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San Justino M谩rtir, Apolog铆a I
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APOLOG脥A PRIMERA

Exordio

1. 1. Al emperador Tito Elio Adriano Antonino P铆o, Augusto, C茅sar, C茅sar, hijo de Augusto, fil贸sofo, y a Lucio, fil贸sofo, hijo por naturaleza del C茅sar, y de Antonino P铆o por adopci贸n, amantes del saber, al sagrado Senado y a todo el pueblo romano, en favor de los hombres de toda raza, injustamente odiados y perseguidos, yo, Justino, uno de ellos, hijo de Prisco, nieto de Bacquio, natural de Flavia Ne谩polis, ciudad de Siria Palestina, dirijo este discurso y esta s煤plica.

2. 1. Los que son de verdad piadosos y fil贸sofos, manda la raz贸n que, desechando las opiniones de los antiguos, si no son buenas, s贸lo estimen y amen la verdad: la sana raz贸n ordena, en efecto, no seguir a quienes han obrado o ense帽ado la injusticia, pues el amador de la verdad, por todos los modos, con preferencia a su propia vida, as铆 se le amenace con la muerte, debe estar siempre decidido a decir y practicar lo que es justo. 2. Ahora bien, ustedes se oyen llamar por doquiera piadosos y fil贸sofos, guardianes de la justicia y amantes de la instrucci贸n; pero que realmente lo sean, es cosa que tendr谩 que demostrarse. 3. Porque no venimos a halagarlos con el presente escrito ni a dirigirles un discurso por conseguir sus favores, sino a pedirles que pronuncien su juicio al cabo de una exacta y rigurosa investigaci贸n, y que no dicten sentencia contra ustedes mismos, llevados de un prejuicio o del deseo de complacer a hombres supersticiosos, o movidos por una irreflexiva precipitaci贸n o de unos p茅rfidos rumores inveterados. 4. Contra ustedes, decimos, porque nosotros estamos convencidos de que por parte de nadie se nos puede hacer da帽o alguno, mientras no se demuestre que somos obradores de alguna acci贸n criminal o nos reconozcamos culpables. Ustedes pueden matarnos, pero da帽arnos, no.

3. 1. Para que nadie crea que se trata de prop贸sitos insensatos y temerarios, pedimos que se examinen las acusaciones contra nosotros, y si se demuestra que son reales, se los castigue como es conveniente; pero si no hay crimen de que arg眉irnos, la recta raz贸n proh铆be que por rumores mal茅volos se cometa una injusticia con hombres inocentes, o, por mejor decir, la cometan contra ustedes mismos, si es que creen justo que los asuntos se resuelvan no por juicio, sino por pasi贸n. 2. Porque todo hombre sensato ha de declarar que la exigencia mejor y aun la 煤nica exigencia justa es que los s煤bditos puedan presentar una vida y un pensar irreprensibles; pero que igualmente, por su parte, los que mandan den su sentencia, no llevados de violencia y tiran铆a, sino siguiendo la piedad y la filosof铆a, pues de este modo gobernantes y gobernados pueden gozar de felicidad. 3. Y es as铆 que, en alguna parte, dijo uno de los antiguos: 鈥淪i tanto los gobernantes como los gobernados no son fil贸sofos, no es posible que los estados prosperen鈥� (cf. Plat贸n, Rep煤blica V, 473; Fil贸n de Alejandr铆a, Vida de Mois茅s II,2; Alc铆noo, Didascalik贸n 34). 4. A nosotros, pues, nos toca permitir a todos el examen de nuestra vida y de nuestras ense帽anzas, no sea que nos hagamos responsables del castigo, en lugar de quienes hacen profesi贸n de ignorar nuestra religi贸n, de las faltas que cometen por ceguera contra nosotros; pero tambi茅n es deber de ustedes, oy茅ndonos, mostrarse buenos jueces. 5. Porque ya en adelante, instruidos como est谩n, no tendr谩n excusa alguna delante de Dios, en caso que no obren justamente.

Argumentaci贸n

Refutaci贸n de las acusaciones dirigidas contra los cristianos

4. 1. Por el s贸lo hecho llevar un nombre no se puede juzgar a nadie bueno ni malo, si se prescinde de las acciones que ese nombre supone; ahora bien, ateni茅ndose al nombre de que se nos acusa, se comprueba que somos los mejores ciudadanos. 2. Pero como no tenemos por justo pretender se nos absuelva por nuestro nombre, si somos convictos de maldad; por el mismo caso, si ni por nuestro nombre ni por nuestra conducta en la ciudad se ve que hayamos dilinquido, es deber de ustedes poner todo empe帽o para no hacerse responsables de justo castigo, condenando injustamente a quienes no han sido convencidos de crimen alguno. 3. En efecto, de un nombre no puede razonablemente originarse alabanza ni reproche, si no puede demostrarse por hechos algo virtuoso o vituperable. 4. Y es as铆 que a nadie que sea acusado ante sus tribunales, le castigan antes de que sea convicto; sin embrago, trat谩ndose de nosotros, toman el nombre como prueba, siendo as铆 que, si por el nombre va, m谩s bien deber铆an castigar a nuestros acusadores. 5. Porque se nos acusa de ser cristianos, pero no es bueno odiar lo que es excelente. 6. Y hay m谩s, con s贸lo que un acusado niegue de viva voz ser cristiano, lo ponen en libertad, como quien no tiene otro crimen de que acusarle; pero el que confiesa que lo es, por la sola confesi贸n le castigan. Lo que se debiera hacer es examinar la conducta lo mismo del que confiesa que del que niega, a fin de poner en evidencia, por sus obras, la calidad de cada uno. 7. Porque de la misma manera que algunos, que han aprendido en la escuela Cristo a no negarle (cf. Mt 10,33), cuando son interrogados dan una lecci贸n de coraje; otros, con su mala conducta ofrecen asidero a quienes ya de suyo est谩n dispuestos a calumniar a todos los cristianos de impiedad e iniquidad. 8. Al obrar as铆 no se procede rectamente; pues sabido es que el nombre y atuendo de fil贸sofo se lo arrogan algunos que no practican acci贸n alguna digna de su profesi贸n; y ustedes no ignoran que entre los antiguos, personas que profesaron opiniones y doctrinas opuestas, son designados con la com煤n denominaci贸n de fil贸sofos. 9. Y de 茅stos hubo quienes ense帽aron el ate铆smo, y los que fueron poetas cuentan las impudencias de Zeus y de sus hijos; y, sin embargo, a nadie proh铆ben profesar las doctrinas de ellos, antes bien establecen premios y honores para quienes sonora y elegantemente insulten a sus dioses.

5. 1. 驴Qu茅 decir entonces? Nosotros nos comprometemos por juramento a no cometer injusticia alguna y no admitir esas imp铆as opiniones; y ustedes no examinan las acusaciones que nos hacen , sino que, movidos de irracional pasi贸n y aguijoneados por perversos demonios, nos castigan sin proceso alguno y sin sentir por ello remordimiento. 2. Vamos, pues, a decir la verdad: antiguamente unos demonios perversos, multiplicando sus apariciones, violaron a las mujeres, corrompieron a los j贸venes y mostraron fen贸menos espantosos a los hombres (cf. Gn 6,1-4). Con ello se aterraron aquellos que no juzgaban por razonamiento las acciones practicadas, y as铆, llevados del miedo, y no sabiendo que eran demonios malos, les dieron nombres de dioses y llamaron a cada uno con el nombre que cada demonio se hab铆a puesto a s铆 mismo. 3. Pero cuando S贸crates, con razonamiento verdadero e investigando las cosas, intent贸 poner en claro todo eso y apartar a los hombres de los demonios, 茅stos lograron por medio de hombres perversos que se gozan en la maldad, que fuera tambi茅n ejecutado como ateo e imp铆o, alegando contra 茅l que introduc铆a nuevos demonios. Y lo mismo exactamente intentan contra nosotros. 4. Porque no s贸lo entre los griegos, por obra de S贸crates, se demostr贸 por raz贸n la acci贸n de los demonios, sino tambi茅n entre los b谩rbaros por el Verbo en persona, que tom贸 forma, se hizo hombre y fue llamado Jesucristo; por cuya fe, nosotros, a los demonios que esas cosas hicieron, no s贸lo no decimos que son buenos, sino malvados e imp铆os demonios, cuya conducta no se asemeja min铆mamente a la de los hombres que aspiran a la virtud.

6. 1. De ah铆 que se nos d茅 tambi茅n nombre de ateos; y, si de esos supuestos dioses se trata, confesamos ser ateos; pero no respecto del Dios verdader铆simo, Padre de la justicia, de la castidad y de las dem谩s virtudes, en quien no hay mezcla de maldad alguna. 2. A 脡l y al Hijo, que de 脡l vino y nos ense帽贸 todo esto, y al ej茅rcito de los otros 谩ngeles buenos que le siguen y le son semejantes, y al Esp铆ritu prof茅tico, le damos culto y adoramos, honr谩ndolos con raz贸n y verdad, ense帽ando sin reserva, a quien quiera saberlo, lo mismo que nosotros hemos aprendido.

7. 1. Se nos objetar谩 que ya algunos cristianos, han sido detenidos y condenados como malhechores. 2. De hecho, cuando examinan la vida de cada uno de los acusados, a menudo condenan tambi茅n a muchos otros, pero no los condenan por los que anteriormente fueron convictos. 3. Ahora bien, de modo general, no hay inconveniente en admitir que, del mismo que entre los griegos a quienes siguen las doctrinas que les placen, aunque sean contradictorias entre s铆, siempre y por todas partes se les da el nombre 煤nico de fil贸sofos; as铆 tambi茅n, un solo nombre com煤n llevan los que entre los b谩rbaros han adquirido la reputaci贸n de sabios: todos se llaman cristianos. 4. De ah铆 que les pidamos sean examinadas las acciones de todos los que los son denunciados, a fin de que quien sea hallado culpable de un crimen sea castigado como tal, pero no como cristiano (cf. 1P 4,15-16); pero el que aparezca inocente, sea absuelto como cristiano, por no haber en nada dilinquido. 5. Porque no les vamos a pedir que castiguen a nuestros acusadores, pues bastante tienen con la maldad que llevan consigo y con su ignorancia del bien.

8. 1. Lo que les hemos dicho es en el inter茅s de ustedes; recon贸zcanlo por el hecho de que est谩 en nuestra mano negar cuando somos interrogados; 2. pero no queremos vivir en la mentira, porque deseando la vida eterna y pura, aspiramos a la convivencia con Dios, padre y creador del universo, y por ello nos apresuramos a confesar nuestra fe, persuadidos como estamos y creyendo que pueden esos bienes aquellos que por sus obras demostraron a Dios haberle seguido y deseado su convivencia, all铆 donde ninguna maldad ha de contrastarnos. 3. A la verdad, y dicho compendiosamente, eso es lo que esperamos, eso es lo que aprendimos de Cristo y nosotros ense帽amos. 4. Tambi茅n Plat贸n, de modo semejante, dijo que Minos y Radamante han de castigar a los inicuos que se presentan ante ellos (cf. Plat贸n, Gorgias 523e; Apolog铆a de S贸crates 41a; Homero, Odisea XI, 568); nosotros afirmamos que eso mismo suceder谩, pero por medio de Cristo, y que el castigo que recibir谩n en sus mismos cuerpos, unidos a sus almas, ser谩 eterno (cf. Dt 32,22; Is 1,16-20; 66,24; Mt 5,29; 25,41; Mc 9,48; Rm 8,10; 1Co 15,35), y no s贸lo por un per铆odo de mil a帽os, como lo dijo Plat贸n (Fedro 249a; Rep煤blica X,615a). 5. Ahora, si hay quien diga que esto es incre铆ble o imposible, a nosotros nos toca el enga帽o y no a otro, mientras no seamos declarados culpables de haber cometido alg煤n delito.

9. 1. Tampoco honramos con variedad de sacrificios y coronas de flores a esos seres que los hombres, tras fabricarlos y colocarlos en los templos, los llaman dioses, pues sabemos que son objetos sin alma y sin vida, que no tienen forma divina (cf. Sal 134,15-18); nosotros no creemos, en efecto, que la divinidad tenga una forma semejante como pretenden algunos haber imitado para tributarle honor, sino que llevan los nombres y figuras de aquellos malos demonios que un d铆a aparecieron en el mundo. 2. Porque 驴qu茅 necesidad hay de explicarles a ustedes, que lo saben, los modos como los art铆fices transforman la materia, ora puliendo y tallando, ora fundiendo y martillando? Y muchas veces a partir de un material sin valor, con s贸lo cambiarle la figura y darle forma conveniente por medio del arte, se le pone nombre de dios. 3. Lo cual no s贸lo lo tenemos por cosa irracional, sino un insulto a la divinidad, pues teniendo, la que poseyendo gloria y belleza inefables, ve su nombre atribuido a cosas corruptibles y que necesitan de atentos cuidados. 4. Ustedes saben perfectamente que los art铆fices de tales dioses son gente disoluta y que viven envueltos en toda clase de vicios, que no voy a enumerar aqu铆. No faltan entre ellos quienes llegan hasta violar a las esclavas que trabajan a su lado. 5. 隆Qu茅 estupidez decir que hombres intemperantes fabrican y transforman dioses para ser adorados! Y que tales gentes sean puestas por custodios de los templos en que aqu茅llos son consagrados, sin comprender que es una impiedad pensar o decir que los hombres son guardianes de los dioses.

10. 1. Por el contrario, nosotros hemos aprendido que Dios no tiene necesidad de ofrendas materiales por parte de los hombres, porque vemos que es 脡l quien nos lo procura todo (cf. Is 1,11-15; 58,6s; 2M 14,35; Hch 17,25); en cambio, se nos ha ense帽ado (cf. 1Co 11,23; 15,1), y de ello estamos persuadidos y as铆 lo creemos, que s贸lo aquellos le son a 脡l gratos que tratan de imitar los bienes que le son propios: la templanza, la justicia, el amor a los hombres y cuanto conviene a un Dios que por ning煤n nombre impuesto puede ser nombrado. 2. Tambi茅n se nos ha ense帽ado que 脡l, al principio, porque es bueno, cre贸 todas las cosas de una materia informe, por causa de los hombres (cf. Gn 1,1-29); los cuales, si por sus obras se muestran dignos del designio de Dios, nosotros hemos recibido la creencia que se les conceder谩 habitar con 脡l, hechos incorruptibles (cf. 1Co 15,52) e impasibles, participando de su reino (cf. 2Tm 2,12). 3. Porque a la manera que al principio cre贸 los seres que no exist铆an, as铆 creemos que a quienes han escogido lo que a 脡l es grato, les conceder谩, a causa de esa misma libre elecci贸n, la incorrupci贸n y convivencia con 脡l. 4. Porque el hecho de ser creados no fue m茅rito nuestro; pero ahora 脡l nos persuade y nos lleva a la fe, para que busquemos, por libre elecci贸n, por medio de las potencias racionales que 脡l mismo nos regal贸, lo que le es agradable. 5. Tambi茅n consideramos que es de inter茅s para todos los hombres no se les impida aprender estas verdades, antes bien exhortarlos vivamente a ellas. 6. Porque lo que no lograron las leyes humanas, ya lo hubiera realizado el Verbo, puesto que es divino, si los malvados demonios no hubieran esparcido muchas e imp铆as calumnias, tomando por aliado el deseo perverso, multiforme, que habita en cada hombre; calumnias con las que nada tenemos que ver nosotros.

11. 1. Ya que ustedes han o铆do que nosotros esperamos un reino, suponen sin m谩s averiguaci贸n que se trata de un reino humano (cf. Jn 18,36), cuando nosotros hablamos del reino de Dios, como aparece claro por el hecho de que al ser por ustedes interrogados confesemos ser cristianos, sabiendo como sabemos que semejante confesi贸n lleva consigo la pena de muerte. 2. Porque si esper谩ramos un reino humano, negar铆amos (ser cristianos) para evitar la muerte y tratar铆amos de vivir ocultos, a fin de alcanzar lo que esperamos; pero como no ponemos nuestra esperanza en lo presente, nada se nos importa de nuestros verdugos, m谩s que m谩s que de todos modos tenemos que morir.

