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Rvdo. P. J√ľrgen Daum, Domingo de Ramos (Ciclo C). ¬ę¬°Hosanna!... ¬°Crucif√≠calo!¬Ľ
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Domingo de Ramos. ¬ę¬°Hosanna!... ¬°Crucif√≠calo!¬Ľ

I. LA PALABRA DE DIOS

Procesi√≥n de Ramos: Lc 19, 28-40: ‚Äú¬°Bendito el que viene en nombre del Se√Īor!‚ÄĚ

En aquel tiempo Jes√ļs acompa√Īado de sus disc√≠pulos caminaba adelante, subiendo a Jerusal√©n.

Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles:

¬ęVayan al pueblo que est√° enfrente; al entrar, encontrar√°n un burrito atado, que nadie ha montado todav√≠a. Des√°tenlo y tr√°iganlo. Y si alguien les pregunta: ‚Äú¬ŅPor qu√© lo desatan?‚ÄĚ, cont√©stenle: ‚ÄúEl Se√Īor lo necesita‚Ä̬Ľ.

Ellos fueron y lo encontraron como les hab√≠a dicho. Mientras desataban el burrito, los due√Īos les preguntaron:

¬ę¬ŅPor qu√© lo desatan?¬Ľ

Ellos contestaron:

¬ęEl Se√Īor lo necesita¬Ľ.

Luego llevaron el burrito adonde estaba Jes√ļs y, poniendo sobre √©l sus mantos, le ayudaron a montar.

Seg√ļn iba avanzando, la gente alfombraba el camino con los mantos.

Y, cuando se acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos, por todos los milagros que habían visto, diciendo:

¬ę¬°Bendito el que viene como rey, en nombre del Se√Īor! Paz en el cielo y gloria en las alturas¬Ľ.

Algunos fariseos que se encontraban entre la multitud le dijeron:

¬ęMaestro, reprende a tus disc√≠pulos¬Ľ.

√Čl replic√≥:

¬ęLes aseguro que, si √©stos callan, gritar√°n las piedras¬Ľ.

Is 50, 4-7: ‚ÄúYo no me resist√≠, ni me ech√© atr√°s‚ÄĚ

Mi Se√Īor me ha dado una lengua de disc√≠pulo, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada ma√Īana me despierta el o√≠do, para que escuche como los disc√≠pulos.

El Se√Īor me abri√≥ el o√≠do. Y yo no me resist√≠ ni me ech√© atr√°s: ofrec√≠ la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que tiraban mi barba; no me tap√© el rostro ante ultrajes ni salivazos.

El Se√Īor me ayuda, por eso no sent√≠a los ultrajes; por eso endurec√≠ el rostro como roca, sabiendo que no quedar√≠a defraudado.

Sal 21, 8-9.17-20.23-24: ‚ÄúDios m√≠o, Dios m√≠o, ¬Ņpor qu√© me has abandonado?‚ÄĚ

Al verme, se burlan de mí,
hacen muecas, menean la cabeza:
¬ęAcudi√≥ al Se√Īor, que lo ponga a salvo;
que lo libre, si tanto lo quiere¬Ľ.

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos.

Se reparten mi ropa,
echan a suertes mi t√ļnica.
Pero t√ļ, Se√Īor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Se√Īor, al√°benlo;
linaje de Jacob, glorifíquenlo;
témanlo, linaje de Israel.

Flp 2, 6-11: ‚ÄúSe rebaj√≥ a s√≠ mismo; por eso Dios lo levant√≥ sobre todo‚ÄĚ

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levant√≥ sobre todo y le concedi√≥ el ¬ęNombre-sobre-todo-nombre¬Ľ; de modo que al nombre de Jes√ļs toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Se√Īor, para gloria de Dios Padre.

Lc 22,14 - 23,56: Pasi√≥n del Se√Īor Jesucristo seg√ļn San Lucas (Por la extensi√≥n del pasaje, no lo publicamos ac√°)

II. APUNTES

Se acercaba ya la celebraci√≥n anual de la Pascua jud√≠a y Jes√ļs, como todos los a√Īos (ver Lc 2,41), junto con sus Ap√≥stoles y disc√≠pulos se dirige a Jerusal√©n para celebrar all√≠ la fiesta.

