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S.S. Benedicto XVI, Mensaje del Santo Padre a un congreso internacional con ocasi√≥n del 40¬į Aniversario de la ¬ęHumanae vitae¬Ľ
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Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI a un congreso internacional con ocasi√≥n del 40¬į Aniversario de la ¬ęHumanae vitae¬Ľ

A Mons. Livio Melina
Director del Instituto pontificio "Juan Pablo II"
para estudios sobre el matrimonio y la familia

He sabido con alegr√≠a que el Instituto pontificio del que usted es director y la Universidad cat√≥lica del Sagrado Coraz√≥n han organizado oportunamente un congreso internacional con ocasi√≥n del 40¬į aniversario de la publicaci√≥n de la enc√≠clica Humanae vitae, importante documento en el que se afronta uno de los aspectos esenciales de la vocaci√≥n matrimonial y del camino de santidad espec√≠fico que deriva de ella. En efecto, los esposos, habiendo recibido el don del amor, est√°n llamados a convertirse a su vez en un don sin reservas el uno para el otro. S√≥lo as√≠ los actos propios y exclusivos de los c√≥nyuges son verdaderamente actos de amor que, mientras los unen en una sola carne, constituyen una genuina comuni√≥n personal. Por tanto, la l√≥gica de la totalidad del don configura intr√≠nsecamente el amor conyugal y, gracias a la efusi√≥n sacramental del Esp√≠ritu Santo, se convierte en el medio para realizar en la propia vida una aut√©ntica caridad conyugal.

La posibilidad de procrear una nueva vida humana est√° incluida en la donaci√≥n integral de los c√≥nyuges. En efecto, si toda forma de amor tiende a difundir la plenitud de la que vive, el amor conyugal tiene un modo propio de comunicarse: engendrar hijos. As√≠, no s√≥lo se asemeja, sino que tambi√©n participa en el amor de Dios, que quiere comunicarse llamando a la vida a las personas humanas. Excluir esta dimensi√≥n comunicativa mediante una acci√≥n que tienda a impedir la procreaci√≥n significa negar la verdad √≠ntima del amor esponsal, con el que se comunica el don divino: "Si no se quiere exponer al arbitrio de los hombres la misi√≥n de engendrar la vida, se deben reconocer necesariamente unos l√≠mites infranqueables a la posibilidad de dominio del hombre sobre su propio cuerpo y sus funciones; l√≠mites que a ning√ļn hombre, privado o revestido de autoridad, es l√≠cito quebrantar" (Humanae vitae, 17). Este es el n√ļcleo esencial de la ense√Īanza que mi venerado predecesor Pablo vi dirigi√≥ a los c√≥nyuges y que el siervo de Dios Juan Pablo ii, a su vez, reafirm√≥ en muchas ocasiones, iluminando su fundamento antropol√≥gico y moral.

A 40 a√Īos de distancia de la publicaci√≥n de la enc√≠clica podemos entender mejor cu√°n decisiva es esta luz para comprender el gran "s√≠" que implica el amor conyugal. A esta luz, los hijos ya no son el objetivo de un proyecto humano, sino que se reconocen como un aut√©ntico don, que se ha de acoger con actitud de generosidad responsable ante Dios, fuente primera de la vida humana. Ciertamente, este gran "s√≠" a la belleza del amor implica la gratitud, tanto de los padres al recibir el don de un hijo, como del hijo mismo al saber que su vida tiene origen en un amor tan grande y acogedor.

Por otra parte, es verdad que en el camino de la pareja pueden darse circunstancias graves por las que es prudente distanciar el nacimiento de los hijos o incluso suspenderlo. Y es aquí donde el conocimiento de los ritmos naturales de fertilidad de la mujer resulta importante para la vida de los cónyuges. Los métodos de observación, que permiten a la pareja determinar los períodos de fertilidad, le consienten administrar lo que el Creador ha inscrito sabiamente en la naturaleza humana, sin turbar el significado íntegro de la donación sexual. De este modo los cónyuges, respetando la plena verdad de su amor, podrán modular su expresión en conformidad con estos ritmos, sin quitar nada a la totalidad del don de sí mismos, que expresa la unión en la carne. Obviamente, esto requiere una madurez en el amor, que no es inmediata, sino que implica un diálogo y una escucha recíproca, y un singular dominio del impulso sexual en un camino de crecimiento en la virtud.

