El primer punto de estos ejercicios es conocer bien su importancia. Asà como las aves caen muy pronto en tierra, si no menudean los esfuerzos, batiendo las alas para mantener el vuelo, asà nuestra humana naturaleza decae luego de sus buenos afectos por fragilidad y perversa inclinacion de la carne, que agrava el espÃritu, y le tira siempre hácia abajo, si él no se eleva con frecuencia á fuerza de resolucion. Por tanto, Filotea, es necesario reiterar y repetir á menudo los buenos propósitos que has hecho de servir á Dios, no sea que, ó por mejor decir en otro mucho peor, porque las caidas espirituales nos precipitan siempre mas debajo de lo que estábamos antes de ascender á la devocion. Cualquier reloj, por bueno que sea, necesitan que le pongan y le den cuerda dos veces al dia, por mañana y tarde, y que le desarmen una vez cada año para limpiar las piezas del herrumbre que han criado, enderezar las que se han torcido, y renovar las que se han gastado: del mismo modo el que tiene verdadero cuidado y aprecio de su corazon, le ha de poner en Dios por noche y por mañana con los ejercicios señalados arriba: y ademas de esto ha de examinar muchas veces como está, para componerle y arreglarle: y finalmente si quiera una vez cada año le debe desarmar, reconociendo por menor todas sus piezas, esto es, todos sus afectos y pasiones, á fin de remediar los defectos que tuviere.
Y asà unta el relojero con aceite muy puro las ruedas, los muelles y las demas piezas del reloj para que sea mas suave el movimiento, y esté menos espuesto á criar orin, asà tambien el alma devota, ademas de desarmar, como se ha dicho, su corazon para renovarle enteramente, le ha de untar con los sacramentos de la confesion y comunion, cuya práctica reparará las fuerzas enflaquecidas con el tiempo, enfervorizará el corazon, hará reverdecer los buenos propósitos, y florecer las virtudes del espÃritu.
Asà lo practicaban con gran cuidado los primeros cristianos en la anual celebridad del bautismo de Jesucristo, renovando aquel dia, como refiere san Gregorio Nacianceno, la profesion y protesta que se hacen en este sacramento. Hagamos lo mismo nosotros, amada Filotea, disponiéndonos con todo afecto, y ejecutándolo con sumo cuidado.
Escoge tiempo oportuno para esto, con acuerdo de tu padre espiritual, y guarda mas que el ordinario, tanto interior cuanto esterior, y siguiendo el método que te dà en la segunda parte, ten una, dos ó tres meditaciones sobre los puntos siguientes.
Considera los puntos de la protestacion que has hecho: el primero fué dejar, arrojar, detestar y renunciar para siempre todo pecado mortal: el segundo dedicar y consagrar tu alma, tu corazon, tu cuerpo, con todo cuanto les pertenece, al amor y servicio de Dios: el tercero, si por acaso caias en alguna culpa, levantarte prontamente, con la gracia de Dios. ¡Qué resoluciones tan bellas, justas, dignas y generosas! Pondera bien en tu interior cuan santa, cuan conforme á la razon y cuan digna de aprecio es la protestacion que hiciste.
1. Considera á quien se le ofreciste, que fué al mismo Dios: si nos obligan estrechamente las palabras justas que damos á los hombres, ¿cuánto mas las que hemos dado á Dios? por lo cual esclamaba David: A vos, Señor, lo dijo mi corazon199: mi corazon pronunció esta palabra buena200, y jamas la he de olvidar201.
2. Considera en presencia de quien hiciste la protesta, y hallarás que fué delante de toda la corte celestial: la santÃsima Virgen, san José, tu angel custodio, san Luis y todos los bienaventurados ejércitos te miraban y mostraban su alegria y aprobacion al escuchar tus palabras, mirando con amorosos ojos tu corazon, que postrado á los pies del Salvador, se consagraba á su servicio: se hizo entonces por esto particular fiesta en la Jerusalen celeste, y ahora se celebrará la conmemoracion, si renuevas con plena voluntad tus resoluciones.
3. Considera por qué medios hiciste la protestacion, ¡O cuán agradable y dulce era Dios para tà en aquel tiempo! dime la verdad, ¿no te sentiste llamada de los dulces atractivos del EspÃritu Santo? ¿no fueron de amor y de caridad las cuerdas con que Dios trajo tu barquilla al puerto de la salud? ¡como te fué cebando con sus dulces confituras por medio de los sacramentos, de la lectura y de la oracion! ¡O Dios mio! Tú dormias, Filotea, y Dios velaba en tu guarda, pensaba sobre tu corazon pensamientos de paz, meditaba sobre tà meditaciones de amor.
