Soporte
S.S. Benedicto XVI, Mensaje del Santo Padre para la celebraci贸n de la XLII Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2009)
Incrementar tama帽o de fuente Disminuir tama帽o de fuente
Compartir

Mensaje del Santo Padre para la celebraci贸n de la XLII Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2009)

COMBATIR LA POBREZA, CONSTRUIR LA PAZ

1. Tambi茅n en este a帽o nuevo que comienza, deseo hacer llegar a todos mis mejores deseos de paz, e invitar con este Mensaje a reflexionar sobre el tema: Combatir la pobreza, construir la paz. Mi venerado predecesor Juan Pablo II, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, subray贸 ya las repercusiones negativas que la situaci贸n de pobreza de poblaciones enteras acaba teniendo sobre la paz. En efecto, la pobreza se encuentra frecuentemente entre los factores que favorecen o agravan los conflictos, incluidas la contiendas armadas. Estas 煤ltimas alimentan a su vez tr谩gicas situaciones de penuria. 芦Se constata y se hace cada vez m谩s grave en el mundo 鈥揺scribi贸 Juan Pablo II鈥� otra seria amenaza para la paz: muchas personas, es m谩s, poblaciones enteras viven hoy en condiciones de extrema pobreza. La desigualdad entre ricos y pobres se ha hecho m谩s evidente, incluso en las naciones m谩s desarrolladas econ贸micamente. Se trata de un problema que se plantea a la conciencia de la humanidad, puesto que las condiciones en que se encuentra un gran n煤mero de personas son tales que ofenden su dignidad innata y comprometen, por consiguiente, el aut茅ntico y arm贸nico progreso de la comunidad mundial禄1.

2. En este cuadro, combatir la pobreza implica considerar atentamente el fen贸meno complejo de la globalizaci贸n. Esta consideraci贸n es importante ya desde el punto de vista metodol贸gico, pues invita a tener en cuenta el fruto de las investigaciones realizadas por los economistas y soci贸logos sobre tantos aspectos de la pobreza. Pero la referencia a la globalizaci贸n deber铆a abarcar tambi茅n la dimensi贸n espiritual y moral, instando a mirar a los pobres desde la perspectiva de que todos comparten un 煤nico proyecto divino, el de la vocaci贸n de construir una sola familia en la que todos 鈥損ersonas, pueblos y naciones鈥� se comporten siguiendo los principios de fraternidad y responsabilidad.

En dicha perspectiva se ha de tener una visi贸n amplia y articulada de la pobreza. Si 茅sta fuese 煤nicamente material, las ciencias sociales, que nos ayudan a medir los fen贸menos bas谩ndose sobre todo en datos de tipo cuantitativo, ser铆an suficientes para iluminar sus principales caracter铆sticas. Sin embargo, sabemos que hay pobrezas inmateriales, que no son consecuencia directa y autom谩tica de carencias materiales. Por ejemplo, en las sociedades ricas y desarrolladas existen fen贸menos de marginaci贸n, pobreza relacional, moral y espiritual: se trata de personas desorientadas interiormente, aquejadas por formas diversas de malestar a pesar de su bienestar econ贸mico. Pienso, por una parte, en el llamado 芦subdesarrollo moral禄2 y, por otra, en las consecuencias negativas del 芦superdesarrollo禄3. Tampoco olvido que, en las sociedades definidas como 芦pobres禄, el crecimiento econ贸mico se ve frecuentemente entorpecido por impedimentos culturales, que no permiten utilizar adecuadamente los recursos. De todos modos, es verdad que cualquier forma de pobreza no asumida libremente tiene su ra铆z en la falta de respeto por la dignidad trascendente de la persona humana. Cuando no se considera al hombre en su vocaci贸n integral, y no se respetan las exigencias de una verdadera 芦ecolog铆a humana禄4, se desencadenan tambi茅n din谩micas perversas de pobreza, como se pone claramente de manifiesto en algunos aspectos en los cuales me detendr茅 brevemente.

