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S.S. Benedicto XVI, Homil铆a del Santo Padre durante la concelebraci贸n eucar铆stica en el Valle Faul (Viterbo)
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Homil铆a del Santo Padre durante la concelebraci贸n eucar铆stica en el Valle Faul (Viterbo)

Visita pastoral a Viterbo y Bagnoregio

Queridos hermanos y hermanas:

Es verdaderamente in茅dito y sugestivo el escenario en el que celebramos la Santa Misa: nos encontramos en el "Valle" que se asoma a la antigua Puerta denominada FAUL, cuyas cuatro letras recuerdan las cuatro colinas de la antigua Viterbium, esto es, Fanum-Arbanum-Vetulonia-Longula. A un lado se yergue imponente el palacio, en otro tiempo residencia de los Papas, que 鈥攃omo ha recordado vuestro obispo鈥� en el siglo XIII fue sede de cinco c贸nclaves; nos rodean construcciones y espacios, testigos de m煤ltiples sucesos del pasado, y hoy tejido de vida de vuestra ciudad y provincia. En este contexto, que evoca siglos de historia civil y religiosa, se encuentra ahora idealmente reunida, con el Sucesor de Pedro, toda vuestra comunidad diocesana para ser confirmada por 茅l en la fidelidad a Cristo y a su Evangelio.

A todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, os expreso con afecto mi gratitud por la cordial acogida que me hab茅is reservado. Saludo en primer lugar a vuestro amado pastor, monse帽or Lorenzo Chiarinelli, a quien agradezco sus palabras de bienvenida. Saludo a los dem谩s obispos, en particular a los del Lacio con el cardenal vicario de Roma, los queridos sacerdotes diocesanos, los di谩conos, los seminaristas, los religiosos y las religiosas, los j贸venes y los ni帽os, y extiendo mi recuerdo a todos los miembros de la di贸cesis, que en el pasado reciente ha visto unirse a Viterbo, con la abad铆a de San Mart铆n en el Monte Cimino, las di贸cesis de Acquapendente, Bagnoregio, Montefiascone y Tuscania. Esta nueva configuraci贸n se esculpe ahora art铆sticamente en las "Puertas de bronce" de la iglesia catedral que, al comenzar mi visita por la plaza de San Lorenzo, he podido bendecir y admirar.

Con deferencia me dirijo a las autoridades civiles y militares, a los representantes del Parlamento, del Gobierno, de la Regi贸n y de la Provincia, y de manera especial al alcalde de la ciudad, que se ha hecho int茅rprete de los cordiales sentimientos de la poblaci贸n de Viterbo. Doy las gracias a las fuerzas del orden y saludo a los numerosos militares presentes en esta ciudad, as铆 como a los comprometidos en misiones de paz en el mundo. Saludo y doy las gracias a los voluntarios y a cuantos han contribuido a la realizaci贸n de mi visita. Reservo un saludo muy especial a los ancianos y a las personas solas, a los enfermos, a los presos y a cuantos no han podido participar en este encuentro de oraci贸n y amistad.

Queridos hermanos y hermanas, cada asamblea lit煤rgica es espacio de la presencia de Dios. Los disc铆pulos del Se帽or, reunidos para la Santa Eucarist铆a, proclaman que 茅l ha resucitado, est谩 vivo y es dador de vida, y testimonian que su presencia es gracia, es tarea, es alegr铆a. Abramos el coraz贸n a su palabra y acojamos el don de su presencia. En la primera lectura de este domingo, el profeta Isa铆as (35, 4-7) anima a los "cobardes de coraz贸n" y anuncia esta estupenda novedad, que la experiencia confirma: cuando el Se帽or est谩 presente se despegan los ojos del ciego, se abren los o铆dos del sordo, el cojo "salta" como un ciervo. Todo renace y todo revive porque aguas ben茅ficas riegan el desierto. El "desierto", en su lenguaje simb贸lico, puede evocar los acontecimientos dram谩ticos, las situaciones dif铆ciles y la soledad que no raramente marca la vida; el desierto m谩s profundo es el coraz贸n humano cuando pierde la capacidad de o铆r, de hablar, de comunicarse con Dios y con los dem谩s. Se vuelve entonces ciego porque es incapaz de ver la realidad; se cierran los o铆dos para no escuchar el grito de quien implora ayuda; se endurece el coraz贸n en la indiferencia y en el ego铆smo. Pero ahora 鈥攁nuncia el profeta鈥� todo est谩 destinado a cambiar; esta "tierra 谩rida" de un coraz贸n cerrado ser谩 regada por una nueva linfa divina. Y cuando el Se帽or viene, dice con autoridad a los cobardes de coraz贸n de toda 茅poca: "隆脕nimo, no tem谩is!" (v. 4).