4. Considera en que tiempo te atrajo Dios á estas grandes resoluciones: en la flor de tu edad: ¡qué gran fortuna aprender temprano lo que siempre sabemos demasiado tarde. San Agustin, convertido á los treinta años de su edad esclamaba: ¡O hermosura antigua, que tarde te conocÃ! ¡Ay de mÃ! yo te veia, mas no te consideraba202. Tambien puedes tú decir: ¡O dulzura antigua, por qué no me he saboreado antes contigo! Pero ay, que ni aun entonces lo merecias, y asà reconoce la gran merced que Dios te ha hecho, llamándote desde tu juventud, y di con David: Dios mio, desde mi juventud me enseñaste y llamaste: y por siempre anunciaré tus misericordias203. Y si ha sido en la vejez, ¡qué gran misericordia de Dios! llamarte, Filotea, despues de haber abusado de los años pasados, pero antes de la muerte, deteniendo la corriente de tu miseria al tiempo que ibas á ser para siempre infeliz, si hubieras continuado.
5. Considera los efectos de esta vocacion, y espero que encontrarás en tà misma gran mudanza, comparando lo que eres con lo que eras, ¿Te parece poca dicha saber hablar con Dios en la oracion, sentir en tu corazon deseos de amarle, haber sosegado y pacificado muchas pasiones que te inquietaban, haber evitado muchos pecados y estorbos de conciencia, y finalmente haberte llegado á la sagrada comunion muchas veces mas de lo que hubieras llegado, uniéndote asà con aquel soberano manantial de eternas gracias? ¡Oh cuán grandes son estas mercedes! Pésalas, Filotea, en la balanza del santuario, pues todo esto es obra de la diestra del escelso. La diestra del Señor, decia David, manifestó su poder, la diestra del Señor me levantó. No moriré no, viviré sÃ, y referiré con el corazon, con la boca y con las acciones las maravillas de su bondad204.
Despues de estas consideraciones, que como ves suministran copia de buenos afectos, concluye sencillamente con la accion de gracias, y con una afectuosa súplica de aprovecharte, y sal de la meditacion con humildad y gran confianza en Dios; pero reservando para despues del segundo punto de este ejercicio el complemento de las resoluciones.
Como este segundo punto del ejercicio es algo largo, te advierto que no es necesario hacerle todo seguido, sino en repetidas ocasiones, tomando, por ejemplo, una vez lo que pertenece á tu conducta para con Dios: lo que mira á tà misma en otra: en otra lo que toca al prójimo: y en cuarto lugar la consideracion de las pasiones. Ni es necesario ni conviene practicarle todo de rodillas, sino solamente el principio y la conclusion, que comprende los afectos. Los demas puntos del examen podrás hacerlos provechosamente paseándote, y aun mejor en la cama, si es que puedes estar en ella algun tiempo sin adormecimiento bien despierta; pero para esto es necesario haberlos leido bien de antemano. Con todo, se requiere evacuar este segundo punto en tres dias y dos noches á lo mas, tomando alguna hora de cada dia y de cada noche, esto es, el tiempo que puedas, pues si se practicase este ejercicio en tiempos muy distantes unos de otros, perderia su fuerza, y haria muy débiles impresiones. Al fin de cada punto del examen has de reparar en que hallas haber faltado, qué defectos tienes, y cuales son los principales desórdenes que has cometido para poder declararlo todo, tomar consejo, hacer propósitos y fortalecer tu espÃritu. Aunque no sea absolutamente necesario retirarse enteramente del trato los dias en que se hace este y los demas ejercicios, se requiere con todo apartarse algun tanto, y en especial por la noche, para recogerse mas temprano, y tomar el reposo del cuerpo y de alma necesario para la consideracion: y entre dia se han de hacer frecuentes aspiraciones á Dios, á la SantÃsima Virgen, á los Angeles y á toda la celestial Jerusalen: tambien se requiere practicarlo todo con un corazon afectuoso para con Dios y deseoso de la propia perfeccion. Para empezar pues como conviene este examen.
1. Ponte en la presencia de Dios.
2. Invoca al EspÃritu Santo pidiéndole luz y claridad con que puedas conocerte bien, como san Agustin, que decia humildemente en la presencia de Dios: Señor, conózcate á tÃ, y conózcame á mÃ: y como san Francisco, que le preguntaba á Dios: ¿Quién sois vos, y quien soy yo? Protesta que el fin con que quieres conocer tu aprovechamiento no es complacerte en tà misma, sino en Dios, ni glorificarte á ti propia, sino glorificar á Dios y darle gracias.
Protesta tambien, que aunque halles haber aprovechado poco, como lo temes, ó haber vuelto atrás, no por eso perderás el ánimo, ni te resfriarás, dando entrada al caimiento ó flojedad de corazon; antes por el contrario procurarás esforzarte y animarte mas, y humillarte y corregir tus defectos con la gracia de Dios.
Hecho esto, considera despacio y con sosiego como te has portado hasta la hora presente para con Dios, para con el prójimo y para contigo misma.
¿Qué grado de aversion al pecado mortal tiene tu corazon? ¿estás firmemente resuelta á no cometerle jamas, suceda lo que sucediere? ¿ha durado constantemente eta resolucion desde que hiciste la protestacion hasta ahora? pues sabe que esta resolucion es el fundamento de la vida espiritual.
1. ¿Cómo mira tu corazon los mandamientos de la ley de Dios? ¿te parecen buenos, dulces y agradables? hija mia, quien tiene el paladar bueno y el estomago sano gusta de los manjares buenos, y desecha los malos.
