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S.S. Benedicto XVI, Audiencia general, 2 de septiembre de 2009. San Od贸n, abad de Cluny
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Audiencia general, 2 de septiembre de 2009. San Od贸n, abad de Cluny

Queridos hermanos y hermanas:

Tras una larga pausa, quiero reanudar la presentaci贸n de los grandes escritores de la Iglesia de Oriente y de Occidente de la 茅poca medieval, porque, como en un espejo, en sus vidas y en sus escritos vemos lo que significa ser cristianos. Os propongo hoy la figura luminosa de San Od贸n, abad de Cluny: se sit煤a en el medievo mon谩stico que vio la sorprendente difusi贸n en Europa de la vida y de la espiritualidad inspiradas en la Regla de San Benito. Se produjo durante aquellos siglos una prodigiosa aparici贸n y multiplicaci贸n de claustros que, ramific谩ndose en el continente, difundieron en 茅l ampliamente el esp铆ritu y la sensibilidad cristianas. San Od贸n nos conduce, en particular, a un monasterio, Cluny, que durante la edad media fue uno de los m谩s ilustres y famosos, y todav铆a hoy revela a trav茅s de sus ruinas majestuosas las huellas de un pasado glorioso por la entrega intensa a la ascesis, al estudio y, de modo especial, al culto divino, rodeado de dignidad y belleza.

Od贸n fue el segundo abad de Cluny. Hab铆a nacido hacia el 880, en los confines entre Maine y Turena, en Francia. Su padre lo consagr贸 al santo obispo Mart铆n de Tours, a cuya sombra ben茅fica y en cuya memoria Od贸n pas贸 toda su vida, concluy茅ndola al final cerca de su tumba. La elecci贸n de la consagraci贸n religiosa estuvo en 茅l precedida por la experiencia de un momento de gracia especial, del que 茅l mismo habl贸 a otro monje, Juan el Italiano, que despu茅s fue su bi贸grafo. Od贸n era a煤n adolescente, de unos diecis茅is a帽os de edad, cuando, en una vigilia de Navidad, sinti贸 c贸mo le sal铆a espont谩neamente de los labios esta oraci贸n a la Virgen: "Se帽ora m铆a, Madre de misericordia, que en esta noche diste a luz al Salvador, ora por m铆. Que tu parto glorioso y singular sea, oh piados铆sima, mi refugio" (Vita Sancti Odonis, I, 9: PL 133, 747). El apelativo "Madre de misericordia", con el que el joven Od贸n invoc贸 entonces a la Virgen, ser谩 la forma que elegir谩 para dirigirse siempre a Mar铆a, llam谩ndola tambi茅n "煤nica esperanza del mundo... gracias a la cual se nos han abierto las puertas del para铆so" (In veneratione S. Mariae Magdalenae: PL 133, 721). En aquel tiempo empez贸 a profundizar en la Regla de San Benito y a observar algunas de sus indicaciones, "llevando, sin ser monje todav铆a, el yugo ligero de los monjes" (ib., I, 14: PL 133, 50). En uno de sus sermones Od贸n se refiri贸 a San Benito como "faro que brilla en la tenebrosa etapa de esta vida" (De Sancto Benedicto abbate: PL 133, 725), y lo calific贸 como "maestro de disciplina espiritual" (ib.: PL 133, 727). Con afecto destac贸 que la piedad cristiana "con m谩s viva dulzura hace memoria" de 茅l, consciente de que Dios lo ha elevado "entre los sumos y elegidos Padres de la Santa Iglesia" (ib.: PL 133, 722).

Fascinado por el ideal benedictino, Od贸n dej贸 Tours y entr贸 como monje en la abad铆a benedictina de Baume, para pasar despu茅s a la de Cluny, de la que se convirti贸 en abad en el a帽o 927. Desde ese centro de vida espiritual pudo ejercer una amplia influencia en los monasterios del continente. De su gu铆a y de su reforma se beneficiaron tambi茅n en Italia distintos cenobios, entre ellos el de San Pablo Extramuros. Od贸n visit贸 Roma m谩s de una vez, llegando tambi茅n a Subiaco, Montecassino y Salerno. Fue precisamente en Roma donde, en el verano del a帽o 942, cay贸 enfermo. Sinti茅ndose pr贸ximo a la muerte, quiso volver a toda costa junto a su San Mart铆n, en Tours, donde muri贸 durante el octavario del santo, el 18 de noviembre del 942. Su bi贸grafo, al subrayar en Od贸n la "virtud de la paciencia", ofrece un largo elenco de otras virtudes suyas, como el menosprecio del mundo, el celo por las almas, el compromiso por la paz de las Iglesias. Grandes aspiraciones del abad Od贸n eran la concordia entre reyes y pr铆ncipes, la observancia de los mandamientos, la atenci贸n a los pobres, la enmienda de los j贸venes, el respeto a las personas ancianas (cf. Vita Sancti Odonis, I, 17: PL 133, 49). Amaba la celdita en la que resid铆a, "alejado de los ojos de todos, preocupado por agradar s贸lo a Dios"(ib., I, 14: PL 133, 49). No dejaba, sin embargo, de ejercitar tambi茅n, como "fuente sobreabundante", el ministerio de la palabra y del ejemplo, "llorando este mundo como inmensamente m铆sero" (ib., I, 17: PL 133, 51). En un solo monje, comenta su bi贸grafo, se hallaban reunidas las distintas virtudes existentes de forma dispersa en los otros monasterios: "Jes煤s, en su bondad, tomando en los diversos jardines de los monjes, formaba en un peque帽o lugar un para铆so, para regar desde su fuente los corazones de los fieles" (ib., I, 14: PL 133, 49).