Mientras se encuentra de camino el Se√Īor recibe un mensaje apremiante de parte de Marta y Mar√≠a, hermanas de L√°zaro: ¬ęSe√Īor, aquel a quien t√ļ quieres, est√° enfermo¬Ľ (Jn 11,3). Imploraban al Se√Īor que fuera a Betania lo m√°s pronto posible para curar a su hermano, que se encontraba en peligro de muerte. El Se√Īor, en vez de apresurarse, espera unos d√≠as m√°s aduciendo que la enfermedad de su amigo ¬ęno es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella¬Ľ (Jn 11,4). Terminada la espera, se dirige finalmente a Betania, donde realiza un milagro que rebasa el l√≠mite de todo lo que un profeta habr√≠a podido hacer: devolverle la vida a un cad√°ver que yac√≠a ya cuatro d√≠as en el sepulcro, y por tanto se encontraba en un estado avanzado de descomposici√≥n (ver Jn 11,39-40).

El desconcierto inicial daba lugar a la intensa euforia al ver a L√°zaro salir vivo de la tumba. Tan impactante y asombroso fue este milagro que muchos ¬ęviendo lo que hab√≠a hecho, creyeron en √Čl¬Ľ (Jn 11,45). La espectacular noticia se difundi√≥ r√°pidamente por los alrededores, de modo que muchos acudieron a Betania a ver a Jes√ļs y a L√°zaro. ¬ŅNo era suficiente ese signo para acreditarlo ante los fariseos y sumos sacerdotes como el Mes√≠as esperado? No es dif√≠cil imaginar el estado de exaltaci√≥n en el que se encontrar√≠an los Ap√≥stoles y disc√≠pulos al ver actuar a su Maestro con tal poder. Sin duda pensaban que al fin se acercaba ya la hora de su gloriosa y poderosa manifestaci√≥n a Israel, la hora en que liberar√≠a a Israel de la opresi√≥n de sus enemigos e instaurar√≠a al fin el anhelado Reino de los Cielos en la tierra.

Al llegar la espectacular noticia a los o√≠dos de los fariseos en Jerusal√©n, √©stos se reunieron en consejo y se preguntaban: ¬ę¬ŅQu√© hacemos? Porque este hombre realiza muchas se√Īales. Si le dejamos que siga as√≠, todos creer√°n en √Čl y vendr√°n los romanos y destruir√°n nuestro Lugar Santo y nuestra naci√≥n¬Ľ (Jn 11,47-48). Al parecer, m√°s que la posible destrucci√≥n del Lugar Santo, les interesaba no perder su propio prestigio y poder ante el pueblo. Es entonces cuando ¬ędecidieron darle muerte¬Ľ (Jn 11,53). Y como gran n√ļmero de jud√≠os al enterarse de lo sucedido acud√≠an a Betania no s√≥lo a ver a Jes√ļs sino tambi√©n a L√°zaro (ver Jn 12,9), los sumos sacerdotes decidieron darle muerte tambi√©n a √©l, ¬ęporque a causa de √©l muchos jud√≠os se les iban y cre√≠an en Jes√ļs¬Ľ (Jn 12,11). Impresiona la cerraz√≥n, la ambici√≥n y la ceguera de aquellos fariseos y sumos sacerdotes: mientras muchos por la evidencia de los hechos se abr√≠an a la fe, √©stos no hac√≠an sino endurecer m√°s el coraz√≥n y negar la evidencia de los signos que se√Īalaban a Jes√ļs como el Mes√≠as.

Hasta ese momento el Se√Īor hab√≠a insistido que a nadie dijeran que √Čl era el Mes√≠as (ver Lc 8,56; 9,20-21). Mas ahora, sabiendo que pronto iba a ser ‚Äúglorificado‚ÄĚ (ver Jn 11,4), es decir, que se acercaba ya la hora de su Pasi√≥n, Muerte y Resurrecci√≥n, cerca ya de Jerusal√©n y acompa√Īado por la enfervorizada multitud da instrucciones a sus disc√≠pulos y organiza su entrada mesi√°nica a la Ciudad Santa: el Mes√≠as, como hab√≠a sido anunciado por los profetas, entrar√≠a a Jerusal√©n montado sobre un pollino, un joven burro que a√ļn no hab√≠a sido montado por nadie: ¬ęDecid a la hija de Si√≥n: He aqu√≠ que tu Rey viene a ti, manso y montado en un asna y un pollino, hijo de animal de yugo¬Ľ (Mt 21,5; ver Is 62,11; Zac 9,9-10).