Aqu铆 se enlaza perfectamente el episodio evang茅lico, narrado por San Marcos (7, 31-37): Jes煤s cura en tierra pagana a un sordomudo. Primero lo acoge y se ocupa de 茅l con el lenguaje de los gestos, m谩s inmediatos que las palabras; y despu茅s, con una expresi贸n en lengua aramea, le dice: "Effat脿", o sea, "谩brete", devolviendo a aquel hombre o铆do y lengua. Llena de estupor, la multitud exclama: "Todo lo ha hecho bien" (v. 37). En este "signo" podemos ver el ardiente deseo de Jes煤s de vencer en el hombre la soledad y la incomunicabilidad creadas por el ego铆smo, a fin de dar rostro a una "nueva humanidad", la humanidad de la escucha y de la palabra, del di谩logo, de la comunicaci贸n, de la comuni贸n con Dios. Una humanidad "buena", como es buena toda la creaci贸n de Dios; una humanidad sin discriminaciones, sin exclusiones 鈥攃omo advierte el ap贸stol Santiago en su carta (2, 1-5)鈥�, de forma que el mundo sea realmente y para todos "espacio de verdadera fraternidad" (Gaudium et spes, 37), en la apertura al amor al Padre com煤n, que nos ha creado y nos ha hecho sus hijos y sus hijas.

Querida Iglesia de Viterbo, que Cristo, a quien vemos en el Evangelio abrir los o铆dos y desatar el nudo de la lengua al sordomudo, abra tu coraz贸n y te d茅 siempre la alegr铆a de la escucha de su Palabra, la valent铆a del anuncio de su Evangelio, la capacidad de hablar de Dios y de hablar as铆 con los hermanos y las hermanas y, por 煤ltimo, el valor del descubrimiento del rostro de Dios y de su belleza. Pero para que esto pueda suceder 鈥攔ecuerda San Buenaventura de Bagnoregio, adonde ir茅 esta tarde鈥�, la mente debe "ir m谩s all谩 de todo con la contemplaci贸n e ir m谩s all谩 no s贸lo del mundo sensible, sino tambi茅n m谩s all谩 de s铆 misma" (Itinerarium mentis in Deum VII, 1). Este es el itinerario de salvaci贸n, iluminado por la luz de la Palabra de Dios y alimentado por los sacramentos, para todos los cristianos.

De este camino que tambi茅n t煤, amada Iglesia que vive en esta tierra est谩s llamada a recorrer, quisiera ahora retomar algunas l铆neas espirituales y pastorales. Una prioridad que interesa mucho a tu obispo es la educaci贸n en la fe, como b煤squeda, como iniciaci贸n cristiana, como vida en Cristo. Es el "ser cristianos" que consiste en el "aprender a Cristo" que San Pablo expresa con la f贸rmula: "Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en m铆" (Ga 2, 20). En esta experiencia est谩n involucradas las parroquias, las familias y las diversas asociaciones. Est谩n llamados a comprometerse los catequistas y todos los educadores; est谩 llamada a dar su aportaci贸n la escuela, desde la primaria hasta la Universidad de Tuscia, cada vez m谩s importante y prestigiosa, y en particular la escuela cat贸lica, con el Instituto filos贸fico-teol贸gico "San Pedro".

Hay modelos siempre actuales, aut茅nticos pioneros de la educaci贸n en la fe en quienes inspirarse. Me complace mencionar, entre otros, a Santa Rosa Venerini (1656-1728) 鈥攁 quien tuve la alegr铆a de canonizar hace tres a帽os鈥�, verdadera precursora de las escuelas femeninas en Italia, precisamente "en el siglo de las Luces"; y a Santa Lucia Filippini (1672-1732), quien, con la ayuda del venerable cardenal Marco Antonio Barbarigo (1640-1706), fund贸 las benem茅ritas "Maestras P铆as". De estas fuentes espirituales se podr谩 felizmente seguir bebiendo para afrontar con lucidez y coherencia la actual, ineludible y prioritaria "emergencia educativa", gran desaf铆o para cada comunidad cristiana y para toda la sociedad, que es precisamente un proceso de "Effat脿", de abrir los o铆dos, el nudo de la lengua y tambi茅n los ojos.