En un pasaje de un serm贸n en honor de Mar铆a Magdalena, el abad de Cluny nos revela c贸mo conceb铆a la vida mon谩stica: "Mar铆a que, sentada a los pies del Se帽or, con esp铆ritu atento escuchaba su palabra, es el s铆mbolo de la dulzura de la vida contemplativa, cuyo sabor, cuanto m谩s se gusta, tanto m谩s induce al alma a desasirse de las cosas visibles y de los tumultos de las preocupaciones del mundo" (In ven. S. Mariae Magd., PL 133, 717). Es una concepci贸n que Od贸n confirma y desarrolla en otros escritos suyos, de los que se trasluce su amor por la interioridad, una visi贸n del mundo como realidad fr谩gil y precaria de la que hay que desarraigarse, una inclinaci贸n constante al desprendimiento de las cosas consideradas como fuente de inquietud, una aguda sensibilidad por la presencia del mal en las diferentes categor铆as de hombres, una 铆ntima aspiraci贸n escatol贸gica. Esta visi贸n del mundo puede parecer bastante alejada de la nuestra, y sin embargo la de Od贸n es una concepci贸n que, viendo la fragilidad del mundo, valora la vida interior abierta al otro, al amor por el pr贸jimo, y precisamente as铆 transforma la existencia y abre el mundo a la luz de Dios.

Merece particular menci贸n la "devoci贸n" al Cuerpo y a la Sangre de Cristo que Od贸n, frente a una difundida negligencia, que 茅l deplora vivamente, cultiv贸 siempre con convicci贸n. En efecto, estaba firmemente convencido de la presencia real, bajo las especies eucar铆sticas, del Cuerpo y de la Sangre del Se帽or, en virtud de la conversi贸n "sustancial" del pan y del vino. Escrib铆a: "Dios, el Creador de todo, tom贸 el pan, diciendo que era su Cuerpo y que lo habr铆a ofrecido por el mundo, y distribuy贸 el vino, llam谩ndolo su Sangre"; ahora bien, "es ley de naturaleza que tenga lugar la transformaci贸n seg煤n el mandato del Creador", y por tanto, he aqu铆 que "inmediatamente la naturaleza cambia su condici贸n habitual: sin tardar el pan se convierte en carne, y el vino se convierte en sangre"; a la orden del Se帽or "la sustancia se transforma" (Odonis Abb. Cluniac. occupatio, ed. A. Swoboda, Lipsia 1900, p. 121). Desgraciadamente, anota nuestro abad, este "sacrosanto misterio del Cuerpo del Se帽or, en el que consiste toda la salvaci贸n del mundo" (Collationes, XXVIII: PL 133, 572), es celebrado con negligencia. "Los sacerdotes 鈥攁dvierte鈥� que acceden al altar indignamente, manchan el pan, es decir, el Cuerpo de Cristo" (ib.: PL 133, 572-573). S贸lo el que est谩 unido espiritualmente a Cristo puede participar dignamente de su Cuerpo eucar铆stico: en caso contrario, comer su carne y beber su sangre no le ser铆a de beneficio, sino de condena" (cf. ib., XXX, PL 133, 575). Todo esto nos invita a creer con nueva fuerza y profundidad la verdad de la presencia del Se帽or. La presencia del Creador entre nosotros, que se entrega en nuestras manos y nos transforma como transforma el pan y el vino, transforma as铆 el mundo.

