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S.S. Benedicto XVI, Audiencia general, 21 de enero de 2009. Cristianos unidos ante los desaf铆os de la cultura y de la econom铆a
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Audiencia general, 21 de enero de 2009. Cristianos unidos ante los desaf铆os de la cultura y de la econom铆a

Queridos hermanos y hermanas:

El domingo pasado comenz贸 la "Semana de oraci贸n por la unidad de los cristianos", que concluir谩 el domingo pr贸ximo, fiesta de la Conversi贸n del ap贸stol San Pablo. Se trata de una iniciativa espiritual preciosa, que se est谩 difundiendo cada vez m谩s entre los cristianos, en sinton铆a y, podr铆amos decir, en respuesta a la apremiante invocaci贸n que Jes煤s dirigi贸 al Padre en el Cen谩culo, antes de su Pasi贸n: "Que sean una sola cosa, para que el mundo crea que t煤 me has enviado" (Jn 17, 21). Durante esta oraci贸n sacerdotal, el Se帽or, en cuatro ocasiones, pide a sus disc铆pulos que sean "una sola cosa", seg煤n la imagen de la unidad entre el Padre y el Hijo. Se trata de una unidad que s贸lo puede crecer siguiendo el ejemplo de la entrega del Hijo al Padre, es decir, saliendo de s铆 y uni茅ndose a Cristo. Adem谩s, por dos veces, en esta oraci贸n Jes煤s a帽ade como fin de esta unidad: para que el mundo crea. Por tanto, la unidad plena est谩 conectada con la vida y la misi贸n misma de la Iglesia en el mundo. La Iglesia debe vivir una unidad que s贸lo puede derivar de su unidad con Cristo, con su trascendencia, como signo de que Cristo es la verdad. Esta es nuestra responsabilidad: que sea visible en el mundo el don de una unidad en virtud de la cual se haga cre铆ble nuestra fe. Por esto es importante que cada comunidad cristiana tome conciencia de la urgencia de trabajar de todas las formas posibles para llegar a este gran objetivo. Al mismo tiempo, es importante implorarla con oraci贸n constante y confiada, sabiendo que la unidad es ante todo "don" del Se帽or. S贸lo saliendo de nosotros mismos y yendo hacia Cristo, s贸lo en la relaci贸n con 茅l podemos llegar a estar realmente unidos entre nosotros. Esta es la invitaci贸n que, con la presente "Semana", se nos dirige a los creyentes en Cristo de toda Iglesia y Comunidad eclesial. Queridos hermanos y hermanas, respondamos a esta invitaci贸n con generosidad diligente.

Este a帽o la "Semana de oraci贸n por la unidad" propone a nuestra meditaci贸n y oraci贸n estas palabras tomadas del libro del profeta Ezequiel: "Que formen una sola cosa en tu mano" (37, 17). El tema ha sido elegido por un grupo ecum茅nico de Corea, y revisado despu茅s para su divulgaci贸n internacional por el Comit茅 mixto de oraci贸n, formado por representantes del Consejo pontificio para la promoci贸n de la unidad de los cristianos y por el Consejo mundial de Iglesias de Ginebra. El mismo proceso de preparaci贸n ha sido un estimulante y fecundo ejercicio de aut茅ntico ecumenismo.

En el pasaje del libro del profeta Ezequiel del que se ha sacado el tema, el Se帽or ordena al profeta que tome dos maderas, una como s铆mbolo de Jud谩 y sus tribus y la otra como s铆mbolo de Jos茅 y de toda la casa de Israel unida a 茅l, y les pide que las "acerque", de modo que formen una sola madera, "una sola cosa" en su mano. Es transparente la par谩bola de la unidad. A los "hijos del pueblo", que pedir谩n explicaci贸n, Ezequiel, iluminado desde lo Alto, dir谩 que el Se帽or mismo toma las dos maderas y las acerca, de forma que los dos reinos con sus tribus respectivas, divididas entre s铆, lleguen a ser "una sola cosa en su mano". La mano del profeta, que acerca los dos le帽os, se considera como la mano misma de Dios que re煤ne y unifica a su pueblo y, finalmente, a la humanidad entera. Las palabras del profeta las podemos aplicar a los cristianos como una exhortaci贸n a rezar, a trabajar haciendo todo lo posible para que se realice la unidad de todos los disc铆pulos de Cristo; a trabajar para que nuestra mano sea instrumento de la mano unificadora de Dios.

Esta exhortaci贸n resulta particularmente conmovedora y apremiante en las palabras de Jes煤s despu茅s de la 煤ltima Cena. El Se帽or desea que todo su pueblo camine 鈥攜 ve en 茅l a la Iglesia del futuro, de los siglos futuros鈥� con paciencia y perseverancia hacia la realizaci贸n de la unidad plena. Este empe帽o que comporta la adhesi贸n humilde y obediencia d贸cil al mandato del Se帽or, que lo bendice y lo hace fecundo. El profeta Ezequiel nos asegura que ser谩 precisamente 茅l, nuestro 煤nico Se帽or, el 煤nico Dios, quien nos tome en "su mano".

