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S.S. Benedicto XVI, Homil铆a del Santo Padre durante las primeras v铆speras de la Solemnidad de los Ap贸stoles San Pedro y San Pablo y clausura del a帽o del A帽o Paulino
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Homil铆a del Santo Padre durante las primeras v铆speras de la Solemnidad de los Ap贸stoles San Pedro y San Pablo y clausura del a帽o del A帽o Paulino

Se帽ores cardenales;

venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;

ilustres miembros de la delegaci贸n del Patriarcado ecum茅nico;

queridos hermanos y hermanas:

Dirijo a cada uno mi saludo cordial. Saludo en particular al cardenal arcipreste de esta bas铆lica y a sus colaboradores; saludo al abad y a la comunidad mon谩stica benedictina; saludo asimismo a la delegaci贸n del Patriarcado ecum茅nico de Constantinopla.

El a帽o conmemorativo del nacimiento de san Pablo se concluye esta tarde. Nos encontramos reunidos junto a la tumba del Ap贸stol, cuyo sarc贸fago, conservado bajo el altar papal, recientemente ha sido objeto de un esmerado an谩lisis cient铆fico: en el sarc贸fago, que nunca hab铆a sido abierto en muchos siglos, se realiz贸 una peque帽铆sima perforaci贸n para introducir una sonda especial, mediante la cual se descubrieron rastros de un valioso tejido de lino te帽ido de p煤rpura, laminado con oro coronario, y de un tejido de color azul con fibras de lino. Tambi茅n se constat贸 la presencia de granos de incienso rojo y de sustancias prote铆nicas y calc谩reas. Adem谩s, se comprob贸 que algunos fragmentos 贸seos muy peque帽os, sometidos al examen del carbono 14 por expertos que desconoc铆an su procedencia, pertenec铆an a una persona que vivi贸 entre los siglos I y II. Eso parece confirmar la tradici贸n un谩nime y concorde, seg煤n la cual se trata de los restos mortales del ap贸stol san Pablo.

Todo esto embarga nuestro coraz贸n de profunda emoci贸n. Durante estos meses muchas personas han seguido los caminos que el Ap贸stol recorri贸 durante su vida, tanto los exteriores como sobre todo los interiores: el camino de Damasco hacia el encuentro con el Resucitado; los caminos del mundo mediterr谩neo, que recorri贸 con la antorcha del Evangelio, encontrando oposiciones y adhesiones, hasta el martirio, por el cual pertenece para siempre a la Iglesia de Roma. A ella le dirigi贸 tambi茅n su carta m谩s grande e importante.

El A帽o paulino se concluye, pero estar en camino juntamente con san Pablo, alcanzar con 茅l y gracias a 茅l el conocimiento de Jes煤s, y ser iluminados y transformados por el Evangelio como 茅l, siempre formar谩 parte de la existencia cristiana. Y, superando el 谩mbito de los creyentes, san Pablo seguir谩 siendo siempre "maestro de los gentiles", que quiere llevar el mensaje del Resucitado a todos los hombres, porque Cristo los conoce y ama a todos, pues muri贸 y resucit贸 por todos ellos. Por eso, queremos escucharlo tambi茅n en este momento en que iniciamos solemnemente la fiesta de los dos Ap贸stoles unidos entre s铆 por un v铆nculo muy estrecho.

Forma parte de la estructura de las cartas de san Pablo el hecho de que, siempre con referencia al lugar y a la situaci贸n particular, explican ante todo el misterio de Cristo, nos ense帽an la fe. En una segunda parte sigue la aplicaci贸n a nuestra vida: 驴Qu茅 consecuencias derivan de esta fe? 驴C贸mo modela nuestra existencia cada d铆a? En la carta a los Romanos, esta segunda parte comienza con el cap铆tulo doce, en los primeros dos vers铆culos del cual el Ap贸stol resume inmediatamente el n煤cleo esencial de la existencia cristiana. 驴Qu茅 nos dice san Pablo a nosotros en ese pasaje?

