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S.S. Benedicto XVI, Carta del Santo Padre para la convocatoria de un A帽o Sacerdotal con ocasi贸n del 150 Aniversario del Dies Natalis del Santo Cura de Ars
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Carta del Santo Padre para la convocatoria de un A帽o Sacerdotal con ocasi贸n del 150 Aniversario del Dies Natalis del Santo Cura de Ars

Queridos hermanos en el Sacerdocio:

He resuelto convocar oficialmente un 鈥淎帽o Sacerdotal鈥� con ocasi贸n del 150 aniversario del 鈥�dies natalis鈥� de Juan Mar铆a Vianney, el Santo Patr贸n de todos los p谩rrocos del mundo, que comenzar谩 el viernes 19 de junio de 2009, solemnidad del Sagrado Coraz贸n de Jes煤s 鈥搄ornada tradicionalmente dedicada a la oraci贸n por la santificaci贸n del clero鈥�1. Este a帽o desea contribuir a promover el compromiso de renovaci贸n interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evang茅lico en el mundo de hoy sea m谩s intenso e incisivo, y se concluir谩 en la misma solemnidad de 2010.

鈥�El Sacerdocio es el amor del coraz贸n de Jes煤s鈥�, repet铆a con frecuencia el Santo Cura de Ars2. Esta conmovedora expresi贸n nos da pie para reconocer con devoci贸n y admiraci贸n el inmenso don que suponen los sacerdotes, no s贸lo para la Iglesia, sino tambi茅n para la humanidad misma. Tengo presente a todos los presb铆teros que con humildad repiten cada d铆a las palabras y los gestos de Cristo a los fieles cristianos y al mundo entero, identific谩ndose con sus pensamientos, deseos y sentimientos, as铆 como con su estilo de vida. 驴C贸mo no destacar sus esfuerzos apost贸licos, su servicio infatigable y oculto, su caridad que no excluye a nadie? Y 驴qu茅 decir de la fidelidad entusiasta de tantos sacerdotes que, a pesar de las dificultades e incomprensiones, perseveran en su vocaci贸n de 鈥渁migos de Cristo鈥�, llamados personalmente, elegidos y enviados por 脡l?

Todav铆a conservo en el coraz贸n el recuerdo del primer p谩rroco con el que comenc茅 mi ministerio como joven sacerdote: fue para m铆 un ejemplo de entrega sin reservas al propio ministerio pastoral, llegando a morir cuando llevaba el vi谩tico a un enfermo grave. Tambi茅n repaso los innumerables hermanos que he conocido a lo largo de mi vida y 煤ltimamente en mis viajes pastorales a diversas naciones, comprometidos generosamente en el ejercicio cotidiano de su ministerio sacerdotal.

Pero la expresi贸n utilizada por el Santo Cura de Ars evoca tambi茅n la herida abierta en el Coraz贸n de Cristo y la corona de espinas que lo circunda. Y as铆, pienso en las numerosas situaciones de sufrimiento que aquejan a muchos sacerdotes, porque participan de la experiencia humana del dolor en sus m煤ltiples manifestaciones o por las incomprensiones de los destinatarios mismos de su ministerio: 驴C贸mo no recordar tantos sacerdotes ofendidos en su dignidad, obstaculizados en su misi贸n, a veces incluso perseguidos hasta ofrecer el supremo testimonio de la sangre?

