San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota
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Tercera Parte
Que contiene muchos avisos acerca del ejercicio de las virtudes.

Capitulo Primero
De la eleccion que se debe hacer en cuanto al ejercicio de las virtudes.

Al modo que el rey de las abejas nunca sale al campo, sino rodeado de su pequeño pueblo, así la caridad jamas entra en el alma sin ir acompañada de las demas virtudes, las cuales ejercita y emplea como un capital á sus soldados, pero no al instante, ni igualmente, ni en todas las ocasiones, ni en todos los lugares. Por eso es el justo como un arbol plantado junto á la corriente de las aguas, que da fruto á su tiempo, porque la caridad que riega el alma produce en ella las obras virtuosas, cada una en su estacion. Así como la música en sí misma tan agradable, es importuna en un duelo, segun dice el proverbio49, así tambien es gran defecto en muchos que emprenden el ejercicio de alguna virtud particular empeñarse en practicarla en todas las ocasiones, queriendo como aquellos antiguos filósofos, ó siempre llorar, ó reir siempre; y aun es peor todavía cuando vituperan y censuran á los que no ejercitan siempre con ellos las mismas virtudes. Preciso es alegrarse con los que están alegres, y llorar con los que lloran50, dice el Apostol, la caridad es paciente, benigna, liberal, prudente y condescendiente51.

Con todo hay algunas virtudes, cuya práctica es casi universal, y que no solo se han de ejercitar en sus propios actos, sino que tambien han de revestir de sus propiedades los actos de todas las demas virtudes. No suelen ofrecerse con frecuencia ocasiones de practicar la fortaleza, la magnanimidad y la magnificencia, pero la dulzura, la templanza, la urbanidad y la humildad son tales que todas nuestras acciones deben tener como una tintura de ellas: mas escelentes son sin duda otras virtudes, pero es mas necesario el uso de estas, así como el de la sal es mas general y continuo que el de la azucar, con todo ser el azucar mas escelente que la sal. Por tanto de estas virtudes generales es necesario tener gran provision y muy á mano, pues se han de estar usando casi de continuo.

En el ejercicio de las virtudes debemos preferir el que sea mas conforme á nuestra obligacion, y no el que es mas acomodado á nuestro gusto. Santa Paula era inclinada á la aspereza de las mortificaciones corporales, por gozar con mas facilidad las espirituales dulzuras, pero tenia mas obligacion de ejercitar la obediencia á los superiores; y así San Gerónimo confiesa que era reprensible por sus inmoderadas abstinencias hechas contra el dictamen de su Obispo. Por el contrario los Apóstoles: como estaban destinados á predicar el Evangelio, y distribuir el pan celestial á las almas, juzgaron muy bien que no convenia interrumpir este santo ejercicio por cuidar de los pobres, aunque esta virtud es tan escelente en si misma. En cada estado se necesita ejercitar alguna especial virtud, unas virtudes son propias del prelado, otras del príncipe, otras del soldado, otras de la muger casada, y otras de la viuda; y aunque todos deben de tener todas las virtudes, no deben todos practicarlas igualmente, sino dedicarse cada uno con particular esmero á las que sean propias de su estado y vocacion.

Entre las virtudes que no pertenecen á nuestras particulares obligaciones se han de preferir siempre las mas escelentes y no las mas visibles. Ordinariamente los cometas parecen mayores que las estrellas, y abultan mas á nuestra vista, sin embargo no son comparables con las estrellas, no en grandeza ni en calidad; y si parecen mas grandes, es porque están mas cerca de nosotros, y en un fluido mucho mas grosero que el que circunda las estrellas: del mismo modo hay ciertas virtudes, las cuales, por estar mas cerca de nosotros, y ser mas sensibles y materiales, si se puede hablar así, son muy estimadas, y preferidas siempre á las demas por el comun de las gentes, que de ordinario prefieren la limosna temporal á la espiritual, el cilicio, el ayuno, la desnudez, la disciplina y las mortificaciones corporales á la dulzura, bondad, modestia y otras mortificaciones del corazon, con todo son estas mucho mas escelentes. Elige pues, Filotea, las mejores virtudes, y no mas las estimadas, las mas escelentes, y no las mas visibles, las mejores, y no las mas resplandecientes.

Es muy util escoger cada uno el ejercicio particular de alguna virtud, no para descuidarse de las demas, sino para tener ocupado el espíritu con mas arreglo y orden. Apareciósele á san Juan, Obispo de Alejandria, una hermosísima doncella mas resplandeciente que el sol adornada y ataviada como reina, y coronada de oliva, y le dijo: yo soy la hija primogénita del rey, si puedes ganar mi amistad, yo te llevaré á su presencia: conoció el Santo que aquella era la misericordia para con los pobres, y que Dios le encomendaba esta virtud, con lo cual empezó á ejercitarla desde entonces con tal fervor, que mereció, ser conocido en todas partes con el renombre de san Juan el limosnero. Eulogio Alejandrino deseando hacer á Dios algun particular servicio, y no hallándose con fuerzas para abrazar la vida solitaria, ni para sujetarse á la obediencia de otro, recogió en su casa un pobre cubierto de lepra desde los pies á la cabeza para ejercer con él la caridad y mortificacion; y queriendo tener en esto mayor mérito, hizo voto de honrarle, tratarle y servirle como si el pobre fuese su señor y él criado suyo: habiendo tenido despues, tanto el leproso como Eulogio, tentaciones de separarse, lo consultaron con el insigne Abad san Antonio, quien les dijo: guardaos bien, hijos mios, de separaros uno de otro, porque ambos estais cerca de vuestro fin, y si el Angel no os encuentra juntos, es muy temible que perdais vuestras coronas.

El rey San Luis visitaba como por obligacion los hospitales, y servia con sus propias manos á los enfermos: San Francisco amaba sumamente la pobreza hasta llegar á llamarla su señora: Santo Domingo la predicacion, que dió nombre á su orden: San Gregorio magno tenia especial gusto en regalar á los peregrinos á ejemplo del patriarca Abrahan, y recibió como él al rey de la gloria en figura de peregrino: Tobías ejercitaba la caridad enterrando los muertos: santa Isabel, siendo tan gran princesa, amaba sobremanera el desprecio de sí misma: Santa Catalina de Génova despues de viuda se dedicó a servir en el hospital: de una devota doncella refiere Casiano, que consultó con san Atanasio sus deseos de ejercitar la virtud de la paciencia, y el Santo, condescendiendo con sus ruegos, le dio por compañera de casa una viuda importuna, colérica, fastidiosa é insufrible, la cual regañando continuamente con la piadosa doncella, le dió hartas ocasiones de ejercitar con esmero la dulzura y condescendencia. Así pues entre los siervos de Dios unos se dedican á servir á los enfermos, otros á socorrer á los pobres, otros á enseñar la doctrina cristiana á los niños, otros á reducir almas perdidas y descarriadas, otros á adornar las iglesias y los altares, otros á procurar la paz y concordia entre los hombres, imitando á los bordadores, que sobre diferentes fondos colocan con hermosa variedad las sedas, el oro y la plata para bordar toda especie de flores, pues del mismo modo estas almas piadosas que emprenden algun ejercicio particular de devocion, le ponen como fondo de su bordadura espiritual, y colocan sobre él la variedad de todas las demas virtudes, teniendo de este modo sus acciones y afectos mas unidos y ordenados, por medio de la relacion que tienen todos ellos con el ejercicio principal, y así hacen comparecer á su alma

Con ropa de oro que de mil colores
La aguja esmalta recamando flores.

Cuando nos hallamos tentados de algun vicio es necesario hacer todo lo posible para practicar la virtud contraria, dirigiendo á ella las demas, pues de esta manera venceremos á nuestro enemigo, sin dejar por eso de adelantar en todas las demas virtudes. Si soy tentado de la soberbia ó de la ira es menester que en todas las ocasiones procure armarme de humildad y dulzura, y dirigir á este fin los demas ejercicios de oracion, sacramentos, prudencia, constancia y sobriedad; porque así como los jabalíes para aguzar sus colmillos los estregan y afilan contra los otros dientes, los cuales tambien recíprocamente quedan afilados y cortantes, así el hombre virtuoso cuando toma con empeño perfeccionarse en aquella virtud que mas necesita para su defensa, debe limitarla y afilarla con el ejercicio de las demas virtudes las cuales, perfeccionándola, adquieren tambien mas escelencia y perfeccion. Así le sucedió á Job, que con el ejercicio particular de la paciencia en las muchas tentaciones de que se vió combatido, salió perfectamente sano y virtuoso en toda especie de virtudes; verificándose lo que decia san Gregorio Nacianceno52, que algunos con solo un acto de una virtud, ejercitado con toda perfeccion, han llegado á la suma de toda las virtudes, de lo cual pone por ejemplo á Rahab, que practicando exactamente la virtud de la hospitalidad, llegó á una suma gloria; pero esto se entiende cuando aquella accion se practica heróicamente, con gran fervor y caridad.

Capitulo II
Continuacion del mismo asunto de la eleccion de las virtudes

Dice muy bien san Agustin, que los principiantes en la devocion cometen ciertas faltas, que miradas con el rigor de las leyes de la perfeccion, serian reprensibles, y con todo son laudables en ellos, siendo feliz anuncio de la futura escelencia de piedad, para la cual dispone al alma53. El temor bajo y grosero, que es causa de escrúpulos escesivos en las almas que acaban de salir de una vida estragada, es virtud recomendable en los principios, y para en adelante presagio cierto de la pureza de conciencia; pero este mismo temor seria reprensible en los muy adelantados, en cuyo corazon debe reinar el amor, que es quien poco á poco va desterrando esta especie de temor servil.

San Bernardo á los principios era muy áspero y riguroso con los que se sujetaban á su direccion, intimándoles desde luego, que para vivir en su compañía habian de venir desnudos del cuerpo, y solamente con el espíritu: cuando oia sus confesiones, detestaba con estraordinaria severidad todas sus faltas, por pequeñas que fuesen, y estimulaba á estos pobres principales con tal vehemencia á que fuesen perfectos, que á su fuerza de estimularlos á la perfeccion, los apartaba de ella, porque perdian el ánimo y el aliento, viendo que los estrechaban tanto para subir por una cuesta tan empinada y alta. Mira, Filotea, aunque procedia así este gran santo, en fuerza de su ardentísimo celo de la perfecta pureza, el cual sin duda era gran virtud, con toda esta misma virtud fué reprensible: por eso Dios mismo le corrigió con una sagrada aparicion, derramando en su alma un espíritu dulce, suave, amoroso y tierno, con el cual quedó transformado en otro, de forma, que él mismo se acusaba de haber sido tan riguroso y severo, y fué en adelante tan suave y condescendiente con cada uno en particular, que se hacia todo para todos á fin de ganarlos á todos. San Gerónimo, despues de contar que su amada hija santa Paula practicaba las mortificaciones corporales, no solo con esceso, sino tambien con pertinencia, llegando al estremo de no ceder á las saludables amonestaciones que le habia hecho sobre esto su Obispo san Epifanio, y despues de haber dicho que tambien se dejaba llevar en tanto grado del sentimiento de la muerte de los suyos, que en cada una de estas ocasiones se ponia á peligro de perder la vida, concluye de esta suerte: pudiera parecer que en lugar de escribir las alabanzas de esta santa, escribo baldones y vituperios; pero pongo por testigo á Jesus, á quien ella sirvió, á quien yo deseo servir, que no falto á la verdad, ni por una parte ni por otra, sino que refiero sencillamente sus acciones, como debe hablar un cristiano de una cristiana; quiero decir, que escribo la historia, y no el panegírico, pero que sus defectos son las virtudes de otros54. En esto quiere dar á entender, que los descuidos y defectos de santa Paula se hubieran mirado como virtudes en otra menos perfecta. Acciones hay sin duda que se miran como imperfecciones en los perfectos, y en los imperfectos se tendrian por grandes perfecciones: al modo que en un enfermo es buena señal hinchársele las piernas en la convalecencia, y esto mismo seria malo en quien no hubiese estado enfermo, pues en el primero indica que la naturaleza, recobrando sus fuerzas, sacude los humores superfluos, pero en el segundo seria señal de no tener bastante vigor para disiparlos y resolverlos. Hagamos pues, Filotea, buen concepto de los que vemos que practican las virtudes, aunque sea con imperfeccion, pues los mismos santos las practicaron muchas veces de este modo; pero pongamos cuidado con ejercitarlas nosotros, no solo con fidelidad, sino tambien con prudencia, y para esto observemos á la letra el consejo del Sabio55, de no confiar en nuestra propia prudencia, sino en la de aquellos que Dios nos ha dado por conductores.

Hay tambien ciertas cosas que muchos tienen por virtudes sin serlo, de las cuales es necesario decir siquiera una palabra; de esta clase son los éxtasis ó raptos, las insensibilidades, impasibilidades, uniones deíficas, revelaciones, transformaciones y otras perfecciones semejantes de que tratan ciertos libros, que ofrecen elevar el alma á la contemplacion puramente intelectual, á la aplicacion esencial del espíritu, y á la vida supereminente. Estas perfecciones, Filotea, no son virtudes, sino recompensas que Dios da por las virtudes, ó por mejor decir, son unas muestras de las felicidades de la vida futura, que tal vez descubre Dios á los hombres para hacerles desear el complemento perfecto que se ha de disfrutar en el cielo. Todo esto prueba que no debemos pretender semejantes gracias, pues no son necesarias para amar y servir á Dios perfectamente, que es en lo que debemos poner nuestro único deseo: y de ordinario no se pueden conseguir estas gracias con el trabajo y la industria, porque mas son pasiones que acciones, y así las podemos recibir, pero no producirlas nosotros. Añádase á esto, que nuestro designio ha sido únicamente ser buenos, devotos, hombres piadosos, mugeres piadosas, con que en esto tenemos bastante en que emplearnos, y si pluguiese á Dios elevarnos á las perfecciones angélicas, tambien seremos buenos ángeles, pero entre tanto ejercitémonos con sencillez, humildad y devocion en las virtudes menos elevadas, que nuestro Señor nos manda adquirir á fuerza de esmero y trabajo, como son la paciencia, la mansedumbre, la mortificacion de corazon, la humildad, la obediencia, la pobreza, la castidad. La afabilidad con el prójimo, el sufrimiento de sus flaquezas, la diligencia y el fervor santo. Dejemos las grandes alturas para las almas muy elevadas, que nosotros no merecemos tan alto puesto en el servicio de Dios. Sobradamente felices seremos en servirle en la cocina, en la panadería, en ser sus lacayos, mandaderos ó mozos de retrete, y nos sacará si le place, de estos empleos, para que le sirvamos en su gabinete y consejo privado. Sí, Filotea, sí, porque Dios no recompensa á sus siervos á proporcion de la dignidad de los oficios que ejercen, sino á proporcion el amor y humildad con que los ejercen. Saul buscando los jumentillos de su padre, encontró el reino de Israel: Rebeca dando de beber á los camellos de Abrahan, consiguió ser esposa de su hijo, Ruth espigando detras de los segadores de Booz y acostándose á sus pies, fué colocada á su lado y recibida por esposa suya. No cabe duda en que pretender tan altas, elevadas y estraordinarias mercedes, es muy expuesto á ilusiones, engaños y falsedades: y algunas veces sucede que los que piensan ser ángeles, no son ni aun hombres buenos, y en la realidad su elevacion mas es de palabras y espresiones, que de afectos y obras. Con todo á nadie hemos de despreciar ni censurar temerariamente, sino bendecir á Dios por la grande altura á que eleva á nuestros hermanos, y mantenernos nosotros con humildad en el camino que llevamos mas bajo, pero mas seguro; menos escelente, pero mas proporcionado á nuestra insuficiencia y pequeñez; que si nosotros caminamos por él con humildad y felicidad, Dios nos elevará á grandezas muy encumbradas.

Capitulo IIII
De la paciencia

La paciencia os es necesaria para que, haciendo la voluntad de Dios, alcanceis la promesa, dice el apostol56: sí por cierto, pues como ya habia dicho el Salvador: Con vuestra paciencia poseereis vuestras almas57. La mayor felicidad del hombre, Filotea, es poseer su alma, y á medida que es mas perfecta la paciencia, poseemos nuestras almas mas perfectamente. Acuérdate con frecuencia de que nuestro Señor nos salvó sufriendo y padeciendo, y que tambien nosotros hemos de conseguir nuestra salvacion con los sufrimientos y trabajos, tolerando las injurias, contradicciones y disgustos con la mayor mansedumbre que podamos.

No has de limitar la paciencia á sufrir tales ó tales injurias y aflicciones, las has de estender universalmente á todas las que Dios te envie ó permita que te sucedan; porque algunos hay que solo quieren sufrir aquellas tribulaciones que son honrosas, como por ejemplo, ser heridos en campaña, ser prisioneros de guerra, sufrir malos tratamientos por la fe, empobrecer en seguimiento de algun pleito, con tal que le ganen: estos tales no aman la tribulacion, sino la honra que de ella resulta; pero el verdadero siervo de Dios sufre del mismo modo de las tribulaciones ignominiosas que las honrosas. Placer tiene el varon fuerte en ser despreciado, reprendido y acusado de los malos; pero el mérito está en sufrir las represiones, acusaciones y malos tratamientos de los buenos, de los amigos y de los parientes. Para mí es mas apreciable la mansedumbre con que el bienaventurado cardenal Borromeo sufrió largo tiempo las públicas declamaciones que hacia contra él en el púlpito un gran predicador de cierta religion muy estrecha, que todas cuantas persecuciones sufrió de los demas. Poque así como las picaduras de las abejas escuecen mucho mas que las de las moscas, así el mal que se recibe de los buenos, y las contradicciones que ellos mueven son mucho mas insoportables que las otras: y sucede sin embargo muchas veces que dos sugetos buenos, teniendo entreambos buena intencion, solo porque piensan de diverso modo, se levantan mutuamente grandes persecuciones y contradicciones.

Sé sufrida, no solo en cuanto á la esencia, digámoslo así de las aflicciones que te sucedieren, sino tambien en lo accesorio y accidental que de ellas se siga. Muchos desde luego se convinieran á sufrir el mal con tal que no les incomodase: yo no siento haber quedado pobre, dice uno, sino que por esto no podré servir á mis amigos, criar mis hijos, y vivir con la decencia que quisiera: otro dirá, á mi no se me diera cuidado, si no fuera porque el mundo pensara que ha sido por culpa mia: otro oiria con tal tranquilidad que murmurasen de él, y lo sufriria con mucha paciencia con tal que ninguno diese crédito á la murmuración.

Otros piensan que alguna parte de la incomodidad les seria sufrible, pero no la quisieran sufrir toda: dicen que no se impacientan porque están malos, sino porque no tienen dinero para curarse, ó porque los asistentes son importunos. Digo pues, Filotea, que es necesario sufrir con paciencia, no solo el estar malos, sino el estarlo de la enfermedad que Dios quiere, en el lugar que quiere, entre las personas que quiere, y con las incomodidades que quiere: y lo mismo digo de las demas tribulaciones. Cuando te sobrevenga algun mal, procura remediarle por los medios que sean posibles y conformes á la voluntad de Dios, pues hacer otra cosa, seria tentar á su Divina Magestad; pero hecho esto, espera con entera resignacion el suceso que Dios disponga, si quiere que los remedios venzan el mal, dale gracias con humildad, y si dispone que el mal pueda mas que los remedios, bendíceles con paciencia.

Yo sigo el dictamen de San Gregorio58: si te acusan justamente por alguna falta que has cometido, humíllate profundamente, y confiesa que mereces aun mas de lo que te acusan, y si la acusacion es falsa, escúsate con mansedumbre, negando la culpa, por respeto á la verdad y edificación del prójimo; pero si despues de escusarte con verdad y justicia, prosiguen aun acusándote, no te turbes, ni te empeñes en hacer creer tu disculpa, pues ya que has cumplido con la verdad, debes cumplir tambien con la humildad, y de este modo ni faltarás al cuidado que debes tener de buena fama, ni al debido amor de la paz, humildad y dulzura de corazon.

Quéjate lo menos que puedas de los agravios que recibas, pues de ordinario peca el que se querella, porque el amor propio siempre nos pinta las injurias mayores de lo que son, y sobre todo jamas digas tus resentimientos á personas propensas á indignarse y á pensar mal; pero si acaso conviene dar á alguno la queja, ó ya sea para remediar la ofensa, ó ya para aquietar tu espíritu, ha de ser á personas pacíficas y que amen mucho á Dios, porque de otra manera, lejos de aliviar tu espíritu, le llenarian de mayores inquietudes, y en lugar de sacar la espina que te picaba, te la hincarian mas en el pie.

Muchos hay que cuando están malos, afligidos ú ofendidos de alguno no quieren quejarse, ni mostrar sentimiento, porque piensan, y con razon, que esto denota poca fortaleza y generosidad; pero desean vivamente y procuran por varios rodeos que los demas se compadezcan, les tengan mucha lástima, y los miren no solo como afligidos, sino tambien como pacientes y animosos: esto es sin duda una especie de paciencia, pero falsa, y para decirlo con toda propiedad, es delicadísima y finísima ambicion y vanidad: estos tienen gloria, dice el apostol59, pero no delante de Dios. El verdadero paciente, ni se queja del mal, ni desea que le tengan lástima, y habla de su enfermedad con franqueza, verdad y sencillez, sin lamentos, quejas ni ponderaciones: si otros se lamentan compadecidos de él, lleva con paciencia sus quejas, con tal que no supongan algun mal que en la realidad no padece, pues entonces declararon modestia que no le tiene, y queda de este modo tranquilo entre la verdad y la paciencia, confesando su mal, pero sin quejarse de él.

Cuando por ser devota padezcas contradicciones (que no te faltarán ciertamente), acuérdate de las palabras de nuestro Señor: La muger mientras está de parto se aflige, pero despues de haber parido un niño ya no se acuerda de sus dolores, por el gozo de haber nacido un hombre al mundo60. Has concebido en tu alma el mas digno infante, que es Jesucristo, y en tanto, que llega á nacer y salir á luz es preciso que padezcas trabajos, pero ten buen ánimo, porque pasados estos dolores, te quedará la eterna alegría de haber dado á la luz del mundo un hombre como este: y se podrá decir que del todo le has dado á luz, cuando por medio de ka imitacion de sus ejemplos le hayas formado enteramente en tu corazon y en tus obras.

Cuando estuvieres enferma ofrece á nuestro Señor todos los dolores, penas y fatigas, y suplícale que las una á los tormentos que padeció por ti: obedece al médico, toma las medicinas, alimento y demas remedios por el amor de Dios, acordándote de la hiel que tomó por amor nuestro: desea curarte para servirle, pero no rehuses el estar enferma para obedecerle, y disponte á morir, si fuere su voluntad, para alabarle y gozarle. Acuérdate de que las abejas cuando fabrican la miel comen un alimento sumamente amargo, y que así jamas podemos nosotros hacer actos de mayor dulzura y paciencia, ni componer mejor la miel de las virtudes perfectas que cuando comemos el pan de amargura, y vivimos entre congojas, y como la miel que se hace de las flores del tomillo, yerba pequeña y amarga es la mejor de todas, así la virtud que se ejercita en la amargura de las mas viles, bajas y despreciables tribulaciones es la mas escelente de todas.

Pon frecuentemente los ojos del espíritu en Jesucristo crucificado, desnudo, blasfemado, calumniado, abandonado, finalmente oprimido de tedio, de tristeza y de trabajos, y considera que todo lo que padeces no tiene comparacion alguna, ni en cantidad ni en calidad con lo que padeció el Señor, y que jamas podrás tú padecer por él cosa alguna comparable á lo que ha padecido por tí.

Considera las penas que sufrieron en otro tiempo los Mártires, y las que muchas personas sufren al presente, las cuales son incomparablemente mas graves que las tuyas, y esclama ¡ay de mí! consuelos son mis trabajos, y rosas mis penas, á vista de los que sin socorro, asistencia ni alivio viven en una continua muerte aquejados de aflicciones muchísimo mas graves.

Capitulo IV
De la humildad en cuanto al esterior

Pide prestado muchos vasos vacíos, dijo Eliseo á la pobre viuda, y vé echando aceite en todos ellos: á este modo es necesario que nuestros corazones estén vacíos de la propia gloria, para que la gracia del Señor los llene. Pues así como el cernícalo por una propiedad y virtud oculta, espanta las aves de rapiña con el graznido y con la vista, por lo cual las palomas le quieren mas que á las otras aves, y se tienen por seguras cuando está entre ellas, así la humildad ahuyenta al demonio, y conserva todas las gracias y dones del Espíritu Santo. Por esta razon todos los Santos, y mas particularmente el rey de los Santos, y su madre santísima prefirieron siempre esta preciosa virtud á todas las morales.

Llámame gloria vana la que se funda ó ya en lo que no está en nosotros, ó ya en lo que aunque esté en nosotros no depende de nosotros, ó ya finalmente en lo que aun estando y dependiendo de nosotros no merece que de ello no gloriemos. La nobleza del linaje, el favor de los grandes, y el aura popular no son cosas que están en nosotros, sino en nuestros predecesores, ó en la estimacion de los demas. Algunos tienen gran vanidad de ir montados en un buen caballo, de llevar una pluma en el sombrero, de estar ricamente vestidos, mas ¿quién no conoce que esto es locura? porque si hay alguna gloria en ello es del caballo, del ave y del sastre, ¿y puede haber mayor flaqueza que mendiga estimacion de un caballo, de una pluma y de un vestido? Otros se engrien y se van mirando porque llevan los bigotes levantados, la barba bien peinada, los cabellos encrespados, porque tienen suaves las manos, porque saben bailar, jugar ó cantar; ¿y no será tambien flaqueza querer con unas cosas tan frívolas y ligeras aumentar su valor y acrecentar su reputacion? Otros por un poco de ciencia quieren ser honrados y respetados del mundo, como si todos hubiesen de ir á su escuela y tenerlos por maestros, por lo cual se les da el nombre de pedantes. Otros se pavonean mirando su hermosura, y creen que todo el mundo pone en ellos sus ojos: todo esto es sumamente vano, necio y descabellado; y la gloria que estriba en tan débiles fundamentos se llama vana, necia y frívola.

Conócese el verdadero bien como el bálsamo legítimo, porque así como este se prueba echándole en agua gota á gota, pues entonces, si es fino y precioso, se va á fondo, y se pone debajo, así se conoce el hombre verdaderamente prudente, sabio, generoso y noble en que dirige á la humildad, modestia y sumision todos estos bienes, que entonces son verdaderos; pero si nadan por encima, quieren ser vistos, serán tanto menos reales cuanto mas aparentes. Las perlas que se crian espuestas al viento y al ruido de los truenos no tienen mas que la corteza de perlas, y están vacías de sustancia, del mismo modo las virtudes y buenas calidades de los hombres, concebidas y criadas en soberbia, jactancia y vanidad, solo tienen apariencia de bien, pero sin jugo, sin meollo, y sin solidez.

Son los honores, gerarquías y dignidades como el azafran, que sale mejor y produce con mayor abundancia cuando se pisa: tampoco es apreciable la hermosura de quien se va mirando siempre, que la gracia de la belleza consiste en el descuido: y tambien la ciencia es afrentosa cuando llena de hinchazon degenerada en pedantería.

Si andamos reparando en puestos, en asientos y en títulos, no solo nos esponemos á que se examine, indague y dispute nuestra calidad, sino que envilecemos las mismas distinciones, que al paso que merecen aprecio, si vienen sin buscarlas, son despreciables cuando se exige, buscan y solicitan. ¿No sabes que el pavo real cuando forma su rueda, levantando las vistosas plumas para mirarse, se eriza todo, y por todas partes muestra su fealdad? ¿No ves que las flores que son hermosas cuando están en la planta, cogidas y manoseadas, se marchitan? Pues así como perciben un olor muy suave los que de lejos y de paso huelen la mandrágora, pero los que la huelen de cerca y despacio quedan adormecidos y enfermos, así las honras son agradable consuelo para los que ligeramente y de lejos las perciben sin detenerse ni fijar en ellas sus cuidados, pero al que se aficiona y pacienta en ellas le hacen digno de la mas severa reprension y vituperio.

Empieza el hombre á ser virtuoso siguiendo y amando la virtud, pero siguiendo y amando las honras empieza á ser despreciable y reprensible: pararse en las pequeñeces del puesto, de la cortesía y del cumplimiento no es de almas grandes, que tienen otras cosas en que pensar, sino de gente desocupada. El que puede tener perlas no se carga de conchas, y el que busca la virtud no se afana por distinciones. Cierto es que sin faltar á la humildad puede cada uno ponerse en su lugar, y mantenerse en él, pero ha de ser sin cuidado y sin disputas: pues así como los que vienen de Perú, ademas del oro y de la plata, traen tambien monas y papagayos, porque no les cuestan nada, ni sirven de gran carga en el navío, así los que tienen puesta la mira en la virtud no dejan de recibir las distinciones y honras que les corresponden, con tal que no les cueste demasiada atencion y cuidado, ni les acarree turbaciones, inquietudes, disputas y competencias. No hablo aquí de los que están constituidos en empleos públicos, ni de ciertos lances particulares, de que pueden seguirse nobles consecuencias, porque en estos casos cada uno debe mantener su derecho con prudencia y discrecion, acompañada de caridad y cortesía.