12. 1. Nosotros somos sus mejores auxiliares y aliados para el mantenimiento de la paz, pues profesamos doctrinas como la de que no es posible que se le oculte a Dios un malhechor, un avaro, un conspirador, como tampoco un hombre virtuoso, y que cada uno camina, seg煤n el m茅rito de sus acciones, al castigo o a la salvaci贸n eterna. 2. Porque si todos los hombres conocieran esto, nadie escoger铆a la maldad, ni siquiera por un breve instante, sabiendo que va a su condenaci贸n eterna por el fuego, sino que por todos modos se contendr铆a y se adornar铆a de virtud, a fin de alcanzar la felicidad que viene de Dios y verse libre de los castigos. 3. Quienes ahora, por causa de las leyes y castigos por ustedes impuestos, tratan de ocultarse al cometer sus cr铆menes y, sin embargo, los cometen por saber que ustedes no son m谩s que hombres (cf. Sb 17,3), y es posible ocult谩rselos, si se enteraran y persuadieran que no puede ocultarse a Dios nada, ni acci贸n ni intenci贸n, siquiera por el castigo que les amenaza se moderar铆an de todos modos, como ustedes mismos han de convenir. 4. Parece que temen que todos se decidan a obrar bien y no tengan ya a quien castigar; semejante actitud convendr铆a a verdugos, pero de ninguna forma a pr铆ncipes buenos. 5. Estamos persuadidos que eso es tambi茅n, como dijimos, obra de los demonios perversos, los cuales exigen de quienes viven irracionalmente sacrificios y adoraciones; pero no podemos concebir que ustedes, que aspiran a la piedad y a la filosof铆a, hagan nada irracionalmente. 6. Pero si tambi茅n ustedes, de modo parecido a los insensatos, estiman en m谩s la costumbre que la verdad, procedan conforme a lo que pueden; pero sepan que el poder de los pr铆ncipes, que ponen la opini贸n por encima de la verdad, equivale al de los bandidos en el desierto. 7. Pero no ser谩 bajo auspicios favorables que ustedes inmolar谩n las v铆ctimas, declara el Verbo, que es el pr铆ncipe m谩s alto y m谩s justo que conocemos, despu茅s de Dios que le engendrara. 8. Porque a la manera que reh煤san todos heredar de sus padres la pobreza, los sufrimientos o las deshonras; as铆 no habr谩 hombre sensato que acepte lo que el Verbo le manda que no debe aceptarse. 9. Que todo esto suceder铆a lo predijo, como digo, nuestro Maestro, Jesucristo, que es el Hijo y el enviado (cf. Hb 3,1) de Dios, Padre y Se帽or del universo, de quien hemos recibido nuestro nombre de cristianos. 10. De ah铆 justamente viene nuestra firmeza para aceptar todas sus ense帽anzas, pues aparecen en la realidad cumplidas cuantas cosas se adelant贸 脡l a predecir que suceder铆an. Ciertamente esta es una obra de Dios: predecir cada acontecimiento antes de su realizaci贸n y que aparezca luego realizado tal como fue predicho. 11. Aqu铆 pudi茅ramos terminar nuestro discurso sin a帽adir nada m谩s, considerando que reclamamos justicia y verdad; pero como sabemos bien que no es f谩cil cambiar a prisa un alma pose铆da de la ignorancia, hemos determinado a帽adir unos breves puntos m谩s, con el fin de persuadir a los amantes de la verdad, pues sabemos que no es imposible disipar la ignorancia cuando se expone la verdad.

Exposici贸n de la doctrina cristiana

驴Qui茅n es Jesucristo?

13. 1. No somos ateos, nosotros que adoramos al creador de este universo, que decimos, seg煤n se nos ha ense帽ado, no tener necesidad ni de sangres, ni de libaciones, ni de inciensos (cf. Is 1,11-14), nosotros que le alabamos, conforme a nuestras fuerzas, por todo alimento que tomamos, con palabra de oraci贸n y acci贸n de gracias; nosotros que hemos aprendido que la 煤nica forma digna de honrarlo es 茅sta: no consumir in煤tilmente (cf. 1S 15,22; Sal 51,18-21; Is 1,17; Am 5,24; Mi 4,2s.) por el fuego lo que por 脡l fue creado para nuestra subsistencia, sino usarlo para nosotros mismos y para los necesitados. 2. Y mostr谩ndonos a 脡l agradecidos, dirigirle en solemne homenaje preces e himnos por habernos llamado a la existencia, por los medios todos de salud, por la variedad de seres de toda especie y por los cambios de estaciones, a par que le suplicamos nos conceda revivir en la incorrupci贸n por la fe que en 脡l tenemos, 驴qu茅 hombre sensato no aceptar谩 esto? 3. Luego demostraremos que con raz贸n honramos tambi茅n a Jesucristo, que ha sido nuestro maestro en estas cosas y que para ello naci贸; el mismo que fue crucificado bajo Poncio Pilato, procurador que fue de Judea en tiempo de Tiberio C茅sar, que hemos aprendido ser el hijo del mismo verdadero Dios y a quien tenemos en el segundo lugar, as铆 como al Esp铆ritu prof茅tico, a quien ponemos en el tercero. 4. A este respecto, efectivamente, se nos tacha de locura (cf. 1Co 1,23) diciendo que damos el segundo puesto despu茅s del Dios inmutable, aquel que siempre es y cre贸 el Universo, a un hombre que fue crucificado (cf. Dt 21,23); y es que ignoran el misterio que hay en ello, al que les exhortamos que atiendan cuando nosotros lo expongamos.

Jesucristo es el maestro divino

14. 1. De antemano les avisamos que esos mismos demonios, que nosotros acabamos de desenmascarar, no los enga帽en y los aparten de leer hasta el final y de entender lo que decimos, pues ellos pugnan por tenerlos por sus esclavos y servidores, y ora por apariciones entre sue帽os, ora por artes de magia, se apoderan de todos aquellos que de un modo u otro no trabajan por su propia salvaci贸n; tengan cuidado, como nosotros lo hemos hecho, despu茅s de creer en el Verbo, nos apartamos de ellos y por medio de su Hijo seguimos al solo Dios ing茅nito. 2. Los que antes nos complac铆amos en la disoluci贸n, ahora abrazamos s贸lo la castidad; los que nos entreg谩bamos a las artes m谩gicas, ahora nos hemos consagrado al Dios bueno e ing茅nito; los que am谩bamos por encima de todo procurarnos dinero y bienes, ahora lo que tenemos lo ponemos en com煤n (cf. Hch 2,42-45) y lo compartimos con todo el que est谩 necesitado; 3. los que nos odi谩bamos y mat谩bamos los unos a los otros y no compart铆amos el hogar con quienes no eran de nuestra propia raza por la diferencia de costumbres, ahora despu茅s de la manifestaci贸n de Cristo, compartimos con ellos el mismo g茅nero de vida, rogamos por nuestros enemigos y tratamos de persuadir a los que nos aborrecen injustamente (cf. Mt 5,44; Lc 6,28; 23,34; Hch 7,60), a fin de que, viviendo conforme a los hermosos consejos de Cristo, tengan buenas esperanzas de recibir junto con nosotros los mismos bienes de parte de Dios, soberano de todas las cosas. 4. Pero para que no parezca que recurrimos a argumentos sof铆sticos, hemos cre铆do oportuno, antes de la demostraci贸n, recordar unas pocas de las ense帽anzas del mismo Cristo, y quede ya a cargo de ustedes, en virtud de la autoridad imperial, examinar si verdaderamente eso es lo que se nos ha ense帽ado y lo que nosotros ense帽amos. 5. Sus discursos, empero, son breves y compendiosos, pues no era 脡l ning煤n sofista, sino que su palabra era una fuerza de Dios.

La ense帽anza de Cristo sobre la castidad

15. 1. Ahora bien, sobre la castidad dijo lo siguiente: 鈥淐ualquiera que mirare a una mujer para desearla, ya cometi贸 adulterio en su coraz贸n delante de Dios鈥� (Mt 5,28). 2. Y: 鈥淪i tu ojo derecho te escandaliza, arr谩ncatelo, pues m谩s te vale con un solo ojo entrar en el reino de los cielos, que no con los dos ser enviado al fuego eterno鈥� (Mt 18,9). 3. Y: 鈥淓l que se casa con una mujer repudiada por otro hombre, comete adulterio鈥� (Mt 5,32; Lc 16,18). 4. Y: 鈥淗ay quienes han sido hechos eunucos por los hombres; hay tambi茅n quienes nacieron ya eunucos; pero hay quienes se hicieron a s铆 mismos eunucos por causa del reino de los cielos; s贸lo que no todos comprenden esto (Mt 19,12. 11). 5. As铆, pues, para nuestro maestro, no s贸lo son pecadores los que contraen doble matrimonio conforme a la ley humana, sino tambi茅n los que miran a una mujer para desearla, porque para 茅l no s贸lo es reprobable el que comete de hecho un adulterio, sino tambi茅n el que quiere cometerlo, como quiera que ante Dios no est谩n s贸lo patentes las obras, sino tambi茅n los deseos. 6. Y entre nosotros hay muchos y muchas que, hechos disc铆pulos de Cristo desde ni帽os, perseveran en la virginidad hasta los sesenta y setenta a帽os, y yo me glor铆o de pod茅rselos mostrar de entre toda la raza de hombres. 7. Y eso sin contar la muchedumbre incontable de los que se han convertido de una vida disoluta y han aprendido esta doctrina, pues no vino Cristo a llamar a penitencia a los justos ni a los castos, sino a los imp铆os, intemperantes e injustos. 8. Pues dijo as铆: 鈥淣o vine a llamar a los justos, sino a los pecadores a penitencia鈥� (Mt 9,13). Pues el Padre celestial quiere la penitencia del pecador, no su castigo.

9. Sobre el amar a todos ense帽贸 lo siguiente: 芦Si aman a los que los aman, 驴qu茅 cosa nueva hacen? 驴No hacen eso tambi茅n los imp煤dicos? Yo, en cambio, les digo: 鈥淩ueguen por sus enemigos y amen a los que los aborrecen y rueguen por los que los calumnian鈥澛� (Lc 6,32. 27-28). 10. Sobre el deber de compartir con los necesitados y no hacer nada por ostentaci贸n, dijo as铆: 芦A todo el que les pida, denle y no se aparten del que quiere pedirles prestado (Mt 5,42). Porque si prestan s贸lo a aquellos de quienes esperan recibir (Lc 6,34), 驴qu茅 cosa nueva hacen? Eso hasta los publicanos lo hacen (Mt 5,46)禄. 11. 鈥淧ero ustedes no atesoren para ustedes sobre la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen y los ladrones socavan, sino atesoren para ustedes en los cielos, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen鈥� (Mt 6,19-20). 12. 芦Porque, 驴qu茅 aprovecha al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? 驴O qu茅 dar谩 a cambio de ella? (Mt 16,26). Atesoren, pues, en los cielos, donde ni polilla ni herrumbre destruyen禄 (Mt 6,20). 13. Y: 芦Sean benignos y misericordiosos, como el padre de ustedes es benigno y misericordioso (Lc 6,36), y hace salir su sol sobre pecadores, y sobre justos y malvados禄 (Mt 5,45). 14. 芦No se preocupen sobre qu茅 comer谩n o qu茅 vestir谩n (Mt 6,25). 驴No valen ustedes m谩s que los p谩jaros y las fieras? Y Dios los alimenta禄 (Mt 6,26 + Lc 12,24). 15. 芦No se preocupen, pues, sobre qu茅 comer茅is o qu茅 vestir谩n (Mt 6,25), pues su Padre celestial sabe que tienen necesidad de estas cosas. 16. Busquen el reino de los cielos, y todo eso se les dar谩 por a帽adidura (Mt 6,32-33). Porque donde est谩 el tesoro del hombre, all铆 tambi茅n est谩 su esp铆ritu禄 (Mt 6,21). 17. Y: 鈥淣o hagan estas cosas para ser vistos de los hombres; pues en ese caso, no tendr谩n recompensa de su Padre que est谩 en los cielos鈥� (Mt 6,1).

Paciencia, no violencia, sinceridad

16. 1. Sobre que seamos pacientes, prontos a servir a todos y ajenos a la ira, lo que dijo es esto: 鈥淎 quien te golpee en una mejilla, pres茅ntale la otra, y a quien quiera quitarte tu t煤nica o tu manto, no se lo impidas鈥� (Lc 6,29). 2. 芦Quienquiera que se irrite, es reo de fuego (cf. Mt 5,22). A quien te requiera para una milla, acomp谩帽ale dos (Mt 5,41). Brillen sus obras delante de los hombres, a fin de que vi茅ndolas admiren a su Padre que est谩 en los cielos禄 (Mt 5,16). 3. No debemos, pues, ofrecer resistencia, porque no quiere 脡l que seamos imitadores de los malvados, sino que nos exhort贸 a practicar la paciencia y la bondad para apartar a todos los hombres de la abyecci贸n y del deseo del mal (cf. Mt 5,39). 4. Esto lo podemos demostrar con muchos que han vivido entre ustedes, que dejaron sus h谩bitos de violencia y tiran铆a, convencidos ora contemplando la constancia de vida de sus vecinos, ora considerando la extra帽a paciencia de compa帽eros de viaje v铆ctimas de injusticias, ora por haberlo experimentado ellos mismos en los negocios que tuvieron con aquellos. 5. Sobre no jurar absolutamente, sino decir siempre la verdad, nos mand贸 como sigue: 芦No juren de ninguna manera (Mt 5,34); que su s铆 sea s铆 no, y su no, no (St 5,12), pues todo lo que pasa de esto viene del Maligno (Mt 5,37)禄.

6. En cuanto que a solo Dios hay que adorar, nos lo persuadi贸 diciendo as铆: 芦El m谩s grande mandamiento (cf. Mt 22,28) es 茅ste: Al Se帽or Dios tuyo adorar谩s y a 脡l solo servir谩s (Mt 4,10) con todo tu coraz贸n y toda tu fuerza (Mc 12,30; cf. Dt 6,5), al Se帽or Dios que te ha creado禄. 7. Y una vez que se le acerc贸 uno y le dijo 鈥淢aestro bueno鈥�, 脡l respondi贸 diciendo: 鈥淣adie es bueno sino s贸lo Dios鈥� (Mc 10,17-18), que cre贸 el universo.

8. Pero aquellos que se vea no viven como 脡l ense帽贸, sean declarados como no cristianos, por m谩s que con la lengua repitan las ense帽anzas de Cristo, pues 脡l dijo que hab铆an de salvarse no los que s贸lo hablaran, sino que tambi茅n practicaran las obras. 9. Y efectivamente dijo as铆: 芦No todo el que me diga 鈥淪e帽or, Se帽or鈥�, entrar谩 en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que est谩 en los cielos (Mt 7,21). 10. Porque el que me oye y hace lo que yo digo, oye a aquel que me ha enviado (Lc 10,16; cf. Mt 7,24). 11. Muchos me dir谩n: 鈥淪e帽or, Se帽or, 驴no es as铆 que en tu nombre comimos y bebimos e hicimos prodigios?鈥�. Y entonces les contestar茅 yo: 鈥淎p谩rtense de m铆, obradores de iniquidad (Mt 7,22-23; cf. Lc 13,26). 12. Entonces habr谩 llanto y crujir de dientes, cuando los justos brillen como el sol (Mt 13,42-43) y los injustos sean enviados al fuego eterno. 13. Porque muchos vendr谩n en mi nombre (Mt 24,5), vestidos por fuera con pieles de oveja, pero que son por dentro lobos rapaces; por sus obras los conocer谩n (Mt 7,15-16). Todo 谩rbol que no produzca buen fruto, ser谩 cortado y echado al fuego (Mt 7,19)禄. 14. Ahora bien, que quienes no viven conforme a las ense帽anzas de Cristo y s贸lo de nombre son cristianos, sean castigados, nosotros somos los primeros en ped铆rselo.

La lealtad de los cristianos

17. 1. En cuanto a tributos y a los impuestos, nosotros procuramos pagarlos antes que nadie a quienes ustedes tienen para ello ordenados por todas partes, tal como fuimos por 脡l ense帽ados. 2. Pues por aquel tiempo se le acercaron algunos a preguntarle si hab铆a que pagar tributo al C茅sar. Y 脡l respondi贸: 芦鈥淒铆ganme, 驴qu茅 efigie lleva la moneda?鈥�. Ellos le dijeron: 鈥淟a del C茅sar鈥�. 脡l les respondi贸: Entonces den al C茅sar lo que es del C茅sar y a Dios lo que es de Dios鈥澛� (cf. Lc 20,22-25). 3. De ah铆 que s贸lo a Dios adoramos; pero en todo lo dem谩s, les servimos a ustedes con gusto, confesando que son reyes y gobernantes de los hombres y rogando en nuestras oraciones (cf. Rm 13,1-7; Tt 3,1; 1P 2,13-17) que, junto con el poder imperial, se halle que tambi茅n tienen prudente razonamiento. 4. Pero si no hacen caso de nuestras s煤plicas, a pesar de esta exposici贸n detallada que les hacemos p煤blicamente, nosotros ning煤n da帽o hemos de recibir, creyendo o, m谩s bien, estando como estamos persuadidos que cada uno pagar谩 la pena conforme merezcan sus obras en el fuego eterno, y que tendr谩 que dar cuenta a Dios seg煤n las facultades que de 脡l mismo recibi贸, conforme nos lo indic贸 Cristo diciendo: 鈥淎 quien Dios dio m谩s, m谩s se le exigir谩 de parte de 脡l鈥� (Lc 12,48).

La ense帽anza de los 鈥渇ines 煤ltimos鈥�

18. 1. Miren, en efecto, el fin que han tenido los emperadores que los han precedido: han padecido la suerte com煤n a todos los hombres, la muerte. Y si la muerte terminara en la inconsciencia, ella ser铆a buena suerte para los malvados todos. 2. Pero puesto que la conciencia permanece en todos los nacidos, y nos amenaza un castigo eterno, no sean negligentes en convencerse y creer que son verdad estas cosas. 3. La nigromancia, en efecto, la adivinaci贸n hecha sobre las entra帽as de ni帽os inocentes, las evocaciones de las almas humanas, las pr谩cticas entre los magos de los llamados 鈥渆nviados de los sue帽os鈥� y 鈥渁sistentes鈥�, y los fen贸menos que se dan bajo la acci贸n de los que saben estas cosas, deben persuadirles que a煤n despu茅s de la muerte conservan las almas la conciencia. 4. Tambi茅n podr铆amos citar a los hombres que son arrebatados y agitados por las almas de los muertos, a quienes todos llaman posesos y locos furiosos, los que entre ustedes se llaman or谩culos de Anf铆loco, de Dodona y de Pit贸, y otros que hay por el estilo. 5. Y tambi茅n las doctrinas de escritores como Emp茅docles, Pit谩goras, Plat贸n y S贸crates, el hoyo aquel de Homero, la bajada de Ulises para visitar los infiernos y los relatos de otros autores que han dicho cosas semejantes. 6. Reciban entonces nuestro testimonio, por lo menos de modo semejante a 茅stos, pues no menos que ellos creemos en Dios, sino m谩s, como que esperamos recuperar nuestros propios cuerpos despu茅s de muertos y arrojados a la tierra, porque nosotros afirmamos que para Dios nada hay imposible.