2. ¿En qué disposicion se halla tu corazon acerca de los pecados veniales? aunque no es posible dejar de caer en alguno, ya por un lado ya por otro, mira sin embargo si tienes particular inclinacion á alguno, ó si le miras con afecto y amor, que es peor todavÃa.
3. ¿En qué estado está tu corazon acerca de los ejercicios espirituales? te agradan? los miras con aprecio? te cansas de ellos? te dan disgusto? á cual de ellos eres mas ó menos inclinada? á oir la palabra de Dios? á leerla? á conferenciar? á meditar? á aspirar á Dios? á confesarte? á recibir instrucciones espirituales? á prepararte para la comunion? á comulgar? á sujetar tus afectos? sientes repugnancia á alguna de estas cosas? si vieres que tu corazon está poco inclinado á alguna de ellas, examina de donde nace este disgusto, y cual es la causa.
4. ¿Cual es el estado de tu corazon para con el mismo Dios? ¿sientes complacencia en acordarte de su Divina Magestad? encuentras en ello agradable dulzura? Acordádome he de Dios, dice David, y he tenido gran deleite205. ¿Sientes en tu corazon compresion á amarle y particular gusto en saborearte con su amor? ¿se recrea tu espÃritu pensando en la inmensidad de Dios, en su bondad, en su dulzura? ¿se abre paso por medio de las ocupaciones y vanidades del mundo la memoria de Dios, cuando te ocurre en medio de ellas, y se apodera de tu corazan? ¿te parece que este se vuelve hácia aquel pensamiento, y por decirlo asÃ, le sale al encuentro? almas hay á quienes asà les sucede.
Cuando vuelve de lejanas tierras su esposo, apenas sabe su llegada y escucha su voz la esposa, cuando por mas que esté llena de quehaceres, y entre las ocupaciones poseida de alguna consideracion profunda, no puede sin embargo contener su corazon, y abandonando los demas pensamientos, solo piensa en su recien llegado esposo. Lo mismo acaece á las almas que aman de véras á Dios: por mas ocupadas que estén, cuando les viene el pensamiento de este Señor, es tanto el gozo que sienten con tan amado recuerdo, que casi abandonan todo lo demas, lo cual es señal muy buena.
5. ¿Qué siente tu corazon acerca de Jesucristo Dios y hombre? ¿te alegras de star en su compañÃa? Asà como las abejas se complacen de andar al rededor de la miel, y los moscones de revolotear sobre las inmundicias, asà las almas buenas tienen gran ternura en su compañÃa; pero las malas encuentran placer andando al rededor de las vanidades.
6. ¿Cuales son los afectos de tu corazon para con la Virgen SantÃsima, los Santos y el Angel de tu guarda? les profesas mucho amor? tienes particular confianza en su proteccion? te agradan sus imágenes, sus vidas y sus alabanzas?
7. En cuanto á la lengua, ¿cómo hablas de Dios? gustas de alabarle en cuanto permiten tu condicion y fuerzas? encuentras placer en cantar cánticos espirituales?
8. Acerca de las obras, mira si tomas con empeño glorificar esteriormente á Dios, y practicar alguna cosa á honra suya, porque los que aman á Dios, aman tambien el decoro de su casa.
Repara si has dejado algun afecto y renunciado alguna cosa por amor de Dios, porque es señal cierta de amor privarse de algo en obsequio del amado: ¿pues qué es lo que hasta aquà has dejado por amor de Dios?
¿Qué especie de amor te tienes á ti misma? ¿te amas escesivamente para el mundo? si es asÃ, desearás permanecer siempre acá abajo, y procurarás con grande empeño establecerte sobre la tierra; pero si te amas para el cielo, desearás, ó por lo menos te conformarás fácilmente con salir de aquà en cualquier tiempo que el Señor lo disponga.
1. ¿Tienes bien ordenado el amor de tà misma? Porque, has de saber, que la única causa de nuestra ruina es el desordenado amor propio: será pues amor bien ordenado amando mas al alma que al cuerpo, cuidando de allegar virtudes mas que otra cosa alguna, apreciando mas la honra celestial que la felicidad terrena y caduca: un corazon bien ordenado se pregunta á sà mismo ¿si yo pienso en tal cosa, qué dirán los ángeles? y no ¿qué dirán los hombres?
2. ¿Cómo amas á tu corazon? te cansas de servirle en sus enfermedades? pues sabes que debes tener cuidado de socorrerle y buscar quien le socorra cuando la pasiones le atormentan, y que para esto lo has de abandonar todo, si es necesario.
3. ¿En cuanto te estimas delante de Dios? sin duda que en nada; pero no es grande humildad que una mosca se tenga por pequeña junto á una montaña, que una gota de agua se crea nada en comparacion del mar, que una chispa se juzgue nada comparada con el sol: la humildad consiste en no tenernos en mas que los otros, y en no querer ser tenidos es mas que ellos: ¿pues en qué estado estás acerca de esto?
4. En cuanto á la lengua, ¿no te glorias nunca, ni de ningun modo? ¿te alabas cuando hablas de tà propia?
5. En cuanto á las obras, ¿acostumbras divertirte en cosas contrarias á la salud, quiero decir, vanas é inútiles, como transnochar sin necesidad y otras semejantes?