Ante todo afirma, como dato fundamental, que con Cristo ha comenzado un nuevo modo de venerar a Dios, un nuevo culto. Este culto consiste en que el hombre vivo se convierte 茅l mismo en adoraci贸n, en "sacrificio" incluso en su propio cuerpo. Ya no ofrecemos a Dios cosas; es nuestra misma existencia la que debe transformarse en alabanza de Dios. Pero, 驴c贸mo se realiza esto? En el vers铆culo segundo encontramos la respuesta: "No os acomod茅is al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovaci贸n de vuestro modo de pensar, de forma que pod谩is distinguir cu谩l es la voluntad de Dios" (Rm 12, 2).

Las dos palabras decisivas de este vers铆culo son: "transformar" y "renovar". Debemos llegar a ser hombres nuevos, transformados en un modo nuevo de existencia. El mundo siempre anda buscando novedades, porque con raz贸n nunca se siente satisfecho de la realidad concreta. San Pablo nos dice: el mundo no puede renovarse sin hombres nuevos. S贸lo si hay hombres nuevos habr谩 tambi茅n un mundo nuevo, un mundo renovado y mejor. Lo primero es la renovaci贸n del hombre. Esto vale para cada persona. El mundo s贸lo ser谩 nuevo si nosotros mismos llegamos a ser nuevos. Esto significa tambi茅n que no basta adaptarse a la situaci贸n actual.

El Ap贸stol nos exhorta a un inconformismo. En esta misma carta dice que no hay que someterse al esquema de la 茅poca actual. Volveremos a abordar este punto al reflexionar sobre el segundo texto que quiero meditar con vosotros esta tarde. El "no" del Ap贸stol es claro y tambi茅n convincente para cualquiera que observe el "esquema" de nuestro mundo. Pero 驴c贸mo podemos llegar a ser nuevos? 驴Somos realmente capaces de lograrlo? Con las palabras "llegar a ser nuevo" san Pablo alude a su propia conversi贸n, a su encuentro con Cristo resucitado, del cual dice en la segunda carta a los Corintios: "El que est谩 en Cristo, es una nueva creaci贸n; pas贸 lo viejo, todo es nuevo" (2 Co 5, 17).

Ese encuentro con Cristo lo transform贸 hasta tal punto que dice al respecto: "He muerto" (Ga 2, 19; cf. Rm 6). Ha llegado a ser nuevo, otro, porque ya no vive para s铆 mismo y en virtud de s铆 mismo, sino para Cristo y en 茅l. Sin embargo, con el paso de los a帽os, vio que tambi茅n este proceso de renovaci贸n y transformaci贸n contin煤a durante toda la vida. Llegamos a ser nuevos si nos dejamos aferrar y modelar por el Hombre nuevo: Jesucristo. 脡l es el Hombre nuevo por excelencia. En 茅l se ha hecho realidad la nueva existencia humana, y nosotros de verdad podemos llegar a ser nuevos si nos ponemos en sus manos y nos dejamos modelar por 茅l.

San Pablo aclara m谩s a煤n este proceso de "renovaci贸n" diciendo que llegamos a ser nuevos si transformamos nuestro modo de pensar. Lo que aqu铆 se traduce por "modo de pensar" es la palabra griega 鈥�nous鈥�. Es una palabra compleja. Se puede traducir con "esp铆ritu", "sentimientos", "raz贸n" y precisamente con "modo de pensar". Nuestra raz贸n debe llegar a ser nueva. Esto nos sorprende. Tal vez pod铆amos esperar que se refiriera m谩s bien a alguna actitud: lo que deber铆amos cambiar en nuestro obrar. Pero no. La renovaci贸n debe llegar hasta el fondo. Debe cambiar desde sus cimientos nuestro modo de ver el mundo, de comprender la realidad, todo nuestro modo de pensar. El pensamiento del hombre viejo, el modo de pensar com煤n se orienta por lo general hacia la posesi贸n, el bienestar, la influencia, el 茅xito, la fama, etc., pero de este modo tiene un alcance muy limitado. As铆, el propio "yo" sigue estando, en definitiva, en el centro del mundo.

