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Rvdo. P. J√ľrgen Daum, Domingo III del Tiempo Ordinario (Ciclo C). ¬ęEl Esp√≠ritu del Se√Īor est√° sobre m√≠¬Ľ
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Domingo III del Tiempo Ordinario. ¬ęEl Esp√≠ritu del Se√Īor est√° sobre m√≠¬Ľ

I. LA PALABRA DE DIOS

Neh 8, 2-6.8-10: ‚ÄúLe√≠an el libro de la Ley, explicando su sentido‚ÄĚ

En aquellos días, el sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era mediados del mes séptimo. En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la Ley.

Esdras, el escriba, estaba de pie en el p√ļlpito de madera que hab√≠a hecho para la ocasi√≥n. Esdras abri√≥ el libro a la vista de todo el pueblo -pues se hallaba en un puesto elevado- y, cuando lo abri√≥, toda la gente se puso de pie. Esdras bendijo al Se√Īor, el Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondi√≥:

‚ÄĒ¬ęAm√©n, am√©n¬Ľ.

Despu√©s se inclinaron y adoraron al Se√Īor, rostro en tierra.

Los levitas le√≠an el libro de la Ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieran la lectura. Nehem√≠as, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que ense√Īaban al pueblo dec√≠an al pueblo entero:

‚ÄĒ¬ęHoy es un d√≠a consagrado a nuestro Dios: No hagan duelo ni lloren¬Ľ.

Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley. Y a√Īadieron:

‚ÄĒ¬ęVayan, coman alimentos exquisitos, beban vino dulce y env√≠en porciones a quien no tiene, pues es un d√≠a consagrado a nuestro Dios. No est√©n tristes, pues la alegr√≠a en el Se√Īor es la fortaleza de ustedes¬Ľ.

Sal 18, 8-10.15: ‚ÄúTus palabras, Se√Īor, son esp√≠ritu y vida‚ÄĚ

La ley del Se√Īor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Se√Īor es fiel
e instruye al ignorante.

Los mandatos del Se√Īor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Se√Īor es l√≠mpida
y da luz a los ojos.

La voluntad del Se√Īor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Se√Īor son verdaderos
y enteramente justos.

Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Se√Īor, roca m√≠a, redentor m√≠o.

1 Cor 12, 12-30: ‚ÄúUstedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro‚ÄĚ

Hermanos:

Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo.

Si el pie dijera: ¬ęNo soy mano, luego no formo parte del cuerpo¬Ľ, ¬Ņdejar√≠a por eso de ser parte del cuerpo? Si el o√≠do dijera: ¬ęNo soy ojo, luego no formo parte del cuerpo¬Ľ, ¬Ņdejar√≠a por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo, ¬Ņc√≥mo oir√≠a? Si el cuerpo entero fuera o√≠do, ¬Ņc√≥mo oler√≠a? Pues bien, Dios distribuy√≥ el cuerpo y cada uno de los miembros como √©l quiso.

Si todos fueran un mismo miembro, ¬Ņd√≥nde estar√≠a el cuerpo?

Los miembros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo.

El ojo no puede decir a la mano: ¬ęNo te necesito¬Ľ; y la cabeza no puede decir a los pies: ¬ęNo los necesito¬Ľ. M√°s a√ļn, los miembros que parecen m√°s d√©biles son m√°s necesarios. Los que nos parecen despreciables, los apreciamos m√°s. Los menos decentes, los tratamos con m√°s decoro. Porque los miembros m√°s decentes no lo necesitan.

Ahora bien, Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los que menos valían.

Así, no hay divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros.

Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos se felicitan.

Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.

Y Dios los ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas.

¬ŅAcaso son todos ap√≥stoles? ¬ŅO todos son profetas? ¬ŅO todos maestros? ¬ŅO hacen todos milagros? ¬ŅTienen todos don de curar? ¬ŅHablan todos en lenguas o todos las interpretan?

