sin gloria ser√° tu rostro a los ojos de los hombres; muchos pueblos se asombrar√°n y los reyes cerrar√°n la boca porque contemplar√°n algo inenarrable y comprender√°n algo inaudito. Se√Īor ¬Ņqui√©n crey√≥ nuestro anuncio? ¬ŅA qui√©n se revel√≥ el brazo del Se√Īor? Lo hemos narrado ante √Čl, como a un ni√Īo, como a una ra√≠z en tierra √°rida; no ten√≠a figura ni gloria. Lo hemos visto sin aspecto y sin belleza. Su aspecto era despreciable, m√°s abatido que los dem√°s hombres. Hombre de dolores acostumbrado a sufrimientos; porque volv√≠a su rostro hacia otra parte era despreciado y tenido a menos. El carg√≥ con nuestros pecados y sufre por amor a nosotros; lo hemos cre√≠do v√≠ctima del dolor, de los golpes y torturas. Fue traspasado por nuestros delitos, maltratado por nuestros pecados. El castigo que nos da la paz cay√≥ sobre √©l y sus cicatrices nos curaron (Is 52,13‚ÄĒ53,5). David anunci√≥ con estas palabras sus torturas: Yo fui torturado (Ps 38,9). Sin embargo David nunca fue torturado sino Cristo cuando ordenaron que fuese crucificado. Una vez m√°s el Verbo dice en Isa√≠as: Ofrec√≠ la espalda a los golpes y las mejillas a las bofetadas; no me tap√© el rostro ante ultrajes ni salivazos (Is 50,6). El profeta Jerem√≠as repite lo mismo en estos t√©rminos: Presentar√° la mejilla al que lo hiere y ser√° colmado de oprobios (Lm 3,30). Todo esto lo sufri√≥ Cristo.

La Pasión y su sentencia

69. Isa√≠as contin√ļa as√≠: Merced a sus llagas hemos sido curados todos. Err√°bamos como un reba√Īo, cada uno iba por su camino y el Se√Īor lo consign√≥ por nuestros pecados (Is 53,5-6; 7). Est√° claro que por voluntad del Padre le han sucedido estas cosas en favor de nuestra salvaci√≥n. Y luego prosigue: A pesar de sus padecimientos no abri√≥ la boca; como oveja fue llevado al matadero; como un cordero ante el esquilador est√° sin voz (Is 53,7). De esta forma anuncia que acepta libremente la muerte. Mas al decir el profeta: En la humillaci√≥n fue eliminado su juicio (Is 53,8), se refiere a su humilde aspecto exterior. Seg√ļn su aspecto sin honra fue pronunciada la sentencia; y proferida la sentencia conduce a algunos a la salvaci√≥n, a otros a las penas de la perdici√≥n. Hay efectivamente lo tomado por uno a cuestas, y lo que quitan a otro. As√≠ es la sentencia: por algunos ha sido sufrida y estos la toman sobre s√≠ mismo como propia condena; para otros ha sido eliminada y se salvan. Han cargado sobre s√≠ la sentencia quienes lo crucificaron, y habi√©ndose portado as√≠ no creen en √Čl; de tal suerte, la sentencia recibida por ellos los condenar√° a la perdici√≥n entre los tormentos. La sentencia ha sido eliminada para quienes en √Čl creen, y no est√°n ya sujetos a ella, es decir a la sentencia de condenaci√≥n. La sentencia de condenaci√≥n, acompa√Īada de fuego, ser√° de exterminio para los incr√©dulos, al fin de este mundo.

La generación inenarrable

70. A continuaci√≥n dice: ¬ŅQui√©n narrar√° su nacimiento? (Is 53,8).Esto se dijo para ponernos en guardia con el fin de que no le tengamos como a un hombre insignificante y de poca importancia por raz√≥n de sus adversarios y de los dolores de su pasi√≥n. Aquel que ha sufrido todo esto cuenta en su haber con un origen inefable. Porque por nacimiento se entiende su origen, o sea, su Padre inefable e indescriptible. Reconoce, pues, que este es el origen de Aquel que ha soportado esta pasi√≥n y no lo tengas a menos por la pasi√≥n que ha sufrido por ti intencionadamente. Mas, por su origen, gu√°rdale temor.

