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S.S. Benedicto XVI, Discurso del Santo Padre a los participantes en la sesi贸n plenaria de la Comisi贸n Teol贸gica Internacional
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Discurso del Santo Padre a los participantes en la sesi贸n plenaria de la Comisi贸n Teol贸gica Internacional

Se帽or cardenal;

venerados hermanos en el episcopado;

ilustres profesores y queridos colaboradores:

Os acojo con alegr铆a al final de los trabajos de vuestra sesi贸n plenaria anual. Ante todo deseo expresar mi profundo agradecimiento por las palabras de saludo que me ha dirigido, en nombre de todos, usted, se帽or cardenal, como presidente de la Comisi贸n teol贸gica internacional.

Los trabajos de este s茅ptimo "quinquenio" de la Comisi贸n teol贸gica internacional, como ha recordado usted, se帽or cardenal, ya han dado un fruto concreto con la publicaci贸n del documento "La esperanza de la salvaci贸n para los ni帽os que mueren sin bautismo". En 茅l se afronta este tema en el contexto de la voluntad salv铆fica universal de Dios, de la universalidad de la mediaci贸n 煤nica de Cristo, del primado de la gracia divina y de la sacramentalidad de la Iglesia. Conf铆o en que este documento constituya un punto de referencia 煤til para los pastores de la Iglesia y para los te贸logos, y tambi茅n una ayuda y una fuente de consuelo para los fieles que han sufrido en sus familias la muerte inesperada de un ni帽o antes de que recibiera el ba帽o de regeneraci贸n.

Vuestras reflexiones podr谩n ser tambi茅n una oportunidad para profundizar e investigar ulteriormente ese tema. En efecto, es necesario penetrar cada vez m谩s a fondo en la comprensi贸n de las diferentes manifestaciones del amor de Dios a todos los hombres, especialmente a los m谩s peque帽os y a los m谩s pobres, que nos fue revelado en Cristo.

Os felicito por los resultados ya alcanzados y, al mismo tiempo, os aliento a continuar con empe帽o el estudio de los dem谩s temas propuestos para este quinquenio, sobre los cuales ya hab茅is trabajado en los a帽os pasados y en esta sesi贸n plenaria. Como ha recordado usted, se帽or cardenal, se trata de los fundamentos de la ley moral natural y los principios de la teolog铆a y de su m茅todo. En la audiencia del 1 de diciembre de 2005 present茅 algunas l铆neas fundamentales del trabajo que el te贸logo debe desempe帽ar en comuni贸n con la voz viva de la Iglesia, bajo la gu铆a del Magisterio.

Ahora quiero hablar en particular sobre el tema de la ley moral natural.

Como probablemente es sabido, por invitaci贸n de la Congregaci贸n para la doctrina de la fe, varios centros universitarios y asociaciones han celebrado o est谩n organizando simposios o jornadas de estudio para encontrar l铆neas y convergencias 煤tiles para profundizar de forma constructiva y eficaz en la doctrina sobre la ley moral natural. Esta invitaci贸n ha encontrado hasta ahora una acogida positiva y un gran eco. Por tanto, se espera con mucho inter茅s la contribuci贸n de la Comisi贸n teol贸gica internacional, orientada sobre todo a justificar e ilustrar los fundamentos de una 茅tica universal, perteneciente al gran patrimonio de la sabidur铆a humana, que de alg煤n modo constituye una participaci贸n de la criatura racional en la ley eterna de Dios.

As铆 pues, no se trata de un tema de 铆ndole exclusiva o principalmente "confesional", aunque la doctrina sobre la ley moral natural est茅 iluminada y se desarrolle en plenitud a la luz de la Revelaci贸n cristiana y de la realizaci贸n del hombre en el misterio de Cristo.

El Catecismo de la Iglesia cat贸lica resume bien el contenido central de la doctrina sobre la ley natural, revelando que indica "los preceptos primeros y esenciales que rigen la vida moral. Tiene por ra铆z la aspiraci贸n y la sumisi贸n a Dios, fuente y juez de todo bien, as铆 como el sentido del pr贸jimo en cuanto igual a s铆 mismo. Est谩 expuesta, en sus principales preceptos, en el Dec谩logo. Esta ley se llama natural no por referencia a la naturaleza de los seres irracionales, sino porque la raz贸n que la proclama pertenece propiamente a la naturaleza humana" (n. 1955).

