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S.S. Benedicto XVI, Homil铆a del Santo Padre durante Santa Misa de Canonizaci贸n
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Homil铆a del Santo Padre Benedicto XVI durante Santa Misa de Canonizaci贸n

Arc谩ngel Tadini (1846-1912), Bernardo Tolomei (1272-1348), Nuno de Santa Mar铆a 脕lvares Pereira (1360-1431), Gertrudis Comensoli (1847-1903), Catalina Volpicelli (1839-1894)

Queridos hermanos y hermanas:

En este tercer domingo del tiempo pascual, la liturgia pone una vez m谩s en el centro de nuestra atenci贸n el misterio de Cristo resucitado. Victorioso sobre el mal y sobre la muerte, el Autor de la vida, que se inmol贸 como v铆ctima de expiaci贸n por nuestros pecados, "no cesa de ofrecerse por nosotros, de interceder por todos; inmolado, ya no vuelve a morir; sacrificado, vive para siempre" (Prefacio pascual,III). Dejemos que nos inunde interiormente el resplandor pascual que irradia este gran misterio y, con el salmo responsorial, imploremos: "Haz brillar sobre nosotros el resplandor de tu rostro".

La luz del rostro de Cristo resucitado resplandece hoy sobre nosotros particularmente a trav茅s de los rasgos evang茅licos de los cincos beatos que en esta celebraci贸n son inscritos en el cat谩logo de los santos: Arc谩ngel Tadini, Bernardo Tolomei, Nuno de Santa Mar铆a 脕lvares Pereira, Gertrudis Comensoli y Catalina Volpicelli. De buen grado me uno al homenaje que les rinden los peregrinos de varias naciones aqu铆 reunidos, a los que dirijo un cordial saludo. Las diversas vicisitudes humanas y espirituales de estos nuevos santos nos muestran la renovaci贸n profunda que realiza en el coraz贸n del hombre el misterio de la resurrecci贸n de Cristo; misterio fundamental que orienta y gu铆a toda la historia de la salvaci贸n. Por tanto, con raz贸n, la Iglesia nos invita siempre, y de modo especial en este tiempo pascual, a dirigir nuestra mirada a Cristo resucitado, realmente presente en el sacramento de la Eucarist铆a.

En la p谩gina evang茅lica, san Lucas refiere una de las apariciones de Jes煤s resucitado (cf. Lc 24, 35-48). Precisamente al inicio del pasaje, el evangelista comenta que los dos disc铆pulos de Ema煤s, habiendo vuelto de prisa a Jerusal茅n, contaron a los Once c贸mo lo hab铆an reconocido "al partir el pan" (Lc 24, 35). Y, mientras estaban contando la extraordinaria experiencia de su encuentro con el Se帽or, 茅l "se present贸 en medio de ellos" (v. 36). A causa de esta repentina aparici贸n, los Ap贸stoles se atemorizaron y asustaron hasta tal punto que Jes煤s, para tranquilizarlos y vencer cualquier titubeo y duda, les pidi贸 que lo tocaran 鈥攏o era una fantasma, sino un hombre de carne y hueso鈥�, y despu茅s les pidi贸 algo para comer.

Una vez m谩s, como hab铆a sucedido con los dos disc铆pulos de Ema煤s, Cristo resucitado se manifiesta a los disc铆pulos en la mesa, mientras come con los suyos, ayud谩ndoles a comprender las Escrituras y a releer los acontecimientos de la salvaci贸n a la luz de la Pascua. Les dice: "Es necesario que se cumpla todo lo escrito en la ley de Mois茅s y en los profetas y salmos acerca de m铆" (v. 44). Y los invita a mirar al futuro: "En su nombre se predicar谩 la conversi贸n y el perd贸n de los pecados a todos los pueblos" (v. 47).

Toda comunidad revive esta misma experiencia en la celebraci贸n eucar铆stica, especialmente en la dominical. La Eucarist铆a, lugar privilegiado en el que la Iglesia reconoce "al autor de la vida" (cf. Hch 3, 15), es "la fracci贸n del pan", como se llama en los Hechos de los Ap贸stoles. En ella, mediante la fe, entramos en comuni贸n con Cristo, que es "sacerdote, v铆ctima y altar" (cf. Prefacio pascual v) y est谩 en medio de nosotros. En torno a 茅l nos reunimos para recordar sus palabras y los acontecimientos contenidos en la Escritura; revivimos su pasi贸n, muerte y resurrecci贸n. Al celebrar la Eucarist铆a, comulgamos a Cristo, v铆ctima de expiaci贸n, y de 茅l recibimos perd贸n y vida.