Sin embargo, tambi茅n hay situaciones, nunca bastante deploradas, en las que la Iglesia misma sufre por la infidelidad de algunos de sus ministros. En estos casos, es el mundo el que sufre el esc谩ndalo y el abandono. Ante estas situaciones, lo m谩s conveniente para la Iglesia no es tanto resaltar escrupulosamente las debilidades de sus ministros, cuanto renovar el reconocimiento gozoso de la grandeza del don de Dios, plasmado en espl茅ndidas figuras de Pastores generosos, religiosos llenos de amor a Dios y a las almas, directores espirituales clarividentes y pacientes. En este sentido, la ense帽anza y el ejemplo de san Juan Mar铆a Vianney pueden ofrecer un punto de referencia significativo. El Cura de Ars era muy humilde, pero consciente de ser, como sacerdote, un inmenso don para su gente: 鈥淯n buen pastor, un pastor seg煤n el Coraz贸n de Dios, es el tesoro m谩s grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones m谩s preciosos de la misericordia divina鈥�3. Hablaba del sacerdocio como si no fuera posible llegar a percibir toda la grandeza del don y de la tarea confiados a una criatura humana: 鈥溌h, qu茅 grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, morir铆a鈥� Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Se帽or baja del cielo al o铆r su voz y se encierra en una peque帽a hostia鈥︹��4. Explicando a sus fieles la importancia de los sacramentos dec铆a: 鈥淪i desapareciese el sacramento del Orden, no tendr铆amos al Se帽or. 驴Qui茅n lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. 驴Qui茅n ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. 驴Qui茅n la nutre para que pueda terminar su peregrinaci贸n? El sacerdote. 驴Qui茅n la preparar谩 para comparecer ante Dios, lav谩ndola por 煤ltima vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir [a causa del pecado], 驴qui茅n la resucitar谩 y le dar谩 el descanso y la paz? Tambi茅n el sacerdote鈥� 隆Despu茅s de Dios, el sacerdote lo es todo!... 脡l mismo s贸lo lo entender谩 en el cielo鈥�5. Estas afirmaciones, nacidas del coraz贸n sacerdotal del santo p谩rroco, pueden parecer exageradas. Sin embargo, revelan la alt铆sima consideraci贸n en que ten铆a el sacramento del sacerdocio. Parec铆a sobrecogido por un inmenso sentido de la responsabilidad: 鈥淪i comprendi茅ramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, morir铆amos: no de pavor, sino de amor鈥� Sin el sacerdote, la muerte y la pasi贸n de Nuestro Se帽or no servir铆an de nada. El sacerdote contin煤a la obra de la redenci贸n sobre la tierra鈥� 驴De qu茅 nos servir铆a una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: 茅l es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes鈥� Dejad una parroquia veinte a帽os sin sacerdote y adorar谩n a las bestias鈥� El sacerdote no es sacerdote para s铆 mismo, sino para vosotros鈥�6.

Lleg贸 a Ars, una peque帽a aldea de 230 habitantes, advertido por el Obispo sobre la precaria situaci贸n religiosa: 鈥淣o hay mucho amor de Dios en esa parroquia; usted lo pondr谩鈥�. Bien sab铆a 茅l que tendr铆a que encarnar la presencia de Cristo dando testimonio de la ternura de la salvaci贸n: 鈥淒ios m铆o, conc茅deme la conversi贸n de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida鈥�. Con esta oraci贸n comenz贸 su misi贸n7. El Santo Cura de Ars se dedic贸 a la conversi贸n de su parroquia con todas sus fuerzas, insistiendo por encima de todo en la formaci贸n cristiana del pueblo que le hab铆a sido confiado.

Queridos hermanos en el Sacerdocio, pidamos al Se帽or Jes煤s la gracia de aprender tambi茅n nosotros el m茅todo pastoral de san Juan Mar铆a Vianney. En primer lugar, su total identificaci贸n con el propio ministerio. En Jes煤s, Persona y Misi贸n tienden a coincidir: toda su obra salv铆fica era y es expresi贸n de su 鈥淵o filial鈥�, que est谩 ante el Padre, desde toda la eternidad, en actitud de amorosa sumisi贸n a su voluntad. De modo an谩logo y con toda humildad, tambi茅n el sacerdote debe aspirar a esta identificaci贸n. Aunque no se puede olvidar que la eficacia sustancial del ministerio no depende de la santidad del ministro, tampoco se puede dejar de lado la extraordinaria fecundidad que se deriva de la confluencia de la santidad objetiva del ministerio con la subjetiva del ministro. El Cura de Ars emprendi贸 en seguida esta humilde y paciente tarea de armonizar su vida como ministro con la santidad del ministerio confiado, 鈥�viviendo鈥� incluso materialmente en su Iglesia parroquial: 鈥淓n cuanto lleg贸, consider贸 la Iglesia como su casa鈥� Entraba en la Iglesia antes de la aurora y no sal铆a hasta despu茅s del Angelus de la tarde. Si alguno ten铆a necesidad de 茅l, all铆 lo pod铆a encontrar鈥�, se lee en su primera biograf铆a8.