Lc 1, 1-4; 4, 14-21: ‚ÄúHoy se cumple esta Escritura que acaban de o√≠r‚ÄĚ

Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo tambi√©n, despu√©s de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribir para ti, ilustre Te√≥filo, un relato ordenado a fin de que conozcas bien la solidez de las ense√Īanzas que has recibido.

En aquel tiempo, Jes√ļs volvi√≥ a Galilea con la fuerza del Esp√≠ritu; y su fama se extendi√≥ por toda la regi√≥n. Ense√Īaba en las sinagogas, y todos lo alababan.

Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso de pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

¬ęEl Esp√≠ritu del Se√Īor est√° sobre m√≠,
porque √Čl me ha ungido.
Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres,
para anunciar a los cautivos la libertad,
y a los ciegos, la vista.
Para dar libertad a los oprimidos;
para anunciar el a√Īo de gracia del Se√Īor¬Ľ.

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Y se puso a decirles:

‚ÄĒ¬ęHoy se cumple esta Escritura que acaban de o√≠r¬Ľ.

II. APUNTES

El Evangelio de este Domingo tiene dos partes. La primera es el pr√≥logo del Evangelio de San Lucas. Lucas manifiesta que ¬ędespu√©s de comprobarlo todo exactamente desde el principio¬Ľ ha querido relatar ordenadamente la vida y ense√Īanzas del Se√Īor Jes√ļs, para que sea conocida por Te√≥filo ¬ęla solidez de las ense√Īanzas¬Ľ que ha recibido.

Con esta introducci√≥n San Lucas afirma la veracidad e historicidad de los hechos relatados, exponi√©ndolos en su Evangelio tal y como se los relataron testigos oculares, testigos que vieron y escucharon personalmente al Se√Īor. La fe que han recibido los creyentes no se sustenta en un personaje m√≠tico, en una fantas√≠a o en un Cristo elaborado por una comunidad de disc√≠pulos alucinados que se negaban a aceptar la muerte infame de su Maestro, sino que se fundamenta s√≥lidamente en lo que Cristo verdaderamente hizo y ense√Ī√≥. El ‚ÄėCristo de la fe‚Äô no es distinto que ‚Äėel Cristo hist√≥rico‚Äô, y los Evangelios no son f√°bula o mitolog√≠a, sino aut√©ntico recuento de hechos sucedidos.

La segunda parte del Evangelio relata el tremendo anuncio que el Se√Īor Jes√ļs hace al inicio de su ministerio p√ļblico en la sinagoga de Nazaret. Poco antes el Se√Īor hab√≠a recibido el bautismo de Juan en el Jord√°n. Relata San Lucas que en aquella ocasi√≥n ¬ęse abri√≥ el cielo, y baj√≥ sobre √Čl el Esp√≠ritu Santo en forma corporal, como una paloma¬Ľ (Lc 3,21-22). Se trataba de un signo visible que se√Īalaba a Jes√ļs como el Ungido por Dios con el Esp√≠ritu divino, realiz√°ndose en √Čl de modo visible la antigua profec√≠a de Isa√≠as: ¬ęEl Esp√≠ritu del Se√Īor sobre m√≠, porque me ha ungido¬Ľ (Is 61,1). De esta manera Jes√ļs es presentado al pueblo de Israel como el Mes√≠as -que significa Ungido- prometido por Dios desde antiguo, aqu√©l ¬ęque Dios enviar√≠a para instaurar definitivamente su Reino.¬Ľ (Ver Catecismo de la Iglesia Cat√≥lica, 436 y 438)

Luego de ser ‚Äúungido‚ÄĚ visiblemente por el Padre con el Esp√≠ritu el Se√Īor inicia su ministerio p√ļblico en diversos pueblos de Galilea, ense√Īando en sus sinagogas y obrando diversos milagros. Can√°, Cafarna√ļm, Corazim, Betsaida, Genesaret, hab√≠an ya escuchado sus ense√Īanzas y visto los signos que realizaba. As√≠, para el momento en que retorna a Nazaret y ¬ęcomo era su costumbre¬Ľ entra en la sinagoga un s√°bado, ya su fama se hab√≠a extendido por toda la regi√≥n.