La vida a la sombra de su cuerpo

71. Dice en otra parte Jerem√≠as: El Esp√≠ritu de nuestro rostro es el Se√Īor Cristo; c√≥mo fue apresado en sus redes, aquel de quien hemos dicho: A su sombra viviremos entre las naciones (Lm 4,20). La Escritura dice que Cristo, aun siendo Esp√≠ritu de Dios, deb√≠a hacerse hombre sometido al sufrimiento, y revela en cierto modo sorpresa y sobresalto ante la Pasi√≥n que deb√≠a sufrir Aquel a cuya sombra hemos dicho que √≠bamos a vivir. Sombra significa su cuerpo, pues as√≠ como la sombra viene producida por un cuerpo, as√≠ el cuerpo de Cristo fue producido por su Esp√≠ritu. Mas la voz sombra significa asimismo la humillaci√≥n de su cuerpo y la facilidad de ser humillado. En efecto, como la sombra de los cuerpos erguidos se proyecta al suelo y es hollada bajo los pies, as√≠ el cuerpo de Cristo, echado a tierra en la Pasi√≥n, fue, por as√≠ decirlo, hollado bajo los pies. Llama sombra al cuerpo de Cristo por haber venido a ser sombra de la gloria del Esp√≠ritu que velaba. Con frecuencia, al paso del Se√Īor, ven√≠an colocadas a lo largo de su camino personas afectadas de enfermedades varias; y todos aquellos a quienes alcanzaba su sombra eran salvos.

La muerte del justo

72. Y el mismo profeta, a prop√≥sito de la Pasi√≥n de Cristo, dice lo siguiente: He aqu√≠ como el justo ha perecido y nadie hace caso; los hombres justos son quitados de en medio y nadie se entera, pues el justo es llevado en presencia de la injusticia. Su sepultura ser√° paz: √©l ha sido preservado (Is 57,1-4). ¬ŅQu√© otro hay perfectamente justo fuera del Hijo de Dios, que hace del todo justos a quienes en √Čl creen, los cuales, a semejanza de √Čl, son perseguidos y muertos? Cuando dice: Su sepultura ser√° paz, da a conocer c√≥mo muri√≥ por nuestra salvaci√≥n, que est√° en la paz de la salvaci√≥n; y (anuncia) que por su muerte quienes antes eran enemigos y adversarios unos de otros, no bien crean juntos en √Čl, tendr√°n paz entre s√≠, dando y recibiendo se√Īales de amistad por su com√ļn fe en √Čl. Es exactamente lo que ocurre. Las palabras ha sido preservado se refieren a la resurrecci√≥n de entre los muertos, porque despu√©s de la sepultura nadie le vio muerto. Que una vez muerto y resucitado Cristo, deb√≠a permanecer inmortal, d√≠celo el profeta en estos t√©rminos: Pidi√≥ la vida y t√ļ le has concedido adem√°s la longevidad por los siglos de los siglos (Ps 21,5). ¬ŅPor qu√© dijo pidi√≥ la vida, cuando deb√≠a morir? En efecto, anuncia su resurrecci√≥n de entre los muertos, y que resucitado de entre los muertos es inmortal. Ya que recibi√≥ la vida para resucitar, y la longevidad por los siglos de los siglos para ser incorruptible.

La muerte (‚Äúsue√Īo‚ÄĚ) y resurrecci√≥n seg√ļn David

73. Y dice de nuevo David a prop√≥sito de la muerte y de la resurrecci√≥n de Cristo: Yo me acost√© y me dorm√≠; me despert√© porque el Se√Īor me acogi√≥ (Ps 3,6). David no dec√≠a esto de s√≠ mismo, porque muerto √©l no resucit√≥. Sino el Esp√≠ritu de Cristo, que habl√≥ tambi√©n de √Čl en otros profetas, dice tambi√©n ahora por medio de David: Yo me acost√© y dorm√≠; me despert√© porque el Se√Īor me acogi√≥. Llama sue√Īo a la muerte, porque resucit√≥.

Herodes y Pilato

74. Sobre la Pasi√≥n de Cristo, David dice: ¬ŅPor qu√© se agitan los gentiles y los pueblos planean fracasos? Se al√≠an los reyes de la tierra y los pr√≠ncipes conspiran contra el Se√Īor y su Ungido (Ps 2,1-2; Ac 4,24-28). De hecho, Herodes, rey de los Jud√≠os, y Poncio Pilato, procurador de Claudio C√©sar, se reunieron y lo condenaron a ser crucificado. Porque Herodes tem√≠a perder el reinado, como si √Čl fuese a ser un rey terreno, y Pilato fue obligado, contra su voluntad, por Herodes y por los jud√≠os que lo rodeaban, a condenarlo a muerte, por el hecho de que no hacerlo se interpretar√≠a como ir en contra del C√©sar dejando en libertad a un hombre al que se dio el t√≠tulo de Rey.