Pobreza e implicaciones morales

3. La pobreza se pone a menudo en relaci贸n con el crecimiento demogr谩fico. Consiguientemente, se est谩n llevando a cabo campa帽as para reducir la natalidad en el 谩mbito internacional, incluso con m茅todos que no respetan la dignidad de la mujer ni el derecho de los c贸nyuges a elegir responsablemente el n煤mero de hijos5 y, lo que es m谩s grave a煤n, frecuentemente ni siquiera respetan el derecho a la vida. El exterminio de millones de ni帽os no nacidos en nombre de la lucha contra la pobreza es, en realidad, la eliminaci贸n de los seres humanos m谩s pobres. A esto se opone el hecho de que, en 1981, aproximadamente el 40% de la poblaci贸n mundial estaba por debajo del umbral de la pobreza absoluta, mientras que hoy este porcentaje se ha reducido sustancialmente a la mitad y numerosas poblaciones, caracterizadas, por lo dem谩s, por un notable incremento demogr谩fico, han salido de la pobreza. El dato apenas mencionado muestra claramente que habr铆a recursos para resolver el problema de la indigencia, incluso con un crecimiento de la poblaci贸n. Tampoco hay que olvidar que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, la poblaci贸n de la tierra ha crecido en cuatro mil millones y, en buena parte, este fen贸meno se produce en pa铆ses que han aparecido recientemente en el escenario internacional como nuevas potencias econ贸micas, y han obtenido un r谩pido desarrollo precisamente gracias al elevado n煤mero de sus habitantes. Adem谩s, entre las naciones m谩s avanzadas, las que tienen un mayor 铆ndice de natalidad disfrutan de mejor potencial para el desarrollo. En otros t茅rminos, la poblaci贸n se est谩 confirmando como una riqueza y no como un factor de pobreza.

4. Otro aspecto que preocupa son las enfermedades pand茅micas, como por ejemplo, la malaria, la tuberculosis y el sida que, en la medida en que afectan a los sectores productivos de la poblaci贸n, tienen una gran influencia en el deterioro de las condiciones generales del pa铆s. Los intentos de frenar las consecuencias de estas enfermedades en la poblaci贸n no siempre logran resultados significativos. Adem谩s, los pa铆ses aquejados de dichas pandemias, a la hora de contrarrestarlas, sufren los chantajes de quienes condicionan las ayudas econ贸micas a la puesta en pr谩ctica de pol铆ticas contrarias a la vida. Es dif铆cil combatir sobre todo el sida, causa dram谩tica de pobreza, si no se afrontan los problemas morales con los que est谩 relacionada la difusi贸n del virus. Es preciso, ante todo, emprender campa帽as que eduquen especialmente a los j贸venes a una sexualidad plenamente concorde con la dignidad de la persona; hay iniciativas en este sentido que ya han dado resultados significativos, haciendo disminuir la propagaci贸n del virus. Adem谩s, se requiere tambi茅n que se pongan a disposici贸n de las naciones pobres las medicinas y tratamientos necesarios; esto exige fomentar decididamente la investigaci贸n m茅dica y las innovaciones terap茅uticas, y aplicar con flexibilidad, cuando sea necesario, las reglas internacionales sobre la propiedad intelectual, con el fin de garantizar a todos la necesaria atenci贸n sanitaria de base.

5. Un tercer aspecto en que se ha de poner atenci贸n en los programas de lucha contra la pobreza, y que muestra su intr铆nseca dimensi贸n moral, es la pobreza de los ni帽os. Cuando la pobreza afecta a una familia, los ni帽os son las v铆ctimas m谩s vulnerables: casi la mitad de quienes viven en la pobreza absoluta son ni帽os. Considerar la pobreza poni茅ndose de parte de los ni帽os impulsa a estimar como prioritarios los objetivos que los conciernen m谩s directamente como, por ejemplo, el cuidado de las madres, la tarea educativa, el acceso a las vacunas, a las curas m茅dicas y al agua potable, la salvaguardia del medio ambiente y, sobre todo, el compromiso en la defensa de la familia y de la estabilidad de las relaciones en su interior. Cuando la familia se debilita, los da帽os recaen inevitablemente sobre los ni帽os. Donde no se tutela la dignidad de la mujer y de la madre, los m谩s afectados son principalmente los hijos.

6. Un cuarto aspecto que merece particular atenci贸n desde el punto de vista moral es la relaci贸n entre el desarme y el desarrollo. Es preocupante la magnitud global del gasto militar en la actualidad. Como ya he tenido ocasi贸n de subrayar, 芦los ingentes recursos materiales y humanos empleados en gastos militares y en armamentos se sustraen a los proyectos de desarrollo de los pueblos, especialmente de los m谩s pobres y necesitados de ayuda. Y esto va contra lo que afirma la misma Carta de las Naciones Unidas, que compromete a la comunidad internacional, y a los Estados en particular, a 鈥減romover el establecimiento y el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacional con el m铆nimo dispendio de los recursos humanos y econ贸micos mundiales en armamentos鈥� (art. 26)禄6.