La resurrecci贸n

19. 1. Para quien bien lo considera, 驴qu茅 cosa pudiera parecer m谩s incre铆ble que, de no estar nosotros en nuestro cuerpo, nos dijeran que de una menuda gota del semen humano sea posible nacer huesos, tendones y carnes con la forma en que los vemos? 2. Dig谩moslo, en efecto, por v铆a de suposici贸n. Si ustedes no fueran lo que son y de quienes son, y alguien les mostrara el semen humano y una imagen pintada de un hombre y les asegurara que 茅sta se forma de aqu茅l, 驴acaso le creer铆an antes de verlo nacido? Nadie se atrever铆a a contradecirlo. 3. De la misma manera, por el hecho de no haber visto nunca resucitar un muerto (cf. 1Co 15,34s.; 2Co 5,4), la incredulidad los domina ahora. 4. Pero de la misma manera que al principio no hubieran cre铆do que de una gota peque帽a de esperma nacieran tales seres y, sin embargo, los ven nacidos; as铆, consideren que no es imposible que los cuerpos humanos, despu茅s de disueltos y esparcidos como semillas en la tierra, resuciten a su tiempo por orden de Dios y 鈥渟e revistan de la incorrupci贸n鈥� (cf. 1Co 15,53). 5. Porque, a la verdad, no sabr铆amos decir de qu茅 potencia digna de Dios hablan los que dicen que todo ha de volver all铆 de donde procede y que, fuera de esto, nadie, ni Dios mismo, puede nada; pero s铆 que vemos bien lo que dijimos: que no hubieran 茅stos cre铆do ser posible que un d铆a llegaran a ser tales como se ven a s铆 mismos lo mismo que el mundo entero, creados, y a partir de qu茅 elementos. 6. Por lo dem谩s, nosotros hemos aprendido ser mejor creer aun lo que est谩 por encima de nuestra propia naturaleza y es a los hombres imposible, que ser incr茅dulos a la manera de otros, como quienes sabemos que Jesucristo, maestro nuestro, dijo: 鈥淟o que es imposible para los hombres, es posible para Dios鈥� (Lc 18,27). 7. Y dijo m谩s: 鈥淣o teman a los que los matan y despu茅s de eso nada pueden hacer; teman m谩s bien a Aquel que despu茅s de la muerte puede arrojar alma y cuerpo al infierno鈥� (Lc 12,4-5; cf. Mt 10,28). 8. Es de saber que el infierno es el lugar donde han de ser castigados los que hubieren vivido inicuamente y no creyeren han de suceder estas cosas que Dios ense帽贸 por medio de Cristo.

El combate final

20. 1. Por lo dem谩s, la Sibila e Histaspes anunciaron que todo lo corruptible hab铆a de ser consumido por el fuego; 2. y los fil贸sofos llamados estoicos tienen por dogma que Dios mismo ha de resolverse en fuego y afirman que nuevamente, por transformaci贸n, volver谩 a nacer el mundo. Pero nosotros tenemos a Dios, creador de todas las cosas, por algo superior a todos los seres que experimentan transformaciones. 3. Si sobre ciertos puntos estamos de acuerdo con los poetas y fil贸sofos que ustedes estiman, y sobre otros nuestra doctrina es m谩s elevada y digna de Dios, sin embargo, somos los 煤nicos que ofrecemos una demostraci贸n, 驴por qu茅 entonces m谩s que a todos los otros se nos odia injustamente? 4. Cuando nosotros decimos que todo fue ordenado y hecho por Dios, no parecer谩 sino que enunciamos un dogma de Plat贸n; al afirmar la conflagraci贸n universal, otro de los estoicos; al decir que son castigadas las almas de los inicuos que aun despu茅s de la muerte conservar谩n su conciencia, y que las de los buenos, libres de todo castigo, ser谩n felices, parecer谩 que hablamos como sus poetas y fil贸sofos. 5. En fin, que no haya de adorarse a las obras de las manos de los hombres (cf. Lv 26,1; Is 2,18; Sal 115,4-6; 135,15, etc.), no es sino repetir lo que dijeron Menandro, el poeta c贸mico, y otros con 茅l, que afirmaron ser mayor el art铆fice que lo que 茅l fabrica.

Jesucristo es el Verbo divino

21. 1. Cuando nosotros decimos tambi茅n que el Verbo, que es el primog茅nito de Dios (cf. Col 1,15), fue engendrado sin comercio carnal, es decir, Jesucristo, nuestro maestro, y que 茅ste despu茅s de ser crucificado y matado, resucit贸 y subi贸 al cielo (cf. Sal 3,6), nada nuevo presentamos, si se atiende a los que ustedes llaman hijos de Zeus. 2. Porque ustedes saben bien la cantidad de hijos que los escritores por ustedes estimados atribuyen a Zeus: Hermes, el verbo que interpreta y ense帽a todas las cosas; Asclepio, que fue m茅dico y despu茅s de haber sido fulminado, subi贸 al cielo; Dionisio, despu茅s que fue despedazado; Heracles, despu茅s de arrojarse a s铆 mismo al fuego para huir de sus dolores; los Dioscuros, hijos de Leda; Perseo de D谩nae, y Belerofonte, nacido de hombres, sobre el caballo Pegaso. 3. 驴Para qu茅 hablar de Ariadna y de los que, de modo semejante a ella, se dice haber sido colocados en las estrellas? Y paso igualmente por alto sus emperadores difuntos, a quienes tienen siempre por dignos de la inmortalidad y nos presentan a alg煤n infeliz que jura haber visto remontarse al cielo desde la pira al C茅sar hecho cenizas. 4. Tampoco hay necesidad de repetir aqu铆 las acciones que se cuentan de cada uno de los supuestos hijos de Zeus, pues ustedes las saben perfectamente. Basta indicar que eso se ha escrito para utilidad e incitaci贸n de los j贸venes que se educan, porque todos tienen por cosa bella ser imitadores de los dioses. 5. Sin embargo, un hombre sensato rechazar铆a semejante concepci贸n de la divinidad que admite que Zeus mismo, jefe y padre de todos los dioses, haya sido parricida y nacido de parricida y, vencido por placeres bajos y vergonzosos (cf. Lv 18,22; 20,13), haya ido a Ganim茅des y a muchedumbre de mujeres con las que cometi贸 adulterio, y aceptar que sus hijos practicaron acciones semejantes. 6. La verdad es, como anteriormente dijimos, que fueron los demonios malvados quienes tales cosas hicieron. Ahora alcanzar la inmortalidad, a nosotros se nos ha ense帽ado que s贸lo la alcanzan los que viven santa y virtuosamente cerca de Dios, as铆 como creemos que han de ser castigados con fuego eterno quienes vivieren injustamente y reh煤sen convertirse.

Jes煤s es el Hijo de Dios

22. 1. En cuanto al Hijo de Dios, que se llama Jes煤s, a煤n cuando fuera hombre al modo com煤n, merecer铆a, por su sabidur铆a, llamarse Hijo de Dios, pues todos los escritores llaman a Dios padre de hombres y de dioses (cf. Homero, Il铆ada 1, 544; 4, 68). 2. Y si afirmamos que 脡l, el Verbo de Dios, fue engendrado de modo peculiar, diferente de la com煤n generaci贸n, como ya dijimos (cf. I,21,1), admitan entonces que este punto es coincidente con lo que ustedes dicen de Hermes, a quien llaman el Verbo mensajero de parte de Dios. 3. Si se nos echa en cara que fue crucificado, tambi茅n esto es com煤n con los antes enumerados hijos de Zeus que ustedes admiten haber sufrido. 4. En efecto, se cuenta de ellos que no sufrieron un mismo g茅nero de muerte, sino diferentes; de suerte que ni por el hecho de haber sufrido (Cristo) una pasi贸n particular es inferior a ellos; al contrario, como lo hab铆amos prometido (cf. I,13,3) demostraremos que es muy superior, o, por mejor decir, ya est谩 demostrado (cf. I,15-17), pues el que es superior se muestra por sus obras. 5. Nosotros, predicamos que naci贸 de una virgen, y ustedes deben admitir que este un punto com煤n con Perseo. 6. En fin, que sanara a lisiados, paral铆ticos, enfermos de nacimiento y resucitara muertos (cf. Mt 11,5), tambi茅n en esto parecer谩 que decimos cosas semejantes a lo que se cuenta haber hecho Asclepio.

Excelencia de la doctrina cristiana

23. 1. Todo lo que nosotros afirmamos, por haberlo aprendido de Cristo y de los profetas que le precedieron, es la sola doctrina verdadera y m谩s antigua que todos los escritores que han existido, y no pedimos se acepte nuestra doctrina por coincidir con ellos, sino porque decimos la verdad, a saber: 2. que s贸lo Jesucristo fue engendrado como Hijo de Dios en el sentido propio del t茅rmino, siendo su Verbo (cf. Jn 1,1), su primog茅nito (cf. Col 1,15; Rm 8,29; Hb 1,6; 11,28; 12,23; Pr 8,22) y su potencia (cf. 1Co 1,24); que, hecho hombre por designio suyo, nos ense帽贸 esas verdades para la transformaci贸n y renovaci贸n del g茅nero humano; 3. antes de hacerse hombre entre los hombres, hubo algunos, digo los malvados demonios antes mentados, que se adelantaron a decir por medio de los poetas haber sucedido los mitos que se inventaron, a la manera que fueron ellos tambi茅n los que hicieron las obras ignominiosas e imp铆as de las que se nos acusa, sin que para ello haya testigo ni demostraci贸n alguna. Para que todo esto les quede claro, haremos la refutaci贸n que sigue.

El polite铆smo

24. 1. La primera prueba es que, diciendo nosotros cosas semejantes a los griegos, somos los 煤nicos a quienes se odia por el nombre de Cristo y, sin cometer crimen alguno, como a malvados se nos quita la vida. Mientras que unos ac谩 y otros acull谩, dan culto a 谩rboles, a r铆os, a ratones, a gatos, a cocodrilos y a muchedumbre de animales irracionales; a煤n m谩s, no todos lo dan a los mismos, sino unos son honrados en una parte, otros en otra, con lo que todos (sus adoradores) son imp铆os los unos a los ojos de los otros, porque no adoran los mismos objetos. 2. Lo 煤nico que ustedes nos pueden recriminar, es que no veneramos los mismos dioses que ustedes y que, en las acciones p煤blicas, no ofrecemos ni libaciones, ni grasas de v铆ctimas, ni coronas, ni sacrificios. 3. Ahora bien, que los mismos animales son por unos considerados dioses, por otros fieras, por otros v铆ctimas para sacrificios, ustedes lo saben perfectamente.

La mitolog铆a

25. 1. En segundo lugar, porque hombres de toda raza, que antes d谩bamos culto a Dionisio, hijo de S茅mele, y a Apolo, hijo de Leto, de los cuales ser铆a una verg眉enza el s贸lo narrar las acciones que cometieron por amor a los j贸venes; los que ador谩bamos a Pers茅fone y Afrodita, que fueron aguijoneadas de amor por Adonis y cuyos misterios a煤n celebran ustedes, o a Asclepio u otro de los dem谩s llamados dioses; ahora, no obstante amenaz谩rsenos con la muerte, a todos 茅sos los hemos despreciado por amor de Jesucristo, 2. y nos hemos consagrado al Dios ing茅nito e impasible; el Dios que creemos no ha de ir, aguijoneado por el deseo, a seducir una Ant铆ope ni a otras por el estilo ni a Ganim茅des, ni tendr谩 que ser desatado con ayuda de Tetis de aquel famoso gigante de cien brazos, ni que preocuparse, para pagar este favor, de matar a una muchedumbre de griegos, por la mano de Aquiles, el hijo de Tetis, a causa de su concubina Briseida. 3. Lo que s铆 hacemos es compadecer a quienes tales cosas hacen, y bien sabemos que los responsables de ellos son los demonios.

Las herej铆as

26. 1. En tercer lugar, despu茅s de la ascensi贸n de Cristo al cielo, los demonios han impulsado a ciertos hombres a decir que ellos eran dioses, y 茅sos no s贸lo no han sido perseguidos por ustedes, sino que han llegado hasta juzgarlos dignos de recibir honores. 2. As铆, a un tal Sim贸n, samaritano (cf. Hch 8,9-11), originario de una aldea por nombre Git贸n, habiendo hecho en tiempo de Claudio C茅sar prodigios m谩gicos, por arte de los demonios que en 茅l obraban, en su imperial ciudad de Roma, fue tenido por dios y como dios fue por ustedes honrado con una estatua, que se levant贸 en la isla del T铆ber, entre los dos puentes, y lleva esta inscripci贸n latina: 鈥淎 Sim贸n Dios Santo鈥�. 3. Casi todos los samaritanos, y algunos pocos individuos en las otras naciones, le adoran consider谩ndole como a su primer dios; y a una cierta Helena, que le acompa帽贸 por aquel tiempo en sus peregrinaciones, que antes hab铆a estado en el prost铆bulo, y ser铆a su primera emanaci贸n. 4. Sabemos tambi茅n que un cierto Menandro, igualmente samaritano, natural de la aldea de Caparatea, disc铆pulo que fue de Sim贸n, pose铆do tambi茅n por los demonios, hizo su aparici贸n en Antioqu铆a y all铆 enga帽贸 a muchos por sus artes m谩gicas, llegando a persuadir a sus disc铆pulos que no hab铆an de morir jam谩s. Y no faltan a煤n ahora algunos de ellos que se lo siguen creyendo. 5. En fin, un tal Marci贸n, natural del Ponto, est谩 ahora mismo ense帽ando a los que le siguen a creer en un Dios superior al Creador, y con la ayuda de los demonios ha conducido a muchos, en todas las naciones, a proferir blasfemias y negar al Dios Creador del universo, confesando, en cambio, otro Dios al que, por supon茅rsele superior, se le atribuyen obras mayores. 6. Todos los que de 茅stos proceden, como dijimos (I,4,7; 7,3), son llamados cristianos, a la manera que quienes no participan de las mismas doctrinas entre los fil贸sofos, reciben de la filosof铆a el nombre com煤n con que se les conoce. 7. Ahora, si tambi茅n practican todas esas ignominiosas obras que contra nosotros se propalan, a saber: echar por tierra el candelero, unirnos promiscuamente y alimentarnos de carnes humanas, no lo sabemos; de lo que s铆 estamos ciertos es de que no son por ustedes perseguidos ni condenados a muerte, por lo menos a causa de sus doctrinas. 8. Por lo dem谩s, nosotros mismos hemos compuesto una 鈥淭ratado contra todas las herej铆as鈥� (obra perdida), si quieren leerlo, lo pondremos en sus manos.

Costumbres abominables del paganismo

27. 1. Nosotros, en cambio, a fin no cometer ninguna injusticia ni impiedad, profesamos la doctrina de que exponer a los reci茅n nacidos es obra de malvados. En primer lugar, porque vemos que casi todos van a parar a la prostituci贸n, no s贸lo las ni帽as, sino tambi茅n los varones; y al modo como de los antiguos se cuenta que manten铆an reba帽os de bueyes, cabras, ovejas o de caballos de pasto, as铆 se re煤nen ahora reba帽os de ni帽os con el 煤nico fin de usar torpemente de ellos, y una muchedumbre, lo mismo de afeminados que de andr贸ginos y pervertidos, est谩 preparada por cada provincia para semejante abominaci贸n. 2. Por ello perciben ustedes tasas, contribuciones y tributos, siendo as铆 que el deber de ustedes ser铆a extirparlos de ra铆z de su imperio. 3. Ahora bien, cuando de tales seres se abusa, aparte de tratarse de una uni贸n propia de gentes sin Dios, imp铆a y abyecta, posiblemente no faltar谩 quien se una con un hijo, con un pariente o con un hermano.

4. Hay tambi茅n quienes prostituyen a sus propios hijos y mujeres; otros se mutilan p煤blicamente para la torpeza y refieren el origen de esos misterios a la madre de los dioses; en fin, en todos los que ustedes tienen por dioses, una serpiente es representada como un s铆mbolo eminente y un misterio. 5. Lo mismo que ustedes practican y honran p煤blicamente, nos lo achacan a nosotros, como si lo cumpli茅ramos despu茅s de haber derribado y extinguido la luz divina; pero, libres como estamos de practicar nada de eso, ning煤n da帽o nos hacen sus calumnias; s铆 a quienes esas torpezas cometen y encima nos levantan falsos testimonios.

El culto a la serpiente

28. 1. Entre nosotros, el pr铆ncipe de los malos demonios se llama serpiente, Satan谩s, diablo (cf. Ap 20,2), como pueden aprenderlo consultando nuestras escrituras; y que 茅l con todo su ej茅rcito juntamente con los hombres que le siguen haya de ser enviado al fuego para ser castigado eternamente (cf. Mt 25,41), cosa es que de antemano fue anunciada por Cristo. 2. La paciencia que Dios muestra en no hacerlo de pronto, tiene su causa en su amor al g茅nero humano, pues 脡l sabe con antelaci贸n que algunos han de salvarse por la penitencia, de los que algunos tal vez no han nacido todav铆a. 3. Al principio, cre贸 脡l al g茅nero humano racional y capaz de escoger la verdad y obrar el bien, de suerte que no hay hombre que tenga excusa delante de Dios, como quiera que todos han sido creados racionales y capaces de contemplar la verdad (cf. Rm 1,18-21). 4. Pero si alguno no cree que Dios se cuide de las cosas humanas, una de dos, o tendr谩 que confesar indirectamente que no existe o que, existiendo, se complace en la maldad o permanece insensible como una piedra. Virtud y vicio no tendr铆an entonces ninguna consistencia, y por su sola opini贸n distinguir铆an los hombres unas cosas por buenas y otras por malas, lo que es el colmo de la impiedad e injusticia.

