Soporte
S.S. Benedicto XVI, Discurso del Santo Padre durante el encuentro con los j贸venes en lo estadio Dos Coqueiros de Luanda
Incrementar tama帽o de fuente Disminuir tama帽o de fuente
Compartir

Discurso del SantoPadre durante el encuentro con los j贸venes en lo estadio Dos Coqueiros de Luanda

Queridos amigos:

Hab茅is venido muchos, representando a otros muchos m谩s que est谩n espiritualmente unidos a vosotros, para encontrar al Sucesor de Pedro y proclamar conmigo ante todos la alegr铆a de creer en Cristo y renovar el compromiso de ser sus fieles disc铆pulos en nuestro tiempo. Un encuentro parecido tuvo lugar en esta misma ciudad el 7 de junio de 1992 con el amado Papa Juan Pablo II; con los rasgos un poco diferentes, pero con el mismo amor en el coraz贸n, aqu铆 ten茅is al actual Sucesor de Pedro, que os abraza a todos en Cristo Jes煤s, que 芦es el mismo ayer, y hoy y siempre禄 (Hb 13,8).

Deseo, ante todo, daros las gracias por esta fiesta que me ofrec茅is, por la fiesta que sois vosotros, por vuestra presencia y vuestro gozo. Dirijo un saludo afectuoso a los venerados Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio, as铆 como a vuestros animadores. Os doy las gracias de coraz贸n y saludo a cuantos han preparado este encuentro y, en particular, a la Comisi贸n episcopal para la Juventud y las Vocaciones, con su Presidente, Mons. Kanda Almeida, al que agradezco las amables palabras de bienvenida que me ha dirigido. Saludo a todos los j贸venes, cat贸licos y no cat贸licos, que buscan una respuesta a sus problemas, algunos de los cuales han sido seguramente indicados por vuestros representantes, cuyas palabras he escuchado con gratitud. Naturalmente, el abrazo a ellos, vale tambi茅n para todos vosotros.

Encontrarse con los j贸venes hace bien a todos. Tal vez tengan muchos problemas, pero llevan consigo mucha esperanza, mucho entusiasmo y deseos de volver a empezar. J贸venes amigos, llev谩is dentro de vosotros mismos la din谩mica del futuro. Os invito a mirarlo con los ojos del Ap贸stol Juan: 芦Vi un cielo nuevo y una tierra nueva鈥� y tambi茅n la ciudad Santa, la nueva Jerusal茅n, que descend铆a del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuch茅 una voz potente que dec铆a desde el trono: 鈥溍塻ta es la morada de Dios con los hombres鈥澛� (Ap 21,1-3). Querid铆simos amigos, Dios marca la diferencia. As铆 ha sido desde la intimidad serena entre Dios y la pareja humana en el jard铆n del Ed茅n, pasando por la gloria divina que irradiaba en la Tienda del Encuentro en medio del pueblo de Israel durante la traves铆a del desierto, hasta la encarnaci贸n del Hijo de Dios, que se uni贸 indisolublemente al hombre en Jesucristo. Este mismo Jes煤s retoma la traves铆a del desierto humano pasando por la muerte para llegar a la resurrecci贸n, llevando consigo a toda la humanidad a Dios. Ahora, Jes煤s ya no est谩 encerrado en un espacio y tiempo determinado, sino que su Esp铆ritu, el Esp铆ritu Santo, brota de 脡l y entra en nuestros corazones, uni茅ndonos as铆 a Jes煤s mismo y, con 脡l, al Padre, al Dios uno y trino.

