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S.S. P铆o XII, Radiomensaje del Papa P铆o XII a la Primera Conferencia Cat贸lica Mundial de la Salud
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Radiomensaje del Papa P铆o XII a la Primera Conferencia Cat贸lica Mundial de la Salud

Os dirigimos Nuestro m谩s cordial saludo, queridos hijos e hijas reunidos en Bruselas para celebrar la "Primera Conferencia Mundial Cat贸lica de la Salud". La misa solemne, a la que acab谩is de asistir en la Bas铆lica del Sagrado Coraz贸n, ha recogido vuestros prop贸sitos y vuestras plegarias en una sola s煤plica, invocando del cielo la gracia que transforma y vivifica, a fin de que los trabajos en los que vais a participar manifiesten con claridad a vuestros ojos y a los de todos la audacia y la grandeza del ideal que os gu铆a.

En verdad, esta "Primera Conferencia Mundial Cat贸lica de la Salud" se presenta como un acontecimiento muy expresivo del papel que os corresponde en la sociedad de hoy. Ya su marco maravilloso, ese despliegue de recursos materiales y culturales de las Naciones en una emulaci贸n en que cada uno se esfuerza por realzar lo mejor y m谩s original que tiene, sugiere y simboliza en cierto modo las l铆neas dominantes de vuestras reflexiones. En el curso de estos 煤ltimos a帽os, la profesi贸n m茅dica y todas las que con ella asumen la protecci贸n de la salud han obtenido ventajas de los r谩pidos progresos de la ciencia y de sus aplicaciones y han participado en la evoluci贸n de las instituciones sociales. La fundaci贸n y el desarrollo de vuestras diversas Federaciones responden a la necesidad de unir los esfuerzos de los cat贸licos en un campo tan importante. No es de extra帽ar si en el tema general de la Conferencia, "Cristianismo y salud", se inserta el estudio de la colaboraci贸n, dentro del equipo sanitario y dentro de la comunidad, de los responsables de la salud. Nos deseamos el mejor 茅xito al VIII Congreso de M茅dicos Cat贸licos, al V Congreso de la Federaci贸n Internacional de Farmac茅uticos Cat贸licos, al VI Congreso del Comit茅 Internacional Cat贸lico de Enfermeras y Asistentas M茅dico-Sociales, al I Congreso de la Federaci贸n Internacional de las Instituciones Hospitalarias, as铆 como al IV Congreso Internacional de los Capellanes de Hospitales.

2. Aunque vuestros trabajos no abarquen sino una parte de la materia tan vasta que os propon茅is examinar, el solo hecho de haber intentado esa confrontaci贸n se帽alar谩 una etapa importante en la acci贸n sanitaria de los cat贸licos. Ahora, en efecto, os dais cuenta de las dimensiones reales de vuestra comunidad y de la amplitud de sus responsabilidades tanto en el plano humano como en el religioso.

Antes se pod铆a emprender el estudio de la moral m茅dica, dedicando solamente una r谩pida ojeada a todo aquello que sobrepasa las relaciones individuales del enfermo con el m茅dico o con el enfermero. El desarrollo considerable de los servicios hospitalarios, la especializaci贸n creciente de las t茅cnicas de las curas, la existencia de poderosas instituciones de asistencia social, el llamamiento de los pa铆ses infradesarrollados, son otros tantos factores que han ampliado considerablemente las viejas perspectivas y requieren una modernizaci贸n y una profundizaci贸n del sentido de las "relaciones humanas" entre el enfermo y su familia de una parte, y los responsables de la salud y los organismos sociales de otra.

Nos quisi茅ramos, a modo de introducci贸n a vuestros trabajos, evocar brevemente los obst谩culos a la colaboraci贸n; despu茅s, las condiciones de una colaboraci贸n eficaz, y por 煤ltimo, los objetivos que 茅sta debe proponer, en particular entre los cat贸licos.

3. Los defectos que impiden una colaboraci贸n armoniosa en el equipo sanitario pueden provenir ya de sus propios miembros, ya del enfermo y de la familia, ya de las instituciones de que dependen unos y otros. No tenemos la intenci贸n de analizar en detalle las situaciones concretas en que se manifiestan estos inconvenientes; vuestros congresos fueron precedidos por "encuestas" destinadas precisamente a ponerlas de manifiesto. Pero ci帽茅ndonos a las causas que dificultan la colaboraci贸n entre el personal sanitario mismo, quisi茅ramos se帽alar dos principales: una de orden intelectual, otra de orden moral. Muy frecuentemente, una cierta estrechez de juicio que, voluntariamente o no, rehusa ensanchar sus horizontes, tener en cuenta todos los elementos de una situaci贸n, impide al interesado percibir las insuficiencias de su acci贸n personal y la necesidad de aceptar la intervenci贸n de otro. Es dif铆cil, en general, aceptar el punto de vista de los dem谩s, mirar los acontecimientos como ellos lo ven, comprender como ellos los inconvenientes de tal procedimiento, de tal actitud, el peso de ciertas prestaciones; tampoco es f谩cil admitir que uno m谩s joven, a pesar de su menor experiencia, pueda tener ideas m谩s fecundas. Adem谩s, los h谩bitos de trabajo y la rutina hacen penosa toda tentativa de cambio, toda revisi贸n de m茅todos. Vosotros se帽al谩is, por ejemplo, que una enfermera se sentir谩 tentada de mostrar reparos, cuando ve aplicar en un hospital un tratamiento diferente al que ella ha visto practicar a lo largo de sus estudios por un famoso especialista. Al lado de los obst谩culos intelectuales, los obst谩culos morales tienen tambi茅n un amplio puesto. El esp铆ritu de entrega y de sacrificio en el equipo sanitario constituye uno de sus m谩s bellos t铆tulos para el reconocimiento y la admiraci贸n de todos. Pero nadie osar铆a pretender que en el detalle de las idas y venidas de cada d铆a no intervienen nunca m贸viles que revelan las comunes debilidades de la humanidad: susceptibilidad, impaciencia, deseo de prevalecer, intolerancia de la disciplina; en una palabra: la afirmaci贸n exagerada del individuo y de sus comodidades, en detrimento de las exigencias que plantea la cohesi贸n de grupo y los intereses de la comunidad.