Capitulo V
De otra humildad mas interior

Pero ya desearás, Filotea, que pasemos mas adelante en la humildad, porque lo dicho hasta aquí, mas que humildad se debe llamar prudencia: vamos pues mas adelante. Muchos hay que ni quieren ni se atreven á pensar y considerar las gracias que Dios particularmente les ha hecho, porque temen vanagloriarse ó complacerse con ellas; pero ciertamente se engañan, pues siendo la consideracion de los beneficios divinos medio verdadero de alcanzar el amor de Dios, como enseña el grande y Angélico Doctor61, amaremos mas á Dios, á proporcion que conozcamos mas sus mercedes; y como los beneficios particulares mueven mas nuestro corazon que los generales, por eso debemos considerarlos mas atentamente. A la verdad nada puede humillarnos tanto como la multitud de los beneficios del Señor, contemplando su misericordia, y la multitud de nuestras maldades, considerando su justicia. Miremos lo que Dios ha hecho por nosotros, y lo que nosotros hemos hecho contra Dios: así como consideramos por menor nuestros pecados, consideremos tambien por menor sus gracias; y no temamos que el conocimiento de los dones con que nos ha dotado pueda engreirnos y desvanecernos, si tenemos presente siempre esta verdad, que lo que hay bueno en nosotros no es nuestro. ¿Dejan acaso de ser bestias pesadas y hediondas los mulos por ir cargados de los preciosos muebles de un Príncipe? ¿Qué tenemos nosotros bueno que no lo hayamos recibido, y si lo hemos recibido, por qué nos hemos de ensoberbecer? Antes por el contrario la consideracion de las gracias recibidas nos humilla, porque el conocimiento produce reconocimiento. Pero si al mirar las gracias que Dios nos ha hecho sentimos que nos tienta algun tanto la vanidad, el remedio infalible es recurrir á la consideracion de nuestras ingratitudes, imperfecciones y miserias: pues si consideramos lo que hemos hecho cuando Dios no ha estado con nosotros, conoceremos claramente que lo que hacemos cuando está con nosotros no es de nuestro caudal ni de nuestra cosecha, y aunque verdaderamente nos gocemos y regocijemos por los bienes que hay en nosotros, á Dios solo, como autor de ellos, daremos la gloria.

De este modo confiesa la santísima Virgen que Dios ha obrado en ella cosas sumamente grandes, pero lo confiesa solo para humillarse y engrandecer á Dios. Mi alma, dice, engrandece al Señor, porque ha obrado en mí grandes cosas62. Nosotros por el contrario decimos muchas veces que somos la misma miseria y la escoria del mundo; pero quedariamos harto burlados sí, cogiéndonos la palabra, dijeran en público de nosotros lo mismo que hemos dicho: aparentamos huir y escondernos para que nos sigan y nos busquen: afectamos querer ser los últimos, y sentarnos en el ínfimo lugar del convite; pero con el fin de pasar al primero con mas ventajas. La verdadera humildad no muestra que lo es, ni anda diciendo palabras humildes, porque no solo desea ocultar las otras virtudes, sino principalmente ocultarse á si misma; y si le fuese lícito mentir, fingir ó escandalizar al prójimo, prorrumpiria en acciones arrogantes y altivas, para encubrirse con ellas, y vivir enteramente desconocida y oculta. Por tanto, Filotea, mi sentir es, que ó no digamos palabras humildes, ó las digamos de todo corazon, pensando interiormente lo mismo que esteriormente pronunciamos: no bajemos los ojos sin humillar el corazon al mismo tiempo: no demos á entender que queremos el último lugar sin quererle verdaderamente; y esta regla la siento como tan general, que no admito escepcion alguna; solo añadiré que la cortesía exige algunas veces que ofrezcamos la preferencia á los que ciertamente no la han de tomar, sin que en esto haya doblez ni humildad fingida, porque entonces el ofrecer la preferencia es un principio de distincion, y ya que no podamos dársela entera, no es mal hecho que les demos el principio. Lo mismo digo de algunas espresiones de cortesía y de respeto, que en rigor no parecen verdaderas, pero con todo lo bastante cuando se dicen con verdadera intencion de honrar y respetar al sugeto á quien se dirigen, pues aunque las palabras signifiquen con algun esceso lo que decimos, no es malo usarlas cuando la costumbre lo requiere: sin embargo quisiera que las palabras concordasen lo posible con nuestros afectos, para seguir en todo y por todo la sencillez y candor cordial. El verdadero humilde mas quiere que otro diga de él que es miserable, que es nada, que nada vale, que no decirlo él mismo:ó por lo menos cuando sabe que lo dicen así, no lo contradice, sino que de buena fe se conforma, porque como lo cree firmemente, se alegra de que sigan su opinion. Muchos dicen que no son dignos de tener oracion mental, y la dejan para los perfectos: otros aseguran que no se atreven á comulgar con frecuencia, porque no se hallan bastante puros: otros que temen, si profesan la devocion, deshonrarla con su gran miseria y fragilidad, y otros rehusan emplear sus talentos en servicio de Dios y del prójimo porque dicen que conocen su flaqueza, y temen ensoberbecerse si se ven instrumentos de algun bien, y perderse á si mismos cuando iluminen á los otros: todo esto es artificio, y una especie de humildad, no solo falsa, sino maligna, con la cual quieren ocultamente y con gran sutileza desacreditar las cosas divinas, o á lo menos encubrir so color de humilde el amor propio que les hace seguir su dictamen, su genio y su pereza.

Pide á Dios una señal en lo alto del cielo ó en lo profundo del mar, decia el Profeta al malaventurado Acaz, y él respondió: no la pediré, ni tentaré al Señor63. ¡Ah malvado! afecta tener gran reverencia á Dios, y so color de humildad no quiere aspirar á la gracia con que su divina bondad le convida. ¡Acaso no ve que cuando Dios no quiere favorecer es soberbia rehusarlo, que los dones de Dios nos obligan á recibirlos, y que es humildad obedecer y seguir con la mayor prontitud su voluntad! pues su voluntad es que seamos perfectos, uniéndonos con él é imitándole lo mas que nos sea posible. Razon tiene de no atreverse á emprender nada el soberbio que confia en sí propio; pero el humilde es tanto mas animoso cuanto mas reconoce su insuficiencia, se atreve mas cuanto despreciable se juzga, porque tiene toda su confianza en Dios, que se complace en magnificar su omnipotencia en nuestra enfermedad, y elevar su misericordia sobre nuestra miseria: así que es necesario atrevernos humilde y santamente á todo lo que nuestros directores espirituales juzguen oportuno para nuestro aprovechamiento.

Pensar que sabemos lo que ignoramos es necedad manifiesta, y querer pasar por sabios en lo mismo que nos consta que no sabemos es vanidad insoportable: yo por mí ni aun en lo que sé quisiera afectar sabiduría aunque tampoco quisiera afectar ignorancia. Es menester, cuando la caridad lo exige, comunicar con el prójimo con franqueza y dulzura, no solo lo preciso para su instruccion, sino tambien lo conveniente para su consuelo; que si la humildad oculta y encubre las virtudes para no perderlas, las manifiesta cuando la caridad lo ordena para acrecentarlas, engrandecerlas y perfeccionarlas. Semejante á un arbol de las islas de Tilos, que recoge á la noche sus hermosas encarnadas flores, y no las abre hasta que sale el sol, por lo cual suelen decir los de aquel pais, que estas flores duermen por la noche, la humildad encubre y guarda todos nuestras virtudas y perfecciones humanas, y solo deja que comparezcan á vista de la caridad, que siendo virtud, no humana sino celestial, no moral sino divina, es el verdadero sol de las virtudes, sobre las cuales ha de estender siempre su dominio; y por tanto humildad que perjudique á la caridad será indubitablemente falsa.

Tampoco quisiera afectar ni locura ni prudencia, pues si afectar prudencia es contra la humildad, afectar locura es contra la sencillez y candor, porque así como la vanidad se opone á la humildad, así contradicen á la sencillez y candor el artificio, la afectación y el fingimiento; por lo cual debemos admirar, mas no imitar á algunos grandes siervos de Dios, que para ser mas despreciados del mundo se fingieron locos, pues si llegaron á tal esceso, fué movidos de razones tan particulares y estraordinarias, que no pueden hacer regla para los demas. Así cuando David danzó y saltó delante del arca del testamento mas de lo que, segun las reglas ordinarias, permitia la magestad y decoro de su persona, en esto no quiso afectar locura, sino denotar naturalmente y sin artificio con los movimientos esteriores del cuerpo el interior, estraordinario y desmesurado gozo de su espíritu. Verdad es que cuando se lo echó en cara como locura Micol su esposa, no se dió por sentido de verse despreciado, antes perseverando en la sencilla y verdadera representación de su gozo, testificó que se complacia de recibir por su Dios algun desprecio. En consecuencia de lo cual te digo, que si te juzgan despreciable, abatida ó necia, porque eres verdadera y sencillamente devota, la humildad hará que te regocijes con este feliz oprobio, que no nace de ti, sino de los que te desprecian.

Capitulo VI
La humildad hace que amemos la propia abyeccion

Quiero pasar mas adelante, Filotea, y decirte que en todo y por todo ames tu propia abyeccion. Pero acaso me preguntarás ¿qué quiere decir esto de amar la propia abyeccion? En latin abyeccion quiere decir humildad, y humildad quiere decir abyeccion: así pues cuando nuestra Señora en su sagrado cántico dice: Porque miró el Señor la humildad de su sierva, todas las generaciones me llamarán bienaventurada, quiere decir, que nuestro Señor miró con buenos ojos su abyeccion, vileza y bajeza para colmarla de gracias y favores. Sin embargo hay diferencia entre la virtud de humildad y la abyeccion, porque abyeccion es la pequeñez, bajeza y vileza que hay en nosotros, aunque no hagamos alto en ello; pero la virtud de la humildad es el verdadero conocimiento y reconocimiento voluntario de nuestra abyeccion: así que la humildad perfecta no consiste solo en reconocer voluntariamente nuestra abyeccion, sino en amarla y complacerse en ella, y no por falta de ánimo y generosidad, sino por exaltar mucho mas la magestad divina, y tener en mas al prójimo que á nosotros mismos. A esto te exhorto; y para entenderlo mejor, sabe que entre los males que sufrimos, unos llevan consigo abyeccion, y otros honra: con estos se conforman muchos, pero casi ninguno con aquellos. Verás á un devoto ermitaño con un hábito andrajoso, muriéndose de frio, y todos honran sus andrajos, compadeciéndose de lo que padece; pero si un artesano, un caballero, ó una señora pobre se ve en el mismo estado, los desprecian, y se burlan de ellos, y ve aquí de donde viene la abyeccion de su pobreza. Si un religioso recibe humildemente una represion aspera del superior, todos calificarán este acto de obediencia, de mortificacion y de prudencia; pero si á un caballero ó una señora le sucede lo mismo con cualquiera, aunque lo sufran por amor de Dios, todos lo tacharán de cobardía y pusilanimidad. Vé aquí otro mal con abyeccion. Si uno padece un cáncer al brazo, y otro le tiene en el rostro, el primero solo padece la enfermedad, pero el segundo, ademas de la dolencia, sufre desprecio, desvío y abyeccion. Sentado esto, digo, que no solamente hemos de amar la enfermedad, en lo cual se ejercita la paciencia, sino tambien la abyeccion, lo cual es propio de la humildad.

Tambien entre las virtudes hay unas que son abyectas y otras honrosas: la paciencia, la mansedumbre, la sencillez y la humildad misma son virtudes que los mundanos tienen por viles y abatidas, por el contrario hacen grande aprecio de la prudencia, vigilancia y liberalidad. Aun entre los actos de una misma virtud unos son despreciados, y honrados otros, como sucede en el dar limosna y el perdonar las injurias, pues siendo entrambos actos de caridad, todos honran el primero, pero los mundanos desprecian el segundo. Si un joven noble ó una señora de poca edad no se deja llevar de las desórdenes de muchos desenfrenados en hablar, jugar, bailar, beber y vestir, será duda murmurada y censurada de las demas, que darán á su modestia el nombre de rusticidad ó de afectacion: pues si se complace en este desprecio, ama su propia abyeccion. Me esplicaré de otro modo: supon que vamos á visitar á los enfermos, si me envian al mas miserable, esto será para mí abyeccion, segun piensa el mundo, y lo apreciaré por lo mismo; pero si me envian á los demas alta gerarquía, será abyeccion segun el espíritu, porque en este acto no hay tanta virtud y mérito: pues esta misma abyeccion es la que debe amar. Cuando uno se cae en medio de la calle, no solo se hace mal, sino padece sonrojo, pues tambien se ha de amar esta abyeccion. Tambien hay faltas, que sin ser malas en sí, ocasionan abyeccion: estas no pide la humildad que se cometan de propósito, pero quiere sí que no nos inquietemos si caemos en ellas: por ejemplo, debemos procurar no incurrir en ciertas indiscreciones, inadvertencias y descortesías, porque lo dictan la civilidad y la prudencia, pero una vez cometidas, es menester conformarnos con la abyeccion que de esto nos resulta, y aceptarla con gusto, para ejercitar con ella la santa humildad. Mas me atrevo á decir: si arrebatado de algun ímpetu d ira ó disolucion he prorumpido en espreciones indecorosas, ofendiendo á Dios y al prójimo, me arrepentiré de todo corazon, y quedaré sumamente pesaroso de la ofensa, procurando repararla en cuanto pueda; mas no dejaré por eso de abrazar gustoso la abyeccion y el desprecio que me resulta, de modo, que si pudiera separarse lo uno de lo otro, desteraria esforzadamente el pecado, y acogeria humildemente la abyeccion.

Pero aunque amemos la abyeccion que se origina del mal, debemos procurar por medios convenientes y legítimos remediar el mal que la ha producido, especialmente cuando es de consecuencia. Si tengo por ejemplo en el rostro alguna enfermedad que me ocasiona abyeccion, procuraré curarme del mal, pero no que se olvide la abyeccion que por él he recibido. Si la falta que he cometido á nadie ofende, no me debo disculpar, porque no siendo permanente esta falta, solo por la abyeccion podia ser la disculpa, y eso no lo consiente la humildad; pero si por descuido ó inadvertencia he ofendido ó escandalizado á alguno, entonces sí que repararé la ofensa con alguna escusa verdadera, porque como el daño es permanente, la caridad manda que se remedie. Mas tambien alguna vez acontece que la misma caridad nos obliga á remediar la abyeccion por el bien del prójimo, á quien nuestra reputacion es provechosa: en tal caso apartemos de la vista del prójimo nuestra abyeccion para que no se escandalice, y encerrémosla y guardémosla en lo íntimo del corazon para que este se edifique.

Me preguntarás, Filotea, que abyecciones son las mejores, y yo te responderé sin detenerme, que las casuales ó nacidas de la misma condicion de vida que tenemos son las mas agradables á Dios y provechosas al alma, porque no son escogidas por nosotros, sino recibidas como nos las envia su Divina Magestad; cuya eleccion es siempre mas acertada que la nuestra; pero si se ha de escoger, las mayores son las mejores, y por mayores entendamos las mas contrarias á nuestras inclinaciones, con tal que no desdigan de nuestra vocacion, pues, por decirlo de una vez para siempre, la propia eleccion destruye y menoscaba casi todas las virtudes. ¡O quién nos diera que pudiésemos decir con el real profeta! Escogido he de vivir abatido en la casa de mi Dios antes que habitar en los tabernáculos de los pecadores64. Solo puede concedernos esta gracia, amada Filotea, el que por exaltarnos vivió y murió siendo oprobio de los hombres y abyeccion de la plebe65. Muchas cosas te he dicho que te parecerán asperísimas al considerarlas, pero créeme, al practicarlas verás que son mucho mas dulces que el azucar y la miel.

Capitulo VII
Como se ha de conservar la buena fama ejercitando la humildad

No por cualquiera virtud se da á los hombres alabanza, honra y gloria, sino solo por la virtud sobresaliente, pues con las alabanzas procuramos persuadir á los otros que estimen la escelencia de alguno, con la honra protestamos estimarle nosotros mismos, y la gloria, en mi entender, no es mas que cierto brillo de reputacion, que resulta de la reunion de muchas alabanzas y honras: así que las honras y alabanzas son como piedras preciosas, de cuyo conjunto resulta el esmalte de la gloria. Pues como la humildad no puede sufrir que nosotros creamos sobresalir, ó ser dignos de alguna preferencia entre los otros, tampoco puede consentir que busquemos la alabanza, la honra, ni la gloria, que solo se deben dar á la escelencia; pero consiente sin embargo que cuidemos de nuestra buena fama, segun el consejo del sabio66, pues la buena fama no consiste en la estima de alguna escelencia, sino solo de la mera y comun hombría de bien é integridad de vida, que sin perjuicio de la humildad podemos reconocer en nosotros, deseando por consiguiente nuestra reputacion. Verdad es que la humildad despreciaria la buena fama, si la caridad no hubiese menester de ella; porque como uno de los fundamentos de la sociedad es la reputacion, sin la cual no solo seriamos inútiles, sino tambien perjudiciales al público por el escándalo que recibiria, de ahí nace el requerir la caridad y consentir la humildad que nosotros deseemos y conservemos con toda diligencia el buen nombre.

Ademas de esto así como las hojas de los árboles, que en sí mismas tienen muy poco precio, con todo son utilísimas, no solo para hermosear, sino tambien para conservar el fruto cuando todavía está tierno, así el buen nombre, que por sí mismo no merece que le deseemos con ansia, sin embargo importa mucho, no solo para adorno de nuestra vida, sino tambien para la conservacion de nuestras virtudes, y en especial de las que están todavía débiles y tiernas. La obligacion de mantener la buena fama, y hacernos dignos de ser estimados, fortalece al ánimo generoso con una poderosa y dulce violencia. Conservemos, amada Filotea, nuestras virtudes porque son agradables á Dios, que es el grande y soberano fin de todas nuestras acciones; pero así como el que quiere conservar las frutas no se contenta con solo confitarlas, sino que las pone en vasos oportunos para su conservacion, así tambien aunque el amor de Dios sea el principal conservador de nuestras virtudes, podemos emplear tambien la buena fama como utilísima y propiísima para este efecto.

Pero no por eso hemos de ser nimiamente eficaces, exactos y delicados en conservar la propia fama, pues los que tienen esta nimia delicadeza son como aquellos que por cualquiera ligerísima indisposicion se llenan de medicamentos: estos por conservar su salud la destruyen, y aquellos por mantener con toda escrupulosidad su fama vienen á perderla enteramente, porque su mucha delicadeza los hace caprichosos, inquietos é insufribles, con lo cual provocan la malignidad de los maldicientes.

Ordinariamente se curan mejor las injurias y calumnias, sufriéndolas y despreciándolas, que con resentimientos, quejas y venganzas: el que desprecia hace que se desvanezcan, pero el que se ofende parece que las confiesa: y así como el cocodrilo solo hace mal al que le teme, así la maledicencia solo hiere al que se resiente de ella.

El temor escesivo de perder la buena fama es prueba clara de tener mucha desconfianza del fundamento en que estriba que es vivir bien. Las ciudades que tienen puentes de madera en los rios caudalosos temen que cualquiera avenida se los lleve; pero las que los tienen de piedra, solo está con cuidado en las inundaciones estraordinarias: así los cristianos sólidos y verdaderos desprecian por lo comun las avenidas de las lenguas maldicientes, cuando los flacos se andan inquietando á cada paso. Lo cierto es, Filotea, que el que quiere tener reputacion con todos, con todos la pierde, y con razon debe perder la honra el que quiere tenerla entre aquellos á quienes sus vicios hacen verdaderamente infames y deshonrados.

Es la reputacion como muestra de la casa donde mora la virtud, y así si te llaman hipocrita, porque profesas la devocion, ó si te juzgan pusilánime, porque perdonas las injurias, bien puedes reirte, lo uno porque solo unos necios é ignorantes son capaces de pensar de este modo, y lo otro porque aun cuando fuese necesario perder la buena fama, no por eso se habia de negar la virtud ó abandonar el camino de conseguirla, pues mas estimable es el fruto que las hojas; quiero decir, el bien interior y espiritual debe anteponerse á todos los bienes esteriores. Hemos de ser zelosos, mas no idólatras de la buena fama, y así como es justo no ofender la vista de los buenos, así tambien es necedad querer contentar la de los malos. ¿No veis en la barba del hombre, y en los cabellos de la muger, que son adornos del rostro, no veis, digo, que con dificultad vuelven á nacer si se arrancan de raiz los cañones; pero si se cortan ó se afeitan, luego vuelven á crecer mas fuertes y erizados? pues así tambien por mas que la lengua maldiciente, navaja afilada en frase de David67, llegue á cortar ó á raer, por decirlo así, el buen nombre, no por eso debemos de inquietarnos, porque bien presto renacerá, con la misma hermosura y con solidez mas constante; pero si nuestros vicios, abandono y mala vida destruyen nuestra reputacion, difícilmente volverá á brotar de nuevo, estando arrancada la raiz, que la raiz del buen nombre es la bondad y probidad, la cual, subsistiendo en nosotros, puede producir de nuevo la honra que le es debida.

Se debe abandonar aquella conversacion vana, aquel trato inutil, aquella amistad frívola, y aquella frecuencia inconsiderada, si son perjudiciales al buen nombre, porque el buen nombre es mucho mas estimable que todos estos vanos contentos; pero si murmuran, reprenden y calumnian los ejercicios de piedad, los progresos de devocion y la diligencia en buscar los bienes eternos, dejemos enhorabuena que ladren los perros á la luna, porque si pueden, levantando alguna voz siniestra contra nuestra fama, cortar y raer, por decirlo así, los cabellos y la barba de nuestra reputacion, pronto crecerán de nuevo, y la navaja de la maledicencia servirá de instrumento á nuestra honra, como le sirve á la viña la podadera, con cuyos golpes sale mas frondosa y cargada de fruto.

Tengamos puestos siempre los ojos en Jesucristo crucificado, que él cuidará de nuestra reputacion, y aun cuando permita que nos la quiten, será para dárnosla mejor, ó para que adelantemos en la santa humildad, de la cual una onza vale mucho mas que mil libras de honra. Si nos desacreditan injustamente, opongamos con serenidad la verdad á la calumnia: si persevera esta, perseveremos en humillarnos, que nunca estará mas segura nuestra reputacion que cuando la pongamos juntamente con nuestra alma en las manos de Dios. Sirvámosle por la infamia y por la buena fama68, como hacia San Pablo: y así podremos decir con David: Por ti, Dios mio, he sufrido el oprobio, y que la confusion cubra mi rostro69.

Deben sin embargo esceptuarse de esta regla general ciertos crímenes tan atroces é infames, que nadie debe consentir que se le atribuyan, si puede con justicia sincerarse: y tambien se han de esceptuar ciertas personas, cuya reputacion es necesaria para edificacion de muchos, porque en estos casos dicen los teólogos que se debe pedir satisfaccion del agravio recibido, pero sin perder la paz.

Capitulo VIII
De la afabilidad con el projimo y remedio contra la ira

El sagrado crisma que por tradicion apostólica usa la santa Iglesia en la Confirmacion, y en algunas bendiciones se compone de aceite de olivas y de bálsamo, con lo cual representa, entre otras cosas, aquellas dos amadas y queridas virtudes, que resplandecen en la sagrada persona de nuestro Señor , y que él con particularidad nos encomienda, como que por ellas especialmente se consagra y dedica nuestro corazon á servirle y á imitarle: Aprended de mí, nos dice, que soy manso y humilde de corazon70. La humildad pues nos perfecciona en lo que mira á Dios, y la mansedumbre en lo que toca al prójimo: la primera está figurada en el bálsamo, que como dije arriba siempre se va al fondo entre los licores, y la segunda en el aceite, que sube y nada sobre todos; pues la dulzura y benignidad sobresale entre todas las cosas, y descuella entre las virtudes como flor de la caridad, que para ser perfecta dice San Bernardo, no solo ha de ser paciente, sino tambien suave y benigna. Pero ten cuidado, Filotea, de que este mismo crisma compuesto de dulzura y humildad esté en lo íntimo de tu corazon, porque uno de los mayores artificios del enemigo es procurar entretener á muchos con palabras y apariencias esteriores de estas dos virtudes, para que no examinando atentamente sus interiores afectos, piensen ser humildes y mansos, cuando en el efecto nada tienen de tales, como se conoce en que con toda su afectada dulzura y humildad, á la mas mínima palabra de disgusto que les dicen, ó á la menor injuria que reciben, se ensoberbecen con indecible arrogancia. Se suele decir que no se hinchan, aunque sean mordidos ó picados de víboras, los que usan un preservativo llamado comunmente gracia de San Pablo, si es legítima y fina, así tambien cuando la humildad y mansedumbre son legítimas y verdaderas, nos libran de la hinchazon y ardor que suelen causar en nuestros corazones las injurias; pero si nos alteramos, ensoberbecemos y apesadumbramos con las picaduras y mordeduras de los maldicientes y enemigos, señal es de que nuestra humildad y dulzura no es verdadera y genuina, sino artificiosa y aparente.

Al despachar á sus hermanos de Egipto el santo y famoso Patriarca Josef, para que se restituyesen á la casa de su padre, solo les hizo este encargo: No os enojeis por el camino, y pues esta miserable vida es camino de la bienaventurada, lo mismo le digo, Filotea: no nos enojemos en el camino unos con otros: caminemos con nuestros hermanos y compañeros con dulzura, paz y amor, y te lo digo con toda claridad, y sin escepcion alguna: no te enojes jamas, si es posible, por ningun pretesto des en tu corazon entradas al enojo, pues Santiago espresamente nos enseña que la ira del hombre no obra la justicia de Dios71. Debemos ciertamente oponernos á lo malo y refrenar los vicios de las personas que están á nuestro cargo con entereza y vigilancia, pero con dulzura y apacibilidad. El remedio mas eficaz para sosegar al elefante rabioso es la vista de un corderillo, y el mejor reparo contra la violencia de los cañonazos son los sacos de lana. Aunque sea con razon no hace la correccion tanta fuerza cuando nace de la pasion, como cuando es producida únicamente por la razon misma, porque el alma racional está naturalmente sujeta á la razon, y solo por tiranía se somete á la pasion, así que aun la razon misma se hace odiosa si la pasion la acompaña, porque envilece su justo imperio, asociando á él la tiranía. Cuando los príncipes van de paz á visitar sus pueblos los llenan de indecible honra y consuelo, pero cuando llevan consigo un ejército, aunque sea para bien público, con todo es desagradable y dañosa su venida, pues por mas que hagan observar exactamente á sus soldados la disciplina militar, no pueden impedir que suceda algun desorden con que el bueno sea atropellado: del mismo modo, mientras reina la razon, ejecutando pacíficamente los castigos, correcciones y reprensiones, aunque sea con exactitud y rigor, es amada y aprobada de todos, pero cuando lleva consigo ira, cólera y enojo, que son sus soldados, como dice San Agustin72, entonces se muestra mas temible que amable, y el propio corazon queda siempre atropellado y maltratado. Mas vale, dice el mismo Santo73, escribiendo á Profuturo, mas vale negar la entrada á la ira justa y moderada, que recibirla, por pequeña que sea, pues si llega á entrar, es difícil hacer que salga porque entra como pequeño pimpollo, y en un instante engruesa y se hace arbol crecido: con sola una noche que permanezca, poniéndose el sol sobre nuestra ira contra lo que manda el apostol, se convertirá en aborrecimiento, y apenas habrá modo ya de deshacerse de ella, pues como el hombre encolerizado jamas tiene por injusto su enojo, alimenta su ira con muchos falsos juicios.

De lo dicho se infiere que vale mas aprender á no enfadarse, que intentar enfadarse con moderacion y prudencia, y si por imperfeccion ó flaqueza nos sorprende la ira, mas vale rechazarla al instante, que entrar con ella en las capitulaciones, pues por poco lugar que se le dé, se apodera de la plaza, y hace como la serpiente, que donde entra la cabeza, fácilmente entra todo el cuerpo. Pero ¿cómo la hemos de rechazar? me dirás. Al primer resentimiento que tengas, has de juntar prontamente, Filotea mia, todas tus fuerzas, mas no con aspereza é impetuosidad, sino con dulzura y con serenidad al mismo tiempo. Pues así como en las audiencias de los Senados y Parlamentos, los porteros, gritando silencio, hacen mas ruido que los otros á quienes mandan callar, así muchas veces sucede que nosotros, queriendo reprimir con impetuosidad la cólera, agitamos mas que ella nuestro corazon, y agitado ya no puede dominarse á si mismo.

Despues de este suave esfuerzo has de practicar el aviso que daba S. Agustin, siendo ya anciano, al obispo Auxilio, que era joven: haz, decia, lo que debe hacer un hombre santo, esto es, que si como hombre te sucede lo que el hombre de Dios dice en un Salmo74: turbádose han mis ojos por la ira, esclames á Dios: tened, Señor, misericordia de mí, para que entendiendo su diestra, reprima tu ira75. Quiero decir, que si nos vemos agitados de la ira, invoquemos el auxilio divino, como los apóstoles cuando se vieron combatidos del viento y torbellino en medio de las aguas, que Dios mandará á nuestras pasiones que cesen, y quedaremos en gran tranquilidad; pero te advierto, que contra la ira que actualmente atormenta, no se ha de orar con agitacion, sino con dulzura y sosiego; y lo mismo digo de los demas remedios contra este mal.

Ademas de lo dicho, luego que adviertas haber tenido algun acto de ira, repara la falta prontamente con otro acto de mansedumbre con la misma persona contra quien te has irritado. Pues así como es escelente remedio contra la mentira desdecirse al instante que se advierte haberla dicho, tambien es remedio eficaz contra la ira repararla prontamente con su acto contrario, que es el de mansedumbre: que las llagas, como se suele decir se curan con mas facilidad cuando están recien hechas.

Pero sobre todo, cuando estás tranquila y sin enfado alguno, haz gran provision de dulzura y mansedumbre, poniendo cuidado en que todas tus palabras y acciones chicas y grandes sean lo mas suaves que puedas, acordándote de que la esposa de los cantares tiene la miel, no solo en los labios y en la punta de la lengua, sino tambien debajo de la lengua, esto es, en el pecho, y no solo tiene miel sino tambien leche, porque para con el prójimo han de ser dulces, no solamente las palabras, sino tambien el pecho, esto es, el interior; y no basta tener la dulzura de la miel aromática y olorosa, siendo suave el trato urbano con los estraños, pues tambien ha de haber la dulzura de la leche para con los domésticos y vecinos cercanos; contra lo cual faltan gravemente muchos que en la calle parecen unos ángeles, pero en su casa son unos demonios.