驴Qu茅 ser铆a de nuestra vida de cristianos sin la Eucarist铆a? La Eucarist铆a es la herencia perpetua y viva que nos dej贸 el Se帽or en el sacramento de su Cuerpo y su Sangre, en el que debemos reflexionar y profundizar constantemente para que, como afirm贸 el venerado Papa Pablo VI, pueda "imprimir su inagotable eficacia en todos los d铆as de nuestra vida mortal" (Insegnamenti, V, 1967, p. 779). Los santos a los que hoy veneramos, alimentados con el Pan eucar铆stico, cumplieron su misi贸n de amor evang茅lico en los diversos campos en los que actuaron con sus carismas peculiares.

Pasaba largas horas en oraci贸n ante la Eucarist铆a san Arc谩ngel Tadini, quien, teniendo siempre en cuenta en su ministerio pastoral a la persona humana en su totalidad, ayudaba a sus parroquianos a crecer humana y espiritualmente. Este santo sacerdote, este santo p谩rroco, hombre totalmente de Dios, dispuesto en toda circunstancia a dejarse guiar por el Esp铆ritu Santo, al mismo tiempo estaba atento a descubrir las necesidades del momento y a encontrarles remedio. Con este fin puso en marcha muchas iniciativas concretas y valientes, como la organizaci贸n de la "Sociedad obrera cat贸lica de socorro mutuo", la construcci贸n de la hilander铆a y de la casa de acogida para las obreras, y la fundaci贸n, en 1900, de la "congregaci贸n de las Religiosas Obreras de la Santa Casa de Nazaret", con la finalidad de evangelizar el mundo del trabajo compartiendo la fatiga, siguiendo el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret.

隆Qu茅 prof茅tica fue la intuici贸n carism谩tica de don Tadini y qu茅 actual sigue siendo su ejemplo tambi茅n hoy, en una 茅poca de grave crisis econ贸mica! 脡l nos recuerda que s贸lo cultivando una constante y profunda relaci贸n con el Se帽or, especialmente en el sacramento de la Eucarist铆a, podemos ser capaces de llevar despu茅s el fermento del Evangelio a las diversas actividades laborales y a todos los 谩mbitos de nuestra sociedad.

Tambi茅n en san Bernardo Tolomei, iniciador de un singular movimiento mon谩stico benedictino, destaca el amor a la oraci贸n y al trabajo manual. Vivi贸 una existencia eucar铆stica, dedicada totalmente a la contemplaci贸n, que se traduc铆a en servicio humilde al pr贸jimo. Por su singular esp铆ritu de humildad y de acogida fraterna, los monjes lo reeligieron abad durante veintisiete a帽os consecutivos, hasta su muerte. Adem谩s, para garantizar el futuro de su obra, obtuvo de Clemente VI, el 21 de enero de 1344, la aprobaci贸n pontificia de la nueva congregaci贸n benedictina, llamada de "Santa Mar铆a de Monte Oliveto".

Con ocasi贸n de la gran epidemia de peste de 1348, dej贸 la soledad de Monte Oliveto para ir al monasterio de San Benito en Porta Tufi, en Siena, a fin de asistir a sus monjes contagiados por la enfermedad, y 茅l mismo muri贸 v铆ctima del contagio, como aut茅ntico m谩rtir de la caridad. El ejemplo de este santo nos invita a traducir nuestra fe en una vida dedicada a Dios en la oraci贸n y entregada al servicio del pr贸jimo con el impulso de una caridad dispuesta incluso al sacrificio supremo.

"Sabedlo: el Se帽or hizo milagros en mi favor, y el Se帽or me escuchar谩 cuando lo invoque" (Sal 4, 4). Estas palabras del Salmo responsorial expresan el secreto de la vida del bienaventurado Nuno de Santa Mar铆a, h茅roe y santo de Portugal. Los setenta a帽os de su vida se enmarcan en la segunda mitad del siglo XIV y la primera del siglo XV, cuando esa naci贸n consolid贸 su independencia de Castilla y se extendi贸 despu茅s a los oc茅anos 鈥攏o sin un designio particular de Dios鈥�, abriendo nuevas rutas para favorecer la llegada del Evangelio de Cristo hasta los confines de la tierra.

San Nuno se sinti贸 instrumento de este designio superior y se enrol贸 en la militia Christi, o sea, en el servicio de testimonio que todo cristiano est谩 llamado a dar en el mundo. Sus caracter铆sticas fueron una intensa vida de oraci贸n y una confianza absoluta en el auxilio divino. Aunque era un 贸ptimo militar y un gran jefe, nunca permiti贸 que sus dotes personales se sobrepusieran a la acci贸n suprema que ven铆a de Dios.