El anuncio de la Pasión

75. Y, a prop√≥sito de la Pasi√≥n, dice todav√≠a el mismo profeta: T√ļ nos has rechazado y despreciado; has repudiado a tu Ungido; has roto la alianza de mi siervo; has echado a tierra tu santuario; has derrumbado su cerca; has hecho temblar sus fortalezas; cuantos pasan de largo la han saqueado; se ha convertido en el oprobio de sus vecinos; has robustecido la derecha de sus opresores, has alegrado a sus enemigos; le has torcido la hoja de su espada y no lo has sostenido en el combate; lo has excluido de la purificaci√≥n, echando por tierra su trono; le has acortado los d√≠as de su tiempo y lo has cubierto de ignominia (Ps 88,39-46). El profeta afirma abiertamente que deb√≠a sufrir todo esto y que √©sta era la voluntad del Padre, puesto que por voluntad del Padre sufri√≥ la Pasi√≥n.

La captura de Jes√ļs

76. Zacar√≠as se expresa as√≠: √Ālzate, espada, contra mi pastor, contra el hombre, mi compa√Īero; hiere al pastor y se dispersar√°n las ovejas del reba√Īo (Za 13,7; Mt 26,31; Lc 14,27). Y esto sucedi√≥ cuando fue capturado por los Jud√≠os. Entonces todos los disc√≠pulos lo abandonaron por miedo a perecer con √Čl, porque ellos no creyeron firmemente en √Čl hasta que no le vieron resucitado de entre los muertos.

Jes√ļs motivo de reconciliaci√≥n entre Pilato y Herodes

77. Y se dice tambi√©n en los doce profetas: Prisionero le presentaron al rey como tributo (Os 10,6 LXX). Poncio Pilato era procurador de Judea y alimentaba entonces un profundo rencor en contra de Herodes, rey de los Jud√≠os. Precisamente en esta situaci√≥n Pilato remiti√≥ a Cristo, a quien se lo hab√≠a enviado, atado a Herodes con el ruego de que le interrogase para confirmar lo que quer√≠a hacer con √Čl. De este modo Cristo se convirti√≥ en un buen pretexto para reconciliarse con el rey.

La bajada a los infiernos

78. Y en Jerem√≠as, ve con qu√© t√©rminos se expresa para dar a conocer su muerte y su descenso a los infiernos: Y el Se√Īor, el Santo de Israel, acord√≥se de sus muertos, de los que estaban ya dormidos en el polvo de la tierra, y descendi√≥ a ellos para llevarles el Evangelio de su salvaci√≥n y salvarles. Aqu√≠ se revelan tambi√©n las razones de su muerte, porque su descenso a los infiernos era para la salvaci√≥n de los difuntos.

Profecías sobre la Cruz

79. Y de nuevo en torno a su cruz Isa√≠as dice: Extend√≠ las manos todo el d√≠a hacia un pueblo ind√≥cil y rebelde (Is 65,2). As√≠ prefiguraba la cruz. Y todav√≠a m√°s claramente David: Perros de caza me rodearon, una multitud de malvados me ha cercado; me han taladrado mis manos y mis pies (Ps 21,17). Y nuevamente: Mi coraz√≥n se hizo como cera l√≠quida en medio de mis entra√Īas; han descoyuntado mis huesos (Ps 21,15). Y sigue diciendo: Perdona a mi alma la espada y enclava mis carnes, pues una muchedumbre de malvados se levant√≥ contra m√≠. En estos pasajes, muestra e indica en modo luminoso su crucifixi√≥n. Mois√©s dice la misma cosa a su pueblo: Y tu vida colgar√° delante de tus ojos, y temer√°s d√≠a y noche, y no creer√°s en tu vida (Dt 28,66).

Profecías sobre los vestidos

80. Nuevamente dijo David: Ellos me miraron fijamente. Se dividieron mi vestido y echaron a suertes mi t√ļnica (Ps 21,19). En efecto, cuando le crucificaron, repartieron los soldados sus vestidos seg√ļn su costumbre; el vestido se lo dividieron luego de haberlo desgarrado; mas en cuanto a la t√ļnica, como estaba tejida desde arriba y sin costura, la echaron a suertes para ver qui√©n se la llevaba (Jn 19,23-24).

