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S.S. Benedicto XVI, Discurso del Santo Padre durante el encuentro con la comunidad cat贸lica de Chipre en el Colegio Maronita (Nicosia)
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Discurso del Santo Padre durante el encuentro con la comunidad cat贸lica de Chipre en el Colegio Maronita (Nicosia)

Viaje Apost贸lico a Chipre (4 鈥� 6 de junio de 2010)

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Es para m铆 una gran alegr铆a estar con vosotros, representantes de la comunidad cat贸lica de Chipre.

Agradezco al Arzobispo Soueif sus amables palabras de bienvenida en nombre de todos vosotros y, de modo particular, agradezco a los ni帽os su preciosa representaci贸n. Saludo a Su Beatitud el Patriarca Fouad Twal, y tambi茅n, en la persona de Padre Pizzaballa, aqu铆 presente, expreso mi reconocimiento a la labor grande y paciente de la Custodia Franciscana de Tierra Santa.

En esta ocasi贸n hist贸rica de la primera visita del Obispo de Roma a Chipre, vengo para confirmaros en la fe en Jesucristo y para animaros a permanecer fieles a la tradici贸n apost贸lica, con un solo coraz贸n y una sola alma (cf. Hch 4, 32). Como Sucesor de Pedro, me encuentro entre vosotros para aseguraros mi apoyo, mi oraci贸n afectuosa y mi aliento.

Acabamos de escuchar en el Evangelio de Juan c贸mo algunos griegos, que hab铆an o铆do hablar de las grandes obras que Jes煤s hab铆a realizado, se acercaron al Ap贸stol Felipe y le dijeron: 鈥淨uisi茅ramos ver a Jes煤s鈥� (cf. Jn 12, 21). Estas palabras llegan hasta lo m谩s profundo de nuestro coraz贸n. Como los hombres y mujeres del Evangelio, tambi茅n nosotros queremos ver a Jes煤s, conocerlo, amarlo y servirlo con 鈥渦n solo coraz贸n y una sola alma鈥� (cf. Hch 4, 32).

Adem谩s, al igual que en el Evangelio de hoy la voz venida del cielo da testimonio de la gloria del nombre de Dios, tambi茅n la Iglesia proclama su nombre, no s贸lo en beneficio propio, sino en favor de toda la humanidad (cf. Jn 12, 30). Tambi茅n vosotros, que segu铆s a Cristo hoy, est谩is llamados a vivir vuestra fe en el mundo promoviendo, de palabra y de obra, los valores del Evangelio, que os han entregado generaciones de cristianos chipriotas. Estos valores, profundamente enraizados en vuestra cultura as铆 como en el patrimonio de la Iglesia universal, deben seguir inspirando vuestros esfuerzos por la paz, la justicia y el respeto de la vida humana y la dignidad de vuestros conciudadanos. De esta manera, vuestra fidelidad al Evangelio redundar谩 en favor de toda la sociedad chipriota.

Queridos hermanos y hermanas, dada vuestra particular situaci贸n, me gustar铆a destacar una parte esencial de la vida y misi贸n de nuestra Iglesia, me refiero a la b煤squeda de una mayor unidad en la caridad con los dem谩s cristianos y al di谩logo con los no cristianos. Desde el Concilio Vaticano II especialmente, la Iglesia se ha comprometido a avanzar en el camino de un entendimiento cada vez mayor con nuestros hermanos cristianos para fortalecer los lazos de amor y respeto entre todos los bautizados. Teniendo en cuenta vuestras circunstancias, est谩is en condiciones de contribuir de un modo concreto en vuestra vida diaria a la mayor unidad de los cristianos. Os animo a que lo hag谩is, con la confianza de que el Esp铆ritu del Se帽or, que ha pedido que sus disc铆pulos sean uno (cf. Jn 17, 21), estar谩 a vuestro lado en esta importante tarea.

Todav铆a hay mucho que hacer, en todas las partes del mundo, en el di谩logo interreligioso. En este 谩mbito, los cat贸licos de Chipre se encuentran frecuentemente con oportunidades para una adecuada y prudente actuaci贸n. S贸lo una labor paciente puede edificar la confianza mutua, superar el peso de la historia y convertir las diferencias pol铆ticas y culturales entre los pueblos en motivo para procurar un mayor entendimiento. Os exhorto encarecidamente a intentar crear esa confianza mutua entre cristianos y no cristianos, como fundamento para construir una paz y concordia duradera entre pueblos con diferencias religiosas, pol铆ticas y culturales.

Queridos amigos, me gustar铆a que no perdieseis nunca de vista la profunda comuni贸n que os une entre vosotros y a la Iglesia cat贸lica extendida por toda la tierra. Y por lo que se refiere a las necesidades m谩s inmediatas de la Iglesia, os animo a pedir y a promover las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. En este A帽o Sacerdotal que est谩 a punto de terminar, la Iglesia se ha concienciado nuevamente de la necesidad de sacerdotes buenos, santos y bien preparados. Necesita religiosos y religiosas completamente comprometidos con Cristo y con la propagaci贸n del reino de Dios en la tierra. Nuestro Se帽or ha prometido que los que den su vida como 脡l lo hizo, la guardar谩n para la vida eterna (cf. Jn 12, 25). Pido a los padres que consideren esta promesa y animen a sus hijos a responder generosamente a la llamada del Se帽or. Exhorto a los pastores a que se preocupen de los j贸venes, de sus deseos y aspiraciones, y a que los formen en una fe plena.

Permitidme que en este colegio cat贸lico dirija unas palabras a todos los que trabajan en las escuelas cat贸licas de la isla, especialmente a los maestros. Vuestro trabajo forma parte de una larga y valiosa tradici贸n de la Iglesia cat贸lica en Chipre. Continuad pacientemente al servicio de toda la comunidad, esforz谩ndoos por conseguir una educaci贸n excelente. Que el Se帽or os bendiga abundantemente ya que ten茅is confiada la sagrada tarea de la formaci贸n de vuestros hijos, que son el don m谩s precioso que Dios todopoderoso os ha dado.

Y ahora me dirijo especialmente a vosotros, queridos j贸venes de Chipre. 隆Sed fuertes en la fe, alegres en el servicio de Dios y generosos con vuestro tiempo y vuestros talentos! Ayudad a construir un futuro mejor para la Iglesia y para vuestro pa铆s, poniendo el bien de los dem谩s por encima de vuestro propio bien.

Queridos cat贸licos de Chipre, cultivad la concordia en comuni贸n con la Iglesia universal y con el Sucesor de Pedro, y estrechad vuestros v铆nculos fraternos con los dem谩s en la fe, la esperanza y el amor.

De manera especial, deseo transmitir este mensaje a quienes han venido de Kormakiti, Asomatos, Karpasha y Agia Marina. Conozco vuestros anhelos y sufrimientos, y os pido que llev茅is mi bendici贸n, mi cercan铆a y mi afecto a los provenientes de vuestras ciudades, donde los cristianos son un pueblo de esperanza. Por mi parte, deseo fervientemente y rezo para que, contando con la buena voluntad de todos, se pueda asegurar cuanto antes una vida mejor a los habitantes de la isla.

Con estas breves palabras conf铆o a cada uno de vosotros a la protecci贸n de la Bienaventurada Virgen Mar铆a y a la intercesi贸n de los santos Pablo y Bernab茅. Que Dios os bendiga.

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