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S.S. Benedicto XVI, Homil铆a del Santo Padre durante procesi贸n con antorchas en la Plaza del Rosario (Lourdes)
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Homil铆a del Santo Padre Benedicto XVI durante procesi贸n con antorchas en la Plaza del Rosario (Lourdes)

Viaje Apost贸lico a Francia con ocasi贸n del 150潞 Aniversario de las Apariciones de Lourdes (12-15 de septiembre de 2008)

Querido Monse帽or Perrier, Obispo de Tarbes y Lourdes,
queridos hermanos en el episcopado y el sacerdocio,
queridos peregrinos, queridos hermanos y hermanas:

Hace ciento cincuenta a帽os, el 11 de febrero de 1858, en el lugar llamado la gruta de Massabielle, apartada del pueblo, una simple muchacha de Lourdes, Bernadette Soubirous, vio una luz y, en la luz, una mujer joven 鈥渉ermosa, la m谩s hermosa鈥�. La mujer le habl贸 con dulzura y bondad, respeto y confianza: 鈥�Me hablaba de Usted (narra Bernadette)... 驴Querr谩 Usted venir aqu铆 durante quince d铆as? (le pregunta la Se帽ora)... Me mir贸 como una persona que habla a otra persona鈥�. En la conversaci贸n, en el di谩logo impregnado de delicadeza, la Se帽ora le encarga transmitir algunos mensajes muy simples sobre la oraci贸n, la penitencia y la conversi贸n. No es de extra帽ar que Mar铆a fuera hermosa, porque, en las apariciones del 25 de marzo de 1858, ella misma revela su nombre de este modo: 鈥淵o soy la Inmaculada Concepci贸n鈥�.

Contemplemos tambi茅n nosotros a esta Mujer vestida de sol de la que nos habla la Escritura (cf. Ap 12,1). La Sant铆sima Virgen Mar铆a, la Mujer gloriosa del Apocalipsis, lleva sobre su cabeza una corona de doce estrellas que representan las doce tribus de Israel, todo el pueblo de Dios, toda la comuni贸n de los santos, y a sus pies la Luna, imagen de la muerte y la mortalidad. Mar铆a ha dejado atr谩s la muerte, est谩 completamente revestida de vida, la vida de su Hijo, Cristo resucitado. As铆 es signo de la victoria del amor, de la bondad y de Dios, dando a nuestro mundo la esperanza que necesita. Volvamos esta noche la mirada hacia Mar铆a, tan gloriosa y tan humana, dej谩ndola que nos lleve a Dios que es el vencedor.

Muchos fueron testigos: el encuentro con el rostro luminoso de Bernadette conmov铆a los corazones y las miradas. Tanto durante las apariciones mismas como cuando las contaba, su rostro era radiante. Bernadette estaba transida ya por la luz de Massabielle. La vida cotidiana de la familia Soubirous estaba hecha de dolor y miseria, de enfermedad e incomprensi贸n, de rechazo y pobreza. Aunque no faltara amor y calor en el trato familiar, era dif铆cil vivir en aquella especie de mazmorra. Sin embargo, las sombras terrenas no imped铆an que la luz del cielo brillara. 鈥�La luz brilla en la tiniebla鈥� (Jn 1, 5).

Lourdes es uno de los lugares que Dios ha elegido para reflejar un destello especial de su belleza, por ello la importancia aqu铆 del s铆mbolo de la luz. Desde la cuarta aparici贸n, Bernadette, al llegar a la gruta, encend铆a cada ma帽ana una vela bendecida y la ten铆a en la mano izquierda mientras se aparec铆a la Virgen. Muy pronto, la gente comenz贸 a dar a Bernadette una vela para que la pusiera en tierra al fondo de la gruta. Por eso muy pronto, algunos comenzaron a poner velas en este lugar de luz y de paz. La misma Madre de Dios hizo saber que le agradaba este homenaje de miles de antorchas que, desde entonces, mantienen iluminada sin cesar, para su gloria, la roca de la aparici贸n. Desde entonces, ante la gruta, d铆a y noche, verano e invierno, un enramado ardiente brilla rodeado de las oraciones de los peregrinos y enfermos, que expresan sus preocupaciones y necesidades, pero sobre todo su fe y su esperanza.

