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S.S. Benedicto XVI, Homil铆a del Santo Padre durante la consagraci贸n de la iglesia de la Sagrada Familia y del altar
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Homil铆a del Santo Padre durante la consagraci贸n de la iglesia de la Sagrada Familia y del altar

Viaje Apost贸lico a Santiago de Compostela y Barcelona (6-7 de noviembre de 2010)

En catal谩n:

Estimats germans i germanes en el Senyor:

芦La diada d鈥檃vui 茅s santa, dedicada a D茅u, nostre Senyor; no us entristiu ni ploreu鈥� El goig del Senyor sar脿 la vostra for莽a禄 (Ne 8, 9-11). Amb aquestes paraules de la primera lectura que hem proclamat vull saludar-vos a tots els qui us trobeu aqu铆 presents participant en aquesta celebraci贸. Adre莽o una salutaci贸 afectuosa a Ses Majestats els Reis d鈥橢spanya, que han volgut acompanyar-nos cordialment. La meva salutaci贸 agra茂da al Senyor Cardenal Llu铆s Mart铆nez Sistach, Arquebisbe de Barcelona, per les seves paraules de benvinguda i la seva invitaci贸 a dedicar aquesta Esgl茅sia de la Sagrada Fam铆lia, suma admirable de t猫cnica, d鈥檃rt i de fe. Saludo tamb茅 al Cardenal Ricard Maria Carles Gord贸, Arquebisbe em猫rit de Barcelona, als altres Senyors Cardenals i Germans en l鈥橢piscopat, especialment, al Bisbe auxiliar d鈥檃questa Esgl茅sia particular, com tamb茅 als nombrosos sacerdots, diaques, seminaristes, religiosos i fidels que participen en aquesta solemne cerim貌nia. Tamb茅 adre莽o la meva deferent salutaci贸 a totes les Autoritats Nacionals, Auton貌miques i Locals, com tamb茅 als membres d鈥檃ltres comunitats cristianes, que s鈥檋an unit al nostre goig i a la nostra lloan莽a agra茂da a D茅u.

[Amad铆simos Hermanos y Hermanas en el Se帽or:

芦Hoy es un d铆a consagrado a nuestro Dios; no hag谩is duelo ni llor茅is鈥� El gozo en el Se帽or es vuestra fortaleza禄 (Neh 8,9-11). Con estas palabras de la primera lectura que hemos proclamado quiero saludaros a todos los que est谩is aqu铆 presentes participando en esta celebraci贸n. Dirijo un afectuoso saludo a Sus Majestades los Reyes de Espa帽a, que han querido cordialmente acompa帽arnos. Vaya mi saludo agradecido al Se帽or Cardenal Llu铆s Mart铆nez Sistach, Arzobispo de Barcelona, por sus palabras de bienvenida y su invitaci贸n para la dedicaci贸n de esta Iglesia de la Sagrada Familia, admirable suma de t茅cnica, de arte y de fe. Saludo igualmente al Cardenal Ricardo Mar铆a Carles Gord贸, Arzobispo em茅rito de Barcelona, a los dem谩s Se帽ores Cardenales y Hermanos en el Episcopado, en especial, al Obispo auxiliar de esta Iglesia particular, as铆 como a los numerosos sacerdotes, di谩conos, seminaristas, religiosos y fieles que participan en esta solemne ceremonia. Asimismo, dirijo mi deferente saludo a las Autoridades Nacionales, Auton贸micas y Locales, as铆 como a los miembros de otras comunidades cristianas, que se unen a nuestra alegr铆a y alabanza agradecida a Dios.]

Este d铆a es un punto significativo en una larga historia de ilusi贸n, de trabajo y de generosidad, que dura m谩s de un siglo. En estos momentos, quisiera recordar a todos y a cada uno de los que han hecho posible el gozo que a todos nos embarga hoy, desde los promotores hasta los ejecutores de la obra; desde los arquitectos y alba帽iles de la misma, a todos aquellos que han ofrecido, de una u otra forma, su inestimable aportaci贸n para hacer posible la progresi贸n de este edificio. Y recordamos, sobre todo, al que fue alma y art铆fice de este proyecto: a Antoni Gaud铆, arquitecto genial y cristiano consecuente, con la antorcha de su fe ardiendo hasta el t茅rmino de su vida, vivida en dignidad y austeridad absoluta. Este acto es tambi茅n, de alg煤n modo, el punto cumbre y la desembocadura de una historia de esta tierra catalana que, sobre todo desde finales del siglo XIX, dio una pl茅yade de santos y de fundadores, de m谩rtires y de poetas cristianos. Historia de santidad, de creaci贸n art铆stica y po茅tica, nacidas de la fe, que hoy recogemos y presentamos como ofrenda a Dios en esta Eucarist铆a.