Una vez reunidos en la asamblea Jes√ļs ¬ęse puso de pie para hacer la lectura¬Ľ. Una escena semejante la encontramos en la primera lectura. La asamblea se re√ļne para escuchar la lectura de los textos sagrados, a trav√©s de los cuales experimenta como Dios mismo dirige su palabra a su pueblo. En aquella ocasi√≥n ¬ęlos levitas le√≠an el libro de la Ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieran la lectura.¬Ľ Jes√ļs har√° lo mismo.

En los tiempos de Jes√ļs eran pocos los que sab√≠an leer, m√°s a√ļn si se trataba de leer textos en hebreo, la lengua sagrada en la que estaban originalmente escritos los libros del Antiguo Testamento. Esta era una tarea reservada a los escribas, quienes luego de leer el texto sagrado en hebreo, pasaban a comentarlo en arameo, el lenguaje coloquial de los hebreos.

El Se√Īor ley√≥ la antigua profec√≠a de Isa√≠as que dec√≠a: ¬ęEl Esp√≠ritu del Se√Īor est√° sobre m√≠, porque √Čl me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres‚Ķ¬Ľ. Terminada la lectura, explic√≥ la lectura de un modo absolutamente inesperado a la asamblea que lo escuchaba con gran atenci√≥n y curiosidad: ‚ÄúHoy‚ÄĚ, es otras palabras, en √Čl se cumpl√≠a verdaderamente aquella antigua profec√≠a. √Čl se presentaba ante sus oyentes como el Mes√≠as prometido por Dios para la salvaci√≥n de su Pueblo, el Ungido con el Esp√≠ritu divino, el enviado por Dios a anunciar la Buena Nueva de la Reconciliaci√≥n a la humanidad sumida en la esclavitud, la pobreza, el mal, la enfermedad y la muerte.

¬ŅQui√©n puede decir de s√≠ mismo cosa semejante? Un desquiciado, un hombre trastornado por el delirio de grandeza, un megal√≥mano, un embaucador, o alguien que en verdad es quien dice ser. Con sus se√Īales y milagros, y sobre todo con su misma resurrecci√≥n de entre los muertos, hechos todos que Lucas recoge en su Evangelio tras diligente investigaci√≥n, el Se√Īor Jes√ļs demuestra la veracidad de sus palabras: √Čl es verdaderamente el Ungido de Dios, Aqu√©l que ha venido a traer la liberaci√≥n, la salvaci√≥n y reconciliaci√≥n a la humanidad. No hay que esperar a otro (Ver Hech 4, 12; Catecismo de la Iglesia Cat√≥lica, 430-432).

III. LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA

El d√≠a que fui bautizado, junto con el agua fue derramado tambi√©n el Esp√≠ritu en mi coraz√≥n. De este modo tambi√©n yo fui ungido con el mismo Esp√≠ritu que se pos√≥ sobre Cristo en forma de paloma, el d√≠a de su bautismo. Para hacer m√°s evidente esta unci√≥n con el Esp√≠ritu, fui ungido en la cabeza con √≥leo sagrado (Ver Catecismo de la Iglesia Cat√≥lica, 1287). Por ello podemos decir que por nuestro Bautismo, al participar del mismo Esp√≠ritu de Cristo, tambi√©n a nosotros se aplican las palabras de Isa√≠as: ¬ęEl Esp√≠ritu del Se√Īor est√° sobre m√≠, porque √Čl me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres.¬Ľ (Lc 4,18-19)

Mi Bautismo no debe ser reducido a un momento olvidado en mi vida, como si hubiese sido un acto intrascendente, carente de inter√©s o valor para m√≠. Tampoco puedo reducirlo a un mero acto social. ¬°El Bautismo me ha comunicado la vida en Cristo, ha hecho de m√≠ una nueva criatura (Ver 2Cor 5,17)! ¬ŅNo deber√≠a recordar y celebrar ese d√≠a grande, ese nuevo nacimiento, como celebro mi nacimiento en la carne? ¬°Ciertamente!