Se debe amar al marido ó á la muger con amor tierno, pacÃfico, constante y continuo, y ha de ser la principal razon, porque Dios asà lo manda y quiere. Lo mismo digo de los hijos, parientes cercanos, y amigos, cada uno en su clase.
Pero hablando en general, ¿cual es el estado de tu corazon para con el prójimo? le amas cordialmente y por Dios? Para conocer bien esto has de traer á la memoria ciertas personas molestas y enfadosas, pues con tales sugetos se ejercita el amor de Dios amado al prójimo; pero mucho mas con los que nos hacen mal de obrar ó de palabra: examina si les das franca entrada en tu corazon, ó si te cuesta mucho trabajo amarlos.
¿Eres propensa á echar á mala parte las acciones del prójimo, en particular de los que no te quieren bien? haces algun daño directa ó indirectamente á tu prójimo? fácilmente conocerás todo esto, por poco entendimiento que tengas.
He tratado tan á la larga estos puntos, porque el aprovechamiento espiritual se ha de conocer en este examen; que el de los pecados pertenece á la confesion, y solo es necesario esplicársele á los que no cuidan de su aprovechamiento.
Cada uno de los artÃculos dichos se ha de examinar poco á poco y sin fatigarse, considerando en qué estado se halla nuestro corazon acerca de ellos, y qué faltas notables hemos cometido desde que hicimos la resolucion.
Mas, para abreviar, se reducirá el examen á indagar nuestras pasiones: y si nos cansamos de ir considerando tan por menor, como se ha dicho, podemos examinar cuales hemos sido, y cual ha sido nuestra conducta.
Acerca del amor á Dios, al prójimo, á nosotros mismos:
Acerca del aborrecimiento al pecado considerado en nosotros, y considerado en nosotros, y considerado en los demas, pues debemos desear la estirpacion del uno y del otro:
Acerca de nuestros deseos de riquezas, de placeres y de honras:
Acerca del temor de los peligros de pecar, y de perder los bienes de este mundo, porque se teme demasiado lo segundo y demasiado poco lo primero:
Acerca de la esperanza, quizá demasiado puesta en el mundo y en las criaturas, y poco en Dios y en las cosas eternas:
Acerca de la tristeza, si es escesiva por motivos vanos:
Acerca de la alegrÃa, si es demasiada, y por cosas que no lo merecen.
Finalmente, qué afectos ocupan nuestro corazon, qué pasiones le dominan, y hácia qué parte se ha desviado mas.
Pues por las pasiones del alma se reconoce el propio estado, examinándolas una á una: y asà como el que ha de tocar la cÃtara va probando todas las cuerdas, y templa las destempladas, tirándolas ó aflojándolas, asÃ, despues de haber tanteado el amor, el aborrecimiento, el deseo, el temor, la esperanza, la tristeza y la alegrÃa de nuestra alma, si las encontramos destempladas para el tono que queremos tocar, que es la gloria de Dios, podemos acordarlas con su divina gracia y el consejo de nuestro padre espiritual.
Despues de haber considerado poco á poco cada uno de los puntos del examen, y visto el estado en que te hallas, has de pasar á los afectos de este modo.
Da gracias á Dios de la tal cual enmienda que hayas encontrado en tu vida desde tu resolucion, y reconoce que su misericordia sola ha sido quien la ha producido en tà y por tÃ.
HumÃllate profundamente delante de Dios, reconociendo que el no haber adelantado mas ha sido por tu culpa, porque no has correspondido con fidelidad, esfuerzo y constancia á las inspiraciones, luces y mociones que te ha dado en la oracion y fuera de ella.
Ofrece darle eternas alabanzas por los auxilios que te ha dado, para sacarte de tus malas inclinaciones á esta tal cual enmienda.
PÃdele perdon de la infidelidad y deslealtad con que has correspondido.
Ofrécele tu corazon para que se enseñorée de él enteramente.
PÃdele que te dé fidelidad verdadera.
Invoca á los Santos, á la SantÃsima VÃrgen, á tu Angel custodio, al Santo de tu nombre, á San Jose y á los demas de tu devocion.
Hecho ya el examen, y habiendo conferenciado á satisfaccion con un buen director acerca de los defectos y de sus remedios, usa de las consideraciones siguientes, tomando por materia de meditacion una cada dia, y empleando en ella el tiempo de la oracion; pero en la preparacion y afectos sigue el mismo método que en las meditaciones de la primera parte, poniéndote ante todas cosas en la presencia de Dios, é implorando su gracia para radicarte bien en su santo amor y servicio.
Considera la nobleza y escelencia de tu alma, que tiene un entendimiento capaz de conocer, no solo este mundo visible, sino tambien que hay ángeles, que hay gloria celestial, que hay un sumo Dios infinitamente bueno é inefable, que hay eternidad, y finalmente capaz de conocer lo que conviene para vivir bien en este mundo visible, y ser compañero de los ángeles en la gloria, gozando de Dios eternamente.
