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S.S. Benedicto XVI, Discurso del Santo Padre al Se帽or H茅ctor Federico Ling Altamirano, Embajador de M茅xico ante la Santa Sede
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Discurso del Santo Padre al Se帽or H茅ctor Federico Ling Altamirano, Embajador de M茅xico ante la Santa Sede

Viernes 10 de julio de 2009

Se帽or Embajador:

1. Me complace recibir a Vuestra Excelencia en el solemne acto en el que me hace entrega de las Cartas que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de los Estados Unidos Mexicanos ante la Santa Sede. Le agradezco cordialmente las deferentes palabras que me ha dirigido, rog谩ndole al mismo tiempo que tenga la bondad de transmitir al Se帽or Presidente de la Rep煤blica, Licenciado Felipe de Jes煤s Calder贸n Hinojosa, a su Gobierno y a todas las nobles gentes de su Pa铆s mis mejores deseos, que acompa帽o con mi oraci贸n ferviente, para que, afrontando con valent铆a, decisi贸n y unidad las vicisitudes del momento presente, el querido pueblo mexicano pueda seguir avanzando por los caminos de la libertad, la solidaridad y el progreso social.

2. Vuestra Excelencia viene como Representante de una gran Naci贸n, cuya identidad se ha ido forjando a lo largo de los siglos en fecunda relaci贸n con el mensaje de salvaci贸n que la Iglesia cat贸lica proclama, como se puede ver en muchas de sus costumbres y fiestas populares, en su arquitectura y otras diversas manifestaciones. La fe en Jesucristo ha engendrado en M茅xico una cultura que brinda un sentido espec铆fico y completo de la vida y una visi贸n esperanzada de la existencia, ilustrando al mismo tiempo una serie de principios sustanciales para el desarrollo arm贸nico de toda la sociedad, como son la promoci贸n de la justicia, el trabajo por la paz y la reconciliaci贸n, el fomento de la honradez y la transparencia, la lucha contra la violencia, la corrupci贸n y la criminalidad, la constante tutela de la vida humana y la salvaguarda de la dignidad de la persona.

3. La celebraci贸n hace unos meses del VI Encuentro Mundial de las Familias en la Ciudad de M茅xico ha puesto de relieve, adem谩s, la importancia de esta instituci贸n, tan estimada por el pueblo mexicano. En efecto, la familia, comunidad de vida y amor, fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, es la c茅lula b谩sica de todo el tejido social, por lo que es de suma transcendencia que se le ayude adecuadamente, de modo que los hogares no dejen de ser escuelas de respeto y entendimiento mutuo, semilleros de virtudes humanas y motivo de esperanza para el resto de la sociedad. En este contexto, deseo reiterar mi satisfacci贸n por los frutos de ese importante Encuentro eclesial, a la vez que quiero agradecer nuevamente a las Autoridades de su Pa铆s, y a todos los mexicanos, la diligencia mostrada en su organizaci贸n.

4. Me es grato constatar las buenas relaciones entre la Santa Sede y M茅xico, tras los importantes avances que se han ido produciendo en estos a帽os en un clima de rec铆proca autonom铆a y sana colaboraci贸n. Esto nos debe animar a esforzarnos por estrecharlas en el porvenir, teniendo en cuenta el puesto relevante que la religi贸n ocupa en la idiosincrasia y la historia de vuestra Patria. Precisamente, con motivo del XV aniversario del restablecimiento de las relaciones diplom谩ticas entre su Pa铆s y la Santa Sede, se organizaron en la Ciudad de M茅xico una serie de actos conmemorativos en los que se ahond贸 en diversos temas de inter茅s com煤n, como la manera correcta de entender un aut茅ntico Estado democr谩tico y su deber de amparar y favorecer la libertad religiosa en todos los aspectos de la vida p煤blica y social de la Naci贸n. En efecto, la libertad religiosa no es un derecho m谩s, ni tampoco un privilegio que la Iglesia cat贸lica reclama. Es la roca firme donde los derechos humanos se asientan s贸lidamente, ya que dicha libertad manifiesta de modo particular la dimensi贸n trascendente de la persona humana y la absoluta inviolabilidad de su dignidad. Por ello, la libertad religiosa pertenece a lo m谩s esencial de cada persona, de cada pueblo y naci贸n. El significado medular de la misma no consiente limitarla a una mera convivencia de ciudadanos que practican privadamente su religi贸n, o restringirla al libre ejercicio del culto, sino que se ha de asegurar a los creyentes la plena garant铆a de manifestar p煤blicamente su religi贸n, ofreciendo tambi茅n su aportaci贸n a la edificaci贸n del bien com煤n y del recto orden social en cualquier 谩mbito de la vida, sin ning煤n tipo de restricci贸n o coacci贸n. A este respecto, la Iglesia cat贸lica, a la vez que sostiene e impulsa esta visi贸n positiva del papel de la religi贸n en la sociedad, no desea interferir en la debida autonom铆a de las instituciones civiles. Ella, fiel al mandato recibido de su divino Fundador, busca alentar las iniciativas que beneficien a la persona humana, promuevan integralmente su dignidad y reconozcan su dimensi贸n espiritual, sabiendo que el mejor servicio que los cristianos pueden prestar a la sociedad es la proclamaci贸n del Evangelio, que ilumina una genuina cultura democr谩tica y orienta en la b煤squeda del bien com煤n. Se pone as铆 de manifiesto que la Iglesia y la comunidad pol铆tica est谩n y deben sentirse, aunque por diverso t铆tulo, al servicio de la vocaci贸n personal y social de los mismos hombres (cf. Gaudium et spes, 76).

