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S.S. Benedicto XVI, Homil铆a del Santo Padre durante la Celebraci贸n de las V铆speras en la Catedral de Aosta
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Homil铆a del Santo Padre durante la Celebraci贸n de las V铆speras en la Catedral de Aosta

Excelencia,

queridos hermanos y hermanas:

Ante todo deseo decirle "gracias" a usted, excelencia, por sus buenas palabras, con las que me ha introducido en la gran historia de esta iglesia catedral y as铆 me ha permitido sentir que oramos aqu铆, no s贸lo en este momento, sino que podemos orar con los siglos en esta bella iglesia.

Y gracias a todos vosotros, que hab茅is venido a rezar conmigo y a hacer visible as铆 esta red de oraci贸n que nos une a todos y siempre.

En esta breve homil铆a deseo decir algunas palabras sobre la oraci贸n con la que se concluyen estas V铆speras, porque me parece que en esta oraci贸n se interpreta y se transforma en plegaria el pasaje le铆do de la carta a los Romanos.

La oraci贸n se compone de dos partes: un mensaje 鈥攗n encabezamiento, por as铆 decirlo鈥� y despu茅s la plegaria formada por dos s煤plicas.

Comenzamos con el mensaje, que tambi茅n tiene dos partes: aqu铆 hay que concretar un poco el "t煤" a quien hablamos para poder llamar con mayor fuerza al coraz贸n de Dios.

En el texto italiano leemos sencillamente: "Padre misericordioso". El texto original en lat铆n es algo m谩s amplio; dice: "Dios omnipotente, misericordioso". En mi reciente enc铆clica he intentado mostrar la prioridad de Dios tanto en la vida personal como en la vida de la historia, de la sociedad, del mundo.

Ciertamente la relaci贸n con Dios es algo profundamente personal, y la persona es un ser en relaci贸n, y si la relaci贸n fundamental 鈥攍a relaci贸n con Dios鈥� no est谩 viva, si no se vive, tampoco las dem谩s relaciones pueden encontrar su justa forma. Pero esto vale tambi茅n para la sociedad, para la humanidad como tal. Tambi茅n aqu铆, si falta Dios, si se prescinde de Dios, si Dios est谩 ausente, falta la br煤jula para mostrar el conjunto de todas las relaciones a fin de hallar el camino, la orientaci贸n que conviene seguir.

隆Dios! Debemos llevar de nuevo a este mundo nuestro la realidad de Dios, darlo a conocer y hacerlo presente. Pero, 驴c贸mo conocer a Dios? En las visitas "ad limina" hablo siempre con los obispos, sobre todo africanos, pero tambi茅n los de Asia y Am茅rica Latina, donde existen todav铆a religiones tradicionales, precisamente de estas religiones. Hay muchos detalles, naturalmente bastante distintos, pero existen tambi茅n elementos comunes. Todos saben que existe Dios, un solo Dios, que Dios es una palabra en singular, que los dioses no son Dios, que hay Dios, un solo Dios. Sin embargo, al mismo tiempo, este Dios parece ausente, muy lejano; no parece entrar en nuestra vida cotidiana, se esconde, no conocemos su rostro. Y as铆 la religi贸n en gran parte se ocupa de las cosas, de los poderes m谩s pr贸ximos, los esp铆ritus, los antepasados, etc茅tera, dado que Dios mismo est谩 demasiado lejos y entonces se debe tratar con estos poderes cercanos. Y el acto de la evangelizaci贸n consiste precisamente en el hecho de que el Dios lejano se acerca, que Dios ya no est谩 lejos, sino que est谩 cerca; que este "conocido-desconocido" ahora se da a conocer realmente, muestra su rostro, se revela: cae el velo de su rostro y lo muestra de verdad. Por ello, dado que Dios mismo ahora est谩 cerca, lo conocemos, nos muestra su rostro, entra en nuestro mundo. Ya no hay necesidad de arregl谩rselas con estos otros poderes, porque 茅l es el poder verdadero, el Omnipotente.

Desconozco por qu茅 se ha omitido en el texto italiano la palabra "omnipotente", pero es cierto que casi nos sentimos un poco amenazados por la omnipotencia: parece limitar nuestra libertad, parece un peso demasiado fuerte. Pero debemos aprender que la omnipotencia de Dios no es un poder arbitrario, porque Dios es el Bien, es la Verdad, y por ello Dios lo puede todo; sin embargo, no puede actuar contra el bien, no puede actuar contra la verdad, no puede actuar contra el amor ni contra la libertad, porque 茅l mismo es el bien, es el amor, es la verdadera libertad. Por ello, todo cuanto hace jam谩s puede estar en contradicci贸n con la verdad, el amor y la libertad. Es cierto lo contrario. 脡l, Dios, es el custodio de nuestra libertad, del amor, de la verdad. Este ojo que nos mira no es un ojo malvado que nos vigila, sino que es la presencia de un amor que jam谩s nos abandona y que nos da la certeza de que el bien es ser, el bien es vivir: es la mirada del amor que nos da el aire para vivir.