La devota exageraci贸n del piadoso hagi贸grafo no nos debe hacer perder de vista que el Santo Cura de Ars tambi茅n supo 鈥渉acerse presente鈥� en todo el territorio de su parroquia: visitaba sistem谩ticamente a los enfermos y a las familias; organizaba misiones populares y fiestas patronales; recog铆a y administraba dinero para sus obras de caridad y para las misiones; adornaba la iglesia y la dotaba de paramentos sacerdotales; se ocupaba de las ni帽as hu茅rfanas de la 鈥�Providence鈥� (un Instituto que fund贸) y de sus formadoras; se interesaba por la educaci贸n de los ni帽os; fundaba hermandades y llamaba a los laicos a colaborar con 茅l.

Su ejemplo me lleva a poner de relieve los 谩mbitos de colaboraci贸n en los que se debe dar cada vez m谩s cabida a los laicos, con los que los presb铆teros forman un 煤nico pueblo sacerdotal9 y entre los cuales, en virtud del sacerdocio ministerial, est谩n puestos 鈥減ara llevar a todos a la unidad del amor: 鈥榓m谩ndose mutuamente con amor fraterno, rivalizando en la estima mutua鈥� (Rm 12, 10)鈥�10. En este contexto, hay que tener en cuenta la encarecida recomendaci贸n del Concilio Vaticano II a los presb铆teros de 鈥渞econocer sinceramente y promover la dignidad de los laicos y la funci贸n que tienen como propia en la misi贸n de la Iglesia鈥� Deben escuchar de buena gana a los laicos, teniendo fraternalmente en cuenta sus deseos y reconociendo su experiencia y competencia en los diversos campos de la actividad humana, para poder junto con ellos reconocer los signos de los tiempos鈥�11.

El Santo Cura de Ars ense帽aba a sus parroquianos sobre todo con el testimonio de su vida. De su ejemplo aprend铆an los fieles a orar, acudiendo con gusto al sagrario para hacer una visita a Jes煤s Eucarist铆a12. 鈥淣o hay necesidad de hablar mucho para orar bien鈥�, les ense帽aba el Cura de Ars. 鈥淪abemos que Jes煤s est谩 all铆, en el sagrario: abr谩mosle nuestro coraz贸n, alegr茅monos de su presencia. 脡sta es la mejor oraci贸n鈥�13. Y les persuad铆a: 鈥淰enid a comulgar, hijos m铆os, venid donde Jes煤s. Venid a vivir de 脡l para poder vivir con 脡l鈥︹��14. 鈥淓s verdad que no sois dignos, pero lo necesit谩is鈥�15. Dicha educaci贸n de los fieles en la presencia eucar铆stica y en la comuni贸n era particularmente eficaz cuando lo ve铆an celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. Los que asist铆an dec铆an que 鈥渘o se pod铆a encontrar una figura que expresase mejor la adoraci贸n鈥� Contemplaba la hostia con amor鈥�16. Les dec铆a: 鈥淭odas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios鈥�17. Estaba convencido de que todo el fervor en la vida de un sacerdote depend铆a de la Misa: 鈥淟a causa de la relajaci贸n del sacerdote es que descuida la Misa. Dios m铆o, 隆qu茅 pena el sacerdote que celebra como si estuviese haciendo algo ordinario!鈥�18. Siempre que celebraba, ten铆a la costumbre de ofrecer tambi茅n la propia vida como sacrificio: 鈥溌贸mo aprovecha a un sacerdote ofrecerse a Dios en sacrificio todas las ma帽anas!鈥�19.