Este estado de cosas, en vez de facilitar, entorpece seriamente la consecuci贸n de los grandes objetivos de desarrollo de la comunidad internacional. Adem谩s, un incremento excesivo del gasto militar corre el riesgo de acelerar la carrera de armamentos, que provoca bolsas de subdesarrollo y de desesperaci贸n, transform谩ndose as铆, parad贸jicamente, en factor de inestabilidad, tensi贸n y conflictos. Como afirm贸 sabiamente mi venerado Predecesor Pablo VI, 芦el desarrollo es el nuevo nombre de la paz禄7. Por tanto, los Estados est谩n llamados a una seria reflexi贸n sobre los motivos m谩s profundos de los conflictos, a menudo avivados por la injusticia, y a afrontarlos con una valiente autocr铆tica. Si se alcanzara una mejora de las relaciones, ser铆a posible reducir los gastos en armamentos. Los recursos ahorrados se podr铆an destinar a proyectos de desarrollo de las personas y de los pueblos m谩s pobres y necesitados: los esfuerzos prodigados en este sentido son un compromiso por la paz dentro de la familia humana.

7. Un quinto aspecto de la lucha contra la pobreza material se refiere a la actual crisis alimentaria, que pone en peligro la satisfacci贸n de las necesidades b谩sicas. Esta crisis se caracteriza no tanto por la insuficiencia de alimentos, sino por las dificultades para obtenerlos y por fen贸menos especulativos y, por tanto, por la falta de un entramado de instituciones pol铆ticas y econ贸micas capaces de afrontar las necesidades y emergencias. La malnutrici贸n puede provocar tambi茅n graves da帽os psicof铆sicos a la poblaci贸n, privando a las personas de la energ铆a necesaria para salir, sin una ayuda especial, de su estado de pobreza. Esto contribuye a ampliar la magnitud de las desigualdades, provocando reacciones que pueden llegar a ser violentas. Todos los datos sobre el crecimiento de la pobreza relativa en los 煤ltimos decenios indican un aumento de la diferencia entre ricos y pobres. Sin duda, las causas principales de este fen贸meno son, por una parte, el cambio tecnol贸gico, cuyos beneficios se concentran en el nivel m谩s alto de la distribuci贸n de la renta y, por otra, la evoluci贸n de los precios de los productos industriales, que aumentan mucho m谩s r谩pidamente que los precios de los productos agr铆colas y de las materias primas que poseen los pa铆ses m谩s pobres. Resulta as铆 que la mayor parte de la poblaci贸n de los pa铆ses m谩s pobres sufre una doble marginaci贸n, beneficios m谩s bajos y precios m谩s altos.

Lucha contra la pobreza y solidaridad global

8. Una de las v铆as maestras para construir la paz es una globalizaci贸n que tienda a los intereses de la gran familia humana8. Sin embargo, para guiar la globalizaci贸n se necesita una fuerte solidaridad global9, tanto entre pa铆ses ricos y pa铆ses pobres, como dentro de cada pa铆s, aunque sea rico. Es preciso un 芦c贸digo 茅tico com煤n禄10, cuyas normas no sean s贸lo fruto de acuerdos, sino que est茅n arraigadas en la ley natural inscrita por el Creador en la conciencia de todo ser humano (cf. Rm 2,14-15). Cada uno de nosotros 驴no siente acaso en lo rec贸ndito de su conciencia la llamada a dar su propia contribuci贸n al bien com煤n y a la paz social? La globalizaci贸n abate ciertas barreras, pero esto no significa que no se puedan construir otras nuevas; acerca los pueblos, pero la proximidad en el espacio y en el tiempo no crea de suyo las condiciones para una comuni贸n verdadera y una aut茅ntica paz. La marginaci贸n de los pobres del planeta s贸lo puede encontrar instrumentos v谩lidos de emancipaci贸n en la globalizaci贸n si todo hombre se siente personalmente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos humanos vinculadas a ellas. La Iglesia, que es 芦signo e instrumento de la 铆ntima uni贸n con Dios y de la unidad de todo el g茅nero humano禄11, continuar谩 ofreciendo su aportaci贸n para que se superen las injusticias e incomprensiones, y se llegue a construir un mundo m谩s pac铆fico y solidario.