Judas, la venta de Cristo y la compra del campo a un alfarero

81. El profeta Jerem√≠as a√Īade: Tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado seg√ļn la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo hab√≠a mandado el Se√Īor (Mt 27,9). En efecto, Judas, uno de los disc√≠pulos de Jes√ļs, habi√©ndose comprometido con los Jud√≠os y habiendo sellado con ellos un pacto ‚ÄĒde hecho sab√≠a que le quer√≠an matar‚ÄĒ y porque hab√≠a sido reprendido por √Čl, acept√≥ los treinta denarios del pa√≠s y le entreg√≥ a Cristo. A continuaci√≥n, movido por los remordimientos de lo que hab√≠a hecho, tir√≥ el dinero a los pies de los jefes de los Jud√≠os y se ahorc√≥. Pero √©stos no consideraron conveniente devolver el dinero al Tesoro, porque era precio de sangre, y con √©l compraron el campo perteneciente a un alfarero para enterrar all√≠ a los extranjeros.

Profecía sobre el vinagre mezclado con hiel

82. Y una vez crucificado, al pedir de beber, le dieron vinagre mezclado con hiel. Y esto mismo lo había dicho David: Me dieron por alimento hiel, y en mi sed me dieron a beber vinagre (Ps 69,22; Mt 27,34; Jn 19,28).

La Ascensión

83. He aqu√≠ lo que dice David de la Ascensi√≥n al cielo, despu√©s de la resurrecci√≥n de entre los muertos: Los carros de Dios a decenas de millares, y millares los cocheros. El Se√Īor est√° entre ellos, en Si√≥n, en el Santuario; subi√≥ a lo alto, cautiv√≥ al cautiverio; ha recibido y entregado dones a los hombres (Ps 67,18-19). Por cautivar entiende la destrucci√≥n de poder de los √°ngeles rebeldes. Dio a conocer el lugar donde habr√≠a de subir de la tierra al cielo al decir: El Se√Īor en Si√≥n subi√≥ a lo alto (Ps 67,18). En efecto, en el monte de los Olivos, frente a Jerusal√©n, despu√©s de resucitado de entre los muertos, reuni√≥ a sus disc√≠pulos y habi√©ndoles recordado lo concerniente al reino de los cielos, fue levantado ante sus ojos y vieron ellos c√≥mo lo acog√≠an, abiertos, los cielos.

El triunfo del Rey de la gloria

84. La misma cosa dice nuevamente David: Alzad, oh pr√≠ncipes, vuestras puertas; levantaos, puertas eternas, y entrar√° el rey de la gloria (Ps 23,7). Las puertas eternas son, efectivamente, los cielos. Mas como el Verbo descendi√≥ invisible para los seres creados, no fue reconocido, a su descenso, por ellos. Pero como se hab√≠a encarnado, se hizo visible cuando ascendi√≥ al cielo. Al verle los principados de los √°ngeles inferiores, gritaron a los que estaban en el firmamento: Alzad vuestras puertas; alzaos, puertas eternas, para que entre el rey de la gloria. √Čstos, asombrados, se preguntaban: ¬ŅQui√©n es √©ste?, y los que le hab√≠an visto, atestiguan por segunda vez: El Se√Īor poderoso y fuerte es el rey de la gloria (Ps 23,10).

El Juicio

85. Resucitado y subido al cielo, aguarda a la diestra del Padre el momento por √Čl fijado para juzgar a todos sus enemigos que a √Čl hab√≠an de ser sometidos. Los enemigos son todos los que fueron hallados en rebeli√≥n: √°ngeles, arc√°ngeles, principados, tronos, que menosprecian la Verdad. David afirma a√ļn: Dijo el Se√Īor a mi Se√Īor: Si√©ntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos a tus pies (Ps 109,1). A√ļn m√°s, David dice que subi√≥ al lugar de donde hab√≠a bajado: √Čl sube de los √ļltimos confines del cielo y su reposo alcanza el otro extremo del cielo. Se√Īala despu√©s el juicio al decir: Ninguno se sustraer√° a su ardor (Ps 18,7).

LA BUENA NOTICIA (cc. 86-97)