Pero m√°s a√ļn, mi Bautismo me reclama vivir de acuerdo a lo que ese Bautismo ha hecho de m√≠: un cristiano, hijo de Dios, hijo en el Hijo, templo vivo de su Esp√≠ritu y miembro vivo del Cuerpo de Cristo que es su Iglesia (Ver Catecismo de la Iglesia Cat√≥lica, 1997). Mas en el d√≠a a d√≠a nos topamos con la dolorosa realidad de que muchas veces no vivimos de acuerdo a nuestra grandeza y dignidad de hijos de Dios, y aunque queremos y procuramos responder al llamado que el Se√Īor nos hace a ser santos (Ver Mt 5,48), sufrimos por nuestras m√ļltiples y repetidas incoherencias y ca√≠das (Ver Rom 7,15s).

La primera gran tarea de todo Bautizado, de todo aqu√©l en quien el Esp√≠ritu divino ha sido derramado, es buscar la plena conformaci√≥n con el Se√Īor Jes√ļs, es aspirar a vivir la perfecci√≥n de la caridad. ¬°La santidad! Esa es nuestra vocaci√≥n (Ver Lev 19,2), esa es nuestra meta y principal tarea: buscar asemejarnos cada vez m√°s a Cristo, pensando, sintiendo y actuando como √Čl.

Mas nadie puede alcanzar esta meta por s√≠ mismo. Nuestra santificaci√≥n, m√°s all√° de nuestros esfuerzos y de los medios que necesariamente hemos de poner, es obra del Esp√≠ritu en nosotros. Por ello es necesario vivir una vida espiritual intensa, una vida de intensa relaci√≥n con el Esp√≠ritu. √Čl es quien nos va conformando con Jes√ļs en la medida en que cooperamos desde nuestra peque√Īez y libertad, cooperaci√≥n que se da mediante un incesante y esforzado combate espiritual por el que procuramos despojarnos del hombre viejo y de todas sus obras para revestirnos del hombre nuevo, de las virtudes de Cristo (Ver Ef 4,21-24).

La segunda gran tarea, √≠ntimamente ligada a la primera, es √©sta: si por mi Bautismo y posteriormente tambi√©n por mi Confirmaci√≥n he sido ungido y sellado con el Esp√≠ritu Santo (Ver Catecismo de la Iglesia Cat√≥lica, 1294), tambi√©n yo soy enviado a proclamar la Buena Nueva de la liberaci√≥n y la reconciliaci√≥n a todos los seres humanos, en el hoy de la historia de la salvaci√≥n, en las diversas realidades en las que me toca vivir y actuar. ¬°No puedo olvidar esta exigencia que brota de mi condici√≥n de Bautizado! ¬°Yo debo anunciar a Cristo! ¬ŅPuede un Bautizado no irradiar a Cristo? ¬ŅPuede el sol no iluminar? ¬°Tan terrible como ser√≠a el apagarse la luz del sol es el apagarse la luz y la vida de de Cristo en un bautizado! Pero si por la presencia vivificante del Esp√≠ritu brilla en tu vida la luz de Cristo, como el sol podr√°s difundir a tu alrededor la luz de Cristo y el calor de su amor.