Queridos amigos, Dios ciertamente marca la diferencia鈥� M谩s a煤n, Dios nos hace diferentes, nos renueva. 脡sta es la promesa que nos hizo 脡l mismo: 芦Ahora hago el universo nuevo禄 (Ap 21,5). Y es verdad. Lo afirma el Ap贸stol San Pablo: 芦El que es de Cristo es una creatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcili贸 consigo禄 (2 Co 5,17-18). Al subir al cielo y entrar en la eternidad, Jesucristo ha sido constituido Se帽or de todos los tiempos. Por eso, 脡l se hace nuestro compa帽ero en el presente y lleva el libro de nuestros d铆as en su mano: con ella asegura firmemente el pasado, con el origen y los fundamentos de nuestro ser; en ella custodia con esmero el futuro, dej谩ndonos vislumbrar el alba m谩s bella de toda nuestra vida que de 脡l irradia, es decir, la resurrecci贸n en Dios. El futuro de la humanidad nueva es Dios; una primera anticipaci贸n de ello es precisamente su Iglesia. Cuando os sea posible, leed atentamente la historia: os podr茅is dar cuenta de que la Iglesia, con el pasar de los a帽os, no envejece; antes bien, se hace cada vez m谩s joven, porque camina al encuentro del Se帽or, acerc谩ndose m谩s cada d铆a a la 煤nica y verdadera fuente de la que mana la juventud, la regeneraci贸n y la fuerza de la vida.

Amigos que me escuch谩is, el futuro es Dios. Como hemos o铆do hace poco, 脡l 芦enjugar谩 las l谩grimas de sus ojos. Ya no habr谩 muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado禄 (Ap 21,4). Pero, mientras tanto, veo ahora aqu铆 algunos j贸venes angole帽os 鈥損ero son miles鈥� mutilados a consecuencia de la guerra y de las minas, pienso en tantas l谩grimas que muchos de vosotros hab茅is derramado por la p茅rdida de vuestros familiares, y no es dif铆cil imaginar las sombr铆as nubes que a煤n cubren el cielo de vuestros mejores sue帽os... Leo en vuestro coraz贸n una duda que me plante谩is: 芦Esto es lo que tenemos. Lo que nos dices, no lo vemos. La promesa tiene la garant铆a divina 鈥搚 nosotros creemos en ella鈥� pero 驴cu谩ndo se alzar谩 Dios para renovar todas las cosas?禄. Jes煤s responde lo mismo que a sus disc铆pulos: 芦No perd谩is la calma: creed en Dios y creed tambi茅n en m铆. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, y me voy a prepararos sitio禄 (Jn 14,1-2). Pero, vosotros, queridos j贸venes, insist铆s: 芦De acuerdo. Pero, 驴cu谩ndo suceder谩 esto?禄. A una pregunta parecida de los Ap贸stoles, Jes煤s respondi贸: 芦No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Esp铆ritu Santodescienda sobre vosotros, recibir茅is fuerza para ser mis testigos... hasta los confines del mundo禄 (Hch 1,7-8). Fijaos que Jes煤s no nos deja sin respuesta; nos dice claramente una cosa: la renovaci贸n comienza dentro; se os dar谩 una fuerza de lo Alto. La fuerza din谩mica del futuro est谩 dentro de vosotros.

Est谩 dentro..., pero 驴c贸mo? Como la vida est谩 oculta en la semilla: as铆 lo explic贸 Jes煤s en un momento cr铆tico de su ministerio. 脡ste comenz贸 con gran entusiasmo, pues la gente ve铆a que se curaba a los enfermos, se expulsaba a los demonios y se proclamaba el Evangelio; pero, por lo dem谩s, el mundo segu铆a como antes: los romanos dominaban todav铆a, la vida era dif铆cil en el d铆a a d铆a, a pesar de estos signos y de estas bellas palabras. El entusiasmo se fue apagando, hasta el punto de que muchos disc铆pulos abandonaron al Maestro (cf. Jn 6,66), que predicaba, pero no transformaba el mundo. Y todos se preguntaban: En fondo, 驴qu茅 valor tiene este mensaje? 驴Qu茅 aporta este Profeta de Dios? Entonces, Jes煤s habl贸 de un sembrador, que esparce su semilla en el campo del mundo, explicando despu茅s que la semilla es su Palabra (cf. Mc 4,3-20) y son sus curaciones: ciertamente poco, si se compara con las enormes carencias y dificultades de la realidad cotidiana. Y, sin embargo, en la semilla est谩 presente el futuro, porque la semilla lleva consigo el pan del ma帽ana, la vida del ma帽ana. La semilla parece que no es casi nada, pero es la presencia del futuro, es la promesa que ya hoy est谩 presente; cuando cae en tierra buena da una cosecha del treinta, el sesenta y hasta el ciento por uno.