El testimonio de los Apóstoles

86. Ahora bien, si los profetas han vaticinado que el Hijo de Dios deb√≠a manifestarse sobre la tierra y han predicho el lugar, la manera y la forma de su manifestaci√≥n sobre la tierra, y si en el Se√Īor se han cumplido todas estas predicciones, nuestra fe en √Čl est√° bien fundada, es aut√©ntica la tradici√≥n de la predicaci√≥n, es decir, el testimonio de los Ap√≥stoles. √Čstos, enviados por el Se√Īor, han predicado por el mundo entero que el Hijo de Dios hab√≠a venido para sufrir la Pasi√≥n, la hab√≠a soportado para destruir la muerte y dar vida al cuerpo, y que dando fin a la hostilidad hacia Dios, es decir, a la iniquidad, hemos de obtener su paz cumpliendo lo que es de su agrado. As√≠ nos ha sido dado a conocer por los profetas cuando dicen: ¬°Qu√© hermosos son los pies de los mensajeros que anuncian la buena nueva de la paz, que pregonan la alegre noticia del bien! (Is 52,7; Rm 10,15). Isa√≠as dice que estos mensajeros vendr√≠an de Judea y de Jerusal√©n para anunciarnos la palabra de Dios, que para nosotros es tambi√©n ley: Pues de Si√≥n saldr√° la ley y de Jerusal√©n la palabra del Se√Īor (Is 2,3). David afirma que hab√≠an de predicar por toda la tierra: A toda la tierra alcanza su preg√≥n y hasta los l√≠mites del orbe su palabra (Ps 18,5).

El primado del amor

87. Pero no es con la locuacidad de la ley como se salva el g√©nero humano sino con la brevedad y precisi√≥n de la fe y de la caridad. Isa√≠as dice: Una palabra concisa y breve en la justicia, porque Dios enviar√° una palabra concisa, con eficacia, sobre toda la tierra (Is 10,23 LXX). De ah√≠ que Pablo afirme: El amor es la plenitud de la ley (Rm 13,10).Pues el que ama a Dios cumple la ley. Cuando le preguntaron al Se√Īor: ¬ŅQu√© mandamiento es el primero de todos?, respondi√≥: Amar√°s al Se√Īor tu Dios con todo tu coraz√≥n, con toda tu fuerza; y el segundo es similar a √©ste: Amar√°s al pr√≥jimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden la ley y los profetas (Mc 12,30; Mt 22,37). As√≠ pues, con la fe en √Čl ha crecido nuestro amor por Dios y por el pr√≥jimo, haci√©ndonos piadosos, justos y buenos. Es por esto por lo que ha enviado con eficacia una palabra concisa sobre la tierra, en el mundo.

Salvados por un hombre-Dios

88. Y que despu√©s de la Ascensi√≥n hab√≠a de ser elevado sobre todas las creaturas y que nadie hab√≠a de ser parangonado o comparado a √Čl, lo dice Isa√≠as: ¬ŅQui√©n es juzgado? Que comparezca. ¬ŅQui√©n es justificado? Que se acerque al Hijo del Se√Īor. Ay de vosotros que os consum√≠s como un vestido y la polilla os roer√°. El hombre ser√° humillado y abatido. S√≥lo el Se√Īor ser√° exaltado con aquellos que ser√°n enaltecidos (Is 50,8; 10; 9; 2,17). Isa√≠as afirma que los que le sirvieron a Dios ser√°n, al final, salvados por medio de su nombre: Los que me sirven recibir√°n un nombre nuevo que ser√° bendito en toda la tierra y ellos bendecir√°n al Dios verdadero (Is 65,15-16). Esta bendici√≥n deb√≠a √Čl realizarla personalmente y √Čl mismo deb√≠a salvarnos por su propia sangre, seg√ļn lo dio a conocer Isa√≠as cuando dijo: No un intercesor ni un √°ngel, sino el Se√Īor en persona los salv√≥, porque los ama y tiene cuidado de ellos. √Čl mismo los redimi√≥ (Is 63,9).

El Espíritu sobre la faz de la Tierra

89. A los que fueron as√≠ liberados (Dios) no quiere llevarlos de nuevo a la legislaci√≥n de Mois√©s ‚ÄĒpues la ley se cumpli√≥ en Cristo‚ÄĒ, sino salvarlos mediante la fe y el amor hacia el Hijo de Dios en la renovaci√≥n de la Palabra, como lo dio a entender Isa√≠as cuando exclam√≥: No record√©is lo de anta√Īo, no pens√©is en lo antiguo; mirad que renuevo a quien va a germinar ahora, y vosotros le conocer√©is. Abrir√© un camino en el desierto, y en la regi√≥n √°rida r√≠os para dar de beber a mi naci√≥n y a mi pueblo elegido, que adquir√≠ para contar mis haza√Īas (Is 43,18-20). Desierto y yermo era antes la vocaci√≥n de los gentiles, pues el Verbo no hab√≠a pasado entre ellos, ni les hab√≠a dado a beber el Esp√≠ritu Santo. El (Verbo) dispuso el nuevo camino de la piedad y de la justicia, e hizo brotar r√≠os en abundancia, diseminando el Esp√≠ritu Santo sobre la tierra, seg√ļn hab√≠a prometido mediante los profetas, que extender√≠a al fin (en los √ļltimos tiempos) el Esp√≠ritu sobre la faz de la tierra.