Este apostolado, este anuncio e irradiaci√≥n de Cristo y de su Evangelio de tal manera que transforme otros corazones y las estructuras injustas y antievang√©licas de nuestras sociedades no es ‚Äútarea‚ÄĚ solamente de los sacerdotes o de personas consagradas a Dios, sino que brota espont√°neamente de todo Bautizado que experimenta esa presencia ardorosa del Esp√≠ritu divino en su coraz√≥n: ¬ęEl Esp√≠ritu del Se√Īor est√° sobre m√≠, porque √Čl me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio‚Ķ¬Ľ

IV. PADRES DE LA IGLESIA

San Beda: ¬ęReun√≠anse en las sinagogas el d√≠a del s√°bado, a fin de meditar las ense√Īanzas de la ley, durante el reposo de las cosas del mundo y en el recogimiento del coraz√≥n.¬Ľ

Or√≠genes (autor eclesi√°stico): ¬ę‚ÄúMe ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres.‚ÄĚ Los pobres son los paganos. En efecto, ellos eran pobres, no pose√≠an nada, ni a Dios, ni la ley, ni los profetas. ¬ŅPor qu√© raz√≥n le envi√≥ como Mensajero a los pobres? Para ‚Äúproclamar la liberaci√≥n a los cautivos y dar vista a los ciegos, a libertar a los oprimidos y a proclamar una a√Īo de gracia del Se√Īor‚ÄĚ (Lc 4,18) ya que por su palabra y su doctrina los ciegos recobran la vista.¬Ľ

San Juan Cris√≥stomo: ¬ęLa palabra cautividad tiene muchos sentidos. Hay una cautividad buena, como dice San Pablo: ‚ÄúCautivando todo nuestro esp√≠ritu para obedecer a Cristo‚ÄĚ (2Cor 10,5); y hay una mala, de la cual se dice: ‚ÄúLlevaban cautivas a mujeres cargadas de pecados‚ÄĚ. La cautividad es sensible cuando procede de enemigos corporales; mas la peor es la inteligible, de la que dice aqu√≠: ‚ÄúEl pecado produce la m√°s dura tiran√≠a, manda el mal y confunde a los que le obedecen‚ÄĚ (2Tim 3). De esta c√°rcel inteligible es de donde nos sac√≥ Jesucristo.¬Ľ

San Cirilo: ¬ęLas tinieblas que el diablo hab√≠a amontonado en el coraz√≥n humano, Jesucristo -como el Sol de justicia- las disip√≥; haciendo a los hombres hijos, no de la noche y de las tinieblas, sino de la luz y del d√≠a, como dice el Ap√≥stol: ‚ÄúLos que antes erraban, entraron en la senda de los justos‚ÄĚ (1Tes 5).¬Ľ

V. CATECISMO DE LA IGLESIA

La espera del Mesías y de su Espíritu

711: ¬ęHe aqu√≠ que yo lo renuevo¬Ľ (Is 43, 19): dos l√≠neas prof√©ticas se van a perfilar, una se refiere a la espera del Mes√≠as, la otra al anuncio de un Esp√≠ritu nuevo, y las dos convergen en el peque√Īo Resto, el pueblo de los Pobres, que aguardan en la esperanza la ¬ęconsolaci√≥n de Israel¬Ľ y ¬ęla redenci√≥n de Jerusal√©n¬Ľ (Lc 2, 25.38).

712: Los rasgos del rostro del Mesías esperado comienzan a aparecer en el Libro del Emmanuel, en particular en Is 11, 1-2.

713: Los rasgos del Mes√≠as se revelan sobre todo en los Cantos del Siervo. Estos cantos anuncian el sentido de la Pasi√≥n de Jes√ļs, e indican as√≠ c√≥mo enviar√° el Esp√≠ritu Santo para vivificar a la multitud: no desde fuera, sino despos√°ndose con nuestra ¬ęcondici√≥n de esclavos¬Ľ. Tomando sobre s√≠ nuestra muerte, puede comunicarnos su propio Esp√≠ritu de vida.

714: Por eso Cristo inaugura el anuncio de la Buena Nueva haciendo suyo este pasaje de Isa√≠as (Lc 4, 18-19): El Esp√≠ritu del Se√Īor est√° sobre m√≠, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberaci√≥n a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un a√Īo de gracia del Se√Īor.