Debemos aprender a pensar de manera m谩s profunda. En la segunda parte de la frase, san Pablo nos explica lo que significa eso: es preciso aprender a comprender la voluntad de Dios, de modo que sea ella la que modele nuestra voluntad, para que tambi茅n nosotros queramos lo que quiere Dios, para que reconozcamos que Dios quiere lo bello y lo bueno. Por tanto, se trata de un viraje en nuestra orientaci贸n espiritual de fondo. Dios debe entrar en el horizonte de nuestro pensamiento: lo que 茅l quiere y el modo seg煤n el cual ha ideado el mundo y me ha ideado a m铆. Debemos aprender a compartir el pensar y el querer de Jesucristo. As铆 seremos hombres nuevos en los que emerge un mundo nuevo.

En dos pasajes de la carta a los Efesios san Pablo ilustra ulteriormente el mismo pensamiento de una renovaci贸n necesaria de nuestro ser persona humana. Por eso quiero reflexionar brevemente en ellos. En el cap铆tulo cuarto de esa carta el Ap贸stol nos dice que con Cristo debemos alcanzar la edad adulta, una fe madura. Ya no podemos seguir siendo "ni帽os llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina" (Ef 4, 14). San Pablo desea que los cristianos tengan una fe madura, una "fe adulta".

En los 煤ltimos decenios la palabra "fe adulta" se ha convertido en un eslogan generalizado. A menudo se entiende como la actitud de quien ya no escucha a la Iglesia y a sus pastores, sino que elige aut贸nomamente lo que quiere creer y no creer, o sea, una fe fabricada por cada uno. Y se la presenta como "valent铆a" de expresarse contra el Magisterio de la Iglesia. Sin embargo, en realidad, para eso no hace falta valent铆a, porque siempre se puede estar seguro de obtener el aplauso p煤blico. Para lo que de verdad se requiere valent铆a es para adherirse a la fe de la Iglesia, aunque esta fe est茅 en contraposici贸n con el "esquema" del mundo contempor谩neo. Este es el inconformismo de la fe que san Pablo llama una "fe adulta". Esta es la fe que 茅l quiere. En cambio, considera infantil el correr tras los vientos y las corrientes de la 茅poca.

As铆, por ejemplo, forma parte de la fe adulta comprometerse en favor de la inviolabilidad de la vida humana desde su primer momento, oponi茅ndose radicalmente al principio de la violencia, de modo especial en defensa de las criaturas humanas m谩s indefensas. Forma parte de la fe adulta reconocer el matrimonio entre un hombre y una mujer para toda la vida como ordenamiento del Creador, restablecido de nuevo por Cristo. La fe adulta no se deja zarandear de un lado a otro por cualquier corriente. Se opone a los vientos de la moda. Sabe que esos vientos no son el soplo del Esp铆ritu Santo; sabe que el Esp铆ritu de Dios se expresa y se manifiesta en la comuni贸n con Jesucristo.

Con todo, tampoco aqu铆 san Pablo se detiene en la negaci贸n, sino que nos lleva al gran "s铆". Describe la fe madura, verdaderamente adulta, de un modo positivo con la expresi贸n: "Obrar seg煤n la verdad en la caridad" (Ef 4, 15). El nuevo modo de pensar, que nos da la fe, se dirige ante todo hacia la verdad. El poder del mal es la mentira. El poder de la fe, el poder de Dios, es la verdad. La verdad sobre el mundo y sobre nosotros mismos se hace visible cuando miramos a Dios. Y Dios se nos hace visible en el rostro de Jesucristo. Contemplando a Cristo reconocemos algo m谩s: la verdad y la caridad son inseparables. En Dios ambas son inseparablemente una sola cosa: esta es precisamente la esencia de Dios. Por eso, para los cristianos, la verdad y la caridad van juntas. La caridad es la prueba de la verdad. Siempre deber铆amos regularnos seg煤n este criterio: que la verdad se transforme en caridad y la caridad nos lleve a la verdad.