San Nuno se esforzaba por no poner obst谩culos a la acci贸n de Dios en su vida, imitando a la Virgen, de la que era muy devoto y a la que atribu铆a p煤blicamente sus victorias. En el ocaso de su vida, se retir贸 al convento del Carmen, que 茅l mismo hab铆a mandado construir. Me siento feliz de se帽alar a toda la Iglesia esta figura ejemplar, especialmente por una vida de fe y de oraci贸n en contextos aparentemente poco favorables a ella, lo cual prueba que en cualquier situaci贸n, incluso de car谩cter militar y b茅lico, es posible actuar y realizar los valores y los principios de la vida cristiana, sobre todo si esta se pone al servicio del bien com煤n y de la gloria de Dios.

Santa Gertrudis Comensoli sinti贸 desde la ni帽ez una atracci贸n particular por Jes煤s presente en la Eucarist铆a. Adorar a Cristo Eucarist铆a se convirti贸 en el fin principal de su vida; casi podr铆amos decir que fue la condici贸n habitual de su existencia. Ante la Eucarist铆a santa Gertrudis comprendi贸 su vocaci贸n y su misi贸n en la Iglesia: dedicarse sin reservas a la acci贸n apost贸lica y misionera, especialmente en favor de la juventud. As铆, naci贸, por obediencia al Papa Le贸n XIII, su instituto, para traducir la "caridad contemplada" en Cristo Eucarist铆a en "caridad vivida" dedic谩ndose al pr贸jimo necesitado.

En una sociedad desorientada y a menudo herida, como la nuestra, a una juventud como la de nuestros tiempos, que busca valores y un sentido para su existencia, santa Gertrudis indica como punto firme de referencia al Dios que en la Eucarist铆a se ha hecho nuestro compa帽ero de viaje. Nos recuerda que "la adoraci贸n debe prevalecer sobre todas las obras de caridad", porque del amor a Cristo muerto y resucitado, realmente presente en el sacramento de la Eucarist铆a, brota la caridad evang茅lica que nos impulsa a considerar hermanos a todos los hombres.

Tambi茅n fue testigo del amor divino Catalina Volpicelli, que se esforz贸 por "ser de Cristo, para llevar a Cristo" a cuantos encontr贸 en N谩poles a fines del siglo xix, en un tiempo de crisis espiritual y social. Tambi茅n para ella el secreto fue la Eucarist铆a. A sus primeras colaboradoras les recomendaba cultivar una intensa vida espiritual en la oraci贸n y, sobre todo, el contacto vital con Jes煤s Eucarist铆a. Esta es tambi茅n hoy la condici贸n para proseguir la obra y la misi贸n que inici贸 y dej贸 como legado a las "Esclavas del Sagrado Coraz贸n".

Para ser aut茅nticas educadoras en la fe, deseosas de transmitir a las nuevas generaciones los valores de la cultura cristiana 鈥攕ol铆a repetir鈥�, es indispensable liberar a Dios de las prisiones en las que lo han confinado los hombres. S贸lo en el Coraz贸n de Cristo la humanidad puede encontrar su "morada estable". Santa Catalina muestra a sus hijas espirituales, y a todos nosotros, el camino exigente de una conversi贸n que cambie radicalmente el coraz贸n y se traduzca en acciones coherentes con el Evangelio. As铆 es posible poner las bases para construir una sociedad abierta a la justicia y a la solidaridad, superando el desequilibrio econ贸mico y cultural que sigue existiendo en gran parte de nuestro planeta.

Queridos hermanos y hermanas, demos gracias al Se帽or por el don de la santidad, que hoy resplandece en la Iglesia con singular belleza en Arc谩ngel Tadini, Bernardo Tolomei, Nuno de Santa Mar铆a 脕lvares Pereira, Gertrudis Comensoli y Catalina Volpicelli. Dej茅monos atraer por sus ejemplos, dej茅monos guiar por sus ense帽anzas, para que tambi茅n nuestra existencia se convierta en un canto de alabanza a Dios, a ejemplo de Jes煤s, adorado con fe en el misterio eucar铆stico y servido con generosidad en nuestro pr贸jimo. Que nos obtenga cumplir esta misi贸n evang茅lica la intercesi贸n materna de Mar铆a, Reina de los santos, y de estos nuevos cinco luminosos ejemplos de santidad, que hoy veneramos con alegr铆a. Am茅n.

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