Tiene á mas de esto tu alma una voluntad nobilisima, que puede amar á Dios, y no puede aborrecerle en sà mismo. Mira cuan generoso es tu corazon, y que al modo que las abejas no se pueden parar en cosas corrompidas, sino solo en las flores olorosas, asà él solo en Dios puede tener reposo, pues ninguna criatura es capaz de llenarle. Trae vivamente á la memoria los mas agradables y mayores divertimientos, que ocuparon en otro tiempo tu corazon, y juzga con verdad, si no estaban llenos de inquietudes molestas, de acerbos pensamientos y de importunos recuerdos, que al pobre le llenaban de miseria.
Corre con solicitud hácia las criaturas nuestro corazon, pensando que podrá satisfacer en ellas sus deseos, pero al encontrarlas, se halla tan vacÃo como al principio, y conoce que nada es capaz de contentarle; porque Dios quiere que semejante á la paloma, que salió del arca de Noé, no encuentre donde descansar, y se vea obligado á volver á su Dios, de donde ha salido. ¡Qué bella propiedad es esta del corazon humano! pues ¿por qué le detenemos contra su propension, haciéndole servir á las criaturas?
Justo seria que esclamases, diciendo: ¿por qué, hermosa alma mia, por qué, pudiendo tú conocer y amar á Dios, te has de divertir en cosas de menos monta? ¿por qué, teniendo derecho á la eternidad, le has de entretener en unos breves momentos? Llenábase de pesar el hijo pródigo al ver, que pudiendo vivir entre delicias, y comer á la mesa de su padre, comia sórdidamente en la de unas bestias: capaz de Dios eres, alma mia, ¡ay de tÃ, si te contentas con menos que Dios! Esta consideracion servirá en gran manera para elevar tu alma, haciéndole ver que es eterna y digna de la eternidad, lo cual acrecentará mucho su esfuerzo.
Considera que solo las virtudes y la devocion pueden dar contento á tu alma en este mundo. mira cuan hermosas son comparadas con los vicios eternos: qué suavidad campea en la paciencia contrapuesta á la venganza, en la dulzura contrapuesta á la ira y enojo, en la humildad contrapuesta á la arrogancia y ambicion, en la liberalidad contrapuesta á la avaricia, en la caridad contrapuesta á la envidia, y en la sobriedad contrapuesta al desorden. Es admirable propiedad de las virtudes dejar recreada con indecible dulzura y suavidad el alma que las has practicado, cuando los vicios, por el contrario, la dejan cansada y maltratada sobremanera: pues ¿por qué no procuramos adquirir estas dulzuras?
El que solo tiene un poco de algun vicio, aun no está contento, y el que tiene mucho, está muy descontento; pero de las virtudes, con un poco que se tenga, ya se empieza á sentir contentamiento, y va siendo mayor, cuanto mas se va adelantando. ¡O vida devota, cuán hermosa, dulce, agradable y suave eres! tú endulzas las tribulaciones, das mayor suavidad á los consuelos, sin tà es mal el bien, y los placeres son inquietos, turbulentos y caducos. Quien te conozca podrá decir con la Samaritana: Domine, da mihi hanc aquam206: Dadme esta agua, Señor: aspiracion que usaban frecuentemente la madre Teresa de Jesus y santa Catalina de Génova, aunque por diversos motivos.
Considera el ejemplo de los santos de todas condiciones: ¿qué no hicieron para amar á Dios y ser devotos suyos? Mira á los mártires inmutables en su resolucion: ¿cuántos tormentos sufrieron por mantenerse en ella? pero sobre todo aquellas hermosas y florecientes matronas mas blancas que la azucena por la pureza, mas encarnadas que la rosa por la caridad, que unas de doce, otras de trece, de quince, de veinte, ó veinte y cinco años quisieron padecer mil martirios antes que volver atras de su resolucion, no solo de conservar la fe que habian profesado, sino tambien de no dejar la devocion que habian ofrecido: unas queriendo perder antes la vida que la virginidad, otras padeciendo la muerte por no dejar de servir á los necesitados, consolar á los afligidos y sepultar los muertos: ¡ó Dios que constancia ha mostrado el fragil sexo en semejantes acciones!
Mira tanto número de santos confesores, que con gran fortaleza despreciaron el mundo, manteniéndose inmobles en sus santos propósitos: nada pudo separarlos de ellos, los hicieron sin restriccion alguna, y sin escepcion los cumplieron: ó Dios, con qué firmeza, nos dice san Agustin, que sostuvo su madre santa Mónica la empresa de servir á Dios, asà en el matrimonio, como en la viudez: y con cuanta constancia nos pinta san Gerónimo á su carisma hija Paula entre tantas oposiciones y accidentes diversos! ¿y qué no podremos hacer nosotros con tan escelentes protectores? fueron ellos lo que nosotros somos, hicieron todo esto por el mismo Dios que nosotros tenemos, y por las mismas virtudes: pues ¿por qué no hemos de hacer nosotros otro tanto segun nuestro estado y vocacion para mantener las resoluciones y santos propósitos?