La novedad del Espíritu

90. Nuestra vocaci√≥n, pues, acontece en la novedad del Esp√≠ritu y no en la letra vieja, como profetiz√≥ Isa√≠as: Mirad que llegan d√≠as, dice el Se√Īor, en que yo con la casa de Israel y la casa de Jud√° har√© (una alianza nueva no como) la alianza que hice con sus padres cuando los llev√© de la mano para sacarlos de Egipto, pues ellos quebrantaron la alianza y yo me desinteres√© de ellos, dice el Se√Īor. Porque √©sta ser√° la alianza que yo har√© con la casa de Israel despu√©s de aquellos d√≠as, dice el Se√Īor: pondr√© mi ley en sus mentes y adem√°s la escribir√© en sus corazones. Yo ser√© su Dios y ellos ser√°n mi pueblo. No tendr√°n que ense√Īarse unos a otros, entre conciudadanos y hermanos diciendo: ¬°Conoced al Se√Īor!, porque todos me conocer√°n, desde el m√°s peque√Īo al m√°s grande; porque les perdonar√© sus maldades y no me acordar√© m√°s de sus pecados.

La apertura de la nueva Alianza

91. Y estas promesas hab√≠an de ser una herencia en el tiempo de la vocaci√≥n de los gentiles, para quienes fue tambi√©n inaugurada la nueva Alianza; as√≠ lo recuerda Isa√≠as en estos t√©rminos: Dice el Dios de Israel: En aquel d√≠a el hombre pondr√° su esperanza en su Creadora y sus ojos contemplar√°n al Santo de Israel; y ya no pondr√°n su esperanza en los altares de los √≠dolos, ni en las obras de sus manos, que fabricaron sus dedos (Is 17,6-8). Manifiestamente estas palabras est√°n dirigidas a aquellos que abandonan a los √≠dolos y creen en Dios, nuestro Creador, gracias al Santo de Israel. El Santo de Israel es Cristo. √Čl se manifest√≥ a los hombres y en √Čl tenemos fija nuestra mirada. Y ya no ponemos nuestra esperanza en los altares ni en las obras de nuestras manos.

Manifestado a los que no le buscaban

92. Y que deb√≠a manifestarse en medio de nosotros ‚ÄĒporque el Hijo de Dios se har√≠a hijo del hombre‚ÄĒ y que nosotros hab√≠amos de encontrar al que desconoc√≠amos, lo afirma el mismo Verbo en Isa√≠as: Me he manifestado a los que no me buscaban; he sido hallado por los que no preguntaban por m√≠. Dije: Aqu√≠ estoy ante un pueblo que no hab√≠a invocado mi nombre (Is 65,1).

Profecías sobre el pueblo de Dios

93. Que este pueblo estaba llamado a ser un pueblo santo, lo vaticinó Oseas, uno de los doce profetas: Al no-pueblo-mío lo llamaré pueblo mío y a la no-amada será amada. Donde se diga no-mi-pueblo, allí se llamarán hijos del Dios viviente (Os 2,25; 1,9; Rm 9,25). También Juan Bautista vuelve a decir lo mismo: Dios puede hacer surgir de estas piedras hijos de Abrahám (Mt 3,9). En efecto, después de habernos arrancado por la fe del culto a las piedras, nuestros corazones ven a Dios y se hacen hijos de Abrahám, el cual fue justificado por la fe (Rm 3,28; 4,3; Ga 3,6). Por esto dice Dios por boca del profeta Ezequiel: Y les daré otro corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo; quitaré de su cuerpo su corazón de piedra y les daré un corazón de carne para que sigan mis mandamientos y observen y practiquen mis preceptos. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. (Ez 11,19-20; 36,26-27).

La Iglesia y la Sinagoga

94. De ah√≠ que por la nueva llamada se realiza un cambio de corazones entre los gentiles por medio del Verbo de Dios que se encarn√≥ y puso su tienda en medio de los hombres, como dice Juan, su disc√≠pulo: Y su Verbo se hizo carne y habit√© entre nosotros (Jn 1,14). Por lo tanto la Iglesia engendra un gran n√ļmero de frutos, es decir, de salvados, porque ya no es un intercesor ‚ÄĒMois√©s‚ÄĒ ni un mensajero ‚ÄĒEl√≠as‚ÄĒ quienes nos salvan sino el Se√Īor en persona, que da m√°s hijos a la Iglesia que a la Sinagoga del pasado, como predijo Isa√≠as con estos t√©rminos: Regoc√≠jate, est√©ril, que no dabas a luz ‚ÄĒy est√©ril es la Iglesia que antes no hab√≠a dado hijo alguno a Dios‚ÄĒ grita y dama, t√ļ que no has tenido los dolores porque los hijos de la abandonada son m√°s numerosos que los hijos de la que ten√≠a marido (Is 54,1; Ga 4,27). Y la antigua Sinagoga ten√≠a por marido la Ley.

