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S.S. Benedicto XVI, Homil铆a del Santo Padre durante la Santa Misa con los enfermos en la Bas铆lica de Nuestra Se帽ora del Rosario
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Homil铆a del Santo Padre Benedicto XVI durante la Santa Misa con los enfermos en la Bas铆lica de Nuestra Se帽ora del Rosario

Viaje Apost贸lico a Francia con ocasi贸n del 150潞 Aniversario de las Apariciones de Lourdes (12-15 de septiembre de 2008)

Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
queridos enfermos, acompa帽antes, y quienes los acogen,
queridos hermanos y hermanas:

Ayer celebramos la Cruz de Cristo, instrumento de nuestra salvaci贸n, que nos revela en toda su plenitud la misericordia de nuestro Dios. En efecto, la Cruz es donde se manifiesta de manera perfecta la compasi贸n de Dios con nuestro mundo. Hoy, al celebrar la memoria de Nuestra Se帽ora de los Dolores, contemplamos a Mar铆a que comparte la compasi贸n de su Hijo por los pecadores. Como afirma San Bernardo, la Madre de Cristo entr贸 en la Pasi贸n de su Hijo por su compasi贸n (cf. Serm贸n en el domingo de la infraoctava de la Asunci贸n). Al pie de la Cruz se cumple la profec铆a de Sime贸n de que su coraz贸n de madre ser铆a traspasado (cf. Lc 2,35) por el suplicio infligido al Inocente, nacido de su carne. Igual que Jes煤s llor贸 (cf. Jn 11,35), tambi茅n Mar铆a ciertamente llor贸 ante el cuerpo lacerado de su Hijo. Sin embargo, su discreci贸n nos impide medir el abismo de su dolor; la hondura de esta aflicci贸n queda solamente sugerida por el s铆mbolo tradicional de las siete espadas. Se puede decir, como de su Hijo Jes煤s, que este sufrimiento la ha guiado tambi茅n a Ella a la perfecci贸n (cf. Hb 2,10), para hacerla capaz de asumir la nueva misi贸n espiritual que su Hijo le encomienda poco antes de expirar (cf. Jn 19,30): convertirse en la Madre de Cristo en sus miembros. En esta hora, a trav茅s de la figura del disc铆pulo a quien amaba, Jes煤s presenta a cada uno de sus disc铆pulos a su Madre, dici茅ndole: 鈥淎h铆 tienes a tu hijo鈥� (Jn 19,26-27).

Mar铆a est谩 hoy en el gozo y la gloria de la Resurrecci贸n. Las l谩grimas que derram贸 al pie de la Cruz se han transformado en una sonrisa que ya nada podr谩 extinguir, permaneciendo intacta, sin embargo, su compasi贸n maternal por nosotros. Lo atestigua la intervenci贸n ben茅fica de la Virgen Mar铆a en el curso de la historia y no cesa de suscitar una inquebrantable confianza en Ella; la oraci贸n Acordaos, 隆oh piados铆sima Virgen Mar铆a! expresa bien este sentimiento. Mar铆a ama a cada uno de sus hijos, prestando una atenci贸n particular a quienes, como su Hijo en la hora de su Pasi贸n, est谩n sumidos en el dolor; los ama simplemente porque son sus hijos, seg煤n la voluntad de Cristo en la Cruz.

El salmista, vislumbrando de lejos este v铆nculo maternal que une a la Madre de Cristo con el pueblo creyente, profetiza a prop贸sito de la Virgen Mar铆a que 鈥渓os m谩s ricos del pueblo buscan tu sonrisa鈥� (Sal 44,13). De este modo, movidos por la Palabra inspirada de la Escritura, los cristianos han buscado siempre la sonrisa de Nuestra Se帽ora, esa sonrisa que los artistas en la Edad Media han sabido representar y resaltar tan prodigiosamente. Este sonre铆r de Mar铆a es para todos; pero se dirige muy especialmente a quienes sufren, para que encuentren en Ella consuelo y sosiego. Buscar la sonrisa de Mar铆a no es sentimentalismo devoto o desfasado, sino m谩s bien la expresi贸n justa de la relaci贸n viva y profundamente humana que nos une con la que Cristo nos ha dado como Madre.

Desear contemplar la sonrisa de la Virgen no es dejarse llevar por una imaginaci贸n descontrolada. La Escritura misma nos la desvela en los labios de Mar铆a cuando entona el Magnificat: 鈥淧roclama mi alma la grandeza del Se帽or, se alegra mi esp铆ritu en Dios, mi Salvador鈥� (Lc 1,46-47). Cuando la Virgen Mar铆a da gracias a Dios nos convierte en testigos. Mar铆a, anticipadamente, comparte con nosotros, sus futuros hijos, la alegr铆a que vive su coraz贸n, para que se convierta tambi茅n en la nuestra. Cada vez que se recita el Magnificat nos hace testigos de su sonrisa. Aqu铆, en Lourdes, durante la aparici贸n del mi茅rcoles, 3 de marzo de 1858, Bernadette contempla de un modo totalmente particular esa sonrisa de Mar铆a. 脡sa fue la primera respuesta que la Hermosa Se帽ora dio a la joven vidente que quer铆a saber su identidad. Antes de presentarse a ella algunos d铆as m谩s tarde como 鈥�la Inmaculada Concepci贸n鈥�, Mar铆a le dio a conocer primero su sonrisa, como si fuera la puerta de entrada m谩s adecuada para la revelaci贸n de su misterio.