9. En el campo del comercio internacional y de las transacciones financieras, se est谩n produciendo procesos que permiten integrar positivamente las econom铆as, contribuyendo a la mejora de las condiciones generales; pero existen tambi茅n procesos en sentido opuesto, que dividen y marginan a los pueblos, creando peligrosas premisas para conflictos y guerras. En los decenios sucesivos a la Segunda Guerra Mundial, el comercio internacional de bienes y servicios ha crecido con extraordinaria rapidez, con un dinamismo sin precedentes en la historia. Gran parte del comercio mundial se ha centrado en los pa铆ses de antigua industrializaci贸n, a los que se han a帽adido de modo significativo muchos pa铆ses emergentes, que han adquirido una cierta relevancia. Sin embargo, hay otros pa铆ses de renta baja que siguen estando gravemente marginados respecto a los flujos comerciales. Su crecimiento se ha resentido por la r谩pida disminuci贸n de los precios de las materias primas registrada en las 煤ltimas d茅cadas, que constituyen la casi totalidad de sus exportaciones. En estos pa铆ses, la mayor铆a africanos, la dependencia de las exportaciones de las materias primas sigue siendo un fuerte factor de riesgo. Quisiera renovar un llamamiento para que todos los pa铆ses tengan las mismas posibilidades de acceso al mercado mundial, evitando exclusiones y marginaciones

10. Se puede hacer una reflexi贸n parecida sobre las finanzas, que ata帽e a uno de los aspectos principales del fen贸meno de la globalizaci贸n, gracias al desarrollo de la electr贸nica y a las pol铆ticas de liberalizaci贸n de los flujos de dinero entre los diversos pa铆ses. La funci贸n objetivamente m谩s importante de las finanzas, el sostener a largo plazo la posibilidad de inversiones y, por tanto, el desarrollo, se manifiesta hoy muy fr谩gil: se resiente de los efectos negativos de un sistema de intercambios financieros 鈥揺n el plano nacional y global鈥� basado en una l贸gica a muy corto plazo, que busca el incremento del valor de las actividades financieras y se concentra en la gesti贸n t茅cnica de las diversas formas de riesgo. La reciente crisis demuestra tambi茅n que la actividad financiera est谩 guiada a veces por criterios meramente autorrefenciales, sin consideraci贸n del bien com煤n a largo plazo. La reducci贸n de los objetivos de los operadores financieros globales a un brev铆simo plazo de tiempo reduce la capacidad de las finanzas para desempe帽ar su funci贸n de puente entre el presente y el futuro, con vistas a sostener la creaci贸n de nuevas oportunidades de producci贸n y de trabajo a largo plazo. Una finanza restringida al corto o cort铆simo plazo llega a ser peligrosa para todos, tambi茅n para quien logra beneficiarse de ella durante las fases de euforia financiera12.

11. De todo esto se desprende que la lucha contra la pobreza requiere una cooperaci贸n tanto en el plano econ贸mico como en el jur铆dico que permita a la comunidad internacional, y en particular a los pa铆ses pobres, descubrir y poner en pr谩ctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas, estableciendo un marco jur铆dico eficaz para la econom铆a. Exige tambi茅n incentivos para crear instituciones eficientes y participativas, as铆 como ayudas para luchar contra la criminalidad y promover una cultura de la legalidad. Por otro lado, es innegable que las pol铆ticas marcadamente asistencialistas est谩n en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los pa铆ses pobres. Parece que, actualmente, el verdadero proyecto a medio y largo plazo sea el invertir en la formaci贸n de las personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa. Si bien las actividades econ贸micas necesitan un contexto favorable para su desarrollo, esto no significa que se deba distraer la atenci贸n de los problemas del beneficio. Aunque se haya subrayado oportunamente que el aumento de la renta per capita no puede ser el fin absoluto de la acci贸n pol铆tico-econ贸mica, no se ha de olvidar, sin embargo, que 茅sta representa un instrumento importante para alcanzar el objetivo de la lucha contra el hambre y la pobreza absoluta. Desde este punto de vista, no hay que hacerse ilusiones pensando que una pol铆tica de pura redistribuci贸n de la riqueza existente resuelva el problema de manera definitiva. En efecto, el valor de la riqueza en una econom铆a moderna depende de manera determinante de la capacidad de crear r茅dito presente y futuro. Por eso, la creaci贸n de valor resulta un v铆nculo ineludible, que se debe tener en cuenta si se quiere luchar de modo eficaz y duradero contra la pobreza material.