Dios omnipotente y misericordioso. Una oraci贸n romana, vinculada al texto del libro de la Sabidur铆a, dice: "T煤, Dios, muestras tu omnipotencia en el perd贸n y en la misericordia". La cumbre del poder de Dios es la misericordia, es el perd贸n. Hoy, en nuestro concepto mundial de poder pensamos en alguien con grandes propiedades, que tiene algo que decir en econom铆a, que dispone de capitales para influir en el mundo del mercado. Pensamos en quien dispone de poder militar, en quien puede amenazar. La pregunta de Stalin: "驴Cu谩ntos ej茅rcitos tiene el Papa?" todav铆a caracteriza la idea com煤n del poder. Tiene poder quien puede ser peligroso, quien puede amenazar, quien puede destruir, quien tiene en su mano muchas cosas del mundo. Pero la Revelaci贸n nos dice: "No es as铆"; el verdadero poder es el poder de gracia y de misericordia. En la misericordia Dios demuestra el verdadero poder.

As铆, la segunda parte de este encabezamiento dice: "Has redimido al mundo con la pasi贸n, con el sufrimiento de tu Hijo". Dios ha sufrido y en su Hijo sufre con nosotros. Esta es la cumbre suprema de su poder, que es capaz de sufrir con nosotros. As铆 demuestra el verdadero poder divino: quer铆a sufrir con nosotros y por nosotros. En nuestros sufrimientos jam谩s hemos estado solos. Dios, en su Hijo, ha sufrido antes y est谩 cerca de nosotros en nuestros padecimientos.

Con todo, persiste la dif铆cil cuesti贸n que ahora no puedo interpretar ampliamente: 驴por qu茅 era necesario sufrir para salvar al mundo? Era necesario porque en el mundo existe un oc茅ano de mal, de injusticia, de odio, de violencia, y las numerosas v铆ctimas del odio y de la injusticia tienen derecho a que se haga justicia. Dios no puede ignorar este grito de los que sufren, oprimidos por la injusticia. Perdonar no es ignorar, sino transformar; es decir, Dios debe entrar en este mundo y oponer al oc茅ano de la injusticia el oc茅ano m谩s vasto del bien y del amor. Y este es el acontecimiento de la cruz: desde ese momento, contra el oc茅ano del mal existe un r铆o infinito y por eso siempre m谩s grande que todas las injusticias del mundo, un r铆o de bondad, de verdad, de amor. As铆 Dios perdona transformando el mundo y entrando en nuestro mundo a fin de que haya realmente una fuerza, un r铆o de bien m谩s grande que todo el mal que pueda existir.

As铆, nuestra s煤plica a Dios se convierte en un mensaje para nosotros; o sea, este Dios nos invita a ponernos de su parte, a salir del oc茅ano del mal, del odio, de la violencia, del ego铆smo, y a identificarnos, a entrar en el r铆o de su amor.

Precisamente este es el contenido de la primera parte de la plegaria que sigue: "Haz que tu Iglesia se ofrezca a ti como sacrificio vivo y Santo". Esta s煤plica, dirigida a Dios, tambi茅n se dirige a nosotros mismos. Es una alusi贸n a dos textos de la carta a los Romanos. Nosotros mismos, con todo nuestro ser, debemos ser adoraci贸n, sacrificio, restituir nuestro mundo a Dios y transformar as铆 el mundo. La funci贸n del sacerdocio es consagrar el mundo para que se transforme en hostia viva, para que el mundo se convierta en liturgia: que la liturgia no sea algo paralelo a la realidad del mundo, sino que el mundo mismo se transforme en hostia viva, que se convierta en liturgia. Es la gran visi贸n que despu茅s tuvo tambi茅n Teilhard de Chardin: al final tendremos una aut茅ntica liturgia c贸smica, en la que el cosmos se convierta en hostia viva.

Roguemos al Se帽or que nos ayude a ser sacerdotes en este sentido, para contribuir a la transformaci贸n del mundo, a la adoraci贸n de Dios, empezando por nosotros mismos. Que nuestra vida hable de Dios; que nuestra vida sea realmente liturgia, anuncio de Dios, puerta por la que el Dios lejano se convierta en Dios cercano, y realmente don de nosotros mismos a Dios.

Despu茅s, la segunda plegaria. Suplicamos: "Haz que tu pueblo experimente siempre la plenitud de tu amor". En el texto en lat铆n se dice: "S谩cianos con tu amor". As铆 el texto alude al Salmo que hemos cantado, donde se dice: "Abres tu mano y sacias el hambre de todos los vivientes". 隆Cu谩nta hambre hay en la tierra, hambre de pan en muchas partes del mundo! Su excelencia ha hablado tambi茅n de los sufrimientos de las familias aqu铆: hambre de justicia, hambre de amor. Y con esta plegaria, rogamos a Dios: "Abre tu mano y sacia realmente el hambre de todos los vivientes. Sacia nuestra hambre de la verdad, de tu amor".

As铆 sea. Am茅n.

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