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S.S. Benedicto XVI, Audiencia general, 5 de noviembre de 2008. La Resurrecci贸n de Cristo en la teolog铆a de San Pablo
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Audiencia general, 5 de noviembre de 2008. La Resurrecci贸n de Cristo en la teolog铆a de San Pablo

Queridos hermanos y hermanas:

"Si no resucit贸 Cristo, es vac铆a nuestra predicaci贸n, y es vac铆a tambi茅n vuestra fe (...) y vosotros est谩is todav铆a en vuestros pecados" (1 Co 15, 14.17). Con estas fuertes palabras de la primera carta a los Corintios, San Pablo da a entender la importancia decisiva que atribuye a la resurrecci贸n de Jes煤s, pues en este acontecimiento est谩 la soluci贸n del problema planteado por el drama de la cruz. Por s铆 sola la cruz no podr铆a explicar la fe cristiana; m谩s a煤n, ser铆a una tragedia, se帽al de la absurdidad del ser. El misterio pascual consiste en el hecho de que ese Crucificado "resucit贸 al tercer d铆a, seg煤n las Escrituras" (1 Co 15, 4); as铆 lo atestigua la tradici贸n protocristiana. Aqu铆 est谩 la clave de la cristolog铆a paulina: todo gira alrededor de este centro gravitacional. Toda la ense帽anza del ap贸stol San Pablo parte del misterio de Aquel que el Padre resucit贸 de la muerte y llega siempre a 茅l. La Resurrecci贸n es un dato fundamental, casi un axioma previo (cf. 1 Co 15, 12), bas谩ndose en el cual San Pablo puede formular su anuncio (kerigma) sint茅tico: el que fue crucificado y que as铆 manifest贸 el inmenso amor de Dios por el hombre, resucit贸 y est谩 vivo en medio de nosotros.

Es importante notar el v铆nculo entre el anuncio de la Resurrecci贸n, tal como San Pablo lo formula, y el que se realizaba en las primeras comunidades cristianas prepaulinas. Aqu铆 se puede ver realmente la importancia de la tradici贸n que precede al Ap贸stol y que 茅l, con gran respeto y atenci贸n, quiere a su vez entregar. El texto sobre la Resurrecci贸n, contenido en el cap铆tulo 15, vers铆culos 1-11, de la primera carta a los Corintios, pone bien de relieve el nexo entre "recibir" y "transmitir". San Pablo atribuye mucha importancia a la formulaci贸n literal de la tradici贸n; al t茅rmino del pasaje que estamos examinando subraya: "Tanto ellos como yo, esto es lo que predicamos" (1 Co 15, 11), poniendo as铆 de manifiesto la unidad del kerigma, del anuncio para todos los creyentes y para todos los que anunciar谩n la resurrecci贸n de Cristo.

La tradici贸n a la que se une es la fuente a la que se debe acudir. La originalidad de su cristolog铆a no va nunca en detrimento de la fidelidad a la tradici贸n. El kerigma de los Ap贸stoles preside siempre la re-elaboraci贸n personal de San Pablo; cada una de sus argumentaciones parte de la tradici贸n com煤n, en la que se expresa la fe compartida por todas las Iglesias, que son una sola Iglesia. As铆 San Pablo ofrece un modelo para todos los tiempos sobre c贸mo hacer teolog铆a y c贸mo predicar. El te贸logo, el predicador, no crea nuevas visiones del mundo y de la vida, sino que est谩 al servicio de la verdad transmitida, al servicio del hecho real de Cristo, de la cruz, de la Resurrecci贸n. Su deber es ayudarnos a comprender hoy, tras las antiguas palabras, la realidad del "Dios con nosotros"; por tanto, la realidad de la vida verdadera.

Aqu铆 conviene precisar: San Pablo, al anunciar la Resurrecci贸n, no se preocupa de presentar una exposici贸n doctrinal org谩nica 鈥攏o quiere escribir una especie de manual de teolog铆a鈥�, sino que afronta el tema respondiendo a dudas y preguntas concretas que le hac铆an los fieles. As铆 pues, era un discurso ocasional, pero lleno de fe y de teolog铆a vivida. En 茅l se encuentra una concentraci贸n de lo esencial: hemos sido "justificados", es decir, hemos sido salvados por el Cristo muerto y resucitado por nosotros. Emerge sobre todo el hecho de la Resurrecci贸n, sin el cual la vida cristiana ser铆a simplemente absurda. En aquella ma帽ana de Pascua sucedi贸 algo extraordinario, algo nuevo y, al mismo tiempo algo muy concreto, marcado por se帽ales muy precisas, registradas por numerosos testigos.