San Od贸n ha sido un verdadero gu铆a espiritual tanto para los monjes como para los fieles de su tiempo. Ante el "gran n煤mero de vicios" difundidos en la sociedad, el remedio que 茅l propon铆a con decisi贸n era el de un cambio radical de vida, fundado en la humildad, la austeridad, el desapego de las cosas ef铆meras y la adhesi贸n a las eternas (cf. Collationes, XXX, PL 133, 613). A pesar del realismo de su diagn贸stico sobre la situaci贸n de su tiempo, Od贸n no se rinde al pesimismo: "No decimos esto 鈥攑recisa鈥� para precipitar en la desesperaci贸n los que quieran convertirse. La misericordia divina est谩 siempre disponible; ella espera la hora de nuestra conversi贸n" (ib.: PL 133, 563). Y exclama: "隆Oh inefables entra帽as de la piedad divina! Dios persigue las culpas y sin embargo protege a los pecadores" (ib.: PL 133, 592). Sostenido por esta convicci贸n, el abad de Cluny amaba detenerse en la contemplaci贸n de la misericordia de Cristo, el Salvador que 茅l calificaba sugestivamente como "amante de los hombres": "amator hominum Christus" (ib., LIII: PL 133, 637). Jes煤s tom贸 sobre s铆 los flagelos que nos correspond铆an a nosotros 鈥攐bserva鈥� para salvar as铆 a la criatura que es obra suya y a la que ama (cf. ib.: PL 133, 638).

Aparece aqu铆 un rasgo del santo abad a primera vista casi escondido bajo el rigor de su austeridad de reformador: la profunda bondad de su alma. Era austero, pero sobre todo era bueno, un hombre de una gran bondad, una bondad que proviene del contacto con la bondad divina. Od贸n, como nos dicen sus contempor谩neos, difund铆a a su alrededor la alegr铆a de la que rebosaba. Su bi贸grafo atestigua que no hab铆a o铆do nunca salir de boca de hombre "tanta dulzura de palabra" (ib., I 17: PL 133, 31). Acostumbraba, recuerda su bi贸grafo, invitar a cantar a los ni帽os que encontraba por el camino para despu茅s hacerles alg煤n peque帽o regalo, y a帽ade: "Sus palabras estaban llenas de gozo..., su hilaridad infund铆a en nuestro coraz贸n una 铆ntima alegr铆a" (ib., II, 5: PL 133, 63). De esta forma el vigoroso y al mismo tiempo amable abad medieval, apasionado por la reforma, con acci贸n incisiva alimentaba en los monjes, como tambi茅n en los fieles laicos de su tiempo, el prop贸sito de progresar con paso diligente por el camino de la perfecci贸n cristiana.

Esperamos que su bondad, la alegr铆a que nace de la fe, unidas a la austeridad y a la oposici贸n a los vicios del mundo, toquen tambi茅n nuestro coraz贸n, a fin de que tambi茅n nosotros podamos hallar la fuente de la alegr铆a que brota de la bondad de Dios.

Saludos

Ayer hemos recordado el 70掳 aniversario del comienzo de la segunda guerra mundial. En la memoria de los pueblos permanecen las tragedias humanas y la absurdidad de la guerra. Pidamos a Dios que el esp铆ritu del perd贸n, de la paz y de la reconciliaci贸n se apodere de los corazones de los hombres. Europa y el mundo de hoy necesitan un esp铆ritu de comuni贸n. Construy谩mosla sobre Cristo y su Evangelio, sobre el fundamento de la caridad y de la verdad. A vosotros aqu铆 presentes y a todos los que contribuyen a crear el clima de la paz imparto de coraz贸n mi bendici贸n.

(En espa帽ol)

Saludo cordialmente a los fieles de lengua espa帽ola. En particular a las Hijas de Mar铆a Auxiliadora, a las Siervas de Mar铆a Ministras de los Enfermos y a las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentaci贸n. As铆 como a los grupos provenientes de Vi帽a del Mar, Chile; de Venezuela; de Terrassa, Espa帽a; y del movimiento de Sch枚nstatt en Argentina. Aliento a todos a aprovechar la visita a Roma para profundizar en la fe y en el gozo de pertenecer a la Iglesia. Muchas gracias.

(En italiano)

Os invito a vosotros, j贸venes, a acoger y vivir la Palabra del Se帽or con la valent铆a y la originalidad que caracterizan a vuestra edad. A vosotros, queridos enfermos, os animo a conservar en el coraz贸n las ense帽anzas evang茅licas para sacar de ellas fuerza, serenidad y apoyo en la prueba del sufrimiento. A vosotros, reci茅n casados, os deseo que emprend谩is con generosa fidelidad el itinerario sugerido por el Hijo de Dios, a fin de que vuestra familia se edifique sobre la roca firme de su Palabra.

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