Esta identificaci贸n personal con el Sacrificio de la Cruz lo llevaba 鈥揷on una sola moci贸n interior鈥� del altar al confesonario. Los sacerdotes no deber铆an resignarse nunca a ver vac铆os sus confesonarios ni limitarse a constatar la indiferencia de los fieles hacia este sacramento. En Francia, en tiempos del Santo Cura de Ars, la confesi贸n no era ni m谩s f谩cil ni m谩s frecuente que en nuestros d铆as, pues el vendaval revolucionario hab铆a arrasado desde hac铆a tiempo la pr谩ctica religiosa. Pero 茅l intent贸 por todos los medios, en la predicaci贸n y con consejos persuasivos, que sus parroquianos redescubriesen el significado y la belleza de la Penitencia sacramental, mostr谩ndola como una 铆ntima exigencia de la presencia eucar铆stica. Supo iniciar as铆 un 鈥�c铆rculo virtuoso鈥�. Con su prolongado estar ante el sagrario en la Iglesia, consigui贸 que los fieles comenzasen a imitarlo, yendo a visitar a Jes煤s, seguros de que all铆 encontrar铆an tambi茅n a su p谩rroco, disponible para escucharlos y perdonarlos. Al final, una muchedumbre cada vez mayor de penitentes, provenientes de toda Francia, lo reten铆a en el confesonario hasta 16 horas al d铆a. Se comentaba que Ars se hab铆a convertido en 鈥渆l gran hospital de las almas鈥�20. Su primer bi贸grafo afirma: 鈥淟a gracia que consegu铆a [para que los pecadores se convirtiesen] era tan abundante que sal铆a en su b煤squeda sin dejarles un momento de tregua鈥�21. En este mismo sentido, el Santo Cura de Ars dec铆a: 鈥淣o es el pecador el que vuelve a Dios para pedirle perd贸n, sino Dios mismo quien va tras el pecador y lo hace volver a 脡l鈥�22. 鈥淓ste buen Salvador est谩 tan lleno de amor que nos busca por todas partes鈥�23.

Todos los sacerdotes hemos de considerar como dirigidas personalmente a nosotros aquellas palabras que 茅l pon铆a en boca de Jes煤s: 鈥淓ncargar茅 a mis ministros que anuncien a los pecadores que estoy siempre dispuesto a recibirlos, que mi misericordia es infinita鈥�24. Los sacerdotes podemos aprender del Santo Cura de Ars no s贸lo una confianza infinita en el sacramento de la Penitencia, que nos impulse a ponerlo en el centro de nuestras preocupaciones pastorales, sino tambi茅n el m茅todo del 鈥渄i谩logo de salvaci贸n鈥� que en 茅l se debe entablar. El Cura de Ars se comportaba de manera diferente con cada penitente. Quien se acercaba a su confesonario con una necesidad profunda y humilde del perd贸n de Dios, encontraba en 茅l palabras de 谩nimo para sumergirse en el 鈥渢orrente de la divina misericordia鈥� que arrastra todo con su fuerza. Y si alguno estaba afligido por su debilidad e inconstancia, con miedo a futuras reca铆das, el Cura de Ars le revelaba el secreto de Dios con una expresi贸n de una belleza conmovedora: 鈥淓l buen Dios lo sabe todo. Antes incluso de que se lo confes茅is, sabe ya que pecar茅is nuevamente y sin embargo os perdona. 隆Qu茅 grande es el amor de nuestro Dios que le lleva incluso a olvidar voluntariamente el futuro, con tal de perdonarnos!鈥�25. A quien, en cambio, se acusaba de manera fr铆a y casi indolente, le mostraba, con sus propias l谩grimas, la evidencia seria y dolorosa de lo 鈥渁bominable鈥� de su actitud: 鈥淟loro porque vosotros no llor谩is鈥�26, dec铆a. 鈥淪i el Se帽or no fuese tan bueno鈥� pero lo es. Hay que ser un b谩rbaro para comportarse de esta manera ante un Padre tan bueno鈥�27. Provocaba el arrepentimiento en el coraz贸n de los tibios, oblig谩ndoles a ver con sus propios ojos el sufrimiento de Dios por los pecados como 鈥渆ncarnado鈥� en el rostro del sacerdote que los confesaba. Si alguno manifestaba deseos y actitudes de una vida espiritual m谩s profunda, le mostraba abiertamente las profundidades del amor, explic谩ndole la inefable belleza de vivir unidos a Dios y estar en su presencia: 鈥淭odo bajo los ojos de Dios, todo con Dios, todo para agradar a Dios鈥� 隆Qu茅 maravilla!鈥�28. Y les ense帽aba a orar: 鈥淒ios m铆o, conc茅deme la gracia de amarte tanto cuanto yo sea capaz鈥�29.