715: Los textos prof√©ticos que se refieren directamente al env√≠o del Esp√≠ritu Santo son or√°culos en los que Dios habla al coraz√≥n de su Pueblo en el lenguaje de la Promesa, con los acentos del ¬ęamor y de la fidelidad¬Ľ. Seg√ļn estas promesas, en los ¬ę√ļltimos tiempos¬Ľ, el Esp√≠ritu del Se√Īor renovar√° el coraz√≥n de los hombres grabando en ellos una Ley nueva; reunir√° y reconciliar√° a los pueblos dispersos y divididos; transformar√° la primera creaci√≥n y Dios habitar√° en ella con los hombres en la paz.

716: El Pueblo de los ¬ępobres¬Ľ, los humildes y los mansos, totalmente entregados a los designios misteriosos de Dios, los que esperan la justicia, no de los hombres sino del Mes√≠as, todo esto es, finalmente, la gran obra de la Misi√≥n escondida del Esp√≠ritu Santo durante el tiempo de las Promesas para preparar la venida de Cristo. Esta es la calidad de coraz√≥n del Pueblo, purificado e iluminado por el Esp√≠ritu, que se expresa en los Salmos. En estos pobres, el Esp√≠ritu prepara para el Se√Īor ¬ęun pueblo bien dispuesto¬Ľ (Lc 1, 17).

1286: En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el Esp√≠ritu del Se√Īor reposar√≠a sobre el Mes√≠as esperado para realizar su misi√≥n salv√≠fica. El descenso del Esp√≠ritu Santo sobre Jes√ļs en su Bautismo por Juan fue el signo de que √Čl era el que deb√≠a venir, el Mes√≠as, el Hijo de Dios. Habiendo sido concebido por obra del Esp√≠ritu Santo, toda su vida y toda su misi√≥n se realizan en una comuni√≥n total con el Esp√≠ritu Santo que el Padre le da ¬ęsin medida¬Ľ (Jn 3, 34).

VI. PALABRAS DE LUIS FERNANDO FIGARI (transcritas de textos publicados)

¬ęPor la fe sabemos que Dios Padre eligi√≥ a Mar√≠a desde toda la eternidad para ser Madre toda santa, toda pulcra, inmaculada, del Verbo Eterno humanado. As√≠, la adorn√≥ con singulares dones del Esp√≠ritu Santo bendici√©ndola para la misi√≥n maternal a la que la convocaba. Mar√≠a de Nazaret, as√≠ preparada por el Esp√≠ritu responder√≠a desde su libertad cooperando con la gracia, Ella ‚Äúla llena de gracia‚ÄĚ.

¬ĽAl profundizar en el misterio de la Inmaculada Concepci√≥n de Mar√≠a, as√≠ como de la Anunciaci√≥n-Encarnaci√≥n se percibe, se percibe fuertemente la misteriosa y cercana relaci√≥n del Esp√≠ritu y de la Virgen Mar√≠a, a tal punto que en la historia ha sido llamada ‚Äúsagrario del Esp√≠ritu Santo‚ÄĚ.

¬Ľ‚ÄúAl√©grate, llena de gracia, el Se√Īor est√° contigo‚ÄĚ, le dice el arc√°ngel Gabriel, manifestando la plenitud de la gracia, los dones con los que el Alt√≠simo la hab√≠a adornado. El Esp√≠ritu Santo est√° ya adorn√°ndola con las virtudes de la fe, de la esperanza y de la caridad anim√°ndola, fortaleci√©ndola para la oraci√≥n, para la escucha, para la respuesta, para pronunciar ese Gu√©noito, ese H√°gase fiel y fecundo que desde su mismidad plena del Esp√≠ritu brota en amorosa obediencia al Plan divino abri√©ndose a la acci√≥n del Esp√≠ritu por el cual su virginidad se torna plena fecundidad engendrando al Verbo Eterno en su seno inmaculado; como en el umbral de la historia el Esp√≠ritu se cern√≠a sobre la aguas en fuerza creacional de vida, ahora desciende sobre Mar√≠a produciendo en Ella a quien es la Vida por excelencia, la Vida divina, germinando milagrosamente en su vientre a Jes√ļs, el Reconciliador.

