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S.S. Benedicto XVI, Discurso del Santo Padre a los obispos ordenados durante los 煤ltimos doce meses que participaron en el encuentro organizado por las congregaciones para los obispos y para las Iglesias orientales
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Discurso del Santo Padre a los obispos ordenados durante los 煤ltimos doce meses que participaron en el encuentro organizado por las congregaciones para los obispos y para las Iglesias orientales

Sala de los Suizos - Palacio Apost贸lico de Castelgandolfo

Queridos hermanos en el episcopado:

Gracias de coraz贸n por vuestra visita, con ocasi贸n del congreso organizado para los obispos que han emprendido desde hace poco su ministerio pastoral. Estas jornadas de reflexi贸n, oraci贸n y actualizaci贸n son verdaderamente propicias para ayudaros, queridos hermanos, a familiarizaros mejor con las tareas que est谩is llamados a llevar a cabo como pastores de comunidades diocesanas; tambi茅n son jornadas de convivencia amistosa que constituyen una experiencia singular de la "collegialitas affectiva" que une a todos los obispos en un 煤nico cuerpo apost贸lico, juntamente con el Sucesor de Pedro, "fundamento perpetuo y visible de la unidad" (Lumen gentium, 23). Agradezco al cardenal Giovanni Battista Re, prefecto de la Congregaci贸n para los obispos, las amables palabras que me ha dirigido en vuestro nombre; saludo al cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregaci贸n para las Iglesias orientales, y al cardenal Pell, arzobispo de Sydney (Australia), y expreso mi agradecimiento a cuantos de varias formas colaboran en la organizaci贸n de este encuentro anual.

Este a帽o, como ha explicado ya el cardenal Re, vuestro congreso se enmarca en el contexto del A帽o sacerdotal, proclamado con motivo del 150掳 aniversario de la muerte de San Juan Mar铆a Vianney. Como he escrito en la carta enviada con esta ocasi贸n a todos los sacerdotes, este a帽o especial "desea contribuir a promover el compromiso de renovaci贸n interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evang茅lico en el mundo de hoy sea m谩s intenso e incisivo". La imitaci贸n de Jes煤s, buen Pastor, es para todo sacerdote el camino obligatorio de su propia santificaci贸n y la condici贸n esencial para ejercer responsablemente el ministerio pastoral. Si esto vale para los presb铆teros, vale todav铆a m谩s para nosotros, queridos hermanos obispos. M谩s a煤n, es importante no olvidar que una de las tareas esenciales del obispo consiste precisamente en ayudar, con el ejemplo y con el apoyo fraterno, a los sacerdotes a seguir fielmente su vocaci贸n y a trabajar con entusiasmo y amor en la vi帽a del Se帽or.

Al respecto, en la exhortaci贸n postsinodal Pastores gregis, mi venerado predecesor Juan Pablo ii explic贸 que el gesto del sacerdote, cuando pone sus manos en las manos del obispo el d铆a de su ordenaci贸n presbiteral, compromete a ambos: al sacerdote y al obispo. El nuevo presb铆tero decide encomendarse al obispo y, por su parte, el obispo se compromete a custodiar esas manos (cf. n. 47). Bien mirada, es una tarea solemne que se configura para el obispo como responsabilidad paterna en la custodia y promoci贸n de la identidad sacerdotal de los presb铆teros encomendados a su solicitud pastoral, una identidad que hoy por desgracia est谩 sometida a dura prueba por la creciente secularizaci贸n. El obispo, por tanto 鈥攑rosigue la Pastores gregis鈥�, "ha de tratar de comportarse siempre con sus sacerdotes como padre y hermano que los quiere, escucha, acoge, corrige, conforta, pide su colaboraci贸n y hace todo lo posible por su bienestar humano, espiritual, ministerial y econ贸mico" (ib.).

De modo especial, el obispo est谩 llamado a alimentar la vida espiritual en los sacerdotes, para favorecer en ellos la armon铆a entre la oraci贸n y el apostolado, mirando al ejemplo de Jes煤s y de los Ap贸stoles, a quienes 茅l llam贸 ante todo, como dice San Marcos, para que "estuvieran con 茅l" (Mc 3, 14). De hecho, una condici贸n indispensable para que produzca buenos frutos es que el sacerdote permanezca unido al Se帽or; aqu铆 radica el secreto de la fecundidad de su ministerio: s贸lo si est谩 incorporado a Cristo, verdadera Vid, produce fruto. La misi贸n de un presb铆tero, y con mayor raz贸n la de un obispo, conlleva hoy una cantidad tan grande de trabajo que tiende a absorberlo continua y totalmente. Las dificultades aumentan y las obligaciones se multiplican, entre otras razones porque afrontan realidades nuevas y mayores exigencias pastorales.

Con todo, la atenci贸n a los problemas de cada d铆a y las iniciativas encaminadas a conducir a los hombres por el camino de Dios nunca deben distraernos de la uni贸n 铆ntima y personal con Cristo, de estar con 茅l. Estar a disposici贸n de la gente no debe disminuir u ofuscar nuestra disponibilidad hacia el Se帽or. El tiempo que el sacerdote y el obispo consagran a Dios en la oraci贸n siempre es el mejor empleado, porque la oraci贸n es el alma de la actividad pastoral, la "linfa" que le infunde fuerza; es el apoyo en los momentos de incertidumbre y desaliento, y el manantial inagotable de fervor misionero y de amor fraterno hacia todos.

En el centro de la vida sacerdotal est谩 la Eucarist铆a. En la exhortaci贸n apost贸lica Sacramentum caritatis subray茅 que "la Santa Misa es formativa en el sentido m谩s profundo de la palabra, pues promueve la configuraci贸n con Cristo y consolida al sacerdote en su vocaci贸n" (n. 80). As铆 pues, que la celebraci贸n eucar铆stica ilumine toda vuestra jornada y la de vuestros sacerdotes, imprimiendo su gracia y su influjo espiritual en los momentos tristes o alegres, agitados o tranquilos, de acci贸n o de contemplaci贸n.

Un modo privilegiado de prolongar en la jornada la misteriosa acci贸n santificadora de la Eucarist铆a es el rezo fervoroso de la Liturgia de las Horas, como tambi茅n la adoraci贸n eucar铆stica, la lectio divina y la oraci贸n contemplativa del rosario. El santo cura de Ars nos ense帽a cu谩n preciosos son la compenetraci贸n del sacerdote con el sacrificio eucar铆stico y la educaci贸n de los fieles en la presencia eucar铆stica y en la comuni贸n. Con la Palabra y los sacramentos 鈥攔ecord茅 en la carta a los sacerdotes鈥� San Juan Mar铆a Vianney edific贸 a su pueblo. El vicario general de la di贸cesis de Belley, al nombrarlo como p谩rroco de Ars, le dijo: "No hay mucho amor de Dios en esa parroquia; usted lo pondr谩". Y aquella parroquia se transform贸.

Queridos nuevos obispos, gracias por el servicio que prest谩is a la Iglesia con entrega y amor. Os saludo con afecto y os aseguro mi constante apoyo, as铆 como mi oraci贸n para que "vay谩is y deis fruto, y vuestro fruto permanezca" (Jn 15, 16). Por ello invoco la intercesi贸n de Mar铆a Regina Apostolorum, e imparto de coraz贸n sobre vosotros, sobre vuestros sacerdotes y sobre vuestras comunidades diocesanas una especial bendici贸n apost贸lica.

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