El Cura de Ars consigui贸 en su tiempo cambiar el coraz贸n y la vida de muchas personas, porque fue capaz de hacerles sentir el amor misericordioso del Se帽or. Urge tambi茅n en nuestro tiempo un anuncio y un testimonio similar de la verdad del Amor: Deus caritas est (1 Jn 4, 8). Con la Palabra y con los Sacramentos de su Jes煤s, Juan Mar铆a Vianney edificaba a su pueblo, aunque a veces se agitaba interiormente porque no se sent铆a a la altura, hasta el punto de pensar muchas veces en abandonar las responsabilidades del ministerio parroquial para el que se sent铆a indigno. Sin embargo, con un sentido de la obediencia ejemplar, permaneci贸 siempre en su puesto, porque lo consum铆a el celo apost贸lico por la salvaci贸n de las almas. Se entregaba totalmente a su propia vocaci贸n y misi贸n con una ascesis severa: 鈥淟a mayor desgracia para nosotros los p谩rrocos 鈥揹eploraba el Santo鈥� es que el alma se endurezca鈥�; con esto se refer铆a al peligro de que el pastor se acostumbre al estado de pecado o indiferencia en que viven muchas de sus ovejas30. Dominaba su cuerpo con vigilias y ayunos para evitar que opusiera resistencia a su alma sacerdotal. Y se mortificaba voluntariamente en favor de las almas que le hab铆an sido confiadas y para unirse a la expiaci贸n de tantos pecados o铆dos en confesi贸n. A un hermano sacerdote, le explicaba: 鈥淟e dir茅 cu谩l es mi receta: doy a los pecadores una penitencia peque帽a y el resto lo hago yo por ellos鈥�31. M谩s all谩 de las penitencias concretas que el Cura de Ars hac铆a, el n煤cleo de su ense帽anza sigue siendo en cualquier caso v谩lido para todos: las almas cuestan la sangre de Cristo y el sacerdote no puede dedicarse a su salvaci贸n sin participar personalmente en el 鈥渁lto precio鈥� de la redenci贸n.

En la actualidad, como en los tiempos dif铆ciles del Cura de Ars, es preciso que los sacerdotes, con su vida y obras, se distingan por un vigoroso testimonio evang茅lico. Pablo VI ha observado oportunamente: 鈥淓l hombre contempor谩neo escucha m谩s a gusto a los que dan testimonio que a los que ense帽an, o si escucha a los que ense帽an, es porque dan testimonio鈥�32. Para que no nos quedemos existencialmente vac铆os, comprometiendo con ello la eficacia de nuestro ministerio, debemos preguntarnos constantemente: 鈥溌縀stamos realmente impregnados por la palabra de Dios? 驴Es ella en verdad el alimento del que vivimos, m谩s que lo que pueda ser el pan y las cosas de este mundo? 驴La conocemos verdaderamente? 驴La amamos? 驴Nos ocupamos interiormente de esta palabra hasta el punto de que realmente deja una impronta en nuestra vida y forma nuestro pensamiento?鈥�33. As铆 como Jes煤s llam贸 a los Doce para que estuvieran con 脡l (cf. Mc 3, 14), y s贸lo despu茅s los mand贸 a predicar, tambi茅n en nuestros d铆as los sacerdotes est谩n llamados a asimilar el 鈥渘uevo estilo de vida鈥� que el Se帽or Jes煤s inaugur贸 y que los Ap贸stoles hicieron suyo34.