En el vers铆culo de san Pablo encontramos otro pensamiento importante. El Ap贸stol nos dice que, obrando seg煤n la verdad en la caridad, contribuimos a hacer que el todo 鈥�ta panta鈥�, el universo, crezca tendiendo hacia Cristo. San Pablo, bas谩ndose en su fe, no s贸lo se interesa por nuestra rectitud personal y por el crecimiento de la Iglesia. Se interesa por el universo: ta panta. La finalidad 煤ltima de la obra de Cristo es el universo, la transformaci贸n del universo, de todo el mundo humano, de toda la creaci贸n. Quien, juntamente con Cristo, sirve a la verdad en la caridad, contribuye al verdadero progreso del mundo. S铆; aqu铆 se ve claramente que san Pablo conoce la idea de progreso. Para la humanidad, para el mundo, Cristo, su vivir, sufrir y resucitar fue el verdadero gran salto del progreso. Pero ahora el universo deber crecer con vistas a 茅l. El verdadero progreso del mundo se da donde aumenta la presencia de Cristo. All铆 el hombre llega a ser nuevo y as铆 tambi茅n el mundo se hace nuevo.

San Pablo nos pone de manifiesto eso mismo desde otra perspectiva. En el cap铆tulo tercero de la carta a los Efesios nos habla de la necesidad de ser "fortalecidos en el hombre interior" (Ef 3, 16). As铆 retoma un tema que antes, en una situaci贸n de tribulaci贸n, hab铆a tratado en la segunda carta a los Corintios: "Aun cuando nuestro hombre exterior se va desmoronando, el hombre interior se va renovando de d铆a en d铆a" (2 Co 4, 16). El hombre interior debe fortalecerse; es un imperativo muy apropiado para nuestro tiempo, en el que con mucha frecuencia los hombres se quedan interiormente vac铆os y, por tanto, deben recurrir a promesas y narc贸ticos, que luego tienen como consecuencia un aumento ulterior del sentido de vac铆o en su interior. El vac铆o interior, la debilidad del hombre interior, es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo.

Es preciso fortalecer la interioridad, la "perceptividad" del coraz贸n, la capacidad de ver y comprender el mundo y al hombre desde dentro, con el coraz贸n. Necesitamos una raz贸n iluminada por el coraz贸n, para aprender a obrar seg煤n la verdad en la caridad. Ahora bien, esto no se realiza sin una relaci贸n 铆ntima con Dios, sin la vida de oraci贸n. Necesitamos el encuentro con Dios, que se nos da en los sacramentos. Y no podemos hablar a Dios en la oraci贸n si no dejamos que hable antes 茅l mismo, si no lo escuchamos en la Palabra que nos ha dado.

San Pablo, al respecto, nos dice: "Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y cimentados en el amor, pod谩is comprender con todos los Santos cu谩l es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento" (Ef 3, 17-19). El amor ve m谩s lejos que la sola raz贸n; es lo que san Pablo nos dice con esas palabras. Y nos dice tambi茅n que s贸lo podemos conocer la amplitud del misterio de Cristo en la comuni贸n con todos los Santos, o sea, en la gran comunidad de todos los creyentes, y no contra ella o sin ella. Esta amplitud la define con palabras que quieren expresar las dimensiones del cosmos: la anchura y la longitud, la altura y la profundidad.

El misterio de Cristo tiene una amplitud c贸smica: no pertenece s贸lo a un grupo determinado. Cristo crucificado abraza el universo entero en todas sus dimensiones. Toma el mundo en sus manos y lo eleva hacia Dios. Comenzando por san Ireneo de Lyon 鈥攑or tanto, desde el siglo II鈥�, los Santos Padres vieron en las palabras "anchura, longitud, altura y profundidad" del amor de Cristo una alusi贸n a la cruz. El amor de Cristo alcanz贸 en la cruz la profundidad m谩s honda 鈥攍a noche de la muerte鈥� y la altura suprema 鈥攍a altura de Dios mismo鈥�. Y tom贸 entre sus brazos la anchura y la longitud de la humanidad y del mundo en todas sus distancias. 脡l siempre abraza el universo, nos abraza a todos nosotros.

Pidamos al Se帽or que nos ayude a reconocer algo de la inmensidad de su amor. Pid谩mosle que su amor y su verdad toquen nuestro coraz贸n. Pidamos que Cristo habite en nuestro coraz贸n y nos haga hombres nuevos, para que obremos seg煤n la verdad en la caridad. Am茅n.

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