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S.S. Benedicto XVI, Saludo del Santo Padre a los alumnos durante la celebración de la educación católica
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Saludo del Santo Padre a los alumnos durante la celebración de la educación católica

Viaje Apostólico al Reino Unido (16 - 19 de setiembre de 2010)

Colegio Universitario Santa María de Twickenham (London Borough of Richmond)

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Queridos jóvenes:

Quiero manifestaros ante todo mi alegr√≠a por estar con vosotros hoy aqu√≠. Os saludo con cari√Īo a todos los que hab√©is venido a la Universidad de Saint Mary desde las diversas escuelas y facultades cat√≥licas de todo el Reino Unido, y a los que segu√≠s este encuentro a trav√©s de la televisi√≥n o internet. Agradezco al Obispo McMahon su amable bienvenida. Doy las gracias tambi√©n al coro y a la orquesta por la preciosa m√ļsica que ha dado comienzo a nuestra celebraci√≥n, e igualmente deseo expresar mi gratitud a la Se√Īorita Bellot y Elaine por las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos los j√≥venes aqu√≠ presentes. Con vistas a los pr√≥ximos Juegos Ol√≠mpicos en Londres, me ha sido grato inaugurar esta fundaci√≥n deportiva, llamada as√≠ en honor del Papa Juan Pablo II, y rezo para que cuantos vengan aqu√≠ den gloria a Dios con sus actividades deportivas y disfruten ellos mismos y los dem√°s.

No es frecuente que un Papa u otra persona tenga la posibilidad de hablar a la vez a los alumnos de todas las escuelas cat√≥licas de Inglaterra, Gales y Escocia. Y como tengo esta oportunidad, hay algo que deseo enormemente deciros. Espero que, entre quienes me escuch√°is hoy, est√© alguno de los futuros santos del siglo XXI. Lo que Dios desea m√°s de cada uno de vosotros es que se√°is santos. √Čl os ama mucho m√°s de lo jam√°s podr√≠ais imaginar y quiere lo mejor para vosotros. Y, sin duda, lo mejor para vosotros es que crezc√°is en santidad.

Quiz√°s alguno de vosotros nunca antes pens√≥ esto. Quiz√°s, alguno opina que la santidad no es para √©l. Dejad que me explique. Cuando somos j√≥venes, solemos pensar en personas a las que respetamos, admiramos y como las que nos gustar√≠a ser. Puede que sea alguien que encontramos en nuestra vida diaria y a quien tenemos una gran estima. O puede que sea alguien famoso. Vivimos en una cultura de la fama, y a menudo se alienta a los j√≥venes a modelarse seg√ļn las figuras del mundo del deporte o del entretenimiento. Os pregunto: ¬ŅCu√°les son las cualidades que veis en otros y que m√°s os gustar√≠an para vosotros? ¬ŅQu√© tipo de persona os gustar√≠a ser de verdad?

Cuando os invito a ser santos, os pido que no os conform√©is con ser de segunda fila. Os pido que no persig√°is una meta limitada y que ignor√©is las dem√°s. Tener dinero posibilita ser generoso y hacer el bien en el mundo, pero, por s√≠ mismo, no es suficiente para haceros felices. Estar altamente cualificado en determinada actividad o profesi√≥n es bueno, pero esto no os llenar√° de satisfacci√≥n a menos que aspiremos a algo m√°s grande a√ļn. Llegar a la fama, no nos hace felices. La felicidad es algo que todos quieren, pero una de las mayores tragedias de este mundo es que much√≠sima gente jam√°s la encuentra, porque la busca en los lugares equivocados. La clave para esto es muy sencilla: la verdadera felicidad se encuentra en Dios. Necesitamos tener el valor de poner nuestras esperanzas m√°s profundas solamente en Dios, no en el dinero, la carrera, el √©xito mundano o en nuestras relaciones personales, sino en Dios. S√≥lo √©l puede satisfacer las necesidades m√°s profundas de nuestro coraz√≥n.