La identificaci贸n sin reservas con este 鈥渘uevo estilo de vida鈥� caracteriz贸 la dedicaci贸n al ministerio del Cura de Ars. El Papa Juan XXIII en la Carta enc铆clica Sacerdotii nostri primordia, publicada en 1959, en el primer centenario de la muerte de san Juan Mar铆a Vianney, presentaba su fisonom铆a asc茅tica refiri茅ndose particularmente a los tres consejos evang茅licos, considerados como necesarios tambi茅n para los presb铆teros: 鈥淵, si para alcanzar esta santidad de vida, no se impone al sacerdote, en virtud del estado clerical, la pr谩ctica de los consejos evang茅licos, ciertamente que a 茅l, y a todos los disc铆pulos del Se帽or, se le presenta como el camino real de la santificaci贸n cristiana鈥�35. El Cura de Ars supo vivir los 鈥渃onsejos evang茅licos鈥� de acuerdo a su condici贸n de presb铆tero. En efecto, su pobreza no fue la de un religioso o un monje, sino la que se pide a un sacerdote: a pesar de manejar mucho dinero (ya que los peregrinos m谩s pudientes se interesaban por sus obras de caridad), era consciente de que todo era para su iglesia, sus pobres, sus hu茅rfanos, sus ni帽as de la 鈥�Providence鈥�36, sus familias m谩s necesitadas. Por eso 鈥渆ra rico para dar a los otros y era muy pobre para s铆 mismo鈥�37. Y explicaba: 鈥淢i secreto es simple: dar todo y no conservar nada鈥�38. Cuando se encontraba con las manos vac铆as, dec铆a contento a los pobres que le ped铆an: 鈥淗oy soy pobre como vosotros, soy uno de vosotros鈥�39. As铆, al final de su vida, pudo decir con absoluta serenidad: 鈥淣o tengo nada鈥� Ahora el buen Dios me puede llamar cuando quiera鈥�40. Tambi茅n su castidad era la que se pide a un sacerdote para su ministerio. Se puede decir que era la castidad que conviene a quien debe tocar habitualmente con sus manos la Eucarist铆a y contemplarla con todo su coraz贸n arrebatado y con el mismo entusiasmo la distribuye a sus fieles. Dec铆an de 茅l que 鈥渓a castidad brillaba en su mirada鈥�, y los fieles se daban cuenta cuando clavaba la mirada en el sagrario con los ojos de un enamorado41. Tambi茅n la obediencia de san Juan Mar铆a Vianney qued贸 plasmada totalmente en la entrega abnegada a las exigencias cotidianas de su ministerio. Se sabe cu谩nto le atormentaba no sentirse id贸neo para el ministerio parroquial y su deseo de retirarse 鈥渁 llorar su pobre vida, en soledad鈥�42. S贸lo la obediencia y la pasi贸n por las almas consegu铆an convencerlo para seguir en su puesto. A los fieles y a s铆 mismo explicaba: 鈥淣o hay dos maneras buenas de servir a Dios. Hay una sola: servirlo como 脡l quiere ser servido鈥�43. Consideraba que la regla de oro para una vida obediente era: 鈥淗acer s贸lo aquello que puede ser ofrecido al buen Dios鈥�44.

En el contexto de la espiritualidad apoyada en la pr谩ctica de los consejos evang茅licos, me complace invitar particularmente a los sacerdotes, en este A帽o dedicado a ellos, a percibir la nueva primavera que el Esp铆ritu est谩 suscitando en nuestros d铆as en la Iglesia, a la que los Movimientos eclesiales y las nuevas Comunidades han contribuido positivamente. 鈥淓l Esp铆ritu es multiforme en sus dones鈥� 脡l sopla donde quiere. Lo hace de modo inesperado, en lugares inesperados y en formas nunca antes imaginadas鈥� 脡l quiere vuestra multiformidad y os quiere para el 煤nico Cuerpo鈥�45. A este prop贸sito vale la indicaci贸n del Decreto Presbyterorum ordinis: 鈥淓xaminando los esp铆ritus para ver si son de Dios, [los presb铆teros] han de descubrir mediante el sentido de la fe los m煤ltiples carismas de los laicos, tanto los humildes como los m谩s altos, reconocerlos con alegr铆a y fomentarlos con empe帽o鈥�46. Dichos dones, que llevan a muchos a una vida espiritual m谩s elevada, pueden hacer bien no s贸lo a los fieles laicos sino tambi茅n a los ministros mismos. La comuni贸n entre ministros ordenados y carismas 鈥減uede impulsar un renovado compromiso de la Iglesia en el anuncio y en el testimonio del Evangelio de la esperanza y de la caridad en todos los rincones del mundo鈥�47. Quisiera a帽adir adem谩s, en l铆nea con la Exhortaci贸n apost贸lica Pastores dabo vobis del Papa Juan Pablo II, que el ministerio ordenado tiene una radical 鈥渇orma comunitaria鈥� y s贸lo puede ser desempe帽ado en la comuni贸n de los presb铆teros con su Obispo48. Es necesario que esta comuni贸n entre los sacerdotes y con el propio Obispo, basada en el sacramento del Orden y manifestada en la concelebraci贸n eucar铆stica, se traduzca en diversas formas concretas de fraternidad sacerdotal efectiva y afectiva49. S贸lo as铆 los sacerdotes sabr谩n vivir en plenitud el don del celibato y ser谩n capaces de hacer florecer comunidades cristianas en las cuales se repitan los prodigios de la primera predicaci贸n del Evangelio.

