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S.S. Benedicto XVI, Discurso del Santo Padre durante la visita fraterna al Arzobispo de Canterbury
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Discurso del Santo Padre durante la visita fraterna al Arzobispo de Canterbury

Viaje Apost贸lico al Reino Unido (16 - 19 de setiembre de 2010)

Lambeth Palace (London Borough of Richmond)

Vuestra Gracia:

Me complace poder corresponder a la cortes铆a de las visitas que me ha hecho en Roma con una visita fraterna aqu铆, en su residencia oficial. Le doy las gracias por su invitaci贸n y por la hospitalidad que tan generosamente me ha brindado. Saludo tambi茅n a los Obispos anglicanos llegados de diferentes partes del Reino Unido, a mis hermanos Obispos de las Di贸cesis Cat贸licas de Inglaterra, Gales y Escocia, y a los asesores ecum茅nicos presentes.

Vuestra Gracias se ha referido al hist贸rico encuentro que tuvo lugar en la catedral de Canterbury, hace casi treinta a帽os, entre dos de nuestros predecesores, el Papa Juan Pablo II y el arzobispo Robert Runcie. All铆, en el mismo lugar donde Santo Tom谩s de Canterbury dio testimonio de Cristo con el derramamiento de su sangre, rezaron juntos por el don de la unidad entre los seguidores de Cristo. Continuamos hoy orando por este don, conscientes de que la unidad que Cristo dese贸 fervientemente para sus disc铆pulos s贸lo llegar谩 en respuesta a la oraci贸n, a trav茅s de la acci贸n del Esp铆ritu Santo, que renueva sin cesar a la Iglesia y la conduce a la plenitud de la verdad.

No es mi intenci贸n hablar hoy de las dificultades que el camino ecum茅nico ha encontrado y sigue encontrando. Dichas dificultades son bien conocidas por todos los presentes. M谩s bien, quiero unirme a ustedes en acci贸n de gracias por la profunda amistad que ha crecido entre nosotros y por el notable progreso llevado a cabo en muchos 谩mbitos del di谩logo durante los cuarenta a帽os transcurridos desde que la Comisi贸n Internacional Anglicano-Cat贸lica comenz贸 su labor. Encomendemos los frutos de ese trabajo al Se帽or de la mies, confiando en que bendiga nuestra amistad con un crecimiento significativo adicional.

El contexto del di谩logo entre la Comuni贸n Anglicana y la Iglesia Cat贸lica ha evolucionado de forma espectacular desde la reuni贸n privada entre el Papa Juan XXIII y el Arzobispo Geoffrey Fisher en 1960. Por un lado, la cultura que nos rodea se distancia cada vez m谩s de sus ra铆ces cristianas, a pesar de una profunda e intensa hambre de espiritualidad. Por otro lado, la creciente dimensi贸n multicultural de la sociedad, especialmente marcada en este pa铆s, trae consigo la oportunidad de encontrar otras religiones. Para los cristianos, esto nos abre la posibilidad de explorar, junto a los miembros de otras tradiciones religiosas, formas de dar testimonio de la dimensi贸n trascendente de la persona humana y de la vocaci贸n universal a la santidad, poniendo en pr谩ctica la virtud en nuestra vida personal y social. La cooperaci贸n ecum茅nica en esta tarea sigue siendo esencial, y ciertamente dar谩 frutos en la promoci贸n de la paz y la armon铆a en un mundo que, con tanta frecuencia, corre el riesgo de fragmentarse.

Al mismo tiempo, los cristianos nunca debemos vacilar en proclamar nuestra fe en la unicidad de la salvaci贸n que nos ha ganado Cristo, y en explorar juntos una comprensi贸n m谩s profunda de los medios que 脡l nos ha dado para alcanzar dicha salvaci贸n. Dios 芦quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad禄 (1 Tim 2,4), y la verdad no es otra que Jesucristo, Hijo eterno del Padre, quien reconcili贸 consigo todas las cosas con la fuerza de su Cruz. Fieles a la voluntad del Se帽or, tal como se expresa en este pasaje de la Primera Carta de San Pablo a Timoteo, reconocemos que la Iglesia est谩 llamada a ser inclusiva, pero nunca a expensas de la verdad cristiana. En esto radica el dilema que afrontan cuantos est谩n sinceramente comprometidos con el camino ecum茅nico.

En la figura de John Henry Newman, que ser谩 beatificado el domingo, celebramos a un pastor, cuya visi贸n eclesial creci贸 con su formaci贸n anglicana y madur贸 durante sus muchos a帽os como ministro ordenado en la Iglesia de Inglaterra. 脡l nos ense帽a las virtudes que exige el ecumenismo: por un lado, segu铆a su conciencia, aun con gran sacrificio personal; y por otro, el calor de su constante amistad con sus antiguos compa帽eros le condujo a investigar con ellos, con un esp铆ritu verdaderamente conciliador, las cuestiones sobre las que difer铆an, impulsado por un profundo anhelo de unidad en la fe.

Vuestra Gracia, con ese mismo esp铆ritu de amistad, renovemos nuestra determinaci贸n de buscar la unidad en la fe, la esperanza y la caridad, de acuerdo con la voluntad de Jesucristo, nuestro 煤nico Se帽or y Salvador.

Con estos sentimientos, me despido de vosotros. Que la gracia del Se帽or Jesucristo, el amor de Dios y la comuni贸n del Esp铆ritu Santo est茅n con todos vosotros (cf. 2 Co 13,13).

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