Capitulo IX
De la mansedumbre con nosotros mismos

Uno de los principales ejercicios de la mansedumbre es el que practicamos interiormente, no impacientándonos, no contra nosotros mismos, ni contra nuestras imperfecciones. Pues aunque es razon sentir disgusto y pesar de haber cometido algunas faltas, no ha de ser este disgusto agrio, enfadoso, picante y colérico, y así es gran defecto el de aquellos que en viéndose encolerizados, se impacientan de su impaciencia misma, y se enfadan de su mismo enfado, manteniendo con eso el corazon lleno y como sumergido en cólera, pues aunque parece que el segundo enfado destruye el primero, es tan al contrario, que antes abre la puerta á otro nuevo en la primera ocasion que se presente: á mas de que la ira, enfado y amargura del hombre contra sí mismo se encamina al orgullo, y nace del amor propio que se resiente, y se inquieta al ver que somos imperfectos. Sintamos pues nuestras faltas, pero con paz y sosiego: porque así como la sentencia de castigo que da contra los delincuentes el juez por pura razon y con tranquilidad de ánimo es mucho mas acertada que no la que pronuncia llevado de impetuosidad y pasion, pues en este caso no castiga los delitos conforme á lo que son, sino conforme á lo que él es: así tambien uno á sí mismo se castiga mucho menor con arrepentimiento tranquilo y constante, que no con dolor agrio, impetuoso y colérico, porque estos arrepentimientos impetuosos no son á medida de nuestras faltas, sino de nuestras inclinaciones. El amante de la castidad, por ejemplo, se resentirá amarguísimamente de la mas leve falta que cometa contra esta virtud, y se reirá de haber incurrido en una grave murmuracion; otro al contrario, porque aborrece la maledicencia, se inquietará de haber murmurado ligeramente, y no hará caso de una falta grave contra la castidad, y así de los demas. Todo lo cual proviene de que no juzgan su conciencia por razon, sino por pasion.

Creeme, Filotea, que así como á un hijo le hacen mas fuerza las reconvenciones dulces y cordiales de su padre, que no sus iras y enfados; así tambien, si nosotros reprendemos á nuestro corazon, cuando comete alguna falta, con suaves y pacíficas reconvenciones, usando mas de compasion que de enojo, y animándole á la enmienda, conseguiremos que conciba un arrepentimiento mucho mas profundo y penetrante que el que pudiera concebir entre el resentimiento, la ira y la turbacion.

Yo por mí, si teniendo vivos deseos de no incurrir en el vicio, v. g. de la vanidad, hubiese sin embargo caido gravemente en él, cuando tratase de reprender á mi corazon, no le hablaria ciertamente de este modo: ¿es posible, corazon vil y despreciable, que despues de tantos propósitos, todavía te dejas arrastrar de la vanidad? Caéte, caéte muerto de vergüenza, no vuelvas á levantar jamás los ojos al cielo, descarado, traidor y desleal á tu Dios. Ni usaria otras espreciones semejantes, sino echaria mano de la razon para corregirle, y por via de compasion le diria: ea pobre corazon mio, al fin hemos caido en el precipicio de que tantas veces propusimos librarnos: ¡ay de mí! levantémonos y huyamos para siempre, invoquemos la misericordia de Dios, y esperemos en ella, que nos asistirá, para que en adelante estemos mas firmes: vamos, vamos otra vez á entrar en el camino de la humildad: buen ánimo, cuidemos desde ahora de estar siempre alerta, que Dios nos ayudará, y aprovecharemos: y sobre esta reprension trataria de fabricar una sólida y firme resolucion de no volver á cometer mas aquella falta, tomando para ello las medidas y los consejos de mi director.

Pero si alguno conoce que las correcciones suaves no bastan para mover su corazon, podrá en tal caso servirse de reconvenciones y reprensiones ásperas y severas, para escitarle á una profunda confusion, con tal que despues de haberle reprendido y corregido ásperamente, finalice dándole algun ensanche, terminando todo su enojo y sentimiento en dulce y santa confianza en Dios, á imitacion de aquel gran pendiente, que viendo afligida su alma, la consolaba diciendo:¿Por qué, estás afligida, alma mia, y por qué me conturbas? Espera en Dios, que todavía le bendeciré y confesaré, como que es la salud de mi rostro y mi Dios verdadero76.

Cuando cayere pues tu corazon, levántale suavemente, humillándote mucho en la presencia de Dios con el conocimiento de tu miseria, sin admirarte de tu caida; pues ¿qué estraño es que sea enfermedad la enfermedad, flaca la flaqueza, y la miseria miserable? Pero sin embargo detesta de todo corazon la ofensa que has hecho á Dios, y lleno de ánimo y de confianza en su misericordia, vuelve á emprender el ejercicio de aquella virtud que has abandonado.

Capitulo X
Que se han de tratar con diligencia los negocios, pero sin afan ni auxiedad

Grande diferencia hay entre la diligencia y cuidado que hemos de tener de nuestros negocios, y la solicitud, fatiga y afan: con diligencia cuidan y procuran nuestro bien los ángeles, pero sin solicitud, afan ó fatiga; porque el cuidado y diligencia son propios de su caridad, pero la solicitud, fatiga y afan serian totalmente contrarios á su bienaventuranza; que si bien pueden asociarse con la paz y tranquilidad de ánimo el cuidado y diligencia, no el afan y solicitud, y la anxiedad mucho menos.

Pon pues, Filotea mia, gran diligencia y cuidado en los negocios de tu cargo, porque así lo quiere Dios, que te los ha encomendado; pero si puedes, no tengas solicitud ni afan, quiero decir, que ni los comprendas con inquietud, anxiedad ó ardor, no quieras acabarlos con afan, pues el afan, como perturba el juicio y la razon, no deja hacer bien aquello mismo porque estamos afanados.

Para reprender nuestro Señor á santa Marta, le dice: Marta, Marta, solicita estás, y te turbas por muchas cosas77. Ve aquí claro lo que deciamos: si hubiese estado cuidadosa, y no mas, no se hubiera turbado; pero como estaba llena de afan y de inquietud, se apuraba y turbaba, y por eso fué reprendida de nuestro Señor. Los rios que corren mansamente por la llanura llevan crecidos barcos y preciosas mercancías: las lluvias que caen blandamente sobre la tierra la hacen fertil de yerbas y de granos; pero los torrentes y rios que se precipitan despeñados arruinan las cercanías, y son inútiles para el comercio, y los turbiones fuertes y tempestuosos asuelan las mieses y los prados. Jamas se hace bien lo que se hace con impetuosidad y afan: es necesario darse priesa despacio, como dice un proverbio antiguo, el que se apresura, dice Salomon, está á peligro de tropezar y de írsele los pies78: bastante pronto se hace lo que se hace bien: semejantes á los zánganos, que con mucho mas ruido y priesa que las abejas no fabrican miel, sino cera solamente, los que se apresuran con afan ardiente y solicitud ruidosa jamas hacen mucho ni bueno.

Así como las moscas no mortifican por ser fuertes, sino por ser muchas, así no turban tanto los grandes negocios como los pequeños cuando son muchos. Toma con sosiego los negocios que se te ofrezcan, y procura despacharlos por su orden, uno despues de otro, porque si quieres evacuarlos que te arruinarán y debilitarán tu espíritu, y lo regular será, que caigas con la carga sin hacer cosa alguna.

En todos tus negocios tan por único apoyo la providencia de Dios, pues sola ella puede cumplir tus deseos: haz sin embarge para cooperar con ella cuando esté de tu parte, pero con sosiego; y cree, que si confias firmemente en Dios, sucederá siempre lo que mas te convenga, parézcate á ti bueno ó malo, segun tu propio juicio.

Haz como los niños, que asidos con la una mano de su padre, van cogiendo con la otra las fresas que están al lado del camino.: tú pues mientras con uno mano allegas y usas de los bienes de este mundo, ten con la otra asida siempre la del Padre celestial, volviéndote hácia él de tiempo en tiempo, para ver si le agrada tu regimen y tus ocupaciones; pero sobre todo ten mucho cuidado de no soltar su mano y su proteccion por querer juntar ó recoger mas, porque si él te deja, no podrás andar un paso sin dar de rostro en tierra. Quiero decir, Filotea, que en aquellos negocios y ocupaciones ordinarias que no requieren grande y solícita atencion, mires mas á Dios que á las mismas ocupaciones, y en los que sean de tanta importancia, que requieren todo tu conato para su desempeño, levantes los ojos á Dios de tiempo en tiempo como los que navegan por el mar, que para llegar á la tierra que desean, miran mas al cielo que al agua por donde van navegando: si hicieres esto, Dios trabajará contigo, en tí y por tí, y á tu trabajo seguirá el consuelo.

Capitulo XI
De la obediencia

Para ser perfectos basta la caridad, pero para adquirir esta hay tres medios poderosísimos, que son obediencia, castidad y pobreza, con que se consagran al amor y servicio de Dios el corazon por medio de la obediencia, el cuerpo por la castidad, y por la pobreza los haberes: y estos tres brazos de la cruz espiritual estriban todos en el cuarto, que es la humildad. Nada diré de las tres referidas virtudes, como objeto del voto solemne, por pertenecer estos únicamente á los religiosos: ni tampoco del simple, pues aunque el voto añade muchas gracias y mérito á las virtudes, con todo para nuestro intento no es necesario que se practiquen. Porque si bien profesarlas (en especial con voto solemne), es abrazar un estado de perfeccion, para abrazar la perfeccion basta solo observarlas: que hay mucha diferencia entre perfeccion y estado de perfeccion; pues en estado de perfeccion viven todos los obispos y religiosos, y tenemos demasiadas pruebas de que no todos son perfectos. Procuremos, pues, Filotea, cada uno segun nuestra vocacion, practicar bien estas tres virtudes, y con ellas, aunque no entremos en estado de perfeccion, la alcanzaremos: y á la verdad todos estamos obligados á practicarlas, aunque no todos de un mismo modo.

Dos especies hay de obediencia, una precisa y otra voluntaria: la precisa te manda obedecer humildemente á los superiores eclesiásticos, es á saber, al Papa, al obispo y al cura, y los que por ellos ejercen sus funciones: á los superiores políticos, esto es, al príncipe y á los magistrados puestos por él en tu pueblo ó provincia: y finalmente á los superiores domésticos, esto es, á tu padre, madre, maestro y maestra: y se llama precisa esta obediciencia, porque nadie puede eximirse de la obligacion de obedecer á estos superiores, que han recibido de Dios la autoridad de mandar y gobernar cada uno en cuanto al cargo que tiene sobre nosotros. Obedece por tanto como debes sus preceptos, pero para ser perfecta sigue tambien sus consejos, y aun sus deseos é inclinaciones en cuanto la caridad y prudencia lo permitan. Has de obedecer cuando te mandan cosas agradables, como es el comer ó divertirte, pues aunque entonces no parece gran virtud el hacerlo, el no hacerlo seria gran defecto: has de obedecer en las cosas indiferentes, como ponerte tal ó tal vestido, ir por tal ó tal camino, cantar ó callar, y esta ya será una obediencia muy loable: has de obedecer tambien en las cosas difíciles, ásperas y duras, y esta será obediencia perfecta: has de obedecer finalmente con dulzura sin replicar, con prontitud sin tardanza, con alegría sin enfado, y sobre todo por amor de aquel Señor, que por nuestro amor se hizo obediente hasta la muerte de cruz, y quiso mas perder la vida que la obediencia, como dice S. Bernardo79.

Para aprender fácilmente á obedecer á tus superiores, condesciende sin repugnancia con la voluntad de tus iguales, cediendo á su dictamen, y no siendo disputadora é impertinente: acomódate con gusto á los deseos de tus inferiores en cuanto lo permita la razon, y no uses con ellos de autoridad imperiosa si son buenos.

Es error creer que si fuésemos religiosos ó religiosas, obedeceríamos fácilmente, cuando con dificultad y repugnancia prestamos la obediencia á los que Dios ha constituido sobre nosotros.

Llámase obediencia voluntaria aquella á que nos sujetamos por eleccion propia, sin que nadie nos obligue. Pongo por ejemplo, ninguno escoje ordinariamente príncipe, obispo, padre ni madre y muchas veces ni un marido, pero escoje confesor y director: la obediencia pues que les damos, ó ya sea por voto, como se dice de la madre Teresa de Jesus, que á mas del solemne que tenia de obediencia al superior de su orden, hizo voto simple de obedecer al P. Gracian, ó bien sea sin voto, se llama obediencia voluntaria, por serlo en su causa, que es nuestra voluntad y eleccion.

Debemos obedecer á todos los superiores, pero á cada uno en aquello en que nos tiene á su cargo: á los príncipes, por ejemplo, en cuanto á la policía y á las acciones públicas: á los prelados eclesiásticos en lo que toca á la disciplina de la Iglesia; en los asuntos domésticos al padre, al amo, al marido, y al director y confesor en lo perteneciente al gobierno particular del alma.

Haz que tu padre espiritual te señale las obras de piedad que has de practicar, y con eso tendrán duplicada gracia y bondad, una por sí mismas, puesto que son piadosas, y otra por la obediencia que las ordena, y en cuya virtud se ejecutan. Bienaventurados los que obedecen, porque Dios no permitirá jamas que se estravien.

Capitulo XII
De cuan necesaria es la castidad

Es la castidad la azucena de las virtudes, y hace á los hombres casi iguales á los ángeles: no hay hermosura sin pureza, y la pureza del hombre es la castidad: dásele tambien el nombre de honestidad, y á su profesion el de honra: tambien se llama integridad y su contraria corrupcion: en suma tiene la gloria particular de ser hermosa y cándida virtud de alma y cuerpo.

Jamas es lícito dar entrada en nuestro cuerpo al placer impuro, sea del modo que se fuere, sino es el legítimo matrimonio, cuya santidad puede con justa compensacion reparar el daño que causa la delectacion, pero aun en el matrimonio es preciso guardar honestidad de intencion, para que si hay imperfeccion en el placer, en la voluntad todo sea honestidad y pureza.

Es el corazon casto como la madre perla, que no puede recibir ni una gota de agua que no venga del cielo, pues él tampoco puede recibir otro placer que el del matrimonio que el cielo ha ordenado: fuera de esto, hasta el mas mínimo pensamiento voluptuoso, voluntario y consentido le está vedado.

En cuanto al primer grado de esta virtud has de tener gran cuidado, Filotea, de no dar entrada á ninguna especie de placer vedado y prohibido, como son todos los que se reciben fuera del matrimonio, y aun los del matrimonio cuando se usan fuera de sus santas reglas.

En cuando al segundo apártate cuando sea posible de los deleites inútiles y supérfluos, aunque sean lícitos y permitidos.

En cuanto al tercero no dejes pegar la voluntad, ni aun á los placeres y deleites mandados y ordenados; porque aunque es preciso usar de los deleites necesarios, esto es, de los que miran al fin é institucion del santo matrimonio, ha de ser sin apego del corazon y del espíritu.

Lo cierto es que todos necesitamos mucho esta virtud: los que se hallan en la viudez deben tener una castidad animosa, que no solo desprecie los objetos presentes y futuros, sino que tambien resista á las imaginaciones que pueda escitar en su espíritu la memoria de los placeres que lícitamente disfrutaron en el matrimonio, por cuya razon están mas expuestos al cebo de la deshonestidad. Por esto admira San Agustin80 la pureza de su amado Alipio, que despreció y olvidó enteramente los placeres carnales que en su juventud habia probado alguna vez. Y á la verdad mientras la fruta está bien entera se puede conservar, ó ya entre paja, ó ya sobre arena, ó ya envuelta en sus propias hojas; pero si empieza á tener alguna maca, solo se conserva confitándola con miel ó azucar: así la castidad que no ha sido ofendida ni violada se puede conservar de muchos modos; pero si ha padecido alguna quiebra, no puede conservarse sino á fuerza de mucha devocion, que, como ya he dicho varias veces, es la verdadera miel y azucar del espíritu.

La castidad que deben profesar las vírgenes ha de ser muy sencilla y remirada, para arrojar del corazon todos los pensamientos curiosos, y despreciar con total desprecio cualesquiera placeres impuros, indignos á la verdad de que los deseen los hombres, pues son propios de los jumentos é inmundos animales. No duden jamas estas almas puras que la castidad es incomparablemente mejor que todos los placeres opuestos á ella, porque, como dice el máximo doctor San Gerónimo81, el enemigo tienta con gran violencia á las vírgenes con el deseo de gustar los placeres, representándoselos mucho mas agradables y deliciosos de lo que son en la realidad; lo cual, dice este santo Padre, les causa gran perturbacion, pues por lo mismo que no los han probado, los creen mas dulces. Al modo que la mariposilla al ver la llama revolotea curiosa al rededor de ella para ver si es tan dulce como hermosa, y animada siempre de esta fantasía no cesa hasta que se abrasa en la primera prueba; así los jóvenes suelen muchas veces dejarse llevar con tanta vehemencia de la falsa y necia estimacion que hacen del placer de las impuras llamas, que despues de muchos pensamientos curiosos, al fin se van á perder y arruinar en ellos, acreditándose mas necios que las mariposas, porque estas tienen algun fundamento de creer que será delicioso el fuego que tan hermoso se muestra, mas ellos sabiendo que es sumamente deshonesto lo que apetecen, aprecian sin embargo la necia y brutal delectacion.

Tambien le es muy precisa la castidad á los casados, aunque no lo piensa el vulgo, por cuanto en ellos no consiente esta virtud en abstenerse del todo de los placeres carnales, sino en saberse contener entre ellos. Pues así como aquel precepto que dice: airaos, y no querais pecar, es en mi entender mas dificil que estotro, no os aireis jamas, por ser mucho mas facil evitar la ira que arreglarla: así tambien con mas facilidad se puede el hombre apartar enteramente de los placeres carnales, que mantenerse con moderacion en el uso de ellos. Cierto es que la licencia santa que da el matrimonio tiene particular eficacia para apagar el fuego de la concupiscencia; pero la flaqueza de los que usan de ella hace que pasen fácilmente de la licencia á la disolucion, y del uso al abuso. Así como vemos muchos ricos que roban, no por necesidad, sino por avaricia, así tambien vemos muchos casados que salen de los justos límites por intemperancia y lujuria, sin contentarse con el objeto legítimo que debieran y pudieran, porque su concupiscencia es como un ligero fuego que va prendiendo aquí y allí sin fijarse en parte alguna. Siempre se ha juzgado peligroso el uso de los medicamentos violentos, porque si se toma mas cantidad de la que se necesita, ó sin prepararse bastante, causan mucho daño; el matrimonio pues, que en otros fines se instituyó y consagró para remedio de la concupiscencia, sin duda es escelente medicina, pero violenta, y por consiguiente arriesgada, si no se aplica con discrecion.

A esto se añade, que á mas de las enfermedades largas, los varios negocios que ocurren separan muchas veces á los maridos de sus mugeres; por cuya razon necesitan dos especies de castidad los casados, una para abstenerse del todo cuando se hallan separado en las ocasiones que hemos dicho, y otra para usar con moderacion cuando se hallan juntos en el curso ordinario de su vida. Vió santa Catalina de Sena entre los condenados muchas almas que padecian indecibles tormentos por haber violado la santidad del matrimonio, no porque estos pecados, dice la santa, sean los mas enormes de todos, porque á la verdad lo son mas los asesinatos y blasfemias, sino porque los que caen en ellos no hacen escrúpulo, y continuan comentiéndolos largo tiempo.

Ya has visto que toda clase de personas debe guardar castidad, pues el Apostol dice: Sigue la paz con todos y la santidad, sin la cual ninguno verá á Dios82: y en esta palabra santidad entiende la castidad, segun la esplicacion de san Gerónimo83 y san Juan Crisóstomo84. Así que, Filotea, ninguno verá á Dios sin castidad, ninguno habitará su santo tabernáculo sin ser limpio de corazon porque serán arrojados de él los canes y los impuros85, como dice el Salvador; y en otra parte: Bienaventurados los limpios de corazon, porque ellos verán á Dios86.

Capitulo XIII
Avisos para conservar la castidad

Has de estar siempre dispuesta á separarte de cuando induzca ó sea cebo de la impureza, porque este mal obra insensiblemente, y de ligeros principios pasa á gravísimos accidentes, siempre es mas facil huir de él que curarle.

Son los cuerpos humanos semejantes á los vasos de vidrio, que si van tocándose unos con otros, están expuestos á quebrarse; ó a las frutas, que aunque estén enteras y bien sazonadas, contraen macas de tocarse unas con otras: aun el agua por muy fresca que esté en un vaso, si la toca algun animal terrestre, no puede conservar largo tiempo su frescura. Jamas, pues, permitas, Filotea, que te toque alguno incivilmente, ni por fiesta ni por caricia, porque aunque tal vez puede conservarse la castidad, entre unas acciones mas livianas que maliciosas, siempre padece con ellas algun detrimento y pérdida la frescura y flor de la castidad, la cual enteramente queda destruida, si se permite ejecutar deshonestamente acciones tales.

Tiene la castidad su principio en el corazon, pero el cuerpo es, digámoslo así, la materia de esta virtud, y así puede perderse por todos los sentidos esteriores del cuerpo, y por los pensamientos y deseos del alma. Ver, oir, hablar, oler y tocar cosas deshonestas es deshonestidad, si el alma se complace y tiene gusto en ello; por eso dice San Pablo con brevísimas palabras: La fornicacion ni aun se nombre entre vosotros87. Las abejas no solo no quieren tocar los cadáveres podridos, sino que huyen y aborrecen el mal olor que de ellos sale. La sagrada Esposa de los cantares tiene las manos destilando mira, licor que preserva la corrupcion; los labios guarnecidos de una cinta roja, que denota el pudor de sus palabras; sus ojos son de paloma, por su gran limpieza; sus orejas están adornadas con pendientes de oro, símbolo de la pureza; su nariz está entre los cedros del Líbano, madera incorruptible; pues así, el alma devota ha de ser casta, pura y honesta de manos, de labios, de oidos, de ojos y de todo su cuerpo.

Quiero acordarte á este propósito una sentencia que el antiguo P. Casiano refiere haber dicho san Basilio magno hablando una vez de sí propio: Yo no sé lo que son mugeres, y sin embargo no soy virgen88. A la verdad puede perderse la castidad de tantos modos cuantas son las especies de impurezas y lascivias: de las cuales unas la debilitan, otras la hieren, y otras del todo le dan muerte segun son mayores ó menores. Hay ciertas familiaridades y pasiones indiscretas, locas y sensuales, que en rigor no violan la castidad, pero la debilitan, la dejan sin fuerza, y le quitan el ampo de su blandura. Hay otras familiaridades y pasiones, no solo indiscretas sino viciosas, no solo locas sino deshonestas, no solo sensuales sino carnales, estas cuando menos dejan la castidad gravemente herdida y enferma; y digo cuando menos, porque si estas liviandades y lascivias ocasionan en la carne el último efecto del placer voluptuoso, entonces muere y perece totalmente la castidad, mas indigna, malvada é infelizmente que cuando se pierde por la fornicacion y aun por el adulterio y el incesto, porque estas últimas especies de maldad son pecados, pero las otras son monstruos de iniquidad y de pecado, como dice Tertuliano en el libro de Pudicicia89. Casiano no cree, ni yo tampoco lo imagino que hablase de estos pecados san Basilio cuando se acusaba á sí propio de no ser virgen, y juzgo que lo decia por los pensamientos malos y voluptuosos, los cuales, sin haber manchado su cuerpo, habian contaminado su corazon, de cuya castidad son muy zelosos los espíritus magnánimos90.

No converses con personas impuras, en especial si son desvergonzadas, como lo son de ordinario, porque así como los machos de cabrio truecan en amargos los almendros dulces, tocándolos con la lengua, así estas almas apestadas y estos corazones infectos no hablan á persona alguna, ni del mismo, ni de diferente sexo sin causar algun perjuicio á su pureza, porque tienen el veneno en los ojos y en el aliento como el basilisco.

Procura por el contrario tratar con gentes castas y virtuosas, medita y lee frecuentemente las verdades eternas, porque la palabra de Dios es pureza, y hace castos á los que gustan de ella, por lo cual la compara David al topacio, piedra preciosa, que tiene la propiedad de amortiguar el ardor de la concupiscencia.

Mantente siempre junto á Jesus crucificado, ya espiritualmente por medio de la meditacion, ya realmente por la comunion sagrada; porque así como los que duermen sobre la yerba llamada agno casto consiguen ser castos y pudicos, así tambien como repose tu corazon en nuestro Señor, que es el verdadero agno casto é inmaculado, verás cuan pronto quedan tu alma y tu corazon purificados de toda mancha é impureza.

Capitulo XIV
De la pobreza de espíritu practicada entre las riquezas

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos91: luego por consecuencia son malaventurados los ricos de espíritu, porque para ellos es la desdicha del infierno. Podemos llamar rico de espíritu al que tiene las riquezas en el espíritu, ó el espíritu en las riquezas: y pobre de espíritu al que por el contrario ni tiene en el espíritu las riquezas, ni en las riquezas el espíritu. Hacen los balcones sus nidos redondos como una pelota sin mas que una abertura muy pequeña en la parte superior, y los ponen á la orilla del mar, pero los dejan tan fuertes é impenetrables, que aunque sobrevengan las olas jamas puede entrar el agua en ellos, antes bien nadando siempre encima, permanecen en medio del mar, como dueños de él sobre sus aguas: tal ha de ser tu corazon, amada Filotea, abierto solo para el cielo, impenetrable para las riquezas y bienes caducos, de modo, que si las posees, no dejes que tu corazon las ame, sino que siempre se mantenga superior á ellas, de tal suerte, que en medio de las riquezas no tenga riquezas. No pongas no, ese espíritu celestial dentro de los bienes terrenos, mantenle siempre superior, sobre ellos, y no en ellos.

Es muy diferente tener veneno, ó estar envenenado: casi todos los boticarios tienen venenos para hacer de ellos varios usos, pero sin embargo no están envenenados, porque no tienen el veneno dentro de sus cuerpos, sino dentro de sus boticas: de este modo puedes tú tener riquezas sin estar envenenada con ellas, teniéndolas en tu casa ó en tu bolsa, pero no en tu corazon. Ve aquí una gran dicha del cristiano, ser rico en el efecto, y pobre en el afecto, disfrutando así la comodidad de las riquezas en este mundo, y teniendo el mérito de la pobreza para el otro.

No encontrarás, Filotea, quien confiese que es avaro: todos niegan esta bajeza y vileza de corazon, y toman por pretesto, ya el hallarse cargados de hijos, ya que es prudencia procurar tener lo que uno necesita, de modo, que jamas se cree tener demasiado, y siempre se encuentran ciertas precisiones de tener mas: así pues aun los mas avaros no solo no confiesan que lo son, pero ni aun en su conciencia lo juzgan, porque la avaricia es una fiebre prodigiosa, que se siente menos cuanto mayor es su ardor y su violencia. Vió Moises una zarza que ardia con un fuego divino sin consumirse; pero el fuego profano de la avaricia hace lo contrario, consume y devora al avariento sin que se sienta encendido, ó por lo menos en medio del ardor y calor mas escesivo se gloria de que disfruta una suavísima frescura, y cree que su rabiosa sed no es mas que un natural y templado deseo de beber.

Si deseas con permanencia, ardor é inquietud los bienes que no posees, eres verdaderamente avaro, aunque digas que no es por medios injustos, así como da claro indicio de estar con calentura el que con ardor, permanencia é inquietud desea beber, aunque no sea mas que agua.

Yo no sé. Filotea, si puede llamarse deseo justo el apetecer por medios justos lo que otro justamente está poseyendo, porque me parece que con este deseo apetecemos nuestra comodidad á costa de la incomodidad del otro. ¿No es verdad que quien con justicia posée un bien tiene mas justa razon de conservarle que nosotros de desear tenerle, aunque sea por medios justos? pues ¿por qué se han de estender nuestros deseos hasta apetecer lo que á él le acomoda, deseando privarle de ello? Si este deseo no es injusto, á lo menos no es según el orden de la caridad, porque nosotros ciertamente no quisiéramos que apeteciese otro, aunque fuese por medios justos, lo que justamente poseemos y queremos conservar. Este fué el pecado de Abad, deseó tener por medios justos la viña de Nabot, que este con mas justicia queria retener: lo deseó con ardor por mucho tiempo y con inquietud, y en esto cometió una ofensa de Dios.

Para desear los bienes del prójimo has de esperar, Filotea, á que él piense en deshacerse de ellos, porque entonces su deseo hará que el tuyo sea arreglado, no solamente á la justicia, sino tambien á la caridad. Esto te digo, porque yo bien quiero que tengas cuidado de aumentar tus bienes y facultades, pero no solo con justicia, sino tambien con dulzura y caridad.

Si tienes mucha aficion á los bienes que posees, si estás tan pegada á ellos, que arrastran tu corazon, ocupan tu pensamiento, y temes con viveza y agitacion perderlos, créeme, todavía estás con algo de calentura; porque los calenturientos beben la cantidad de agua que se les da con una ansia, una atencion y un paladeo, que no tienen por lo regular los que están sanos: y á la verdad es imposible complacerse en una cosa sin poner en ello mucho afecto. Bien puedes creer, Filotea, que si te afliges y estás inconsolable cuando pierdes tus bienes, sin duda tenias mucha aficion á ellos, pues nada prueba tanto el afecto á la cosa perdida como el afligirse cuando se pierde.

En suma no desees con deseo eficaz y absoluto los bienes que no posees: no dejes que se interne mucho tu corazon ni aun en los mismos que tienes: no sientas con vehemencia las pérdidas que te acaecieren, y entonces tendrás algun fundamento para creer, que siendo rica en el efecto, no lo eres en el afecto, sino que antes bien eres pobre de espíritu, y por consiguiente bienaventurada, porque es tuyo el reino de los cielos.

Capitulo XV
De cómo se ha de practicar la pobreza real, permaneciendo sin embargo realmente rico

Con una invencion muy ingeniosa retrató al pueblo ateniense Parrasio, célebre pintor, representándole de natural vario y mudable, colérico, injusto, inconstante, cortés, clemente, misericordioso, altanero, codicioso de gloria, humilde, feroz y cobarde, todo á un mismo tiempo. Yo tambien quisiera, amada Filotea, colocar en tu corazon juntas la riqueza y la pobreza, un gran cuidado y gran desprecio de las cosas temporales.

