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Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, Carta del Señor Cardenal Juan Luis Cipriani al clero de la Arquidiócesis de Lima
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Carta del Señor Cardenal Juan Luis Cipriani al clero de la Arquidiócesis de Lima

Muy queridos hermanos obispos auxiliares y sacerdotes:

Al dirigirme con especial cariño a cada uno de ustedes, pensando en nuestra vida espiritual, de la que tenemos que dar cuenta a Dios, me adelanto a anunciar que no diré nada nuevo. Repetiré lo que he dicho en ocasiones anteriores. Son ideas que todos conocemos pero que, simultáneamente, todos agradecemos que se nos recuerden, porque quieren ayudarnos a ser más fieles cada día a nuestra vocación sacerdotal.

1. Breves reflexiones sobre la naturaleza y la misión del sacerdocio

La Misa Crismal siempre tiene un ambiente muy especial porque nos invita a todos los sacerdotes a recordar el día de nuestra ordenación. Hemos leído en la liturgia del día, en la profecía de Isaías: “El espíritu del Señor está sobre mí”.

Meditemos brevemente sobre la naturaleza y misión del sacerdote, que tiene como tarea continuar la misión de Cristo. El sacerdote halla la fuente última de su misión en el amor salvífico del Padre y tiene el origen inmediato de su vocación en Cristo que nos ha llamado por nuestro nombre. Esta realidad trinitaria Padre, Hijo y Espíritu Santo, fuente de la misión de la Iglesia, se arraiga en la misión del sacerdote.

Hermanos, cuando se quieren aligerar las exigencias de nuestra vida sacerdotal “para estar más cerca del pueblo y más al día”; cuando el ambiente de consumo y de frivolidad invade todos los ambientes; haríamos un gran daño a la Iglesia y no seríamos fieles a nuestro sacerdocio si no luchamos seriamente contra el pecado. Estamos en medio del pueblo como Cristo y más que nunca en estos tiempos en que hace mucha falta dar el sabor de la presencia de Cristo – del buen olor de Cristo - y del misterio de la salvación.

Por eso, los invito a esta relación esencial de cada uno de nosotros con la persona de Cristo. El sacerdote es signo, instrumento del único sacerdote y mediador ante el Padre, de Jesucristo, y continuación de Él sobre la tierra, que actualiza el poder de Cristo de anunciar la Palabra, de renovar el sacrificio de la Cruz en la Eucaristía, de perdonar los pecados y guiar al pueblo de Dios, como nos enseña el Santo Padre. Es imposible separar el ser del sacerdote del ser de Cristo, manteniendo con claridad que el nuestro es participación del de Cristo. La vida mía y tuya, es la participación de la vida de Cristo por acción de la gracia.

Conocemos bien el contenido de nuestra fe. La hemos estudiado y la predicamos, tantas veces. El sacerdote si no se asemeja a Cristo, por sí mismo no da frutos. No nos interesa la opinión del sacerdote cuando predica, nos interesan las enseñanzas de Cristo. Es decir, el testimonio de vivir lo que predicamos.

2. Algunas consideraciones espirituales sobre la vida interior

Sabemos que la enseñanza de Cristo se trasmite -viene envuelta, por así decirlo- en tu carácter, en tu educación, en tu palabra, en tu preparación, en el modo en que vives la liturgia. Por eso te recuerdo que la gente pueda ver, cuando celebramos la Santa Misa, en la calle, en el confesionario, cuando visitamos un enfermo, que es Cristo que pasa a su lado. No tenemos varias identidades, sino una sola: somos Cristo. El porte sacerdotal, la vestimenta sacerdotal, el lenguaje sacerdotal, las costumbres de su vida, las amistades sacerdotales, todo forma parte de nuestra naturaleza y misión y es lo que llamamos unidad de vida o coherencia sacerdotal.

Los animo a una mayor sinceridad con Dios y consigo mismos. Seamos transparentes en nuestra relación con Dios. Hagamos un buen examen de conciencia y miremos, qué aspiraciones, qué dificultades y qué debilidades encontramos en nuestros corazones para rectificar y convertirnos. Acudamos con confianza al Señor que nos espera siempre en el sacramento de la Reconciliación.

Hacer un breve examen diario de conciencia nos ayuda mucho a todos. La dirección espiritual, en donde uno encuentra el lugar adecuado, en un ambiente sobrenatural para abrir el alma a otro hermano sacerdote, es algo fundamental. No me cansaré de repetirlo año tras año: sin dirección espiritual es muy difícil perseverar en la vocación a la santidad a la que estamos llamados todos y, de manera especial, los sacerdotes. ¡Cómo es difícil mejorar en la vida interior sin un examen de conciencia bien hecho!

Insisto: no es un lujo tener una dirección espiritual habitual; no es un alternativa de algunos, es necesario para todos el abrir el alma y encontrar ese médico, ese pastor, ese amigo, ese maestro que nos anima, y cuando tiene que curar, como un buen médico nos corrige y nos sana.

