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S.S. Benedicto XVI, Mensaje del Santo Padre con ocasi贸n de la XVII Jornada Mundial del Enfermo (2009)
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Mensaje del Santo Padre con ocasi贸n de la XVII Jornada Mundial del Enfermo

Queridos hermanos y hermanas:

La Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrar谩 el pr贸ximo 11 de febrero, memoria lit煤rgica de la Beata Mar铆a Virgen de Lourdes, reunir谩 a las Comunidades diocesanas con sus Obispos en momentos de oraci贸n, para reflexionar e impulsar iniciativas de sensibilizaci贸n sobre la realidad del sufrimiento. El A帽o Paulino, que estamos celebrando, ofrece la ocasi贸n propicia para detenernos a meditar con el ap贸stol Pablo en el hecho que, "as铆 como abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, igualmente abunda tambi茅n por Cristo nuestra consolaci贸n" (2 Co 1,5). Asimismo, el nexo espiritual con Lourdes hace venir a nuestra mente la solicitud maternal de la Madre de Jes煤s por los hermanos de su Hijo "que todav铆a peregrinan y se hallan en peligros y ansiedades hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada" (Lumen gentium, 62).

Este a帽o, nuestra atenci贸n se dirige de modo especial a los ni帽os, a las criaturas m谩s d茅biles e indefensas y, entre 茅stas, a los ni帽os enfermos y sufrientes. Hay peque帽os seres humanos que llevan en su cuerpo las consecuencias de enfermedades invalidantes, y otros que luchan con males que siguen siendo incurables no obstante el progreso de la medicina y la asistencia de buenos investigadores y profesionales de la salud. Hay ni帽os heridos en el cuerpo y en el alma debido a los conflictos y las guerras, y otros que son v铆ctimas inocentes del odio de personas adultas insensatas. Hay los ni帽os 鈥渄e la calle鈥, privados del calor de una familia y abandonados a si mismos, y menores profanados por gente abyecta que viola la inocencia, provocando en ellos una herida psicol贸gica que los marcar谩 por el resto de su vida. Adem谩s, no podemos olvidar el incalculable n煤mero de menores que mueren debido a la sed, al hambre, a la carencia de asistencia sanitaria, as铆 como tambi茅n los peque帽os exilados y pr贸fugos que, junto con sus padres, abandonan su propia tierra en b煤squeda de mejores condiciones de vida. De todos estos ni帽os se eleva un silencioso grito de dolor que interpela nuestra conciencia de hombres y de creyentes.

La comunidad cristiana, que no puede permanecer indiferente ante situaciones tan dram谩ticas, advierte el impelente deber de intervenir. En efecto, tal como he escrito en la Enc铆clica Deus caritas est, la Iglesia "es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario" (25, b). Por tanto, hago votos que tambi茅n la Jornada Mundial del Enfermo ofrezca la oportunidad a las comunidades parroquiales y diocesanas para tomar cada vez m谩s conciencia de ser 鈥渇amilia de Dios鈥, y los anime para que hagan perceptible en los pueblos, en los barrios y en las ciudades el amor del Se帽or, que piden 鈥渜ue en la Iglesia misma como familia, ninguno de sus miembros sufra por encontrarse en necesidad" (ibid.). El testimonio de la caridad es parte de la vida misma de toda comunidad cristiana. Y desde sus inicios la Iglesia ha traducido en gestos concretos los principios evang茅licos, tal como leemos en los Hechos de los Ap贸stoles. Ante las diversas condiciones de la asistencia sanitaria, se advierte la necesidad de una colaboraci贸n m谩s estrecha entre los profesionales de la salud que trabajan en las diferentes instituciones sanitarias y las comunidades eclesiales presentes en el territorio. En esta perspectiva, se confirma en todo su valor una instituci贸n conexa con la Santa Sede como es el Hospital Pedi谩trico Bambino Ges霉, que este a帽o celebra sus 140 a帽os de vida.