Considera el amor con que nuestro Señor Jesucristo sufrió en el mundo tantos tormentos, particularmente en el huerto y en el calvario: tú eras el objeto de este amor, y con sus penas y trabajos alcanzaba de Dios Padre los buenos propósitos y protestas de tu corazon, obteniendo tambien por el mismo camino todos los medios necesarios para mantener, alimentar, fortificar y consumar estas resoluciones: ¡ó resolucion, cuán preciosa eres, siendo hija de tal madre, cual es la pasion de mi Salvador! ¡ó cuánto debe estimarte mi alma, pues tanto te estimó mi Jesus! sÃ, Salvador de mi alma, vos disteis la vida por alcanzarme estas resoluciones; pues ea, concededme la gracia de antes morir que perderlas.
No se puede dudar, Filotea, que el corazon de nuestro amado Salvador desde el arbol de la cruz veÃa el tuyo, le amaba, y con su amor conseguia para él todos cuantos bienes posees y has de poseer, y entre ellos estas resoluciones; por lo cual todos podemos decir con JeremÃas: Señor, antes que yo tuviese ser ya me mirabas y me llamabas por mi nombre207: pues con efecto, su divina bondad preparó amorosa y misericordiosamente todos los medios generales y particulares de nuestra salvacion, y por consiguiente nuestras buenas resoluciones: y al modo que la muger, estando en cinta, prepara la cuna, las mantillas y las fajas, y aun busca ama para la criatura que espera dar á luz, aunque todavÃa no ha salido al mundo; asà nuestro Señor, teniéndote en el seno de su bondad, antes de darte á luz para tu salvacion eterna, y hacerte hija suya, preparó en el arbol de la cruz cuanto habias menester: la cuna espiritual, las mantillas, las fajas y el alma, con todo cuanto convenia para tu bienaventuranza, pues tales son los medios, llamamientos y gracias con que lleva tu alma, y quiere llevarla hasta la perfeccion.
¡O Dios mio, cuan profundamente debieramos esculpir esta verdad en la memoria! ¿Es posible que mi salvador me amase y con tanta ternura, que pensase particularmente en mÃ, y hasta en los menores acaecimientos de que se ha servido para atraerme hácia sÃ? ¿con cuánto amor y estima deberé aprovechar para mi bien todo esto? ¡qué dulce consideracion! el amabilÃsimo corazon de Dios pensaba en Filotea, la amaba y le disponia innumerables medios de salud, como si no tuviese en el mundo otra alma en que pensar. Pues como el sol ilumina cualquier lugar de la tierra con tanta luz como si no alumbrase en otra parte, asà nuestro Señor pensaba y cuidaba de todos sus amados hijos, poniendo los ojos en cada uno de nosotros, como si no pensase en los demas. Me amó, dice san Pablo, y se entrregó por mÃ208: como si dijese, por mà solo, del mismo modo que si nada hubiera hecho por los demas. Esto debes tener, Filotea, grabado en tu alma á fin de estimar y fomentar tu resolucion, que tan estimable ha sido para el corazon del Salvador.
Considera el eterno amor que Dios te ha tenido, pues antes que nuestro Señor Jesucristo, en cuanto hombre, padeciese por tà en la cruz, ya su Divina Magestad te delineaba en su soberana bondad, y te amaba con estremado amor. Pero ¿cuando empezó á amarte? cuando empezó á ser Dios: ¿y cuando empezó á ser Dios? jamas: pues eternamente ha sido, sin principio, sin fin y desde la eternidad te ha estado amando siempre, preparándote las gracias y favores que te ha hecho. En caridad perpetua te amé, dice por su profeta, hablando contigo y con cada uno de nosotros, por tanto te atraje, teniendo misericordia de tÃ209: luego, entre otras cosas, pensó en hacerte formar estas resoluciones de servirle.
¡O Dios, qué resoluciones, pensadas, meditadas y proyectadas por Dios desde su eternidad! ¡cuán dignas son de nuestro amor y aprecio! debieramos sufrir todos los males antes que fallar á ellas en un punto. No, no faltaré, aunque todo el mundo pereciese, porque todo el mundo no vale lo que una alma, y una alma nada vale sin estas buenas resoluciones.
¡O amadas resoluciones! vosotras sois el hermoso arbol de vida que plantó mi Dios con su propia mano en medio de mi corazon, y que mi Salvador ha querido regar con su sangre preciosa para que fructifique: antes padeceré mil muertes que dé lugar á que algun viento le arranque: no, ni la vanidad, ni los placeres, ni las riquezas, ni las tribulaciones serán jamás capaces de arrancarme mi designio.
¿Con que vos, Señor, plantasteis y guardasteis por toda una eternidad en vuestro paternal seno este arbol hermoso para mi jardin? ¡ó cuántas almas no han recibido semejantes favores! pues ¿cuándo podré yo humillarme bastante á vista de tal misericoria.
¡O resoluciones santas y perfectas! si yo os conservo, me conservareis vosotras: si vivÃs en mi alma mi alma vivirá en vosotras: vivid pues para siempre, ¡ó resoluciones! que habeis sido eternas en la misericordia de mi Dios, permaneced y vivid eternamente en mÃ, y no permita el Señor que yo jamas os abandone.