No era raro que en aquel entonces personas importantes usaran un borrico para transportarse (ver N√ļm 22,21ss). El Se√Īor pide un borrico que nadie ha montado a√ļn, y es que los jud√≠os pensaban que un animal ya empleado en usos profanos era menos id√≥neo para usos religiosos (ver N√ļm 19,2; Dt 15,19; 21,3; 1Sam 6,7). S√≥lo un pollino que no hubiese sido montado a√ļn era lo propio para transportar al mismo Mes√≠as enviado por Dios.

El mensaje que daba el Se√Īor era muy claro: √Čl era el Rey de la descendencia de David, el Mes√≠as que deb√≠a salvar a su pueblo. En √Čl finalmente se cumpl√≠an las promesas divinas.

El mensaje lo comprendi√≥ perfectamente la enfervorizada multitud de disc√≠pulos y admiradores que lo acompa√Īaban, de modo que mientras que el Se√Īor Jes√ļs avanzaba hacia Jerusal√©n montado sobre aquel pollino algunos tend√≠an sus mantos en el suelo para que pasase sobre ellos como sobre alfombras, mientras muchos otros acompa√Īaban la jubilosa procesi√≥n agitando alegremente ramos de palma, signo popular de victoria y triunfo. Con estos gestos la enfervorizada multitud expresaba su reconocimiento de que Jes√ļs era el Mes√≠as que traer√≠a la victoria a su pueblo.

Durante la marcha, encendidos por el entusiasmo y la algarab√≠a, todos gritaban una y otra vez: ¬ę¬°Hosanna! ¬°Bendito el que viene en nombre del Se√Īor! ¬°Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! ¬°Hosanna en las alturas!¬Ľ (Mc 11,9-10). Los t√©rminos empleados son t√≠picos. Al decir el que viene en nombre del Se√Īor hac√≠an referencia al Mes√≠as, y al decir el reino que viene‚Ķ de David se refer√≠an al reino mesi√°nico inaugurado por el Mes√≠as, el hijo de David.

Mas ellos pensaban en un reino mundano, en una victoria pol√≠tica, en un triunfo militar garantizado por una gloriosa intervenci√≥n divina. Ciertamente el Se√Īor se aprestaba a manifestar su gloria y ciertamente se dispon√≠a a liberar a su pueblo, pero de otra opresi√≥n: la del pecado y de la muerte. La hora de la manifestaci√≥n de su gloria no ser√≠a otra que la de su Pasi√≥n y su elevaci√≥n en la Cruz (Evangelio).

Conociendo su doloroso destino, anunciado ya anticipadamente a sus disc√≠pulos en repetidas oportunidades (ver Mt 16,21; Lc 9,22), √Čl no se resiste ni se echa atr√°s (ver primera lectura). Confiado en Dios, √Čl se ofrecer√° a s√≠ mismo, soportar√° el oprobio y la afrenta para la reconciliaci√≥n de toda la humanidad.

Dios exalt√≥ y glorific√≥ al Hijo que siendo de condici√≥n divina se rebaj√≥ a s√≠ mismo ¬ęhasta la muerte y muerte de Cruz¬Ľ (ver la segunda lectura). Ante √Čl toda rodilla ha de doblarse y toda lengua ha de confesar que √Čl ¬ęes SE√ĎOR para gloria de Dios Padre¬Ľ.

III. LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA

La liturgia del Domingo de Ramos nos introduce ya en la Semana Santa. Asocia dos momentos radicalmente contrapuestos, separados tan s√≥lo por pocos d√≠as de diferencia: la acogida gloriosa de Jes√ļs en Jerusal√©n y su implacable ajusticiamiento en el G√≥lgota, el ‚Äúhosanna‚ÄĚ desbordante de fervor y el despiadado ‚Äú¬°crucif√≠calo!‚ÄĚ.

Nos preguntamos sorprendidos: ¬ŅQu√© pas√≥ en tan breve lapso de tiempo? ¬ŅPor qu√© este cambio radical de actitud? ¬ŅC√≥mo es posible que los gritos jubilosos de ‚Äúhosanna‚ÄĚ (es decir: ‚Äús√°lvanos‚ÄĚ) y ‚Äúbendito el que viene‚ÄĚ con que reconoc√≠an y acog√≠an al Mes√≠as-Hijo de David se trocasen tan pronto en insultos, burlas, golpes, interminables latigazos y en un definitivo desprecio y rechazo: ‚Äú¬°A √©se no! ¬°A Barrab√°s!... a √©se ¬°crucif√≠calo, crucif√≠calo!‚ÄĚ?