Para San Pablo, como para los dem谩s autores del Nuevo Testamento, la Resurrecci贸n est谩 unida al testimonio de quien hizo una experiencia directa del Resucitado. Se trata de ver y de percibir, no s贸lo con los ojos o con los sentidos, sino tambi茅n con una luz interior que impulsa a reconocer lo que los sentidos externos atestiguan como dato objetivo. Por ello, San Pablo, como los cuatro Evangelios, otorga una importancia fundamental al tema de las apariciones, que son condici贸n fundamental para la fe en el Resucitado que dej贸 la tumba vac铆a. Estos dos hechos son importantes: la tumba est谩 vac铆a y Jes煤s se apareci贸 realmente.

As铆 se constituye la cadena de la tradici贸n que, a trav茅s del testimonio de los Ap贸stoles y de los primeros disc铆pulos, llegar谩 a las generaciones sucesivas, hasta nosotros. La primera consecuencia, o el primer modo de expresar este testimonio, es predicar la resurrecci贸n de Cristo como s铆ntesis del anuncio evang茅lico y como punto culminante de un itinerario salv铆fico. Todo esto San Pablo lo hace en diversas ocasiones: se pueden consultar las cartas y los Hechos de los Ap贸stoles, donde se ve siempre que para 茅l el punto esencial es ser testigo de la Resurrecci贸n. Cito s贸lo un texto: San Pablo, arrestado en Jerusal茅n, est谩 ante el Sanedr铆n como acusado. En esta circunstancia, en la que est谩 en juego su muerte o su vida, indica cu谩l es el sentido y el contenido de toda su predicaci贸n: "Por esperar la resurrecci贸n de los muertos se me juzga" (Hch 23, 6). Este mismo estribillo lo repite San Pablo continuamente en sus cartas (cf. 1 Ts 1, 9 s; 4, 13-18; 5, 10), en las que apela a su experiencia personal, a su encuentro personal con Cristo resucitado (cf. Ga 1, 15-16; 1 Co 9, 1).

Pero podemos preguntarnos: 驴Cu谩l es, para San Pablo, el sentido profundo del acontecimiento de la resurrecci贸n de Jes煤s? 驴Qu茅 nos dice a nosotros a dos mil a帽os de distancia? La afirmaci贸n "Cristo ha resucitado" 驴es actual tambi茅n para nosotros? 驴Por qu茅 la Resurrecci贸n es un tema tan determinante para 茅l y para nosotros hoy? San Pablo da solemnemente respuesta a esta pregunta al principio de la carta a los Romanos, donde comienza refiri茅ndose al "Evangelio de Dios... acerca de su Hijo, nacido del linaje de David seg煤n la carne, constituido Hijo de Dios con poder, seg煤n el Esp铆ritu de santidad, por su resurrecci贸n de entre los muertos" (Rm 1, 1.3-4).

San Pablo sabe bien, y lo dice muchas veces, que Jes煤s era Hijo de Dios siempre, desde el momento de su encarnaci贸n. La novedad de la Resurrecci贸n consiste en el hecho de que Jes煤s, elevado desde la humildad de su existencia terrena, ha sido constituido Hijo de Dios "con poder". El Jes煤s humillado hasta la muerte en cruz puede decir ahora a los Once: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra" (Mt 28, 18). Se ha realizado lo que dice el Salmo 2, vers铆culo 8: "P铆deme y te dar茅 en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra". Por eso, con la Resurrecci贸n comienza el anuncio del Evangelio de Cristo a todos los pueblos, comienza el reino de Cristo, este nuevo reino que no conoce otro poder que el de la verdad y del amor.

Por tanto, la Resurrecci贸n revela definitivamente cu谩l es la aut茅ntica identidad y la extraordinaria estatura del Crucificado. Una dignidad incomparable y alt铆sima: Jes煤s es Dios. Para San Pablo la identidad secreta de Jes煤s, m谩s que en la encarnaci贸n, se revela en el misterio de la Resurrecci贸n. Mientras el t铆tulo de Cristo, es decir, "Mes铆as", "Ungido", en San Pablo tiende a convertirse en el nombre propio de Jes煤s, y el de Se帽or especifica su relaci贸n personal con los creyentes, ahora el t铆tulo de Hijo de Dios ilustra la relaci贸n 铆ntima de Jes煤s con Dios, una relaci贸n que se revela plenamente en el acontecimiento pascual. As铆 pues, se puede decir que Jes煤s resucit贸 para ser el Se帽or de los vivos y de los muertos (cf. Rm 14, 9; 2 Co 5, 15) o, con otras palabras, nuestro Salvador (cf. Rm 4, 25).

Todo esto tiene importantes consecuencias para nuestra vida de fe: estamos llamados a participar hasta lo m谩s profundo de nuestro ser en todo el acontecimiento de la muerte y resurrecci贸n de Cristo. Dice el Ap贸stol: hemos "muerto con Cristo" y creemos que "viviremos con 茅l, sabiendo que Cristo resucitado de entre los muertos ya no muere m谩s; la muerte ya no tiene dominio sobre 茅l" (Rm 6, 8-9). Esto se traduce en la pr谩ctica compartiendo los sufrimientos de Cristo, como preludio a la configuraci贸n plena con 茅l mediante la resurrecci贸n, a la que miramos con esperanza. Es lo que le sucedi贸 tambi茅n a San Pablo, cuya experiencia personal est谩 descrita en las cartas con tonos tan apremiantes como realistas: "Y conocerlo a 茅l, el poder de su resurrecci贸n y la comuni贸n de sus padecimientos hasta hacerme semejante a 茅l en su muerte, tratando de llegar a la resurrecci贸n de entre los muertos" (Flp 3, 10-11; cf. 2 Tm 2, 8-12).

