San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota
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Segunda Parte
Que contiene diferentes avisos acerca de la elevacion del alma a Dios por medio de la oracion y los Santos Sacramentos.

Capitulo I
De la necesidad de la oracion

1 .No hay cosa que purifique mas de ignorancias al entendimiento y á la voluntad de afectos depravados que la oracion, la cual llena este de la divina claridad y luz, é inflama aquella con el fuego del amor divino, y es agua de bendicion, cuyo riego hace reverdecer y florecer las plantas de nuestros buenos deseos, lava nuestras almas de sus imperfecciones, y apaga la sed las pasiones que tiene el corazon.

2. Pero sobre todo te aconsejo la oracion mental y cordial, y particularmente acerca de la vida y pasion de nuestro Salvador. Si frecuentemente le miras en la meditacion, llenará tu alma, aprenderás su modestia, y reformarás tus acciones por el modelo de las suyas. Él es la luz del mundo, y en él, por él y para él debemos ser ilustrados é iluminados: es el arbol de deseo, á cuya sombra debemos tomar aliento, es la fuente viva de Jacob para lavarnos de todas nuestras manchas: finalmente, así como los niños á fuerza de oir á sus madres, y tartamudear con ellas, aprenden á hablar su lengua, así nosotros, manteniéndonos cerca del Salvador con la meditacion, y observando sus palabras, acciones y afectos, aprenderemos con la ayuda de su gracia á hablar, obrar y querer como él. Aquí es donde debemos deternos, Filotea, y creeme, que no podemos ir á Dios Padre sino por esta puerta, porque así como no podria detenerse nuestra vista en la luna de un espejo, sino estuviese azogado por detrás, así en este mundo inferior no podriamos contemplar la divinidad. Sino se hubiera unido á la sagrada humanidad del Salvador, cuya vida y muerte son el objeto mas proporcionado, suave y deleitable y provechoso, que podemos escoger para meditacion ordinaria. No en vano se llamó el mismo Señor pan bajado del cielo21, pues así como el pan se como con todos los demas manjares, así en todas las oraciones y acciones hemos de meditar, considerar y buscar al Salvador. Muchos autores han ordenado y distribuido la vida y muerte de Jesucristo en varios puntos para el uso de la meditacion: los que yo te enconmiendo son San Buenaventura, Bellintano, Bruno, Fr. Andres Capilla, Fr. Luis de Granada y el P. Luis de la Puente.

3. Emplea en esto cada dia una ora antes de comer, y si es posible al principio de la mañana porque entonces con el descanso de la noche tendrás mas despejada y fresca la cabeza; pero n estés mas de una hora sino te lo dice espresamente tu padre espiritual.

4. Si puedes hacer este ejercicio en la iglesia, y tienes allí bastante quietud para ello, te será mas facil y acomodado, porque es regular que ninguno, ni padre, ni madre, ni muger, ni madrino, ni otro alguno te pueda estorbar que estés una hora en la iglesia; pero en tu casa si es que vives sujeta á otra persona, quizá no te será posible lograr una hora tan desocupada.

5. Empieza tu oracion sea mental ó vocal poniéndote en la presencia de Dios, y observa y esta regla, sin escepcion alguna, que presto conocerás cuanto aprovecha.

6. Si me quieres creer, dí el Pater noster, Ave Maria y Credo en latin; pero aprende el significado de todas sus palabras en tu lengua, para que al decirlas al idioma comun de la Iglesia, puedas sin embargo saborearte con el sentido admirable y delicioso de estas oraciones, que se han de rezar pensando atentamente lo quieren decir, y escitando los afectos que corresponden: y no tienes apresurarte para rezar mucho, sino procura decir de corazon lo que dices, pues un solo Pater noster, rezado con atencion, vale mas que muchos rezados veloz y apresuradamente.

7. El rosario es un modo utilísimo de orar, con tal que le sepas rezar como conviene, y para esto sírvete de algun libro que traiga el modo de rezar. Bueno es tambien decir las letanías de nuestro Señor, de nuestra Señora y de los Santos y todas las demas oraciones vocales que hay en los manuales y horas aprobadas; pero con la condicion sin embargo de que si tienes el don de oracion mental, le dés siempre el primer lugar, de modo que si despues de esta, ó ya sea por tus muchos quehaceres, ó por cualquiera otra razon, no puedes rezar vocalmente no por eso has de estar con zozobra, sino contentarte con decir antes ó despues de la meditacion la oracion dominical, la salutacion Angélica, y el símbolo de los Apóstoles.