Una explicaci√≥n sin duda es la manipulaci√≥n a la que es sometida la muchedumbre. Como sucede tambi√©n en nuestros d√≠as, quien carece de sentido cr√≠tico tiende a plegarse a la ‚Äúopini√≥n p√ļblica‚ÄĚ, a ‚Äúlo que dicen los dem√°s‚ÄĚ, dej√°ndose arrastrar f√°cilmente en sus opiniones y acciones por lo que ‚Äúla mayor√≠a‚ÄĚ piensa, dice o hace. ¬ŅNo hacen lo mismo hoy muchos enemigos de la Iglesia que hallando eco en los poderosos medios de comunicaci√≥n social presentan ‚Äúla verdad sobre Jes√ļs‚ÄĚ para que muchos hijos de la Iglesia griten nuevamente: ‚Äúcrucif√≠quenlo‚ÄĚ y ‚Äúcrucifiquen a su Iglesia‚ÄĚ? Como en aquel tiempo, tambi√©n hoy la ‚Äúopini√≥n p√ļblica‚ÄĚ es manipulada h√°bilmente por un peque√Īo grupo de poder que quiere quitar a Cristo de en medio (ver Lc 19,47; Jn 5,18; 7,1; Hech 9,23).

Pero la asombrosa facilidad para cambiar de actitud tan radicalmente con respecto al Se√Īor Jes√ļs no debe hacernos pensar tanto en ‚Äúlos dem√°s‚ÄĚ, o se√Īalar a ciertos grupos de poder para sentirnos exculpados, sino que debe hacernos reflexionar humildemente en nuestra propia volubilidad e inconsistencia. ¬ŅCu√°ntas veces arrepentidos, emocionados, tocados profundamente por un encuentro con el Se√Īor, convencidos de que Cristo es la respuesta a todas nuestras b√ļsquedas de felicidad, de que √Čl es EL SE√ĎOR, le abrimos las puertas de nuestra mente y de nuestro coraz√≥n, lo acogimos con alegr√≠a y entusiasmo, con palmas y v√≠tores, pero pocos d√≠as despu√©s lo expulsamos y gritamos ‚Äú¬°crucif√≠cale!‚ÄĚ con nuestras acciones y opciones opuestas a sus ense√Īanzas? ¬ŅCu√°ntas veces preferimos al ‚ÄúBarrab√°s‚ÄĚ de nuestros propios vicios y pecados?

¬°Tambi√©n yo me dejo manipular tan f√°cilmente por las voces seductoras de un mundo que odia a Cristo y busca arrancar toda ra√≠z cristiana de nuestros pueblos y culturas forjados al calor de la fe! ¬°Tambi√©n yo me dejo influenciar tan f√°cilmente por las voces enga√Īosas de mis propias concupiscencias e inclinaciones al mal! ¬°Tambi√©n yo me dejo seducir tan f√°cilmente por las voces sutiles y halagadoras del Maligno que con sus astutas ilusiones me promete la felicidad que anhelo vivamente si a cambio le ofrendo mi vida a los dioses del poder, del placer o del tener! Y as√≠, ¬°cu√°ntas veces, aunque cristiano de nombre, grito con mi pecado: ‚Äú¬°A √©se NO! ¬°Elijo a Barrab√°s! ¬°A ese s√°calo de mi vida! ¬°A √©se CRUCIF√ćCALO!‚ÄĚ!

¬°Qu√© importante es aprender a ser fieles hasta en los m√°s peque√Īos detalles de nuestra vida, para no crucificar nuevamente a Cristo con nuestras obras! ¬°Qu√© importante es ser fieles, siempre fieles! ¬°Qu√© importante es desenmascarar, resistir y rechazar aquellas voces que sutil y h√°bilmente quieren ponernos en contra de Jes√ļs, para en cambio construir nuestra fidelidad al Se√Īor d√≠a a d√≠a con las peque√Īas opciones por √Čl! ¬°Qu√© importante es fortalecer nuestra amistad con √Čl mediante la oraci√≥n diaria y perseverante! De lo contrario, en el momento de la prueba o de la tentaci√≥n, en el momento en que escuchemos las ‚Äúvoces‚ÄĚ interiores o exteriores que nos inviten a eliminar al Se√Īor Jes√ļs de nuestras vidas, descubriremos c√≥mo nuestro ‚Äúhosanna‚ÄĚ inicial se convertir√° en un traicionero ‚Äúcrucif√≠calo‚ÄĚ.