La incorporación de los Gentiles

95. Mois√©s dice en el Deuteronomio que los Gentiles estar√°n a la cabeza y el pueblo incr√©dulo a la zaga. Y poco despu√©s: Hab√©is provocado mi celo con vuestros no-dioses, me hab√©is irritado con vuestros √≠dolos; yo provocar√© vuestro celo con uno que no es pueblo y os irritar√© con un pueblo insensato (Dt 32,21). Pues han abandonado al Dios verdadero, adoraron a falsos dioses, mataron a los profetas de Dios y profetizaron por medio de Baal, que era un √≠dolo de los Cananeos; rechazaron a) verdadero Hijo de Dios al escoger a Barrab√°s, un bandido detenido por flagrante homicidio, al abjurar del rey eterno y reconocer como rey al C√©sar que es perecedero. Por esto Dios decidi√≥ entregar su heredad a los estultos Gentiles y a aquellos que no eran ciudadanos de la ciudad de Dios y desconoc√≠an qui√©n es Dios. Ahora bien, dado que por esta llamada se nos ha dado la vida y Dios ha restaurado en nosotros la fe de Abrah√°m en √Čl, no debemos volver atr√°s, es decir, a la antigua legislaci√≥n. Porque hemos acogido al Se√Īor de la ley, el Hijo de Dios, y por medio de la fe en √Čl aprendemos a amar a Dios con todo el coraz√≥n y al pr√≥jimo como a nosotros mismos. Pues el amor a Dios excluye todo pecado y el amor al pr√≥jimo no causa mal a nadie.

La superación de la Ley

96. Por lo tanto no necesitamos de la ley como pedagogo; he aqu√≠ que nosotros hablamos con el Padre y estamos en su presencia convertidos en ni√Īos sin malicia y afincados en la justicia y honestidad. La Ley, en efecto, no afirmar√° m√°s: no cometer adulterio a aquel que ni siquiera ha deseado la mujer de otro; o no matar a aquel que ha erradicado de s√≠ la ira y la enemistad; o no desear el campo de tu vecino, su buey o su asno a los que no tienen ambici√≥n por las cosas terrenas sino que acopian provisiones para el cielo; ni siquiera ojo por ojo, diente por diente a quien no tiene enemigos y a todos trata como pr√≥jimo y por eso no levanta la mano para vengarse; no exigir√° los diezmos de quien ha consagrado a Dios todos sus bienes y ha dejado padre, madre y toda su familia para seguir al Verbo de Dios . Ya no mandar√° guardar un d√≠a de descanso al que todos los d√≠as observa el s√°bado, es decir, al que rinde culto a Dios en el templo de Dios que es el cuerpo del hombre y practica siempre la justicia. Prefiero misericordia, dice, al sacrificio, el conocimiento de Dios a los holocaustos. Pero el imp√≠o que inmola un ternero es como si matase a un perro, y cuando ofrece flor de harina es como si ofreciese sangre de cerdo (Is 66,3). Y todo el que invocare el nombre del Se√Īor se salvar√° (Ac 2,21; Rm 10,13; Jl 2,32 Vulg.), y ning√ļn otro nombre se nos ha dado bajo el cielo por el cual los hombres se salven (Ac 4,12) si no es el nombre de Dios, Jesucristo, Hijo de Dios, al que obedecen todos los demonios, los esp√≠ritus malvados y todas las potencias rebeldes.