La alegr铆a que siento de poder presidir esta ceremonia se ha visto incrementada cuando he sabido que este templo, desde sus or铆genes, ha estado muy vinculado a la figura de San Jos茅. Me ha conmovido especialmente la seguridad con la que Gaud铆, ante las innumerables dificultades que tuvo que afrontar, exclamaba lleno de confianza en la divina Providencia: 芦San Jos茅 acabar谩 el templo禄. Por eso ahora, no deja de ser significativo que sea dedicado por un Papa cuyo nombre de pila es Jos茅.

驴Qu茅 hacemos al dedicar este templo? En el coraz贸n del mundo, ante la mirada de Dios y de los hombres, en un humilde y gozoso acto de fe, levantamos una inmensa mole de materia, fruto de la naturaleza y de un inconmensurable esfuerzo de la inteligencia humana, constructora de esta obra de arte. Ella es un signo visible del Dios invisible, a cuya gloria se alzan estas torres, saetas que apuntan al absoluto de la luz y de Aquel que es la Luz, la Altura y la Belleza misma.

En este recinto, Gaud铆 quiso unir la inspiraci贸n que le llegaba de los tres grandes libros en los que se alimentaba como hombre, como creyente y como arquitecto: el libro de la naturaleza, el libro de la Sagrada Escritura y el libro de la Liturgia. As铆 uni贸 la realidad del mundo y la historia de la salvaci贸n, tal como nos es narrada en la Biblia y actualizada en la Liturgia. Introdujo piedras, 谩rboles y vida humana dentro del templo, para que toda la creaci贸n convergiera en la alabanza divina, pero al mismo tiempo sac贸 los retablos afuera, para poner ante los hombres el misterio de Dios revelado en el nacimiento, pasi贸n, muerte y resurrecci贸n de Jesucristo. De este modo, colabor贸 genialmente a la edificaci贸n de la conciencia humana anclada en el mundo, abierta a Dios, iluminada y santificada por Cristo. E hizo algo que es una de las tareas m谩s importantes hoy: superar la escisi贸n entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza. Esto lo realiz贸 Antoni Gaud铆 no con palabras sino con piedras, trazos, planos y cumbres. Y es que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la ra铆z de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza. La belleza es tambi茅n reveladora de Dios porque, como 脡l, la obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del ego铆smo.

Hemos dedicado este espacio sagrado a Dios, que se nos ha revelado y entregado en Cristo para ser definitivamente Dios con los hombres. La Palabra revelada, la humanidad de Cristo y su Iglesia son las tres expresiones m谩ximas de su manifestaci贸n y entrega a los hombres. 芦Mire cada cual c贸mo construye. Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, que es Jesucristo禄 (1 Co3,10-11), dice San Pablo en la segunda lectura. El Se帽or Jes煤s es la piedra que soporta el peso del mundo, que mantiene la cohesi贸n de la Iglesia y que recoge en unidad final todas las conquistas de la humanidad. En 脡l tenemos la Palabra y la presencia de Dios, y de 脡l recibe la Iglesia su vida, su doctrina y su misi贸n. La Iglesia no tiene consistencia por s铆 misma; est谩 llamada a ser signo e instrumento de Cristo, en pura docilidad a su autoridad y en total servicio a su mandato. El 煤nico Cristo funda la 煤nica Iglesia; 脡l es la roca sobre la que se cimienta nuestra fe. Apoyados en esa fe, busquemos juntos mostrar al mundo el rostro de Dios, que es amor y el 煤nico que puede responder al anhelo de plenitud del hombre. 脡sa es la gran tarea, mostrar a todos que Dios es Dios de paz y no de violencia, de libertad y no de coacci贸n, de concordia y no de discordia. En este sentido, pienso que la dedicaci贸n de este templo de la Sagrada Familia, en una 茅poca en la que el hombre pretende edificar su vida de espaldas a Dios, como si ya no tuviera nada que decirle, resulta un hecho de gran significado. Gaud铆, con su obra, nos muestra que Dios es la verdadera medida del hombre. Que el secreto de la aut茅ntica originalidad est谩, como dec铆a 茅l, en volver al origen que es Dios. 脡l mismo, abriendo as铆 su esp铆ritu a Dios ha sido capaz de crear en esta ciudad un espacio de belleza, de fe y de esperanza, que lleva al hombre al encuentro con quien es la Verdad y la Belleza misma. As铆 expresaba el arquitecto sus sentimientos: 芦Un templo [es] la 煤nica cosa digna de representar el sentir de un pueblo, ya que la religi贸n es la cosa m谩s elevada en el hombre禄.