12. Finalmente, situar a los pobres en el primer puesto comporta que se les d茅 un espacio adecuado para una correcta l贸gica econ贸mica por parte de los agentes del mercado internacional, una correcta l贸gica pol铆tica por parte de los responsables institucionales y una correcta l贸gica participativa capaz de valorizar la sociedad civil local e internacional. Los organismos internacionales mismos reconocen hoy la val铆a y la ventaja de las iniciativas econ贸micas de la sociedad civil o de las administraciones locales para promover la emancipaci贸n y la inclusi贸n en la sociedad de las capas de poblaci贸n que a menudo se encuentran por debajo del umbral de la pobreza extrema y a las que, al mismo tiempo, dif铆cilmente pueden llegar las ayudas oficiales. La historia del desarrollo econ贸mico del siglo XX ense帽a c贸mo buenas pol铆ticas de desarrollo se han confiado a la responsabilidad de los hombres y a la creaci贸n de sinergias positivas entre mercados, sociedad civil y Estados. En particular, la sociedad civil asume un papel crucial en el proceso de desarrollo, ya que el desarrollo es esencialmente un fen贸meno cultural y la cultura nace y se desarrolla en el 谩mbito de la sociedad civil13.

13. Como ya afirm贸 mi venerado Predecesor Juan Pablo II, la globalizaci贸n 芦se presenta con una marcada nota de ambivalencia禄14 y, por tanto, ha de ser regida con prudente sabidur铆a. De esta sabidur铆a, forma parte el tener en cuenta en primer lugar las exigencias de los pobres de la tierra, superando el esc谩ndalo de la desproporci贸n existente entre los problemas de la pobreza y las medidas que los hombres adoptan para afrontarlos. La desproporci贸n es de orden cultural y pol铆tico, as铆 como espiritual y moral. En efecto, se limita a menudo a las causas superficiales e instrumentales de la pobreza, sin referirse a las que est谩n en el coraz贸n humano, como la avidez y la estrechez de miras. Los problemas del desarrollo, de las ayudas y de la cooperaci贸n internacional se afrontan a veces como meras cuestiones t茅cnicas, que se agotan en establecer estructuras, poner a punto acuerdos sobre precios y cuotas, en asignar subvenciones an贸nimas, sin que las personas se involucren verdaderamente. En cambio, la lucha contra la pobreza necesita hombres y mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompa帽ar a las personas, familias y comunidades en el camino de un aut茅ntico desarrollo humano.

Conclusi贸n

14. En la Enc铆clica Centesimus annus, Juan Pablo II advirti贸 sobre la necesidad de 芦abandonar una mentalidad que considera a los pobres 鈥損ersonas y pueblos鈥� como un fardo o como molestos e importunos, 谩vidos de consumir lo que los otros han producido禄. 芦Los pobres 鈥揺scribe鈥� exigen el derecho de participar y gozar de los bienes materiales y de hacer fructificar su capacidad de trabajo, creando as铆 un mundo m谩s justo y m谩s pr贸spero para todos禄15. En el mundo global actual, aparece con mayor claridad que solamente se construye la paz si se asegura la posibilidad de un crecimiento razonable. En efecto, las tergiversaciones de los sistemas injustos antes o despu茅s pasan factura a todos. Por tanto, 煤nicamente la necedad puede inducir a construir una casa dorada, pero rodeada del desierto o la degradaci贸n. Por s铆 sola, la globalizaci贸n es incapaz de construir la paz, m谩s a煤n, genera en muchos casos divisiones y conflictos. La globalizaci贸n pone de manifiesto m谩s bien una necesidad: la de estar orientada hacia un objetivo de profunda solidaridad, que tienda al bien de todos y cada uno. En este sentido, hay que verla como una ocasi贸n propicia para realizar algo importante en la lucha contra la pobreza y para poner a disposici贸n de la justicia y la paz recursos hasta ahora impensables.