Has de cuidar mucho mas que los mundanos de que tus bienes sean útiles y fructuosos. ¿No has notado que los jardineros de los grandes príncipes cultivan y adornan los jardines de que están encargados con mas curiosidad y diligencia que si fueran suyos propios? ¿y por qué? Sin duda porque pretenden ganar de este modo la gracia de aquellos príncipes y reyes. Pues como no son tampoco nuestras las posesiones que tenemos, porque Dios nos las ha entregado para que las cultivemos y hagamos que produzcan utilidad y fruto, podemos por este medio hacerle un servicio muy grato, cuidando de ellas.

Ha de ser pues mas eficaz y sólido este cuidado que el de los mundanos acerca de sus biemos, y nosotros hemos de trabajar por amor de Dios, y como el amor de uno mismo es violento, turbulento é inquieto, tambien el cuidado que produce está lleno de turbacion, de disgusto y de inquietud; pero del amor de Dios dulce, sufrido y tranquilo nace un cuidado amoroso, dulce y apacible, aunque tiene por objeto los bienes del mundo. Tengamos pues este cuidado apacible, de conservar y aun de aumentar nuestros bienes temporales cuando haya oportunidad justa, y segun lo requiera nuestra condicion, pues así quiere Dios que lo hagamos por amor suyo.

Pero vive alerta para que no te engañe el amor propio, que sabe muchas veces fingirse amor de Dios, con tal destreza, que cualquiera le tendrá por tal. Para evitar pues este engaño, y no dar lugar á que el cuidado de los bienes temporales degenere en avaricia, es necesario, demas de lo que he dicho en el capítulo precedente, practicar muchas veces la pobreza real y efectiva en medio de los bienes y riquezas que Dios nos ha dado.

Para esto has de disminuir alguna parte de tus bienes, dándosela de buena voluntad á los pobres, porque se empobrece uno tanto cuanto da de lo que tiene, y así cuanto mas des mas te empobrecerás. Verdad es que Dios te lo restituirá, no solo en el otro mundo sino aun tambien en este, pues nada hace prosperar tanto los bienes temporales como la limosna; pero entre tanto que Dios te lo restituya, tú te habrás empobrecido de aquella cantidad. ¡O qué santo y rico empobrecimiento es el que produce la limosna!

Ten amor á los pobres y á la pobreza, y este amor hará que seas verdaderamente pobre, porque como dice la Escritura: nosotros nos hacemos tales cuales son las cosas que amamos92. El amor iguala á los amantes. ¿Quién está enfermo, dice S, Pablo, sin que yo esté enfermo con él93? Y tambien pudiera haber dicho, ¿quién es pobre sin que yo sea pobre con él? porque el amor le hacia estar con todos los que amaba: pues si tú amas á los pobres, serás verdaderamente participante de su pobreza, y pobre con ellos.

Pero si amas á los pobres, has de andar muchas veces entre ellos, teniendo gusto de verlos en tu casa, y de visitarlos en la suya, conversando amigablemente con ellos, alegrándote de que se lleguen á tí, ya sea en las iglesias, ya en las calles, ó ya en cualquiera otro lugar. Has de ser para con ellos pobre de lengua, hablándoles como compañera, pero rica de manos, repartiendo con ellos tus bienes, ya que los posees con mas abundancia.

Si quieres pasar aun mas adelante, Filotea, no te contentes con ser tan pobre como los pobres, sino mas que ellos: ¿sabes cómo? haciéndote criada de los pobres: pues el criado es menor que su amo: sírvelos en la cama cuando están enfermos: sírvelos, digo, con tus propias manos: sé su cocinera, pero á costa tuya: sé su costurera y lavandera: esta servidumbre, Filotea, es mas gloriosa que una corona. No puedo admirar bastantemente el fervor con que practicó este aviso S. Luis, que fué uno de los mayores monarcas que el sol ha visto en toda su carrera, y grande de todos modos: servia muchas veces á la mesa á los pobres que mantenia: casi todos los dias sentaba tres de ellos á la suya propia, y no pocas veces comia con indecible amor la sopa que á ellos les sobraba: cuando visitaba los hospitales, que era muy á menudo, de ordinario se llegaba á servir á los de enfermedades mas asquerosas, como lepra, cancer y otras semejantes: servíales de rodillas, y con la cabeza descubierta, respetando en su persona al Salvador del mundo, y amándolos con un amor tan afectuoso como el que tiene una cariñosa madre á un hijo tierno. Santa Isabel, hija del rey de Hungria, se mezclaba ordinariamente entre las pobres, y algunas veces por recreo se vestia de pobre entre sus damas, diciéndoles: así andaria yo vestida si fuera una pobrecita. ¡O Dios mio! ¡cuán bien sabian este príncipe y esta princesa ser en las riquezas pobres, y cuán ricos eran en tal pobreza!

Bienaventurados los que son de esta manera pobres, porque de ellos es el reino de los cielos. Tuve hambre, dirá el rey de los pobres y de los reyes en el dia grande de su juicio, tuve hambre, y me dísteis de comer, tuve frio, y me vestísteis, poseed el reino que os está preparado desde la constitucion del mundo94.

Ninguna deja de verse sin comodidades en algunas ocasiones. Suele suceder que llega á nuestra casa un huesped á quien debieramos y quisieramos cortejar, pero en aquella ocasion nos hallamos sin proporcion para ello: otro no tiene que ponerse en un dia de gala, porque están en otro lugar sus vestidos ricos: sucede que todos los vinos de la cuva se vuelven y avinagran, y solo queda el malo y nuevo: se halla uno en el campo en alguna venta donde todo falta, y ni se encuentra cama, ni cuarto, ni mesa, ni quien sirva: finalmente no hay cosa mas comun que tener necesidad y falta de alguna cosa, por mas rico que uno sea: pues esto es ser efectivamente pobre en cuanto á lo que nos hace falta. Estos acaecimientos, Filotea, te han de ser agradables, los has de recibir con complacencia, y los has de llevar con alegría.

Cuando te sucedan algunos contratiempos, que poco ó mucho te empobrezcan, como tempestades, incendios, inundaciones, esterilidad, robos y pleitos, entonces es ocasion oportuna de practicar la pobreza, recibiendo con tranquilidad la disminucion de bienes, y acomodándote con paciencia y constancia á este empobrecimiento. Presentóse Esau á su padre con sus manos cubiertas de pelo, y del mismo modo se presentó tambien Jacob, pero á Jacob, que tenia el pelo en los guantes, y no en su propio pellejo, se le hubieran podido arrancar sin causarle dolor alguno ni despellejarle; mas si hubiesen intentado arrancarle á Esau el pelo que nacia de su propio cutis, le hubieran causado mucho dolor, y á fe que hubiera dado grandes gritos, y se hubiera defendido con todas sus fuerzas. Cuando los bienes están pegados al corazon nos causan mil quejas, impaciencias y disgustos, la tempestad, los ladrones ó los pleitistas que se llevan alguna parte de ellos; pero si tenemos solamente el cuidado que Dios manda de la hacienda, sin que arrastre nuestra voluntad, nos perderemos el conocimiento ni la tranquilidad, aunque nos priven de ella. Y ve aquí la diferencia que hay en cuanto al vestido entre los brutos y los hombres, él de los brutos está pegado á la carne, el de los hombres sobrepuesto, y así pueden quitársele y ponérsele cuando quieren.

Capitulo XVI
Modo de practicar la riqueza de espíritu entre la pobreza real

Pero si eres realmente pobre, amada Filotea, sé tambien pobre de espíritu, haz de la necesidad virtud, dale á esta piedra preciosa de la pobreza la estimacion que merece, que aunque su brillo no se manifiesta en este mundo, no por eso deja de ser sumamente hermosa y de gran precio.

Ten paciencia, y sabe que vives en muy buena compañía, porque tambien nuestro Señor, nuestra Señora, los Apóstoles y otros muchos Santos y Santas fueron pobres, y aun pudiendo ser ricos, menospreciaron el serlo. ¿Cuántos grandes en el mundo, venciendo innumerables contradicciones, fueron á buscar con indecible solicitud la santa pobreza dentro de los claustros y en los hospitales? mucha pena les costó encontrarla, como pueden atestiguar San Alejo, Santa Paula, San Paulino, Santa Angela y otros muchos; pero á tí con mas predileccion, ó Filotea, ella misma te viene á buscar á tu casa: sin trabajo y sin buscarla la has encontrado; abrázala pues como á una amiga querida de Jesucristo, que nació, vivió y murió con pobreza y la pobreza, le sirvió como de nutriz todo el tiempo de su vida.

Dos grandes ventajas tiene tu pobreza, Filotea, que pueden acrecentar en gran manera su mérito. La primera es que no te ha venido por eleccion propia, sino por voluntad de Dios únicamente, pues él te ha hecho pobre sin que tú lo hayas querido, y es muy agradable á Dios lo que recibimos únicamente de su mano, si lo recibimos con gusto y por amor de su voluntad santísima, y cuanto menos hay de nuestro caudal, mas hay del de Dios por lo cual una simple y mera aceptacion hace que sea sumamente puro cualquier sufrimiento.

El segundo privilegio de esta pobreza es ser verdaderamente pobre. Cuando la pobreza es alabada, acariciada, estimada, socorrida y amparada, tiene algo de riqueza, ó á lo menos no es enteramente pobre; pero cuando es despreciada, despedida, reprochada y abandonada, entonces es verdaderamente pobre. Tal es por lo comun la pobreza de los seglares, porque como no son pobres por su eleccion, sino por necesidad, no se hace mucho caso de su pobreza, y por eso mismo es mas pobre que la de los religiosos, bien que esta tiene por otra parte una grande escelencia, y es muy apreciable por razon de voto, y del fin con que la han abrazado.

No te quejes pues de tu pobreza, querida Filotea, porque nadie se queja de lo que no le disgusta, y si te disgusta la pobreza, ya no eres pobre de espíritu, sino rica de afecto.

No te desconsueles de que no te socorran como necesitas, pues en eso consiste la escelencia de la pobreza: querer ser pobre y no sufrir incomodidad alguna, es ambicion desmesurada, porque es querer la honra de la pobreza y la comodidad de las riquezas.

No te avergüences de ser pobre, ni de pedir una limosna por Dios, toma la que te den con humildad, y recibe con mansedumbre las negaciones; acuérdate del camino que hizo nuestra Señora á Egipto, llevando á su querido Hijo, y cuantos desvíos, pobreza y miseria tuvo que sufrir. Si tú vives de esta suerte, serás muy rica en medio de la pobreza.

Capitulo XVII
De la amistad, y primeramente de la que es mala frívola

Es el amor la primera pasion del alma y el rey de los movimientos del corazon: convierte en sí propio todas las demas cosas, y nos hace tales cual es el objeto amado: y así has de poner, Filotea, gran cuidado en no tener amor malo, porque al punto toda tú serás mala; pero de todos los amores ninguno es mas peligroso que la amistad, porque los demas pueden existir sin trato, mas la amistad, como estriba en él, es casi imposible tenerla con una persona sin participar de sus cualidades.

No todo amor es amistad, porque puede uno amar sin ser amado, y entonces habrá amor, mas no amistad; pues esta lo primero es amor recíproco, y no siendo recíproco, no es amistad: lo segundo es necesario ademas de esto, que las personas que mutuamente se aman conozcan esta recíproca aficion, pues si la ignoran, tendrán amor, pero no amistad: lo tercero se requiere que haya entre ellas alguna especie de comunicacion que sirva de fundamento á la amistad.

Segun las diversas comunicaciones, es tambien diversa la amistad, y las comunicaciones se diferencian por la diferencia de bienes que mutuamente se comunican: si los bienes son engañosos, y vanos, es la amistad vana y engañosa, si son verdaderos, es verdadera, y cuanto mas escelentes sean, tanto mas escelentes será la amistad, pues así como es mas esquisita la miel sacada de flores mas esquisitas, así el amor que se funda en la mejor comunicacion es el mejor de todos: y al modo que en Heraclea del Ponto hay una miel venenosa, que deja insensatos á los que la comen, porque es formada del acónito, yerba que abunda mucho en aquella region, así la amistad que se funda en la comunicacion de bienes falsos y viciosos, es totalmente falsa y mala.

La comunicacion de los deleites carnales es una mutua propension y cebo brutal, que no puede llamarse amistad entre los hombres, así como no pudiera decirse con semejante fundamento que tienen amistad los jumentos y los caballos. Y si no hubiera en el matrimonio otra comunicacion mas que esta, tampoco habria amistad; pero como en él hay tambien, á mas de esta comunicacion, la de la vida, de la industria, de los bienes, de los afectos y de una fe indisoluble, por eso la amistad del matrimonio es verdadera y santa.

La amistad fundada es comunicacion de placeres sensuales es grosera é indigna del nombre de amistad, y lo mismo la que se funda en virtudes frívolas y vanas, porque tales virtudes dependen tambien de los sentidos. Llamo placeres sensuales los que pertenecen inmediata y principalmente á los sentidos esteriores, como es es el placer de ver lo hermoso, de oir una voz agradable, de tocar y otros semejantes: virtudes frívolas llamo ciertas habilidades y gracias vanas, que los espíritus débiles tienen por virtudes y perfecciones. Si oyes hablar á la mayor parte de las doncellas, de las mugeres y de los jóvenes, verás que sin reparo dicen que un caballero es virtuoso y adornado de muchas perfecciones, porque baila bien, juega bien á todos los juegos, se viste bien, canta bien, es decidor, y tiene buena presencia: y entre los charlatanes pasan por mas virtuosos los que son mas bufones; pero como todas estas cosas pertenecen á los sentidos, por eso se llaman sensuales las amistades que en ellas se fundan, y mas bien que amistad debieran llamarse liviandades: tales son de ordinario las amistades que en ellas se fundan, y mas bien que amistad debieran llamarse liviandades: tales son de ordinario las amistades de la gente joven, que solo se fundan en el bigote, en los cabellos, en las miradas, en los vestidos, en los gestos y en las habladurías: amistades correspondientes á la edad de los sugetos que las tienen, cuyas virtudes están en cierne, y cuyo juicio, está en flor todavía: por eso estas amistades son pasageras, y se deshacen como la nieve herida del sol.

Capitulo XVIII
De los enamoramientos

Llámanse enamoramientos estas amistades livianas cuando son entre personas de diferente sexo, y sin la mira de casarse, porque no merecen nombre de amistad ó amor unos abortos, ó por mejor decir fantasmas de amistad tan vanas é imperfectas. Estas pues hacen que los corazones de los hombres y las mugeres queden aprisionados, empeñados y enlazados unos con otros con aficiones vanas y locas, fundadas en las frívolas comunicaciones y ruines prendas de que acabamos de hablar; y aunque estos necios amores ordinariamente pasan y se despeñan en carnalidades y lascivias muy torpes, con todo no se proponen este fin los que en ellos se emplean, pues en tal caso ya no serian enamoramientos, sino deshonestidades manifiestas. Muchas veces pasarán años y años sin que entre los que están contagiados de esta locura haya cosa alguna contraria directamente á la castidad del cuerpo, porque se contentan únicamente con que sus corazones se deshagan en ansias, deseos, suspiros, galantería y otras tales nonadas y vanidades llevados de diversos fines.

Unos tienen por único designio saciar sus corazones con hacer y recibir espresiones de amor, dejándose llevar de su inclinacion amorosa, y estos tales eligen los amores sin consultar mas que su gusto y proprension, y así apenas encuentran un objeto agradable cuando, sin examinar su interior y su conducta, dan principio á esta comunicacion de enamoramiento, y se enredan en los miserables lazos, de que no podrán salir despues sin gran trabajo. Otros, llevados de la vanidad, tienen por gran gloria prender y atar con el amor los corazones, y estos, como hacen la eleccion por vanidad, ponen sus asechanzas, y tienden sus redes en lugares hermosos, elevados, escogidos é ilustres. Otros son llevados de ambas cosas, esto es, de la inclinacion amorosa y de la vanidad, pues aunque su corazon está propenso al amor, no quieren sin embargo entregarse á él sin sacar alguna ventaja de gloria. Todas estas amistades son malas, locas y vanas: malas porque van á parar finalmente en el pecado carnal, y roban el amor, y por consiguiente el corazon á Dios y á la esposa, ó al marido á quienes se les debe: locas porque no tienen fundamento ni razon: vanas porque no producen honra ni contentamiento alguno, antes por el contrario hacen perder el tiempo, perjudican á la honra, y todo el placer que producen es una solicitud continua de pretender y esperar, sin saber lo que esperan ó pretenden, porque les parece siempre á estos espíritus débiles y miserables que tienen no sé qué de apetecible las pruebas que mutuamente se dan de amor recíproco; pero como no saben decir lo que es, no pueden tener fin sus deseos, que permanecen siempre oprimiendo sus corazones con perpetuas desconfianzas, zelos é inquietudes.

Maravillas dijo sobre esto san Gregorio Nacianceno escribiendo contra las mugeres vanas: copiaremos un breve pasage, que aunque habla con las mugeres, puede ser tambien muy util á los hombres. «Tu natural hermosura, dice95, hasta para «tu marido; pero si es para muchos hombres, «como red tendida a una bandada de pajaros, «¿que vendrá á suceder? alguno te agradará y «se agradará de tu hermosura, corresponderás á «sus ojeadas con ojeadas, á sus miradas con mi «radas: seguirá despues el sonreirse y decirse «algunas palabritas amorosas dejadas caer con «disimulo á los principios, pero bien presto se «les tomará el gusto, y pasará á ser requiebros «manifiestos. Lengua mia loquaz no pases mas «adelante. Pero diré sin embargo esta verdad: «de cuando dicen ó hacen los jóvenes y las mu «geres juntos en estas locas conversaciones, nada «hay que no cause violentos estímulos, pues to «das estas bagatelas amorosas tienen conexion «entre sí, y se siguen unas á otras, así como el «hierro tocado del iman, va consecutivamente «atrayendo otros muchos hierros.»

¡Qué bien dice este gran Prelado! Pero dime ¿qué pretendes? ¿qué se enamoren de ti? ¿no es esto? Pues sabe que nadie procura voluntariamente que se enamoren de él si que por precision quede enamorado: en este juego el que coge escogido. Así como la yerba aproxis se enciende si la ponen delante del fuego, así nuestro corazon, apenas ve una alma enamorada de él, cuando sin disalacion queda inflamado por ella. Yo bien quiero enamorarme, dirá alguno, pero sin mucho empeño: ¡ay como te engañas! El fuego del amor es mas activo y penetrante de lo que piensas: tú quieres que entre una chispa no mas, y quedarás atónito al ver que en un momento se ha apoderado de todo tu corazon, y ha convertido en cenizas todos tus propósitos, y tu reputacion en humo. ¿Quién tendrá compasion, esclama el Sabio96, de un encantador mordido por la serpiente? Y yo digo con él: ¿creeis, necios é insensatos, poder encantar al amor para manejarle como querais? pensais burlaros de él, pero él os picará y morderá peligrosamente: ¿y sabeis lo que se dirá entonces de vosotros? todos se burlarán y reirán de ver que quisisteis encantar al amor, y que con falsa seguridad os atrevisteis á abrigar en vuestro seno una peligrosa culebra, que os ha dañado y perdido en el alma y en la honra.

¡O Dios! ¡qué ceguedad jugar al fiado sobre prendas tan frívolas la parte principal del alma! Así es, Filotea, pues Dios quiere al hombre por el alma, el alma por la voluntad, y la voluntad por el amor. ¡Ay de mí! no tenemos ni con mucho el amor que necesitamos, pues solo siendo infinito, podria ser bastante para amar á Dios: y con todo ¡qué miserables somos! con todo le malbaratamos y empleamos en cosas necias, vanas y frívolas, como si tuvieramos amor de sobra. Pero ¡ay, que aquel gran Dios, que solo se ha reservado el amor de nuestras almas en reconocimiento de haberlas criado, conservado y redimido, nos pedirá una cuenta muy estrecha de estos locos descuentos que hacemos! y si de las palabras ociosas ha de hacer una exacta pesquisa, ¿qué hará de las amistades ociosas, inútiles, necias y perjudiciales?

Así como el nogal es ,muy dañoso á las viñas ó campos en que está plantado, porque, como es tan grande, chupa todo el jugo de la tierra, y no deja el suficiente para alimentar las demas plantas, y porque, siendo su copa muy espesa, hace una sombra densa y estendida, y finalmente porque los pasageros se llegan á él, y por coger su fruta, echan á perder y pisan todo lo que hay al rededor: así estos enamoramientos hacen al alma semejantes daños, pues la ocupan de tal modo, y se llevan con tal poderío sus afectos, que despues que no le dejan fuerzas para ninguna buena obra, las hojas, esto es, los entretenimientos, diversiones y festejos son tan frecuentes, que en ellos se desperdicia todo el tiempo, y finalmente atraen tantas tentaciones, distracciones, sospechas y otras consecuencias, que el corazon está totalmente hollado y corrompido. En una palabra, los enamoramientos los destierran, no solo el celestial amor, sino aun tambien en temor de Dios, quitan al alma su vigor, disminuyen la reputacion, y por decirlo todo de una vez, son entretenimiento de las cortes, pero peste de los corazones.

Capitulo XIX
De las amistades verdaderas

Ama á todos, Filotea, con mucho amor de caridad, pero ten amistad solo con los que pueden comunicar contigo cosas virtuosas, y cuanto mas escelente sean las virtudes que entren en esta comunicacion, tanto mas perfecto será tu amistad. Será ciertamente muy laudable si comunicas acerca de las ciencias, mucho mas si comunicas acerca de las virtudes, prudencia, templanza, fortaleza y justicia; pero si esta mutua y recíproca comunicacion fuese acerca de la caridad, devocion y perfeccion cristiana, ¡ó Dios mio, qué amistad tan preciosa! será escelente porque viene de Dios, escelente porque va á Dios, escelente porque su vínculo es Dios, escelente porque durará para siempre en Dios. ¡Que bueno es amar en la tierra como se ama en el cielo, y aprender á amarse mutuamente en este mundo como nos amaremos eternamente en el otro! No hablo aquí del mero amor de caridad, porque este le debemos tener á todos los hombres, hablo de la amistad espiritual con que dos, tres ó mas almas se comunican su devocion y sus afectos espirituales, haciéndose todas entre sí una alma sola. Con razon pueden cantar almas tan dichosas: ¡O cuan bueno y cuan agradable es habitar los hermanos unidos97! así es, porque el precioso bálsamo de la devocion va destilando de un corazon en otro por medio de una participacion continua, de modo, que sobre tal amistad se puede decir que Dios derrama su bendicion y vida por los siglos de los siglos.

Todas las demas amistades me parecen sombras comparadas con estas, y sus vínculos cadenas de vidrio ó de fragil esmalte en comparacion del poderoso vínculo de la santa devocion que es de oro puro.

No trabes otra especie de amistad: hablo de las amistades que haces tú misma, pues no por esto se han de abandonar ni despreciar las amistades, cuya continuacion exigen la naturaleza y las obligaciones anteriores, como es la de los parientes, allegados, bienhechores, vecinos y otros: solamente trato de las amistades que por eleccion propia contraes.

Muchos por ventura te dirán que no se debe tener amistad ó afecto particular, sea el que fuere, porque esto ocupa el corazon, distrae el espíritu, y produce envidias; pero en esto padecen equivocacion, nacida de haber visto en los escritos de muchos Santos y autores ascéticos, que las amistades particulares y aficiones estraordinarias son sumamente dañosas á los religiosos, de donde infieren que debe entenderse lo mismo de los demas hombres, sobre lo cual hay mucho que decir; pues como en un monasterio bien arreglado los designios comunes de todos se dirigen á la verdadera devocion, no es necesario allí tener estas particulares comunicaciones, antes bien debe temerse, que buscando como particular lo que ha de ser comun, y se pueda pasar de las particularidades á las parcialidades: mas los que viviendo entre los mundanos abrazan la verdadera virtud, necesitan unirse unos con otros por medio de una santa y sagrada amistad con que se animen, ayuden y conlleven hácia el bien. Y al modo que los que van por un camino llano no necesitan darse la mano, pero los que van por caminos escabrosos y resbaladizos, se tienen que asir unos á otros para caminar mas seguros, así los que están en religion no necesitan amistades particulares, pero las necesitan los que viven en el mundo para asegurarse y socorrerse mutuamente en los malos pasos por donde han de caminar precisamente. Como en el mundo no conspiran todos á un mismo fin, ni están animados de un mismo espíritu, es preciso apartarse y hacer amistades proporcionadas á lo que pretendemos, y aunque esta particularidad forma verdaderamente una parcialidad, es parcialidad santa que si causa division, es apartando el bien del mal, los corderos de los cabritos, y las abejas de los zánganos; division sumamente necesaria.

Nadie puede negar que nuestro Señor amó con mas tierno y especial amor á san Juan, á Lázaro, á Marta y á Magdalena, porque la Escritura lo testifica: sabemos que san Pedro queria tiernamente á san Márcos y á santa Petronila, así como san Pablo á Timoteo y á santa Tecla: San Gregorio Nacianceno se gloria repetidas veces de la incomparable amistad que tenia con san Basilio magno, y la describe de este modo98. «Parecia «que en nosotros dos habia una alma sola en dos «cuerpos, y aunque no se debe dar crédito á los «que dicen qur todas las cosas están en todas las «cosas, con todo pueden creernos que nosotros «dos estábamos cada uno en el otro mutuamente. «Un solo querer teniamos entrambos, que era «practicar la virtud y arreglar el fin de nuestras «acciones á las esperanzas futuras, saliendo por «este medio de la tierra mortal aun antes de mo «rir.» San Agustin testifica que san Ambrosio amaba á santa Mónica tiernamente por las estraordinarias virtudes que veia en ella, y que ella recíprocamente le amaba como á un angel de Dios99.

Pero en vano te detengo en cosa tan clara. San Gerónimo, san Agustin, san Gregorio y todos los mayores siervos de Dios tuvieron amistades muy particulares sin menoscabo de su perfeccion. San Pablo, echando en cara á los gentiles su desvío, los acusa de haber sido gentes sin afecto, esto es, que no habian tenido amistad alguna; y santo Tomás100 dice como todos los buenos filósofos, que la amistad es virtud, y nótese que habla de la amistad particular, puesto que, como él mismo dice, la amistad perfecta no puede estenderse á muchas personas. No consiste pues la perfeccion en no tener amistad, sino en no tener amistad que no sea buena, santa y sagrada.

Capitulo XX
De la diferencia que hay entre las amistades verdaderas y las vanas

Voy á darte un aviso muy importante, Filotea: la miel de Heraclea, que es tan venenosa, como hemos dicho, se parece mucho á la otra saludable, por lo cual hay gran peligro de equivocarlas una con otra, ó de mezclarlas, y entonces la bondad de la una no corregirá la malignidad de la otra. Conviene pues estar alerta para no engañarse en estas amistades, y mas cuando se contraen entre personas de diverso sexo con cualquier pretesto que sea, porque muchas veces cambia Satanás los afectos de los que nos aman, se empieza por amor virtuoso, mézclase despues el amor sensual, y finalmente el carnal: así que aun en el mismo amor espiritual hay riesgo si no se está con cuidado, bien que en este no es tan facil engañarse, porque en su pureza y blancura son mas visibles las manchas que quiere echar el demonio; por lo cual cuando lo intenta, usa de mas sutileza, y procura que se resbalen las impurezas casi insensiblemente.

Distinguirás la amistad mundana de la santa y virtuosa del mismo modo que se distingue de la otra, la miel de Heraclea: esta es mas dulce al paladar que la comun, porque el acónito aumenta la dulzura, tambien la amistad mundana presenta ordinariamente gran copia de palabras melosas, de adulaciones, de espreciones tiernas y de lisonjas, celebrando la hermosura, gracia y prendas esteriores; pero el lenguaje de la amistad santa es sencillo y sincero, y solo alaba la virtud y la gracia de Dios, que es el único fundamento en que estriba: la miel de Heraclea, comida, transtorna la cabeza, y la falsa amistad transtorna el espíritu de quien la tiene, haciéndole titubear en la castidad y devocion, induciéndose á miradas artificiosas, lisonjeras é inmoderadas, á caricias sensuales, á desordenados suspiros, á quejas de no ser correspondido, á ciertos ademanes ligeros, pero afectados y halangüeños, á galanterías, á procurar ósculos y otras particularidades y favores atrevidos, presagios ciertos é indubitables de la cercana rutina de la honestidad; pero los ojos de la amistad santa son siempre castos y sencillos, sus caricias puras y sinceras, los suspiros solo van al cielo, las particularidades solo para el espíritu, y las quejas solo cuando Dios no es amado, señas infalibles de honestidad: la miel de Heraclea turba la vista, la amistad mundana turba el juicio de tal manera, que los que están infectos de ella piensan obrar bien cuando obran el mal, y juzgan razones sólidas sus escusas, pretestos y palabras, temer la luz, y apetecen las tinieblas; pero la amistad santa tiene clara la vista, y no se esconde, antes comparece gustosa ante los buenos: finalmente la miel de Heraclea deja un grande amargor de boca, y así tampoco las amistades falsas se convierten y paran en palabras y pretensiones carnales hediondas, y si no son admitidas, en injurias, calumnias, imposturas, melancolías, confusiones y zelos, que suelen terminar muchas veces en brutalidad y locura; pero la amistad casta siempre es igualmente honesta, civil, amigable, y no se convierte en otra cosa que en una mas perfecta y pura union de espíritus, imagen viva de la amistad bienaventurada que se procesa en el cielo.

Dice S. Gregorio Nacianceno101 que cuando grazna el pavo real, formada la rueda y encrespadas sus plumas, provoca fuertemente á sensualidad á las hembras que le oyen: así tambien pavonearse el hombre, engalanarse y llegar á requebrar, cuchichear y hablar en secreto, y á la oreja á una muger ó doncella, sin el fin justo de casarse, solo puede ser para provocarla á la impureza. Por tanto debe la muger honrada cerrar sus oidos para no escuchar el graznido de este pavon, y la voz del encantador que sagazmente pretende encantarla, pues escucharle ¡ó Dios! será fatal agüero de la futura pérdida de su corazon.