Con esta doctrina se logran dos objetivos esenciales: por una parte, se comprende que el contenido 茅tico de la fe cristiana no constituye una imposici贸n dictada a la conciencia del hombre desde el exterior, sino una norma que tiene su fundamento en la misma naturaleza humana; por otra, partiendo de la ley natural, que puede ser descubierta por toda criatura racional, con ella se pone la base para entablar el di谩logo con todos los hombres de buena voluntad y, m谩s en general, con la sociedad civil y secular.

Precisamente a causa de la influencia de factores de orden cultural e ideol贸gico, la sociedad civil y secular se encuentra hoy en una situaci贸n de desvar铆o y confusi贸n: se ha perdido la evidencia originaria de los fundamentos del ser humano y de su obrar 茅tico, y la doctrina de la ley moral natural se enfrenta con otras concepciones que constituyen su negaci贸n directa.

Todo esto tiene enormes y graves consecuencias en el orden civil y social. En muchos pensadores parece dominar hoy una concepci贸n positivista del derecho. Seg煤n ellos, la humanidad, o la sociedad, o de hecho la mayor铆a de los ciudadanos, se convierte en la fuente 煤ltima de la ley civil. El problema que se plantea no es, por tanto, la b煤squeda del bien, sino del poder, o m谩s bien, del equilibrio de poderes.

En la ra铆z de esta tendencia se encuentra el relativismo 茅tico, en el que algunos ven incluso una de las condiciones principales de la democracia, porque el relativismo garantizar铆a la tolerancia y el respeto rec铆proco de las personas. Pero, si fuera as铆, la mayor铆a que existe en un momento determinado se convertir铆a en la 煤ltima fuente del derecho. La historia demuestra con gran claridad que las mayor铆as pueden equivocarse. La verdadera racionalidad no queda garantizada por el consenso de un gran n煤mero de personas, sino s贸lo por la transparencia de la raz贸n humana a la Raz贸n creadora y por la escucha com煤n de esta Fuente de nuestra racionalidad.

Cuando est谩n en juego las exigencias fundamentales de la dignidad de la persona humana, de su vida, de la instituci贸n familiar, de la equidad del ordenamiento social, es decir, los derechos fundamentales del hombre, ninguna ley hecha por los hombres puede trastocar la norma escrita por el Creador en el coraz贸n del hombre, sin que la sociedad misma quede herida dram谩ticamente en lo que constituye su fundamento irrenunciable. As铆, la ley natural se convierte en la verdadera garant铆a ofrecida a cada persona para vivir libre, respetada en su dignidad y protegida de toda manipulaci贸n ideol贸gica y de todo arbitrio o abuso del m谩s fuerte.

Nadie puede sustraerse a esta exigencia. Si, por un tr谩gico oscurecimiento de la conciencia colectiva, el escepticismo y el relativismo 茅tico llegaran a cancelar los principios fundamentales de la ley moral natural, el mismo ordenamiento democr谩tico quedar铆a radicalmente herido en sus fundamentos. Contra este oscurecimiento, que es crisis de la civilizaci贸n humana, antes incluso que cristiana, es necesario movilizar la conciencia de todos los hombres de buena voluntad, tanto laicos como pertenecientes a religiones diferentes del cristianismo, para que juntos y de manera efectiva se comprometan a crear, en la cultura y en la sociedad civil y pol铆tica, las condiciones necesarias para una plena conciencia del valor inalienable de la ley moral natural. Del respeto de esta ley depende, de hecho, que las personas y la sociedad avancen por el camino del aut茅ntico progreso, en conformidad con la recta raz贸n, que es participaci贸n en la Raz贸n eterna de Dios.

Juntamente con mi gratitud, os expreso a todos mi aprecio por la entrega que os caracteriza y mi estima por el trabajo que hab茅is desarrollado y que est谩is desarrollando. Con mis mejores deseos para vuestros compromisos futuros, os imparto con afecto mi bendici贸n.

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