S.S. Pío XII, Discurso del Santo Padre al concluir el Simposio organizado por la «Pave the Way Foundation»
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Discurso del Santo Padre Benedicto XVI al concluir el Simposio organizado por la «Pave the Way Foundation»

Estimado Sr Krupp,
Damas y caballeros,

Estoy muy contento de reunirme con ustedes al finalizar el importante simposio organizado por la Pave the Way Foundation. Sé que muchos eminentes expertos han participado en esta reflexión sobre los numerosos trabajos de mi querido predecesor —el Siervo de Dios Papa Pío XII— realizados durante el difícil periodo en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Doy una cálida bienvenida a cada uno de ustedes, especialmente al Sr. Gary Krupp, Presidente de la Fundación, a quien agradezco las amables palabras pronunciadas en nombre de los presentes. Le estoy agradecido por informarme acerca de los trabajos realizados durante el simposio. Han analizado imparcialmente los hechos de la historia, preocupados solamente por la búsqueda de la verdad. Quiero saludar también a quienes los acompañan en esta visita, así como a los miembros de sus familias y seres queridos en casa.

El centro de su estudio ha sido la persona y el incansable trabajo pastoral y humanitario de Pío XII, Pastor Angélico. Cincuenta años han paso desde su pía muerte aquí en Castelgandolfo por la mañana del 9 de octubre de 1958, después de una debilitante enfermedad. Este aniversario nos da una importante oportunidad para profundizar nuestro conocimiento sobre él, para meditar en su rica enseñanza y para analizar exhaustivamente sus actividades. Mucho se ha escrito y dicho sobre él durante estas últimas cinco décadas y no todas las facetas genuinas de su diversa actividad pastoral han sido examinadas en una justa luz. El objetivo de vuestro simposio ha sido precisamente atender algunas de estas deficiencias, conduciendo un cuidadoso y documentado examen sobre muchas de sus intervenciones, especialmente aquellas en favor de los judíos, quienes en aquellos días fueron perseguidos en toda Europa, de acuerdo al plan criminal de aquellos que querían eliminarlos de la faz de la tierra. Cuando uno se acerca sin prejuicios ideológicos a la noble figura de este Papa, además de quedar impresionado por su elevado nivel humano y espiritual, es conquistado por su vida ejemplar y por la extraordinaria riqueza de sus enseñanzas. Se aprecia la sabiduría humana y la intensidad pastoral que le guiaron en sus largos años de ministerio y, de manera particular, en la organización de asistencia al pueblo judío.

Gracias al amplio material de documentación que habéis recogido, apoyado por muchos y autorizados testimonios, vuestro simposio ofrece a la opinión pública la posibilidad de conocer con mayor plenitud lo que Pío XII realizó a favor de los judíos perseguidos por los regímenes nazi y fascista. Entonces uno comprende que, ahí donde le fue posible, no ahorró esfuerzos en sus intervenciones a favor de los judíos, interviniendo directamente o a través de instrucciones dadas a personas e instituciones de la Iglesia Católica. En las sesiones de vuestro congreso se han destacado muchas de las intervenciones que realizó de manera secreta y silenciosa, precisamente porque, al tener en cuenta las situaciones concretas de ese difícil momento histórico, sólo de esa manera era posible evitar lo peor y salvar al mayor número posible de judíos. Esta dedicación valerosa y paternal fue reconocida y apreciada durante y después del terrible conflicto mundial por comunidades y personalidades judías que expresaron su gratitud por lo que el Papa había hecho por ellos. Basta recordar el encuentro que mantuvo Pío XII el 29 de noviembre de 1945, con los 80 delegados de los campos de concentración alemanes, quienes en una audiencia especial que les concedió en el Vaticano, agradecerle personalmente la generosidad que les demostró el Papa durante el terrible período de la persecución nazi-fascista.

Queridos damas y caballeros, les agradezco su visita y el trabajo de investigación que estáis realizando. Gracias también a la Pave the Way Foundation por la constante acción que desarrolla para favorecer las relaciones de diálogo entre las diferentes religiones de manera que ofrezcan un testimonio de paz, de caridad y de reconciliación. Deseo vivamente que este año, que recuerda el quincuagésimo aniversario de la muerte de mi venerado predecesor, ofrezca la oportunidad de promover estudios más profundos sobre los diferentes aspectos de su persona y actividad para llegar a conocer juntos la verdad histórica, superando de este modo los prejuicios que aún quedan. Con estos sentimientos invoco sobre vuestras personas y sobre la labor de vuestro simposio la bendición de Dios.

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