La castidad cristiana

29. 1. En segundo lugar (cf. I,27,1), [evitamos la exposici贸n de los ni帽os], por temor de que, al no ser recogidos algunos de los exp贸sitos, vengan a morir y seamos culpables de homicidio. Nosotros o nos casamos desde el principio por el solo fin de la generaci贸n de los hijos, o si renunciamos al matrimonio, es para observar una castidad perfecta. 2. Ya se ha dado el caso que uno de los nuestros, para demostrarles que la uni贸n promiscua no es misterio que nosotros celebramos, present贸 un memorial al prefecto F茅lix en Alejandr铆a, suplic谩ndole autorizara a su m茅dico para cortarle los test铆culos, pues dec铆an los m茅dicos de all铆 que semejante operaci贸n no pod铆a hacerse sin permiso del gobernador. 3. F茅lix se neg贸 en absoluto a firmar el memorial, y el joven permaneci贸 c茅libe, content谩ndose con el testimonio de su conciencia y con el apoyo de sus hermanos en la fe. 4. Y aqu铆 hemos cre铆do no estar铆a fuera de lugar recordar a Ant铆noo, que vivi贸 recientemente, a quien todos, por miedo, se apresuraron a honrar como a un dios, no obstante saber muy bien qui茅n era y de ad贸nde ven铆a.

Demostraci贸n de la divinidad de Cristo

El argumento prof茅tico

30. 1. Se nos podr铆a objetar: 驴Qu茅 inconveniente hay en que ese que nosotros llamamos Cristo sea un hombre que viene de otros hombres y que por arte m谩gica (cf. Mt 9,34; 12,24; Mc 3,22; Lc 11,15) hizo los prodigios que decimos y por ello pareci贸 ser hijo de Dios? Vamos, pues, ya a presentar la demostraci贸n, no dando fe a quienes nos cuentan los hechos, sino creyendo por necesidad a los que los profetizaron antes de suceder, como quiera que los vemos cumplidos o que se est谩n cumpliendo ante nuestra vista tal como fueron profetizados, demostraci贸n que creemos ha de parecerles la m谩s fuerte y la m谩s verdadera.

Las fuentes b铆blicas: la versi贸n de los Setenta

31. 1. Hubo entre los jud铆os hombres que fueron profetas de Dios (cf. Hch 1,16; 28,25 [que cita Is 6,9s.]; 1P 1,11), por medio de los cuales el Esp铆ritu prof茅tico anunci贸 anticipadamente los acontecimientos por venir; y los reyes que seg煤n los tiempos se sucedieron entre los jud铆os, haciendo propiedad suya tales profec铆as, las guardaron cuidadosamente, tal como fueron dichas al momento de su proclamaci贸n y tal como los mismos profetas las consignaron en sus libros escritos en su propia lengua hebrea. 2. Pero cuando Ptolomeo, rey de Egipto, trat贸 de formar una biblioteca y reunir en ella las obras de todos los escritores, habiendo tenido noticia de estas profec铆as, solicit贸 al que entonces era rey de los jud铆os, Herodes, le remitiera los libros de los profetas. 3. El rey Herodes le envi贸 esos escritos, como hemos dicho, en hebreo, su lengua original; 4. pero como su contenido no pod铆a ser entendido por los egipcios, le dirigi贸 una nueva petici贸n, rog谩ndole le enviara hombres que los vertieran a la lengua griega. 5. Esto hecho, se quedaron los libros entre los egipcios hasta el presente, y los jud铆os los usan por todo el mundo, pero sin embargo, no entienden al leerlos lo que est谩 escrito, sino que nos tienen por enemigos y adversarios, mat谩ndonos lo mismo que ustedes y atorment谩ndonos apenas tienen poder para hacerlo, como pueden f谩cilmente persuadirse. 6. Efectivamente, en la reciente guerra de Judea, Bar Kokebas, el cabecilla de la rebeli贸n jud铆a, s贸lo a los cristianos mandaba someter a terribles tormentos, si se negaban a renegar y blasfemar contra Jesucristo.

7. Ahora bien, en los libros de los profetas hallamos de antemano anunciado que Jes煤s, nuestro Cristo, hab铆a de venir, deb铆a nacer de una virgen (cf. Is 7,14); que hab铆a de llegar a edad viril y curar toda enfermedad y toda debilidad (cf. Mt 4,23), y resucitar muertos; que hab铆a de ser odiado, desconocido y crucificado; que morir铆a, resucitar铆a y subir铆a a los cielos; que es y se llama Hijo de Dios; que hab铆an de ser enviados por 脡l algunos para proclamar estas cosas a todo el g茅nero humano, y ser铆an los hombres de las naciones paganas (cf. Mt 28,19) quienes m谩s le creer铆an. 8. Estas profec铆as se hicieron unas cinco mil a帽os, otras tres mil, otras dos mil, otras mil u ochocientos a帽os antes de que 脡l apareciera; pues es de saber que los profetas se fueron sucediendo unos a otros de generaci贸n en generaci贸n.

La profec铆a de Mois茅s

32. 1. As铆, pues, Mois茅s, que fue el primero de los profetas, dijo literalmente as铆: 鈥淣o faltar谩 rey de la descendencia de Jud谩, ni jefe de sus muslos hasta que venga aquel a quien est谩 reservado. Y 脡l ser谩 la expectaci贸n de las naciones, atando a la vi帽a su pollino, lavando sus vestidos en la sangre de la uva鈥� (Gn 49,10-11). 2. Ahora es deber de ustedes averiguar con todo rigor y enterarse hasta cu谩ndo tuvieron los jud铆os jefe y rey salido de su naci贸n: hasta la aparici贸n de Jesucristo, Maestro nuestro e int茅rprete de las profec铆as desconocidas, tal como fue de antemano dicho por el Esp铆ritu Santo prof茅tico por medio de Mois茅s, que no faltar铆a pr铆ncipe de los jud铆os hasta venir Aquel a quien est谩 reservado el reino (cf. Gn 49,10). 3. Porque Jud谩 fue el antepasado de los jud铆os y de 茅l justamente han recibido ese nombre; y ustedes, despu茅s de la manifestaci贸n de Cristo, establecieron su reino sobre los jud铆os y se apoderaron de toda su tierra. 4. Lo de que: 鈥溍塴 ser谩 la expectaci贸n de las naciones鈥� (Gn 49,10), quer铆a decir que los hombres de todas las naciones esperar谩n su segunda venida, cosa que pueden ver con su propios ojos y comprobar en la realidad; pues de todas las razas de hombres esperan al que fue crucificado en Judea, tras cuya muerte, inmediatamente, la tierra de los jud铆os, tomada a punta de lanza, les fue entregada a ustedes. 5. La expresi贸n: 鈥淎tando a la cepa su pollino, lavando su vestido en la sangre de la uva鈥� (Gn 49,11), era un s铆mbolo de lo que hab铆a de suceder a Cristo y de lo que por 脡l mismo hab铆a de ser hecho. 6. Porque fue as铆 que a la entrada de cierta aldea estaba un pollino (cf. Mt 21,1) atado a una parra (cf. Mt 21,2), y 脡l mand贸 a sus disc铆pulos que se lo trajeran y, tra铆do que fue el pollino, mont贸 sobre 茅l y as铆 entr贸 en Jerusal茅n (cf. Mt 21,10), donde estaba el templo m谩s grande de los jud铆os, el mismo que fue m谩s adelante destru铆do por ustedes. Despu茅s de la entrada en Jerusal茅n fue crucificado, a fin de que se cumpliera el resto de la profec铆a. 7. Puesto que lo de que 鈥渉ab铆a de lavar su vestido en la sangre de la uva鈥� (Gn 49,11), era anuncio anticipado de su pasi贸n, la que hab铆a de padecer para lavar por su sangre a los que creyeran en 脡l. 8. Porque lo que el Esp铆ritu divino llama por el profeta 鈥渟u vestido鈥�, son los hombres que creen en 脡l, en los que mora la semilla que de Dios procede, que es el Verbo. 9. Y se habla tambi茅n de 鈥渓a sangre de la uva鈥�, para dar a entender que el que hab铆a de aparecer tendr铆a ciertamente sangre, pero no de semen humano, sino de poder divino. 10. Ahora bien, el primer poder despu茅s de Dios, Padre y Se帽or de todas las cosas, es el Verbo, que es tambi茅n su Hijo. C贸mo se haya 脡ste hecho carne y nacido hombre (cf. Jn 1,14), lo diremos m谩s adelante. 11. Porque a la manera que la sangre de la uva no la hace el hombre, sino Dios, por semejante manera se daba a entender en esas palabras que la sangre de Cristo no proceder铆a de semen humano, sino del poder de Dios, como ya hemos dicho (cf. I,32,9).

12. Isa铆as, otro profeta, viene a decir lo mismo con otras palabras, profetizando as铆: 鈥淪e levantar谩 una estrella de Jacob (Nm 24,1) y una flor subir谩 de la ra铆z de Jes茅 (Is 11,1); y en su brazo, las naciones esperar谩n鈥� (Is 51,5). 13. En efecto, una estrella brillante se levant贸 y una flor subi贸 de la ra铆z de Jes茅, que es Cristo. 14. Porque 脡l fue concebido, con el poder de Dios (cf. Lc 1,35), por una virgen de la descendencia de Jacob, que fue el padre de Jud谩, antepasado, como lo hemos demostrado, de los jud铆os; y Jes茅, seg煤n el or谩culo, fue un ancestro de Cristo, y 脡l, seg煤n la sucesi贸n de las generaciones, hijo de Jacob y (nieto) de Jud谩.

La concepci贸n virginal de Cristo

33. 1. Escuchen ahora c贸mo a su vez fue literalmente profetizado por Isa铆as que Cristo hab铆a de ser concebido por una virgen. Sus palabras son 茅stas: 芦Miren que una virgen concebir谩 y dar谩 a luz un hijo y le pondr谩n por nombre 鈥淒ios con nosotros鈥澛� (Is 7,14; Mt 1,23). 2. Porque lo que los hombres pudieran tener por incre铆ble e imposible de suceder, eso mismo indic贸 Dios anticipadamente por medio de su Esp铆ritu prof茅tico que se realizar铆a, para que cuando sucediera no se le negara la fe (cf. Jn 14,29), sino que fuera cre铆do por haber sido predicho. 3. Y vamos ahora a poner en claro las palabras de la profec铆a, no sea que, por no entenderla, se nos objete lo mismo que nosotros decimos contra los poetas cuando nos hablan de Zeus que, por satisfacer su pasi贸n libidinosa, se uni贸 con diversas mujeres. 4. As铆, pues, lo de que 鈥渦na virgen concebir谩鈥� (Is 7,14) significa que la concepci贸n ser铆a sin comercio carnal, pues de darse 茅ste, ya no ser铆a virgen; al contrario, fue el poder de Dios el que vino sobre la virgen y la cubri贸 con su sombra (cf. Lc 1,35) y, permaneciendo virgen, hizo que concibiera. 5. Fue as铆 que el 谩ngel que de parte de Dios le fue enviado por aquel tiempo a la misma virgen, le dio la buena noticia dici茅ndole: 鈥淢ira que concebir谩s del Esp铆ritu Santo, y dar谩s a luz un hijo y se llamar谩 Hijo del Alt铆simo (Lc 1,31-32), y le pondr谩s por nombre Jes煤s, pues 脡l salvar谩 a su pueblo de sus pecados鈥� (Mt 1,21). As铆 nos lo han ense帽ado los que consignaron todos los recuerdos referentes a nuestro Salvador Jesucristo, y nosotros les hemos dado fe, puesto que el Esp铆ritu prof茅tico, como ya hemos indicado, anunci贸 por el citado Isa铆as su futuro nacimiento. 6. Ahora bien, ninguna otra cosa es l铆cito entender por el Esp铆ritu y el poder que de Dios procede sino el Verbo, que es el primog茅nito de Dios, como Mois茅s, profeta antes mentado, lo revel贸; y viniendo 茅ste Esp铆ritu sobre la virgen y cubri茅ndola con su sombra, no por comercio carnal, sino por el poder de Dios, hizo que ella concibiera. 7. 鈥淛es煤s鈥� es un nombre que significa, en hebreo, Hombre; y en griego, Salvador. 8. De ah铆 que el 谩ngel le dijo a la virgen: 鈥淟e pondr谩s por nombre Jes煤s, pues 脡l salvar谩 a su pueblo de sus pecados鈥� (Mt 1,21). 9. Ahora, que los que profetizan no son inspirados por otro ninguno, sino por el Verbo divino, a煤n ustedes, como supongo, convendr谩n en ello.

La profec铆a de Miqueas: el lugar del nacimiento

34. 1. Escuchen ahora c贸mo Miqueas, otro de los profetas, predijo el lugar de la tierra en que hab铆a de nacer. He aqu铆 sus palabras: 鈥淵 t煤, Bel茅n, tierra de Jud谩, en modo alguno eres la m谩s peque帽a entre las principales ciudades de Jud谩, pues de ti ha de salir el jefe que pastorear谩 a mi pueblo鈥� (Mt 2,6; cf. Mi 5,1. 3). 2. Bel茅n es una aldea de Judea, distante de Jerusal茅n treinta y cinco estadios; en ella naci贸 Jesucristo, como pueden comprobarlo por las listas del censo, hechas en tiempos de Quirino, que fue el primer procurador de ustedes en Judea.

Profec铆as diversas sobre la misi贸n de Cristo

35. 1. Tambi茅n fue predicho que Cristo, despu茅s de nacer, hab铆a de vivir oculto a los otros hombres hasta llegar a la edad viril. Escuchen lo que a este prop贸sito fue anticipadamente dicho. 2. He aqu铆 las palabras: 鈥淯n ni帽o nos ha nacido, un peque帽uelo nos ha sido regalado, cuyo imperio reposa sobre sus hombros鈥� (Is 9,5), este (texto) se帽ala el poder de la cruz, sobre la cual 茅l apoy贸 sus hombros cuando fue crucificado, como andando el discurso se mostrar谩 m谩s claramente. 3. El mismo profeta Isa铆as, inspirado por el Esp铆ritu prof茅tico, dijo: 鈥淵o extender茅 mis manos hacia un pueblo que no cree y que contradice, a los que andan por camino no bueno鈥� (Is 65,2). 4. 鈥淵 ahora me vienen a pedir juicio y tienen atrevimiento para acercarse a Dios鈥� (cf. Is 58,2). 5. De nuevo, por otro profeta dice con otras palabras: 鈥淓llos taladraron mis pies y mis manos; y echaron a suerte mis vestiduras鈥� (Sal 21,17. 19).

6. David, rey y profeta, que esto dijo, nada de eso padeci贸, pero Jesucristo extendi贸 sus manos al ser crucificado por los jud铆os que le contradec铆an y dec铆an que no era el Cristo. En efecto, como lo hab铆a anunciado el profeta, para burlarse de 脡l, le sentaron sobre un estrado, y le dijeron: 鈥淛煤zganos鈥�. 7. Lo de 鈥渢aladraron mis manos y mis pies鈥� (Sal 21,17) significaba los clavos que traspasaron en la cruz sus pies y manos. 8. Y despu茅s de crucificarle, los que le crucificaron echaron a suerte sus vestiduras (Sal 21,19), y se las repartieron entre s铆 (cf. Jn 19,24). 9. Y que todo esto sucedi贸 as铆, pueden comprobarlo por las Actas redactadas en tiempo de Poncio Pilato.

10. Vamos tambi茅n a citar la profec铆a de otro profeta, Sofon铆as, c贸mo literalmente fue profetizado que hab铆a de montar sobre un pollino y entrar as铆 a Jerusal茅n. 11. He aqu铆 sus palabras: 鈥淎l茅grate sobremanera, hija de Si贸n; procl谩malo, hija de Jerusal茅n; mira que tu rey viene hacia ti manso, montado sobre la cr铆a de un asno, hijo de animal de yugo鈥� (Za 9,9; Mt 21,5).

Reglas de interpretaci贸n

36. 1. Cuando oyen que los profetas hablan en nombre de alg煤n personaje, no deben de pensar que eso lo dicen los mismos hombres inspirados, sino el Verbo divino que los mueve. 2. Porque unas veces habla como anunciando de antemano lo que ha de suceder, a la manera de una predicci贸n; otras como en persona de Dios, Maestro y Padre del universo; otras en persona de Cristo; otras, en fin, en nombre de las naciones que responden al Se帽or o a su Padre. Algo semejante pueden constatar entre sus escritores: es un mismo autor el que compuso todo la obra, pero pone en escena varias personas que dialogan entre s铆. 3. Por no entender eso los jud铆os, que son quienes poseen los libros de los profetas, no s贸lo no reconocieron a Cristo ya venido, sino que nos aborrecen a nosotros, que decimos haber en efecto venido y mostramos que, como estaba profetizado, fue por ellos crucificado.

