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S.S. Benedicto XVI, Palabras del Santo Padre al final del rezo del rosario como conclusión del mes de mayo
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Palabras del Santo Padre al final del rezo del rosario como conclusión del mes de mayo

Venerados hermanos;

queridos hermanos y hermanas:

Os saludo a todos con afecto al final de la tradicional velada mariana con la que se concluye el mes de mayo en el Vaticano. Este a√Īo ha adquirido un valor muy especial, pues coincide con la vigilia de Pentecost√©s. Al reuniros aqu√≠, congregados espiritualmente en torno a la Virgen Mar√≠a y contemplando los misterios del Santo rosario, hab√©is revivido la experiencia de los primeros disc√≠pulos, reunidos en el Cen√°culo con "la madre de Jes√ļs", "perseverando todos en la oraci√≥n con un mismo esp√≠ritu" a la espera de la venida del Esp√≠ritu Santo (cf. Hch 1, 14). Tambi√©n nosotros, en esta pen√ļltima tarde de mayo, desde la colina del Vaticano invocamos la efusi√≥n del Esp√≠ritu Par√°clito sobre nosotros, sobre la Iglesia que est√° en Roma y sobre todo el pueblo cristiano.

La gran fiesta de Pentecost√©s nos invita a meditar en la relaci√≥n entre el Esp√≠ritu Santo y Mar√≠a, una relaci√≥n muy √≠ntima, privilegiada e indisoluble. La Virgen de Nazaret fue elegida para convertirse en la Madre del Redentor por obra del Esp√≠ritu Santo: en su humildad hall√≥ gracia a los ojos de Dios (cf. Lc 1, 30). De hecho, en el Nuevo Testamento vemos que la fe de Mar√≠a, por decirlo as√≠, "atrajo" el don del Esp√≠ritu Santo. Ante todo en la concepci√≥n del Hijo de Dios, misterio que el mismo arc√°ngel Gabriel explic√≥ as√≠: "El Esp√≠ritu Santo vendr√° sobre ti y el poder del Alt√≠simo te cubrir√° con su sombra" (Lc 1, 35). Inmediatamente despu√©s Mar√≠a fue a ayudar a Isabel, y cuando lleg√≥ a su casa y la salud√≥, el Esp√≠ritu Santo hizo que el ni√Īo saltara de gozo en el seno de su anciana prima (cf. Lc 1, 44); y todo el di√°logo entre las dos madres fue inspirado por el Esp√≠ritu de Dios, sobre todo el c√°ntico de alabanza con el que Mar√≠a expres√≥ sus sentimientos profundos, el Magn√≠ficat. Todos los acontecimientos relacionados con el nacimiento de Jes√ļs y con sus primeros a√Īos de vida estuvieron dirigidos de manera casi palpable por el Esp√≠ritu Santo, aunque no siempre se le nombre. El coraz√≥n de Mar√≠a, en perfecta sinton√≠a con su Hijo divino, es templo del Esp√≠ritu de verdad, donde cada palabra y cada acontecimiento son conservados en la fe, en la esperanza y en la caridad (cf. Lc 2, 19.51).

As√≠ podemos tener la certeza de que el coraz√≥n sant√≠simo de Jes√ļs en todo el arco de su vida oculta en Nazaret encontr√≥ en el coraz√≥n inmaculado de su Madre un "hogar" siempre encendido de oraci√≥n y de atenci√≥n constante a la voz del Esp√≠ritu. Un testimonio de esta singular sinton√≠a entre la Madre y el Hijo, buscando la voluntad de Dios, es lo que aconteci√≥ en las bodas de Can√°. En una situaci√≥n llena de s√≠mbolos de la alianza, como es el banquete nupcial, la Virgen Madre intercede y provoca, por decirlo as√≠, un signo de gracia sobreabundante: el "vino bueno" que hace referencia al misterio de la Sangre de Cristo.

Esto nos remite directamente al Calvario, donde Mar√≠a est√° al pie de la cruz junto con las dem√°s mujeres y con el ap√≥stol san Juan. La Madre y el disc√≠pulo recogen espiritualmente el testamento de Jes√ļs: sus √ļltimas palabras y su √ļltimo aliento, en el que comienza a derramar el Esp√≠ritu; y recogen el grito silencioso de su Sangre, derramada totalmente por nosotros (cf. Jn 19,25-34). Mar√≠a sab√≠a de d√≥nde ven√≠a esa sangre, pues se hab√≠a formado en ella por obra del Esp√≠ritu Santo, y sab√≠a que ese mismo "poder" creador resucitar√≠a a Jes√ļs, como √©l mismo hab√≠a prometido.

As√≠, la fe de Mar√≠a sostuvo la de los disc√≠pulos hasta el encuentro con el Se√Īor resucitado, y sigui√≥ acompa√Ī√°ndolos incluso despu√©s de su Ascensi√≥n al cielo, a la espera del "bautismo en el Esp√≠ritu Santo" (cf. Hch 1, 5). En Pentecost√©s, la Virgen Madre aparece de nuevo como Esposa del Esp√≠ritu, para una maternidad universal con respecto a todos los que son engendrados por Dios mediante la fe en Cristo. Precisamente por eso Mar√≠a es para todas las generaciones imagen y modelo de la Iglesia, que juntamente con el Esp√≠ritu camina en el tiempo invocando la vuelta gloriosa de Cristo: "¬°Ven, Se√Īor Jes√ļs!" (cf. Ap 22, 17.20).

Queridos amigos, siguiendo el ejemplo de Mar√≠a, aprendamos tambi√©n nosotros a reconocer la presencia del Esp√≠ritu Santo en nuestra vida, a escuchar sus inspiraciones y a seguirlo d√≥cilmente. √Čl nos hace crecer seg√ļn la plenitud de Cristo, seg√ļn los frutos buenos que el ap√≥stol san Pablo enumera en la carta a los G√°latas: "amor, alegr√≠a, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de s√≠" (Ga 5, 22).

Os deseo que se√°is colmados de estos dones y que camin√©is siempre con Mar√≠a seg√ļn el Esp√≠ritu y, a la vez que os agradezco y os felicito por vuestra participaci√≥n en esta celebraci√≥n vespertina, os imparto de coraz√≥n a todos vosotros y a vuestros seres queridos la bendici√≥n apost√≥lica.

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