8. Si cuando estás orando vocalmente sientes tu corazon atraido y llevado á la oracion interior ó mental, no lo rehuses, antes bien deja al espíritu caminar dulcemente hácia esta parte, y no te dé pena el no haber rezado todas las oraciones vocales que pensabas, porque mucho mas agrada á Dios y aprovecha al alma la mental que tienes en su lugar. Esto no se entiende el oficio eclesiástico; si estás obligada á rezarle, pues e tal caso es forzoso cumplir con la obligacion.

9. Si por tus muchas ocupaciones ó por cualquier otro motivo acaeciere pasarse la mañana sin este santo ejercicio de la oracion mental (bien que has de procurar cuanto puedas evitarlo), cuidarás de resarcir esta omision por la tarde en la hora mas distante de la comida que fuere posible, porque si tienes la oracion acaba de comer, antes que se haga bien la digestion, estarás soñolienta, y lo padecerá tu salud; pero si en todo el dia no puedes tenerla, es necesario reparar esta pérdida, multiplicando las oraciones jaculatorias, leyendo algun libro devoto, y haciendo alguna penitencia que estorbe la continuacion de este defecto: ademas de lo cual has de hacer firme propósito devolver á tu santa costumbre el dia siguiente.

Capitulo II
Método breve para tener meditacion, y primeramente de la presencia de Dios, que es el primer punto de la preparacion

Quizá no sabrás, Filotea, como se tiene oracion mental, pues por desgracia es cosa que en nuestros tiempos saben pocos. Por tanto voy á proponerte un método sencillo y breve de tenerla, en tanto que te instruyes mas á fondo leyendo alguno de los muchos libros buenos que de esto tratan, y sobre todo con la práctica. Te señalo en primer lugar la preparacion, que consiste en dos puntos, el primero ponerse en presencia de Dios, y el segundo implorar su asistencia. Para ponerte en la presencia de Dios te propongo cuatro medios principales de los cuales podrás servirte al principio.

El primero consiste en una viva y atenta aprension de la universal presencia de Dios, esto es, de que Dios está en todo y por todas partes, de modo que no hay lugar ni cosa en el mundo donde no esté con verdadera presencia, pues así como los pajarillos á cualquiera parte que vuelen siempre encuentran aire, así á cualquiera parte que vamos, ó en cualquiera parte que estemos, encontramos á Dios presente. Todos saben esta verdad, pero no todos la aprehenden con viveza. Los ciegos, aunque cuando el príncipe se halla presente, no le ven, sin embargo si se lo dicen, están con respeto; pero como no le ven, fácilmente se olvidan de que está allí, y con este olvido suelen perder el respeto y reverencia. Nosotros, Filotea, no vemos á Dios, y aunque la fe nos advierte que está presente, como no le ven nuestros ojos, nos olvidamos muy á menudo, y obramos como si estuviera muy lejos de nosotros; porque aunque sabemos que está presente en todas partes, como no pensamos en ello, es lo mismo que si los ignorásemos. Por esto antes de la oracion es menester escitar nuestra alma á que piense y considere atentamente la presencia de Dios. Esto entendió David cuando dijo: Si subo al cielo, Dios mio, allí estás, si bajo á los infiernos, allí te hallo22. Digamos, pues, las palabras de Jacob, que despues de haber visto la escala, esclamó: ¡Qué terrible es este lugar! verdaderamente Dios está aquí, y yo no lo sabia23, quiere decir, que no pensaba en ello, pues por lo demas no podia ignorar que Dios está en todas partes. Contrayendo esto á nuestro asunto de la oracion, has de decir de todo corazon mismo: corazon mio, corazon mio, verdaderamente está Dios aquí.

El segundo modo de ponerse en esta sagrada presencia es pensar, que no solamente está Dios en el lugar donde te hallas sino tambien de un modo muy particular en tu corazon y en lo interior de tu espíritu, al cual vivifica y anima con su divina presencia, siendo como corazon de tu corazon, y espíritu de tu espíritu, porque al modo que el alma, animando todo el cuerpo, se halla presente en todos sus miembros, y sin embargo reside con una residencia especial en el corazon: del mismo modo Dios, estando muy presente en todas las cosas, asiste sin embargo de un modo especial en nuestro espíritu. Por esto llamaba David al Señor Dios de su corazon24, y san Pablo decia que en Dios vivimos, nos movemos y somos25.