Profec铆as atribuidas al Padre

37. 1. Para que tambi茅n eso les resulte claro, he aqu铆 unas palabras que fueron dichas por el profeta Isa铆as, antes mentado, en nombre del Padre: 芦El buey conoci贸 a su amo y el asno el pesebre de su se帽or; pero Israel no me ha conocido y mi pueblo no me ha entendido. 2. 隆Ay de la naci贸n pecadora, el pueblo lleno de pecados, descendencia mala, hijos inicuos: han abandonado al Se帽or!禄 (Is 1,3-4). 3. Y nuevamente, en otro pasaje en que habla igualmente el mismo profeta en nombre del Padre: 芦驴Qu茅 casa me van a edificar?, dice el Se帽or. 4. El cielo es mi trono y la tierra el escabel de mis pies禄 (Is 66,1). 5. Y otra vez en otro pasaje: 芦Sus novilunios y sus s谩bados, mi alma los aborrece; y su d铆a grande de ayuno y su ociosidad, no los soporto (Is 1,13-14), ni aun cuando se presenten ante mi vista (Is 1,12), los escuchar茅.6. Llenas est谩n de sangre sus manos (Is 1,15). 7. Aun cuando me traigan flor de harina o incienso, me es una abominaci贸n (Is 1,13); grasa de corderos o sangre de toros, no la quiero. 8. Porque, 驴qui茅n requiri贸 esas ofrendas de sus manos? (Is 1,11-12). Desata m谩s bien toda atadura de injusticia, rompe las cadenas de los violentos contratos, cubre al sin techo y al desnudo, comparte tu pan con el hambriento (Is 58,6-7)禄. 9. Por estos pasajes pueden entender de qu茅 naturaleza son las ense帽anzas que en nombre de Dios dan los profetas.

Profec铆as atribuidas al Hijo

38. 1. Cuando el Esp铆ritu prof茅tico habla en persona de Cristo, se expresa as铆: 鈥淵o extend铆 mis manos a un pueblo que no cree y que contradice, a los que andan por camino no bueno鈥� (Is 65,2). 2. Y de nuevo: 芦Present茅 mi espalda a los azotes y mis mejillas a las bofetadas, y mi rostro no lo apart茅 del ultraje de los salivazos. 3. Pero el Se帽or se hizo mi ayudador; por eso no qued茅 confundido, sino que puse mi rostro como roca dura, y supe que no hab铆a de ser confundido, pues cerca est谩 el que me justifica禄 (Is 50,6-8). 4. Y lo mismo cuando dice: 芦Ellos echaron suerte sobre mis vestiduras, y taladraron mis manos y mis pies (Sal 21,19. 17). 5. Pero yo me dorm铆 y me entregu茅 al sue帽o, y resucit茅, porque el Se帽or me protegi贸禄 (Sal 3,6). 6. Y otra vez, cuando dice: 芦Cuchicheaban con sus labios y movieron su cabeza diciendo: 鈥淨ue se salve a s铆 mismo鈥澛� (Sal 21,8-9). Todo esto pueden comprobar que se cumpli贸 por los jud铆os en Cristo. 8. Pues cuando fue 脡l crucificado, retorc铆an sus labios y meneaban sus cabezas diciendo: 鈥淓l que resucit贸 muertos, que se salve a s铆 mismo鈥� (cf. Mt 27,39. 43).

Profec铆as atribuidas al Esp铆ritu

39. 1. Cuando el Esp铆ritu prof茅tico habla para profetizar lo por venir, dice as铆: 鈥淒e Si贸n saldr谩 la ley, y la palabra del Se帽or de Jerusal茅n; 脡l juzgar谩 en medio de las naciones y convencer谩 a un pueblo numeroso. De sus espadas forjar谩n arados y de sus lanzas hoces; y no tomar谩 naci贸n contra naci贸n espada ni sabr谩n ya qu茅 cosa sea la guerra鈥� (Is 2,3-4; cf. Mi 4,2-3). Que as铆 haya sucedido, en sus manos est谩 comprobarlo. 3. Porque de Jerusal茅n salieron doce hombres (cf. Mt 10,2s.; Mc 3,14s.; Lc 16,13s.) por el mundo, y 茅stos ignorantes (cf. Hch 4,13), incapaces de elocuencia, que, sin embargo, anunciaron por el poder de Dios a todo el g茅nero humano haber sido ellos enviados por Cristo para ense帽ar a todos la palabra de Dios (cf. Hch 2,6-11). Y los que antes nos mat谩bamos unos a otros, no s贸lo no hacemos ahora la guerra a nuestros enemigos, sino que, por no mentir ni enga帽ar a nuestros jueces al interrogarnos, morimos gustosos por confesar a Cristo. 4. Sin embargo, pudi茅ramos nosotros aplicar a nuestro caso el dicho famoso: 鈥淟a lengua jur贸, pero el coraz贸n no ha jurado鈥� (Eur铆pides, Hip贸lito 612). 5. Pero seguramente ser铆a rid铆culo que los soldados que ustedes reclutan y enrolan, pongan la lealtad hacia ustedes por encima de su propia vida, por encima de sus padres, su patria y cuanto les pertenece, siendo as铆 que nada imperecedero les pueden procurar, y nosotros, que aspiramos a la incorrupci贸n, no lo soportemos todo a trueque de recibir los bienes que esperamos ardientemente de Aquel que tiene poder para d谩rnoslo.

Los Salmos 18, 1 y 2

40. 1. Escuchen ahora lo que fue predicho sobre los que predicaron su doctrina y anunciaron su venida; el ya mentado profeta y rey dice as铆 por moci贸n del Esp铆ritu prof茅tico: 芦El d铆a al d铆a le transmite una palabra, y la noche a la noche le anuncia conocimiento. 2. No hay discursos ni palabras cuya voz no se oiga. 3. Sobre toda la tierra se esparci贸 el sonido de su voz y a los t茅rminos del orbe de la tierra llegaron sus palabras. 4. En el sol puso su tienda, y 茅ste, como esposo que sale de su c谩mara nupcial, se regocijar谩 como gigante para recorrer su camino禄 (Sal 18,3-6).

5. Hemos cre铆do oportuno y propio hacer menci贸n de otras palabras profetizadas por el mismo David, por las que podr谩n enterarse qu茅 regla de vida el Esp铆ritu prof茅tico propone a los hombres, 6. y c贸mo anuncia la conjura que se tram贸 contra Cristo entre Herodes, rey de los jud铆os; 茅stos mismos jud铆os y Pilato, que fue procurador de ustedes en Judea, y los soldados de 茅ste (cf. Hch 4,27). 7. Noten tambi茅n c贸mo se profetiza que hab铆an de creer en 脡l hombres de toda raza; que Dios le llama Hijo suyo y le promete someterle a todos sus enemigos; c贸mo los demonios, en cuanto pueden, tratan de escapar al poder de Dios Padre y Soberano de todo y al de Cristo; y c贸mo, en fin, llama Dios a todos los hombres a la penitencia antes que llegue el d铆a del juicio. 8. Las profec铆as dicen as铆: 芦Bienaventurado el hombre que no camina seg煤n el consejo de los imp铆os, ni se para en el camino de los pecadores, ni se sienta sobre la c谩tedra pestilente, sino que su voluntad est谩 en la ley del Se帽or, y en su ley medita d铆a y noche. 9. Ser谩 como 谩rbol plantado junto a las corrientes de las aguas, que dar谩 su fruto a debido tiempo y sus hojas no caer谩n, y todo cuanto hiciere le saldr谩 pr贸speramente. 10. No as铆 los imp铆os, no as铆, sino que ser谩n como el polvo que esparce el viento sobre la superficie de la tierra. Por eso, no se levantar谩n los imp铆os en el juicio, ni los pecadores en el consejo de los justos; porque conoce el Se帽or el camino de los justos y el camino de los imp铆os perecer谩 (Sal 1,1-6). 11. 驴Por qu茅 bramaron las naciones y los pueblos vanos pensamientos? Se levantaron los reyes de la tierra y los pr铆ncipes se aliaron contra el Se帽or y contra su Cristo, diciendo: 鈥淩ompamos sus ataduras y arrojemos de nosotros su yugo鈥�. 12. El que mora en los cielos se reir谩 de ellos, y el Se帽or los har谩 objeto de su mofa. Entonces les hablar谩 en su ira, y en su furor los conturbar谩. 13. Yo, en cambio, fui por 脡l constituido rey sobre Si贸n, su monte santo, para anunciar su decreto. 14. El Se帽or me dijo: 鈥淭煤 eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. 15. P铆demelo y te dar茅 las naciones por herencia, y por posesi贸n tuya los confines de la tierra. Los apacentar谩s con vara de hierro, como vasos de alfarero los har谩s a帽icos. 16. Y ahora, reyes, entiendan; instr煤yanse los que juzgan la tierra. 17. Sirvan al Se帽or con temor y exulten en 脡l con temblor. 18. Som茅tanse a sus ense帽anzas, en el temor de que se irrite el Se帽or y se pierdan fuera del camino recto, cuando de pronto se encienda su c贸lera. 19. Bienaventurados todos los que conf铆an en 脡l鈥澛� (Sal 2,1-12).

El triunfo de Cristo: Salmo 95

41. 1. En otra profec铆a, el Esp铆ritu prof茅tico anuncia por medio del mismo David que Cristo hab铆a de reinar despu茅s de ser crucificado, dijo as铆: 芦Alabe al Se帽or toda la tierra, y anuncien de d铆a en d铆a su salvaci贸n, porque grande es el Se帽or y digno de alabanza sobremanera, temible sobre todos los dioses. Porque todos los dioses de las naciones son im谩genes de demonios, pero Dios hizo los cielos. 2. Gloria y alabanza en su presencia, fuerza y esplendor en el lugar de su santificaci贸n. Den gloria al Se帽or, al que es Padre de los siglos. 3. Presenten la ofrenda, ll茅venla a su presencia y ad贸renle en sus atrios santos. Tema ante su faz toda la tierra, que se afirme y no vacile. 4. Al茅grense en las naciones: el Se帽or estableci贸 su reino desde lo alto del madero禄 (1Cro 16,23-25. 28a. 29b.-31; cf. Sal 95.1-10).

La predicci贸n del futuro

42. 1. Vamos tambi茅n a aclarar el caso en que el Esp铆ritu prof茅tico habla de lo porvenir como ya cumplido, como puede ya conjeturarse en los textos antes alegados, a fin de que tampoco en esto tengan excusa los que leen. 2. Lo absolutamente conocido como que va a suceder, el Esp铆ritu prof茅tico lo predice como ya sucedido; y que haya de tomarse as铆, pongan toda la atenci贸n de su mente a lo que vamos a decir. 3. Las profec铆as citadas las pronunci贸 David mil quinientos a帽os antes de que Cristo, hecho hombre, fuera crucificado, y ninguno de los antes nacidos procur贸, al ser crucificado, alegr铆a a las naciones (cf. Sal 96,10; I,41,4), ni nadie tampoco despu茅s de 脡l. 4. En cambio, fue en nuestro tiempo que Jesucristo fue crucificado, muri贸 y resucit贸, y que despu茅s de subir al cielo estableci贸 su reino; y porque esto fue proclamado en su nombre por medio de los ap贸stoles en todas las naciones, la alegr铆a reina entre quienes esperan la inmortalidad que 脡l nos ha prometido.

Profec铆as, destino y libertad

43. 1. De lo anteriormente por nosotros dicho no tiene nadie que sacar la consecuencia de que nosotros afirmamos que cuanto ocurre, sucede por necesidad del destino, por el hecho de que decimos ser de antemano conocidos los acontecimientos. Para ello, vamos a resolver tambi茅n esta dificultad. 2. Nosotros hemos aprendido de los profetas (cf. Jr 17,9-10), y afirmamos que 茅sa es la verdad, que los castigos y tormentos, lo mismo que las buenas recompensas, se dan a cada uno conforme a sus obras; pues de no ser as铆, sino que todo sucediera por destino, no habr铆a en absoluto libre albedr铆o. Y, en efecto, si est谩 determinado que 茅ste sea bueno y el otro malo, ni aqu茅l merece alabanza, ni 茅ste vituperio. 3. Si el g茅nero humano no tiene poder para huir por libre determinaci贸n del mal y escoger el bien, es irresponsable de cualesquiera acciones que haga. 4. Pero que el hombre es virtuoso y peca por libre elecci贸n, lo demostramos por el siguiente argumento: 5. Vemos que el mismo sujeto pasa de un contrario a otro. 6. Ahora bien, si estuviera determinado ser malo o bueno, no ser铆a capaz de cosas contrarias ni se cambiar铆a con tanta frecuencia. En realidad, ni podr铆a decirse que unos son buenos y otros malos, desde el momento que afirmamos que el destino es la causa de buenos y malos, y que se contradice a s铆 mismo en su accionar, o habr铆a que tomar por verdad lo que ya anteriormente insinuamos, a saber, que la virtud y el vicio son puras palabras, y que s贸lo por opini贸n se tiene algo por bueno o por malo. Lo cual, como demuestra la verdadera raz贸n, es el colmo de la impiedad y de la iniquidad. 7. Lo que s铆 afirmamos ser destino ineludible es que a quienes escogieron el bien, les espera digna recompensa; y a los que lo contrario, les espera igualmente digno castigo. 8. Porque no hizo Dios al hombre a la manera de las otras criaturas, por ejemplo, 谩rboles o cuadr煤pedos, que nada pueden hacer por libre determinaci贸n; pues en este caso el hombre no ser铆a digno de recompensa o alabanza, no habiendo por s铆 mismo escogido el bien, sino nacido ya bueno; ni, de haber sido malo, se le castigar铆a justamente, no habi茅ndolo sido libremente, sino por no haber podido ser otra cosa que lo que fue.

Libre arbitrio y responsabilidad

44. 1. Esta doctrina nos la ha ense帽ado el Esp铆ritu prof茅tico, que por medio de Mois茅s le hacer decir a Dios la siguiente sentencia al primer hombre, al que hab铆a creado: 鈥淢ira que ante ti est谩 el bien y el mal, escoge el bien鈥� (Dt 30,15. 19). 2. A su vez, por Isa铆as, otro de los profetas, hablando en nombre de Dios, Padre y Se帽or del universo, le hace decir: 3. 芦L谩vense, purif铆quense, quiten la maldad de sus almas. Aprendan a obrar el bien, obren rectamente con el hu茅rfano, hagan justicia a la viuda, y entonces vengan y conversemos, dice el Se帽or. A煤n cuando sus pecados fueren como la p煤rpura, como lana los dejar茅 blancos; a煤n cuando fueren como escarlata, como nieve los blanquear茅. 4. Y si quieren y me escuchan, comer谩n los bienes de la tierra; pero si no me escuchan, la espada los devorar谩, porque la boca del Se帽or lo ha dicho禄 (Is 1,16-20). 5. La anterior expresi贸n: 鈥淟a espada os devorar谩鈥� (Is 1,20), no quiere decir que hayan de ser pasados a filo de espada los que desobedecieren, sino que por 鈥渓a espada del Se帽or鈥� hay que entender el fuego, cuya presa son los que han escogido practicar el mal. 6. Por eso dice: 鈥淟a espada los devorar谩, porque la boca del Se帽or lo ha dicho鈥� (Is 1,20). 7. Porque si hubiera hablado de la espada que corta y mata al instante, no hubiera dicho 鈥渓os devorar谩鈥�. 8. De suerte que Plat贸n mismo, al decir: 鈥淟a culpa es de quien elige, Dios no tiene culpa鈥� (Rep煤blica X,617e), lo dijo por haberlo tomado del profeta Mois茅s, pues es de saber que 茅ste es m谩s antiguo que todos los escritores griegos. 9. Y, en general, cuanto fil贸sofos y poetas dijeron acerca de la inmortalidad del alma, de los castigos despu茅s de la muerte, de la contemplaci贸n de las cosas celestiales y de otras doctrinas semejantes, de los profetas tomaron los principios no s贸lo para poderlo entender, sino tambi茅n para expresarlo. 10. De ah铆 que parezca haber en todos, unas como semillas de verdad; sin embargo, se les puede reprochar no haberlo entendido exactamente por el hecho de que se contradicen unos a otros. 11. En conclusi贸n, si decimos que los acontecimientos futuros han sido profetizados, no por eso afirmamos que sucedan por necesidad del destino; lo que afirmamos es que Dios conoce de antemano cuanto ha de ser hecho por cada hombre, es decreto suyo recompensar a cada uno seg煤n el m茅rito de sus obras, y por ello justamente anuncia por medio del Esp铆ritu prof茅tico lo que a cada uno ha de venir de parte de 脡l, conforme a lo que sus obras merezcan: con lo que constantemente conduce al g茅nero humano a la reflexi贸n y al recuerdo, demostr谩ndole que tiene cuidado y providencia de los hombres. 12. Sin embargo, por la acci贸n de los malvados demonios, se decret贸 pena de muerte contra quienes leyeran los libros de Histaspe, de la Sibila o de los profetas, a fin de apartar a los hombres, por el terror, de alcanzar, ley茅ndolos, el conocimiento del bien, y retenerlos ellos como esclavos suyos; cosa que en definitiva, no pudieron conseguir los demonios. 13. Porque no s贸lo los leemos intr茅pidamente nosotros, sino que, como ven, se los ofrecemos para que los examinen ustedes, seguros como estamos que han de aparecer gratos a todos. Y a煤n cuando s贸lo a unos pocos logremos persuadir, nuestra ganancia ser谩 muy grande, pues recibiremos del amo, como buenos agricultores, nuestra remuneraci贸n.

La Ascensi贸n y el triunfo

45. Ahora escuchen lo que dijo el profeta David sobre que Dios, Padre del universo, hab铆a de llevar a Cristo al cielo despu茅s de su resurrecci贸n de entre los muertos, y retenerle consigo hasta herir a los demonios, enemigos suyos, y completar el n煤mero de los que 脡l sab铆a de antemano ser铆an buenos y virtuosos, aquellos justamente por cuyo causa no ha cumplido todav铆a la universal destrucci贸n. 2. Las palabras del profeta son 茅stas: 芦Dijo el Se帽or a mi Se帽or: 鈥淪i茅ntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies鈥�. 3. Cetro de poder te enviar谩 el Se帽or desde Jerusal茅n y t煤 domina en medio de tus enemigos. 4. Contigo el imperio en el d铆a de tu potencia en medio de los esplendores de tus santos. De mi seno, antes del lucero de la ma帽ana, te he engendrado禄 (Sal 109,1-3).

