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S.S. Benedicto XVI, Discurso del Santo Padre durante la visita de cortesía al Gran Muftí en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén
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Discurso del Santo Padre durante la visita de cortesía al Gran Muftí en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén

Peregrinación a Tierra Santa (8-15 de mayo de 2009)

Queridos amigos musulmanes:

As-sal√°mu 'al√°ikum! ¬°Paz a vosotros!

Agradezco cordialmente al gran muftí, Mohammed Ahmad Hussein, así como al director del Waqf islámico de Jerusalén, el jeque Mohammed Azzam al-Khatib al-Tamimi, y al jefe del Awquaf Council, el jeque Abdel Azim Salhab, las palabras de bienvenida que me han dirigido en vuestro nombre. Me siento profundamente agradecido por la invitación a visitar este lugar sagrado y de buen grado presento mis respetos a vosotros y a los líderes de la comunidad islámica de Jerusalén.

La C√ļpula de la Roca lleva nuestro coraz√≥n y nuestra mente a reflexionar sobre el misterio de la creaci√≥n y la fe de Abraham. Aqu√≠ se cruzan los caminos de las tres grandes religiones monote√≠stas del mundo, record√°ndonos lo que tienen en com√ļn. Cada una de ellas cree en un solo Dios, creador y se√Īor de todo; cada una reconoce a Abraham como su primer padre, un hombre de fe, a quien Dios bendijo de modo especial; cada una ha tenido numerosos seguidores a lo largo de los siglos y ha inspirado un rico patrimonio espiritual, intelectual y cultural. En un mundo tristemente desgarrado por divisiones, este lugar sagrado sirve como est√≠mulo y tambi√©n desaf√≠a a hombres y mujeres de buena voluntad a trabajar para superar los malentendidos y los conflictos del pasado y emprender la senda de un di√°logo sincero encaminado a construir un mundo de justicia y paz para las futuras generaciones.

Dado que las ense√Īanzas de las tradiciones religiosas afectan, en √ļltima instancia, a la realidad de Dios, al sentido de la vida y al destino com√ļn de la humanidad, es decir, a todo lo m√°s sagrado y querido para nosotros, puede asaltarnos la tentaci√≥n de participar en este di√°logo con reticencia o escepticismo sobre sus posibilidades de √©xito. Sin embargo, podemos comenzar con la convicci√≥n de que el √ļnico Dios es la fuente infinita de la justicia y de la misericordia, ya que en √©l las dos existen en perfecta unidad. Los que confiesan su nombre tienen la tarea de luchar sin descanso por la justicia mientras imitan su perd√≥n, pues ambos est√°n intr√≠nsecamente orientados a la convivencia pac√≠fica y armoniosa de la familia humana.

Por esta raz√≥n, es fundamental que los que adoran al √ļnico Dios muestren que est√°n arraigados y buscan la unidad de toda la familia humana. En otras palabras, la fidelidad al √ļnico Dios, el Creador, el Alt√≠simo, lleva a reconocer que los seres humanos est√°n fundamentalmente interrelacionados, ya que todos deben su existencia a una √ļnica fuente y est√°n ordenados hacia un objetivo com√ļn. Impresos con la indeleble imagen de lo divino, est√°n llamados a desempe√Īar un papel activo en la reparaci√≥n de las divisiones y en la promoci√≥n de la solidaridad humana.

Esto supone una gran responsabilidad para nosotros. Los que veneramos al √ļnico Dios creemos que √©l pedir√° cuentas a los seres humanos por sus acciones. Los cristianos afirmamos que los dones divinos de la raz√≥n y la libertad se encuentran en la base de esa responsabilidad. La raz√≥n abre la mente para entender la naturaleza y el destino com√ļn de la familia humana, mientras que la libertad lleva al coraz√≥n a aceptar al otro y a servirle con caridad. As√≠, el amor indiviso al √ļnico Dios y la caridad hacia el pr√≥jimo se convierten en el eje alrededor del cual gira todo lo dem√°s. Por esta raz√≥n trabajamos incansablemente para proteger los corazones humanos del odio, la ira o la venganza.

Queridos amigos, he venido a Jerusalén en una peregrinación de fe. Agradezco a Dios esta ocasión de encontrarme con vosotros como Obispo de Roma y Sucesor del apóstol san Pedro, pero también como hijo de Abraham, en quien "son bendecidas todas las familias de la tierra" (Gn 12, 3; cf. Rm 4, 16-17). Os aseguro que la Iglesia tiene el ardiente deseo de cooperar para el bienestar de la familia humana. Cree firmemente que el cumplimiento de la promesa hecha a Abraham es universal, pues abarca a todos los hombres y mujeres, independientemente de su procedencia o condición social.

Mientras musulmanes y cristianos promueven el diálogo respetuoso que ya han comenzado, rezo para que examinen cómo la unicidad de Dios está indisolublemente vinculada a la unidad de la familia humana. Realizando su plan de amor para la creación, estudiando la ley inscrita en el cosmos y en el corazón humano y reflexionando en el misterioso don de la auto-revelación de Dios, todos sus seguidores podrán seguir manteniendo su mirada fija en su bondad absoluta, sin perder nunca de vista la forma en que se refleja en los rostros de los demás.

Con estos pensamientos, pido humildemente al Todopoderoso que os conceda la paz y bendiga a toda la amada poblaci√≥n de esta regi√≥n. Esforc√©monos por vivir en esp√≠ritu de armon√≠a y cooperaci√≥n, dando testimonio del √ļnico Dios mediante el servicio generoso de unos a otros. ¬°Gracias!

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