Despues de estos afectos has de señalar en particular los medios necesarios para guardar tan apreciables resoluciones, y has de proponer servirte fielmente de ellos: tales son la frecuencia de la oracion, de los santos sacramentos y de las buenas obras, la enmienda de las faltas que has echado de ver en el segundo punto, la fuga de las ocasiones malas, y la observancia de los consejos que te dieren á este fin.
Hecho esto, como quien toma aliento y fuerzas, protestarás repetidas veces que quieres continuar en tus resoluciones, y como si tuvieses en las manos tu corazon, alma y albeldrÃo, dedÃcale, conságrale, sacrifÃcale, inmólale á Dios, protestando no volver jamas á recobrarle, sino dejarle siempre en manos de su Divina Magestad para que en todo y por todo siga sus preceptos: pide á Dios que te renueve enteramente, que bendiga esta renovacion de propósitos, y que la fortifique: invoca á la Virgen SantÃsima, á tu angel custodio, á san Luis y demas santos.
Vé á los pies de tu padre espiritual antes que se pase la mocion que han causado en tu corazon estos afectos: acúsate de las principales faltas que has hallado en tu conciencia, cometidas desde la confesion general, y recibe la absolucion del mismo modo que la vez primera: haz en su presencia la protestacion, y fÃrmala: y finalmente ve á unir tu corazon renovado con su Criador y Salvador en el santÃsimo sacramento de la EucaristÃa.
El dia de esta renovacion y los siguientes has de repetir frecuentemente con el corazon y con la boca aquellas fervorosas palabras de san Pablo, san Agustin, santa Catalina de Génova y otros: ya no soy mia, ó ya viva ó ya muerta, soy de mi Salvador: ya nada tengo mio ni de mi caudal, Jesus es mi yo, mi mio es ser suya. ¡O mundo! tú siempre eres el mismo, y yo siempre he sido la misma; pero yo en adelante no seré yo misma. No, no seremos nosotros mismos, porque tendremos mudado el corazon, y quedará burlado en nosotros el mundo, que tanto nos ha burlado, pues como al principio no conocerá nuestra mudanza, pensará que todavÃa somos Esaú, y seremos ya Jacob.
Es necesario que todos estos ejercicios se arraiguen en el corazon, y que al salir de la consideracion y meditacion, entremos con gran tiento en los negocios y trato, para que no se derrame de contado el precioso licor de nuestras resoluciones, el cual conviene que empape y penetre bien todas las potencias de nuestra alma, pero esto ha de ser sin fatiga del espÃritu ni del cuerpo.
Te dirá el mundo, Filotea, que son tantos estos ejercicios y advertencias, que quien quiera observarlas no podrá hacer otra cosa. ¿Y qué? aunque no hiciésemos mas que esto, hariamos bastante, pues hariamos cuanto debemos hacer en el mundo; mas ¿por ventura no echas de ver el artificio? Si todos estos ejercicios se hubiesen de practicar todos los dias, es cierto que nos ocuparian siempre; pero se han de practicar á su tiempo y en su lugar, cada uno segun convenga. ¿Cuantas leyes hay en el digesto y en el código que se deben guardar? pero esto se entiende segun las ocurrencias, y no que se hayan de practicar todos los dias. Hartos mas ejercicios que los que te he señalado practicaba el rey David, teniendo que despachar negocios muy intrincados: san Luis, rey famoso en la guerra y en la paz, y que administraba justicia, y despachaba los negocios con incomparable exactitud, oia dos misas cada dia, rezaba vÃsperas y completas con su capellan, tenia meditacion, visitaba los hospitales, se confesaba, y tomaba disciplina todos los viernes, oÃa sermones con frecuencia, tenia muy á menudo conferencias espirituales, y con todo eso no perdia ocasion alguna de hacer bien al público, sino que las aprovechaba todas con su suma diligencia, y su corte era mas bella y lucida que en tiempo de todos sus antecesores. Practica pues con buen ánimo estos ejercicios segun te los he enseñado, que Dios te dará bastante lugar y fuerzas para todo el resto de tus quehaceres, aunque para ello fuese necesario detener el curso del sol, como lo hizo en tiempo de Josué: es mucho lo que hacemos cuando Dios trabaja con nosotros.
Dirá el mundo que yo supongo en toda la obra que tiene mi Filotea don de oracion mental, el cual no es dado á todos, y que por tanto no servirá para todos esta introduccion. Verdad es sin duda que asà lo he supuesto, y tambien es verdad que no todos tienen don de oracion mental, pero es verdad igualmente que casi todos pueden tenerle, aun los mas rudos, con tal que tengan buenos directores, y que ellos para adquirirle quieran trabajar tanto como merece el asunto. Pero en caso de que carezcan del todo de este don, lo cual no creo que pueda suceder sino rarÃsimas veces, podrá el prudente padre espiritual suplir fácilmente este defecto, enseñándoles á que lean ú oigan leer con atencion las consideraciones que se han puesto para materia de meditacion.
Repite el primer dia de cada mes la protestacion que está en la primera parte despues de la meditacion, y propon continuamente observarla, diciendo con David: No olvidaré jamas vuestras justificaciones, Dios mio, porque en ellas me habeis vivificado210. Echa mano tambien de la protestacion siempre que notes en tu alma algun desvÃo, y postrada en espÃritu de humildad, dila de todo corazon: con lo cual tendrás mucho alivio.