¬ŅQu√© elijo yo? ¬ŅSer fiel al Se√Īor hasta la muerte? ¬ŅO, cobarde como tantos, me conformo con se√Īalar siempre como una veleta en la direcci√≥n en la que soplan los vientos de este mundo que aborrece a Cristo, que aborrece a su Iglesia y a todos aquellos que son de Cristo?

IV. PADRES DE LA IGLESIA

San Andr√©s de Creta: ¬ęVenid subamos juntos al monte de los Olivos y salgamos al encuentro de Cristo, que vuelve hoy desde Betania, y que se encamina por su propia voluntad hacia aquella venerable y bienaventurada Pasi√≥n, para llevar a t√©rmino el misterio de nuestra salvaci√≥n. Viene, en efecto, voluntariamente hacia Jerusal√©n, el mismo que, por amor a nosotros, baj√≥ del Cielo para exaltarnos con √Čl, como dice la Escritura, por encima de todo principado, potestad, virtud y dominaci√≥n, y de todo ser que exista, a nosotros que yac√≠amos postrados. √Čl viene, pero no como quien toma posesi√≥n de su gloria, con fasto y ostentaci√≥n. No gritar√° ‚ÄĒdice la Escritura‚ÄĒ, no clamar√°, no vocear√° por las calles, sino que ser√° manso y humilde, con apariencia insignificante, aunque le ha sido preparada una entrada suntuosa. Corramos, pues, con √Čl que se dirige con presteza a la Pasi√≥n, e imitemos a los que sal√≠an a su encuentro¬Ľ.

San Ambrosio: ¬ęComo las multitudes ya conoc√≠an al Se√Īor, le llaman rey, repiten las palabras de las profec√≠as, y dicen que ha venido el hijo de David, seg√ļn la carne, tanto tiempo esperado¬Ľ.

San Beda: ¬ęNo se dice que el Salvador sea rey que viene a exigir tributos, ni a armar ej√©rcitos con el acero, ni a pelear visiblemente contra los enemigos; sino que viene a dirigir las mentes para llevar a los que crean, esperen y amen, al Reino de los Cielos; y que quisiera ser rey de Israel es un indicio de su misericordia y no para aumentar su poder¬Ľ.

San Beda: ¬ęUna vez crucificado el Se√Īor, como callaron sus conocidos por el temor que ten√≠an, las piedras y las rocas le alabaron, porque, cuando expir√≥, la tierra tembl√≥, las piedras se rompieron entre s√≠ y los sepulcros se abrieron¬Ľ.

San Ambrosio: ¬ęY no es extra√Īo que las piedras, contra su naturaleza, publiquen las alabanzas del Se√Īor, siendo as√≠ que se confiesan m√°s duros que las piedras los que lo hab√≠an crucificado; esto es, la turba que poco despu√©s hab√≠a de crucificarle, negando en su coraz√≥n al Dios que confes√≥ con sus palabras. Adem√°s, como hab√≠an enmudecido los jud√≠os despu√©s de la pasi√≥n del Salvador, las piedras vivas, como dice San Pedro, lo celebraron¬Ľ.

V. CATECISMO DE LA IGLESIA

La subida de Jes√ļs a Jerusal√©n

557: ¬ęComo se iban cumpliendo los d√≠as de su asunci√≥n, √©l se afirm√≥ en su voluntad de ir a Jerusal√©n¬Ľ (Lc 9,51). Por esta decisi√≥n, manifestaba que sub√≠a a Jerusal√©n dispuesto a morir. En tres ocasiones hab√≠a repetido el anuncio de su Pasi√≥n y de su Resurrecci√≥n. Al dirigirse a Jerusal√©n dice: ¬ęNo cabe que un profeta perezca fuera de Jerusal√©n¬Ľ (Lc 13,33).

558: Jes√ļs recuerda el martirio de los profetas que hab√≠an sido muertos en Jerusal√©n. Sin embargo, persiste en llamar a Jerusal√©n a reunirse en torno a √©l: ¬ę¬°Cu√°ntas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina re√ļne a sus pollos bajo las alas y no hab√©is querido!¬Ľ (Mt 23,37b). Cuando est√° a la vista de Jerusal√©n, llora sobre ella y expresa una vez m√°s el deseo de su coraz√≥n: ¬ę¬°Si tambi√©n t√ļ conocieras en este d√≠a el mensaje de paz! Pero ahora est√° oculto a tus ojos¬Ľ (Lc 19,41-42).