Los jóvenes que hacen señas, gestos y caricias, ó dicen palabras que no quisieran que oyesen sus padres, madres, maridos, mugeres ó confesores, en esto mismo dan prueba de que tratan asuntos agenos del honor y de la conciencia. Nuestra Señora se turba viendo un angel en forma humana, porque está sola, y porque el angel la alaba con elogios desmedidos, aunque celestiales. ¡O Salvador del mundo! teme la pureza misma á un angel en forma humana, pues ¿por qué, quién es la misma impureza, no ha de temer á un hombre aunque sea en figura de angel, cuando la alaba con elogios sensuales y humanos?

Capitulo XXI
Avisos y remedios contra las amistades malas.

Pues ¿qué remedio contra esta casta y hormiguero de amores necios, locuras é impurezas? Apenas percibas los primeros movimientos, vuélvete inmediatamente á la parte contraria, y detestando del todo estas vanidades, corre á la cruz del Salvador, toma su corona de espinas, y ponla al rededor de tu corazon para que no puedan acercarse á él estas raposillas. Guárdate de tratar de composicion alguna con este enemigo, no digas le escucharé, pero no haré nada de lo que me diga: le daré oidos, pero le negaré el corazon. Por Dios, Filotea mia, sé muy rigorosa en tales ocasiones, que el corazon y los oidos tienen mutua correspondencia, y así como es imposible detener un torrente que ha empezado á bajar por la pendiente de una montaña, así tambien es dificil estorbar que el amor, cuando ha llegado á caer en el oido, deje de continuar cayendo hasta el corazon. Dice Alemeon, aunque Aristóteles lo niega, que las cabras no respiran por las narices sino por las orejas: yo no sé lo que hay en esto, pero lo que si sé es que nuestro corazon respira por los oidos, pues así como respira por la boca, por la cual exhala sus pensamientos, así por los oidos respira, recibiendo los pensamientos de los otros. Guardemos pues cuidadosamente los oidos del aire de las palabras necias, porque sino pronto quedará inficionado el corazon. No escuches proposicion alguna, sea con el pretexto que fuere pues en esta materia no importa ser incivil y grosera.

Acuérdate de que has consagrado tu corazon á Dios, y que habiéndole consagrado tu amor, seria sacrilegio quitarle una partecita. Antes bien vuélvesele á consagrar de nuevo, haciendo mil resoluciones y protestas, y manteniéndote entre ellas como un ciervo en su fuerte, invoca á Dios, que él te socorrerá, y su amor decidirá bajo su proteccion el tuyo para que viva únicamente para é.

Pero si ya estás presa en las redes de estos locos amores, ¡ó Dios, cuan dificultoso es que te desprendas! Ponte en su divina presencia, reconoce á su vista tu gran miseria, flaqueza y vanidad, y despues, esforzando el corazon cuanto puedas, detesta los comenzados amores, abjura la vana profesion que has hecho de ellos, renuncia todas las promesas recibidas, y con voluntad plena y absoluta conten tu corazon, resolviéndote á no volver jamas á esos juegos y entretenimientos amorosos.

Si puedes apartarte del objeto, será lo mejor, porque así como los que han sido mordidos de la serpiente, con dificultad se curan á vista de los que en otro tiempo fueron heridos de la misma mordedura; así la persona picada de amor, difícilmente curará de esta pasion mientras esté cerca de la otra que ha padecido la misma picadura. Sirve mucho la mutacion del lugar para calmar los ardores é inquietudes del dolor ó del amor. Cuenta de un mancebo san Ambrosio en el libro segundo de la penitencia102, que habiendo hecho un largo viage, volvió enteramente libre de los necios amores que antes habia tenido, y tan cambiado, que encontrándole su loca amante, y diciéndole: ¿qué no me conoces? mira que soy la misma: sí, respondió él, pero yo no soy el mismo: y es que la ausencia habia causado esta mutacion dichosa. De sí mismo refiere san Agustin103, que para mitigar el dolor que le afligia por la muerte de un amigo, salió de Tagaste, donde sucedió la desgracia, y se fué á Cartago.

¿Y qué ha de hacer el que no puede ausentarse? Es absolutamente necesario cortar toda conversacion particular, trato secreto, miradas tiernas, sonrisas, y en una palabra, toda especie de comunicacion y cebo que pueda servir de pábulo á un fuego que tal hedor y tan denso humo despide: ó á lo sumo, si es forzoso hablar al cómplice, ha de ser para declararle con una protesta resuelta, breve y severa el divorcio eterno que se le ha jurado. Con cualquiera que haya caido en las asechanzas de los enamoramientos hablo y le digo con cuanta eficacia puedo: corta, divide, rompe, no te detengas á descoser estas locas amistades, rásgalas, no desates las ligaduras, rómpelas ó córtalas; así que esas ataduras y cordeles nada valen. No se debe usar de condescendencia con un amor tan contrario al amor de Dios.

Pero aun despues de rotas las cadenas de esta infame esclavitud, todavía me resentiré algun tanto, y me quedarán señales y marcas de los grillos en los pies, esto es, en mis afectos. No quedarán, Filotea, con tal que hayas detestado tu mal tanto como merece, porque en tal caso no sentirás mas movimiento que un sumo horror de este amor infame, y de todo cuanto tiene conexión con él, no conservarás mas afecto al objeto abandonado que una caridad muy pura y con respeto á Dios; pero si por ser imperfecto tu arrepentimiento te quedan aun inclinaciones malas, busca la interior soledad del alma que antes te dije, retírate á ella lo mas que puedas: y por medio de muchas repetidas aspiraciones, renuncia tus inclinaciones, y detéstalas con todas tus fuerzas: lee libros devotos con mas frecuencia que otras veces: confiésate mas á menudo que acostumbras, y comulga: trata con humildad y claridad de todas las sugestiones y tentaciones que acerca de esto te sobrevinieren con tu director, si puedes, y si no á lo menos con alguna persona fiel y prudente, y no dudes que Dios te librará de todas las pasiones, con tal que continúes fielmente en estos ejercicios.

Es ingratitud, me dirás, romper tan desapiadadamente una amistad. ¡O feliz ingratitud, que nos hace agradables á los ojos de Dios! pero créeme, Filotea, no será ingratitud, sino hacer un gran beneficio al amante, porque rompiendo tus prisiones, romperás las suyas, que unas mismas os aprisionaban á entrambos, y aunque él por entonces no conozca su felicidad, la reconocerá bien presto, y cantará contigo en accion de gracias: ¡O Señor! rompiendo habeis mis ataduras, yo os sacrificaré una hostia de alabanza, é invocaré vuestro nombre santo104.

Capitulo XXII
Algunos avisos mas acerca de las amistades

Aun me queda sobre este particular una advertencia muy importante: como la amistad requiere entre los amantes mucho trato, sin el cual ni pueden nacer ni subsistir, suelen entrarse juntas con la comunicacion de la amistad otras muchas comunicaciones, resbalándose sin sentir de corazon en corazon, pues mutuamente se infunden, y como que destilan uno en otro sus afectos, inclinaciones é impresiones: y esto especialmente sucede cuando estimamos mucho á la persona amada, porque entonces franqueamos tanto el corazon á su amistad, que fácilmente se introducen con ella todas las inclinaciones pe impresiones buenas ó malas, así como las abejas de Heraclea, aunque no buscan en el acónito mas que miel, chupan insensiblemente en ellas las calidades venenosas de aquella planta. Conviene pues, Filotea, practicar en esta materia la advertencia que solia dar el Salvador de nuestras almas, segun dicen los antiguos: Sed buenos cambiantes y monederos, esto es, no recibais la moneda falsa entre la buena, ni el oro de baja ley entre el fino: separad lo precioso de lo vil. Así ha de ser, porque no hay casi ninguno que no tenga sus defectos, y ¿por qué hemos de recibir con la amistad las tachas é imperfecciones del amigo? Ciero es que debemos amarle, aunque sea imperfecto, pero no debemos amar ni recibir sus imperfecciones, pues la amistad requiere comunicacion del bien, no del mal. Así como los que sacan la arena del Tajo recogen el oro que entre ella se encuentra, y dejan la arena en las orillas, así los que tienen la comunicacion de una buena amistad, deben apartar la arena de las imperfecciones, y no dejar que se introduzca en su alma. Asegura san Gregorio Nacianceno105, que muchos amantes y admiradores de san Basilio se dejaban llevar del deseo de imitarle hasta en sus imperfecciones esteriores, en su modo lento de hablar, en el espíritu abstraido y pensativo, y hasta en la forma de la barba y en la manera de andar: y tambien nosotros vemos maridos, mugeres, hijos y amigos, que formando gran concepto de sus amigos, padres, maridos y mugeres, con el comercio de amistad que tienen entre sí, adquieren, ó por condescendencia ó por imitacion mil caprichos malos, aunque levemente. Por ningun motivo se debe hacer esto, que bastantes son las malas inclinaciones que cada uno tiene, sin cargarse con las de otros: lejos de requerir tal cosa la amistad, exige por el contrario que nos ayudemos mutuamente para librarnos unos á otros de todas las imperfecciones: debemos sin duda sufrir con dulzura las flaquezas de nuestros amigos, mas no inducirlos á ellas, y mucho menos contraerlos nosotros.

Pero hablo solamente de las imperfecciones, porque en cuanto á pecados, ni se ha de inducir al amigo á ellos, ni aun se le deben sobrellevar: amistad que viendo perecer al amigo no le socorriese, y mirándole cercano á morir de una apostema, no osase darle el lanzetazo de la correccion para salvarle, seria debil ó mala: la amistad verdadera y viva no puede subsistir entre pecados. Se dice que la salamandra apaga el fuego en que se arroja, el pecado sí que destruye la amistad en que se aposenta; porque si el pecado es pasagero, de ordinario le ahuyenta la amistad con la correccion, y si permanece y se detiene, al punto se acaba la amistad, que solo puede subsistir sobre el fundamento de la verdadera virtud: y siendo esto así, mucho menos se debe pecar por la amistad, pues es verdadero enemigo el amigo que quiere inducirnos á pecar, y merece perder la amistad el que pretende perder y condenar á su amigo. Por esto una de las señales mas ciertas de amistad falsa es ser con persona viciosa, sea en la especie de pecados que fuere: si es vicioso el amado, sin duda será viciosa la amistad, que no pudiendo tener por objeto la verdadera virtud, mirará ciertamente á alguna virtud engañosa ó prenda sensual. De la compañía que forman entre sí los comerciantes para las ganancias temporales solo se puede decir que es imagen de la amistad verdadera, porque no se hace por amor de las personas, sino por amor de la ganancia.

Por conclusion sirvan de columnas firmísimas para asegurar bien la vida cristiana estas dos divinas sentencias, una del Sabio, que dice: El que teme á Dios, igualmente tendrá buena amistad106; y otra de Santiago: La amistad de este mundo es enemiga de Dios107.

Capitulo XXIII
De los ejercicios de la mortificacion esterior

Dicen algunos que tratan de agricultura y de cosas del campo, que si en una almendra bien entera se escribe cualquier palabra, y poniéndola despues dentro de su cáscara, esta se cierra y une perfectamente, y se planta de este modo, el arbol que nazca producirá todas las almendras con la misma inscripcion. Sea de esto lo que fuere, yo jamas he aprobado el método de algunos, que empiezan á reformar al hombre por el esterior, por los movimientos, por los vestidos y por los cabellos.

Al contrario me parece á mi, que se ha de dar principio por el interior: Convertios á mi de todo vuestro corazon108, dice Dios. Hijo mio, dame tu corazon109; porque siendo el corazon el principio de las acciones, estas son tales cual es él. Ponme, dice el Esposo divino convidando al alma, ponme como un sello sobre tu corazon, como un sello sobre tu brazo110; y con razon, pues quien tenga en su corazon á Jesucristo, bien presto le tendrá en todas sus acciones esteriores. Por eso, amada Filotea, ante todas cosas he querido grabar y esculpir en tu corazon esta espresion santa y sagrada: VIVA JESUS, asegurado de que con esto tu vida, que procede del corazon, como el almendro nace de la almendra, producirá todas las acciones, que son sus frutos, con esta misma saludable espresion, grabada y esculpida; y de que así como el dulcísimo Jesus vivirá dentro de tu corazon, así tambien vivirá en todas tus acciones y se dejará ver en tus ojos, en tu boca, en tus manos, y aun en tus cabellos, y podrás decir como san Pablo: Vivo yo, pero ya no yo, vive en mí Jesucristo111. En una palabra: es dueño de todo el hombre quien es dueño de su corazon; pero como tambien al corazon, por donde quiero dar principio, es necesario instruirle de cómo ha de ordenar su porte y esterior continente, para que se deje ver allí, no solo la santa devocion, sino tambien gran discrecion y prudencia, voy á darte con brevedad muchas advertencias para ello.

Si puedes llevar el ayuno, convendrá que ayunes algunos dias mas que los de precepto de la Iglesia, porque con el ayuno, ademas de levantar el espíritu, reprimir la carne, practicar la virtud, y ganar mayor recompensa en el cielo, que son sus regulares efectos, se adquiere un gran bien en mantener la posesion de tratar con dureza á la glotonería, y tener el apetito sensual y el cuerpo sujeto á la ley del espíritu; y aunque no ayunemos mucho, con todo el enemigo nos teme mas cuando conoce que sabemos ayunar. Los antiguos cristianos guardaban abstinencia, particularmente los miércoles, viernes y sábados, y así de estos dias puedes tomar los que tu devocion y la prudencia de tu director te dictaren. Convengo desde luego en lo que escribia san Gerónimo á la virtuosa matrona Leta112: «Mucho me desagradan los ayunos «largos é inmoderados, particularmente entre las «personas de tierna edad,» porque la esperiencia me ha enseñado que el jumentillo, cuando está muy cansado del camino, busca el modo de salirse de él: quiero decir, que los jóvenes que enferman por el escaso de los ayunos suelen volverse á la vida delicada. Así como los ciervos corren poco en dos tiempos, esto es, cuando están demasiado gordos, y cuando están demasiado flacos, así tambien nosotros estamos muy espuestos á las tentaciones cuando el cuerpo está alimentado con demasía, y cuando está demasiado descaecido; porque lo uno le hace insolente con la comodidad, y lo otro con la incomodidad le hace desesperado: no podemos con él cuando está muy grueso, y él no puede con nosotros cuando está muy flaco. La falta de moderacion en los ayunos, disciplinas, cilicios y asperezas dejan á muchos en los mas preciosos años de su vida incapaces de ejercer obras de caridad, como sucedió á san Bernardo, que sentia haber practicado demasiadas austeridades, y estos tales, por lo mismo que han maltratado á su cuerpo al principio, se ven obligados á lisonjearle al fin: ¿no hubiera sido mejor tratarle siempre de un mismo modo con proporcion á los oficios y trabajos á que su condicion los obliga?

Así el ayuno como el trabajo sirven para macerar y abatir la carne, con que si al trabajo en que te has de emplear es necesario ó muy util para gloria de Dios, mas quisiera yo que sufrieses la pena del trabajo que la del ayuno: de esta manera piensa la Iglesia, que dispensa aun los ayunos de precepto por las fatigas útiles al servicio de Dios y del prójimo. Uno se mortifica en ayunos, y otro en servir á los enfermos, visitar á los encarcelados, confesar, predicar, consolar á los afligidos, orar y otros semejantes ejercicios, pues esta mortificacion es mas preciosa que aquella, porque, á mas de que mortifica como ella, produce otros frutos mas apetecibles. Y por tanto, hablando en general, mejor es conservar algunas fuerzas corporales mas de las precisas, que no destruir mas de las que conviene, porque siempre estamos á tiempo de destruir cuando nos parezca, y no siempre lo estamos de reparar cuando queremos.

Debemos mirar con gran reverencia el dicho de Jesucristo nuestro Señor y Redentor á sus discípulos: Comed lo que os pongan delante113. A mí entender, comer sin eleccion lo que le pongan á uno delante, y con el mismo orden que se lo den, ó ya sea, ó ya no sea a su gusto, es mayor virtud que escoger siempre lo peor, pues aunque este último modo de vivir parece mas austero, el otro es mas resignado, porque en él no solo se renuncia el propio gusto, sino tambien la propia eleccion, y no es poca austeridad volver el gusto á todas partes, y tenerle sujeto á cualquier acaecimiento; á lo cual se añade, que esta especie de mortificacion no es visible, ni incomoda á nadie, y es la mas propia de la vida civil. No querer un manjar para tomar de otro, picar y probaar todos los platos, no encontrar nada bien guisado ni bastante limpio, hacer gestos á cada bocado son muestras de un corazon flaco, que pone su atencion en los platos y en las escudillas. Cuando es vez de agua ó vino veo beber aceite á san Bernardo, le juzgo mas digno de alabanza que si con reflexion y estudio hubiese bebido agua de ajenjos, porque es prueba clara de que no pensaba lo que bebia, y en este descuido de lo que se ha de comer ó beber consiste la perfecta práctica de aquella sagrada sentencia: Comed lo que os pongan delante. Con todo, de esta regla esceptuo los manjares dañosos á la salud, ó que perturban la razon, como son, para muchas, las cosas cálidas y cargadas de especias, las que se suben á la cabeza, ó son flatulentas: y tambien esceptuo aquellas ocasiones en que la naturaleza necesita recreo y auxilio para poder llevar algun trabajo de la gloria de Dios. Mas vale una sobriedad moderada y continua, que guardar mucha abstinencia unas temporadas, y tener otras gran relajacion.

Si se usa con moderacion la disciplina, es sumamente eficaz para dispertar el gusto de la devocion: el cilicio es muy poderoso para macerar el cuerpo, pero por lo comun no es conveniente á los casados: ni á los de complexion delicada, ni á los que han de sufrir otros grandes trabajos: con todo, en los dias mas señalados de penitencia podrán usar de él con el dictamen de un confesor discreto.

Para el sueño cada uno ha de tomar de la noche aquel tiempo que según su complexion necesita, para velar bien y con utilidad todo el dia. Y pues la sagrada Escritura en muchos lugares, el ejemplo de los Santos, y aun la razon natural nos recomiendan encarecidamente la madrugada, como la mejor y mas util parte del dia, y pues nuestro Señor toma el nombre de sol que sale, y nuestra Señora el de aurora del dia, tengo por práctica virtuosa el recogerse á dormir temprano por la noche para levantarse bien de madrugada: este tiempo es ciertamente el mas agradable y dulce, y el mas desembarazado: aun los pajarillos nos provocan en él á levantarnos y alabar á Dios: y así que el madrugar es saludable para el alma y para el cuerpo.

Camina Balan sobre su jumentilla hácia donde está Balac, pero como no lleva recta intencion, le espera en el camino el angel del Señor con una espada en la mano para darle muerte: la jumentilla que ve el angel se para por tres veces como inmoble: hiérela cruelmente Balan con la vara para que ande, hasta que á la tercera vez, echándose con él en la tierra, le habla milagrosamente, y le dice: ¿Qué te he hecho? ¿por qué me hieres ya por tercera vez? Y al punto se abren los ojos de Balan para que vea al angel, el cual le dice: ¿Por qué hieres á tu jumentilla? Si ella no se hubiera apartado del camino, cediendo á mi resistencia, yo te hubiera dado á ti la muerte, y á ella la hubiera dejado viva. Entonces responde Balan: Pequé porque no sabia que tú estabas oponiéndote á mi camino114. ¿Ves esto Filotea? Balan que es la causal del mal, castiga y hiere á la pobre jumentilla que no puede remediarlo, pues así nos suele suceder á nosotros muchas veces. Aquella muger ve á su marido ó su hijo enfermo, y al punto echa mano del ayuno, del cilicio, de la disciplina, como hizo David en un caso semejante. ¡Ah querida! tú hieres á la pobre jumentilla, afliges al cuerpo que no tiene la culpa de tu mal, ni de que Dios tenga la espada desenvainada contra ti: corrige tu corazon que idolatra á ese marido, y que permite á ese hijo tantos vicios, y le enseña á ser soberbio, vano y ambicioso. Aquel hombre ve que con frecuencia cae torpemente en pecados de lujuria, y el remordimiento interior de su conciencia le sale al encuentro con la espada en la mano para traspasarle con un saludable temor: entonces por lo comun, entrando en sí mismo, esclama su corazon: ¡ah cuerpo desleal! tú me has hecho traicion. Y de contado descarga sobre su carne ásperos golpes, y se entrega á inmoderados ayunos, á desapiadadas disciplinas y á insoportables cilicios. ¡Ah pobre alma! Si pudiese tu carne hablar como la jumentilla de Balan, te diria: ¿Por qué me hieres tú, ruin, si es contra ti contra quien Dios asesta su venganza? tú eres la culpada alma mia: ¿por qué me llevas á las conversaciones malas? ¿por qué empleas en lascivias mis ojos, mis manos y mis labios? ¿por qué me alteras con torpes imaginaciones? ten tú pensamientos buenos, y no tendré yo movimientos malos: trata con personas castas, y no me veré yo agitada de la concupiscencia; ¡pero ay! despues que tú misma me arrojas á las llamas, pretendes que no me queme: me echas tú misma el humo á los ojos y quieres que mis ojos no se inflamen. En estos casos aun el mismo Dios os está diciendo: herid, romped, hended, desmenuzad en primer lugar vuestros corazones, porque el objeto de mi indignacion son ellos. Así como para curar la comezon no son tan provechosos los lavatorios y baños esteriores como los medicamentos que purifican la sangre y refrescan el hígado; así para curarnos de los vicios, aunque en la realidad es bueno mortificar la carne, es mucho mas necesario purificar nuestros afectos y refrescar nuestros corazones. Finalmente, por regla general, nunca se han de hacer penitencias corporales sin consejo del director.

Capitulo XXIV
De las conversaciones y de la soledad

En la devocion propia de las personas que viven en el mundo, que es de la que estamos tratando, son estremos represibles, así el andar en busca de conversaciones, como en andar huyendo de ellas, porque huirlas parece desvío y desprecio del prójimo, y buscarlas no deja de ser ociosidad inutil. Hemos de amar á nuestros prójimos como á nosotros mismos, y así para mostrar que los amamos: no huyamos de estar con ellos, y para dar testimonio de que nos amamos á nosotros, gustemos de estar con nosotros mismos, esto es, de estar solos. Primero has de pensar en ti, dice san Bernardo115, y despues en los demas: y así si no tienes precision de concurrir á conversar con otros, ó de recibirlos en tu casa, éstate dentro de ti misma, y conversa con tu corazon; pero si viene á buscarte la conversacion, ó tienes justo motivo de irla á buscar, ve en nombre de Dios, y mira á tu prójimo, Filotea, con buena voluntad y con buenos ojos.

Llamamos conversaciones malas á las que se tienen con mala intencion, sea la que fuere, y tambien las que se tienen con personas viciosas, atrevidas y disolutas, y en cuanto á estas es necesario huir de ellas como huyen las abejas de los enjambres de tabanos y abispas; pues al modo que el sudor, el aliento y la saliva de los que han sido mordidos de un perro rabioso es peligrosa, especialmente para los niños y personas delicadas de complexion, así tambien es arriesgado y peligroso el trato de las gentes viciosas y disipadas, pero en especial para aquellos cuya devocion está todavía delicada y endeble.

Tambien hay conversaciones que únicamente sirven de pasatiempo, y que se tienen solo por divertirse de las ocupaciones serias: estas, aunque no conviene entregarse á ellas, se pueden tener en el tiempo destinado para recreacion.

Otras conversaciones hay de urbanidad, como las mutuas visitas y ciertas concurrencias que se hacen para obsequiar al prójimo, acerca de las cuales ni ha de haber nimiedad en hacerlas ni descortesía en despreciarlas, sino cumplir con modestia lo que se debe, huyendo tanto de la rusticidad como de la inmoderada ligereza.

Restan ahora las conversaciones útiles, como son las de personas devotas y virtuosas; y ¿qué gran bien bien será para ti, Filotea, encontrar tales conversaciones á menudo? La viña plantada entre los olivos produce uvas crasas, que tienen algun sabor de aceituna, y el alma que anda entre las gentes virtuosas no puede menos de participar de sus calidades. Los zánganos solos no pueden hacer miel, pero mezclados con las abejas las ayudan á formarla: así no es muy provechoso para acostumbrarnos á la devocion conversar con las almas devotas.

En cualquiera conversacion en apreciable la sinceridad, sencillez, dulzura y modestia; pero hay algunos que hacen todas las acciones y movimientos con tanto artificio que á todos empalagan: y asi como nadie podria sufrir á uno que al pasearse fuese siempre contando los pasos, y que no hablase sin cantar, así tambien son sumamente enfadosos en el trato los que tienen afectacion y hacen todas las acciones á compas: tales gentes siempre son algo presuntuosas. De ordinario conviene que en nuestra conversacion se vea una alegría moderada: por eso son tan celebrados San Romualdo y San Antonio, que en medio de sus grandes austeridades mostraban en el rostro y en la conversacion alegría, buen humor y civilidad. Alegraos con los que se alegran116, dice el Apostol, y en otro lugar: Alegraos siempre en el Señor, y vuestra modestia sea visible á todos los hombres117. Para alegraros pues en nuestro Señor, no solo ha de ser lícita, sino tambien honesta la materia de vuestra alegría: digo esto, porque hay cosas que son lícitas, pero no son honestas: y para que se vea vuestra modestia, huid de desvergüenzas, que siempre son reprensibles. Dejar caer á uno, tiznar á este, picar al otro, hacer mal á un simple son diversiones necias é insolentes.

Pero ademas de la soledad mental, á la cual puedes retirarte aun en las grandes concurrencias, como dijimos arriba, siempres has de gustar de la soledad real, esto es, la soledad del lugar. No digo por esto que te retires á los desiertos como santa María Egipciaca, san Pablo, san Antonio, Arsenio y otros Padres del yerno, sino que estés algun rato en tu cuarto, ó en tu jardin, ó en otra parte donde con mas comodidad puedas retirar tu espíritu dentro del corazon, y recrear tu alma con buenas consideraciones y pensamientos santos, ó con alguna lectura santa, como hacia el insigne san Gregorio Nacianceno, el cual dice, hablando de sí propio118: «Paseábame yo solo por la orilla del mar «á la caida del sol, porque acostumbro usar de «esta recreacion para descansar y sacudir algun «tanto las molestias ordinarias. Y en seguida de esto trata de aquel buen pensamiento que tuvo, y que ya en otro lugar he referido119. Y en esto tambien imitirás á san Ambrosio, de quien cuenta san Agustin120, que cuando entraba en su cuarto (pues á nadie cerraba la puerta) le veia leer, y esperando algun tiempo, se solia retirar sin decirle palabra, por no incomodarla, juzgando que no se le debia quitar á este insigne Pastor aquel corto tiempo que le quedaba para restablecer y recrear el espíritu del bullicio de tantos negocios. Así tambien nuestro Señor cuando le contaron los apóstoles lo mucho que habian predicado y hecho, los dijo: Venid á parte á un lugar desierto, y descansad un poco121.

Capitulo XXV
De la conveniente decencia del vestido

Enseña S. Pablo que las mugeres devotas (otro tanto pudiera decirse de los hombres) deben usar vestidos modestos y decentes, adornándose con pudor y moderacion122. Consiste la decencia del vestido en su materia, forma y aseo: el aseo casi siempre debe ser igual en nuestros vestidos, no llevando en ellos, en cuanto sea posible, mancha ni indecencia alguna; porque la limpieza esterior representa en cierto modo la honestidad interior, y el mismo Dios exige la pureza corporal en los que se acercan á los altares, y ejercen el principal cargo de la devocion.

En cuanto á la materia y forma se ha de medir la decencia por las circunstancias del tiempo, edad, calidad, compañías y ocasiones. Es regular componerse mas los dias de fiesta, á proporcion de la solemnidad que se celebra, y en tiempo de penitencia, como es la cuaresma, se debe disminuir mucho el adorno: á los duelos de luto: cuando se ha de andar al rededor de los príncipes se aumenta la compostura, y se disminuye cuando se vive en los domésticos. La muger casada puede y debe ataviarse cuando está presente su marido, si en ello le complace; pero si tambien se engalana cuando está ausente, se podrá preguntar á que ojos quiere agradar con este particular cuidado. A las doncellas se les permite mas adornos porque lícitamente pueden procurar parecer bien á muchos, aunque solamente con el fin de ganar la voluntad de uno con quien contraer el santo matrimonio. Tampoco puede vituperarse que se atavien algun tanto aquellas viudas que se hallan proporcionadas para volverse á casar, pero son mostrar ligereza, pues habiendo sido ya madres de familia, y habiendo sufrido los contratiempos de la viudez, pasan por gentes de espíritu madurado y templado. Pero á las verdaderas viudas que no solamente lo son de cuerpo, sino tambien de espíritu, no les sienta bien otro adorno que la humildad, modestia y devocion, pues si quieren enamorar á los hombres no son verdaderas viudas, y si no pretenden enamorarlos, ¿para qué son aquellos atavíos? el que no piensa en recibir huéspedes, quite la muestra de la posada. ¿Quién no se ha de reir de las viejas que quieren parecer bien? locura que solo se puede disimular en los jóvenes.

Has de andar aseada, Filotea, sin llevar pingajos ni desgarrones, porque parece desprecio de las personas con quienes se trata andar entre ellos en trage que repugna; pero huye de toda afectacion, vanidad, primor y locura. Arrímate cuanto puedas á la sencillez y modestia, que es ciertamente el mayor ornamento de la belleza, y el mejor disimulo de la fealdad. San Pedro advierte en particular á los jóvenes que no lleven los cabellos tan batidos, rizados, ensortijatos y ondeando123. Los hombres que incurren en la afeminacion de gustar de tales afeites son mirados en todas partes como hermafroditas, y las mugeres vanas son tenidas por poco firmes en la castidad, pues si la tienen, á lo menos no la manifiestan con tantos adornos y bagatelas. Suele decirse que no se hace con mal pensamiento, pero yo respondo, como otras veces, que el enemigo siempre piensa mal. Quisiera yo que el devoto y devota á quienes hablo fuesen los mejores vestidos de su clase, pero los menos pomposos y afectados, y que estuviesen adornados de gracia, de modestia y de magestad, como se dice en los proverbios124. En pocas palabras dice san Luis que cada uno se ha de vestir segun su estado, de tal modo, que los buenos y prudentes no pueden decir que hay esceso, ni los jóvenes puedan notar que hay falta; pero en caso de que los jóvenes no se quieran dar por satisfechos de esta decencia, es justo atenerse al parecer de los prudentes.

