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S.S. Benedicto XVI, Homil铆a del Santo Padre durante el rezo de las V铆speras con ocasi贸n de la reapertura de la Capilla Paulina del Palacio Apost贸lico Vaticano
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Homil铆a del Santo Padre durante el rezo de las V铆speras con ocasi贸n de la reapertura de la Capilla Paulina del Palacio Apost贸lico Vaticano

Se帽ores cardenales;

venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;

queridos hermanos y hermanas:

Se realiza hoy, a pocos d铆as de la solemnidad de San Pedro y San Pablo y de la clausura del A帽o paulino, mi deseo de poder reabrir al culto la Capilla Paulina. En las bas铆licas papales de San Pablo y de San Pedro hemos vivido las celebraciones solemnes en honor de los dos Ap贸stoles; esta tarde, casi como culminaci贸n, nos reunimos en el coraz贸n del palacio apost贸lico, en la capilla construida por voluntad del Papa Pablo III y realizada por Antonio de Sangallo el joven, precisamente como lugar de oraci贸n reservado para el Papa y para la Familia pontificia. Ayudan a meditar y a orar de manera muy eficaz las pinturas y las decoraciones que la embellecen, en particular los dos grandes frescos de Miguel 脕ngel Buonarroti, que son los 煤ltimos de su larga existencia. Representan la conversi贸n de san Pablo y la crucifixi贸n de san Pedro.

Ante todo atrae nuestra mirada el rostro de los dos Ap贸stoles. Ya por su posici贸n, es evidente que estos dos rostros desempe帽an una funci贸n central en el mensaje iconogr谩fico de la capilla. Pero, independientemente de su ubicaci贸n, de inmediato nos llevan "m谩s all谩" de la imagen: nos interrogan y nos inducen a reflexionar. Consideremos en primer lugar a san Pablo: 驴por qu茅 est谩 representado con un rostro tan anciano? Es el rostro de un hombre mayor, mientras que sabemos 鈥攜 lo sab铆a bien Miguel 脕ngel鈥� que la llamada de Saulo en el camino de Damasco se produjo cuando ten铆a unos treinta a帽os. La elecci贸n del artista nos sit煤a fuera del puro realismo, nos hace ir m谩s all谩 de la simple narraci贸n de los hechos para introducirnos en un nivel m谩s profundo. El rostro de Saulo-Pablo 鈥攅l del propio artista ya envejecido, inquieto y en busca de la luz de la verdad鈥� representa el ser humano necesitado de una luz superior. Es la luz de la gracia divina, indispensable para adquirir una nueva mirada, con la cual percibir la realidad orientada a la "esperanza que os est谩 reservada en los cielos", como escribe el Ap贸stol en el saludo inicial de la carta a los Colosenses, que acabamos de escuchar (Col 1,5).

El rostro de Saulo ca铆do en tierra est谩 iluminado desde lo alto por la luz del Resucitado y, a pesar de su dramatismo, la representaci贸n inspira paz e infunde seguridad. Expresa la madurez del hombre interiormente iluminado por Cristo Se帽or, mientras a su alrededor gira un torbellino de acontecimientos en el que todas las figuras se reencuentran como en un remolino. La gracia y la paz de Dios han envuelto a Saulo, lo han conquistado y transformado interiormente. Esa misma "gracia" y esa misma "paz" son las que 茅l anunciar谩 a todas sus comunidades en sus viajes apost贸licos, con una madurez de anciano, no biol贸gica, sino espiritual, que le dio el Se帽or mismo. Por eso, aqu铆, en el rostro de Pablo, ya podemos percibir el coraz贸n del mensaje espiritual de esta capilla: el prodigio de la gracia de Cristo, que transforma y renueva al hombre mediante la luz de su verdad y de su amor. En esto consiste la novedad de la conversi贸n, de la llamada a la fe, que tiene su cumplimiento en el misterio de la cruz.

Del rostro de Pablo pasamos as铆 al de Pedro, representado en el momento en el que su cruz, invertida, es alzada y 茅l vuelve su mirada hacia quien lo observa. Tambi茅n este rostro nos sorprende. La edad que representa es la exacta, pero lo que nos maravilla e interroga es su expresi贸n. 驴Por qu茅 esta expresi贸n? No es una imagen de dolor, y la figura de Pedro transmite un sorprendente vigor f铆sico. El rostro, en especial la frente y los ojos, parecen expresar el estado de 谩nimo del hombre frente a la muerte y el mal: existe como un desconcierto, una mirada penetrante, tendida, como si buscara algo o a alguien en la hora final. Asimismo, en los rostros de las personas que est谩n a su alrededor destacan los ojos: reflejan miradas inquietas, algunas incluso atemorizadas o perdidas. 驴Qu茅 significa todo esto? Es lo que Jes煤s hab铆a predicho a este Ap贸stol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevar谩 a donde t煤 no quieras"; y el Se帽or hab铆a a帽adido: "S铆gueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el disc铆pulo no es m谩s que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. Si a esta capilla se viene a meditar, no se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra.