15. La Doctrina Social de la Iglesia se ha interesado siempre por los pobres. En tiempos de la Enc铆clica Rerum novarum, 茅stos eran sobre todo los obreros de la nueva sociedad industrial; en el magisterio social de P铆o XI, P铆o XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II se han detectado nuevas pobrezas a medida que el horizonte de la cuesti贸n social se ampliaba, hasta adquirir dimensiones mundiales16. Esta ampliaci贸n de la cuesti贸n social hacia la globalidad hay que considerarla no s贸lo en el sentido de una extensi贸n cuantitativa, sino tambi茅n como una profundizaci贸n cualitativa en el hombre y en las necesidades de la familia humana. Por eso la Iglesia, a la vez que sigue con atenci贸n los actuales fen贸menos de la globalizaci贸n y su incidencia en las pobrezas humanas, se帽ala nuevos aspectos de la cuesti贸n social, no s贸lo en extensi贸n, sino tambi茅n en profundidad, en cuanto conciernen a la identidad del hombre y su relaci贸n con Dios. Son principios de la doctrina social que tienden a clarificar las relaciones entre pobreza y globalizaci贸n, y a orientar la acci贸n hacia la construcci贸n de la paz. Entre estos principios conviene recordar aqu铆, de modo particular, el 芦amor preferencial por los pobres禄17, a la luz del primado de la caridad, atestiguado por toda la tradici贸n cristiana, comenzando por la de la Iglesia primitiva (cf. Hch 4,32-36; 1 Co 16,1; 2 Co 8-9; Ga 2,10).

芦Que se ci帽a cada cual a la parte que le corresponde禄, escrib铆a Le贸n XIII en 1891, a帽adiendo: 芦Por lo que respecta a la Iglesia, nunca ni bajo ning煤n aspecto regatear谩 su esfuerzo禄18. Esta convicci贸n acompa帽a tambi茅n hoy el quehacer de la Iglesia para con los pobres, en los cuales contempla a Cristo19, sintiendo c贸mo resuena en su coraz贸n el mandato del Pr铆ncipe de la paz a los Ap贸stoles: 芦Vos date illis manducare 鈥� dadles vosotros de comer禄 (Lc 9,13). As铆 pues, fiel a esta exhortaci贸n de su Se帽or, la comunidad cristiana no dejar谩 de asegurar a toda la familia humana su apoyo a las iniciativas de una solidaridad creativa, no s贸lo para distribuir lo superfluo, sino cambiando 芦sobre todo los estilos de vida, los modelos de producci贸n y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad禄20. Por consiguiente, dirijo al comienzo de un a帽o nuevo una calurosa invitaci贸n a cada disc铆pulo de Cristo, as铆 como a toda persona de buena voluntad, para que ensanche su coraz贸n hacia las necesidades de los pobres, haciendo cuanto le sea concretamente posible para salir a su encuentro. En efecto, sigue siendo incontestablemente verdadero el axioma seg煤n el cual 芦combatir la pobreza es construir la paz禄.

Vaticano, 8 de diciembre de 2008

BENEDICTUS PP. XVI

1

Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, 1.

2

Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 19.

3

Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 28.

4

Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 38.

5

Cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 37; Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 25.

6

Carta al Cardenal Renato Rafael Martino con ocasi贸n del Seminario Internacional organizado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz sobre el tema 鈥樷�楧esarme, desarrollo y paz. Perspectivas para un desarme integral'' (10 abril 2008): L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola (18 abril 2008), p. 3.

7

Carta enc. Populorum progressio, 87.

8

Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 58.

9

Juan Pablo II, Discurso a las asociaciones cristianas de trabajadores italianos (27 abril 2002), n. 4: L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola (10 mayo 2002), p. 10.

10

Juan Pablo II, Discurso a la Asamblea plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias sociales (27 abril 2001), n. 4: L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola (11 mayo 2001), p. 4.

11

Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, 1.

12

Cf. Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, 368.

13

Cf. ib铆d., 356.

14

Discurso a empresarios y sindicatos de trabajadores (2 mayo 2000), n. 3: L'Osservatore Romano, ed. en lengua espa帽ola (5 mayo 2000), p. 7.

15

Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 28.

16

Cf. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 3.

17

Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 42; Cf. Id. Carta enc. Centesimus annus, 57.

18

Le贸n XIII, Carta enc. Rerum novarum, 41.

19

Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 58.

20

Ib铆d.
Consultas

© Copyright 2013. BIBLIOTECA ELECTR脫NICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS鈩�. La versi贸n electr贸nica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- est谩 protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par谩metros para su uso. Hecho el dep贸sito legal.


Dise帽o web :: Hosting Cat贸lico