Desde esta perspectiva, sabiendo que el congreso tambi√©n se celebra por iniciativa de la Universidad cat√≥lica del Sagrado Coraz√≥n, me complace expresar asimismo mi particular aprecio por cuanto hace esta instituci√≥n universitaria en apoyo del Instituto internacional Pablo VI de investigaci√≥n sobre la fertilidad e infertilidad humana para una procreaci√≥n responsable (ISI), que don√≥ a mi inolvidable predecesor el Papa Juan Pablo ii, queriendo de este modo dar una respuesta, por decirlo as√≠, institucionalizada al llamamiento dirigido por el Papa Pablo vi en el n√ļmero 24 de la enc√≠clica a los "hombres de ciencia". En efecto, el ISI tiene como finalidad hacer progresar el conocimiento de los m√©todos tanto para la regulaci√≥n natural de la fertilidad humana como para la superaci√≥n natural de la posible infertilidad.

Hoy, "gracias al progreso de las ciencias biol√≥gicas y m√©dicas, el hombre dispone de medios terap√©uticos cada vez m√°s eficaces, pero puede tambi√©n adquirir nuevos poderes, pre√Īados de consecuencias imprevisibles sobre el inicio y los primeros estadios de la vida humana" (Donum vitae, 1). Desde esta perspectiva, "muchos investigadores se han esforzado en la lucha contra la esterilidad. Salvaguardando plenamente la dignidad de la procreaci√≥n humana, algunos han obtenido resultados que anteriormente parec√≠an inalcanzables. Se debe impulsar a los hombres de ciencia a proseguir sus trabajos de investigaci√≥n, con objeto de poder prevenir y remediar las causas de la esterilidad, de manera que los matrimonios est√©riles consigan procrear respetando su dignidad personal y la de quien ha de nacer" (Donum vitae, 8). Esta es precisamente la finalidad que el ISI Pablo vi y otros centros an√°logos se proponen con el apoyo de las autoridades de la Iglesia. Podemos preguntarnos: ¬ŅC√≥mo es posible que hoy el mundo, y tambi√©n muchos fieles, encuentren tanta dificultad para comprender el mensaje de la Iglesia que ilustra y defiende la belleza del amor conyugal en su manifestaci√≥n natural? Ciertamente, a menudo la soluci√≥n t√©cnica, tambi√©n en las grandes cuestiones humanas, parece la m√°s f√°cil, pero en realidad oculta la cuesti√≥n de fondo, que se refiere al sentido de la sexualidad humana y a la necesidad de un dominio responsable, para que su ejercicio pueda llegar a ser expresi√≥n de amor personal. Cuando est√° en juego el amor, la t√©cnica no puede sustituir la maduraci√≥n de la libertad. M√°s a√ļn, como sabemos bien, ni siquiera basta la raz√≥n: es necesario que el coraz√≥n vea. S√≥lo los ojos del coraz√≥n logran captar las exigencias propias de un gran amor, capaz de abrazar la totalidad del ser humano. Por esto, el servicio que la Iglesia presta en su pastoral matrimonial y familiar deber√° orientar a los matrimonios a comprender con el coraz√≥n el designio maravilloso que Dios ha inscrito en el cuerpo humano, ayud√°ndoles a acoger todo lo que implica un aut√©ntico camino de maduraci√≥n.

Por eso, el congreso que est√°is celebrando es un momento importante de reflexi√≥n y de atenci√≥n a las parejas y a las familias, ofreciendo el fruto de a√Īos de investigaci√≥n, tanto en el √°mbito antropol√≥gico y √©tico como en el √°mbito meramente cient√≠fico, a prop√≥sito de la procreaci√≥n verdaderamente responsable. A esta luz, no puedo por menos de congratularme con vosotros, dese√°ndoos que este trabajo d√© abundantes frutos y contribuya a sostener a los c√≥nyuges cada vez con mayor sabidur√≠a y claridad en su camino, anim√°ndolos en su misi√≥n de ser, en el mundo, testigos cre√≠bles de la belleza del amor. Con estos deseos, a la vez que invoco la ayuda del Se√Īor sobre el desarrollo de los trabajos del congreso, env√≠o a todos una bendici√≥n apost√≥lica especial.

Vaticano, 2 de octubre de 2008

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