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S.S. Benedicto XVI, Discurso del Santo Padre a los obispos de Bolivia en visita ¬ęad Limina Apostolorum¬Ľ
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Discurso del Santo Padre a los obispos de Bolivia en visita ¬ęad Limina Apostolorum¬Ľ

Se√Īor cardenal,
queridos hermanos en el Episcopado:

Tengo el gozo de recibiros, obispos de Bolivia, que hab√©is venido a Roma en visita ad limina, a orar ante los sepulcros de los Ap√≥stoles Pedro y Pablo, y renovar los lazos de unidad, amor y paz con el Sucesor de Pedro (cf. Lumen gentium, 22). Agradezco de coraz√≥n al Se√Īor Cardenal Julio Terrazas Sandoval, Arzobispo de Santa Cruz de la Sierra y Presidente de la Conferencia Episcopal, las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos. Deseo, antes de nada, manifestaros mi aprecio y aseguraros mi aliento en el generoso servicio que prest√°is a la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del pueblo de Dios.

Conozco bien las dif√≠ciles circunstancias que afectan a los fieles y ciudadanos de vuestro pa√≠s desde hace alg√ļn tiempo, y que en estos momentos parecen agudizarse a√ļn m√°s. Son ciertamente motivo de preocupaci√≥n y de especial solicitud pastoral para la Iglesia, que ha sabido acompa√Īar muy de cerca a todos los bolivianos en situaciones delicadas, con el √ļnico fin de mantener la esperanza, avivar la fe, fomentar la unidad, exhortar a la reconciliaci√≥n y salvaguardar la paz. Con sus esfuerzos en esta tarea, llevada a cabo de manera fraterna, un√°nime y coordinada, los Pastores recuerdan la par√°bola evang√©lica del sembrador, que esparce la semilla abundante e incansablemente, sin pensar en c√°lculos anticipados sobre el fruto que podr√° recabar para s√≠ de su trabajo (cf. Lc 8,4ss).

Tampoco faltan otros desafíos en vuestro quehacer pastoral, pues la fe plantada en la tierra boliviana necesita siempre alimentarse y fortalecerse, especialmente cuando se perciben signos de un cierto debilitamiento de la vida cristiana por factores de origen diverso, una extendida incoherencia entre la fe profesada y las pautas de vida personal y social, o una formación superficial que deja expuestos a los bautizados al influjo de promesas deslumbrantes pero vacías.

Para afrontar estos retos, la Iglesia en Bolivia cuenta con un medio poderoso, como es la devoci√≥n popular, ese precioso tesoro acumulado durante siglos gracias a la labor de misioneros audaces y mantenido con entra√Īable fidelidad por generaciones en las familias bolivianas. Es un don que ha de ser ciertamente custodiado y promovido hoy, como s√© que se est√° haciendo con esmero y dedicaci√≥n, pero que requiere un esfuerzo constante para que el valor de los signos penetre en lo hondo del coraz√≥n, est√© siempre iluminado por la Palabra de Dios y se transforme en convicciones firmes de fe, consolidada por los sacramentos y la fidelidad a los valores morales. En efecto, es necesario cultivar una fe madura y ‚Äúuna firme esperanza para vivir de manera responsable y gozosa la fe e irradiarla as√≠ en el propio ambiente‚ÄĚ (Discurso en la sesi√≥n inaugural de los trabajos de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Aparecida, 13 de mayo de 2007).

Para lograr esto se necesita una catequesis sistem√°tica, generalizada y penetrante, que ense√Īe clara e √≠ntegramente la fe cat√≥lica. Este a√Īo paulino que estamos celebrando es una ocasi√≥n privilegiada para imitar el vigor apost√≥lico y misionero de este gran Ap√≥stol, que nunca se acobard√≥ a la hora de anunciar en toda su integridad el designio de Dios, como dice a los Pastores de Mileto (cf. Hch 20,27). En efecto, una ense√Īanza parcial o incompleta del mensaje evang√©lico no se corresponde con la misi√≥n propia de la Iglesia ni puede ser fecunda.

Tambi√©n una educaci√≥n general de calidad, que comprenda la dimensi√≥n espiritual y religiosa de la persona, contribuye poderosamente a poner cimientos firmes al crecimiento en la fe. La Iglesia en Bolivia tiene numerosas instituciones educativas, algunas de gran prestigio, que han de seguir contando con la atenci√≥n de sus Pastores para que mantengan y sean respetadas en su propia identidad. En todo caso, no se ha de olvidar que ‚Äútodos los cristianos, puesto que mediante la regeneraci√≥n por el agua y el Esp√≠ritu se han convertido en una criatura nueva y se llaman y son hijos de Dios, tienen derecho a la educaci√≥n cristiana‚ÄĚ (Gravissimum educationis, 2).