Junto con la educaci贸n, el testimonio de la fe. "La fe 鈥攅scribe San Pablo鈥� act煤a a trav茅s de la caridad" (Ga 5, 6). Desde esta perspectiva se hace visible la acci贸n caritativa de la Iglesia: sus iniciativas, sus obras son signos de la fe y del amor de Dios, que es Amor, como he recordado ampliamente en las enc铆clicas Deus caritas est y Caritas in veritate. En este 谩mbito florece y se incrementa cada vez m谩s la presencia del voluntariado, tanto en el plano personal como en el asociativo, que halla en la Caritas su organismo propulsor y educativo. La joven Santa Rosa (1233-1251), co-patrona de la di贸cesis, cuya fiesta se celebra precisamente en estos d铆as, es ejemplo brillante de fe y de generosidad hacia los pobres. 驴C贸mo no recordar adem谩s a Santa Jacinta Marescotti (1585-1640), que promovi贸 en la ciudad la adoraci贸n eucar铆stica desde su monasterio y dio vida a instituciones e iniciativas para los encarcelados y los marginados? Tampoco podemos olvidar el testimonio franciscano de San Crisp铆n, capuchino (1668-1759), que todav铆a inspira presencias asistenciales benem茅ritas.

Es significativo que en este clima de fervor evang茅lico hayan nacido muchas casas de vida consagrada, masculinas y femeninas, y en particular monasterios de clausura, que constituyen una llamada visible al primado de Dios en nuestra existencia y nos recuerdan que la primera forma de caridad es precisamente la oraci贸n. Al respecto, es emblem谩tico el ejemplo de la beata Gabriela Sagheddu (1914-1939), trapense: en el monasterio de Vitorchiano, donde est谩 enterrada, sigue proponi茅ndose el ecumenismo espiritual, alimentado de oraci贸n incesante, que recomend贸 vivamente el concilio Vaticano ii (cf. Unitatis redintegratio, 8). Recuerdo tambi茅n al beato, originario de Viterbo, Domingo B脿rberi (1792-1849), pasionista, que en 1845 acogi贸 en la Iglesia cat贸lica a John Henry Newman, quien despu茅s fue cardenal, figura de elevado perfil intelectual y de espiritualidad luminosa.

Quisiera aludir, por 煤ltimo, a una tercera l铆nea de vuestro plan pastoral: la atenci贸n a los signos de Dios. Como hizo Jes煤s con el sordomudo, de igual modo Dios sigue revel谩ndonos su proyecto mediante "hechos y palabras". Escuchar su palabra y discernir sus signos debe ser, por tanto, el compromiso de todo cristiano y de toda comunidad. El signo de Dios m谩s inmediato es ciertamente la atenci贸n al pr贸jimo, seg煤n lo que dijo Jes煤s: "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos m铆os m谩s peque帽os, a m铆 me lo hicisteis" (Mt 25, 40). Adem谩s, como afirma el concilio Vaticano ii, el cristiano est谩 llamado a ser "ante el mundo testigo de la resurrecci贸n y de la vida del Se帽or Jes煤s, y signo del Dios vivo" (Lumen gentium, 38). Debe serlo en primer lugar el sacerdote, a quien Cristo ha escogido todo para 茅l. Durante este A帽o sacerdotal, orad con mayor intensidad por los sacerdotes, por los seminaristas y por las vocaciones, para que sean fieles a la llamada. Asimismo, toda persona consagrada y todo bautizado debe ser signo del Dios vivo.

Fieles laicos, j贸venes y familias, 隆no teng谩is miedo de vivir y testimoniar la fe en los diversos 谩mbitos de la sociedad, en las m煤ltiples situaciones de la existencia humana! Viterbo tambi茅n ha tenido al respecto figuras prestigiosas. En esta ocasi贸n es un deber y una alegr铆a recordar al joven Mario Fani de Viterbo, iniciador del "C铆rculo Santa Rosa", que encendi贸, junto a Giovanni Acquaderni, de Bolonia, la primera luz que despu茅s se transformar铆a en la experiencia hist贸rica del laicado en Italia: la Acci贸n cat贸lica. Se suceden las estaciones de la historia, cambian los contextos sociales, pero es inmutable y no pasa de moda la vocaci贸n de los cristianos a vivir el Evangelio en solidaridad con la familia humana, al paso de los tiempos. He aqu铆 el compromiso social, he aqu铆 el servicio propio de la acci贸n pol铆tica, he aqu铆 el desarrollo humano integral.

Queridos hermanos y hermanas, cuando el coraz贸n se extrav铆a en el desierto de la vida, no teng谩is miedo, confiad en Cristo, el primog茅nito de la humanidad nueva: una familia de hermanos construida en la libertad y en la justicia, en la verdad y en la caridad de los hijos de Dios. De esta gran familia forman parte santos queridos para vosotros: Lorenzo, Valentino, Hilario, Rosa, Luc铆a, Buenaventura y muchos otros. Nuestra Madre com煤n es Mar铆a, a quien vener谩is con el t铆tulo de Virgen de la Encina como patrona de toda la di贸cesis en su nueva configuraci贸n. Que ellos os conserven siempre unidos y alimenten en cada uno el deseo de proclamar, con las palabras y las obras, la presencia y el amor de Cristo. Am茅n.

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