Capitulo XXVI
Del modo de hablar, y primeramente como se ha de hablar con Dios

Registrando la lengua conocen los médicos el estado de salud ó enfermedad de una persona, así tambien las palabras son indicios verdaderos de las calidades de alma. Por tus palabras serás justificado, dice el Salvador, y por tus palabras serás condenado125. A donde se siente dolor acude la mano, y la lengua á donde se tiene amor: así pues, Filotea, si estás muy enamorada de Dios, hablarás frecuentemente de Dios en las conversaciones familiares que tengas con tus domésticos, amigos y vecinos, pues la boca del justo meditará la sabiduría, y su lengua hablará el juicio126. Al modo que las abejas solo chupan con el pico la miel, tu lengua estará siempre endulzada de su Dios, y en nada encontrará mayor suavidad que en ver salir de tus labios alabanzas y bendiciones de su nombre, como se cuenta de san Francisco, que cuando pronunciaba el santo nombre del Señor se chupaba y lamia los labios, en prueba de la suma dulzura que encontraba.

Pero habla siempre de Dios como de Dios, esto es, con reverencia y devocion, sin querer parecer sabia ni predicadora, sino procurando cuanto puedas, como la esposa de los cantares, destilar con espíritu de dulzura, caridad y humildad la deliciosa miel de la devocion y de las cosas divinas gota á gota, ya en los oidos de uno, ya en los de otro, rogando interiormente á Dios se digne hacer que este santo rocío penetre hasta el corazon de los que te oyen.

Sobre todo, has de practicar este angelical ministerio dulce y suavemente, no corrigiendo, sino inspirando, porque es un prodigio lo que vale para ganar las voluntades usar de suavidad, y proponer amistosamente lo bueno.

Nunca has de hablar de Dios ni de la devocion por cumplimiento y pasatiempo, sino siempre con respeto y devocion: y te hago esta advertencia para que no caigas en la reparable vanidad, de algunos devotos, que á cada paso dicen, por decir, y sin pensar lo que dicen, palabras santas y fervorosas, y despues de haberlas pronunciado, se creen tales como indican sus palabras, no siéndole en la realidad.

Capitulo XXVII
De la decencia de las palabras y del respeto que se debe á las personas

El que no peca en las palabras es hombre perfecto, dice el apostol Santiago127. Has de tener gran cuidado de que no se te escapen palabras menos honestas, pues aunque tú no las digas con mala intencion, los que las oyen pueden entenderlas en mal sentido. Cuando cae en un corazon flaco la palabra deshonesta se estiende y dilata como en el paño una gota de aceite, y á veces se apodera de tal modo que llena el corazon de pensamientos y tentaciones de impureza; que si la ponzoña del cuerpo entra por la boca, la del corazon entra por el oido: y así es homicida la lengua de donde sale, aunque su veneno tal vez no haya hecho efecto, por encontrar los corazones de los oyentes precavidos con algun contraveneno; porque siempre se le debe imputar la malicia de haber procurado darles muerte: y no se escusen diciendo que no lo pensaron, pues el Señor, que ve los pensamientos, dice: Que de la abundancia del corazon habla la boca128: y aun cuando nosotros no pensemos mal, lo piensa siempre el maligno, y se sirve ocultamente de estas malas palabras para traspasarle á alguno el corazon. Se dice que los que comen la yerba llamada angélica tienen siempre el aliento suave y agradable, así tambien los que conservan en su corazon la honestidad y caridad, virtud angélica, dicen siempre palabras puras, urbanas y púdicas. Las cosas indecentes y locas quiere el apostol que ni aun se nombren entre nosotros, asegurando que las conversaciones malas corrompen las buenas costumbres129.

Son muchos mas venenosas estas palabras deshonestas cuando se dicen encubiertas con arte y agudeza, pues si el dardo, cuanto mas agudo, mas fácilmente penetra el cuerpo: la palabra mala, cuanto mas aguda, tanto mas penetra nuestros corazones. Los que piensan acreditarse de urbanos y discretos diciendo semejantes palabras, no saben siquiera el fin de las conversaciones, que es juntarse como un enjambre de abejas para sacar miel de las pláticas dulces y virtuosas, y no como abispas, que se reunen para chupar la podredumbre. Si te dijere algun necio palabras mal sonantes, dále á entender que ofende tus oidos, ó ya apartándote de alli, ó ya por algun otro medio que te dictare la prudencia.

No puede haber peor propiedad que la de burlarse: aborrece Dios este vicio en gran manera, y le ha castigado en los pasados tiempos con estraordinarios castigos; pues siendo la desestimación y desprecio del prójimo el mayor contrario de la caridad, y mucho mas de la devocion, siempre la mofa y burla llevan consigo este desprecio: por lo cual es pecado tan grave, que, como enseñan con mucha razon los doctores, no se puede hacer mayor ofensa de palabra al prójimo que mofarse de él, pues entre las demas ofensas se conserva alguna estimacion de la persona ofendida, pero esta se comete con desestima y menosprecio.

Aquellos chistes ó juegos de palabras que con modesta alegría y gracejo se dicen unos á otros pertenecen á la virtud que llaman los griegos eutrapelia, y nosotros podemos llamar buena conversacion: con tales chismes se hace que sirvan de honesta y familiar recreacion los asuntos de poca entidad, que suministran las imperfecciones humanas; pero es preciso tener cuidado de no pasar desde el honesto gracejo á la mofa, pues la mofa provoca á risa por la desestima y menosprecio del prójimo, y el chiste y buen humor hace reir por una sencilla libertad, confianza y familiar franqueza junta con el donaire de algun dicho. Cuando querian algunos religiosos hablar á san Luis de asuntos graves despues de comer, respondia, ahora no es tiempo de tratar negocios, sino de esparcirse con chistes y ocurrencias: diga cada uno honestamente lo que le ocurra. Lo cual decia atendiendo á los nobles que le rodeaban para disfrutar su benevolencia. Pero cuidemos, Filotea, de pasar el tiempo con la recreacion, de modo, que con la devocion conservemos la eternidad santa.

Capitulo XXVIII
De los juicios temerarios

No querais juzgar, y no sereis juzgados: no querais condenar, y no sereis condenados130, dice el Salvador de nuestras almas. No juzgueis antes de tiempo, dice el apostol, hasta que venga el Señor, que revelará lo escondido de las tinieblas, y manifestará los designios de los corazones131. ¡O cuanto desagradan á Dios los juicios temerarios! Son temerarios los juicios de los hijos de los hombres, porque como no son jueces unos de otros, usurpan á nuestro Señor su oficio cuando los juzgan: temerarios porque la principal malicia del pecado depende de la intencion y designio del corazon, la cual es para nosotros oscura como las tinieblas: temerarios porque bastante tiene que hacer cada uno en juzgarse á si mismo, sin ingerirse á juzgar á su prójimo. Para no ser juzgado es necesario no juzgar á los demas, y juzgarse á sí propio, pues el Señor nos prohibe lo primero, y el apostol nos manda lo segundo cuando dice: Si nos juzgasemos á nosotros mismos, no seriamos ciertamente juzgados132. Pero ¡ó Dios! todo lo hacemos al reves, continuamente estamos juzgando al prójimo, que es lo que se nos prohibe, y jamas queremos juzgarnos á nosotros mismos, como se nos manda.

En cuanto á los remedios, se han de aplicar segun las causas de que nacen los juicios temerarios. Hay algunos corazones naturalmente agrios, amargos y ásperos, que agrian y amargan todo cuanto reciben, y como dice el Profeta, convierten el juicio en ajenjos133. Estos necesitan precisamente dar en manos de un buen médico espiritual, porque siéndoles connatural la amargura de corazon, es muy dificil vencer, y aunque ella en sí no sea pecado, sino solo imperfeccion, es con todo peligrosa, porque da entrada y dominio en el alma al juicio temerario y murmuracion. Juzgan algunos temerariamente, no por amargura, sino por orgullo, pareciéndoles que, á medida que deprimen la estimacion del otro, realzan la suya propia: espíritus arrogantes y presuntuosos que se glorian en sí mismos, y se elevan tanto en su propia estima, que miran todo lo demas como humilde y bajo: tal era el necio Fariseo que decia: No soy como los demas hombres134. Otros no tienen este orgullo manifiesto, sino solamente cierta complacencia en considerar el mal de los demas, poara sentir mayor dulzura en reparar y hacer reparar á otros el bien opuesto de que se juzgan dotados; y es tan secreta é imperceptible esta complacencia, que solo una vista muy perspicaz puede descubrirla, pues aun los mismo que están tocados de este contagio no le conocen, sino hay quien se le muestre. Otros para lisonjearse y escusarse consigo mismos, y para acallar los remordimientos de su conciencia, juzgan de ligero que los otros tienen el mismo vicio á que ellos se han entregado, ó algun otro de no menor gravedad, creyendo que será menos vituperable su culpa, si son muchos los culpados. No pocos hay que, por ocupar el pensamiento, se echan á juzgar temerariamente, sin otro fin que divertirse en filosofar y adivinar las costumbres y temperamentos de las personas; y si por desgracia salen alguna vez verdaderos sus juicios, toma tal incremento su audacia y su apetito de continuar, que es muy dificil desviarlos. Otros juzgan por pasion, y así siempre piensan bien de lo que estiman, y mal de lo que aborrecen, exceptuando un caso digno de admiracion, pero sin embargo verdadero, en que el mismo esceso del amor induce á hacer malos juicios del amado: efecto monstruoso, que proviene de un amor impuro, imperfecto, inquieto y enfermo, que son los zelos, los cuales, ó por la menor sonrisa califican de pérfidos y adúlteros á los sugetos. Finalmente contribuyen de ordinario en gran manera á producir sospechas y juicios temerarios, el medio, la ambicion y otras semejantes flaquezas del espíritu.

Pues ¿qué remedio? Los que beben el zumo de la yerba ofusca de Etiopia ven por todas partes serpientes y otros objetos formidables, y los que han bebido la soberbia, la envidia, la ambicion y el rencor no ven cosa que no juzguen mala y reprensible: aquellos para curar han de beber vino de palma, lo mismo digo á estos, bebed cuanto podais el sagrado vino de la caridad, que os limpiará de los malos humores que hacen formar estos errados juicios. La caridad, no solamente no va á buscar el mal, sino que teme encontrarle, y si tropieza con él, vuelve á otra parte el rostro, y le disimula, cierra los ojos antes de verle desde que percibe el primer rumor, y luego con una santa sencillez piensa que no era verdaderamente el mal, sino solo una sombra ó fantasma. Y cuando forzosamente conoce que es el mismo mal, se aparta al instante, y procura olvidar su figura: la caridad es la mejor medicina de todas las enfermedades, pero en particular de esta. Todas las cosas aparecen amarillas á los ojos de los que tienen ictericia, y dicen que para curarse de este mal se ha de llevar la celidonia bajo de la planta del pie. Es el vicio de juzgar temerariamente una especie de ictericia espiritual, que á los que la padecen les hace ver todas las cosas como malas, y el que quiera curarse de ella ha de aplicar los remedios, no á los ojos, sino á los afectos, que son como pies del alma. Si tus afectos son suaves, serán suaves tus juicios, si son caritativos, tambien tus juicios lo serán. Ve aquí tres ejemplos admirables. Habia dicho Isac que Rebeca era hermana suya, vió Abimelec que jugaba con ella, esto es, que la acariciaba con ternura, y al punto juzgó que era su esposa: unos ojos malignos la hubieran juzgado su manceba, ó creyéndola hermana, le hubieran tenido por incestuoso; pero Abimelec siguió la opinion mas caritativa que se podia formar del hecho. Así es menester que hagamos siempre, Filotea, juzgando del prójimo lo mas favorable que podamos, y si se puede mirar con cien aspectos una accion misma, la hemos de mirar por el mejor de todos. Conocia claramente san José que nuestra señora estaban en cinta, pero como por otra parte la miraba tan santa, pura y angelical, no pudo persuadirse que hubiese mal alguno en su preñez, por lo cual determina, alejándose de ella, dejar á Dios el juicio: de este modo, con todo ser vehemente el argumento para hacerle formar mal concepto de la Virgen, él jamas quizo juzgarla: ¿y por qué? porque era justo, dice el espíritu de Dios, y el justo cuando no puede escusar ni el hecho ni la intencion de un sugeto, á quien por otra parte reconoce bueno, no quiere juzgarle, sino aparta de su pensamiento la especie, y deja á Dios el juicio. Finalmente el Salvador crucificado no pudiendo absolutamente escusar el pecado de los que le habian puesto en la cruz, trata siquiera de minorar la malicia, alegando su ignorancia. Cuando no podamos nosotros escusar el pecado, juzguémosle á lo menos digno de compasion, atribuyéndole á la causa mas tolerable que pueda haber, como es la ignorancia ó la flaqueza.

¿Pues qué, nunca se puede juzgar al prójimo? nunca: porque Dios es, Filotea, quien juzga en justicia á los delincuentes, y aunque para ser oido de nosotros, habla por boca de los magistrados, estos son sus ministros é intérpretes no mas, y como oráculos suyos no pueden decir mas de lo que el Señor les enseña: y si lo hacen de otra suerte, gobernándose por sus propias pasiones, entonces sí que son ellos los que juzgan, y los que por consiguiente serán juzgados; porque á los hombres, como hombres, les está vedado juzgar á los otros hombres.

Mas no pienses que el ver ó conocer una cosa es juzgar, porque el juicio supone (á lo menos en frase de la Escritura) alguna dificultad pequeña ó grande, verdadera ó aparente, que es necesario vencer: y aun por eso nos dice, que los que no creen, están ya juzgados, porque ya no cabe duda de su condenacion. No es malo, pues, dudar del prójimo, porque lo prohibido es el juzgar, no el dudar; pero aun la duda ó sospecha, para que sea lícita, ha de ser ni mas ni menos de lo que persuaden las razones y argumentos en que se funda, pues de otro modo las dudas y sospechas son temerarias. Si algun malicioso hubiera visto á Jacob dar un ósculo á Raquel junto al pozo, ó á Rebeca recibir los brazaletes y pendientes que le dio Eliécer, hombre desconocido en aquel pais, hubiera sin duda pensado mal de estos dos dechados de castidad, pero sin razon ni fundamento; porque cuando una accion es indiferente en sí misma, es sospecha temeraria inferir de ella una consecuencia mala, no habiendo muchas circunstancias que corroboren el argumento. Tambien es juicio temerario sacar de un acto solo la consecuencia para desacreditar á una persona, pero esto luego lo esplicaré con mas claridad.

Finalmente los que velan cuidadosamente sobre su conciencia, están menos espuestos á hacer juicios temerarios; porque así como las abejas, viendo las nieblas en tiempo revuelto, se recogen dentro de su panal á formar la miel, así el pensamiento de las almas buenas no se para en objetos enmarañados, ni anda vagando entre las acciones oscuras de los prójimos; antes bien, por no encontrarlas, se recoge dentro del corazon á formar buenos buenos propósitos para su propia enmienda.

Ocuparse en examinar vidas agenas es de almas ociosas, esceptuando á los que tienen otros á su cargo, ya sea en la familia, ó en la república, pues para estos uno de los principales cargos de conciencia es velar sobre las de los otros. Cumplan pues con su obligacion amorosamente, y hecho esto, manténganse recogidos en sí propios.

Capitulo XXIX
De la maledicencia

Produce el juicio temerario inquietud y menosprecio del prójimo, orgullo y complacencia de si mismo, con otros muchos y muy perniciosos efectos, entre los cuales, uno de los mas notables es la maledicencia, verdadera peste de las conversaciones. Ojalá tuviera yo en mi mano un carbon encendido del altar santo para tocar los labios de los hombres, y purificarlos de su iniquidad y pecado, como lo hizo el Serafin con el profeta Isaías, pues quien quitase del mundo la maledicencia, quitaria gran parte de los pecados y de la maldad.

El que injustamente roba á su prójimo la fama, ademas de pecar, queda obligado á la restitucion, bien que de diversos modos, segun la diversidad de murmuraciones; porque nadie puede entrar en el cielo llevando los bienes de otro, y entre los bienes esteriores la fama es el mas precioso. Es la maledicencia especie de homicidio: tenemos tres géneros de vida, espiritual, que consiste en la gracia de Dios, corporal, que proviene del alma, y civil, que se mantiene con la buena fama: la primera se pierde por el pecado, la segunda por la muerte, y por la maledicencia la tercera. Pero el murmurador hace de ordinario tres homicidios con solo una estocada de su lengua, dando muerte espiritual á su alma, y á la de quien le escucha, y muerte civil á la persona de quien murmura, pues, como dice S. Bernardo135, el que murmura y el que escucha la murmuracion tiene en sí al demonio, uno en la lengua, y otro en el oido. Aguzaron sus lenguas como la de la serpiente136, dice David de los murmuradores: y si la serpiente, como enseña Aristóteles, tiene la lengua dividida, y con dos puntas, tal es la del murmurador, que con un golpe solo hiere y envenena el oido de quien le escucha, y la reputacion de la persona de quien habla.

Sobremanera te encargo, amada Filotea, que jamas hables mal de persona alguna, ni directa ni indirectamente: guárdate de imputar al prójimo crímines y pecados falsos, de manifestarlos ocultos, de ponderarlos públicos, de dar siniestra interpretacion á las obras buenas, de negar lo bueno que sabes de alguno, de disimularlo maliciosamente, ó de disminuirlo con tus palabras, porque todas estas cosas son grande ofensa de Dios; pero mucho mayor acusar á alguno con falsedad, ó negar la verdad en perjuicio de tercero, en lo cual hay dos pecados, la mentira y el daño del prójimo.

No hay murmuradores mas finos y venenosos que aquellos que para hablar mal empiezan celebrando ó diciendo algunas prendas y dotes de las personas de quienes murmuran: protesto, dicen, que le estimo, y que en lo demas es muy buen hombre; pero con todo no puedo menos de confesar la verdad, ha obrado mal cometiendo tal perfidia: fulana es muy buena muchacha, pero se dejó sorprender: y siempre usan de semejantes rodeos: ¿no conoces en esto el artificio? Como el que dispara el arco tira hácia sí la flecha todo cuanto puede, pero es para lanzarla con mayor impetu, así estos parece que tiran hácia sí la maledicencia, pero es para despedirla con mayor fuerza, y que penetre otro tanto los corazones de los que escuchan. La murmuracion que se dice en fiesta es tambien mas cruel que todas, porque así como la cicuta en sí no es veneno activo, sino lento, y cuyos efectos se pueden atajar fácilmente peor tomada con vino es incurable: así la murmuracion que, dicha sin artificio, hubiera entrado por un oido y salido por el otro, como suele decirse, cuando viene envuelta en alguna espresion aguda y graciosa se queda muy impresa en la memoria de los que la escuchan. Tienen en sus labios, dice David, veneno de áspides137, porque el aspid hace una picadura casi imperceptible, y su veneno al principio causa una comezon agradable, con la cual se dilatan el corazon y las entrañas, y reciben el veneno, á que despues es imposible contrarestar.

No digas, fulano es un borracho, por haberle visto embriagado una vez, ni le llames adúltero, por haber visto que cayó en este pecado, ni le apellides incestuoso, por haberle cogido en este delito, pues no basta un acto solo para caracterizar al sugeto. Párose una vez el sol para contribuir á la victoria de Josué, oscurecióse otra en testimonio de la victoria del Salvador: ¿diremos por esto que es inmoble, ú oscuro? Una vez se embriagó Noé, otra Lot, y este ademas cometió un gravísimo incesto, sin embargo á ninguno de los dos se puede llamar borracho, ni á Lot incestuoso. No fué S. Pedro sangriento, porque una vez derramó sangre, ni porque blasfemó en una ocasion, blasfemo: que el nombre de vicioso ó virtuoso se adquiere por la continuacion y el hábito, así que es impostura tratar á uno de colérico ó ladron, por haberle visto una vez robar ó encolerizarse.

Se espone á no decir verdad el que llama á otro vicioso, aunque lo haya sido mucho tiempo: así mintió Simon leproso cuando llamó pecadora á Magdalena, que lo habia sido poco antes, pero ya entonces no lo era sino muy santa penitente; por lo cual tomó nuestro Señor á su cargo defenderla: el necio fariseo juzgaba gran pecador, ó quizá injusto, adúltero y ladron al publicano, pero se engañaba mucho, porque habia sido justificado entonces mismo: y pues la bondad de Dios es tan grande, que basta un momento para impetrar y alcanzar su gracia, no puede haber certidumbre de que hoy sea pecador el que ayer lo era. Ni el dia de ayer puede juzgar al de hoy, ni el de hoy al de ayer, solo el último de todos es el que á todos los juzga, luego nunca podemos decir que un hombre es malo, que vivió mal en tal tiempo, que obró mal poco antes; pero de ningun modo inferir de lo de ayer para hoy, ni de lo de hoy para ayer, y menos para mañana.

Al mismo tiempo que debemos ser sumamente mirados en no hablar mal del prójimo, hemos de huir de alabar y hablar bien del vicio, que es el estremo opuesto, en que suelen caer algunos, por evitar la maledicencia. No digas, por disculpar á otro, que es claro y sincero cuando es murmurador: no llames generoso y aseado al que es manifestantemente vano: no dés á las familiaridades peligrosas título de sencillez ó bondad de genio, ni á la desobediencia de zelo, ni á la arrogancia de franqueza, ni de amistad á la lascivia, que no es necesario, amada Filotea, para huir del vicio de la maledicencia, favorecer, lisonjear ó fomentar otros; antes bien se ha de decir claramente y con franqueza mal del mal, y vituperar lo que es vituperable, que así se da gloria á Dios, con tal que se guarden las condiciones siguientes.

Para vituperar laudablemente los vicios de otro es necesario que así lo exija la utilidad de aquel de quien se habla, ó de aquellos con quienes se habla. Cuando se cuentan delante de las doncellas las familiaridades indiscretas, y ciertamente peligrosas de aquellos y de aquellas, y la liviandad de palabras y ademanes lúbricos sin duda, que usa fulano ó fulana; si no vitupero claramente el mal, sino que quiero escusarle, pongo en peligro á las almas tiernas que lo escuchan de resbalarse á alguna cosa semejante: luego el bien de estos pide con claridad vitupere yo tales cosas al punto que las oigo, á menos que pueda reservar esta buena obra para otro tiempo mas á popósito, en que se ejecute con menos daño de aquellos á quienes se habla.

Demas de esto es necesario que me toque á mí hablar sobre el asunto, como sucede cuando soy una de las primeras personas de la conversacion, que si no hablo, parecerá que apruebo el vicio; pues si soy de los menores, no debo entrometerme á censurar, y sobre todo es necesario que mis palabras sean medidas, para no decir ni aun una demas. Si, por ejemplo, motejo la familiaridad de aquel joven y de aquella señorita, porque es demasiado indiscreta y peligrosa. ¡Dios mio, qué balanza tan fina debo tener para no abultar el hecho ni una tilde! si no hay mas que ligeras apariencias, esto solo he de decir; si hay únicamente imprudencia, ni verdadera apariencia de mal, sino puro pretesto de murmuracion, que solo pudo hallarse la malicia, ó no diré nada, ó diré esto mismo. Para juzgar al prójimo ha de ser mi lengua como el cuchillo del cirujano, que va á cortar entre los nervios y tendones, he de dar el golpe tan justo, que ni digas mas ni menos de lo que hay: y finalmente al vituperar el vicio se ha de procurar, cuanto sea posible, disculpar á la persona en quien se halla.

Cierto es que se puede hablar sin reparo de los pecadores infames, públicos y manifiestos, con tal que sea con espíritu de caridad y compasion, y no con presuncion y arrogancia, ni complaciéndose en el mal del otro, que esto último es propio de corazones viles y bajos. Esceptuo entre todos á los enemigos declarados de Dios y de su Iglesia, que á estos se le debe desacreditar todo cuanto se pueda: tales son las sectas de hereges y cismáticos, y los caudillos de ellas; porque es caridad gritar al lobo cuando anda entre las ovejas, esté donde estuviere.

Algunos se creen con derecho de juzgar y censurar á los príncipes, y de murmurar de naciones enteras, segun los diversos afectos que tienen para con ellas. No cometas tal falta, Filotea, porque ademas de la ofensa de Dios, podrá acarrearte mil disputas.

Cuando oígas hablar mal, suspende el juicio, si puedes hacerlo con justicia, si no escusa la intencion del acusado; si ni aun esto pudieres, muestra compasion de él, y muda la conversacion teniendo presente, y recordando á los otros, que los que no caen en faltas debe esta gracia á Dios solo: procura hacer con suavidad que el maldiciente entre sí, y di alguna otra cosa buena de la persona ofendida, si la sabes.

Capitulo XXX
Algunos avisos mas acerca de hablar

Ha de ser nuestro lenguaje suave, ingenuo, sincero, sin anfibología, claro y fiel: no ha de haber doblez, artificio y fingimiento, pues aunque no siempre conviene decir todas las verdades, nunca es lícito faltar á la verdad: acostúmbrate á no mentir jamas, á sabiendas, ni por escusarte, ni de otro modo alguno, y para esto ten presente que Dios es el Dios de la verdad. Si acaso faltas á ella por equivocacion, enmiéndalo al instante, si puedes, con alguna esplicacion ó reparacion: házlo así, que una verdadera escusa tiene mas gracia y fuerza para disculpar que la mentira.

Aunque algunas veces se puede disimular con discrecion y prudencia, encubriendo la verdad con algun artificio de palabras, esto no se ha de hacer sino en asunto de importancia, cuando lo piden claramente la gloria y servicio de Dios, porque, fuera de estos casos, es arriesgado el artificio, puesto que, como dice la Sagrada Escritura, no habita el Espíritu Santo en el corazon fungido y doble138. No hay finura mejor y mas apreciable que la sencillez: la prudencia del mundo y el artificio de la carne es propio de los hijos del siglo: los hijos de Dios no andan en rodeos, ni tienen dobleces en el corazon, porque, como dice el Sabio: el que camina con sencillez, camina con confianza139: el alma que usa de mentira, doblez y simulacion muestra debilidad y vileza.

Habia dicho san Agustin en el libro cuarto de sus Confesiones que su alma y la de su amigo eran una alma misma: que la vida le era aborrecible despues de la muerte de su amigo, porque no queria vivir á medias; pero que por esto mismo tal vez temia la muerte, porque su amigo no acabase de morir del todo140: estas espresiones le parecieron despues demasiado artificiosas y afectadas, y se desdice de ellas en el libro de las retractaciones, llamándolas necedad141. ¿Ves, Filotea, con cuanta delicadez mide la afectacion de las palabras esta alma sana y pura? A la verdad es grande adorno de la vida cristiana la fidelidad, exactitud y sinceridad del lenguaje; por eso decia David: Dije, guardaré mis caminos para no pecar con lengua142: poned, Señor, una guardia á mi boca, y una puerta de circunspeccion á mis labios143.

San Luis, rey de Francia, tenia la máxima de no contradecir á nadie, si no en caso que de no hacerlo se siguiese pecado ó daño grave, procurando así evitar contestaciones y disputas. Mas cuando convenga contradecir y oponer el propio dictamen al del otro, ha de ser con gran dulzura y maña, no pretendiendo violentar el juicio ageno, porque así como así nada se saca de tomar las cosas con aspereza.

Aquel hablar poco, que tanto encargaban los sabios de la antigüedad, no consiste en decir pocas palabras, sino en no decir muchas inútiles, pues en el hablar no se mira la cantidad, sino la calidad, y yo creo que deben evitarse los dos estremos, porque afectar entendimiento y circunspeccion, no contestando á los discursos familiares que ocurren en la conversacion, denota ó poca confianza, ó algun menosprecio, y el parlar y aplaudir siempre, sin dar lugar ni tiempo de hablar cómodamente á los demas, muestra liviandad y poco seso.

No le agradaba á san Luis el hablar en secreto al oído, estando muchos juntos, particularmente á la mesa, por no dar lugar de sospechar que se murmura de los otros. El que está á la mesa, decia, con gentes honradas, si se le ofrece decir alguna especie alegre y festiva, debe decirla de modo que todos la oigan: y si es cosa de importancia, debe callarla, sin decir cosa alguna.

Capitulo XXXI
De los pasatiempos y recreaciones: y en primer lugar de los lícitos y laudables

Forzoso es de cuando en cuando dar ensanche con alguna recreacion al espíritu y al cuerpo. De san Juan Evangelista refiere Casiano144, que encontrándole un cazador halagando á una perdiz que tenia en la mano, le preguntó, como, siendo un sugeto de tal calidad, pasaba el tiempo en cosa tan vil y despreciable: ¿y por qué tú, le replicó san Juan, no llevas siempre flechado el arco? porque temo, respondió el cazador, que, si está encorvado siempre, pierda la fuerza de estenderse cuando sea necesario: no estrañes pues, dijo el apostol, que yo remita algun tanto el rigor y atencion de mi espíritu para tener alguna recreacion, y poder entregarme despues á la contemplacion con mas viveza. Es vicioso ciertamente un genio tan riguroso, agreste y severo, que ni quiere usar de alguna recreacion, ni permitirla, á los demas.

Tomar el aire, pasearse, entretenerse en pláticas festivas y familiares, tocar el laud ú otro instrumento, cantar por música, y salir á caza son recreaciones tan honestas, que para usar bien de ellas no se necesita mas que aquella ordinaria prudencia que á todas las cosas da al correspondiente orden, tiempo, lugar y medida.