En la segunda parte de la lectura b铆blica se profundizan el significado y las condiciones de la unidad de las distintas tribus en un solo reino. En la dispersi贸n entre los gentiles, los israelitas hab铆an conocido cultos err贸neos, hab铆an asimilado concepciones de vida equivocadas, hab铆an asumido costumbres ajenas a la ley divina. Ahora el Se帽or declara que ya no se contaminar谩n m谩s con los 铆dolos de los pueblos paganos, con sus abominaciones, con todas sus iniquidades (cf. Ez 37, 23). Reclama la necesidad de liberarlos del pecado, de purificar su coraz贸n. "Los librar茅 de todas sus rebeld铆as 鈥攁firma鈥�, los purificar茅". Y as铆 "ser谩n mi pueblo y yo ser茅 su Dios" (Ez37, 23). En esta condici贸n de renovaci贸n interior, ellos "seguir谩n mis mandamientos, observar谩n mis leyes y las pondr谩n en pr谩ctica". Y el texto prof茅tico se concluye con la promesa definitiva y plenamente salv铆fica: "Har茅 con ellos una alianza de paz... pondr茅 mi santuario, es decir, mi presencia, en medio de ellos" (Ez 37, 26).

La visi贸n de Ezequiel es particularmente elocuente para todo el movimiento ecum茅nico, porque pone en claro la exigencia imprescindible de una renovaci贸n interior aut茅ntica en todos los componentes del pueblo de Dios que s贸lo el Se帽or puede realizar. A esta renovaci贸n debemos estar abiertos tambi茅n nosotros, porque tambi茅n nosotros, desperdigados entre los pueblos del mundo, hemos aprendido costumbres muy alejadas de la Palabra de Dios. "As铆 como hoy la renovaci贸n de la Iglesia 鈥攕e lee en el decreto sobre el ecumenismo del concilio Vaticano II鈥� consiste esencialmente en el crecimiento de la fidelidad a su vocaci贸n, esta es sin duda la raz贸n del movimiento hacia la unidad" (Unitatis redintegratio, 6), es decir, la mayor fidelidad a la vocaci贸n de Dios. El decreto subraya tambi茅n la dimensi贸n interior de la conversi贸n del coraz贸n. "El ecumenismo verdadero 鈥攁帽ade鈥� no existe sin la conversi贸n interior, porque el deseo de la unidad nace y madura de la renovaci贸n de la mente, de la abnegaci贸n de s铆 mismo y del ejercicio pleno de la caridad (ib., 7). La "Semana de oraci贸n por la unidad" se convierte, de esta forma, para todos nosotros en est铆mulo a una conversi贸n sincera y a una escucha cada vez m谩s d贸cil a la Palabra de Dios, a una fe cada vez m谩s profunda.

La "Semana" es tambi茅n una ocasi贸n propicia para agradecer al Se帽or por cuanto nos ha concedido hacer hasta ahora "para acercar" unos a otros, los cristianos divididos, y las propias Iglesias y Comunidades eclesiales. Este esp铆ritu ha animado a la Iglesia cat贸lica, la cual, durante el a帽o pasado, ha proseguido, con firme convicci贸n y segura esperanza, manteniendo relaciones fraternas y respetuosas con todas las Iglesias y Comunidades eclesiales de Oriente y Occidente. En la variedad de las situaciones, a veces m谩s positivas y a veces con m谩s dificultades, se ha esforzado por no decaer nunca en el empe帽o de realizar todos los esfuerzos para la recomposici贸n de la unidad plena. Las relaciones entre las Iglesias y los di谩logos teol贸gicos han seguido dando signos de convergencias espirituales alentadoras. Yo mismo he tenido la alegr铆a de encontrar, aqu铆 en el Vaticano y en el curso de mis viajes apost贸licos, a cristianos procedentes de todos los horizontes. Con gran alegr铆a acog铆 en tres ocasiones al Patriarca ecum茅nico Su Santidad Bartolom茅 I y, como acontecimiento extraordinario, le o铆mos tomar la palabra, con calor eclesial fraterno y con confianza convencida en el porvenir, durante la reciente Asamblea del S铆nodo de los obispos. Tuve el placer de recibir a los dos Catholic贸s de la Iglesia apost贸lica armenia: Su Santidad Karekin II de Etchmiadzin y Su Santidad Aram Ide Antelias. Y, finalmente, he compartido el dolor del Patriarcado de Mosc煤 por la partida del amado hermano en Cristo, el Patriarca Su Santidad Alexis II, y contin煤o permaneciendo en comuni贸n de oraci贸n con estos hermanos nuestros que se preparan para elegir al nuevo Patriarca de la venerada y gran Iglesia ortodoxa. Igualmente, tuve ocasi贸n de encontrar a representantes de las diversas Comuniones cristianas de Occidente, con los que prosigue el di谩logo sobre el importante testimonio que los cristianos deben dar hoy de forma concorde, en un mundo cada vez m谩s dividido y que se encuentra ante numerosos desaf铆os de car谩cter cultural, social, econ贸mico y 茅tico. De esto y de tantos otros encuentros, di谩logos y gestos de fraternidad que el Se帽or nos ha permitido poder realizar, d茅mosle gracias juntos con alegr铆a.