Dios no solamente nos ama con una profundidad e intensidad que dif√≠cilmente podremos llegar a comprender, sino que, adem√°s, nos invita a responder a su amor. Todos sab√©is lo que sucede cuando encontr√°is a alguien interesante y atractivo, y quer√©is ser amigo suyo. Siempre esper√°is resultar interesantes y atractivos, y que deseen ser vuestros amigos. Dios quiere vuestra amistad. Y cuando comenz√°is a ser amigos de Dios, todo en la vida empieza a cambiar. A medida que lo vais conociendo mejor, percib√≠s el deseo de reflejar algo de su infinita bondad en vuestra propia vida. Os atrae la pr√°ctica de las virtudes. Comenz√°is a ver la avaricia y el ego√≠smo y tantos otros pecados como lo que realmente son, tendencias destructivas y peligrosas que causan profundo sufrimiento y un gran da√Īo, y dese√°is evitar caer en esas trampas. Empez√°is a sentir compasi√≥n por la gente con dificultades y ansi√°is hacer algo por ayudarles. Quer√©is prestar ayuda a los pobres y hambrientos, consolar a los tristes, dese√°is ser amables y generosos. Cuando todo esto comience a sucederos, est√°is en camino hacia la santidad.

En vuestras escuelas cat√≥licas, hay cada vez m√°s iniciativas, adem√°s de las materias concretas que estudi√°is y de las diferentes habilidades que aprend√©is. Todo el trabajo que realiz√°is se sit√ļa en un contexto de crecimiento en la amistad con Dios y todo ello debe surgir de esta amistad. Aprend√©is a ser no s√≥lo buenos estudiantes, sino buenos ciudadanos, buenas personas. A medida que avanz√°is en los diferentes cursos escolares, deb√©is ir tomando decisiones sobre las materias que vais a estudiar, comenzando a especializaros de cara a lo que m√°s tarde vais a hacer en la vida. Esto es justo y conveniente. Pero recordad siempre que cuando estudi√°is una materia, es parte de un horizonte mayor. No os content√©is con ser mediocres. El mundo necesita buenos cient√≠ficos, pero una perspectiva cient√≠fica se vuelve peligrosa si ignora la dimensi√≥n religiosa y √©tica de la vida, de la misma manera que la religi√≥n se convierte en limitada si rechaza la leg√≠tima contribuci√≥n de la ciencia en nuestra comprensi√≥n del mundo. Necesitamos buenos historiadores, fil√≥sofos y economistas, pero si su aportaci√≥n a la vida humana, dentro de su √°mbito particular, se enfoca de manera demasiado reducida, pueden llevarnos por mal camino.

Una buena escuela educa integralmente a la persona en su totalidad. Y una buena escuela cat√≥lica, adem√°s de este aspecto, deber√≠a ayudar a todos sus alumnos a ser santos. S√© que hay muchos no-cat√≥licos estudiando en las escuelas cat√≥licas de Gran Breta√Īa, y deseo incluiros a todos vosotros en mi mensaje de hoy. Rezo para que tambi√©n vosotros os sint√°is movidos a la pr√°ctica de la virtud y crezc√°is en el conocimiento y en la amistad con Dios junto a vuestros compa√Īeros cat√≥licos. Sois para ellos un signo que les recuerda ese horizonte mayor, que est√° fuera de la escuela, y de hecho, es bueno que el respeto y la amistad entre miembros de diversas tradiciones religiosas forme parte de las virtudes que se aprenden en una escuela cat√≥lica. Igualmente, conf√≠o en que quer√°is compartir con otros los valores e ideas aprendidos gracias a la educaci√≥n cristiana que hab√©is recibido.

Queridos amigos, os agradezco vuestra atención; os prometo que rezaré por vosotros, y os pido que recéis por mí. Espero veros a muchos de vosotros el próximo agosto, en la Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid. Mientras tanto, que Dios os bendiga.

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