La teolog铆a de la cruz no es una teor铆a; es la realidad de la vida cristiana. Vivir en la fe en Jesucristo, vivir la verdad y el amor implica renuncias todos los d铆as, implica sufrimientos. El cristianismo no es el camino de la comodidad; m谩s bien, es una escalada exigente, pero iluminada por la luz de Cristo y por la gran esperanza que nace de 茅l. San Agust铆n dice: a los cristianos no se les ahorra el sufrimiento; al contrario, les toca un poco m谩s, porque vivir la fe expresa el valor de afrontar la vida y la historia m谩s en profundidad. Con todo, s贸lo as铆, experimentando el sufrimiento, conocemos la vida en su profundidad, en su belleza, en la gran esperanza suscitada por Cristo crucificado y resucitado. El creyente se encuentra situado entre dos polos: por un lado, la Resurrecci贸n, que de alg煤n modo est谩 ya presente y operante en nosotros (cf. Col 3, 1-4; Ef 2, 6); por otro, la urgencia de insertarse en el proceso que conduce a todos y todo a la plenitud, descrita en la carta a los Romanos con una imagen audaz: como toda la creaci贸n gime y sufre casi dolores del parto, as铆 tambi茅n nosotros gemimos en espera de la redenci贸n de nuestro cuerpo, de nuestra redenci贸n y resurrecci贸n (cf. Rm 8, 18-23).

En s铆ntesis, podemos decir con San Pablo que el verdadero creyente obtiene la salvaci贸n profesando con su boca que Jes煤s es el Se帽or y creyendo con el coraz贸n que Dios lo resucit贸 de entre los muertos (cf. Rm 10, 9). Es importante ante todo el coraz贸n que cree en Cristo y que por la fe "toca" al Resucitado; pero no basta llevar en el coraz贸n la fe; debemos confesarla y testimoniarla con la boca, con nuestra vida, haciendo as铆 presente la verdad de la cruz y de la Resurrecci贸n en nuestra historia.

De esta forma el cristiano se inserta en el proceso gracias al cual el primer Ad谩n, terrestre y sujeto a la corrupci贸n y a la muerte, se va transformando en el 煤ltimo Ad谩n, celestial e incorruptible (cf. 1 Co 15, 20-22.42-49). Este proceso se inici贸 con la resurrecci贸n de Cristo, en la que, por tanto, se funda la esperanza de que tambi茅n nosotros podremos entrar un d铆a con Cristo en nuestra verdadera patria que est谩 en el cielo. Sostenidos por esta esperanza proseguimos con valor y con alegr铆a.

Saludos

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua espa帽ola; en particular, a los miembros de la Asociaci贸n valenciana de agricultores y al obispo de Autl谩n, monse帽or Gonzalo Galv谩n Castillo, acompa帽ado de un grupo de sacerdotes de su di贸cesis. A ejemplo del ap贸stol San Pablo, os invito a ser testigos cre铆bles y audaces de Jesucristo resucitado, del que esperamos confiados que transforme "nuestra condici贸n humilde seg煤n el modelo de su condici贸n gloriosa". Que Dios os bendiga.

(En lengua polaca)

Cristo muri贸 y resucit贸 para nuestra salvaci贸n. Esta es la principal verdad de la teolog铆a de San Pablo y el centro de nuestra fe. Que esta verdad plasme nuestra vida diaria, para que seamos part铆cipes de los frutos de la salvaci贸n. Que Dios os bendiga.

(En italiano)

Saludo ahora a los peregrinos de lengua italiana y doy a cada uno una cordial bienvenida. Con particular afecto me dirijo a los j贸venes, a los enfermos y a los reci茅n casados. En estos d铆as la Iglesia nos invita a rezar por nuestros queridos difuntos y su recuerdo nos invita a meditar en el misterio de la muerte y de la vida eterna. El pensamiento de la muerte no ha de ser para vosotros, queridos j贸venes, motivo de tristeza, sino est铆mulo a apreciar y valorar plenamente vuestra juventud, orientando siempre vuestro coraz贸n a los valores espirituales que no perecen. Vosotros, queridos enfermos, renovad constantemente vuestra confianza en el Se帽or, sabiendo que en toda situaci贸n estamos siempre en sus manos: 茅l es para nosotros Padre bueno y misericordioso. Y vosotros, queridos reci茅n casados, sacad de la perspectiva de la vida eterna un est铆mulo para proyectar vuestra familia dej谩ndoos guiar por Cristo y por su Evangelio.

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