Amigos m铆os, vosotros sois una semilla que Dios ha sembrado en la tierra, que encierra en su interior una fuerza de lo Alto, la fuerza del Esp铆ritu Santo. No obstante, para que la promesa de vida se convierta en fruto, el 煤nico camino posible es dar la vida por amor, es morir por amor. Lo dijo Jes煤s mismo: 芦Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero, si muere, da mucho fruto. El que se ama a s铆 mismo, se pierde, y el que se aborrece a s铆 mismo en este mundo, se guardar谩 para la vida eterna禄 (Jn 12,24-25). As铆 habl贸 y as铆 hizo Jes煤s: su crucifixi贸n parece un fracaso total, pero no lo es. Jes煤s, en virtud 芦del Esp铆ritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha禄 (Hb 9,14). De este modo, cayendo en tierra, pudo dar fruto en todo tiempo y a lo largo de todos los tiempos. En medio de vosotros ten茅is el nuevo Pan, el Pan de la vida futura, la Santa Eucarist铆a que nos alimenta y hace brotar la vida trinitaria en el coraz贸n de los hombres.

J贸venes amigos, semillas con la fuerza del mismo Esp铆ritu Eterno, que han germinado al calor de la Eucarist铆a, en la que se realiza el testamento del Se帽or. 脡l se nos entrega y nosotros respondemos entreg谩ndonos a los otros por amor suyo. 脡ste es el camino de la vida; pero se podr谩 recorrer s贸lo con un di谩logo constante con el Se帽or y en aut茅ntico di谩logo entre vosotros. La cultura social predominante no os ayuda a vivir la Palabra de Jes煤s, ni tampoco el don de vosotros mismos, al que 脡l os invita seg煤n el designio del Padre. Querid铆simos amigos, la fuerza se encuentra dentro de vosotros, como estaba en Jes煤s, que dec铆a: 芦El Padre, que permanece en m铆, 脡l mismo hace las obras... El que cree en m铆, tambi茅n 茅l har谩 las obras que yo hago, y a煤n mayores. Porque yo me voy al Padre禄 (Jn 14,10.12). Por eso, no teng谩is miedo de tomar decisiones definitivas. Generosidad no os falta, lo s茅. Pero frente al riesgo de comprometerse de por vida, tanto en el matrimonio como en una vida de especial consagraci贸n, sent铆s miedo: 芦El mundo vive en continuo movimiento y la vida est谩 llena de posibilidades. 驴Podr茅 disponer en este momento por completo de mi vida sin saber los imprevistos que me esperan? 驴No ser谩 que yo, con una decisi贸n definitiva, me juego mi libertad y me ato con mis propias manos?禄 脡stas son las dudas que os asaltan y que la actual cultura individualista y hedonista exaspera. Pero cuando el joven no se decide, corre el riesgo de seguir siendo eternamente ni帽o.

Yo os digo: 隆脕nimo! Atreveos a tomar decisiones definitivas, porque, en verdad, 茅stas son las 煤nicas que no destruyen la libertad, sino que crean su correcta orientaci贸n, permitiendo avanzar y alcanzar algo grande en la vida. Sin duda, la vida tiene un valor s贸lo si ten茅is el arrojo de la aventura, la confianza de que el Se帽or nunca os dejar谩 solos. Juventud angole帽a, deja libre dentro de ti al Esp铆ritu Santo, a la fuerza de lo Alto. Confiando en esta fuerza, como Jes煤s, arri茅sgate a dar este salto, por decirlo as铆, hacia lo definitivo y, con 茅l, da una posibilidad a la vida. As铆 se crear谩n entre vosotros islas, oasis y despu茅s grandes espacios de cultura cristiana, donde se har谩 visible esa 芦ciudad Santa, que descend铆a del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia禄. 脡sta es la vida que merece la pena vivir y que de coraz贸n os deseo. Viva la juventud de Angola.

Consultas

© Copyright 2013. BIBLIOTECA ELECTR脫NICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS鈩�. La versi贸n electr贸nica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- est谩 protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par谩metros para su uso. Hecho el dep贸sito legal.


Dise帽o web :: Hosting Cat贸lico