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S.S. Benedicto XVI, Discurso del Santo Padre a los obispos brasile帽os de la Regi贸n Nordeste 2 en visita ad limina
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Discurso del Santo Padre a los obispos brasile帽os de la Regi贸n Nordeste 2 en visita ad limina

Venerados hermanos en el episcopado:

Como el ap贸stol Pablo en los inicios de la Iglesia, hab茅is venido, amados pastores de las provincias eclesi谩sticas de Olinda y Recife, Para铆ba, Macei贸 y Natal, a visitar a Pedro (cf. Ga 1, 18). Os acojo y saludo con afecto a cada uno, comenzando por monse帽or Ant么nio, arzobispo de Macei贸, a quien agradezco los sentimientos que ha manifestado en nombre de todos haci茅ndose int茅rprete tambi茅n de las alegr铆as, las dificultades y las esperanzas del pueblo de Dios peregrino en la regi贸n Nordeste 2. En la persona de cada uno de vosotros abrazo a los presb铆teros y a los fieles de vuestras comunidades diocesanas.

En sus fieles y en sus ministros la Iglesia es sobre la tierra la comunidad sacerdotal estructurada org谩nicamente como Cuerpo de Cristo, para desempe帽ar eficazmente, unida a su Cabeza, su misi贸n hist贸rica de salvaci贸n. As铆 nos lo ense帽a San Pablo: "Vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros, cada uno en la parte que le corresponde" (1 Co 12, 27). En efecto, los miembros no tienen todos la misma funci贸n: esto es lo que constituye la belleza y la vida del cuerpo (cf. 1 Co 12, 14-17). Es en la diversidad esencial entre sacerdocio ministerial y sacerdocio com煤n donde se entiende la identidad espec铆fica de los fieles ordenados y laicos. Por esa raz贸n es necesario evitar la secularizaci贸n de los sacerdotes y la clericalizaci贸n de los laicos. Desde esa perspectiva, por tanto, los fieles laicos deben esforzarse por expresar en la realidad, incluso a trav茅s del compromiso pol铆tico, la visi贸n antropol贸gica cristiana y la doctrina social de la Iglesia. En cambio, los sacerdotes deben evitar involucrarse personalmente en la pol铆tica, para favorecer la unidad y la comuni贸n de todos los fieles, y para poder ser as铆 una referencia para todos. Es importante hacer que crezca esta conciencia en los sacerdotes, los religiosos y los fieles laicos, animando y vigilando para que cada uno se sienta motivado a actuar seg煤n su propio estado.

La profundizaci贸n arm贸nica, correcta y clara de la relaci贸n entre sacerdocio com煤n y ministerial constituye actualmente uno de los puntos m谩s delicados del ser y de la vida de la Iglesia. Por un lado, el escaso n煤mero de presb铆teros podr铆a llevar a las comunidades a resignarse a esta carencia, consol谩ndose tal vez con el hecho de que esta situaci贸n pone mejor de relieve el papel de los fieles laicos. Pero no es la falta de presb铆teros lo que justifica una participaci贸n m谩s activa y numerosa de los laicos. En realidad, cuanto m谩s toman conciencia los fieles de sus responsabilidades en la Iglesia, tanto m谩s sobresalen la identidad espec铆fica y el papel insustituible del sacerdote como pastor del conjunto de la comunidad, como testigo de la autenticidad de la fe y dispensador, en nombre de Cristo-Cabeza, de los misterios de la salvaci贸n.

Sabemos que la "misi贸n de salvaci贸n, confiada por el Padre a su Hijo encarnado, es confiada a los Ap贸stoles y por ellos a sus sucesores: reciben el Esp铆ritu de Jes煤s para actuar en su nombre y en su persona. As铆, el ministro ordenado es el v铆nculo sacramental que une la acci贸n lit煤rgica a lo que dijeron y realizaron los Ap贸stoles, y por ellos a lo que dijo y realiz贸 Cristo, fuente y fundamento de los sacramentos" (Catecismo de la Iglesia cat贸lica, n. 1120). Por eso, la funci贸n del presb铆tero es esencial e insustituible para el anuncio de la Palabra y la celebraci贸n de los sacramentos, sobre todo de la Eucarist铆a, memorial del sacrificio supremo de Cristo, que entrega su Cuerpo y su Sangre. Por eso urge pedir al Se帽or que env铆e obreros a su mies; adem谩s de eso, es preciso que los sacerdotes manifiesten la alegr铆a de la fidelidad a su propia identidad con el entusiasmo de la misi贸n.