Me atrevería a decir que el gran enemigo de la Iglesia hoy es el hombre de Dios tibio, el que quiere quedar bien con todos, el que acomoda la doctrina a los gustos de la gente, el que por contentar nunca quiere agotar la verdad de Cristo, el que reza poco y lo sabe todo, el que huye de la mortificación dando la espalda a esa cruz diaria que le pide el trabajo sacerdotal.

En resumen, el habernos olvidado de que nuestra identidad es la de Cristo, mi voz es la de Cristo, vengo en nombre de Otro; yo, ya he muerto, Cristo ha cogido toda mi vida: edad, gustos, idiomas, habilidad, todo y también los defectos que tenemos, pero ya no soy yo, es Cristo que vive en mí. Palabras tan conocidas que hoy recordamos y que le damos gracias a Dios porque ahí esta nuestra paz, nuestro fruto y nuestra alegría.

3. Los fieles seglares están esperando de nosotros el testimonio de Cristo

Tantas veces contemplamos que la falta de suficientes sacerdotes permite que se formen largas colas de penitentes en los confesionarios, enfermos que esperan la visita del sacerdote, niños cuyos padres desean bautizarlos, colegios que buscan capellanes estables que enseñen y atiendan a sus alumnos, primeras comuniones, catequesis.

Son hombres y mujeres que quieren abrir su alma a un sacerdote. Una multitud que nos conmueve al comprobar qué bueno es Dios, que nos sigue bendiciendo y que sigue atrayendo las almas.

Frente a esta realidad, hagamos un examen sincero. ¿No es verdad que en ocasiones no nos encuentran los fieles o nos encuentran distraídos en otras cosas, que no son importantes? ¡No nos dejemos llevar por el activismo que disuelve nuestra identidad!

Estamos aquí en Lima, como en tantos lugares, trabajando en la Gran Misión, lo cual exige más

trabajo y más esfuerzo. La Iglesia, que es misionera, desde su origen tiene un mandato de

Cristo: “Vayan por todo el mundo, prediquen el Evangelio…” Por eso, con enorme cariño los invito hermanos, huyamos de ese posible como cansancio espiritual o dejadez. Vibremos muy unidos a Cristo y Él nos llenará de ese amor ardiente lleno de acciones apostólicas.

4. La misión pastoral está llamada a dar muchos frutos espirituales

¿No es verdad que, con asombro y gozo, experimentamos tantas veces que nuestra presencia – la de Cristo - y nuestras palabras – las de Cristo – transforman a las almas, con la gracia de Dios?

Cuando el sacerdote se acerca al hombre o a la mujer que está en los últimos instantes de su vida, comprobamos la maravilla de la acción de Dios; vemos cómo, aquel hombre o aquella mujer, sonríe al verificar que ha venido el sacerdote; cómo, cuando llevamos el viático, la casa entera se llena de gozo, porque llega Jesús. Palpamos un ambiente sobrenatural que preanuncia el camino hacia el Cielo, previo el perdón infinito de Dios al hombre pecador arrepentido.

Historias desconocidas de muchos niños, jóvenes, adultos, ancianos que, con gran ilusión, salen de su casa a buscar el confesionario. El sacerdote – Cristo - dentro de su confesionario, verifica con qué paz se van luego de una buena confesión; con qué alegría, han vuelto a nacer a la vida en Cristo.

Cuando tienes ocasión de ver a esa familia pobre, abandonada en la soledad, y que con un gesto tuyo – de Cristo -, haces renacer la fe, el amor al prójimo, que alegría da. En los matrimonios ante la presencia de un buen consejo del sacerdote, de una palabra de acompañamiento que les dirige, lo que era una posible ruptura familiar, empieza a componerse.

Tenemos delante de nuestros ojos dos alternativas: la de participar en la vida de Cristo, que va sanando, y que es un gozo infinito que hemos experimentado todos; o, la de ser un activista vacío de gracia que está en todas partes y en ninguna. Pensemos hermanos, que es una buena ocasión para decirle al Señor que estamos enamorados de Él y demostrarlo con obras.

El año pasado se celebró el Sínodo sobre la Palabra de Dios. Quiero recordarles que cuiden mucho la preparación de las homilías en las misas. No improvisen, prepárenla con la meditación personal delante del Sagrario, con una buena lectura de la Sagrada Escritura; que sea breve,

bastan 15 minutos o menos, pero que quien te oye diga: “ese sacerdote cree, habla de lo que vive”. Hermanos, los fieles lo notan, y lo agradecen porque les hace mucho bien. Por eso, desempeñamos bien esta tarea de la predicación. No olvides que muchas veces de tu buen ejemplo y de la prédica brotarán las vocaciones. Esa pastoral vocacional que debe ser el alma de esta Gran Misión.