Los juegos, en que la ganancia es premio y recompensa de la habilidad é industria del cuerpo ó del espíritu, como la pelota, el balon, el mallo, el correr sortijas, el ajedrez y el chaquete, son recreaciones buenas y loables en sí mismas, con tal que no sea escesivo el tiempo, ni el tanto que se juega; porque si dura mucho tiempo, no es recreacion, sino ocupacion, no despeja el espíritu ni el cuerpo, antes por el contrario le fatiga y cansa, pues al levantarse de jugar cinco ó seis horas al ajedrez se encuentra la cabeza caliente y debilitada, y jugar tanto tiempo á la pelota no es recrear el cuerpo, sino fatigarse: por otra parte, si el tanto ó cantidad que se juega es escesiva, llega á ser desreglado el afecto de los jugadores, á mas de que no es justo estimar en tanto precio unas habilidades é industrias de tan poca monta y tan inútiles, como las del juego. Pero sobre todo, Filotea, ten gran cuidado de que no se pegue el afecto á estas cosas, pues, aunque sean recreaciones, es vicio poner en ellas el corazon y afecto: no digo que no se haya de tener placer en el juego mientras se juega, que esto seria no divertirse, lo que digo es, que no se ha de poner el afecto en el juego, de modo, que se desee que se embebezca uno en él, y le busque con solicitud.

Capitulo XXXII
De los juegos prohibidos

Los juegos de dados, naipes y otros semejantes, en que la ganancia depende por la mayor parte de la suerte, son recreaciones, no solo peligrosas, como los bailes, sino absoluta y esencialmente malas y represibles, y por esto los prohiben las leyes, tanto civiles como eclesiásticas. Pues ¿qué grave mal hay en esto, me direis? en tales juego no sige la ganancia á la razon, sino á la suerte, que muchas veces cae á quien nada merecia por su habilidad é industria, lo cual es contra la razon; es que ya estamos convenidos en esto, me replicareis: eso prueba que el que gana no hace injuria á los otros, pero no prueba que sea según la razon el convenio, y por consiguiente el juego en que la ganancia es premio, no de la industria, como era razon, sino de la suerte que no puede merecerle, pues no está en nuestra mano.

Ademas de esto tales juegos, aunque se llaman recreacion, y para esto se juegan, no lo son sino, ocupacion violenta, pues en ellos está el espíritu flechado y tirante con una atencion seguida, y agitado de continuas inquietudes, aprensiones y cuidados: ¿hay atencion mas triste, opaca y melancólica que la de los jugadores? ni se puede hablar del juego, ni reir, ni aun toser, sin que se desesperen.

Finalmente en estos juegos el único gusto es la ganancia, placer injusto y regocijo infame, que solo se puede alcanzar por la pérdida y disgusto del compañero. Ve aquí las tres razones por que están prohibidos estos juegos. El gran rey san Luis habiendo sabido que su hermano el conde de Anjou y el Señor Gautier de Nemours estaban jugando, se levantó, enfermo como estaba, y fué bambaneándose á su cuarto, donde asiendo las tablas, los dados y parte del dinero, lo arrojó al mar por la ventana, mostrándose muy enojado con ellos: y la santa y casta doncella Sara, alegando en presencia de Dios su inocencia, decia: Vos sabeis, Señor, que jamas he conversado con los jugadores145.

Capitulo XXXIII
De los bailes y pasatiempos lícitos, pero peligrosos

Las danzas y bailes son cosas indiferentes por su naturaleza, pero, segun el modo ordinario con que se ejecutan, están muy ladeadas é inclinadas hácia la parte del mal, y por consiguiente llenas de riesgo y peligro: ejecutándose de noche, y es muy factible, que entre la oscuridad y tinieblas, se introduzcan muchas calidades tenebrosas y viciosas en un sugeto sumamente apto en sí mismo para recibir el mal: en ellos se trasnocha considerablemente, con lo cual se pierden las madrugadas de los siguientes dias, y la oportunidad de servir á Dios en ellas: en una palabra es locura cambiar el dia por la noche, la luz por las tinieblas, y las buenas obras por los devaneos: todos en el baile ostentan á competencia vanidad, y como esta es la disposicion mas oportuna para aficiones malas, y amores reprensibles y peligrosos, fácilmente se engendra todo esto en los bailes.

De los hongos y setas dicen los médicos, que los mejores no valen nada, pues lo mismo te digo, Filotea, de los bailes, que los mejores no son absolutamente buenos. Pero si es preciso comer hongos, se ha de cuidar de que estén bien compuestos, y si por algun motivo inexcusable es preciso ir al baile, ten cuidado de que esté bien compuesta tu danza: ¿pues con que se ha de sazonar? con modestia, seriedad y buena intencion. Comed pocas setas, y no muy á menudo, dicen los médicos, pues por bien sazonadas que estén, la cantidad las hace venenosas: baila poco, y no muy á menudo, Filotea, porque si no, te espones á cobrar aficion al baile.

Los hongos, escribe Plinio, que por ser esponjosos y porosos, atraen fácilmente toda la infeccion que hay al rededor de ellos, de modo, que cuando están cerca de las culebras, reciben el veneno: los bailes, danzas y semejantes concurrencias tenebrosas atraen ordinariamente los vicios y pecados que reinan en el lugar, las quejas, las envidias, las mofas y los necios amores, y así como este ejercicio de la danza abre los poros del cuerpo, así tambien abre los poros del corazon, por lo cual si alguna serpiente llega á inspirar al oído palabras lascivas, requiebros, lisonjas, ó si algun basilisco se acerca á echar miradas impuras y ojeadas amorosas, los corazones están sumamente dispuestos para dejarse contaminar y emponzoñar.

Estas recreaciones, poco conformes á la razon, son ordinariamente peligrosas, Filotea, porque disipan el espíritu de devocion, debilitan las fuerzas, resfrian la caridad y despiertan en el alma muchas suertes de aficiones malas, por lo cual se ha de usar de ellas con suma moderacion.

Pero sobre todo dicen, que despues de haber comido hongos, es menester beber vino generoso, y yo digo, que despues de los bailes, es necesario servirse de algunas consideraciones santas y buenas, que impidan las impresiones peligrosas que dejaria tal vez en nuestras almas el vano placer que se ha tenido. ¿Y cuales son estas consideraciones?

1ª. Mientras tú estás en el baile, muchas almas están ardiendo en el fuego del infierno por pecados cometidos, ó en el baile, ó por causa del baile.

2ª. Muchos religiosos y personas devotas están en aquella hora en presencia de Dios cantando sus alabanzas, y contemplando su hermosura: ¡cuanto mejor que tú emplean el tiempo!

3ª. Mientras tú has estado bailando, han muerto mucho entre graves congojas: muchos millares de hombres y mugeres han estado padeciendo gravísimos trabajos en sus camas, en los hospitales y en las calles, dolores de gota, de piedra y ardientes calenturas: ¿y es posible que estando estos sin hallar descanso, no tengas tú compasion de ellos? ¿no consideras que vendrá dia en que tú gimas como ellos, mientras otros bailen, como tú lo has hecho?

4ª. Nuestro Señor, nuestra Señora, los Angeles y los Santos le han estado viendo en el baile, y se han dolido mucho de ti, viendo tu corazon divertido en tales niñerías, y ocupando en tal necedad.

5ª. ¡Ay, que mientras tú estabas en el baile, se ha pasado el tiempo, y la muerte se ha acercado! mira como se burla de ti, y te convida á su baile, en el cual los gemidos de tus deudos servirán de violin, y tú en aquella danza harás un paso solo, pero de la vida á la muerte: esta danza es el pasatiempo de los mortales, pues en ella se pasa en un instante del tiempo á la eternidad de bienes ó de tormentos. Te he indicado estas breves consideraciones, pero Dios te inspirará otras muchas para el mismo efecto, si vives en su temor santo.

Capitulo XXXIV
Cuando es lícito jugar ó bailar

Para que sea loable el juego ó la danza, se ha de tomar por recreo, y no por pasion, ha de durar un tiempo moderado, y no hasta fatigarse y desvanecerse, y ha de ser raras veces, pues siendo con frecuencia, se convierte en ocupacion el pasatiempo. ¿En qué ocasion pues se puede jugar ó bailar? las ocasiones justas del baile y juego indiferente son mas frecuentes que las de los juegos prohibidos, así como tales juegos son mucho mas reprensibles y peligrosos: pero en una palabra, puedes danzar y jugar con las condiciones que te he señalado, cuando lo dicten la prudencia y discrecion, por condescender y complacer á la honesta concurrencia en que te hallas; porque la condescendencia, como hija de la caridad, hace buenas las cosas indiferentes, lícitas las peligrosas, y aun quita la malicia á las que son algun tanto malas: por lo cual los juegos de suerte alguna vez, que nos pone en ellos la justa condescendencia, no son reprensibles, como lo serian en cualquiera otra ocasión: he tenido gran consuelo en leer en la vida del beato Carlos Borromeo, que condescendia con los Suizos en ciertas cosas, sobre las cuales era sumamente rígido en otras ocasiones, y que el beato Ignacio de Loyola, convidado á jugar, aceptó el convite: tambien santa Isabel, reina de Hungria, cuando concurria á tertulias de pasatiempo, jugaba y bailaba alguna vez, sin perjuicio de su devocion, la cual estaba tan arraigada en el alma, que así como las rocas que rodean el lago de Rieti crecen cuando son azotadas de las olas, así su devocion crecia en medio de las pompas y vanidades á que su dignidad la esponia; porque los grandes incendios se avivan con el viento, al paso que los pequeños se apagan, si se esponen á él.

Capitulo XXXV
Que es necesario ser fiel en las ocasiones grandes y en las pequeñas

Dice el sagrado esposo en los cantares, que le ha robado el corazon su esposa con uno de sus ojos y con uno de sus cabellos146: y si los ojos son la parte mas noble de todas las esteriores del cuerpo humano, ya por su estructura, ya por su actividad, ninguna es mas vil que los cabellos; pero quiere dar á entender con esto el divino esposo, que no solo se complace en las grandes obras de las personas devotas, sino tambien en las mas pequeñas y bajas, y que para darle gusto se le ha de servir con igual esmero en las ocasiones pequeñas y humildes que en las grandes y elevadas, puesto que tanto con unas como con otras podemos robarle el corazon de enamorado.

Prepárate pues, Filotea, á sufrir por nuestro Señor muchas y grandes aflicciones, y aun tambien el martirio: resuélvete á sacrificarle lo que mas estimas, si quiere recibirlo, sea el padre, la madre, el hermano, el marido, la muger, los hijos, tus mismos ojos, y tu propia vida, porque á todo esto ha de estar preparado tu corazon; pero en tanto que la divina providencia no te envia tan sensibles y grandes aflicciones, en tanto que no exige de ti el sacrificio de tus ojos, sacrificale á lo menos tus cabellos: quiero decir, que sufras con paciencia aquellas ligeras injurias, leves incomodidades y pérdidas de poca consideracion que ocurren cada día; pues aprovechando con amor y dileccion estas ocasioncillas, conquistarás enteramente su corazon, y le harás del todo tuyo. Los cotidianos, aunque ligeros actos de caridad, el dolor de cabeza ó de muelas, la fluxion, las extravagancias del marido ó de la muger, el quebrarse un vaso, aquel desprecio ó gesto, el perderse los guantes, la sortija ó el pañuelo, aquella tal cual incomodidad de recogerse temprano, y madrugar para la oracion ó para ir á comulgar, aquella vergüenza que causa hacer en público ciertos actos de devocion; en suma, todas estas pequeñas molestias, sufridas y abrazadas con amor, son agradabilísimas á la divina bondad, que por solo un vaso de agua ha prometido á sus fieles el mar inagotable de una bienaventuranza cumplida: y como estas ocasiones se encuentran á cada instante, si se aprovechan son escelente medio de atesorar muchas espirituales riquezas.

Al leer en la vida de santa Catalina de Sena los éxtasis y elevaciones de su espíritu, sus palabras llenas de sabiduría, y aun las exhortaciones que hizo, no puede dudar que con aquellos ojos de contemplacion habria robado el corazon de su celestial esposo; pero no fué menor mi consuelo cuando la ví en la cocina de su padre con grande humidad dar vuelta al asado, atizar el fuego, sazonar la comida, amasar el pan, y hacer los mas humildes oficios de la casa con un espíritu inflamado en amor y dileccion para con su Dios: y no tengo en menos la meditacion sencilla y humilde que tenia entre los ejercicios viles y despreciables, que los éxtasis y elevaciones que padecia con tanta frecuencia, y que quizá se le concedieron en premio de aquella humildad y abatimiento: tenia pues esta meditacion, imaginando que cuando guisaba para su padre, estaba guisando para nuestro Señor, como otra santa Marta, que su madre ocupaba el lugar de nuestra Señora, y sus hermanos el de los apóstoles: con lo cual se escitaba á servir en espíritu á toda la corte celestial, y se empleaba en aquellos despreciables ministerios con gran dulzura de su alma, porque sabia que aquella era la voluntad de Dios. te he propuesto, Filotea, este ejemplo, para que aprendas cuanto importa enderezar todas nuestras acciones, por viles que sean al servicio de la Magestad Divina.

A este fin te aconsejo con todo el encarecimiento posible, que imites á la muger fuerte, que tanto celebra Salomon, la cual, como dice este gran sabio, echaba mano á las acciones grandes, generosas y elevadas, sin dejar por eso de hilar y torcer el huso. Alargó su mano á las cosas fuertes, y sus dedos tomaron el huso147: echa tú tambien la mano á las cosas fuertes, empleándote en tener oracion y meditacion, y recibir los santos Sacramentos, en escitar el fuego del amor de Dios en las almas, en sembrar inspiraciones buenas en los corazones, y finalmente en hacer obras grandes y de sumo precio conforme á tu vocacion; pero no te olvides del huso y de la rueca, quiero decir, de practicar aquellas virtudes pequeñas y humildes, que crecen como flores al pie de la cruz, cuales son servir á los pobres, visitar á los enfermos, cuidar de la familia, con todo lo que á esto se sigue, y el importante cuidado de no estar jamas ociosa; mas entre estas ocupaciones has de esparcir unas consideraciones semejantes á las que te he referido de santa Catalina.

Raras veces se ofrecen grandes ocasiones de servir á Dios, pero pequeñas continuamente: pues ten entendido que el que sea fiel en lo poco, será constituido en lo mucho, como dice el Salvador148: por tanto haz todas las cosas en el nombre de Dios, y todas las harás bien: hora comas, hora bebas, hora duermas, hora te diviertas, hora des vuelta al asador, como sepas aprovechar estas haciendas, adelantarás mucho en los ojos de Dios, haciendo todo esto porque Dios quiere que lo hagas.

Capitulo XXXVI
Que nuestro espíritu ha de ser conforme á justicia y á razon

La razon nos constituye hombres, y con todo eso es cosa muy rara encontrar hombres verdaderamente racionales, porque de ordinario el amor propio nos desvia de la razon, haciéndonos insensiblemente caer en muchísimas injusticias é iniquidades peligrosas, aunque pequeñas, las cuales, semejantes á aquellas raposillas de que se habla en los Cantares, demuelen las viñas, pues por pequeñas se descuidan, y por muchas hacen considerable daño. Mira si no son contra razon y justicia todas las cosas que ahora te diré.

Acusamos al prójimo por una nonada, y á nosotros mismos nos escusamos de lo que es mucho: queremos vender caro y comprar barato: pretendemos que se haga justicia en la casa del vecino, y en la nuestra se use de misericordia y tolerancia: deseamos que nuestras palabras se echen á la mejor parte, y nos resentimos y picamos de las de los otros: quisieramos que nuestro prójimo nos entregara sus bienes, porque le pagamos su precio, como si no fuera mas justo que él guarde sus bienes, y nosotros nuestro dinero: llevamos á mal que no nos quiera prestar alguna cosa, como si no tuviera él mas razon de llevar á mal que pretendamos nosotros incomodarle.

Si nos agrada un ejercicio, despreciamos los demas, y sindicamos todo lo que no es á gusto nuestro: si alguno de nuestros inferiores es demañado, ó si ya le tenemos entre dientes, nos desagrada cuanto hace, siempre le estamos dando que sentir, y en todo pegamos contra él: por el contrario, si alguno nos cae en gracia, le disculpamos, haga lo que hiciere: hay hijos virtuosos, que sus padres y madres casi no los pueden ver, solo porque tienen alguna imperfeccion corporal, y hay otros viciosos, que por alguna gracia corporal son los predilectos: anteponemos generalmente los ricos á los pobres, aunque no sean ni de mejor nacimiento, ni mas virtuosos; y aun preferimos á alguno solo porque van mejor vestidos: queremos que se nos paguen puntualmente nuestros derechos, y que los demas usen de cortesía en exigir los suyos: mantenemos nuestro puesto con mayor delicadez, y pretendemos que sean humildes y condescendientes los otros: por cualquier motivo nos quejamos del prójimo, y no quisieramos que nadie se quejase de nosotros, lo que hacemos por otro siempre nos parece mucho, y lo que él hace por nosotros nos parece nada. En fin, somos como las pedices de Paflagonia, que tienen dos corazones, pues tenemos un corazon condescendiente y cortés para con nosotros mismos, y otro duro, severo y riguroso para con el prójimo: tenemos dos balanzas, una para pesar lo que nos acomoda con toda la ventaja que podemos, otra para pesar lo que acomoda al prójimo con toda la desventaja posible. Pero la Escritura nos dice, que los labios dolosos han hablado en el corazon, y el corazon149, esto es, tienen dos corazones, y que tener dosbalanzas, una grande para recibir, y otra pequeña para dar, es abominable á los ojos de Dios150.

Has de ser, Filotea, equitativa y justa en tus acciones: ponte en lugar del prójimo, y pon al prójimo en el tuyo, y así juzgarás rectamente: hazte cargo de que vendes cuando compras y de que compras cuando vendes, y así venderás y comprarás segun justicia. Es verdad que todas las injusticias dichas son leves, pues no obligan á restitucion, y no hacemos mas que estar á todo el rigor de la justicia en lo que nos es favorable; pero no dejan de ser faltas considerables de razon y de caridad, de que debemos enmendarnos: y finalmente son tranquilas, pues no perdemos nada en proceder con generosidad, nobleza y cortesía, y con un corazon recto, igual y equitativo. No te olvides, Filotea, de examinar frecuentemente tu corazon, á ver si está para con el prójimo como tú quisieras que el suyo estuviese para contigo si te hallases en su lugar, porque este es el punto de la verdadera razon. Habiéndole motejado á Trajano sus confidentes, que hacia demasiado accesible la magestad imperial, les respondió: Así es: ¿pero acaso no debo ser para con los particulares un emperador tal, cual quisiera yo encontrarle si fuera particular?

Capitulo XXXVII
De los deseos

Todos saben que es necesario guardarse de desear cosas malas, porque el deseo del mal nos hace malos; pero yo te añado, Filotea, que no desées cosas peligrosas para el alma, como bailes, juegos y otras diversiones semejantes, ni honras y puestos, ni aun visiones y éxtasis, porque en semejantes cosas hay mucho peligro de vanidad y de engaño. No desées tampoco lo que está muy distante, esto es, lo que no puede suceder en mucho tiempo, como hacen algunos, que con esto cansan y disipan el corazon inútilmente, y se esponen á grandes inquietudes. ¿No me dirás de que le sirve á un joven desear con ansia algun empleo antes que llegue el tiempo de obtenerle? ¿de que le sirve á una casada desear ser religiosa? ¿no será perder tiempo desear comprar la hacienda de mi vecino antes que él piense en venderla? si cuando estoy enfermo deseo predicar, celebrar el santo sacrificio de la Misa, visitar á los otros enfermos, y hacer ejercicios propios de los que están sanos, ¿no serán vanos unos deseos, cuyo cumplimiento no está en mi mano? y sin embargo tengo estos deseos inútiles, en vez de desear, como debiera, paciencia, resignacion, mortificacion, obediencia y afabilidad en mis enfermedades, que es lo que Dios quiere que practique por entonces; pero nuestros deseos son de ordinario como los de las mugeres embarazadas, que en otoño se les antojan guindas frescas, y en primavera racimos sazonados.

De ningun modo apruebo que quien tiene obligacion ú ocupacion determinada se entretenga en desear una manera de vida poco conveniente á su obligacion, ni ejercicios incompatibles con su condicion actual, porque eso disipa el corazon, y le debilita para los ejercicios necesarios. Si deseo la soledad de los cartujos, pierdo tiempo, y este deseo ocupa el lugar del que debiera tener de desempeñar bien mi actual oficio. No quisiera yo que se apeteciese tener mas entendimiento ó juicio, porque estos deseos son frívolos, y ocupan el lugar del deseo que cada uno debe tener de cultivar su talento, sea el que fuere: ni tampoco que se deseen aquellos medios de servir á Dios que uno no tiene, sino que se empleen fielmente los que se tiene; pero esto se entiende de aquellos deseos que distraen el corazon, pues no hace daño alguno apetecer sencillamente, como no sea con mucha continuacion.

No desées cruces sino á proporcion que hayas llevado bien las que se te han ofrecido, pues es abuso desear el martirio, y no tener ánimo para sufrir una injuria. El enemigo procura ordinariamente que tengamos grandes deseos de objetos que están ausentes y jamas se nos ofrecerán, para apartar con esto el espíritu de los objetos presentes, en los cuales, aunque pequeños, pudiéramos aprovechar mucho: con la imaginacion peleamos contra los monstruos del Africa, y en la realidad por falta de cuidado dejamos que nos den muerte las culebrillas que hay en el camino por donde andamos.

No desées tentaciones, que, seria temeridad, pero emplea tu corazon en esperarlas valerosamente, y en defenderte de ellas cuando vinieren.

La variedad de manjares, principalmente en mucha cantidad, carga el estómago, y si es debil le destruye: no llenes pues tu alma de muchos deseos, ni mundanos, que te perderian enteramente, ni aun espirituales, porque te causarán empacho. Cuando está ya purgada el alma, como se encuentra descargada de los malos humores, tiene mucha hambre de las cosas espirituales, y empieza como hambrienta á desear muchos ejercicios de piedad, de mortificacion, de penitencia, de humildad, de caridad y de oracion: buena señal es, Filotea, tener tan buenas ganas, pero considera si podrás digerir tanto como quieres comer. Con el dictamen pues de tu padre espiritual elige entre tantos deseos los que al presente pueden ponerse en práctica y ejecucion, escogidos estos, saca de ellos todo el fruto posible, y Dios te enviará otros que á su tiempo ejecutarás, y de este modo no perderás el tiempo en deseos inútiles. Yo no digo que se pierda ningun deseo bueno, pero digo que se vayan sacando por su orden, guardando en un rinconcito del corazon los que al presente no se pueden efectuar, hasta que les llegue su tiempo, y ejecutando entre tanto los que están maduros y son de la estacion: y entiéndase esto no solo de los espirituales sino tambien de los temporales, pues sino siempre viviremos entre inquietudes y zozobras.

Capitulo XXXVIII
Avisos para los casados

El Matrimonio es un gran Sacramento: digo en Jesucristo y su Iglesia151: merece ser honrado por todos, en todos y en todo, esto es, en todas sus partes: por todos, porque aun las vírgenes deben honrarle con humildad: en todos, porque la misma santidad tiene en los pobres que en los ricos: en todo, porque es santo en su origen, en su fin, en sus utilidades, en su forma y en su materia. Es el plantel del cristianismo, que puebla la tierra de fieles para completar en el cielo el número de los escogidos; así que conviene mucho á la república conservar el bien del matrimonio, por ser fuente y manantial de todos sus arroyos.

Pluguiese á Dios que su muy amado Hijo fuese convidado á todas las bodas, como le fué á las de Caná. Nunca faltaria entonces el vino de sus soberanos consuelos y bendiciones, pues sino hay ordinariamente mas que un poco, y eso á los principios consiste en que en lugar de nuestro Señor se convida á Adonis, y á Vénus en lugar de nuestra Señora. El que quiera tener corderillos hermosos y pintados como Jacob, ha de poner á la vista de las madres al tiempo de concebir unas varitas hermosas y de diversos colores, como lo hizo aquel patriarca: el que quiera tener próspero suceso en el matrimonio debe tener presente en sus bodas la santidad y dignidad de este Sacramento, pero sí en vez de esto se cometen muchísimos desórdenes en los entretenimientos, festines y conversaciones, ¿qué estraño es que sean desordenados los efectos?

Con el mayor encarecimiento posible exhorto á los casados á que se profesen el mutuo amor que tanto les encomienda el Espíritu Santo en las divinas Escrituras. Deciros que os ameis uno á otro con amor natural es lo mismo que nada, porque otro tanto hacen las pareadas tortolillas, ni basta decir que os ameis con amor humano, pues tambien los gentiles se profesan este amor: yo os diré con el apostol de las gentes: Esposos amad á vuestras esposas como ama Jesucristo á su Iglesia152: esposas amad á vuestros maridos como la Iglesia ama á Jesucristo. Dios que llevó á Eva á la presencia de nuestro primer padre Adan, y se la dió por esposa, es quien con su invisible diestra, ha echado el nudo de las sagradas ataduras de vuestro matrimonio, amados mios: él es quien os ha entregado unos á otros, ¿pues cómo no os amais con un amor enteramente santo, sagrado y divino?

Es el primer efecto de este amor la union indisoluble de los corazones. Cuando se encolan dos pedazos de pino uno con otro, si es buena la cola, queda tan firme la union, que mas presto su partirá la madera por otras partes que no por la pegadura: así pues como Dios une con su propia sangre el marido á la muger, por eso es tan firme la union, que antes se ha de separar el alma del cuerpo de uno ú otro, que no el marido de su muger; pero esto se entiende no tanto de la union del cuerpo cuanto del corazon, del afecto y del amor.

Ha de ser el segundo efecto de este amor la inviolable fidelidad de uno á otro consorte. Antiguamente se grababan los sellos en los anillos que se llevaban en el dedo, como la misma Escritura santa lo acredita: y ve aquí la significación de una ceremonia que se hace en las bodas: bendice la Iglesia por mano del Sacerdote un anillo, que se le entrega primeramente al esposo, en testimonio de que sella y cierra su corazon con este Sacramento para que en adelante jamas pueda entrar en él ni el nombre ni el amor de otra alguna muger mientras viva la que Dios le ha dado: despues el esposo pone el anillo en la mano de su esposa para que ella igualmente entienda que jamas ha de entrar en su corazon afecto á otro hombre alguno, mientras viva sobre la haz de la tierra el que nuestro Señor acaba de darle.

El tercer fruto del matrimonio es la procreacion y crianza de los hijos. Grande honra es para vosotros casados el que Dios, queriendo multiplicar las almas, que puedan bendecirle y alabarle por toda la eternidad, os hace cooperadores de obra tan digna, por medio de la producción de los cuerpos, en que él reparte, como gotas de celestial rocío, las almas que cria é infunde dentro de ellos.

Conservad pues esposos un tierno, constante y cordial amor á vuestras esposas, pues la muger fué sacada de la costilla mas cercana al corazon del primer hombre, para que él la amase cordial y tiernamente. Las flaquezas y enfermedades corporales ó espirituales de vuestras mugeres no os han de hacer con ellas desdeños, sino antes bien dulce y amorosamente compasivos, pues Dios las ha criado tales para que dependan de vosotros, y os honren y respeten mas, y vosotros las tengais por compañeras, sin dejar de ser cabeza y superior suyo. Y vosotras esposas, amad tierna y cordialmente á los maridos que Dios os ha dado, pero con amor respetuoso y reverente, pues por eso los ha criado Dios de un seño mas robusto y predominante, y ha querido que la muger dependa del hombre, y sea hueso de sus huesos, y carne de su carne: formándola de una costilla suya tomada debajo de sus brazos, en señal de que ha de estar bajo la mano y gobierno de su marido. En toda la Escritura santa se os está intimando estrechamente esta sujecion, que os dulcifica al mismo tiempo la propia Escritura, no solo enseñándoos á llevarla con amor, sino tambien mandando á vuestros maridos que la ejerzan con suma dileccion, ternura y suavidad. Esposos, dice el apostol san Pedro, con discrecion os habed con vuestras esposas, honrándolas como vasos mas fragiles153.

Pero así como os exhorto á acrecentar mas y mas el recíproco amor que os debeis, os advierto que esteis alerta para que de ningun modo degenere en zelos, pues muchas veces acontece, que así como se cria el gusano en la manzana mas delicada y madura, así nacen los zelos en el amor mas ardiente y afectuoso de los casados, cuya sustancia corrompen y destruyen, porque poco á poco acarrean disgustos, disensiones y divorcios. Cuando el recíproco amor se funda en la verdadera virtud, no sobrevienen ciertamente zelos, y así estos son señal ciertísima de que el amor tiene algo de sensual y grosero, y que se ha dirigido á objeto en que ha encontrado una virtud imperfecta, inconstante y espuesta á desconfianzas. Necedad será querer dar á entender con los zelos la grandeza del amor, pues podrán estos descubrir su magnitud y corpulencia, pero no su bondad, pureza y perfeccion; que la perfeccion de la amistad supone seguridad de la virtud del amado y los zelos suponen incertidumbre.

Esposos, si quereis que os sean fieles vuestras esposas, enseñadlas la leccion con vuestro ejemplo. «¿Con que cara quereis, decia san Gregorio «Nacianceno154, pedir honestidad á vuestras mu «geres, viviendo en deshonestidad vosotros? «¿Cómo les pedís lo que no les dais? Quereis que «sean castas, pues vivid con ellas castamente.»

Y como dice san Pablo: Sepa cada uno poseer su vaso en santificacion155; pero si por el contrario vosotros mismos les enseñais las disoluciones, ¡qué mucho que sufrais la deshonra de su pérdida! Mas vosotras mugeres, cuya honra está inseparablemente unida con la pureza y honestidad, conservad zelosamente vuestra gloria, y no permitais que disolucion alguna, sea la que fuere, amancille la blancura de vuestra reputacion.

