Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
queridos hermanos y hermanas:
El SÃnodo está a punto de concluir, pero el caminar juntos bajo la guÃa de la Palabra de Dios continúa. En este sentido, siempre seguimos en "sÃnodo", en camino común hacia el Señor bajo la guÃa de la Palabra de Dios.
El Instrumentum laboris hablaba de la polifonÃa de las Sagradas Escrituras. Y podemos decir que ahora, en las contribuciones de este SÃnodo, también hemos oÃdo una bella polifonÃa de la fe, una sinfonÃa de la fe, con muchas contribuciones, incluso por parte de los delegados fraternos. Asà hemos experimentado realmente la belleza y la riqueza de la Palabra de Dios.
También ha sido una escuela de escucha. Nos hemos escuchado unos a otros. Ha sido una escucha recÃproca. Y precisamente escuchándonos unos a otros hemos aprendido mejor a escuchar la Palabra de Dios. Hemos experimentado la verdad de las palabras de san Gregorio Magno: "La Escritura crece con quien la lee". Sólo a la luz de las diferentes realidades de nuestra vida, sólo en la confrontación con la realidad de cada dÃa, se descubren las potencialidades, las riquezas escondidas de la Palabra de Dios. Vemos que en la confrontación con la realidad se abre de modo nuevo también el sentido de la Palabra que nos es donada en las Sagradas Escrituras.
AsÃ, nos hemos enriquecido realmente. Hemos visto que ninguna meditación, ninguna reflexión cientÃfica por sà misma puede sacar de esta Palabra de Dios todos los tesoros, todas las potencialidades que se descubren sólo en la historia de cada vida.
No sé si el SÃnodo ha sido muy interesante o edificante. En todo caso ha sido conmovedor. Nos hemos enriquecido con esta escucha recÃproca. Al escuchar a los demás, escuchamos mejor también al Señor mismo. Y en este diálogo del escuchar aprendemos la realidad más profunda, la obediencia a la Palabra de Dios, la conformación de nuestro pensamiento, de nuestra voluntad, al pensamiento y a la voluntad de Dios. Una obediencia que no es ataque a la libertad, sino que desarrolla todas las posibilidades de nuestra libertad.
He llegado ahora al momento del agradecimiento a todos aquellos que han trabajado para el SÃnodo. No me atrevo a enumerar a todos y cada uno de los que han actuado, porque seguramente podrÃa olvidar a muchos. No obstante, agradezco a todos el gran trabajo que han realizado: los presidentes delegados, el relator, con su secretario adjunto, todos los relatores, los colaboradores, los técnicos, los expertos, los auditores y las auditoras, de los que hemos aprendido cosas conmovedoras. Gracias cordialmente a todos.
Estoy un poco preocupado porque me parece que hemos violado el derecho humano de algunos al descanso nocturno, asà como al descanso del domingo, porque son realmente derechos fundamentales. Debemos reflexionar sobre el modo de mejorar esta situación en los próximos SÃnodos. Quiero ahora dar las gracias también a la empresa que nos ha preparado esta magnÃfica comida y a todos los que han servido. Gracias por este regalo.
Ahora debemos empezar a elaborar el documento postsinodal con la ayuda de todos estos textos. También esta será una escuela de escucha. En este sentido, permanecemos juntos, escuchamos todas las voces de los demás. Y vemos que sólo puedo entrar en la riqueza de la Escritura si el otro me la lee. Siempre necesitamos este diálogo, escuchar la Escritura leÃda por el otro desde su perspectiva, desde su punto de vista, para aprender conjuntamente la riqueza de este don.
A todos os deseo ahora buen viaje y os agradezco todo vuestro trabajo.
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