Soporte
S.S. Benedicto XVI, Homil铆a del Santo Padre durante la Concelebraci贸n Eucar铆stica en la Plaza San Carlo
Incrementar tama帽o de fuente Disminuir tama帽o de fuente
Compartir

Homil铆a del Santo Padre durante la Concelebraci贸n Eucar铆stica en la Plaza San Carlo

Queridos hermanos y hermanas:

Me alegra estar con vosotros en este d铆a de fiesta y celebrar juntos esta solemne Eucarist铆a. Saludo a cada uno de los presentes y, en particular, al pastor de vuestra archidi贸cesis, el cardenal Severino Poletto, a quien agradezco las afectuosas palabras que me ha dirigido en nombre de todos. Saludo tambi茅n a los arzobispos y a los obispos presentes, a los sacerdotes, a los religiosos y las religiosas, a los representantes de las asociaciones y de los movimientos eclesiales. Dirijo un respetuoso saludo al alcalde, Sergio Chiamparino, a quien agradezco sus amables palabras; al representante del Gobierno y a las autoridades civiles y militares, con un agradecimiento especial a quienes han colaborado generosamente en la realizaci贸n de mi visita pastoral. Mi saludo se extiende tambi茅n a quienes no han podido estar presentes, especialmente a los enfermos, a las personas solas y a quienes pasan por dificultades. Encomiendo al Se帽or la ciudad de Tur铆n y sus habitantes en esta celebraci贸n eucar铆stica que, como cada domingo, nos invita a participar de modo comunitario en la mesa de la Palabra de verdad y del Pan de vida eterna.

Estamos en el tiempo pascual, que es el tiempo de la glorificaci贸n de Jes煤s. El Evangelio que acabamos de escuchar nos recuerda que esta glorificaci贸n se realiz贸 mediante la pasi贸n. En el misterio pascual pasi贸n y glorificaci贸n est谩n estrechamente vinculadas entre s铆, forman una unidad inseparable. Jes煤s afirma: 芦Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en 茅l禄 (Jn 13, 31) y lo hace cuando Judas sale del Cen谩culo para cumplir su plan de traici贸n, que llevar谩 al Maestro a la muerte: precisamente en ese momento comienza la glorificaci贸n de Jes煤s. El evangelista San Juan lo da a entender claramente: de hecho, no dice que Jes煤s fue glorificado s贸lo despu茅s de su pasi贸n, por medio de la resurrecci贸n, sino que muestra que su glorificaci贸n comenz贸 precisamente con la pasi贸n. En ella Jes煤s manifiesta su gloria, que es gloria del amor, que entrega toda su persona. 脡l am贸 al Padre, cumpliendo su voluntad hasta el final, con una entrega perfecta; am贸 a la humanidad dando su vida por nosotros. As铆, ya en su pasi贸n es glorificado, y Dios es glorificado en 茅l. Pero la pasi贸n 鈥攃omo expresi贸n real铆sima y profunda de su amor鈥� es s贸lo un inicio. Por esto Jes煤s afirma que su glorificaci贸n tambi茅n ser谩 futura (cf. v. 32). Despu茅s el Se帽or, en el momento de anunciar que deja este mundo (cf. v. 33), casi como testamento da a sus disc铆pulos un mandamiento para continuar de modo nuevo su presencia en medio de ellos: 芦Os doy un mandamiento nuevo: que os am茅is los unos a los otros. Como yo os he amado, as铆 amaos tambi茅n vosotros los unos a los otros禄 (v. 34). Si nos amamos los unos a los otros, Jes煤s sigue estando presente entre nosotros, y sigue siendo glorificado en el mundo.

Jes煤s habla de un 芦mandamiento nuevo禄. 驴Cu谩l es su novedad? En el Antiguo Testamento Dios ya hab铆a dado el mandato del amor; pero ahora este mandamiento es nuevo porque Jes煤s a帽ade algo muy importante: 芦Como yo os he amado, as铆 amaos tambi茅n vosotros los unos a los otros禄. Lo nuevo es precisamente este 芦amar como Jes煤s ha amado禄. Todo nuestro amar est谩 precedido por su amor y se refiere a este amor, se inserta en este amor, se realiza precisamente por este amor. El Antiguo Testamento no presentaba ning煤n modelo de amor, sino que formulaba solamente el precepto de amar. Jes煤s, en cambio, se presenta a s铆 mismo como modelo y como fuente de amor. Se trata de un amor sin l铆mites, universal, capaz de transformar tambi茅n todas las circunstancias negativas y todos los obst谩culos en ocasiones para progresar en el amor. Y en los santos de esta ciudad vemos la realizaci贸n de este amor, siempre desde la fuente del amor de Jes煤s.