5. Ahora bien, las palabras: 鈥淐etro de poder te enviar谩 desde Jerusal茅n鈥� (Sal 109,2), era anticipado anuncio de la palabra poderosa, que, saliendo de Jerusal茅n, predicaron por doquiera sus ap贸stoles; y que nosotros, a despecho de la muerte decretada contra los que ense帽an o s贸lo confiesan el nombre de Cristo, por doquiera, tambi茅n la abrazamos y la ense帽amos. 6. Si tambi茅n ustedes leen como enemigos estas palabras nuestras, fuera de matarnos, como ya antes dijimos (I,2,4; 11,2; 12,6), nada pueden hacer; y eso, a nosotros, ning煤n da帽o nos acarrea; a ustedes, empero, y a todos los que injustamente nos aborrecen y no se convierten, ha de traerles castigo de fuego eterno.

La salvaci贸n de los hombres antes de Cristo

46. 1. Algunos, sin raz贸n, para rechazar nuestra ense帽anza, pudieran objetarnos que, diciendo nosotros que Cristo naci贸 hace s贸lo ciento cincuenta a帽os bajo Quirino y ense帽贸 su doctrina m谩s tarde, en tiempo de Poncio Pilato, ninguna responsabilidad tienen los hombres que le precedieron. Adelant茅monos a resolver esta dificultad. 2. Nosotros hemos recibido la ense帽anza de que Cristo es el primog茅nito de Dios, y anteriormente hemos indicado (cf. I,23,2) que 脡l es el Verbo, de que todo el g茅nero humano ha participado. 3. As铆, quienes vivieron conforme al Verbo, son cristianos, a煤n cuando fueron tenidos por ateos, como sucedi贸 entre los griegos con S贸crates, Her谩clito y otros semejantes, y entre los b谩rbaros con Abrah谩m, Anan铆as, Azar铆as y Misael, y otros muchos cuyos hechos y nombres, que ser铆a largo enumerar, omitimos por ahora. 4. De suerte que tambi茅n los que anteriormente vivieron sin el Verbo, fueron malvados, enemigos de Cristo y asesinos de quienes viven con el Verbo; pero los que han vivido y siguen viviendo con el Verbo son cristianos y no saben de miedo ni turbaci贸n. 5. Ahora bien, por qu茅 causa naci贸 hombre de una virgen por el poder del Verbo conforme al designio de Dios, Padre y Soberano del universo, fue llamado Jes煤s y despu茅s de crucificado y muerto, resucit贸 y subi贸 al cielo, el lector inteligente podr谩 perfectamente comprenderlo por las largas explicaciones hasta aqu铆 dadas (cf. I,45-46,4). 6. Por nuestra parte, como quiera que no sea al presente necesario demostrar ese punto, pasaremos por ahora a las demostraciones m谩s urgentes.

La ruina de Jerusal茅n

47. 1. Escuchen ahora lo que por el Esp铆ritu prof茅tico fue predicho sobre la devastaci贸n futura de la tierra de los jud铆os. Las palabras est谩n dichas como pronunciadas por las naciones que se maravillan de lo sucedido. 2. Son de este tenor: 芦Desierta ha quedado Si贸n, como soledad ha quedado Jerusal茅n, execrada ha sido la casa, nuestro santuario; y su gloria que nuestros padres celebraron, ha venido a ser presa del fuego y todas sus maravillas se han hundido. 3. Ante todo esto, t煤 permaneciste impasible, te callaste y nos has humillado sobremanera禄 (Is 64,9-11). 4. Ahora bien, que Jerusal茅n haya quedado desierta, tal como hab铆a sido predicho, cosa es de que est谩n bien persuadidos. 5. Y no s贸lo se predijo su devastaci贸n, sino tambi茅n, por el profeta Isa铆as, que a ninguno de ellos se le permitir铆a habitar en ella, con estas palabras: 鈥淟a tierra de ellos est谩 desierta, delante de ellos sus enemigos la devoran (cf. Is 1,7), y ninguno de ellos la habitar谩鈥� (Jr 50,3 [27,3 LXX]). 6. Ustedes mismos tienen montada guardia para que nadie se halle en ella, y han decretado la pena de muerte contra el jud铆o que sea sorprendido queriendo retornar, esto lo saben perfectamente.

El poder de Cristo y la persecuci贸n de los disc铆pulos

48. 1. Que nuestro Cristo hab铆a de curar todas las enfermedades (cf. Is 35,5) y resucitar muertos, escuchen las palabras con que fue profetizado: 2. Son 茅stas: 鈥淎nte su advenimiento, saltar谩 el lisiado como ciervo, y se soltar谩 la lengua de los mudos (Is 35,6), los ciegos recobrar谩n la vista, los leprosos quedar谩n limpios, los muertos resucitar谩n y echar谩n a andar鈥� (cf. Mt 11,5; Is 35,5; 26,19). 3. Que todo esto lo hizo Cristo, pueden comprobarlo por las 鈥淎ctas鈥� redactadas en tiempo de Poncio Pilato. 4. Y sobre c贸mo fue de antemano se帽alado que a 脡l lo iban a matar, junto con los hombres que en 脡l esperan, escuchen las palabras del profeta Isa铆as: 5. 芦He aqu铆 c贸mo hicieron perecer el justo y nadie reflexiona en su coraz贸n; varones justos son quitados de en medio y nadie presta atenci贸n. 6. A la vista de la iniquidad es eliminado el justo y su sepultura estar谩 en paz; ha sido quitado de en medio de los hombres禄 (Is 57,1-2).

La conversi贸n de los paganos y la incredulidad de Israel

49. 1. Escuchen lo que dice el profeta Isa铆as: los pueblos de las naciones que no le esperaron hab铆an de adorarle; los jud铆os, en cambio, que le estaban esperando, venido que hubo, le desconocieron. Las palabras est谩n dichas en nombre de Cristo mismo, 2. y son de este tenor: 芦Me manifest茅 a quienes no preguntaban por m铆, fui hallado por quienes no me buscaban. Dije: 鈥淗eme aqu铆鈥�, a una naci贸n que no invocaba mi nombre. 3. Extend铆 mis manos a un pueblo que no cree y que contradice, a los que andan por un camino no bueno, tras sus pecados. 4. El pueblo que me exaspera, est谩 delante de m铆禄 (Is 65,1-3; cf. Rm 10,20-21). 5. En efecto, los jud铆os que estaban en posesi贸n de las profec铆as y esperaban continuamente a Cristo, venido que fue, no le reconocieron; y no s贸lo eso, sino que le hicieron violencia (cf. Hch 13,27-28) [a las profec铆as]; en cambio, los gentiles, que jam谩s hab铆an o铆do hablar de 脡l hasta que los Ap贸stoles salidos de Jerusal茅n les contaron su vida y les entregaron las profec铆as, llenos de alegr铆a y de fe (cf. Hch 13,48) renunciaron a los 铆dolos y se consagraron por medio de Cristo al Dios ing茅nito. 6. Y que de antemano fueron conocidas estas calumnias que hab铆an de propalarse contra los que confiesan a Cristo y que la desgracia deb铆a golpear a quienes los maldicen pretendiendo que es bueno conservar las antiguas tradiciones, escuchen c贸mo brevemente lo dice el profeta Isa铆as. 7. Son sus palabras: 鈥溌y de los que llaman a lo dulce amargo y a lo amargo dulce!鈥� (Is 5,20).

Los sufrimientos de Cristo

50. 1. Escuchen ahora las profec铆as relativas a la pasi贸n y ultrajes que hab铆a de sufrir por nosotros hecho hombre, y a la gloria con que ha de volver (cf. Is 53,12 LXX). 2. Son 茅stas: 芦Porque entregaron su alma a la muerte y fue contado entre los inicuos, 脡l carg贸 con los pecados de muchos y obtendr谩 misericordia para los criminales (Is 53,12). 3. Porque he aqu铆 que mi siervo entender谩, ser谩 levantado y glorificado sobremanera. 4. Al igual que muchos quedar谩n at贸nitos ante ti, as铆 tu apariencia ser谩 objeto de burla para los hombres, y tu gloria arrojada lejos de ellos; as铆 tambi茅n se maravillar谩n las naciones y quedar谩n mudos los reyes; porque aquellos a quienes no se les anunci贸 sobre 脡l, lo ver谩n, y los que no oyeron, entender谩n. 5. Se帽or, 驴qui茅n crey贸 en nuestra palabra? Y el brazo del Se帽or, 驴a qui茅n le fue revelado? Anunciamos la noticia delante de 脡l, como ni帽o peque帽o, como ra铆z en tierra sedienta. 6. No tiene figura ni gloria; le vimos y no ten铆a figura ni hermosura, sino que su figura estaba deshonrada y deficiente en parang贸n con los hombres. 7. Hombre entregado a los azotes y que sabe de soportar el sufrimiento; ante su rostro se desv铆a la mirada, fue deshonrado y no fue considerado. 8. 脡l lleva sobre s铆 nuestros pecados, y por nosotros sufre dolor, pero nosotros consideramos que 脡l estaba en el sufrimiento, los suplicios y los malos tratos. 9. 脡l fue llagado por causa de nuestras iniquidades y sufri贸 por causa de nuestros pecados. El castigo que nos procura la paz cay贸 sobre 脡l, por sus llagas fuimos nosotros curados. 10. Todos anduvimos errantes como ovejas; cada uno err贸 en su camino; 脡l fue entregado a causa de nuestros pecados, y 脡l, al ser maltratado, no abre su boca. Como oveja fue llevado al matadero; como cordero que est谩 mudo ante el que le trasquila, as铆 tampoco 脡l abre su boca. 11. En su humillaci贸n, su juicio fue abolido禄 (Is 52,13-53,8). 12. Ahora bien, despu茅s de ser crucificado, hasta sus disc铆pulos todos le abandonaron y negaron (cf. Mt 26,70); pero luego, cuando hubo resucitado de entre los muertos y fue por ellos visto; despu茅s que les ense帽贸 a leer las profec铆as en que estaba predicho que todo eso hab铆a de suceder (cf. Lc 24,27) y le vieron subir al cielo (cf. Hch 1,9), creyeron y recibieron la fuerza que 脡l les envi贸 de lo alto, y se esparcieron entre los hombres de toda raza (cf. Hch 1,8), para ense帽arnos todas estas cosas y fueron llamados ap贸stoles.

El regreso de Cristo en la gloria

51. 1. Para darnos a entender que aquel que conoci贸 sus sufrimientos tiene un origen inefable y que reina sobre sus enemigos, el Esp铆ritu prof茅tico dijo as铆: 芦La generaci贸n de 脡l, 驴qui茅n la explicar谩? Porque es arrebatada de la tierra su vida, por las iniquidades de ellos va a la muerte. 2. E intercambiar茅 a los malos por su sepultura y a los ricos por su muerte, porque 脡l no cometi贸 iniquidad ni se hall贸 enga帽o en su boca. El Se帽or quiere purificarle de su herida. 3. Si hicieran una ofrenda por el pecado, el alma de ustedes recibir谩 una descendencia duradera.4. El Se帽or quiere apartar el sufrimiento del alma de 脡l, mostrarle la luz y formarle en inteligencia, justificar al justo que ha servido bien a muchos, y 脡l mismo llevar谩 nuestros pecados. 5. Por eso, 脡l recibir谩 en herencia a muchos pueblos y repartir谩 los despojos de los fuertes, por haber sido contado entre los inicuos, por haber llevado los pecados de muchos y haberse entregado por las iniquidades de ellos禄 (Is 53,8-12). 6. Y que hab铆a de subir al cielo, como fue profetizado, esc煤chenlo. 7. La profec铆a es 茅sta: 鈥淟evanten las puertas de los cielos; 谩branse, puertas, para que entre el rey de la gloria. 驴Qui茅n es ese rey de la gloria? El Se帽or fuerte, el Se帽or poderoso鈥� (Sal 23,7-8). 8. Pero que tambi茅n ha de venir de los cielos con gloria, escuchen lo que sobre esto fue dicho por el profeta Jerem铆as. 9. Dice as铆: 鈥淗e aqu铆 como un hijo de hombre viene sobre las nubes del cielo (Dn 7,13; cf. Za 14,5; Judas 14), y sus 谩ngeles con 脡l鈥� (cf. Mt 25,31).

El doble advenimiento de Cristo

52. 1. Ahora, pues, como hemos demostrado que todo lo hasta ahora sucedido fue de antemano anunciado por los profetas, es necesario tambi茅n que creamos ha de cumplirse 铆ntegramente lo que ha sido igualmente profetizado, pero tiene todav铆a que suceder. 2. Porque a la manera que lo ya sucedido, anticipadamente anunciado, por m谩s que no fuera comprendido, ha sucedido; del mismo modo, lo que a煤n falta por cumplirse suceder谩, por m谩s que no se lo comprenda ni se le d茅 fe. 3. Pues los profetas anunciaron dos advenimientos de Cristo: uno cumplido ya, como hombre depreciado y pasible (cf. Is 53,3); el segundo, cuando venga con gloria de los cielos acompa帽ado de su ej茅rcito de 谩ngeles (cf. Dn 7,13), que es cuando resucitar谩 tambi茅n los cuerpos de todos los hombres que han existido, y a los que sean dignos los revestir谩 de incorrupci贸n (cf. 1Co 15,53), y a los inicuos los enviar谩, junto con los perversos demonios, al fuego eterno, para un sufrimiento eterno (cf. Mt 25,41). 4. Vamos a mostrar c贸mo tambi茅n fue profetizado que ha de suceder esto. 5. El profeta Ezequiel fue quien lo dijo as铆: 芦Se unir谩 articulaci贸n con articulaci贸n, y hueso con hueso, y volver谩n a brotar las carnes (cf. Ez 37,7-8). 6. Y toda rodilla se doblar谩 ante el Se帽or y toda lengua le confesar谩禄 (cf. Is 45,23; Rm 14,11; Flp 2,10). 7. En qu茅 tormento y castigo han de hallarse los injustos, escuchen lo que sobre esto fue dicho. 8. Es lo siguiente: 鈥淪u gusano no descansar谩 y su fuego no se extinguir谩鈥� (Is 66,24). 9. Entonces, s铆 se arrepentir谩n, cuando ya de nada les servir谩. 10. Qu茅 dir谩n y har谩n entonces las tribus de los jud铆os, cuando vean al Cristo volver en gloria, por el profeta Zacar铆as fue dicho en esta profec铆a: 芦Yo mandar茅 a los cuatro vientos que re煤nan a mis hijos dispersos, mandar茅 al B贸reas (viento del norte) que los traiga (cf. Za 2,10; Is 11,12) y al Noto (viento del sur) que no se oponga. 11. Y entonces habr谩 en Jerusal茅n llanto grande (cf. Za 12,11), no llanto de bocas ni de labios, sino llanto de coraz贸n (cf. Is 29,13); y no rasgar谩n sus vestidos, sino sus conciencias (cf. Jl 2,13). 12. Se lamentar谩n tribu por tribu, y entonces mirar谩n al que traspasaron (cf. Za 2,10; Ap 1,7) y dir谩n: 鈥溌縋or qu茅, Se帽or, nos extraviaste lejos de tu camino?鈥� (Is 63,17). La gloria que nuestros padres bendijeron, se nos ha convertido en oprobio禄 (Is 64,10).

La fuerza demostrativa de las profec铆as b铆blicas

53. 1. Muchas otras profec铆as pudi茅ramos alegar; aqu铆, sin embargo, ponemos t茅rmino a esta prueba, considerando que las citadas son bastante para persuadir a quienes tengan o铆dos para o铆r y entender (cf. Mt 13,9). Porque creemos que pueden percatarse que no somos nosotros como los inventores de f谩bulas sobre los supuestos hijos de Zeus, que nos contentamos con s贸lo afirmar, y no tenemos pruebas que alegar. 2. Pues 驴con qu茅 raz贸n 铆bamos a creer que un hombre crucificado es el primog茅nito del Dios ing茅nito y que 脡l ha de juzgar a todo el g茅nero humano, si no hall谩ramos testimonios sobre 脡l proclamados antes que viniera y se hiciera hombre, y no los vi茅ramos literalmente cumplidos: 3. la devastaci贸n de la tierra de los jud铆os, hombres de todas las naciones que creen por la ense帽anza de sus ap贸stoles y rechazan sus antiguas costumbres, en cuyos errores se criaron, y a煤n al vernos a nosotros mismos, los cristianos que procedemos de la gentilidad, que somos m谩s numerosos y sinceros que los de origen jud铆o y samaritano? 4. Porque es de saber que el resto de las naciones todas, son llamadas por el Esp铆ritu prof茅tico: 鈥淕entiles鈥�; la naci贸n, empero, de jud铆os y samaritanos se llama 鈥渢ribu de Israel鈥� y 鈥渃asa de Jacob鈥�. 5. Y vamos a citarles la profec铆a en que se predice que ser谩n m谩s los creyentes que proceden de la gentilidad que los de origen jud铆o y samaritano. Dice as铆: 鈥淎l茅grate, est茅ril, la que no das a luz; prorrumpe en gritos de j煤bilo, la que no sufres dolores de parto; porque m谩s son los hijos de la abandonada que de la que tiene marido鈥� (Is 54,1 [LXX]; cf. Ga 4,27). 6. Es as铆 que abandonadas del verdadero Dios estaban todas las naciones que daban culto a obras de las manos; los jud铆os y samaritanos, empero, que ten铆an la palabra de Dios, que les fue transmitida por los profetas, y estaban constantemente esperando a Cristo, venido que fue, no le reconocieron, fuera de unos pocos, que hab铆a predicho el Esp铆ritu Santo prof茅tico por Isa铆as que hab铆an de salvarse. 7. Dijo 茅ste hablando en su nombre: 鈥淪i el Se帽or no nos hubiera dejado un peque帽o resto, habr铆amos venido a ser como Sodoma y Gomorra鈥� (Is 1,9; cf. Rm 9,29). Sodoma y Gomorra, de las que cuenta Mois茅s la historia, fueron ciudades de hombres imp铆os, que Dios destruy贸 abras谩ndolas con fuego y azufre, sin que en ellas se salvara nadie m谩s que un extranjero, de origen caldeo, llamado Lot, juntamente con sus hijas (cf. Gn 19). 9. A煤n ahora el que quiera puede ver toda aquella tierra que sigue desierta, calcinada y est茅ril. 10. Sobre que los cristianos de la gentilidad hab铆an de ser m谩s sinceros y m谩s fieles, lo demostraremos citando al profeta Isa铆as. 11. He aqu铆 lo que dijo: 鈥淚srael es incircunciso de coraz贸n, las naciones lo son de prepucio鈥� (Jr 9,25). 12. La contemplaci贸n, por ende, de tantos hechos bien pueden llevar, con la ayuda de la raz贸n, a la persuasi贸n y a la fe a quienes aman la verdad, no son amigos de la gloria ni se dejan dominar por sus pasiones.