La salvación en Jesucristo

97. Por la invocaci√≥n del nombre de Jesucristo, crucificado bajo Poncio Pilato, Satan√°s fue alejado definitivamente de entre los hombres. All√≠ donde haya alguien que creyendo en √Čl y haciendo su voluntad le recuerde e invoque, Jes√ļs se hace presente y atiende las s√ļplicas de quien le invoca con coraz√≥n puro. De este modo, habiendo obtenido la salvaci√≥n, nosotros permanecemos en constante acci√≥n de gracias a Dios, nuestro Salvador, el que por su magna e insondable Sabidur√≠a, nos salva y proclama la salvaci√≥n desde lo alto de los cielos, salvaci√≥n que es la venida visible de Nuestro Se√Īor, es decir, su vida humana, salvaci√≥n que por nuestras propias posibilidades no pod√≠amos conseguir. Pero lo que es imposible para los hombres es posible para Dios (Lc 18,27).A este respecto Jerem√≠as dice: ¬ŅQui√©n subi√≥ al cielo y se apoder√≥ de ella y la hizo descender de las nubes? ¬ŅQui√©n atraves√≥ los mares y la descubri√≥ y la trajo con preferencia al oro m√°s puro? No hay quien haya encontrado su camino ni quien conozca su sendero. Pero el que sabe todas las cosas, la conoce con su sabidur√≠a, el que ciment√≥ la tierra para siempre y la pobl√≥ de animales cuadr√ļpedos, el que manda a la luz y √©sta se expande, el que la llama y ella le obedece temblando; los astros se levantan para sus vigilias y se complacen. √Čl los llama y contestan: Henos aqu√≠; y lucen alegremente en honor del que los hizo. Este es nuestro Dios; ning√ļn otro cuenta a su lado para nada. √Čl descubri√≥ todos los caminos con su sabidur√≠a y se lo comunic√≥ a Jacob, su siervo, y a Israel, su amado. Y despu√©s de esto se hizo ver en la tierra y converso con los hombres. √Čste es el libro de los mandamientos de Dios y de la Ley perdurable, para siempre. Los que la guardan alcanzar√°n la vida; los que la abandonan morir√°n. Llama Jacob e Israel al Hijo de Dios que ha recibido del Padre dominio sobre nuestra vida y, despu√©s de haber recibido la vida, hace que descienda sobre nosotros, que est√°bamos alejados de √Čl, cuando se manifest√≥ sobre la tierra y converso con los hombres mezclando y uniendo el Esp√≠ritu de Dios Padre con el cuerpo plasmado por Dios para que el hombre fuese a imagen y semejanza de Dios.

CONCLUSI√ďN (cc. 98-100)

A modo de conclusión

98. √Čsta es, mi querido amigo, la predicaci√≥n de la verdad y la imagen de nuestra salvaci√≥n: as√≠ es el camino de la vida que los profetas han anunciado, el que Cristo ha instituido, que los Ap√≥stoles han consignado y que la Iglesia transmite a sus hijos a trav√©s de toda la tierra. Debe ser custodiado con mimo y con voluntad decidida para agradar a Dios con las buenas obras y con un modo sano de pensar.

Las desviaciones de los herejes

99. Por lo tanto, que ninguno piense que existe otro Dios Padre distinto de nuestro Creador, como lo imaginan los herejes, que desprecian al Dios verdadero y hacen un ídolo del Dios inexistente, creándose un padre por encima de nuestro Creador y tienen para sí el haber descubierto algo más grande que la verdad. En realidad todos estos son impíos y blasfeman contra su Creador y Padre como ya hemos demostrado en la Exposición y Refutación de la falsa gnosis. Otros, todavía desprecian la venida del Hijo de Dios y la economía de su encarnación trasmitida por los Apóstoles y vaticinada por los profetas para la restauración de la humanidad, como concisamente hemos demostrado. También a estas personas hay que contarlas entre los incrédulos. Otros todavía no acogen los dones del Espíritu Santo y rechazan el carisma profético, por cuyo rocío el hombre produce frutos de vida divina. De estos dice Isaías: Serán como un terebinto sin hojas y como un jardín sin agua (Is 1; 30). Estos no son de utilidad alguna para Dios, pues no producen frutos.

Hay que mantenerse lejos del error

100. En lo referente a los tres artículos de nuestro bautismo, el error motivó muchas digresiones lejanas de la verdad. Porque o desprecian al Padre, o no acogen al Hijo hablando en contra de la economía de la encarnación, o rechazan al Espíritu, es decir, desechan la profecía. Debemos defendernos de esta clase de personas, evitar sus caminos si de verdad queremos agradar a Dios y obtener la salvación.

Demostraci√≥n de la predicaci√≥n apost√≥lica de San Ireneo. Gloria a toda la Santa Trinidad, Dios √ļnico, Padre, Hijo y Esp√≠ritu Santo, providencia universal, eternamente. Am√©n. Tened un recuerdo en el Se√Īor del divino y beat√≠simo Se√Īor Arzobispo Juan, propietario de este libro, hermano del rey santo. Y acordaos tambi√©n de m√≠, pobre copista.

Consultas

Fuente: Colección Fuentes Patrísticas, volumen 2, por Eugenio Romero Pose. Editorial Ciudad Nueva www.ciudadnueva.com. La versión electrónica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD, incluyendo correcciones ortográficas y adaptaciones.


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