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S.S. Benedicto XVI, Discurso del Santo Padre a los obispos de la Conferencia Episcopal de Uruguay en visita ¬ęAd Limina Apostolorum¬Ľ
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Discurso del Santo Padre Benedicto XVI a los obispos de la Conferencia Episcopal de Uruguay en visita ¬ęAd Limina Apostolorum¬Ľ

Queridos Hermanos en el Episcopado:

Me complace recibiros en este encuentro que, al concluir vuestra visita ad limina, me permite saludaros a todos juntos y alentaros en la esperanza, tan necesaria para el ministerio que generosamente ejerc√©is en las respectivas iglesias particulares. Agradezco cordialmente las palabras de Monse√Īor Carlos Mar√≠a Collazzi Iraz√°bal, Obispo de Mercedes y Presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay, en las que ha expresado los sentimientos compartidos de estrecha comuni√≥n con la Sede de Pedro, as√≠ como los anhelos y preocupaciones que embargan vuestro coraz√≥n de Pastores que desean responder a las expectativas que tiene el Pueblo de Dios.

La visita a los sepulcros de San Pedro y San Pablo es una ocasi√≥n privilegiada para ahondar en el origen y sentido del ministerio de los sucesores de los Ap√≥stoles, fieles transmisores de la semilla que ellos plantaron (cf. Lumen gentium, 20), enteramente entregados a proclamar el evangelio de Cristo y un√°nimes en su testimonio. Es tambi√©n una oportunidad se√Īalada para reforzar los lazos de unidad efectiva y afectiva del colegio episcopal, que ha de ser manifestaci√≥n eminente del ideal, tan caracter√≠stico de la comunidad eclesial desde sus or√≠genes, de tener ‚Äúun solo coraz√≥n y una sola alma‚ÄĚ (Hch 4, 32), y ejemplo visible para promover el esp√≠ritu de hermandad y concordia en vuestros fieles e incluso en la sociedad actual, tantas veces dominada por el individualismo y la rivalidad exasperada.

Esta comuni√≥n se manifiesta tambi√©n en la tarea de hacer efectivas y concretas las orientaciones pastorales que hab√©is propuesto para los pr√≥ximos 5 a√Īos, inspiradas en el sugestivo marco del encuentro de Jes√ļs resucitado con los disc√≠pulos en el camino de Ema√ļs. En efecto, el Maestro que acompa√Īa, que conversa con los suyos y les explica las escrituras, es un modelo a seguir para preparar la mente y el coraz√≥n del hombre, de modo que llegue a descubrirlo y a encontrarse con √Čl personalmente. Por tanto, promover el conocimiento y la meditaci√≥n de la Sagrada Escritura, explicarla fielmente en la predicaci√≥n y la catequesis o ense√Īarla en las escuelas, es una necesidad para llegar a vivir la vocaci√≥n cristiana de manera m√°s consciente, firme y segura. Os animo en esta empresa con la cual quer√©is hacer part√≠cipes a vuestros fieles y comunidades eclesiales del impulso evangelizador y misionero propuesto por la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en Aparecida.

La Palabra de Dios es tambi√©n la fuente y el contenido inexcusable de vuestro ministerio como ¬ępredicadores del Evangelio que llevan nuevos disc√≠pulos a Cristo¬Ľ (Lumen gentium, 75), tanto m√°s necesario en un tiempo en que otras muchas voces tratan de acallar a Dios en la vida personal y social, llevando a los hombres por derroteros que socavan la aut√©ntica esperanza y se desinteresan de la verdad firme en la que puede descansar el coraz√≥n del ser humano. Ense√Īad, pues, la fe de la Iglesia en su integridad, con la valent√≠a y la persuasi√≥n propias de quien vive de ella y para ella, sin renunciar a proclamar expl√≠citamente los valores morales de la doctrina cat√≥lica, que a veces son objeto de debate en el √°mbito pol√≠tico, cultural o en los medios de comunicaci√≥n social, como son los que se refieren a la familia, la sexualidad y la vida. S√© de vuestros esfuerzos por defender la vida humana desde la concepci√≥n hasta su t√©rmino natural y pido a Dios que den como fruto una conciencia clara en cada uruguayo de la dignidad inviolable de toda persona y un compromiso firme de respetarla y salvaguardarla sin reservas.

En esta tarea cont√°is con la inestimable colaboraci√≥n de los sacerdotes a los que se ha de animar constantemente para que, sin acomodarse al ambiente imperante en el mundo (cf. Rm 12,2), sean verdaderos disc√≠pulos y misioneros de Cristo, que llevan con ardor su mensaje de salvaci√≥n a las parroquias y comunidades, a las familias y a todas las personas que anhelan sobre todo palabras aprendidas del Esp√≠ritu, m√°s que de saberes puramente humanos (cf. 1 Co 2,6). La cercan√≠a asidua de los Pastores a quienes se preparan para el sacerdocio puede ser determinante para una formaci√≥n en la que prevalga lo que ha de distinguir por encima de todo a un ministro de la Iglesia: el amor a Cristo, una seria competencia teol√≥gica en plena sinton√≠a con el Magisterio y la Tradici√≥n de la Iglesia, la meditaci√≥n constante y personal de su misi√≥n salvadora y una vida intachable acorde con el servicio que presta al Pueblo de Dios. De este modo dar√°n testimonio fiel de lo que predican y ayudar√°n a sus hermanos a huir de una religiosidad superficial y con escasa incidencia en los compromisos √©ticos que la fe comporta, para aprender de Cristo a vivir ¬ęen la justicia y la santidad de la verdad¬Ľ (Ef 4,24).

En este aspecto, mucho cabe esperar tambi√©n de las personas consagradas o miembros de diversos movimientos y asociaciones especialmente comprometidos en la misi√≥n de la Iglesia, llamados a dar un gozoso testimonio de que la plenitud de vida se alcanza cuando se prefiere el ser mejor al mero tener m√°s, haciendo brillar los verdaderos valores y la alegr√≠a incomparable de haberse encontrado con Cristo y de entregarse incondicionalmente a √Čl.

Queridos Hermanos, sab√©is que la tarea del verdadero testigo de Cristo no es f√°cil, exige mucho, pero es clara y cuenta sobre todo, m√°s que con las propias fuerzas, con el poder de quien ha ¬ęvencido al mundo¬Ľ (cf. Jn 16,33). Sin dejaros llevar por el desaliento, en tantas situaciones de indiferencia o apat√≠a religiosa, seguid siendo portadores de la ¬ęesperanza que no defrauda¬Ľ (Rm 5,5) y part√≠cipes del amor de Cristo por los pobres y necesitados mediante las obras caritativas de las comunidades eclesiales. En situaciones dif√≠ciles, que tambi√©n afectan a los uruguayos, la Iglesia est√° llamada a mostrar la grandeza de coraz√≥n, la solidaridad y capacidad de sacrificio de la familia de los hijos de Dios para con los hermanos en dificultad.

Al terminar este encuentro, os ruego que llevéis un caluroso saludo a vuestros sacerdotes y seminaristas, monasterios y comunidades religiosas, movimientos y asociaciones, catequistas y demás personas dedicadas a la apasionante tarea de llevar y mantener viva la luz de Cristo en el Pueblo de Dios. Invoco la protección de la Santísima Virgen María sobre vuestras tareas apostólicas, así como sobre todos los queridos uruguayos, y os imparto de corazón la Bendición Apostólica.

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