Las f谩bulas paganas

54. 1. Los que ense帽an los mitos inventados por los poetas, ninguna prueba pueden ofrecer a los j贸venes que los aprenden de memoria, y nosotros vamos a demostrar que esos mitos fueron compuestos por instigaci贸n de los malvados demonios para enga帽o y extrav铆o del g茅nero humano. 2. En efecto, como oyeran por los profetas que el Cristo anunciado deb铆a venir y que los hombres imp铆os hab铆an de ser castigados por el fuego, produjeron leyendas atribuyendo a Zeus una multitud de hijos, creyendo que as铆 lograr铆an que los hombres consideraran la historia de Cristo como un cuento fabuloso, semejante a las leyendas contadas por los poetas. 3. Estos relatos se propagaron en Grecia y en todas las dem谩s naciones, en que los demonios hab铆an previsto, por los anuncios de los profetas, que m谩s se hab铆a de creer en Cristo. 4. Sin embargo, nosotros vamos a poner de manifiesto que, no obstante o铆r lo que dicen los profetas, no lo entendieron exactamente, sino que imitaron como a tientas lo referente a nuestro Cristo.

5. As铆, pues, el profeta Mois茅s, es m谩s antiguo de todos los escritores, como ya dijimos (cf. I,44,8), hizo la profec铆a siguiente, que antes citamos (cf. I,32,1): 鈥淣o faltar谩 rey de la descendencia de Jud谩, ni jefe de sus muslos hasta que venga aquel a quien est谩 reservado. Y 脡l ser谩 la expectaci贸n de las naciones, atando a la vi帽a su asno, lavando sus vestidos en la sangre de la uva鈥� (Gn 49,10-11). 6. Oyendo los demonios estas palabras prof茅ticas, dijeron que Dioniso hab铆a sido hijo de Zeus, ense帽aron haber 茅l inventado la vi帽a; inscribieron al vino en el n煤mero de sus misterios y divulgaron que Dionisio despu茅s de haber sido despedazado subi贸 al cielo. 7. Pero como en la profec铆a de Mois茅s no se significaba con toda claridad si el que hab铆a de nacer ser铆a Hijo de Dios (o un hombre), ni si el que hab铆a de montar un asno se quedar铆a en la tierra o subir铆a al cielo. Por otra parte, el nombre de asno, originariamente, lo mismo puede significar la cr铆a del asno que del caballo. De ah铆 que no sabiendo si el profetizado hab铆a de tomar por s铆mbolo de su venida montar en una cr铆a de asno o de caballo, ni si hab铆a ser hijo de Dios, como dijimos (cf. I,21,1; 32,10), o de hombre, los demonios se inventaron que Belerofonte, hombre nacido de hombres, subi贸 al cielo sobre el caballo Pegaso. 8. Como adem谩s oyeron lo dicho por otro profeta Isa铆as, que el Cristo hab铆a de nacer de una virgen (cf. Is 7,14) y que por su propio poder subir铆a al cielo, produjeron de Perseo. 9. Por la misma raz贸n, conociendo lo que fue dicho de 脡l en las profec铆as anteriormente citadas: 鈥淔uerte como un gigante para recorrer su camino鈥� (Sal 18,6), se inventaron un Heracles (= H茅rcules), h茅roe poderoso, que recorri贸 toda la tierra. 10. En fin, al enterarse que estaba profetizado que hab铆a de curar toda enfermedad y resucitar muertos, suscitaron a Asclepio.

El s铆mbolo de la cruz

55. 1. Sin embargo, jam谩s, ni siquiera uno de los supuestos hijos de Zeus, propusieron una imitaci贸n de la crucifixi贸n, por no haberla entendido, como quiera que, seg煤n antes manifestamos (cf. I,35; Is 9,5-6), todo lo referente a la cruz fue dicho de modo simb贸lico. 2. Justamente lo que es, como predijo el profeta (cf. I,35,2), el s铆mbolo m谩s importante de la fuerza de Cristo y de su autoridad, como se muestra a煤n por las mismas cosas que caen bajo nuestros ojos. Consideren, en efecto, si cuanto hay en el mundo puede ser administrado o tener consistencia sin esta figura. 3. Porque el mar no se surca si ese trofeo, llamado m谩stil, no se alza intacto en la nave; sin ella no se ara la tierra; ni cavadores ni artesanos llevan a cabo su obra si no es por instrumentos que tienen esa figura. 4. La misma figura humana no se distingue en otra ninguna cosa de los animales irracionales, sino por ser recta, poder extender los brazos y llevar, partiendo de la frente, la prominencia llamada nariz, por la que se verifica la respiraci贸n del viviente, designando precisamente la imagen de la cruz. 5. Y el profeta dijo de esta manera: 鈥淓l aliento delante de nuestra cara, es Cristo, el Se帽or鈥� (Lm 4,20). 6. Incluso sus mismas ense帽as ponen de manifiesto la fuerza de esta figura, quiero decir, sus estandartes y sus trofeos de victoria, que los preceden por dondequiera realizan sus marchas, mostrando los signos de la autoridad y del poder de ustedes, aun cuando lo hagan sin percatarse de ello. 7. Las mismas im谩genes de sus emperadores, cuando mueren, las consagran por esta figura, y los llaman dioses en sus inscripciones. 8. Ahora bien, una vez que los hemos exhortado por la v铆a del razonamiento y por una figura patente, en cuanto nuestra fuerza lo ha consentido, nosotros nos sentiremos en adelante irresponsables, a煤n cuando ustedes sigan incr茅dulos, pues lo que de nosotros depend铆a, hecho est谩 y a t茅rmino ha llegado.

La falsedad de las herej铆as: Sim贸n y Menandro

56. 1. Pero no se contentaron los malos demonios con inventar, antes de la aparici贸n de Cristo, las f谩bulas de los supuestos hijos de Zeus, sino que aparecido ya y habiendo conversado con los hombres, como hab铆a sido anunciado por los profetas que se le creer铆a y ser铆a esperado en todas las naciones, nuevamente, como dijimos (cf I,26,1 y 4), echaron por delante a otros personajes como Sim贸n y Menandro, ambos de Samaria, los cuales, obrando prodigios m谩gicos, enga帽aron a muchos y los tienen todav铆a enga帽ados. 2. En efecto, como antes dijimos (cf. I,26,2), estando Sim贸n en su imperial ciudad de Roma en tiempo de Claudio C茅sar, de tal manera impresion贸 tanto al venerable Senado y al pueblo romano, que fue tenido por un dios y honrado con una estatua, al igual que los otros que ustedes tienen por dioses. 3. Por eso les suplicamos soliciten al venerable Senado y al pueblo romano actuar como jueces asociados de este escrito nuestro, a fin de que si alguno hubiere que sea a煤n enga帽ado por las ense帽anzas de aqu茅l, conocida la verdad, pueda huir del error. 4. Y la estatua, si les place, h谩ganla destruir.

La muerte del cristiano

57. 1. Porque los demonios no logran persuadir que no se producir谩 la destrucci贸n del mundo por el fuego para castigo de los imp铆os, a la manera que tampoco lograron que la venida de Cristo permaneciera oculta. Lo 煤nico que pueden hacer es que quienes viven irracionalmente, y se cr铆an en malas costumbres, entregados a sus pasiones y siguiendo la vana opini贸n, nos quiten la vida y nos aborrezcan; pero nosotros, no s贸lo no los aborrecemos a ellos, sino que, como es patente, queremos, por pura compasi贸n que les tenemos, persuadirles que cambien de parecer. 2. Porque no tememos la muerte, cuando reconocemos que hay absolutamente que morir y nada nuevo sucede en este orden de cosas, sino lo mismo de siempre (cf. Qo 1,9-10). Y si 茅stas producen disgusto a los que las gozan a煤n s贸lo un a帽o, que atiendan a nuestra ense帽anza, para que est茅n siempre exentos de dolor y de necesidades. 3. Pero si creen que nada hay despu茅s de la muerte, sino que afirman que los que mueren van a parar a un estado de insensibilidad, en ese caso nos hacen un beneficio al librarnos de los sufrimientos y necesidades de ac谩; sin embargo, ellos se muestran malvados, enemigos de los hombres y amigos de las apariencias, pues no nos quitan la vida para liberarnos, sino que nos matan para privarnos de la vida y del placer.

La herej铆a de Marci贸n

58. 1. Tambi茅n a Marci贸n, originario del Ponto, como antes dijimos (cf. I,26,5), lo suscitaron los malos demonios, quien ahora mismo est谩 ense帽ando a negar al Dios creador de todo lo que existe en la tierra y en el cielo, as铆 como a Cristo, su Hijo, que fue anunciado por los profetas, y predica no sabemos qu茅 otro Dios fuera del artesano de todas las cosas, as铆 como a otro hijo suyo. 2. Muchos le han prestado cre铆do, como si fuera el 煤nico que conoce la verdad, y se burlan de nosotros, a pesar de que no tienen prueba alguna de lo que dicen, sino que, sin raz贸n ninguna, como ovejas arrebatadas por el lobo (cf. Mt 7,15; Jn 10,12), son presa de doctrinas ateas y de los demonios 3. Porque en nada ponen los llamados demonios tanto empe帽o como en apartar a los hombres de Dios Creador y de Cristo, su primog茅nito; para lo cual, a quienes no son capaces de levantarse de la tierra, los clavaron y siguen clavando a las cosas terrenas y hechas por manos de los hombres; y a los que buscan elevarse a la contemplaci贸n de lo divino, si no poseen un juicio sano, permaneciendo en una vida pura y exenta de pasiones, les acechan para precipitarlos en la impiedad.

Platon, disc铆pulo de Mois茅s. La creaci贸n

59. 1. De nuestros maestros tambi茅n, queremos decir del Verbo que habl贸 por medio de los profetas, tom贸 Plat贸n lo que dijo sobre que Dios cre贸 el mundo, transformando una materia informe. Para convencernos de ello, escuchen lo que literalmente dijo Mois茅s, que fue el primero de los profetas, como se dijo antes (cf. I,10,2), m谩s antiguo que los escritores griegos. Por 茅l, d谩ndonos a entender el Esp铆ritu prof茅tico c贸mo y de qu茅 elementos hizo Dios al principio al mundo, dijo as铆: 2. 芦En el principio cre贸 Dios el cielo y la tierra. 3. La tierra era invisible e informe, las tinieblas estaban encima del abismo, y el Esp铆ritu de Dios se cern铆a por sobre las aguas. 4. Y dijo Dios: 鈥淪ea hecha la luz鈥�. Y fue hecha luz禄 (Gn 1,1-3). 5. En conclusi贸n, que todo el universo fue hecho por la palabra de Dios a partir de los elementos se帽alados por Mois茅s, cosa es que aprendi贸 Plat贸n y los que siguen sus doctrinas y tambi茅n la aprendimos nosotros, y ustedes pueden persuadirse de ello. 6. Sabemos asimismo que lo que entre los poetas se llama 鈥淓rebo鈥� (abismo), fue antes mencionado por Mois茅s.

La segunda y tercera potestad

60. 1. La explicaci贸n, a partir de los principios naturales, dada por Plat贸n en el Timeo sobre el Hijo de Dios, cuando dice: 鈥淟e dio forma de X en el universo鈥� (Timeo 36bc), la tom贸 igualmente de Mois茅s. 2. Efectivamente, en los escritos de Mois茅s se cuenta que por el tiempo en que los israelitas hab铆an salido de Egipto y se hallaban en el desierto, les acometieron fieras venenosas, v铆boras, 谩spides y todo g茅nero de serpientes, que causaban la muerte al pueblo. 3. Entonces, por inspiraci贸n e impulso de Dios, tom贸 Mois茅s bronce e hizo una figura en forma de cruz y la coloc贸 sobre el santo tabern谩culo, diciendo al pueblo: 鈥淪i miran a esta figura y creen, por ella se salvar谩n鈥�. 4. Hecho esto, cuenta 茅l que murieron las serpientes y que el pueblo escap贸 as铆 de la muerte (cf. Nm 21,6-9). 5. Plat贸n hubo de leer esto, y, no comprendi茅ndolo exactamente ni entendiendo que se trataba de la figura de una cruz y tom谩ndolo 茅l por la X griega, dijo que despu茅s de Dios, el primer principio, la segunda potencia, estaba extendida por el universo en forma de X. 6. Y hablar 茅l de un tercer principio, se debe tambi茅n a haber le铆do, como dijimos (cf. I,59,3), las palabras de Mois茅s en las que de dice que el Esp铆ritu de Dios se cern铆a por sobre las aguas (cf. Gn 1,2). 7. Porque Plat贸n da el segundo lugar al Verbo, que viene de Dios y que 茅l dijo estar esparcido en forma de X en el universo; y el tercero, al Esp铆ritu que se dijo cernerse por encima de las aguas, y as铆 dice: 鈥淟o tercero sobre lo tercero鈥� (Seudo Plat贸n, Ep铆stola II, 312c).

8. Que se producir谩 una destrucci贸n del mundo por el fuego, escuchen c贸mo de antemano lo anunci贸 el Esp铆ritu prof茅tico por Mois茅s. 9. Dijo as铆: 鈥淏ajar谩 un fuego siempre vivo y devorar谩 hasta el fondo del abismo鈥� (cf. Dt 32,22; 2R 1,10; Plat贸n, Las leyes [Epinomis] 566a). 10. No somos, pues, nosotros los que profesamos opiniones iguales a los otros, sino que todos, no hacen m谩s que imitar y repetir nuestras doctrinas. 11. Ahora bien, entre nosotros todo eso, puede o铆rse y aprenderse a煤n de quienes ignoran las formas de las letras, gentes ignorantes y b谩rbaras de lengua, pero sabias y fieles de pensamiento, y hasta de enfermos y ciegos; de donde cabe entender que esto no es el efecto de una humana sabidur铆a, sino la expresi贸n del poder de Dios (cf. 1Co 2,5).

Los ritos cristianos

El bautismo

61. 1. Vamos a explicar ahora de qu茅 modo, despu茅s de renovados por Cristo, nos hemos consagrado a Dios, no sea que, omitiendo este punto, demos la impresi贸n de presentar una exposici贸n en parte defectuosa. 2. Cuantos se convencen y tienen fe de que son verdaderas estas cosas que nosotros ense帽amos y decimos, y prometen poder vivir conforme a ellas, se les instruye ante todo para que oren y pidan, con ayunos, perd贸n a Dios de sus pecados, anteriormente cometidos, y nosotros oramos y ayunamos juntamente con ellos. 3. Luego los conducimos a sitio donde hay agua, y por el mismo modo de regeneraci贸n con que nosotros fuimos tambi茅n regenerados, son regenerados ellos, pues en el nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, y de nuestro Salvador Jesucristo y del Esp铆ritu Santo (cf. Mt 28,19), toman entonces un ba帽o en esa agua.

4. Porque Cristo dijo: 鈥淪i no son regenerados, no entrar谩n en el reino de los cielos鈥� (cf. Jn 3,3. 5; Mt 18,3). 5. Ahora bien, evidente es para todos que no es posible, una vez nacidos, volver a entrar en el seno de nuestras madres (cf. Jn 3,4). 6. Tambi茅n el profeta Isa铆as, como anteriormente lo citamos (cf. I,44,3), dijo la manera como hab铆an de ser liberados de sus pecados aquellos que antes pecaron y ahora hacen penitencia. 7. He aqu铆 sus palabras: 芦L谩vense, purif铆quense, quiten la maldad de sus almas. Aprendan a obrar el bien, obren rectamente con el hu茅rfano, hagan justicia a la viuda, y entonces vengan y conversemos, dice el Se帽or. A煤n cuando sus pecados fueren como la p煤rpura, como lana los dejar茅 blancos; a煤n cuando fueren como escarlata, como nieve los blanquear茅 (Is 1,16-18). 8. Y si quieren y me escuchan, comer谩n los bienes de la tierra; pero si no me escuchan, la espada los devorar谩, porque la boca del Se帽or lo ha dicho禄 (Is 1,20). 9. La raz贸n que para esto aprendimos de los ap贸stoles es 茅sta: 10. Puesto que de nuestro primer nacimiento no tuvimos conciencia, engendrados que fuimos por necesidad de un germen h煤medo por la mutua uni贸n de nuestros padres, y nos criamos en costumbres malas y en conducta perversa; ahora, para que no sigamos siendo hijos de la necesidad y de la ignorancia, sino de la libertad y del conocimiento, para obtener el perd贸n de nuestros anteriores pecados, se pronuncia en el agua sobre el que ha elegido regenerarse, y se arrepiente de sus pecados, el nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, y este solo nombre se invoca por aquellos que conducen al ba帽o a quien ha de ser lavado. 11. Porque nadie es capaz de poner nombre al Dios inefable; y si alguno se atreviera a decir que ese nombre existe, sufrir铆a la m谩s incurable locura. 12. Este ba帽o se llama iluminaci贸n (cf. 2Co 4,4-6), para dar a entender que son iluminados los que aprenden estas cosas. 13. El que es iluminado es lavado tambi茅n en el nombre de Jesucristo, que fue crucificado bajo Poncio Pilato, y en el nombre del Esp铆ritu Santo (cf. Mt 28,19; Hch 1,5; 11,16), que por los profetas nos anunci贸 de antemano todo lo referente a Jes煤s.