Temed cualquiera invasion, por pequeña que sea, nunca permitais que os anden al rededor los galanteos, tened por sospechosos á cualquiera que entra alabando vuestra hermosura y vuestra gracia, porque ordinariamente quien alaba la mercancia que no puede comprar, tiene grandes tentaciones de robarla; pero si á estas alabanzas añade alguno desprecios de vuestro marido, ese os ofende mucho, pues claro está, que no solamente quiere perderos, sino que os juzga ya medio perdidas, que ya está medio hecho el trato con el segundo comprador cuando se está disgustando del primero. Siempre han acostumbrando las señoras así en otros tiempos como en estos llevar pendientes de las orejas muchas perlas, por el gusto, segun dice Plinio, de oir el ruido que hacen dando unas con otras; pero yo, como sé que Isac, grande amigo de Dios, envió á la casa de Rebeca unos pendientes por primeras arras de sus amores, creo que este ornamento místicamente significa, que lo primero que el marido ha de tener de su esposa, y que la esposa le debe guardar con fidelidad, es el oido, para que no pueda entrar en él palabra ó ruido alguno que no sea el dulce y amigable susurro de espresiones castas y puras, que son las perlas orientales del Evangelio; porque conviene tener siempre presente, que así como el cuerpo recibe el veneno por la boca, el alma le recibe por el oido.

Unida la fidelidad al amor produce siempre familiaridad y confianza, por eso los Santos y Santas usaron en sus matrimonios de muchas recíprocas caricias, amorosas ciertamente, pero castas, tiernas, pero sinceras. Por eso Abimelec viendo por una ventana como aquellos dos castos esposos del Antiguo Testamento, Isac y Rebeca, se acariciaban, aunque sin mengua alguna de su honestidad, conoció en sus caricias que eran marido y muger sin duda alguna. El grande san Luis, que era tan duro con su propia carne, como tierno en el amor de su esposa, casi fué notado de pródigo en semejantes caricias, aunque en la realidad merecia mas loa que nota, olvidando su marcial espíritu, por practicar estas ligeras obligaciones, que conservaban el amor conyugal; pues si bien las insinuaciones de pura y sincera amistad no unen por sí los corazones, los avecinan sin embargo, y sirven de agradable cebo para la mutua conversacion.

Estando santa Mónica en cinta del gran padre san Agustin, le consagró con repetidas ofertas á la religion cristiana y al servicio de la gloria de Dios, como lo testifica él mismo, diciendo: Que ya en el vientre de su madre habia gustado la sal de Dios156. Aprendan las mugeres cristianas esta admirable leccion de ofrecer á la Divina Magestad el fruto de su vientre aun antes que salga de él, porque Dios, que acepta las oblaciones del corazon cuando se hacen con humildad y de grado, ordinariamente favorece en esta ocasion los buenos deseos de las madres: séanme testigos Samuel, santo Tomás de Aquino, san Andres de Fiésola, y otros muchos. La madre de san Bernardo, digna madre de tal hijo, tenia la costumbre de coger en sus brazos á cada uno de ellos apenas le daba á luz, y ofrecersele á Jesucristo, y desde aquel punto los amaba con respeto, como cosa consagrada, y que Dios le habia confiado, y fué tan feliz el éxito de esta práctica, que todos siete hijos fueron muy santos. Nacidos ya, y comenzando á despuntar en ellos el uso de la razon, deben los padres tener gran cuidado de imprimir el temor de Dios en sus corazones. ¿Con cuanto fervor desempeñó esta obligacion la piadosa reina Doña Blanca con su hijo el rey san Luis, diciéndole repetidas veces: Mas quisiera, hijo mio muy amado, que te cayeras muerto delante de mis ojos, que verte cometer un solo pecado mortal? dejando tan impresa esta máxima en el alma de su santo hijo, que como referia él propio, ningun dia de su vida dejó de acordarse de ella, poniendo todo su esmero en guardar esta celestial doctrina. En nuestro idioma llamamos casas157 á los linajes y generaciones, y aun los Hebreos llamaban á la generacion de los hijos edificacion de las casas, pues en este sentido se dice que Dios edificó casas á las comadres de Egipto. Esto pues nos enseña que las casas no se hacen proveyéndolas de muchos bienes mundanos, sino criando bien los hijos en virtud y temor de Dios.

Acerca de esto no se ha de escusar pena ni trabajo alguno, pues los hijos son corona del padre y de la madre. Así lo hizo santa Mónica, peleando con tanto fervor y constancia contra las malas inclinaciones de san Agustin, que á costa de seguirle por mar y por tierra, le hizo ser mas felizmente hijo de sus lágrimas por la conversion de su alma, que lo había sido de su sangre por la generacion de su cuerpo.

Señala san Pablo como herencia de las mugeres el gobierno de la casa, y por eso muchos creen y con razon que su devocion es mas fructuosa para la familia que la de los maridos, pues como estos no tienen tan continua residencia entre los domésticos, tampoco pueden con tanta facilidad inclinarlos á la virtud: y según esta consideracion pinta Salomon en sus proverbios toda la felicidad de la casa como dependiente del cuidado é industria de la muger fuerte que describe.

En el Génesis se dice, que Isac, viendo la esterilidad de su esposa Rebeca, rogó al Señor por ella, ó según el testo hebreo, rogó al Señor en frente de ella, esto es, que el uno rogaba al un lado, y el otro al otro del lugar de oracion, y la súplica del marido hecha de este modo, fué oida del Señor. no hay union mayor ni mas fructuosa entre el marido y la muger que la que consiste en la santa devocion, á la cual se pueden escitar mutuamente el uno al otro como á competencia. Frutas hay como el membrillo, que por su aspereza no se pueden comer sino en dulce, otras hay como las guindas, y los albaricoques, que por su delicadez y ternura, no se pueden guardar sino tambien confitadas, por eso las mugeres han de desear que sus maridos estén confitados con el azucar de la devocion, porque el hombre sin devocion es un animal severo, áspero y duro, y los maridos tambien han de desear que sus mugeres sean devotas, porque la muger sin devocion es sumamente fragil, y está espuesta á descaecer, ó amancillar su virtud. San Pablo dijo: Que el hombre infiel es santificado por la muger fiel, y la muger infiel por el hombre fiel158, porque en la estrecha alianza del matrimonio fácilmente pueden atraerse á la virtud el uno al otro; pero ¿qué bendicion tan grande es santificarse mutuamente marido y muger fieles con un verdadero y santo temor de Dios?

Por lo demas han de tener tanta condescendencia uno con otro, que jamas se enfaden los dos á un mismo tiempo, para que nunca haya disension ni disputa. Las abejas no pueden estar donde hay eco y suena la voz repetida, tampoco el Espíritu Santo hace morada en la casa en que hay disputas, réplicas, repeticion de voces y altercaciones.

Dice san Gregorio Nacianceno, que los casados en su tiempo celebraban el aniversario de sus bodas, y yo aprobaria ciertamente que se renovase esta costumbre, con tal que no fuese con aparatos de diversiones mundanas y sensuales, sino que los maridos y mugeres confesasen y comulgasen aquel día, y encomendasen á Dios con mas fervor que en los demas el progreso de su matrimonio, renovando los buenos propósitos de santificarle mas y mas por un recíproco amor y fidelidad, y recobrando espíritu en el Señor para sobrellevar las cargas de su estado.

Capitulo XXXIX
De la honestidad del lecho nupcial

Ha de ser el lecho nupcial inmaculado, como le apellida el apostol, esto es, libre de inmundicias y de otras manchas profanas, que aun por eso fué instituido el matrimonio en el paraiso terrenal, donde hasta entonces no habia habido desenfreno alguno de la concupiscencia, ni cosa alguna menos honesta.

Como entre los placeres vergonzosos y los de comer hay cierta semejanza, pues unos y otros pertenecen á la carne, aunque los primeros, por su brutal vehemencia, se han levantado con el nombre de placeres carnales, esplicaré lo que no se puede decir de los unos, con lo que diré de los otros.

1° Fué instituido el matrimonio para conservar la especie humana, por tanto, así como es bueno, santo y de precepto comer lo necesario para mantener y conservar la vida, así tambien en el matrimonio lo que se requiere para la procreacion y multiplicacion de la especie humana es bueno y santo, porque es el fin principal de las bodas.

2° Comer, no ya por conservar la vida, sino por conservar el trato y la condescendencia que debemos tener unos con otros, es muy justo y honesto, del mismo modo en el santo matrimonio el satisfacer recíprocamente los esposos sus legítimos deseos, es lo que san Pablo llama débito, pero débito tan grande, que no permite el santo que uno de los consortes se exima de él sin el libre y voluntario consentimiento del otro, y eso ni aun para los ejercicios de devocion (que es lo que me movió á decir lo que sobre esta materia puse en el capítulo de la santa comunion ) ¡pues cuánto menos se podrán eximir por afectaciones caprichosas de virtud, ó por riñas y desórdenes!

3° Así como los que comen por la obligacion del mutuo trato han de comer con libertad, y no como por fuerza, y á mas de esto han de procurar hacer ver que tienen buena gana, así tambien se ha de pagar el débito nupcial siempre con fidelidad y franqueza, lo mismo que si fuese con esperanza de sucesion, aunque por algun motivo no haya tal esperanza.

4° Comer, no ya por las dos razones antecedentes, sino por saciar el hambre, es tolerable, pero no laudable, porque el placer del apetito sensual por sí solo no es bastante causa para hacer laudable una accion, aunque basta para que sea soportable.

5° Cuando lo que incita á comer no es ni aun este simple apetito, sino el esceso, entonces es desorden y accion mas ó menos vituperable, según sea el esceso mayor ó menos.

6° Adviértase que el esceso en el comer no consiste solo en la mucha cantidad, sino tambien en el modo y manera con que se come. Cosa particular es, Filotea, que siendo la miel tan propia y saludable para las abejas, les pueda ser sin embargo tan nociva, que unas veces las pone enfermas, como sucede, cuando por comer mucha en primavera les da flujo de vientre, y otras veces les ocasiona sin remedio la muerte, como acontece cuando tienen enmelado el hocico y las alas. A la verdad el trato nupcial, tan santo, justo, recomendable y útil á la república, es con todo en algunos casos arriegado para los que practican, pero á veces hace enfermar mucho sus almas con el pecado venial, como acontece por solo el esceso, y otras veces con el pecado mortal les causa la muerte, lo cual sucede cuando se viola y pervierte el orden establecido para la procreacion: y en tal caso, á proporcion que se apartan mas ó menos de este orden, son mas ó menos execrables los pecados, aunque siempre mortales; pues siendo la procreacion de los hijos el primero y principal fin del matrimonio, jamas puede ser bueno apartarse del orden que para ella se requiere, aunque esta no puede efectuarse por entonces á causa de algun otro accidente, como cuando la esterilidad ó la actual preñez estorban la producción y generacion, pues en estos casos el comercio nupcial puede ser justo y santo, con tal que se sigan las reglas de la procreacion, puesto que ningun accidente es capaz de perjudicar á la ley impuesta por el fin principal del matrimonio. No tiene duda, que la infame y execrable accion que Onan ejecutó en su casamiento fué detestable á los ojos de Dios, como lo dice el sagrado testo al cap. 38 del Génesis: y aunque algunos hereges de nuestro siglo, mil veces mas reprensibles que los Cínicos (de que habla S. Gerónimo sobre la epístola á los Efesios ), quiere decir que lo que desagradaba á Dios era la perversa intencion de este malvado, la Escritura habla de otro modo, porque asegura espresamente, que la misma accion que cometia era detestable y abominable en la divina presencia.

7° Propio es de espíritus abandonados, víles, abatidos é infames pensar en los manjares y viandas antes de la hora de comer, y mucho mas complacerse despues de la comida en el gusto que se ha de tener comiendo, tomándolo por asunto de las conversaciones y pensamientos, y revolcando su espíritu en la memoria del placer que se sintió al tragar los bocados; así lo hacen aquellos que antes de comer tienen puesto el pensamiento en el asador, y despues de comer en los platos, hombres que merecen ser galopines de cocina, y que tienen por Dios á su vientre, como dice el apostol; pero las gentes honradas solo piensan en la mesa cuando se sientan á ella, y despues de haber comido se lavan las manos y la boca para que no les quede ni el gusto ni el olor de la comida. Aunque el elefante es un bruto como los demas, ninguno es tan digno de vivir sobre la tierra, ni está dotado de tan singular instinto: ve aquí un rasgo de su honestidad: jamas cambia de hembra, ama tiernamente á la que escoge, pero no está con ellas mas que de tres en tres años por espacio de cinco dias, y con tanto secreto, que jamas se deja ver en este acto, pero al sesto dia se le ve ir, ante todas cosas, á buscar algun rio, en el cual se lava enteramente todo el cuerpo, sin querer volver al rebaño hasta haberse purificado. Con tan admirables y honestas propiedades enseña este animal á los casados, que no permanezcan enredados con el afecto en las sensualiades y placeres que segun su estado han tenido, sino antes bien, pasados estos, laven su corazon y afecto, purificándose cuanto antes, para poder despues practicar con total libertad de espíritu otras acciones mas puras y elevadas. En este documento consiste el exacto cumplimiento de la admirable doctrina que enseña san Pablo á los Corintios: El tiempo es breve, les dice, lo que resta es que los que tienen mugeres sean tales como si no las tuvieran159. Pues aquel tiene muger, como si no la tuviera, segun espone san Gregorio160, que recibe los gustos corporales de modo, que en ninguna manera le aparten de las espirituales solicitudes. Y lo que se dice del marido ha de entenderse recíprocamente de muger. Los que usan este mundo, continua el apostol, han de ser como si no usasen de él. Todos pues, cada uno segun su estado, pueden usar del mundo, pero sin dejar que se pegue á él el afecto, quedando así tan libres, como si no usasen de él, para emplearse en el servicio de Dios. el mayor mal del hombre, dice san Agustin161, consiste en querer gozar de lo que debe usar solamente, y querer usar lo que solo debe gozar: debemos gozar de los bienes espirituales, y los temporales usarlos solamente, y si cambiamos el uso de estos en gozo, tambien nuestra alma racional se cambia en alma brutal y de bestia. Me parece que he dicho ya todo lo que queria decir, y lo que no queria decir lo he dado á entender sin decirlo.

Capitulo XL
Avisos para las viudas

Instruyendo san Pablo á todos los prelados en persona de Timoteo, dice: Honra á las viudas que son verdaderamente viudas162. Para que sean pues verdaderamente viudas se requieren las circunstancias siguientes.

1ª. La viuda lo ha de ser no solo de cuerpo sino tambien de corazon, esto es, estar inviolablemente resuelta á mantenerse en el estado de una casta viudez, porque las viudas, que lo son únicamente mientras hallan proporcion de volverse á casar, no están separadas de los hombres mas que en cuanto á los placeres del cuerpo, pero están unidas á ellos en cuanto á la voluntad del corazon: y si la verdadera viuda, para confirmarse mas en su estado, quiere ofrecer con voto su cuerpo y su castidad á Dios, añadirá á la viudez un nuevo esmalte, y afirmará mucho mas su resolucion, porque al ver, que despues de pronunciado el voto, no está ya en su mano dejar la castidad sin dejar el cielo, será tan solícita en mantener su propósito, que ni siquiera un simple pensamiento de matrimonio dejará para un instante en su corazon, siendo este sagrado voto una fuerte muralla, que separará el alma de cualquier designio contrario á su resolucion. Este voto aconseja san Agustin con grande encarecimiento á la viuda cristiana163, y el antiguo sabio Orígenes164 pasa aun mucho mas adelante, porque aconseja á las casadas que hagan voto y se consagren á la castidad viudal, en caso de fallecer sus maridos antes que ellas, á fin de que, entre los placeres sensuales que han de gozar en el matrimonio, puedan lograr el mérito de una casta viudez por medio de esta promesa anticipada. Hace el voto mas agradable á Dios las obras que en virtud de él se ejecutan, fortalece el ánimo para hacerlas, y consagra al Señor, no solamente las acciones, que son como frutos de la voluntad, sino tambien la voluntad misma, que es como arbol que produce las acciones. Por la castidad sola entregamos nuestro cuerpo á Dios, pero reservándonos la libertad de poder dedicarle otra vez á los placeres sensuales; mas por el voto de castidad hacemos de él donacion absoluta é irrevocable, y quedamos sin accion alguna para volvernos atrás, haciéndonos por tanto dichosamente esclavos de aquel Señor, cuya esclavitud es mejor que reinar. Pero si bien los dictámenes de estos dos insignes autores merecen en mi estimacion un grande aprecio, quisiera con todo que aquellas almas, que por dicha se sienten con voluntad de seguirlos, lo ejecutasen con prudencia, santidad y solidez, examinando bien sus fuerzas, implorando la luz del cielo, y tomando consejo de algun director prudente y piadoso, pues de esta manera se hará todo con gran fruto.

2ª. Demas de esto es necesario que el fin de renunciar las segundas nupcias sea mera y simplemente convertir hácia Dios todos los afectos con mayor pureza, y unir por todas partes el corazon con el de su Divina Magestad; porque, si se mantiene la viuda en tal estado para que sus hijos queden ricos, ó por algun otro deseo mundano, logrará tal vez ser alabada, pero no delante de Dios, pues delante de este Señor solo es verdaderamente digno de alabanza lo que se hace por él.

3ª. Ademas de esto la viuda, para serlo verdaderamente, ha de vivir separada y privada voluntariamente de todos los placeres profanos, pues viuda que vive entre delicias está ya muerta en vida, como dice san Pablo165: querer mantenerse viuda y al mismo tiempo alegrarse de ser festejada, celebrada y lisonjeada, querer asistir á los bailes, danzas y festines, llevar olores, adornos y atavíos, es lo mismo que vivir en cuanto al cierpo, pero estar muerta en cuando al alma. ¿Qué mas da, decidme, que la muestra de la posada de Adonis, y del amor profano se ponga con plumajes blancos, colocados á manera de penachos, ó con velo negro ceñido al rededor del rostro á manera de red? antes muchas veces lo negro se suele preferir por vanidad á lo blanco, para dar mas viveza al color: esperimentada la viuda de como pueden las mugeres agradar á los hombres, pone á sus almas un cebo mucho mas peligroso: luego la viuda que vive entre estos locos placeres está muerta en vida, y hablando con propiedad es solamente fantasma de viudez.

Llegando ha el tiempo de la poda, la voz de la tortolilla se ha oido en nuestra tierra166, dicen los cantares: y si la poda de de las superfluidades es necesaria para cualquiera que quiere vivir piadosamente, es mucho mas necesaria para la verdadera viuda, que cual casta tortolilla acaba de llorar, gemir y lamentarse de la pérdida de su marido. Cuando volvió Noemí de Moab á Belen167, se preguntaban unas á otras las matronas de la ciudad que la habian conocido recien casada, ¿no es esta Noemí? pero ella replicaba, no me llameis por vida vuestra Noemí (que quiere decir agraciada y hermosa), sino llamadme Mara, pues el Señor ha llenado mi alma de amargura; y decia esto, porque le habian muerto á su marido. Así la viuda devota jamas quiere ser llamada ni tenida por hermosa y agraciada, y se contenta con ser lo que Dios quiere que sea, esto es, humilde y abatida delante de sus ojos.

Al modo que las lámparas que arden con aceite aromático, cuando se apaga su llama despiden mas suave olor, así las viudas que tuvieron un amor puro en el tiempo de su matrimonio, difunden mas perfume de virtud y de castidad cuando la muerte ha estinguido su luz, esto es su esposo. Amar al marido mientras vive es cosa bastante comun entre las mugeres; pero amarle tanto, que despues de su muerte no se quiera otro, es un grado de amor, que solo pertenece á las verdaderas viudas: esperar en Dios cuando se tiene por apoyo al marido, no es muy raro; pero esperar en Dios hallándose destituida de aquel apoyo, es cosa muy digna de alabanza: por eso en la viudez se conoce mas claramente la perfeccion de las virtudes que se profesaron en el matrimonio.

La viuda que tuviere hijos que necesiten de su diligencia y gobierno, particularmente en lo que toca á su alma y á su establecimiento, ni puede ni debe por ningun motivo abandonarlos, pues claramente dice el apostol san Pablo168, que están obligadas á tener este cuidado, en pago del que tuvieron con ellas sus padres y madres, y mucho mas porque si alguno no tiene cuidado de los suyos, en especial de los de su familia, es peor que un infiel169: pero si los hijos se hallan ya en estado de no necesitar direccion, debe entonces reunir todos sus afectos y pensamientos para emplearlos únicamente en su propio aprovechamiento en el amor de Dios.

A la verdadera viuda le aconsejo, que, á no tener obligacion de conciencia que la precise, se abstenga totalmente de entrar en negocios esteriores, cuales son los pleitos, y que maneje sus asuntos del modo mas pacífico y tranquilo que pueda, aunque parezca que no es el mas lucroso, pues muy grandes han de ser los frutos de tales enredos para ser comparables con el bien de una tranquilidad santa: y dejo á parte que los pleitos y semejantes embrollos disipan el corazon, y no pocas veces dan entrada á los enemigos de la castidad, pues por complacer á aquellos, cuyo favor se necesita, se usa de modales poco conformes á la devocion, y desagradables á Dios.

Ha de ser la oracion ocupacion continua de la viuda, pues como su amor debe ser solo para Dios, no ha de hallar casi palabras mas que para hablar con él. Y al modo que un hierro que no puede correr á juntarse con el iman, por estar presente un diamante, apenas se quita este cuando se va hácia el iman, así la viuda que durante la vida de su esposo no podia comodamente arrojarse del todo en manos de Dios, siguiendo los atractivos de su divino amor, muerto ya su esposo ha de correr fervorosa tras el olor de los perfumes celestiales á imitacion de la sagrada Esposa, diciendo: Señor, ahora que soy del todo mia recibidme por vuestra del todo, llevadme en pos de vos, correremos al olor de vuestros ungüentos170.

Las virtudes mas propias de una viuda santa son suma modestia, desvío de honras, dignidades, concurrencias, títulos y semejantes vanidades, cuidar de los pobres y enfermos, consolar á los afligidos, enseñar á las doncellas la vida devota, y ser para los jóvenes perfecto dechado de todas las virtudes: la limpieza y sencillez han de adornar sus vestidos, la humildad y caridad sus acciones, la honestidad y agasajo y su lenguaje, sus ojos la modestia y el pudor, y ha de ser Jesucristo crucificado el único amor de su corazon.

En una palabra, es en la Iglesia la verdadera viuda violeta del mes de marzo, que despide incomparable fragancia con el olor de la devocion, está casi siempre oculta entre las anchas hojas de la humildad, en su color apagado manifiesta la mortificacion, y se cria en los parages frescos é incultos, no queriendo verse molestada de la conversacion de los mundanos, para guardar mejor la frescura de su corazon, de los ardores que pudieran ocasionarle los deseos de conveniencias, de honras y aun de amores. Bienaventurada será, dice el apostol, si así permaneciere171.

Mucho mas pudiera decir sobre este asunto, pero lo diré todo solo con aconsejar á la viuda zelosa de la honra de su estado, que lea con atencion las admirables epístolas que el máximo Doctor san Gerónimo escribe á Furia, á Salvia y á las demas matronas que tuvieron la dicha de ser hijas espirituales de tan grande padre, pues á lo que allí dice, solo se puede añadir que la verdadera viuda no debe motejar, ni censurar á las que contraen segundas, terceras ó aun cuartas nupcias, porque algunas veces lo dispone así Dios para su mayor gloria: y siempre se ha de tener á la vista ni la virginidad tienen en el cielo otro puesto que el que les señala la humildad.

Capitulo XLI
Una palabra á las vírgenes

Vírgenes, si pensais en abrazar el estado del matrimonio temporal, guardad cuidadosamente el primer amor para vuestro primer marido, pues tengo por falsedad ofrecerle, en vez de un corazon íntegro y sincero, un corazon usado, adulterado y agitado por el amor. Pero si por dicha sois llamadas á las castas y virginales nupcias del espíritu, y quereis conservar perpetuamente vuestra virginidad para Dios, conservad tambien vuestro amor con la mas esquisita diligencia que podais para este divino esposo, que siendo la pureza misma, ama sobremanera la pureza, y aunque le son debidas las primicias de todas las cosas, se le deben en especial las del amor. En las epístolas de san Gerónimo hallareis cuantos documentos os sean necesarios: y pues vuestro estado os obliga á la obediencia, escoged una guia espiritual, bajo cuya direccion podais con mayor santidad consagrar vuestro corazon y vuestro cuerpo á la Magestad Divina.


49

Eccles. c. 22. v. 6.

50

Ad Rom . c. 12. v. 15.

51

I ad Cor. c. 13. v. 4.

52

Orat. 16.

53

Serm. 214 de Temp. De grat. Nov. Testam. ep. 220 et alibi.

54

Epitaph. Paulae ad Eustod.

55

Prov. c. 3. v. 5.

56

Ad. Hebr. c. 10. v. 36.

57

Luc. c. 21. v. 19.

58

Moral lib. 26. c. 2.

59

Ad Rom. c. 4. v. 2.

60

Joan. c. 26. v. 21.

61

2. 2. q. 27. a. 3.

62

Luc. c. 1. v. 46 y 48.

63

Isai. c. 7. v. 11.

64

Psalm. 83. v. 11.

65

Psal. 21. v. 7.

66

Eccl. c. 41. v. 15.

67

Psalm. 51. v. 4.

68

II ad Cor. c. 6. v. 8.

69

Psalm. 68. v. 8.

70

Math. c. 11. v. 29.

71

Jacob. c. 1. v. 20.

72

Enar. in Psalm 6.

73

Epist. 149.

74

Psalm. 6. v. 8 y 5.

75

Epist. 75.

76

Psalm. 42. v. 5.

77

Luc. c. 10. v. 41.

78

Prov. c. 19. v. 2.

79

De morib. et offic. Episcop. cap. 11.

80

Confes. lib. 6. c. 10.

81

Epist. 89. alias 47. ad Matr. et Fil.

82

Ad Hebr. c. 12. v. 14.

83

In cap. 47. Ezech.

84

Hom. 31. in Epist. ad. Hebr.

85

Apoc. c. 22. v. 15.

86

Math. c. 5. v. 8.

87

Ad Ephes. c. 5. v. 5.

88

Instit. lib. 6. De spirit. fornic. c. 19.

89

Post initum.

90

Cuan justo sea este modo de pensar de S. Francisco de Sales lo muestra el mismo S. Basilio en la Epístola á su discípulo Chilon: Mulieres se meis hisce oculis visendas offerebant, quarum proecellenti elegantia et decore mece tentaretur integritas pudicitice. Et quidem flagitium vitavi fornicationis: at mundivia virginatis florem arcana cordis cogitatione foedavi.

91

Math. c. 5. v. 5.

92

Ose. c. 9. v. 10.

93

ad Cor. c. 11. v. 29.

94

Math. c. 25. v. 25.

95

Carm. 65 advers. mulier. ambitios. sese exorn.

96

Eccli. 12. v. 13.

97

Psalm. 132. v. 1.

98

Orat. 20. in. laud. Basil.

99

Confes. lib. 4. c. 1.

100

2. 2. q. 23. a. 3. ad 1.

101

Carm. 63. ubi supr.

102

De poenit. lib. 2. c. 10.

103

Conf. lib. 4. c. 7.

104

Psalm. 115. v. 7.

105

Orat. 20. prop. fin.

106

Eccli. c. 6. v. 17.

107

Jac. c. 4. v. 4.

108

Joel. c. 2. v. 12.

109

Prov. c. 23. v. 26.

110

Cant. c. 8. v. 6.

111

Ad Gal. c. 2. v. 20.

112

Epist. ad. Loet. de. inst. fil.

113

Luc. c. 10. v. 8.

114

Numer. c. 22. v. 28.

115

de Consid. ad. Eng. lib. 1. c. 5.

116

Ad Rom. c. 12. v. 15.

117

Ad Philip. c. 4. v. 4.

118

Orat. 28.

119

Pant. 2. c. 15.

120

Conf. lib. 6. c. 5.

121

Marc. c. 6. v. 31.

122

Ad Timoth. c. 2. v. 9.

123

Petr. c. 3. v. 3.

124

Prov. c. 31. v. 25.

125

Math. c. 12. v. 37.

126

Psalm. 36. v. 30.

127

Jacob. c. 3. v. 2.

128

Math. c. 12. v. 34.

129

ad Cor. c. 15. v. 33.

130

Luc. c. 6. v. 37.

131

Ad Cor. c. 4. v. 5.

132

Ad Cor. c. 11. v. 31.

133

Amos. c. 5. v. 7.

134

Luc. 18. v. 11.

135

Lib. de Mod. ben. viv. ad soror, Bernardo tribut. c. 47.

136

Psalm. 139. v. 3.

137

Psalm. 139. v. 3.

138

Sap. c. 1. v. 5.

139

Prov. c. 10. v. 9.

140

Conf. lib. 4. c. 6.

141

Retr. lib. 2. c. 6.

142

Psalm. 38. v. 1.

143

Psalm. 140. v. 3.

144

Collat. 24. c. 21.

145

Tob. c. 3. v. 17.

146

Cant. c. 4. v. 9.

147

Prov. c. 31. v. 19.

148

Math. c. 25. v. 21.

149

Psalm. c. 11. v. 2.

150

Deut. c. 23. v. 13.

151

Ad Ephes. c. 5. v. 32.

152

Ad Ephes. c. 5. v. 25.

153

I Petr. c. 3. v. 7.

154

Orat. 31.

155

I ad Tesal. c. 4, v. 4.

156

Confes. lib. 1. c. 11.

157

Tambien en castellano se usa la voz casa en esta aceptacion, y así decimos la casa de Borbon, la casa de Lara, etc.

158

I ad Cor. c. 7. v. 14.

159

I ad Cor. c. 7. v. 29.

160

Pastor. cur. p. 3. admon. 28.

161

De Civil. D. lib. 15. c. 7.

162

I ad Tim. c. 5. v. 3.

163

De bon. viduit.

164

Homil. 17. in Luc.

165

I ad Tim. c. 5. v. 6.

166

Can. c. 2. v. 12.

167

Ruth. c. 1. v. 19.

168

I ad Tim. c. 5. v. 8.

169

Ib.

170

Cant. c. 1. v. 3.

171

I ad Cor. 7. v. 8.

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