Con la consideracion de esta verdad podrás escitar en tu corazon gran reverencia á Dios, que está en él con tan íntima presencia.

El tercer modo es considerar á nuestro Salvador, que en cuanto hombre mira desde el cielo á todas las personas del mundo, particularmente á los Cristianos que son sus hijos, y mas especialmente á los que oran, todas cuyas acciones y movimientos está notando. Y esto no es una mera imaginacion, sino verdad certísima, pues aunque nosotros no le veamos, él nos está mirando desde lo alto del cielo, como le vió san Esteban al tiempo de su martirio: por lo cual podemos decir con la Esposa: Vele allí, que está detrás de la pared mirando por las ventanas, y acechando por las celosias26.

El cuarto modo consiste en servirse solamente de la imaginacion, representándonos al Salvador en su sagrada humanidad, como si estuviera junto á nosotros, como solemos representarnos á nuestros amigos cuando decimos: me parece que veo á fulano que hace esto ó por lo otro: me parece que le estoy mirando, ó cosa semejante. Pero si está presente el Santísimo Sacramento del altar, entonces esta presencia será real, y no puramente imaginaria, porque las especies y apariencias de pan son como un velo, detrás del cual nuestro Señor realmente presente nos ve y nos mira, aunque nosotros no le podamos ver en su propia forma. Usarás, pues de uno de estos cuatro modos para poner tu alma en la presencia de Dios antes de la oracion, y no quieras ponerlos en práctica todos á un tiempo, sino solamente uno cada vez, y esto breve y sencillamente.

Capitulo III
De la invocacion, que es el segundo punto de la preparacion.

La invocacion se hace de este modo: persuadida tu alma de que está en presencia de Dios, se postra con suma reverencia, reconociéndose indignísima de estar ante la soberana Magestad; pero sin embargo sabiendo que su infinita bondad así lo quiere, le pide la gracia de servirle y adorarle dignamente en aquella meditacion: y si quieres, puedes usar algunas expresiones breves y fervorosas, como son estas de David: No me arrojeis, Dios mío, de vuestro rostro, y no me quiteis la gracia de vuestro santo espíritu27. Mostrad la claridad de nuestro rostro sobre vuestra sierva, y consideraré vuestras maravillas28. Dadme entendimiento, y consideraré vuestra ley, y la guardaré con todo mi corazon29. Vuestra sierva soy, dadme entendimiento30, ú otras palabras semejantes á estas. Tambien te servirá invocar á tu Angel custodio y á aquellas santas personas que intervienen en el misterio que meditas, como por ejemplo en el de la muerte de nuestro Salvador á nuestra Señora, á san Juan, á la Magdalena y al Buen Ladron, á fin de que te sean comunicados los mismos afectos y movimientos interiores que á ellos entonces fueron dados; y en la meditacion de la muerte podrás invocar á tu Angel custodio, que se hallará presente á ella, para que te inspire consideraciones oportunas. Lo mismo digo de los demas misterios.

Capitulo IV
De la proposicion del misterio, que es el tercer punto de la preparacion.

Despues de estos dos puntos generales de la meditacion hay otro tercero, que no es comun á toda especie de meditaciones, y es el que llaman algunos composicion de lugar, y otros leccion interior. Esto no es mas que proponer á la imaginacion el cuerpo del misterio que se va á meditar, como si realmente y de hecho pasase en nuestra presencia. Por ejemplo, si quieres meditar en Jesucristo crucificado, imagínate que estás en el monte Calvario, y que ves lo que allí pasó y se dijo en el dia de la pasion: ó si quieres (que al fin todo viene á ser una misma cosa ), puedes imaginar que en el mismo lugar en donde estás se hace la crucifixion de nuestro Señor del modo que la refieren los Evangelistas: lo propio digo cuando medites en la muerte, como ya lo advertí en la meditacion de este paso: digo lo mismo tambien de la del infierno, y de todas las de semejantes puntos en que se trata de cosas visibles y sensibles; porque en cuanto á los otros misterios de la grandeza de Dios, de la escelencia de las virtudes, del fin para que somos criados, que son cosas invisibles, no es del caso querer servirse de esta especie de imaginacion. Verdad es que bien se puede emplear alguna comparacion ó semejanza para ayudar á la consideracion, pero es algo difícil de practicar, y yo no quiero tratar contigo mas que cosas muy sencillas, de modo que tu espíritu no trabaje mucho en hacer invenciones. Con esta imaginacion se encierra el entendimiento en el misterio que se ha de meditar, para que no ande vagando de aquí para allí, al modo que se encierra un pajarillo en una jaula, ó bien como se ata el alcon con las pigüelas para que esté quieto sobre el puño. Algunos te dirán que es mejor usar solo de la presencia de fe y de una simple aprension puramente mental y espiritual para representar los misterios, ó bien considerar que pasan en tu mismo espíritu; pero esto es demasiado sutil para los principios, y hasta que Dios quiera levantarte á mas altura, te aconsejo, Filotea, que te mantengas en el humilde valle que te enseño.