En la sonrisa que nos dirige la m谩s destacada de todas las criaturas, se refleja nuestra dignidad de hijos de Dios, la dignidad que nunca abandona a quienes est谩n enfermos. Esta sonrisa, reflejo verdadero de la ternura de Dios, es fuente de esperanza inquebrantable. Sabemos que, por desgracia, el sufrimiento padecido rompe los equilibrios mejor asentados de una vida, socava los cimientos fuertes de la confianza, llegando incluso a veces a desesperar del sentido y el valor de la vida. Es un combate que el hombre no puede afrontar por s铆 solo, sin la ayuda de la gracia divina. Cuando la palabra no sabe ya encontrar vocablos adecuados, es necesaria una presencia amorosa; buscamos entonces no s贸lo la cercan铆a de los parientes o de aquellos a quienes nos unen lazos de amistad, sino tambi茅n la proximidad de los m谩s 铆ntimos por el v铆nculo de la fe. Y 驴qui茅n m谩s 铆ntimo que Cristo y su Sant铆sima Madre, la Inmaculada? Ellos son, m谩s que nadie, capaces de entendernos y apreciar la dureza de la lucha contra el mal y el sufrimiento. La Carta a los Hebreos dice de Cristo, que 脡l no s贸lo 鈥�no es incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros鈥� (cf. Hb 4,15). Quisiera decir humildemente a los que sufren y a los que luchan, y est谩n tentados de dar la espalda a la vida: 隆Volveos a Mar铆a! En la sonrisa de la Virgen est谩 misteriosamente escondida la fuerza para continuar la lucha contra la enfermedad y a favor de la vida. Tambi茅n junto a Ella se encuentra la gracia de aceptar sin miedo ni amargura el dejar este mundo, a la hora que Dios quiera.

Qu茅 acertada fue la intuici贸n de esa hermosa figura espiritual francesa, Dom Jean-Baptiste Chautard, quien en El alma de todo apostolado, propon铆a al cristiano fervoroso encontrarse frecuentemente con la Virgen Mar铆a 鈥�con la mirada鈥�. S铆, buscar la sonrisa de la Virgen Mar铆a no es un infantilismo piadoso, es la aspiraci贸n, dice el salmo 44, de los que son 鈥渓os m谩s ricos del pueblo鈥� (44,13). 鈥淟os m谩s ricos鈥� se entiende en el orden de la fe, los que tienen mayor madurez espiritual y saben reconocer precisamente su debilidad y su pobreza ante Dios. En una manifestaci贸n tan simple de ternura como la sonrisa, nos damos cuenta de que nuestra 煤nica riqueza es el amor que Dios nos regala y que pasa por el coraz贸n de la que ha llegado a ser nuestra Madre. Buscar esa sonrisa es ante todo acoger la gratuidad del amor; es tambi茅n saber provocar esa sonrisa con nuestros esfuerzos por vivir seg煤n la Palabra de su Hijo amado, del mismo modo que un ni帽o trata de hacer brotar la sonrisa de su madre haciendo lo que le gusta. Y sabemos lo que agrada a Mar铆a por las palabras que dirigi贸 a los sirvientes de Can谩: 鈥淗aced lo que 脡l os diga鈥� (Jn 2,5).

La sonrisa de Mar铆a es una fuente de agua viva. 鈥淓l que cree en m铆 -dice Jes煤s- de sus entra帽as manar谩n torrentes de agua viva鈥� (Jn 7,38). Mar铆a es la que ha cre铆do, y, de su seno, han brotado r铆os de agua viva para irrigar la historia de la humanidad. La fuente que Mar铆a indic贸 a Bernadette aqu铆, en Lourdes, es un humilde signo de esta realidad espiritual. De su coraz贸n de creyente y de Madre brota un agua viva que purifica y cura. Al sumergirse en las piscinas de Lourdes cu谩ntos no han descubierto y experimentado la dulce maternidad de la Virgen Mar铆a, junt谩ndose a Ella par unirse m谩s al Se帽or. En la secuencia lit煤rgica de esta memoria de Nuestra Se帽ora la Virgen de los Dolores, se honra a Mar铆a con el t铆tulo de Fons amoris, 鈥淔uente de amor鈥�. En efecto, del coraz贸n de Mar铆a brota un amor gratuito que suscita como respuesta un amor filial, llamado a acrisolarse constantemente. Como toda madre, y m谩s que toda madre, Mar铆a es la educadora del amor. Por eso tantos enfermos vienen aqu铆, a Lourdes, a beber en la 鈥淔uente de amor鈥� y para dejarse guiar hacia la 煤nica fuente de salvaci贸n, su Hijo, Jes煤s, el Salvador.