La entrada mesi√°nica de Jes√ļs en Jerusal√©n

559: ¬ŅC√≥mo va a acoger Jerusal√©n a su Mes√≠as? Jes√ļs rehuy√≥ siempre las tentativas populares de hacerle rey, pero elige el momento y prepara los detalles de su entrada mesi√°nica en la ciudad de ¬ęDavid, su padre¬Ľ (Lc 1,32). Es aclamado como hijo de David, el que trae la salvaci√≥n (¬ęHosanna¬Ľ quiere decir ¬ę¬°s√°lvanos!¬Ľ, ¬ę¬°Danos la salvaci√≥n!¬Ľ). Pues bien, el ¬ęRey de la Gloria¬Ľ (Sal 24,7-10) entra en su ciudad ¬ęmontado en un asno¬Ľ (Zac 9,9): no conquista a la hija de Si√≥n, figura de su Iglesia, ni por la astucia ni por la violencia, sino por la humildad que da testimonio de la Verdad. Por eso los s√ļbditos de su Reino, aquel d√≠a fueron los ni√Īos y los ¬ępobres de Dios¬Ľ, que le aclamaban como los √°ngeles lo anunciaron a los pastores. Su aclamaci√≥n, ¬ęBendito el que viene en el nombre del Se√Īor¬Ľ (Sal 118,26), ha sido recogida por la Iglesia en el ¬ęSanctus¬Ľ de la liturgia eucar√≠stica para introducir al memorial de la Pascua del Se√Īor.

560: La entrada de Jes√ļs en Jerusal√©n manifiesta la venida del Reino que el Rey-Mes√≠as llevar√° a cabo mediante la Pascua de su Muerte y de su Resurrecci√≥n. Con su celebraci√≥n, el Domingo de Ramos, la liturgia de la Iglesia abre la Semana Santa.

VI. PALABRAS DE LUIS FERNANDO FIGARI (transcritas de textos publicados)

¬ęLa Cuaresma est√° ligada al Domingo de Ramos. Nos hace pensar en la volubilidad humana, no de los otros sino de uno mismo. Hay acontecimientos hist√≥ricos que la liturgia celebra en el mismo Dies Domini. As√≠ se unen en dos celebraciones en Ramos, dos que constituyen una unidad. El ‚ÄúHosanna al Hijo de David‚ÄĚ con lo gritos terribles del ‚Äúcrucif√≠cale‚ÄĚ. Dolor, extra√Īeza, indignaci√≥n o sea cual fuera la emoci√≥n o emociones que surgen del interior ante esos acontecimientos, no es posible mirar a los dem√°s, sin mirarse antes uno mismo. ‚ÄúEl primer campo de apostolado es uno mismo‚ÄĚ. Y esa realidad es una que se debe tener siempre presente¬Ľ.

¬ęSon de los que se fascinan con el barco en el puerto, lo admiran, suben en √©l, lo pulen, lo limpian, lo ‚Äúengalanan‚ÄĚ, pero tan pronto se echa a andar se asustan tanto que parecen tener cien manos para lanzarse por la borda. Son de aquellos entusiastas del Domingo de Ramos que gritan: ‚Äú¬°Hosanna al Hijo de David!‚ÄĚ, para cuatro d√≠as despu√©s ser de los que claman: ‚Äú¬°Crucif√≠cale, crucif√≠cale!‚ÄĚ. Estamos ante un cuarto ‚Äúbinario‚ÄĚ de hombre. Inicialmente bien intencionado, con valores y cualidades en acto, que empieza a poner algunos medios adecuados y que sin embargo lo echa todo a perder por su engreimiento ‚ÄĒl√©ase igualmente actitud burguesa‚ÄĒ, por no tener los horizontes altos, por una cobarde comodidad, y habr√≠a que decir tambi√©n que por no estar educado para el esfuerzo sostenido¬Ľ.

¬ęEstamos llamados a participar con entusiasmo y con esperanza, con la confianza en las promesas del Se√Īor. La dimensi√≥n √©pica va junto con la dimensi√≥n del seguimiento del Se√Īor, no s√≥lo en el Domingo de Ramos, sino en el Viernes de Pasi√≥n, y en la confianza en la espera de la Resurrecci√≥n, como la Madre¬Ľ.

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