5. Vivir con alegría la pobreza es una manifestación de amor

Permitan queridos hermanos que les recuerde una virtud: la pobreza. Y lo hago en un mundo en donde el consumismo invade todo. Los animo a un estilo de vida más sobrio, más austero, para ser creíble nuestro ministerio. Mis queridos sacerdotes, usen rectamente los bienes temporales para llevar una vida digna pero sencilla, desprendidos de las riquezas, absteniéndose a todo aquello que puede parecer vanidad.

En algunas ocasiones, el llegar a ser sacerdotes puede significar una mejora en el status social. Puede ocurrir, es una situación involuntaria, que se alejen de esa gente sencilla, por ello los animo a ser austeros en el empleo del dinero, a que ahorren para ayudar a los que están necesitados. Despójense con gusto de lo que es innecesario y, por supuesto, de lo que es

superfluo. Tengan un criterio de modestia en el modo de vivir, que se vea que se vive la pobreza en la casa, en los instrumentos de trabajo, en los carros que utilizan, en los planes de viajes.

Vivan también esta virtud de la pobreza en el modo en que administran los bienes materiales de la parroquia y de los colegios parroquiales; recuerden que son bienes de la Iglesia, que no son propiedad personal. Lleven la administración con justicia y con orden; sepan establecer una distinción, según las normas diocesanas, entre los bienes personales y aquellos de la Iglesia, que no se deben utilizar nunca en beneficio de terceros, ya sea parientes o amigos. Hay que ser puntuales y precisos en los informes que todos tienen que elevar al Arzobispado.

6. La Santa Pureza es una gran luz que ilumina la presencia de Dios

En esta sociedad permisiva, nosotros tenemos que ser esa luz que brilla con la vocación a la continencia perfecta, al celibato. La Santa pureza es una gran luz que ilumina la presencia de Dios, que atrae a las vocaciones y que hay que esforzarse en vivir día a día. No olvidemos que “el pudor y la modestia son hermanos pequeños de la pureza (Camino, n. 128). Entre nosotros, sacerdotes, debemos ayudarnos, querernos y corregirnos.

La soledad nunca es un buen acompañante. Lo primero que hace el demonio es empezar a aislarte: que mi horario, que mi auxiliar, que mi vicario, que mi trabajo y empezamos a hacer una pequeña isla y por ahí buscamos una amistad no muy apropiada y de pronto nos encontramos un poco alejados de lo más querido. Hermanos sacerdotes: les pido por favor, en nombre de Cristo: ¡Seamos el Buen Pastor unos para otros! Aquí no hay autoridad, aquí hay fraternidad, amor, ternura y exigencia.

7. Preparémonos para vivir intensamente el Año Sacerdotal

Hermanos, en pocas semanas empezaremos el Año Sacerdotal que ha proclamado el Santo Padre ¡Que aumente en todos los fieles el cariño, la oración y la fidelidad a la persona del Santo Padre y a su Magisterio! Por eso daré algunas indicaciones para vivir muy bien este Año Sacerdotal, Fiesta del sacerdote, con esta dimensión especial: más unidos al Papa con obras y de verdad.

Sabemos que se iniciará en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, con una Jornada para la Santificación Sacerdotal, bajo el ejemplo del Santo Cura de Ars, en cuyo 150 aniversario de su fallecimiento será proclamado por el Papa Benedicto XVI como «Patrono de todos los sacerdotes del mundo».

Abre el corazón, enamórate de la Eucaristía, vuelve a buscar a tus amigos, llénate de paz y de gozo al celebrar la Santa Misa, dedica mucho tiempo a la administración del sacramento de la Reconciliación. Si tienes alguna dificultad con algún hermano tuyo sacerdote, con el Arzobispo, con los Obispos, es el momento de reconciliarte y darle un abrazo. ¡Ten el coraje de amar!

8. En el mes de mayo, acudan especialmente a nuestra madre, Santa María

Nuestra Madre, Santa María, siempre nos escucha. A Ella venimos a renovar este año también nuestras promesas, en Ella depositamos nuestro sacerdocio. Nos acordamos de los hermanos nuestros que por diversos motivos no han sido fieles, para hacer el propósito de ser fieles cada uno.

Le pedimos a Nuestra Madre que no tengamos temor a entregarnos, que nuestra vocación es preciosa, que la cruz es una maravilla aunque cueste, que servir a los demás es un motivo de gran alegría, que encerrarse en el egoísmo es muy triste, que esconder el corazón en pequeños caprichos no sirve para nada.

En este mes de Mayo, dedicado universalmente a María, los invito a rezar el rosario en sus parroquias, a visitar a la Virgen en romerías llenas de cariño y a estar todos muy unidos.

Al terminar esta carta, un tanto larga, ha ocurrido el fallecimiento de nuestro muy querido Monseñor Andrés Berríos (q.e.p.d), Vicario General de la Arquidiócesis, un sacerdote bueno, fiel, que amó siempre a la Iglesia. No dejemos de rezar por su alma con agradecimiento por todo lo que hizo por nosotros.

Los bendice con todo el afecto de padre y pastor y les pide sus oraciones. Lima, 9 de mayo de 2009.

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