5. Muchos son los pasos que desde diversas instancias de vuestra Naci贸n se est谩n dando para fomentar un orden social m谩s justo y solidario y superar las contrariedades que contin煤an atenazando al Pa铆s. En este sentido, merece la pena destacar la atenci贸n y el empe帽o con que las Autoridades de vuestra Patria est谩n encarando cuestiones tan graves como la violencia, el narcotr谩fico, las desigualdades y la pobreza, que son campo abonado para la delincuencia. Es bien sabido que para una soluci贸n eficaz y duradera de esos problemas no son suficientes medidas t茅cnicas o de seguridad. Se requiere una anchura de miras y la eficiente conjunci贸n de esfuerzos, adem谩s de propiciar una necesaria renovaci贸n moral, la educaci贸n de las conciencias y la construcci贸n de una verdadera cultura de la vida. En esta tarea, las Autoridades y las distintas fuerzas de la sociedad mexicana encontrar谩n siempre la leal cooperaci贸n y solidaridad de la Iglesia cat贸lica.

6. Nunca se insistir谩 bastante en que el derecho a la vida debe ser reconocido en toda su amplitud. En efecto, toda persona merece respeto y solidaridad desde el momento de su concepci贸n hasta su muerte natural. Esta noble causa, en la que valientemente se han comprometido muchos hombres y mujeres, debe estar sostenida tambi茅n por el esfuerzo de las Autoridades civiles en la promoci贸n de leyes justas y pol铆ticas p煤blicas efectivas que tengan en cuenta el alt铆simo valor que posee todo ser humano en cada momento de su existencia. A este respecto, deseo saludar con gozo la iniciativa de M茅xico, que en el a帽o 2005 elimin贸 de su legislaci贸n la pena capital, as铆 como las recientes medidas que algunos de sus Estados han adoptando para proteger la vida humana desde su comienzo. Estas apuestas decididas en una cuesti贸n tan fundamental han de ser un emblema de vuestra Patria, del que debe sentirse justamente orgullosa, pues en el reconocimiento del derecho a la vida 鈥渟e fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad pol铆tica鈥� (Juan Pablo II, Carta Enc铆clica Evangelium Vitae, 2).

7. Se帽or Embajador, antes de concluir este encuentro, quisiera felicitar a Vuestra Excelencia, a su familia y a los dem谩s miembros de esa Misi贸n Diplom谩tica, as铆 como reiterarle que en mis colaboradores hallar谩 siempre la cooperaci贸n que precise en el alto cometido de representar a su querida Naci贸n ante la Sede Apost贸lica.

Suplico a Dios, por intercesi贸n de Mar铆a Sant铆sima, Nuestra Se帽ora de Guadalupe, que bendiga, proteja y acompa帽e a todos los mexicanos, tan cercanos al coraz贸n del Papa, para que en su Pa铆s resplandezca incesantemente la concordia, la fraternidad y la justicia.

Vaticano, 10 de julio de 2009

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