¬ĽLa vida toda de Mar√≠a como Madre del Se√Īor Jes√ļs y como Madre de la Iglesia, Madre nuestra, est√° siempre relacionada con el Esp√≠ritu divino de Amor. La Virgen oyente, la Virgen silente, la Virgen actuante, la Virgen fiel es siempre la ‚Äúllena de gracia‚ÄĚ, Aquella de la que declara ‚Äúel Se√Īor es contigo‚ÄĚ, el Se√Īor mora en Ti, habita en Ti, por la presencia del Esp√≠ritu el Verbo se encarna en su carne inmaculada, el Verbo se hace hombre entre los hombres, igual en todo menos en el pecado. Voces autorizadas de la Iglesia han ense√Īado a trav√©s del tiempo que en esas palabras que le dirige el Mensajero de Dios se encierra la manifestaci√≥n de que Mar√≠a es sede de gracias, dones y carismas del Esp√≠ritu Santificador. Esa energeia, esa energ√≠a que la adorna y enriquece desde lo m√°s profundo de su ser se manifestar√° cotidianamente en el ejercicio de su maternidad, en su meditaci√≥n guard√°ndolo todo en su coraz√≥n, en su apertura generosa, amplia al Plan de Dios, en su sencillez en su condici√≥n de anaw, de pobre de Yahv√©, en su voz prof√©tica elevada en ese himno grande y hermoso del Magn√≠ficat, en su sensibilidad para descodificar los sutiles impulsos interiores del Esp√≠ritu para percibir la realidad con los ojos del coraz√≥n pre√Īado de la fe, como en Can√°, en fiel acompa√Īamiento del Hijo a trav√©s de su trayectoria, compasiva en el G√≥lgota, al igual que al asumir expl√≠citamente la maternidad de todos sus hijos en San Juan, al presidir a los Ap√≥stoles en oraci√≥n d√°ndoles fuerza, esperanza y orient√°ndolos hacia la apertura al Esp√≠ritu con el cual Ella est√° tan familiarizada ya, en la espera, en la oraci√≥n, abri√©ndose, como comunidad en asamblea, como ekklesia, a la venida del Esp√≠ritu en Pentecost√©s.

¬ĽEsa presencia del Esp√≠ritu de Amor que sobreabunda en Mar√≠a; as√≠ como la presencia del Evangelio vivo en su seno la lleva con toda prontitud a decidirse a arrostrar todas las dificultades y a marchar a las alturas de Judea para anunciarle a su pariente la Buena Nueva que lleva en su vientre. La presencia del cumplimiento de la Alianza Antigua, del Se√Īor Jes√ļs, que la impulsa al anuncio evangelizador con la fuerza, con la parres√≠a que concede el Esp√≠ritu Santo a Mar√≠a, Madre de la Iglesia y Madre nuestra, y que nos concede tambi√©n a todos y cada uno de nosotros.

¬ĽAprendamos de la Sant√≠sima Virgen, contemplemos sus misterios, y dirij√°monos a Ella para que por el ejercicio de su intercesi√≥n nos obtenga la presencia del Esp√≠ritu que nos d√© la capacidad de ver engendrado al Se√Īor Jes√ļs en nuestro coraz√≥n, en nuestra interioridad, de recibirlo, de acogerlo en nuestra intimidad, y de dejarnos conformar con √Čl, para que con la misma fuerza del Esp√≠ritu lo anunciemos con ardor, con intenso ardor, en las diversas realidades en las que estamos llamados a ejercer el ministerio de la reconciliaci√≥n y de la evangelizaci√≥n.¬Ľ

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