Los dos rostros en los que se ha detenido nuestra mirada est谩n uno frente al otro. Se podr铆a pensar incluso que Pedro tiene su rostro vuelto hacia el de Pablo, el cual, a su vez, no ve, pero lleva en s铆 la luz de Cristo resucitado. Es como si Pedro, en la hora de la prueba suprema, buscara la luz que hab铆a dado la verdadera fe a Pablo. Y en este sentido, las dos im谩genes pueden convertirse en dos actos de un 煤nico drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrecci贸n, muerte y vida, pecado y gracia.

Tal vez los acontecimientos est谩n representados en un orden cronol贸gico inverso, pero emerge el plan de la salvaci贸n, el plan que Cristo realiz贸 en s铆 mismo llev谩ndolo a plenitud, como acabamos de cantar en el himno de la carta a los Filipenses. Para quienes vienen a rezar en esta capilla, y en primer lugar para el Papa, san Pedro y san Pablo se convierten en maestros de fe. Con su testimonio, invitan a entrar en profundidad, a meditar en silencio el misterio de la cruz, que acompa帽a a la Iglesia hasta el fin de los tiempos, y a acoger la luz de la fe, gracias a la cual la comunidad apost贸lica puede extender hasta los confines de la tierra la acci贸n misionera y evangelizadora que le encomend贸 Cristo resucitado. Aqu铆 no se realizan celebraciones solemnes con el pueblo. Aqu铆 el Sucesor de Pedro y sus colaboradores meditan en silencio y adoran al Cristo vivo, presente especialmente en el sant铆simo sacramento de la Eucarist铆a.

La Eucarist铆a es el sacramento en el que se concentra toda la obra de la Redenci贸n: en Jes煤s Eucarist铆a podemos contemplar la transformaci贸n de la muerte en vida, de la violencia en amor. Con los ojos de la fe reconocemos oculta bajo el velo del pan y del vino la misma gloria que se manifest贸 a los Ap贸stoles tras la Resurrecci贸n, y que Pedro, Santiago y Juan contemplaron anticipadamente en el monte, cuando Jes煤s se transfigur贸 ante ellos: acontecimiento misterioso, la Transfiguraci贸n, que el gran cuadro de Simone Cantarini representa tambi茅n en esta capilla con fuerza singular. Sin embargo, en realidad, toda la capilla 鈥攍os frescos de Lorenzo Sabatini y Federico Zuccari, las decoraciones de los numerosos artistas convocados aqu铆 en un segundo momento por el Papa Gregorio XIII鈥�, todo, podr铆amos decir, converge aqu铆 en un mismo y 煤nico himno a la victoria de la vida y de la gracia sobre la muerte y sobre el pecado, en una sinfon铆a de alabanza y de amor a Cristo redentor que resulta muy sugestiva.

Queridos amigos, al final de esta breve meditaci贸n, quiero dar las gracias a cuantos han colaborado para que podamos disfrutar nuevamente de este lugar sagrado completamente restaurado: al profesor Antonio Paolucci y a su predecesor el doctor Francesco Buranelli, que, como directores de los Museos Vaticanos, se han interesado siempre por esta important铆sima restauraci贸n; a los t茅cnicos especializados que, bajo la direcci贸n art铆stica del profesor Arnold Nesselrath, han trabajado en los frescos y las decoraciones de la capilla y, en particular, al maestro inspector Maurizio De Luca y a su ayudante Maria Pustka, que han dirigido los trabajos y han intervenido en los dos murales de Miguel 脕ngel, con el asesoramiento de una comisi贸n internacional formada por estudiosos de renombre.

Mi agradecimiento se dirige tambi茅n al cardenal Giovanni Lajolo y a sus colaboradores de la Gobernaci贸n, que han prestado especial atenci贸n a la obra. Y, naturalmente, expreso un caluroso y debido agradecimiento a los benem茅ritos mecenas cat贸licos, estadounidenses y de otras partes, es decir, a los Patrons of the Arts, comprometidos generosamente en la salvaguarda y valorizaci贸n del patrimonio cultural en el Vaticano, quienes han hecho posible el resultado que hoy admiramos. A todos y a cada uno manifiesto mi agradecimiento m谩s cordial.

Dentro de poco cantaremos el Magn铆ficat. Que Mar铆a sant铆sima, maestra de oraci贸n y de adoraci贸n, junto con san Pedro y san Pablo, obtenga abundantes gracias para los que vengan con fe a esta capilla. Y nosotros, esta tarde, dando gracias a Dios por sus maravillas, y especialmente por la muerte y la resurrecci贸n de su Hijo, elevamos a 茅l nuestra alabanza tambi茅n por esta obra que hoy llega a su conclusi贸n. "A Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que act煤a en nosotros, a 茅l la gloria en la Iglesia y en Cristo Jes煤s por todas las generaciones y todos los tiempos. Am茅n" (Ef 3, 20-21).

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