Cristo dispensa su salvaci贸n mediante los sacramentos y de manera muy especial, a los que sufren enfermedades o tienen una discapacidad, a trav茅s de la gracia de la Unci贸n de los Enfermos. Para cada uno, el sufrimiento es siempre un extra帽o. Su presencia nunca se puede domesticar. Por eso es dif铆cil de soportar y, m谩s dif铆cil a煤n -como lo han hecho algunos grandes testigos de la santidad de Cristo- acogerlo como ingrediente de nuestra vocaci贸n o, como lo ha formulado Bernadette, aceptar 鈥渟ufrir todo en silencio para agradar a Jes煤s鈥�. Para poder decir esto hay que haber recorrido un largo camino en uni贸n con Jes煤s. Desde ese momento, en compensaci贸n, es posible confiar en la misericordia de Dios tal como se manifiesta por la gracia del Sacramento de los Enfermos. Bernadette misma, durante una vida a menudo marcada por la enfermedad, recibi贸 este sacramento en cuatro ocasiones. La gracia propia del mismo consiste en acoger en s铆 a Cristo m茅dico. Sin embargo, Cristo no es m茅dico al estilo de mundo. Para curarnos, 脡l no permanece fuera del sufrimiento padecido; lo alivia viniendo a habitar en quien est谩 afectado por la enfermedad, para llevarla consigo y vivirla junto con el enfermo. La presencia de Cristo consigue romper el aislamiento que causa el dolor. El hombre ya no est谩 solo con su desdicha, sino conformado a Cristo que se ofrece al Padre, como miembro sufriente de Cristo y participando, en 脡l, al nacimiento de la nueva creaci贸n.

Sin la ayuda del Se帽or, el yugo de la enfermedad y el sufrimiento es cruelmente pesado. Al recibir la Unci贸n de los Enfermos, no queremos otro yugo que el de Cristo, fortalecidos con la promesa que nos hizo de que su yugo ser谩 suave y su carga ligera (cf. Mt 11,30). Invito a los que recibir谩n la Unci贸n de los Enfermos durante esta Misa a entrar en una esperanza como 茅sta.

El Concilio Vaticano II present贸 a Mar铆a como la figura en la que se resume todo el misterio de la Iglesia (cf. Lumen gentium, 63-65). Su trayectoria personal representa el camino de la Iglesia, invitada a estar completamente atenta a las personas que sufren. Dirijo un afectuoso saludo a los miembros del Cuerpo m茅dico y de enfermer铆a, as铆 como a todos los que, de diverso modo, en los hospitales u otras instituciones, contribuyen al cuidado de los enfermos con competencia y generosidad. Quisiera tambi茅n decir a todos los encargados de la acogida, a los camilleros y acompa帽antes que, de todas las di贸cesis de Francia y de m谩s lejos a煤n, acompa帽an durante todo el a帽o a los enfermos que vienen en peregrinaci贸n a Lourdes, que su servicio es precioso. Son el brazo de la Iglesia servidora. Deseo, en fin, animar a los que, en nombre de su fe, acogen y visitan a los enfermos, sobre todo en los hospitales, en las parroquias o, como aqu铆, en los santuarios. Que, como portadores de la misericordia de Dios (cf. Mt 25, 39-40), sientan en esta misi贸n tan delicada e importante el apoyo efectivo y fraterno de sus comunidades. En este sentido, saludo de modo particular, y doy las gracias tambi茅n, a mis hermanos en el Episcopado, los Obispos franceses, los Obispos de otros lugares y los sacerdotes, los cuales acompa帽an a los enfermos y a los hombres tocados por el sufrimiento en el mundo. Gracias por vuestro servicio al Se帽or que esta sufriendo.

El servicio de caridad que hac茅is es un servicio mariano. Mar铆a os conf铆a su sonrisa para que os convirt谩is vosotros mismos, fieles a su Hijo, en fuente de agua viva. Lo que hac茅is, lo hac茅is en nombre de la Iglesia, de la que Mar铆a es la imagen m谩s pura. 隆Que llev茅is a todos su sonrisa!

Al concluir, quiero sumarme a las oraciones de los peregrinos y de los enfermos y retomar con vosotros un fragmento de la oraci贸n a Mar铆a propuesta para la celebraci贸n de este Jubileo:

鈥淧orque eres la sonrisa de Dios, el reflejo de la luz de Cristo, la morada del Esp铆ritu Santo,
porque escogiste a Bernadette en su miseria,
porque eres la estrella de la ma帽ana, la puerta del cielo y la primera criatura resucitada,
Nuestra Se帽ora de Lourdes,
junto con nuestros hermanos y hermanas cuyo cuerpo y coraz贸n est谩n doloridos, te decimos: ruega por nosotros鈥�.

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