Me alegra constatar vuestros esfuerzos para ofrecer a los seminaristas una s√≥lida formaci√≥n humana, espiritual, intelectual y pastoral, proporcion√°ndoles sacerdotes id√≥neos para acompa√Īarlos en su discernimiento vocacional y cuidar de su segura idoneidad y competencia. Este criterio, siempre necesario, se hace m√°s imperioso a√ļn en el momento actual, proclive a la dispersi√≥n en las informaciones y a la disipaci√≥n de la interioridad profunda, donde el ser humano tiene una ley escrita por Dios (cf. Gaudium et spes, 16). Por ello es necesario tambi√©n un seguimiento posterior para garantizar la formaci√≥n permanente del clero, as√≠ como de los dem√°s agentes de pastoral, que alimente constantemente su vida espiritual e impida que su labor caiga en la rutina o la superficialidad. Ellos est√°n llamados a mostrar a los fieles, desde su propia experiencia, que las palabras de Jes√ļs son esp√≠ritu y vida (cf. Jn 6,63), ‚Äúde lo contrario, ¬Ņc√≥mo van a anunciar un mensaje cuyo contenido y esp√≠ritu no conocen a fondo?‚ÄĚ (Discurso en la sesi√≥n inaugural, Aparecida).

En la reciente Asamblea del S√≠nodo de los Obispos se ha subrayado precisamente que ‚Äúla tarea prioritaria de la Iglesia, al inicio de este nuevo milenio, consiste ante todo en alimentarse de la Palabra de Dios, para hacer eficaz el compromiso de la nueva evangelizaci√≥n, el anuncio en nuestro tiempo‚ÄĚ (Homil√≠a en la Misa conclusiva, 26 de octubre de 2008). As√≠, pues, os encomiendo encarecidamente que en las homil√≠as, catequesis y celebraciones en las parroquias y en tantas peque√Īas comunidades dispersas, pero con sus significativas capillas, como se ven en vuestras tierras, la proclamaci√≥n fiel, la escucha y la meditaci√≥n de la Escritura est√© siempre en primer plano, pues en ello encuentra el Pueblo de Dios su raz√≥n de ser, su vocaci√≥n y su identidad.

De la escucha d√≥cil de la Palabra divina nace el amor al pr√≥jimo y, con √©l, el servicio desinteresado a los hermanos (cf. ib√≠d.), un aspecto que ocupa un puesto muy relevante en la acci√≥n pastoral en Bolivia, ante la situaci√≥n de pobreza, marginaci√≥n o desamparo de buena parte de la poblaci√≥n. La comunidad eclesial ha dado muestra de tener, como el buen Samaritano, un gran ‚Äúcoraz√≥n que ve‚ÄĚ al hermano en dificultad y, a trav√©s de innumerables obras y proyectos, acude sol√≠citamente en su ayuda. Sabe que ‚Äúel amor, en su pureza y gratuidad, es el mejor testimonio del Dios en que creemos y que nos impulsa a amar‚ÄĚ (Deus caritas est, 31, c). En este sentido, por decirlo as√≠, es tambi√©n un ‚Äúcoraz√≥n que habla‚ÄĚ, que lleva en s√≠ mismo la Palabra que anida muy dentro de su ser y a la que no puede renunciar aunque a veces deba permanecer en silencio. De este modo, si la fraternidad con los hermanos m√°s necesitados nos hace disc√≠pulos aventajados del Maestro, la especial entrega y preocupaci√≥n por ellos nos convierte en misioneros del Amor.

Al terminar este encuentro, deseo reiterar mi aliento en la misi√≥n que desempe√Ī√°is como gu√≠as de la Iglesia en Bolivia, as√≠ como en el esp√≠ritu de comuni√≥n y concordia entre vosotros. Una comuni√≥n enriquecida con los especiales v√≠nculos de estrecha fraternidad con otras Iglesias particulares, algunas en tierras lejanas, pero que desean compartir con vosotros los gozos y esperanzas de la evangelizaci√≥n en ese pa√≠s. Llevad mi saludo y gratitud a los obispos em√©ritos, a los sacerdotes y seminaristas, a los numerosos religiosos y religiosas que enriquecen y avivan vuestras comunidades cristianas, a los catequistas y dem√°s colaboradores en la tarea de llevar la luz del Evangelio a los bolivianos.

Encomiendo vuestras intenciones a la Santísima Virgen María, tan venerada por el pueblo boliviano en numerosos santuarios marianos, y os imparto de corazón la Bendición Apostólica.

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