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S.S. Benedicto XVI, Meditaci贸n del Santo Padre Benedicto XVI durante la celebraci贸n de la hora tercia en el Aula del S铆nodo
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Meditaci贸n del Santo Padre Benedicto XVI durante la celebraci贸n de la hora tercia en el Aula del S铆nodo

XII Asamblea General Ordinaria del S铆nodo de los Obispos

Queridos hermanos en el episcopado;
queridos hermanos y hermanas:

Al inicio de nuestro S铆nodo la liturgia de las Horas nos propone un pasaje del gran Salmo 118 sobre la Palabra de Dios: un elogio de esta Palabra, expresi贸n de la alegr铆a de Israel por poder conocerla y, en ella, poder conocer su voluntad y su rostro. Quiero meditar con vosotros algunos vers铆culos de este pasaje del Salmo.

Comienza as铆: "In aeternum, Domine, verbum tuum constitutum est in caelo... Firmasti terram, et permanet". Se habla de la solidez de la Palabra. Es s贸lida, es la verdadera realidad sobre la cual podemos fundar nuestra vida. Recordemos las palabras de Jes煤s que sigue esas palabras del Salmo: "Los cielos y la tierra pasar谩n, pero mi palabra no pasar谩 jam谩s". En realidad, humanamente hablando, la palabra, nuestra palabra humana casi no es nada, es un suspiro. En cuanto es pronunciada, desaparece. Parece que no es nada.

Pero la palabra humana tiene ya una fuerza incre铆ble. Son las palabras que luego crean la historia; son las palabras que dan forma a los pensamientos, los pensamientos de los cuales viene la palabra. Es la palabra que forma la historia, la realidad.

Con mayor raz贸n, la Palabra de Dios es el fundamento de todo, es la verdadera realidad. Y, para ser realistas, debemos contar precisamente con esta realidad. Debemos cambiar nuestra idea de que la materia, las cosas s贸lidas, que se tocan, ser铆an la realidad m谩s s贸lida, m谩s segura. Al final del Serm贸n de la Monta帽a el Se帽or nos habla de las dos posibilidades de construir la casa de nuestra vida: sobre arena o sobre roca. Sobre arena construye quien construye s贸lo sobre las cosas visibles y tangibles, sobre el 茅xito, sobre la carrera, sobre el dinero. Aparentemente estas son las verdaderas realidades. Pero todo esto un d铆a pasar谩. Lo vemos ahora en la ca铆da de los grandes bancos: este dinero desaparece, no es nada.

As铆, todas estas cosas, que parecen la verdadera realidad con la que podemos contar, son realidades de segundo orden. Quien construye su vida sobre estas realidades, sobre la materia, sobre el 茅xito, sobre todo lo que es apariencia, construye sobre arena. 脷nicamente la Palabra de Dios es el fundamento de toda la realidad, es estable como el cielo y m谩s que el cielo, es la realidad. Por eso, debemos cambiar nuestro concepto de realismo. Realista es quien reconoce en la Palabra de Dios, en esta realidad aparentemente tan d茅bil, el fundamento de todo. Realista es quien construye su vida sobre este fundamento que permanece siempre. As铆, estos primeros vers铆culos del Salmo nos invitan a descubrir qu茅 es la realidad y a encontrar de esta manera el fundamento de nuestra vida, c贸mo construir la vida.

En el vers铆culo siguiente se lee: "Omnia serviunt tibi". Todas las cosas vienen de la Palabra, son un producto de la Palabra. "Al principio era la Palabra". Al principio el cielo habl贸. As铆, la realidad nace de la Palabra, es "creatura Verbi". Todo es creado por la Palabra y todo est谩 llamado a servir a la Palabra. Esto quiere decir que toda la creaci贸n, en definitiva, est谩 pensada para crear el lugar de encuentro entre Dios y su criatura, un lugar donde el amor de la criatura responda al amor divino, un lugar en el que se desarrolle la historia del amor entre Dios y su criatura.

"Omnia serviunt tibi". La historia de la salvaci贸n no es un acontecimiento insignificante, en un planeta pobre, en la inmensidad del universo. No es una cosa m铆nima, que sucede por casualidad en un planeta perdido. Es el m贸vil de todo, el motivo de la creaci贸n. Todo es creado para que exista esta historia, el encuentro entre Dios y su criatura. En este sentido, la historia de la salvaci贸n, la alianza, precede la creaci贸n. En el per铆odo helen铆stico, el juda铆smo desarroll贸 la idea de que la Tor谩 habr铆a precedido la creaci贸n del mundo material. Este mundo material habr铆a sido creado s贸lo para dar lugar a la Tor谩, a esta Palabra de Dios que crea la respuesta y se convierte en historia de amor.

Aqu铆 aparece ya de forma misteriosa el misterio de Cristo. Es lo que nos dicen las cartas a los Efesios y a los Colosenses: Cristo es el prototipo, la primicia de la creaci贸n, la idea por la cual es concebido el universo. 脡l acoge todo. Nosotros entramos en el movimiento del universo cuando nos unimos a Cristo. Se puede decir que, mientras la creaci贸n material es la condici贸n para la historia de la salvaci贸n, la historia de la alianza es la verdadera causa del cosmos. Llegamos a las ra铆ces del ser llegando al misterio de Cristo, a su palabra viva, que es el fin de toda la creaci贸n. "Omnia serviunt tibi". Sirviendo al Se帽or, realizamos el objetivo del ser, el objetivo de nuestra propia existencia.