Al venir en peregrinaci贸n aqu铆, a Lourdes, queremos entrar, siguiendo a Bernadette, en esta extraordinaria cercan铆a entre el cielo y la tierra que nunca ha faltado y que se consolida sin cesar. Hay que destacar que, durante las apariciones, Bernadette reza el Rosario bajo la mirada de Mar铆a, que se une a ella en el momento de la doxolog铆a. Este hecho confirma en realidad el car谩cter profundamente teoc茅ntrico de la oraci贸n del Rosario. Cuando rezamos el Rosario, Mar铆a nos ofrece su coraz贸n y su mirada para contemplar la vida de su Hijo, Jesucristo. Mi venerado Predecesor Juan Pablo II vino aqu铆, a Lourdes, en dos ocasiones. Sabemos cu谩nto se apoyaba su oraci贸n en la intercesi贸n de la Virgen Mar铆a, tanto en su vida como en su ministerio. Como muchos de sus Predecesores en la sede de Pedro, tambi茅n 茅l promovi贸 vivamente la oraci贸n del Rosario; lo hizo, entre otras, de una forma muy singular, enriqueciendo el Santo Rosario con la meditaci贸n de los Misterios Luminosos. Est谩n representados en los nuevos mosaicos de la fachada de la Bas铆lica inaugurados el a帽o pasado. Como con todos los acontecimientos de la vida de Cristo que Ella 鈥�conservaba medit谩ndolos en su coraz贸n鈥� (cf. Lc 2,19), Mar铆a nos hace comprender todas las etapas del ministerio p煤blico como parte integrante de la revelaci贸n de la gloria de Dios. Lourdes, tierra de luz, sigue siendo una escuela para aprender a rezar el Rosario, que inicia al disc铆pulo de Jes煤s, bajo la mirada de su Madre, en un di谩logo cordial y verdadero con su Maestro.

Por boca de Bernadette, o铆mos a la Virgen Mar铆a que nos pide venir aqu铆 en procesi贸n para orar con fervor y sencillez. La procesi贸n de las antorchas hace presente ante nuestros ojos de carne el misterio de la oraci贸n: en la comuni贸n de la Iglesia, que une a los elegidos del cielo y a los peregrinos de la tierra, la luz brota del di谩logo entre el hombre y su Se帽or, y se abre un camino luminoso en la historia humana, incluidos sus momentos m谩s oscuros. Esta procesi贸n es un momento de gran alegr铆a eclesial, pero tambi茅n de gravedad: las intenciones que presentamos subrayan nuestra profunda comuni贸n con todos los que sufren. Pensamos en las v铆ctimas inocentes que padecen la violencia, la guerra, el terrorismo, la penuria, o que sufren las consecuencias de la injusticia, de las plagas, de las calamidades, del odio y de la opresi贸n, de la violaci贸n de su dignidad humana y de sus derechos fundamentales, de su libertad de actuar y de pensar. Pensamos tambi茅n en quienes tienen arduos problemas familiares o en quienes sufren por el desempleo, la enfermedad, la discapacidad, la soledad o por su situaci贸n de inmigrantes. No quiero olvidar a los que sufren a causa del nombre de Cristo y que mueren por 脡l.

Mar铆a nos ense帽a a orar, a hacer de nuestra plegaria un acto de amor a Dios y de caridad fraterna. Al orar con Mar铆a, nuestro coraz贸n acoge a los que sufren. 驴C贸mo es posible que nuestra vida no se transforme de inmediato? 驴C贸mo nuestro ser y nuestra vida entera pueden dejar de convertirse en lugar de hospitalidad para nuestro pr贸jimo? Lourdes es un lugar de luz, porque es un lugar de comuni贸n, esperanza y conversi贸n.

Al caer la noche, hoy Jes煤s nos dice: 鈥淭ened encendidas vuestras l谩mparas鈥� (cf. Lc 12,35); la l谩mpara de la fe, de la oraci贸n, de la esperanza y del amor. El gesto de caminar de noche llevando la luz, habla con fuerza a nuestra intimidad m谩s honda, toca nuestro coraz贸n y es m谩s elocuente que cualquier palabra dicha u o铆da. El gesto resume por s铆 solo nuestra condici贸n de cristianos en camino: necesitamos la luz y, a la vez, estamos llamados a ser luz. El pecado nos hace ciegos, nos impide proponernos como gu铆a para nuestros hermanos, y nos lleva a desconfiar de ellos para dejarnos guiar. Necesitamos ser iluminados y repetimos la s煤plica del ciego Bartimeo: 鈥�Maestro, que pueda ver鈥� (Mc 10, 51). Haz que vea el pecado que me encadena, pero sobre todo, Se帽or, que vea tu gloria. Sabemos que nuestra oraci贸n ya ha sido escuchada y damos gracias porque, como dice San Pablo en su Carta a los Efesios, 鈥淐risto ser谩 tu luz鈥� (Ef 5,14), y San Pedro y a帽ade: 鈥淸Dios] os llam贸 a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa鈥� (1 P 2,9).