4. Hemos llegado as铆 a la consideraci贸n de las condiciones positivas de una eficaz colaboraci贸n. Puesto que ciertos defectos de apreciaci贸n, quiz谩 inadvertidos, provienen de la ignorancia, al menos pr谩ctica, de los principios esenciales de la colaboraci贸n, importa ponerlos de relieve y hacer de ellos un estudio m谩s profundo. Es el objeto de vuestros diversos Congresos. La complejidad creciente de la organizaci贸n sanitaria, precio de un progreso incesante, entra帽a la necesidad pura de cada uno de sus miembros de decidir mejor su posici贸n dentro del grupo del que forma parte. As铆, Nos encontramos entre los trabajos preliminares de la comisi贸n t茅cnica del Congreso de Enfermeras y Asistentas M茅dico-Sociales una colaboraci贸n detallada de la noci贸n de "equipo sanitario", seg煤n cuatro planos: el de los cuidados a los enfermos en el establecimiento hospitalario o a domicilio, el de los servicios m茅dico-sociales locales o centrales, el de la naci贸n y administraci贸n de la salud p煤blica y, por 煤ltimo, el sector especializado en la lucha contra ciertas plagas propias de un pa铆s o de una regi贸n. Para cada uno de estos casos es preciso determinar cu谩les son las formas de equipos sanitarios existentes de hecho, su objetivo, sus medios de acci贸n, su autoridad, su composici贸n. Este cuadro, as铆 delimitado, permite precisar mejor el puesto que en 茅l tendr谩 la enfermera y las condiciones que habr谩 de reunir para llenar debidamente su papel. Los m茅dicos, por su parte, se aplicar谩n a los problemas de colaboraci贸n planteados en la pr谩ctica diaria y en las instituciones de asistencia, donde entran en contacto no s贸lo con los enfermos y con las enfermeras, sino tambi茅n con los capellanes, los servicios administrativos, el personal subalterno, las familias de los enfermos, los organismos de seguridad social y los poderes p煤blicos. Tendr茅is la preocupaci贸n constante de resolver cada una de estas cuestiones, sin olvidar jam谩s la perspectiva de conjunto, a la que se supeditan las soluciones particulares, es decir, el fin terap茅utico tanto individual como social, inseparable a su vez de los imperativos morales y religiosos, cuyo int茅rprete es la Iglesia.

5. El trabajo de reflexi贸n y de examen de los problemas dar谩 pocos frutos si no conduce, sobre el plan pr谩ctico, a una mejor organizaci贸n del equipo sanitario, creando entre sus miembros una verdadera unidad, as铆 en los principios que han de seguirse como en los medios concretos de aplicarlos. Para ello no basta encontrarse a la cabecera del enfermo; es necesario tambi茅n saber encontrarse entre s铆, preparar intercambios de ideas frecuentes y cordiales, mancomunar sus dificultades t茅cnicas o psicol贸gicas. Es preciso tambi茅n que una jerarqu铆a de funciones determine la autoridad y la responsabilidad de cada uno. Parece indispensable una disciplina de grupo 鈥攃ualquiera que sea la manera en que se la entienda鈥�, pero no ser谩 aceptada y no dar谩 frutos sino en la medida en que se sostenga dentro de un fervor com煤n, y gu铆e las energ铆as de cada uno hacia la realizaci贸n de un ideal que en vano intentar铆a conseguirse con esfuerzos aislados.

He ah铆 por qu茅 Nos queremos evocar tambi茅n los objetivos esenciales que se proponen alcanzar los responsables de la salud mediante su colaboraci贸n. El fin que unifica su actividad es evidentemente la preservaci贸n o el restablecimiento de la salud de los individuos y de los grupos sociales. Sin embargo, no es raro que otros fines secundarios, m谩s pr贸ximos, m谩s atrayentes, m谩s 煤tiles inmediatamente, soliciten tal vez su inter茅s y hagan desdibujarse durante alg煤n tiempo la preponderancia del fin principal. No ignor谩is la posibilidad de ver al enfermo tratado no como una persona, sino como un caso que se estudia o sobre el que se experimenta. Sucede que se emprenden peligrosas investigaciones para perfeccionar el diagn贸stico, cuando aqu茅llas no tendr谩n utilidad real para la aplicaci贸n del tratamiento, o cuando el enfermo sufre las consecuencias molestas de medidas administrativas dirigidas a asegurar, ante todo, la comodidad de los servicios. En estos casos, el elemento humano, personal, es relegado a segundo plano a pesar de su importancia determinante.