Las falsificaciones paganas

62. 1. Tambi茅n este ba帽o oyeron los demonios que estaba anunciado por el profeta (cf. Is 1,16-20), y de ah铆 es que hicieron tambi茅n rociarse a los que entran en sus templos y van a presentarse ante ellos para ofrecerles libaciones y sacrificios, y a煤n llegan a obligar a lavarse completamente antes de entrar a los templos donde residen. 2. Asimismo el que los sacerdotes manden descalzarse a quienes entran en los templos y dan culto a los demonios, lo imitaron 茅stos despu茅s de haberlo aprendido de lo sucedido a Mois茅s, el profeta de que antes hablamos. 3. Pues es de saber que por el tiempo en que se le mand贸 a Mois茅s bajar a Egipto para sacar de all铆 al pueblo de Israel, cuando estaba 茅l apacentando en tierra de Arabia las ovejas de su t铆o materno (cf. Ex 3,1; 4,18), nuestro Cristo habl贸 con 茅l, bajo la apariencia de un fuego saliendo desde una zarza, y le dijo: 鈥淒esata las sandalias de tus pies, ac茅rcate y oye鈥� (cf. Ex 3,1-5). 4. 脡l de descalzo, se acerc贸 y oy贸 que se le mandaba bajar a Egipto y sacar de all铆 al pueblo de Israel. Fue entonces cuando recibi贸 fuerza considerable del mismo Cristo que le hablara bajo la apariencia de un fuego; baj贸, en efecto, (a Egipto) y sac贸 al pueblo, despu茅s de cumplir grandes y maravillosos prodigios, que, si lo desean, pueden conocer detalladamente en sus escritos.

Las teofan铆as veterotestamentarias

63. 1. Todos los jud铆os, empero, aun ahora, ense帽an que fue el Dios innominado el que habl贸 a Mois茅s. 2. De ah铆 que el Esp铆ritu prof茅tico por boca del ya mentado profeta Isa铆as, reprendi茅ndolos en texto ya citado anteriormente (cf. I,37,1; 63,12) dijo: 鈥淐onoci贸 el buey a su due帽o y el asno el pesebre de su se帽or, pero Israel no me ha conocido y mi pueblo no me ha entendido鈥� (cf. Is 1,3). 3. Tambi茅n Jesucristo mismo, reprendiendo a los jud铆os por no conocer qu茅 cosa fuera el Padre ni qu茅 el Hijo (cf. Jn 8,19; 16,3), dijo tambi茅n: 鈥淣adie conoce al Padre, sino el Hijo; ni al Hijo le conoce nadie, sino el Padre y a quienes el Hijo lo revelare鈥� (Mt 11,27). 4. Ahora bien, el Verbo de Dios es Hijo suyo, como antes dijimos (cf. I,21,1; 22,2; 32,10). 5. Y tambi茅n se llama 脕ngel (mensajero) y Ap贸stol (enviado), porque 脡l anuncia lo que hay que conocer y es enviado para revelarnos todo lo que est谩 anunciado, como 脡l mismo, nuestro Se帽or, nos lo ha dicho: 鈥淓l que a m铆 me oye, oye a Aquel que me ha enviado鈥� (Lc 10,16; cf. Mt10,40). 6. Esto ha de resultar patente por los escritos de Mois茅s 7. En 茅stos, en efecto, se dice as铆: 芦Habl贸 el 谩ngel del Se帽or en la llama del fuego desde la zarza con Mois茅s (cf. Ex 3,2) y le dijo: 鈥淵o soy el que es (cf. Ex 3,14), el Dios de Abrah谩n, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios de tus padres (Ex 3,15). 8. Baja a Egipto y saca de all铆 a mi pueblo禄 (cf. Ex 3,10). 9. Lo que sigue, pueden, si quieren, saberlo por sus propios escritos, pues no es posible transcribirlo aqu铆 todo. 10. Pero las palabras citadas bastan para demostrar que Jes煤s el Cristo es el Hijo de Dios y su Enviado, el que antes era su Verbo, y que apareci贸 unas veces en forma de fuego, otras en imagen incorp贸rea; y ahora, hecho hombre por voluntad de Dios, para la salvaci贸n del g茅nero humano, se someti贸 a sufrir todos los malos tratos que los demonios quisieron infligirle por medio de los insensatos jud铆os. 11. 脡stos, teniendo expresamente dicho en los escritos de Mois茅s: 芦Habl贸 el 谩ngel de Dios a Mois茅s en una llama de fuego desde la zarza y le dijo: 鈥淵o soy el que soy (Ex 3,14), el Dios de Abrah谩n, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob鈥澛� (Ex 3,15), pretend铆an haber sido el Padre y creador del universo quien dijo esas palabras. 12. De ah铆 que, reprendi茅ndolos, dijo el Esp铆ritu prof茅tico: 鈥淚srael no me conoci贸, ni mi pueblo me ha entendido鈥� (Is 1,3). 13. A su vez, Jes煤s, como ya indicamos, estando entre ellos, dijo: 鈥淣adie conoce al Padre, sino el Hijo; ni al Hijo le conoce nadie, sino el Padre y a quienes el Hijo se lo revelare鈥� (Mt 11,27). 14. As铆, pues, los jud铆os que piensan haber sido siempre el Padre del universo quien habl贸 a Mois茅s, cuando en realidad le habl贸 el Hijo de Dios, que se llama tambi茅n 脕ngel y Enviado suyo, con raz贸n son reprendidos por el Esp铆ritu prof茅tico y por el mismo Cristo de no haber conocido ni al Padre ni al Hijo (cf. Jn 8,19; 16,3). 15. Porque los que dicen que el Hijo es el Padre, dan prueba de que ni saben qui茅n es el Padre ni se han enterado de que el Padre del universo tiene un Hijo, que, siendo Verbo (cf. Jn 1,1) y primog茅nito (cf. Col 1,15) de Dios, es tambi茅n Dios. 16. 脡l fue quien primeramente apareci贸 a Mois茅s y a los otros profetas en forma de fuego o de una figura incorp贸rea, y el que ahora, en los tiempos del imperio de ustedes, como ya dijimos, naci贸 hombre de una virgen, conforme al designio del Padre; para la salvaci贸n de los que creen en 脡l, quiso ser despreciado y sufrir (cf. Mc 9,12), para vencer, con su muerte y resurrecci贸n, la muerte misma. 17. Ahora, las palabras que Mois茅s oy贸 salir de la zarza (cf. Ex 3,12): 鈥淵o soy el que es (Ex 3,14), el Dios de Abrah谩n, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob y el Dios de sus padres鈥� (Ex 3,15), significaban que, a煤n despu茅s de muertos, aquellos personajes segu铆an existiendo (cf. Lc 20,37), y que son hombres de Cristo mismo, como que ellos fueron los primeros de entre todos los hombres que se ocuparon en la b煤squeda de Dios: Abraham, padre que fue de Isaac y 茅ste de Jacob, como el mismo Mois茅s dej贸 escrito.

Los mitos de Core y de Atenas

64. 1. De lo hasta aqu铆 dicho pueden entender que fueron tambi茅n los demonios quienes introdujeron el uso de colocar la imagen de la diosa llamada Core sobre las fuentes de las aguas, diciendo ser ella la hija de Zeus; con lo que quisieron imitar lo que dijo Mois茅s. 2. Este, en efecto, como antes citamos (cf. I,59,3), dijo: 芦En el principio cre贸 Dios el cielo y la tierra. 3. La tierra era invisible e informe, y el Esp铆ritu de Dios se cern铆a sobre las aguas禄 (Gn 1,1-2). 4. A imitaci贸n, pues, de este Esp铆ritu de Dios que se dijo cernerse sobre las aguas, dijeron los demonios que Core era una hija de Zeus. 5. Con parecida malicia dijeron que Atenas era tambi茅n hija de Zeus, pero no nacida de uni贸n carnal; sino que como supieron que Dios cre贸 el mundo por medio de su Verbo, que antes hab铆a concebido en su pensamiento, pretendieron que Atenas era de alguna forma aquel primer pensamiento; cosa que tenemos por absolutamente rid铆cula, presentar a una figura femenina como imagen del pensamiento. 6. De manera semejante (ocurre) con los otros pretendidos hijos de Zeus; sus acciones les condenan.

La Eucarist铆a bautismal

65. 1. Por nuestra parte, nosotros, despu茅s de haber conducido al ba帽o al que ha abrazado la fe y se ha adherido a nuestra (doctrina), le llevamos a los que se llaman hermanos, all铆 donde est谩n reunidos; elevamos fervorosamente oraciones en com煤n por nosotros mismos, por el que acaba de ser iluminado y por todos los otros esparcidos por todo el mundo, suplicando se nos conceda, ya que hemos conocido la verdad, ser hallados por nuestras obras, personas de buena conducta y observantes de los mandamientos, para as铆 alcanzar la salvaci贸n eterna. 2. Terminadas las oraciones, nos saludamos mutuamente con un beso. 3. Luego, al que preside (cf. 1Tm 5,17) la asamblea de los hermanos, se le ofrece pan y un vaso de agua y vino templado, y tom谩ndolos 茅l tributa alabanzas y gloria al Padre del universo por el nombre de su Hijo y por del Esp铆ritu Santo, y pronuncia una larga acci贸n de gracias, por habernos concedido esos dones que de 脡l nos vienen. Cuando ha terminado las oraciones y la acci贸n de gracias, todo el pueblo presente aclama diciendo: 鈥淎m茅n鈥� (cf. 1Co 14,16). 4. 鈥淎m茅n鈥�, en hebreo, quiere decir 鈥渁s铆 sea鈥�. 5. Una vez que el presidente ha terminado la acci贸n de gracias y todo el pueblo ha manifestado su acuerdo, los que entre nosotros se llaman 鈥渄i谩conos鈥�, dan a cada uno de los asistentes parte del pan y del vino mezclado con agua sobre los que se dijo la acci贸n de gracias, y lo llevan a los ausentes.

66. 1. Este alimento se llama entre nosotros 鈥淓ucarist铆a鈥�, de la que a nadie es l铆cito participar, sino al que cree ser verdaderas nuestras ense帽anzas y ha recibido el ba帽o para la remisi贸n de los pecados y la regeneraci贸n, y vive conforme a los preceptos que Cristo nos ense帽贸. 2. Porque no tomamos estas cosas como pan com煤n ni bebida ordinaria, sino que, a la manera que Jesucristo, nuestro Salvador, hecho carne (cf. Jn 1,14) por virtud del Verbo de Dios, tuvo carne y sangre por nuestra salvaci贸n; as铆 tambi茅n el alimento 鈥渆ucarist铆a鈥� por una oraci贸n que viene de 脡l -alimento con el que son alimentados nuestra sangre y nuestra carne mediante una transformaci贸n-, es precisamente, conforme a lo que hemos aprendido, la carne y la sangre de Jes煤s hecho carne. 3. Es as铆 que los Ap贸stoles en las 鈥淢emorias鈥�, por ellos escritos, que se llaman 鈥淓vangelios鈥�, nos transmitieron que as铆 le fue a ellos mandado obrar, cuando Jes煤s, tomando el pan y dando gracias, dijo: 鈥淗agan esto en memoria m铆a, 茅ste es mi cuerpo鈥� (Lc 22,19). E igualmente, tomando el c谩liz y dando gracias, dijo: 鈥淓sta es mi sangre鈥� (c. Mt 26,27-28), y que s贸lo a ellos se las dio.

4. Por cierto que tambi茅n esto, por imitaci贸n, ense帽aron los perversos demonios que se hiciera en los misterios de Mitra; pues en los ritos de un nuevo iniciado se presenta pan y un vaso de agua con ciertas recitaciones; ustedes lo saben o pueden de ello informarse.

La asamblea dominical

67. 1. En cuanto a nosotros, despu茅s de esta primera iniciaci贸n, recordamos constantemente entre nosotros estas cosas; y los que tenemos (bienes), socorremos a los necesitados todos y nos asistimos siempre unos a otros. 2. Por todo lo que comemos, bendecimos siempre al Creador de todas las cosas por medio de su Hijo Jesucristo y por el Esp铆ritu Santo. 3. El d铆a que se llama del sol se celebra una reuni贸n de todos los que moran en las ciudades o en los campos; y all铆 se leen, en cuanto el tiempo lo permite, las 鈥淢emorias de los Ap贸stoles o los escritos de los profetas. 4. Luego, cuando el lector termina, el que preside toma la palabra para hacernos una exhortaci贸n e invitaci贸n para que imitemos esas hermosas ense帽anzas. 5. Seguidamente, nos levantamos todos a una y elevamos (a Dios) nuestras preces, y 茅stas terminadas, como ya dijimos (cf. I,65,3), se ofrece pan, vino y agua, y el que preside, seg煤n sus fuerzas, hace igualmente subir a Dios sus oraciones y acciones de gracias, y todo el pueblo expresa su conformidad diciendo: 鈥淎m茅n鈥�. Luego se hace la distribuci贸n y participaci贸n de la eucarist铆a, para cada uno. Envi谩ndose su parte, por medio de los di谩conos, a los ausentes. 6. Los que tienen y quieren, cada uno seg煤n su libre determinaci贸n, da lo que bien le parece, y lo recogido se entrega al que preside. 7. Y 茅l socorre con ello a hu茅rfanos y viudas, a los que por enfermedad o por otra causa est谩n en la indigencia, a los que est谩n en las c谩rceles, a los forasteros de paso, y, en una palabra, 茅l se constituye provisor de cuantos se hallan en necesidad. 8. Celebramos esta reuni贸n general el d铆a del sol, por ser el d铆a primero, en que Dios, transformando las tinieblas y la materia, hizo el mundo, y el d铆a tambi茅n en que Jesucristo, nuestro Salvador, resucit贸 de entre los muertos; pues es de saber que le crucificaron el d铆a antes del d铆a de Saturno, y al siguiente al d铆a de Saturno, que es el d铆a del sol, se apareci贸 a sus ap贸stoles (cf. Mt 28,9) y disc铆pulos, ense帽谩ndoles estas mismas doctrinas que nosotros les exponemos para su examen.

Recapitulaci贸n

68. 1. Ahora, pues, si les parece que tales doctrinas son conformes a la raz贸n y a la verdad, t贸menlas en consideraci贸n; pero si las tienen por charlataner铆a, como cosa de charlatanes despr茅cienlas, mas no decreten pena de muerte, como contra enemigos, contra quienes ning煤n crimen cometen. 2. Porque de antemano les avisamos que, si se obstinan en su injusticia, no escapar谩n al venidero juicio de Dios (cf. Mt 3,7). Nosotros, por nuestra parte, exclamaremos: 鈥溌o que a Dios sea grato, eso suceda鈥� (cf. Mt 6,10; 26,42, Plat贸n, Crit贸n 43d).

3. Pudi茅ramos tambi茅n exigirles que manden celebrar los juicios sobre los cristianos conforme a nuestra petici贸n, fund谩ndonos en la carta del m谩ximo y glorios铆simo C茅sar Adriano, padre de ustedes; sin embargo, no les hemos hecho nuestra s煤plica ni dirigido nuestra exposici贸n porque Adriano lo haya decidido as铆, sino porque estamos persuadidos de la justicia de nuestras peticiones. 4. Con todo, adjunta les hemos puesto copia de la carta de Adriano, para que vean c贸mo tambi茅n a tenor de ella decimos la verdad.

5. La copia es la siguiente: 鈥淎 Minucio Fundano. 6. Recib铆 una carta que me fue escrita por Serenio Graniano, var贸n clar铆simo, a quien t煤 has sucedido. 7. No me parece, pues, que el asunto deba dejarse sin examen, a fin de que ni se perturben los inocentes ni se d茅 facilidad a los calumniadores para sus fechor铆as. 8. As铆, pues, si los habitantes de las provincias son capaces de sostener abiertamente sus acusaciones contra los cristianos, de suerte que respondan de ellas ante el tribunal, a este procedimiento han de atenerse; pero proh铆bo las peticiones y simples griter铆as. 9. Mucho m谩s conveniente es, en efecto, que si alguno intenta una acusaci贸n, entiendas t煤 en el asunto. 10. En conclusi贸n, si alguno acusa a los cristianos y demuestra que obran en algo contra las leyes, determina la pena conforme a la gravedad del delito. Pero, 隆por H茅rcules!, si la acusaci贸n es calumniosa, determina el grado de su perversidad y ten buen cuidado que no quede impune鈥�.

Texto obtenido de la p谩gina web del Monasterio Benedictino Santa Mar铆a de Los Toldos (Argentina). Agradecemos la encomiosa labor de los monjes que trabajaron en su muy cuidadosa edici贸n electr贸nica.

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