Esa afirmaci贸n de Dios lleva consigo la suprema afirmaci贸n y tutela de la dignidad de cada hombre y de todos los hombres: 芦驴No sab茅is que sois templo de Dios?... El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros禄 (1 Co 3,16-17). He aqu铆 unidas la verdad y dignidad de Dios con la verdad y la dignidad del hombre. Al consagrar el altar de este templo, considerando a Cristo como su fundamento, estamos presentando ante el mundo a Dios que es amigo de los hombres e invitando a los hombres a ser amigos de Dios. Como ense帽a el caso de Zaqueo, del que se habla en el Evangelio de hoy (cf. Lc 19,1-10), si el hombre deja entrar a Dios en su vida y en su mundo, si deja que Cristo viva en su coraz贸n, no se arrepentir谩, sino que experimentar谩 la alegr铆a de compartir su misma vida siendo objeto de su amor infinito.

La iniciativa de este templo se debe a la Asociaci贸n de amigos de San Jos茅, quienes quisieron dedicarlo a la Sagrada Familia de Nazaret. Desde siempre, el hogar formado por Jes煤s, Mar铆a y Jos茅 ha sido considerado como escuela de amor, oraci贸n y trabajo. Los patrocinadores de este templo quer铆an mostrar al mundo el amor, el trabajo y el servicio vividos ante Dios, tal como los vivi贸 la Sagrada Familia de Nazaret. Las condiciones de la vida han cambiado mucho y con ellas se ha avanzado enormemente en 谩mbitos t茅cnicos, sociales y culturales. No podemos contentarnos con estos progresos. Junto a ellos deben estar siempre los progresos morales, como la atenci贸n, protecci贸n y ayuda a la familia, ya que el amor generoso e indisoluble de un hombre y una mujer es el marco eficaz y el fundamento de la vida humana en su gestaci贸n, en su alumbramiento, en su crecimiento y en su t茅rmino natural. S贸lo donde existen el amor y la fidelidad, nace y perdura la verdadera libertad. Por eso, la Iglesia aboga por adecuadas medidas econ贸micas y sociales para que la mujer encuentre en el hogar y en el trabajo su plena realizaci贸n; para que el hombre y la mujer que contraen matrimonio y forman una familia sean decididamente apoyados por el Estado; para que se defienda la vida de los hijos como sagrada e inviolable desde el momento de su concepci贸n; para que la natalidad sea dignificada, valorada y apoyada jur铆dica, social y legislativamente. Por eso, la Iglesia se opone a todas las formas de negaci贸n de la vida humana y apoya cuanto promueva el orden natural en el 谩mbito de la instituci贸n familiar.

Al contemplar admirado este recinto santo de asombrosa belleza, con tanta historia de fe, pido a Dios que en esta tierra catalana se multipliquen y consoliden nuevos testimonios de santidad, que presten al mundo el gran servicio que la Iglesia puede y debe prestar a la humanidad: ser icono de la belleza divina, llama ardiente de caridad, cauce para que el mundo crea en Aquel que Dios ha enviado (cf. Jn 6,29).

Queridos hermanos, al dedicar este espl茅ndido templo, suplico igualmente al Se帽or de nuestras vidas que de este altar, que ahora va a ser ungido con 贸leo santo y sobre el que se consumar谩 el sacrificio de amor de Cristo, brote un r铆o constante de gracia y caridad sobre esta ciudad de Barcelona y sus gentes, y sobre el mundo entero. Que estas aguas fecundas llenen de fe y vitalidad apost贸lica a esta Iglesia archidiocesana, a sus pastores y fieles.

En catal谩n:

Desitjo, finalment, confiar a l鈥檃morosa protecci贸 de la Mare de D茅u, Maria Santissima, Rosa d鈥檃bril, Mare de la Merc猫, tots els aqu铆 presents, i tots aquells que amb paraules i obres, silenci o preg脿ria, han fet possible aquest miracle arquitect貌nic. Que Ella presenti al seu div铆 Fill les joies i les penes de tots els qui vinguin en aquest lloc sagrat en el futur, perqu猫, com prega l鈥橢sgl茅sia en la dedicaci贸 dels temples, els pobres trobin miseric貌rdia, els oprimits assoleixin la llibertat veritable i tots els homes es revesteixin de la dignitat dels fills de D茅u. Am茅n.

[Deseo, finalmente, confiar a la amorosa protecci贸n de la Madre de Dios, Mar铆a Sant铆sima, Rosa de abril, Madre de la Merced, a todos los que est谩is aqu铆, y a todos los que con palabras y obras, silencio u oraci贸n, han hecho posible este milagro arquitect贸nico. Que Ella presente tambi茅n a su divino Hijo las alegr铆as y las penas de todos los que lleguen a este lugar sagrado en el futuro, para que, como reza la Iglesia al dedicar los templos, los pobres puedan encontrar misericordia, los oprimidos alcanzar la libertad verdadera y todos los hombres se revistan de la dignidad de hijos de Dios. Am茅n.]

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