Amados hermanos, tengo la certeza de que, en vuestra solicitud pastoral y en vuestra prudencia, procur谩is con particular atenci贸n asegurar a las comunidades de vuestras di贸cesis la presencia de un ministro ordenado. En la situaci贸n actual en que muchos de vosotros os veis obligados a organizar la vida eclesial con pocos presb铆teros, es importante evitar que esa situaci贸n sea considerada normal o t铆pica del futuro. Como record茅 al primer grupo de obispos brasile帽os la semana pasada, deb茅is concentrar vuestros esfuerzos en despertar nuevas vocaciones sacerdotales y encontrar los pastores indispensables a vuestras di贸cesis, ayud谩ndoos mutuamente para que todos dispongan de presb铆teros mejor formados y m谩s numerosos para sustentar la vida de fe y la misi贸n apost贸lica de los fieles.

Por otro lado, tambi茅n aquellos que recibir谩n las 贸rdenes sagradas est谩n llamados a vivir con coherencia y plenitud la gracia y los compromisos del bautismo, esto es, a ofrecerse a s铆 mismos y toda su vida en uni贸n con la oblaci贸n de Cristo. La celebraci贸n cotidiana del Sacrificio del altar y la oraci贸n diaria de la Liturgia de las Horas deben ir siempre acompa帽adas del testimonio de toda la existencia, que se hace don a Dios y a los dem谩s y se convierte as铆 en orientaci贸n para los fieles.

Durante estos meses la Iglesia tiene ante los ojos el ejemplo del santo cura de Ars, que invitaba a los fieles a unir su vida al sacrificio de Cristo y se ofrec铆a a s铆 mismo exclamando: "隆C贸mo aprovecha a un sacerdote ofrecerse a Dios en sacrificio todas las ma帽anas!" (Le Cur茅 d'Ars. Sa pens茅e son coeur, coord. Bernard Nodet, 1966, p. 104). Sigue siendo un modelo actual para vuestros presb铆teros, especialmente en la vivencia del celibato como exigencia del don total de s铆 mismos, expresi贸n de la caridad pastoral que el concilio Vaticano II presenta como centro unificador del ser y de la actividad del sacerdote. Casi contempor谩neamente viv铆a en vuestro amado Brasil, en S茫o Paulo, fray Antonio de Santa Ana Galv茫o, a quien tuve la alegr铆a de canonizar el 11 de mayo de 2007: tambi茅n 茅l dej贸 un "testimonio de ferviente adorador de la Eucarist铆a (...), [viviendo] en "laus perennis", en actitud constante de adoraci贸n" (Homil铆a en su canonizaci贸n, n. 2: L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 18 de mayo de 2007, p. 9). De este modo ambos procuraron imitar a Jesucristo, haci茅ndose cada uno de ellos no s贸lo sacerdote, sino tambi茅n v铆ctima y oblaci贸n como Jes煤s.

Amados hermanos en el episcopado, ya se manifiestan numerosas se帽ales de esperanza para el futuro de vuestras Iglesias particulares, un futuro que Dios est谩 preparando a trav茅s del celo y de la fidelidad con que ejerc茅is vuestro ministerio episcopal. Quiero aseguraros mi apoyo fraterno al mismo tiempo que os pido vuestras oraciones para que se me conceda confirmar a todos en la fe apost贸lica (cf. Lc 22, 32). Que la Sant铆sima Virgen Mar铆a interceda por todo el pueblo de Dios en Brasil, para que los pastores y los fieles puedan "anunciar abiertamente, con valor y alegr铆a, el misterio del Evangelio" (cf. Ef 6, 19). Con esta oraci贸n, os concedo mi bendici贸n apost贸lica a vosotros, a los presb铆teros y a todos los fieles de vuestras di贸cesis: "Paz a todos los que est谩is en Cristo" (1 P 5, 14).

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