A nosotros, que no somos la luz, Cristo puede decirnos a partir de ahora: 鈥�Vosotros sois la luz del mundo鈥� (Mt 5,14), encomend谩ndonos la tarea de hacer brillar la luz de la caridad. Como escribe el Ap贸stol San Juan: 鈥�El que ama a su hermano, permanece en la luz, y no hay nada que lo haga caer鈥� (1 Jn 2,10). Vivir el amor cristiano es al mismo tiempo hacer entrar en el mundo la luz de Dios e indicar su verdadero origen. As铆 lo dice San Le贸n Magno: 鈥淓n efecto, todo el que vive p铆a y castamente en la Iglesia, que aspira a las cosas de lo alto y no a las de la tierra (cf. Col 3,2), es en cierto modo como la luz celeste; en cuanto observa 茅l mismo el fulgor de una vida santa, muestra a muchos, como una estrella, el camino hacia Dios鈥� (Serm贸n III, 5).

En este santuario de Lourdes al que vuelven sus ojos los cristianos de todo el mundo desde que la Virgen Mar铆a hizo brillar la esperanza y el amor al dar el primer puesto a los enfermos, los pobres y los peque帽os, se nos invita a descubrir la sencillez de nuestra vocaci贸n: Basta con amar.

Ma帽ana, la celebraci贸n de la Exaltaci贸n de la Santa Cruz nos har谩 entrar precisamente en el coraz贸n de este misterio. En esta vigilia, nuestra mirada se dirige hacia el signo de la Nueva Alianza en la que converge toda la vida de Jes煤s. La Cruz constituye el supremo y perfecto acto de amor de Jes煤s, que da la vida por sus amigos. 鈥�As铆 tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el cree en 茅l tenga vida eterna鈥� (Jn 3, 14-15).

Anunciada ya en los Cantos del Siervo de Dios, la muerte de Jes煤s es una muerte que se convierte en luz para los pueblos; una muerte que, en relaci贸n con la liturgia de expiaci贸n, trae la reconciliaci贸n, la muerte que marca el fin de la muerte. Desde entonces, la Cruz es signo de esperanza, el estandarte de la victoria de Jes煤s 鈥�Porque tanto am贸 Dios al mundo, que entreg贸 a su Hijo 煤nico, para que no perezca ninguno de los que creen en 茅l, sino que tengan vida eterna鈥� (Jn 3,16).Toda nuestra vida recibe luz, fuerza y esperanza por la Cruz. Por ella se revela toda la hondura de amor que encierra el designio original del Creador; por ella, todo es sanado y llevado a su plenitud. Por eso la vida en la fe en Cristo muerto y resucitado se convierte en luz.

Las apariciones estuvieron rodeadas por la luz y Dios ha querido encender en la mirada de Bernadette una llama que ha convertido innumerables corazones. 驴Cu谩ntos vienen aqu铆 para ver, esperando quiz谩s secretamente recibir alguna gracia; despu茅s, en el camino de regreso, habiendo hecho una experiencia espiritual de vida aut茅nticamente eclesial, vuelven su mirada a Dios, a los otros y a s铆 mismos. Les llena una peque帽a llama con el nombre de esperanza, compasi贸n, ternura. El encuentro discreto con Bernadette y la Virgen Mar铆a puede cambiar una vida, pues est谩n presentes en este lugar de Massabielle para llevarnos a Cristo que es nuestra vida, nuestra fuerza y nuestra luz. Que la Virgen Mar铆a y Santa Bernadette os ayuden a vivir como hijos de la luz para ser testigos cada d铆a en vuestra vida de que Cristo es nuestra luz, nuestra esperanza y nuestra vida.

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