Haz públicamente gala de que quieres ser devota (no digo de que lo eres, sino de que quieres serlo) y no te avergüences de aquellas acciones comunes que sirven para adquirir el amor de Dios: confiesa sin reparo que procuras tener meditacion, que antes que quisieras morir que cometer un pecado mortal, que estás resuleta á frecuentar sacramentos y seguir los consejos de tu director (si bien de ordinario no conviene nombrarle por muchas razones) pues como Dios no quiere que nos avergoncemos de su Divina Magestad ni de su cruz, se complace en esta franca confesion de que queremos servirle, y de que nos hemos consagrado á su amor con especial afecto: á lo cual se añade, que esta profesion pública cierra el paso á muchas llamadas que el mundo pretende hacer hácia la parte contraria, y nos obliga á proseguir por nuestro propio crédito: los filósofos publicaban que lo eran, para que los dejasen vivir filosóficamente, y nosotros debemos dar á conocer que deseamos ser devotos, para que nos dejen vivir devotamente. Mas si alguno te dice que se puede vivir devotamente sin practicar estos avisos y ejercicios, no se lo niegues, pero respóndele con afabilidad que tu mucha flaqueza necesita mas auxilios y socorros que los demas.
Finalmente, amada Filotea, te pido por todo lo mas sagrado del cielo y de la tierra, por el santo bautismo que recibiste, por los pechos que alimentaron á Jesucristo niño, por el caritativo corazon con que este señor te amó, y por las entrañas de misericordia en que tienes tu esperanza, que continues y perseveres en esta bienaventurada empresa de la vida devota. Mira que la vida se pasa, la muerta está á la puerta, y la trompeta, dice san Gregorio Nacianceno, ya toca la retirada, avisa á todos para que se preparen, porque está cercano el juicio. Viendo la madre de san Sinforiano que le llevaban al martirio, iba gritando detras de él: Hijo mio, hijo mio, acuérdate de la vida eterna, mira al cielo, y considera quien reina en él, y que tu cercana muerte va ya á dar fin al breve curso de esta vida: lo mismo te digo, Filotea, mira al cielo, y no le dejes por la tierra: mira al infierno, y no te precipites en él, por gozar de unos breves instantes: mira á Jesucristo, y no le niegues por el mundo: y cuando te parezca muy penosa la vida devota, canta con san Francisco:
Al sumo bien que espero comparados
De recreo me sirven los cuidados.
VIVA JESUS, á quien con el Padre y el EspÃritu Santo sea honra y gloria, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amen.
Toma el rosario por la cruz, que besarás despues de haberte santiguado con ella, y ponte en la presencia de Dios, diciendo el Credo todo entero.
Al pasar la primera cuenta gruesa has de invocar á Dios, y pedirle que reciba aquel obsequio que quieres hacerle, y que te asista con su gracia para rezarle bien.
Cuando pases aquellas tres primeras cuentas pequeñas pedirás á la SantÃsima Virgen su intercesion, saludándola en la primera cuenta por Hija predilecta de Dios Padre, en la segunda por Madre de Dios Hijo, y en la tercera por Esposa de Dios EspÃritu Santo.
Medita un misterio del rosario en cada diez segun la comodidad que tengas para ello, y renueva particularmente la memoria de aquel misterio al pronunciar los santÃsimos nombres de Jesus y MarÃa, los cuales has de tomar en tu boca con gran reverencia de alma y cuerpo. Si te sientes movido de algun otro afecto (como, por ejemplo, dolor de los pecados pasados ó propósito de la enmienda) bien puedes meditar en esto lo mejor que te sea posible todo el tiempo del rosario; pero aviva particularmente la memoria, ya sea de aquel, ó ya de algun otro afecto que Dios te inspire al decir los dos santÃsimos nombres de Jesus y MarÃa. Al llegar á la cuenta gruesa, que está al fin del último diez, has de dar á Dios gracias por la merced que te ha hecho en permitirte que le reces, y pasando á las tres pequeñas que siguen, saluda á la sagrada Virgen MarÃa, suplicándole en la primera que ofrezca al eterno Padre tu entendimiento, para que puedas considerar por siempre jamas sus misericordias, en la segunda que ofrezca al divino Hijo tu memoria, para que la de su pasion y muerte esté eternamente en tu pensamiento, y en la tercera que ofrezca tu voluntad al EspÃritu Santo, para que logres estar siempre y por siempre abrasado en su divino amor. en la otra cuenta gruesa, que está al cabo, has de suplicar á la Divina Magestad que todo lo que reciba para gloria suya y bien de su Iglesia, en cuyo seno le pedirás que te conserve, y que reduzca pa todos los que viven descarriados de él: pide por todos los tuyos, y concluye como empezaste con la protestacion de la fe, diciendo el Credo, y santiguándote.
Has de llevar el rosario pendiente de la cintura, ó en otro parage visible, como señal santa con que quieres dar á conocer que deseas ser siervo de Dios nuestro Salvador y de su sacratÃsima Esposa Virgen y Madre, y vivir come hijo verdadero de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana.
Amen.
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