Queridos hermanos y hermanas, aprovechemos la oportunidad que la "Semana de oraci贸n por la unidad de los cristianos" nos ofrece para pedir al Se帽or que prosigan y, si es posible, se intensifiquen el compromiso y el di谩logo ecum茅nico. En el contexto del A帽o paulino, que conmemora el bimilenario del nacimiento de San Pablo, no podemos no referirnos tambi茅n a cuanto el ap贸stol San Pablo nos dej贸 escrito a prop贸sito de la unidad de la Iglesia. Cada mi茅rcoles voy dedicando mi reflexi贸n a sus cartas y a su preciosa ense帽anza. Retomo aqu铆 sencillamente cuanto escribi贸 dirigi茅ndose a la comunidad de 脡feso: "Un solo cuerpo y un solo esp铆ritu, como una sola es la esperanza a la que hab茅is sido llamados, la de vuestra vocaci贸n. Un solo Se帽or, una sola fe, un solo bautismo" (Ef 4, 4-5). Hagamos nuestro el anhelo de San Pablo, que consum贸 enteramente su vida por el 煤nico Se帽or y por la unidad de su Cuerpo m铆stico, la Iglesia, dando, con el martirio, un testimonio supremo de fidelidad y de amor a Cristo.

Que cada comunidad, siguiendo su ejemplo y contando con su intercesi贸n, crezca en el empe帽o de la unidad, gracias a las diversas iniciativas espirituales y pastorales y a las asambleas de oraci贸n com煤n, que suelen hacerse m谩s numerosas e intensas en esta "Semana", haci茅ndonos ya pregustar, en cierto modo, el d铆a de la unidad plena. Oremos para que entre las Iglesias y las Comunidades eclesiales contin煤e el di谩logo de la verdad, indispensable para dirimir las divergencias, y el de la caridad, que condiciona el di谩logo teol贸gico mismo y ayuda a vivir unidos para un testimonio com煤n. El deseo que habita en nuestros corazones es que llegue pronto el d铆a de la comuni贸n plena, cuando todos los disc铆pulos del 煤nico Se帽or nuestro podr谩n finalmente celebrar juntos la Eucarist铆a, el sacrificio divino para la vida y la salvaci贸n del mundo. Invocamos la intercesi贸n maternal de Mar铆a para que ayude a todos los cristianos a cultivar una escucha m谩s atenta de la Palabra de Dios y una oraci贸n m谩s intensa por la unidad.

Saludos

(En espa帽ol)

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua espa帽ola, en particular a los grupos venidos de Espa帽a y Latinoam茅rica. Despu茅s de la celebraci贸n en M茅xico del VI Encuentro mundial de las familias, os invito a dar gracias a Dios por este acontecimiento tan importante y a acompa帽ar con vuestra ferviente oraci贸n los preparativos del pr贸ximo encuentro, que se celebrar谩 en Mil谩n. Que el Se帽or sostenga con su gracia a todas las familias, para que en ellas reine la fe viva, el respeto rec铆proco, el amor sincero y la comprensi贸n mutua. Encomiendo esta intenci贸n a la protecci贸n de la Sagrada Familia de Nazaret. Muchas gracias.

(A un grupo de sacerdotes de Oporto)

Que la luz de Cristo anime siempre en vosotros el entusiasmo de servir a la Iglesia como ella quiere ser servida.

(En polaco)

Encomiendo a vuestras oraciones esta semana ecum茅nica que estamos viviendo. La oraci贸n com煤n, los encuentros y las reflexiones sobre los desaf铆os de la fe en el tercer milenio fructifiquen en quien cree en Cristo por medio de gestos de reconciliaci贸n y obras de caridad. Pidamos a Dios "formar una cosa sola en su mano".

(En italiano)

Como es costumbre, por 煤ltimo, me dirijo a los j贸venes, a los enfermos y a los reci茅n casados. Celebramos hoy la memoria lit煤rgica de Santa In茅s, virgen y m谩rtir, que, no obstante su juventud, afront贸 la muerte con gran valent铆a, por amor al Se帽or y teniendo "los mismos sentimientos de Cristo Jes煤s", el Cordero inmolado y vencedor. Queridos j贸venes, queridos enfermos y queridos reci茅n casados, que tambi茅n vosotros, por intercesi贸n de Santa In茅s, pod谩is vivir vuestra vocaci贸n y la situaci贸n concreta en la que os encontr谩is como un camino aut茅ntico de santidad.

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