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S.S. Benedicto XVI, Homilía del Santo Padre durante el funeral del Cardenal Pio Lagui
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Homilía del Santo Padre durante el funeral del Cardenal Pio Lagui

Se√Īores cardenales;

venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;

queridos hermanos y hermanas:

Recogidos en oraci√≥n en torno al altar del Se√Īor para la celebraci√≥n eucar√≠stica, a la luz de la fe damos el √ļltimo saludo terreno al querido cardenal Pio Laghi, a quien el Se√Īor ha llamado junto a s√≠, al final de d√≠as marcados por una grave enfermedad. En su testamento espiritual, redactado el 14 de noviembre del a√Īo pasado, hab√≠a escrito: "Ofrezco mi vida de nuevo a Dios por la Iglesia, por el Santo Padre y por la Santificaci√≥n de mis hermanos en el sacerdocio. Acepto desde ahora la muerte que la divina Providencia me ha reservado: s√≥lo pido que los d√≠as de mi sufrimiento, a ser posible, sean breves, sobre todo para no causar demasiadas molestias a quienes me tengan que asistir". Y el Se√Īor, a cuyo servicio se dedic√≥ totalmente, ahora le ha abierto sus brazos de Padre bueno y misericordioso. A la luz de esta esperanza, dirijo mi profundo p√©same a cuantos lloran su dolorosa partida: a los familiares, a los amigos y a los que han apreciado sus cualidades humanas y sacerdotales. Me uno especialmente a vuestra oraci√≥n, queridos hermanos y hermanas que hab√©is participado en el rito de exequias presidido por el se√Īor cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio cardenalicio.

En el evangelio proclamado durante esta celebraci√≥n se ha escuchado una vez m√°s el mensaje de las Bienaventuranzas. Lo mismo que un d√≠a en aquel monte de Galilea, tambi√©n hoy el Se√Īor Jes√ļs sigue adoctrinando a sus disc√≠pulos con estas ense√Īanzas siempre v√°lidas, que constituyen como la Magna charta de una vida cristiana aut√©ntica. ¬°Ciertamente cu√°ntas veces el querido cardenal Pio Laghi se detuvo a meditar en estas palabras evang√©licas y cu√°ntas veces las explic√≥ a los fieles! Con su fuerte carga escatol√≥gica sostienen nuestra esperanza en el reino de los cielos, prometido a cuantos se esfuerzan por seguir fielmente el camino del Maestro, asumiendo sus ense√Īanzas. Dios nos ha creado para √©l y en √©l hallamos la felicidad. Conform√°ndonos a su Palabra, nos es posible transformar en fuente de paz y en manantial de gozo incluso las pruebas y sufrimientos que inevitablemente forman parte de nuestra peregrinaci√≥n terrena. Pidamos al Se√Īor que a este hermano nuestro le haga participe de la bienaventuranza eterna, cuyas primicias pudo pregustar ya aqu√≠ en la tierra en la comuni√≥n eclesial, y en la construcci√≥n de v√≠nculos de paz y concordia entre los pueblos y las naciones, a las que fue enviado como representante pontificio.

Podemos decir que toda la misi√≥n sacerdotal del cardenal Pio Laghi se consum√≥ al servicio directo de la Santa Sede; y se inspir√≥ siempre en las palabras que San Pedro dirigi√≥ a Jes√ļs, con ocasi√≥n de la pesca milagrosa: "Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra echar√© las redes. In verbo tuo laxabo rete" (Lc 5, 5). Escogi√≥ estas palabras como lema de su ministerio de obispo ‚ÄĒcomo explic√≥ posteriormente‚ÄĒ porque cuando el 22 de junio de 1969 recibi√≥ la ordenaci√≥n episcopal, precisamente la liturgia de aquel domingo preve√≠a el relato evang√©lico de la pesca milagrosa. Su escudo representaba, entre otras cosas, un lago sobre el que se extiende el cielo y se ve un brazo con una red. Era el escudo de su familia, en la que recibi√≥ una s√≥lida formaci√≥n humana y cristiana, y que en su testamento espiritual defini√≥ "cristiana, cat√≥lica, trabajadora y honrada". En ella cultiv√≥ el germen de la vocaci√≥n sacerdotal. Despu√©s de los estudios primarios y secundarios en Faenza, en el instituto salesiano de la ciudad, entr√≥ en el seminario dioceSano para realizar los estudios filos√≥ficos, que prosigui√≥ luego, para los cursos de teolog√≠a, en Roma, como alumno del Pontificio seminario mayor, hasta ser ordenado sacerdote el 20 de abril de 1946.