M谩s a煤n, dado que el ni帽o enfermo pertenece a una familia que comparte el sufrimiento a menudo con graves estrecheces y dificultades, las comunidades cristianas no pueden dejar de ayudar tambi茅n a los n煤cleos familiares afectados por la enfermedad de un hijo o de una hija. Como el 鈥淏uen Samaritano鈥 es preciso que nos inclinemos sobre las personas probadas tan duramente, para ofrecerles el apoyo de una solidaridad concreta. De este modo, el aceptar y el compartir el sufrimiento se traduce en un soporte 煤til para las familias de los ni帽os enfermos, creando un clima de serenidad y de esperanza y haciendo que en torno a ellas sientan una familia m谩s amplia de hermanos y hermanas en Cristo. La compasi贸n de Jes煤s ante el llanto de la viuda de Na铆m (cfr Lc 7,12-17) y la oraci贸n implorante de Jairo (cf. Lc 8,41-56), entre otros, son puntos 煤tiles de referencia para aprender a compartir los momentos de pena f铆sica y moral de muchas familias probadas. Todo esto presupone un amor desinteresado y generoso, reflexivo y signo del amor misericordioso de Dios, que nunca abandona a sus hijos en la prueba, sino antes bien, siempre les proporciona admirables recursos de coraz贸n y de inteligencia para que sean capaces de afrontar adecuadamente las dificultades de la vida.

La entrega cotidiana y el compromiso sin detenerse en el servicio a favor de los ni帽os enfermos!

son un testimonio elocuente de amor por la vida humana, en particular por la vida de quien es d茅bil y en todo y por todo depende de los dem谩s. En efecto, es necesario afirmar con fuerza la absoluta y suprema dignidad de cada vida humana. Con el pasar de los tiempos no cambia la ense帽anza que la Iglesia proclama incesantemente: la vida humana es bella y debe ser vivida en plenitud incluso cuando es d茅bil y envuelta por el misterio del sufrimiento. Es a Jes煤s crucificado que debemos dirigir nuestra mirada: muriendo en la cruz ha querido compartir el dolor de toda la humanidad. En su sufrir por amor vislumbramos una suprema participaci贸n de las penas de los peque帽os enfermos y de sus padres. Mi venerado Predecesor Juan Pablo II, que ha ofrecido un ejemplo luminoso de la aceptaci贸n paciente del sufrimiento especialmente al final de su vida, ha escrito: "Porque en la cruz est谩 el 芦Redentor del hombre禄, el Var贸n de dolores, que ha asumido en s铆 mismo los sufrimientos f铆sicos y morales de los hombres de todos los tiempos, para que en el amor puedan encontrar el sentido salv铆fico de su dolor y las respuestas v谩lidas a todas sus interrogantes " (Salvifici doloris, 31) .

Deseo expresar aqu铆 mi aprecio y est铆mulo a las Organizaciones internacionales y nacionales que se ocupan de los ni帽os enfermos, especialmente en los pa铆ses pobres y que con generosidad y abnegaci贸n brindan su aporte para proporcionarles adecuados y amorosos cuidados. Al mismo tiempo, hago un apremiante llamamiento a los responsables de las Naciones a fin de que se refuercen las leyes y las disposiciones a favor de los ni帽os enfermos y de sus familias. Siempre, y con mayor raz贸n cuando est谩 en juego la vida de los ni帽os, la Iglesia manifiesta su disponibilidad para ofrecer su cordial colaboraci贸n con la intenci贸n de transformar toda la civilizaci贸n humana en 芦civilizaci贸n del amor禄 (cf. Salvifici doloris, 30).

Para concluir, deseo manifestar mi cercan铆a espiritual a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, que sufr铆s de alguna enfermedad. Dirijo un afectuoso saludo a quienes os asisten: a los Obispos, a los sacerdotes, a las personas consagradas, a los agentes sanitarios, a los voluntarios y a todos los que se dedican con amor a la asistencia y al alivio de los sufrimientos de quien afronta la enfermedad. Dirijo un saludo muy especial a vosotros, queridos ni帽os enfermos y a los que sufren: el Papa os abraza con afecto paterno junto a vuestros padres y familiares, y os asegura un recuerdo especial en la oraci贸n, invit谩ndoos a confiar en la ayuda materna de la Inmaculada Virgen Mar铆a, que en la Navidad pasada una vez m谩s hemos contemplado mientras abraza con gozo entre sus brazos al Hijo de Dios hecho ni帽o. Al invocar sobre vosotros y sobre todo enfermo la protecci贸n maternal de la Virgen Santa, Salud de los Enfermos, imparto de coraz贸n a todos una especial Bendici贸n Apost贸lica.

Desde el Vaticano, 2 de febrero de 2009

Benedictus P.P. XVI
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