El A帽o Paulino que est谩 por concluir orienta nuestro pensamiento tambi茅n hacia el Ap贸stol de los gentiles, en quien podemos ver un espl茅ndido modelo sacerdotal, totalmente 鈥渆ntregado鈥� a su ministerio. 鈥淣os apremia el amor de Cristo 鈥揺scrib铆a-, al considerar que, si uno muri贸 por todos, todos murieron鈥� (2 Co 5, 14). Y a帽ad铆a: 鈥淐risto muri贸 por todos, para que los que viven, ya no vivan para s铆, sino para el que muri贸 y resucit贸 por ellos鈥� (2 Co 5, 15). 驴Qu茅 mejor programa se podr铆a proponer a un sacerdote que quiera avanzar en el camino de la perfecci贸n cristiana?

Queridos sacerdotes, la celebraci贸n del 150 aniversario de la muerte de San Juan Mar铆a Vianney (1859) viene inmediatamente despu茅s de las celebraciones apenas concluidas del 150 aniversario de las apariciones de Lourdes (1858). Ya en 1959, el Beato Papa Juan XXIII hab铆a hecho notar: 鈥淧oco antes de que el Cura de Ars terminase su carrera tan llena de m茅ritos, la Virgen Inmaculada se hab铆a aparecido en otra regi贸n de Francia a una joven humilde y pura, para comunicarle un mensaje de oraci贸n y de penitencia, cuya inmensa resonancia espiritual es bien conocida desde hace un siglo. En realidad, la vida de este sacerdote cuya memoria celebramos, era anticipadamente una viva ilustraci贸n de las grandes verdades sobrenaturales ense帽adas a la vidente de Massabielle. 脡l mismo sent铆a una devoci贸n viv铆sima hacia la Inmaculada Concepci贸n de la Sant铆sima Virgen; 茅l, que ya en 1836 hab铆a consagrado su parroquia a Mar铆a concebida sin pecado, y que con tanta fe y alegr铆a hab铆a de acoger la definici贸n dogm谩tica de 1854鈥�50. El Santo Cura de Ars recordaba siempre a sus fieles que 鈥淛esucristo, cuando nos dio todo lo que nos pod铆a dar, quiso hacernos herederos de lo m谩s precioso que ten铆a, es decir de su Santa Madre鈥�51.

Conf铆o este A帽o Sacerdotal a la Sant铆sima Virgen Mar铆a, pidi茅ndole que suscite en cada presb铆tero un generoso y renovado impulso de los ideales de total donaci贸n a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la tarea del Santo Cura de Ars. Con su ferviente vida de oraci贸n y su apasionado amor a Jes煤s crucificado, Juan Mar铆a Vianney aliment贸 su entrega cotidiana sin reservas a Dios y a la Iglesia. Que su ejemplo fomente en los sacerdotes el testimonio de unidad con el Obispo, entre ellos y con los laicos, tan necesario hoy como siempre. A pesar del mal que hay en el mundo, conservan siempre su actualidad las palabras de Cristo a sus disc铆pulos en el Cen谩culo: 鈥淓n el mundo tendr茅is luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo鈥� (Jn 16, 33). La fe en el Maestro divino nos da la fuerza para mirar con confianza el futuro. Queridos sacerdotes, Cristo cuenta con vosotros. A ejemplo del Santo Cura de Ars, dejaos conquistar por 脡l y ser茅is tambi茅n vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliaci贸n y paz.