Demos ahora un paso m谩s: "Mandata tua exquisivi". Nosotros estamos siempre en busca de la Palabra de Dios. Esta Palabra no est谩 simplemente presente en nosotros. Si nos quedamos en la letra, entonces no hemos comprendido realmente la Palabra de Dios. Existe el peligro de que s贸lo veamos las palabras humanas y no encontremos dentro al verdadero actor, el Esp铆ritu Santo. No encontramos en las palabras la Palabra.

San Agust铆n, en este contexto, nos recuerda a los escribas y a los fariseos consultados por Herodes en el momento de la llegada de los Magos. Herodes quiere saber d贸nde deb铆a nacer el Salvador del mundo. Ellos lo saben, dan la respuesta correcta: en Bel茅n. Son grandes especialistas, que conocen todo. Y, sin embargo, no ven la realidad, no conocen al Salvador. San Agust铆n dice: indican el camino a los dem谩s, pero ellos mismos no se mueven. Este es un gran peligro tambi茅n en nuestra lectura de la Escritura: nos quedamos en las palabras humanas, palabras del pasado, historia del pasado, y no descubrimos el presente en el pasado, el Esp铆ritu Santo que nos habla hoy en las palabras del pasado. De esta manera no entramos en el movimiento interior de la Palabra, que en palabras humanas esconde y abre las palabras divinas. Por esto siempre necesitamos el "exquisivi". Debemos buscar la Palabra en las palabras.

As铆 pues, la ex茅gesis, la verdadera lectura de la Sagrada Escritura, no es solamente un fen贸meno literario, no es s贸lo la lectura de un texto. Es el movimiento de mi existencia. Es moverse hacia la Palabra de Dios en las palabras humanas. S贸lo cuando nos conformamos al misterio de Dios, al Se帽or que es la Palabra, podemos entrar en el interior de la Palabra, podemos encontrar verdaderamente en palabras humanas la Palabra de Dios. Oremos al Se帽or para que nos ayude a buscar no s贸lo con el intelecto, sino con toda nuestra existencia, para encontrar la palabra.

Al final: "Omni consummationi vidi finem, latum praeceptum tuum nimis". Todas las cosas humanas, todas las cosas que nosotros podemos inventar, crear, son finitas. Incluso todas las experiencias religiosas humanas son finitas, muestran un aspecto de la realidad, porque nuestro ser es finito y comprende siempre s贸lo una parte, algunos elementos: "latum praeceptum tuum nimis". S贸lo Dios es infinito. Por eso, tambi茅n su Palabra es universal y no tiene fronteras. As铆 pues, al entrar en la Palabra de Dios, entramos realmente en el universo divino. Salimos de la limitaci贸n de nuestras experiencias y entramos en la realidad que es verdaderamente universal. Al entrar en la comuni贸n con la Palabra de Dios, entramos en la comuni贸n de la Iglesia que vive la Palabra de Dios. No entramos en un peque帽o grupo, en la regla de un peque帽o grupo, sino que salimos de nuestros l铆mites. Salimos hacia el espacio abierto, en la verdadera amplitud de la 煤nica verdad, la gran verdad de Dios. Estamos realmente en lo universal.

As铆 salimos a la comuni贸n de todos los hermanos y hermanas, de toda la humanidad, porque en nuestro coraz贸n se esconde el deseo de la Palabra de Dios, que es una. Por eso, incluso la evangelizaci贸n, el anuncio del Evangelio, la misi贸n, no son una especie de colonialismo eclesial con el que queremos integrar a los dem谩s en nuestro grupo. Es salir de los l铆mites de cada cultura para entrar en la universalidad que nos relaciona a todos, que une a todos, que nos hace a todos hermanos. Oremos de nuevo para que el Se帽or nos ayude a entrar realmente en la "amplitud" de su Palabra, de forma que nos abramos al horizonte universal de la humanidad, el que nos une a pesar de todas las diversidades.

Al final volvemos a un vers铆culo anterior: "Tuus sum ego: salvum me fac". El texto italiano traduce: "Yo soy tuyo". La Palabra de Dios es como una escalera con la que podemos subir y, con Cristo, tambi茅n bajar a la profundidad de su amor. Es una escalera para llegar a la Palabra en las palabras. "Yo soy tuyo". La palabra tiene un rostro, es persona, Cristo. Antes de que podamos decir "Yo soy tuyo", 茅l ya nos ha dicho "Yo soy tuyo". La carta a los Hebreos, citando el Salmo 39, dice: "En cambio, me has preparado un cuerpo... Entonces dije: He aqu铆 que vengo". El Se帽or se ha hecho preparar un cuerpo para venir. Con su encarnaci贸n dijo: "Yo soy tuyo". Y en el bautismo me dijo: "Yo soy tuyo". En la sagrada Eucarist铆a lo dice siempre de nuevo: "Yo soy tuyo", para que nosotros podamos responder: "Se帽or, yo soy tuyo". En el camino de la Palabra, al entrar en el misterio de su encarnaci贸n, de su ser con nosotros, queremos apropiarnos de su ser, queremos expropiarnos de nuestra existencia, d谩ndonos a 茅l que se nos ha dado a nosotros.

"Yo soy tuyo". Oremos al Se帽or para poder aprender con toda nuestra existencia a decir estas palabras. As铆 estaremos en el coraz贸n de la Palabra. As铆 seremos salvados.

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