Estos escollos os son suficientemente conocidos, y Nos los hemos recordado otras veces. No insistimos, pues; pero quisi茅ramos subrayar a煤n la caracter铆stica m谩s alta, m谩s noble de vuestra acci贸n terap茅utica, la que expresa vuestra Conferencia actual con su t铆tulo de cat贸lica. No ve谩is en ello una simple denominaci贸n extr铆nseca, sin influencia sobre el objeto propio de vuestros trabajos, como si el catolicismo no tuviese que proponer a sus adheridos m谩s que un c贸digo perfeccionado de deontolog铆a, una lista minuciosa de acciones prohibidas o permitidas. Se trata, en realidad, de algo muy distinto. Los cristianos, en efecto, son portadores de un mensaje y de una vida, que confieren a cada uno de sus actos un sentido particular. Su car谩cter bautismal les hace disc铆pulos de Cristo e hijos de la Iglesia, en cuya obra se han comprometido. Por ello, vuestro trabajo diario, el m谩s rutinario en apariencia, toma su sentido de la perspectiva abierta por el Se帽or en los d铆as de su existencia terrenal: llegada la tarde 鈥攃uenta San Marcos鈥�, despu茅s de la ca铆da del sol, se le presentaban todos los enfermos y los posesos, y la ciudad entera estaba congregada a la puerta. Y cur贸 a muchos enfermos afligidos de diversos males y expuls贸 a muchos demonios1.

A imitaci贸n de Cristo, que alivi贸 tantas miserias f铆sicas y morales para invitar a los hombres a que en El vieran la restauraci贸n y la vida2, que a trav茅s de vuestros actos se adivine la inspiraci贸n de que proceden, vuestra adhesi贸n a la Iglesia visible y al Esp铆ritu Santo, que los anima como una fuente de agua que salta hasta la vida eterna3.

Vuestra actividad, penetrada de esp铆ritu evang茅lico, alcanzar谩 tambi茅n una m谩s amplia extensi贸n y se har谩 realmente universal. Es necesario subrayarlo, puesto que vuestro Congreso se sit煤a en el marco de una Exposici贸n que quiere expresar las m谩s nobles aspiraciones del mundo actual y que invita a estimuladoras aproximaciones. Nadie puede poseer el esp铆ritu de Cristo sin condividir las preocupaciones de todos sus hermanos, dondequiera que habiten, de cualquier raza que sean, ni sin desear ardientemente prodigarles al m谩ximo los beneficios todav铆a reservados a ciertos pa铆ses privilegiados. Al lado de necesidades econ贸micas agudas, los pa铆ses infradesarrollados presentan muy a menudo crueles deficiencias desde el punto de vista sanitario. Vosotros sab茅is con qu茅 celo se emplean los cat贸licos en cuidar a los enfermos en los hospitales, cl铆nicas, dispensarios, maternidades, doquiera est谩n presentes y principalmente en los territorios menos dotados; pero como a煤n queda mucho por hacer antes de que sean completamente dominados los problemas de la salud p煤blica, vuestras organizaciones internacionales encuentran aqu铆 un campo extensamente abierto a sus esfuerzos; ellas han de suscitar, entre otras, la colaboraci贸n de los miembros del personal m茅dico, de los particulares, de los organismos privados, del Estado, para detener cuanto antes las enfermedades epid茅micas y end茅micas, que cada a帽o se ceban sobre tantas v铆ctimas impotentes.

Nos os deseamos, queridos hijos e hijas, que se suscite en vosotros, durante estas jornadas de estudio, de reflexi贸n, de amigables intercambios, el sentimiento de no formar en el seno de la Iglesia cat贸lica sino una misma familia unida por el inter茅s com煤n hacia los problemas sanitarios y principalmente por la conciencia de estar llamados a cumplir una misi贸n importante al servicio de la Iglesia: la de llevar a cabo, por completo, la edificaci贸n del Cuerpo de Cristo4, protegiendo la salud de sus miembros para que ellos puedan acometer plenamente las tareas que el Se帽or les conf铆e y descubrir por medio de vosotros uno de los aspectos m谩s consoladores de la Redenci贸n.

Como testimonio de Nuestra estima y de Nuestro afecto, y como prenda de los favores divinos que Nos invocamos sobre vosotros, sobre vuestras familias, sobre vuestros enfermos, a los que prodig谩is vuestros cuidados y vuestra entrega, os otorgamos de todo coraz贸n Nuestra Bendici贸n Apost贸lica.


1

Mc 1, 32.

2

Jn 11, 25.

3

Jn 4, 14.

4

Ef 4, 12.
Consultas

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