Con mi bendici贸n.

Vaticano, 16 de junio de 2009.

BENEDICTUS PP. XVI

1

As铆 lo proclam贸 el Sumo Pont铆fice P铆o XI en 1929.

2

鈥�Le Sacerdoce, c鈥檈st l鈥檃mour du coeur de J茅sus鈥� (in Le cur茅 d鈥橝rs. Sa pens茅e 鈥� Son Coeur. Pr茅sent茅s par l鈥橝bb茅 Bernard Nodet, 茅d. Xavier Mappus, Foi Vivante 1966, p. 98). En adelante: NODET. La expresi贸n aparece citada tambi茅n en el Catecismo de la Iglesia cat贸lica, n. 1589.

3

Nodet, p. 101.

4

Ib铆d., p. 97.

5

Ib铆d., pp. 98-99.

6

Ib铆d., pp. 98-100.

7

Ib铆d., p. 183.

8

A. Monnin, Il Curato d鈥橝rs. Vita di Gian-Battista-Maria Vianney, vol. I, Ed. Marietti, Torino 1870, p. 122.

9

Cf. Lumen gentium, 10.

10

Presbyterorum ordinis, 9.

11

Ibid.

12

鈥淟a contemplaci贸n es mirada de fe, fijada en Jes煤s. 鈥榊o le miro y 茅l me mira鈥�, dec铆a a su santo cura un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario鈥�: Catecismo de la Iglesia cat贸lica, n. 2715.

13

Nodet, p. 85.

14

Ib铆d., p. 114.

15

Ib铆d., p. 119.

16

A. Monnin, o.c., II, pp. 430 ss.

17

Nodet, p. 105.

18

Ib铆d., p. 105.

19

Ib铆d., p. 104.

20

A. Monnin, o.c., II, p. 293.

21

Ib铆d., II, p. 10.

22

Nodet, p. 128.

23

Ib铆d., p. 50.

24

Ib铆d., p. 131.

25

Ib铆d., p. 130.

26

Ib铆d., p. 27.

27

Ib铆d., p. 139.

28

Ib铆d., p. 28.

29

Ib铆d., p. 77.

30

Ib铆d., p. 102.

31

Ib铆d., p. 189.

32

Evangelii nuntiandi, 41.

33

S.S. Benedicto XVI, Homil铆a en la solemne Misa Crismal, 9 de abril de 2009.

34

Cf. S.S. Benedicto XVI, Discurso a los participantes en la Asamblea plenaria de la Congregaci贸n para el Clero, 16 de marzo de 2009.

35

P. I.

36

Nombre que dio a la casa para la acogida y educaci贸n de 60 ni帽as abandonadas. Fue capaz de todo con tal de mantenerla: 鈥�J鈥檃i fait tous les commerces imaginables鈥�, dec铆a sonriendo (Nodet, p. 214).

37

Nodet, p. 216.

38

Ib铆d., p. 215.

39

Ib铆d., p. 216.

40

Ib铆d., p. 214.

41

Cf. Ib铆d., p. 112.

42

Cf. Ib铆d., pp. 82-84; 102-103.

43

Ib铆d., p. 75.

44

Ib铆d., p. 76.

45

S.S. Benedicto XVI, Homil铆a en la celebraci贸n de las primeras v铆speras en la vigilia de Pentecost茅s, 3 de junio de 2006.

46

N. 9.

47

S.S. Benedicto XVI, Discurso a un grupo de Obispos amigos del Movimiento de los Focolares y a otro de amigos de la Comunidad de San Egidio, 8 de febrero de 2007.

48

Cf. n. 17.

49

Cf. Juan Pablo II, Exhortaci贸n apost贸lica Pastores dabo vobis, 74.

50

Juan XXIII, Carta enc铆clica, Sacerdotii nostri primordia, P. III.

51

Nodet, p. 244.
Consultas

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