Luego fue llamado al servicio de la Santa Sede y, en marzo de 1952, despu√©s de haber conseguido los doctorados en teolog√≠a y en derecho can√≥nico en la Pontificia Universidad Lateranense, comenz√≥ su largo itinerario diplom√°tico y pastoral en las nunciaturas de diversas naciones: de Nicaragua a Washington en Estados Unidos, Delhi en India, volviendo luego durante cinco a√Īos a la Secretar√≠a de Estado. Despu√©s de haberlo elegido arzobispo titular de Mauriana en mayo de 1969, el Papa lo design√≥ delegado suyo en Jerusal√©n y en Palestina con el encargo tambi√©n de pro-nuncio en Chipre y visitador apost√≥lico para Grecia. En abril de 1974 pas√≥ a ser nuncio apost√≥lico en Argentina, donde permaneci√≥ hasta diciembre de 1980 cuando fue llamado a asumir la misi√≥n de delegado apost√≥lico en Estados Unidos. Fue precisamente durante estos a√Īos cuando se establecieron relaciones oficiales entre la Santa Sede y el Gobierno de Washington.

La larga experiencia y conocimiento de la Iglesia impuls√≥ a mi amado predecesor Juan Pablo II a elegirlo como prefecto de la Congregaci√≥n para la educaci√≥n cat√≥lica y a crearlo cardenal en el Consistorio del 28 de junio de 1991, asign√°ndole tambi√©n desde mayo de 1993, la alta funci√≥n de patrono de la Soberana Orden de Malta. Es as√≠ mismo un deber de gratitud recordar las misiones especiales que le fueron encomendadas a este llorado purpurado: en mayo de 2001 ante Israel y ante la Autoridad Palestina, para entregar un mensaje pontificio aut√≥grafo a fin de animar a las partes a un alto el fuego inmediato y a reanudar el di√°logo; dos a√Īos m√°s tarde, el 1 de marzo de 2003, fue encargado de ir como enviado especial a Washington para llevar al presidente de Estados Unidos un mensaje pontificio y para ilustrar la postura de la Santa Sede y sus iniciativas emprendidas para contribuir al desarme y a la paz en Oriente Pr√≥ximo. Misiones delicadas que √©l trat√≥ de cumplir, como siempre, con entrega fiel a Cristo y a su Iglesia. En su testamento espiritual escribi√≥: "He tratado de amar a Cristo y servirlo toda mi vida, si bien a menudo mi fragilidad humana me ha impedido manifestarle siempre de modo edificante, como habr√≠a querido, mi amor, fidelidad y total entrega a su voluntad".

Demos gracias a Dios por el don de este hermano y amigo nuestro, y por todo el bien que √©l, con la ayuda de la gracia divina, realiz√≥ en los diferentes √°mbitos en los que estuvo llamado a desarrollar su valiosa actividad pastoral y diplom√°tica. Una menci√≥n especial merece el celo que puso en la promoci√≥n de las vocaciones y en la formaci√≥n de los sacerdotes. Confiamos que ahora pueda contemplar cara a cara a aquel Jes√ļs que tanto trat√≥ de amar y servir en los hermanos (cf. 1 Jn 3, 2). En el momento en que nos despedimos de √©l, nuestro coraz√≥n se anima con la firme esperanza de que, como nos ha recordado la liturgia de hoy, "queda llena de inmortalidad" (cf. Sb 3, 4), la esperanza que ilumin√≥ la vida sacerdotal y apost√≥lica del cardenal Pio Laghi y que ahora halla la realizaci√≥n plena y definitiva en la llamada divina a participar en el convite del cielo. Al concluir su testamento espiritual, manifiesta este deseo: "Conf√≠o exhalar mi √ļltimo suspiro con el dulce nombre de Mar√≠a en los labios y el adorable nombre de Jes√ļs, su divino Hijo". Lo acompa√Īamos con afecto fraterno en el paso del tiempo a la eternidad, uni√©ndonos a √©l en una oraci√≥n que le gustaba repetir especialmente: "Jesu, filii Dei et Mariae, miserere mei: Mater mea, Fiducia mea, ora pro me in hora mortis meae. Amen".

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