En los siglos pasados la Iglesia que est谩 en Tur铆n ha conocido una rica tradici贸n de santidad y de generoso servicio a los hermanos 鈥攃omo han recordado el cardenal arzobispo y el se帽or alcalde鈥� gracias a la obra de celosos sacerdotes, religiosos y religiosas de vida activa y contemplativa, y de fieles laicos. Las palabras de Jes煤s adquieren una resonancia especial para esta Iglesia de Tur铆n, una Iglesia generosa y activa, comenzando por sus sacerdotes. Al darnos el mandamiento nuevo, Jes煤s nos pide vivir su mismo amor, vivir de su mismo amor, que es el signo verdaderamente cre铆ble, elocuente y eficaz para anunciar al mundo la venida del reino de Dios. Obviamente, s贸lo con nuestras fuerzas somos d茅biles y limitados. En nosotros permanece siempre una resistencia al amor y en nuestra existencia hay muchas dificultades que provocan divisiones, resentimientos y rencores. Pero el Se帽or nos ha prometido estar presente en nuestra vida, haci茅ndonos capaces de este amor generoso y total, que sabe vencer todos los obst谩culos, tambi茅n los que radican en nuestro coraz贸n. Si estamos unidos a Cristo, podemos amar verdaderamente de este modo. Amar a los dem谩s como Jes煤s nos ha amado s贸lo es posible con la fuerza que se nos comunica en la relaci贸n con 茅l, especialmente en la Eucarist铆a, en la que se hace presente de modo real su sacrificio de amor que genera amor: es la verdadera novedad en el mundo y la fuerza de una glorificaci贸n permanente de Dios, que se glorifica en la continuidad del amor de Jes煤s en nuestro amor.

Quiero dirigir ahora unas palabras de aliento en particular a los sacerdotes y a los di谩conos de esta Iglesia, que se dedican con generosidad al trabajo pastoral, as铆 como a los religiosos y a las religiosas. A veces, ser obreros en la vi帽a del Se帽or puede ser arduo, los compromisos se multiplican, las exigencias son muchas y no faltan los problemas: aprended a sacar diariamente de la relaci贸n de amor con Dios en la oraci贸n la fuerza para llevar el anuncio prof茅tico de salvaci贸n; volved a centrar vuestra existencia en lo esencial del Evangelio; cultivad una dimensi贸n real de comuni贸n y de fraternidad dentro del presbiterio, de vuestras comunidades, en las relaciones con el pueblo de Dios; testimoniad en el ministerio el poder del amor que viene de lo Alto, viene del Se帽or presente entre nosotros.

La primera lectura que hemos escuchado nos presenta precisamente un modo especial de glorificaci贸n de Jes煤s: el apostolado y sus frutos. Pablo y Bernab茅, al t茅rmino de su primer viaje apost贸lico, regresan a las ciudades que ya hab铆an visitado y alientan de nuevo a los disc铆pulos, exhort谩ndolos a permanecer firmes en la fe, porque, como ellos dicen, 芦es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios禄 (Hch 14, 22). La vida cristiana, queridos hermanos y hermanas, no es f谩cil; s茅 que tampoco en Tur铆n faltan dificultades, problemas, preocupaciones: pienso, en particular, en quienes viven concretamente su existencia en condiciones de precariedad, a causa de la falta de trabajo, de la incertidumbre por el futuro, del sufrimiento f铆sico y moral; pienso en las familias, en los j贸venes, en las personas ancianas que con frecuencia viven en soledad, en los marginados, en los inmigrantes. S铆, la vida lleva a afrontar muchas dificultades, muchos problemas, pero lo que permite afrontar, vivir y superar el peso de los problemas cotidianos es precisamente la certeza que nos viene de la fe, la certeza de que no estamos solos, de que Dios nos ama a cada uno sin distinci贸n y est谩 cerca de cada uno con su amor. El amor universal de Cristo resucitado fue lo que impuls贸 a los Ap贸stoles a salir de s铆 mismos, a difundir la Palabra de Dios, a dar su vida sin reservas por los dem谩s, con valent铆a, alegr铆a y serenidad. Cristo resucitado posee una fuerza de amor que supera todo l铆mite, no se detiene ante ning煤n obst谩culo. Y la comunidad cristiana, especialmente en las realidades de mayor compromiso pastoral, deber ser instrumento concreto de este amor de Dios.

Exhorto a las familias a vivir la dimensi贸n cristiana del amor en las acciones cotidianas sencillas, en las relaciones familiares, superando divisiones e incomprensiones, cultivando la fe que hace todav铆a m谩s firme la comuni贸n. Que en el rico y variado mundo de la Universidad y de la cultura tampoco falte el testimonio del amor del que nos habla el Evangelio de hoy, con la capacidad de escucha atenta y de di谩logo humilde en la b煤squeda de la Verdad, seguros de que es la Verdad misma la que nos sale al encuentro y nos aferra. Deseo tambi茅n alentar el esfuerzo, a menudo dif铆cil, de quien est谩 llamado a administrar el sector p煤blico: la colaboraci贸n para buscar el bien com煤n y hacer que la ciudad sea cada vez m谩s humana y habitable es una se帽al de que el pensamiento cristiano sobre el hombre nunca va contra su libertad, sino en favor de una mayor plenitud que s贸lo encuentra su realizaci贸n en una 芦civilizaci贸n del amor禄. A todos, en particular a los j贸venes, quiero decir que no pierdan nunca la esperanza, la que viene de Cristo resucitado, de la victoria de Dios sobre el pecado, sobre el odio y sobre la muerte.

La segunda lectura de hoy nos muestra precisamente el resultado final de la resurrecci贸n de Jes煤s: es la nueva Jerusal茅n, la ciudad santa, que desciende del cielo, de Dios, engalanada como una esposa ataviada para su esposo (cf. Ap 21, 2). Aquel que fue crucificado, que comparti贸 nuestro sufrimiento, como nos recuerda tambi茅n, de manera elocuente, la S谩bana Santa, ha resucitado y nos quiere reunir a todos en su amor. Se trata de una esperanza estupenda, 芦fuerte禄, s贸lida, porque, como dice el libro del Apocalipsis: 芦(Dios) enjugar谩 toda l谩grima de sus ojos, y no habr谩 ya muerte ni habr谩 llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado禄 (Ap 21, 4). 驴Acaso la S谩bana Santa no comunica el mismo mensaje? En ella vemos reflejados como en un espejo nuestros padecimientos en los sufrimientos de Cristo: 芦Passio Christi. Passio hominis禄. Precisamente por esto la S谩bana Santa es un signo de esperanza: Cristo afront贸 la cruz para atajar el mal; para hacernos entrever, en su Pascua, la anticipaci贸n del momento en que para nosotros enjugar谩 toda l谩grima y ya no habr谩 muerte, ni llanto, ni gritos ni fatigas.

El pasaje del Apocalipsis termina con la afirmaci贸n: 芦Dijo el que est谩 sentado en el trono: 鈥淢ira que hago un mundo nuevo鈥澛� (Ap 21, 5). Lo primero absolutamente nuevo realizado por Dios fue la resurrecci贸n de Jes煤s, su glorificaci贸n celestial, la cual es el inicio de toda una serie de 芦cosas nuevas禄, a las que pertenecemos tambi茅n nosotros. 芦Cosas nuevas禄 son un mundo lleno de alegr铆a, en el que ya no hay sufrimientos ni vejaciones, ya no hay rencor ni odio, sino s贸lo el amor que viene de Dios y que lo transforma todo.

Querida Iglesia que est谩 en Tur铆n, he venido entre vosotros para confirmaros en la fe. Deseo exhortaros, con fuerza y con afecto, a permanecer firmes en la fe que hab茅is recibido, que da sentido a la vida, que da fuerza para amar; a no perder nunca la luz de la esperanza en Cristo resucitado, que es capaz de transformar la realidad y hacer nuevas todas las cosas; a vivir de modo sencillo y concreto el amor de Dios en la ciudad, en los barrios, en las comunidades, en las familias: 芦Como yo os he amado, as铆 amaos los unos a los otros禄.

Consultas

© Copyright 2013. BIBLIOTECA ELECTR脫NICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS鈩�. La versi贸n electr贸nica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- est谩 protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par谩metros para su uso. Hecho el dep贸sito legal.


Dise帽o web :: Hosting Cat贸lico