Capitulo V
De las consideraciones, que son la segunda parte de la meditacion.

Siguese el acto de la imaginacion que se ha dicho otro del entendimiento, que llamamos meditacion, y consiste en hacer una ó muchas consideraciones que muevan nuestros afectos hacía Dios y las cosas divinas: en lo cual se diferencia la meditacion del estudio y de los demas pensamientos y consideraciones que no se dirigen á alcanzar la virtud ó el amor de Dios, sino á otros fines é intenciones, como son adquirir la sabiduría, ó disponerse para escribir y disputar. Encerrado, pues, el entendimiento, como te he dicho, en los términos del punto que quieres meditar, ó ya sea por medio de la imaginacion, si es objeto sensible, ó ya, si es invisible, por la simple proposicion, empezarás á hacer consideraciones sobre él, de las cuales ya tienes ejemplos prácticos en las meditaciones que arriba pusimos. Si encuentra tu espíritu gusto, luz y fruto en alguna de estas consideraciones, detente en ella sin pasar mas adelante, haciendo lo que las abejas, que no dejan una flor mientras encuentran en ella miel que recoger: y si en alguna consideracion no encuentras lo que apeteces, despues de haberlo buscado y procurado algun rato, pasa á otra, pero con suavidad y sencillez, sin afan ni zozobra.

Capitulo VI
De los afectos y resoluciones, tercera parte de la meditacion

Produce la meditacion en la voluntad ó parte afectiva del alma movimientos buenos, como son amor de Dios y del prójimo, deseo de la gloria celestial, celo de la salud de las almas, imitación de la vida de nuestro Señor, compasion, admiracion y gozo, temor de caer en desgracia de Dios, ó del juicio, ó del infierno, horror al pecado, confianza en la bondad y misericordia divina, y confusion de nuestra mala vida pasada: y en estos afectos debe esplayarse y estenderse el alma cuanto pueda. Mas si para esto deseas algun auxilio, lee el prólogo del primer tomo de las meditaciones de don Andres Capilla, en donde enseña el modo de explayar los afectos; y aun con mas estension lo encontrarás en el tratado de la oracion mental del Padre Arias.

Pero con todo no te detengas tanto, Filotea, en los afectos generales, que no pases á convertirlos en resoluciones especiales y particulares para tu correccion y enmienda. Por ejemplo, la primera palabra que nuestro Señor dijo en la cruz dispertará sin duda en tu alma un afecto santo de imitación, es á saber, deseo de perdonar y amar á tus enemigos: digo pues, que esto es muy poco, si no añades una resolucion especial en esta forma: de aquí adelante ya no me he de picar de tales palabras duras que fulano y fulana mi vecino, ó mi vecina, mi criado, ó mi criada dicen de mí, ni de tal ó tal desprecio que aquel ó aquella me hacen; antes por el contrario, diré y haré tal y tal cosa para atraerlos y apaciguarlos: y así de lo demás.

De este modo corregirás tus faltas en muy poco tiempo, y si te hubieras quedado solamente en afectos, apenas podrías conseguirlo á fuerza de mucho tiempo y fatiga.

Capitulo VII
De la conclusion y ramillete espiritual

Finalmente, se concluirá la meditacion con tres actos, que se han de hacer lo mas humildemente que se pueda. El primero es la accion de gracias, dándoselas á Dios de los afectos y resoluciones que nos ha dado, y de su bondad y misericordia que hemos conocido en el misterio de la meditacion.

El segundo es el ofrecimiento, por el cual ofrecemos á Dios su misma bondad y misericordia, la muerte, la sangre y las virtudes de su Hijo, y juntamente nuestros afectos y resoluciones. El tercero es la súplica, por la cual pedimos y suplicamos á Dios que nos comunique las gracias y méritos de su Hijo, y que bendiga nuestros afectos y resoluciones, para que podamos practicarlos con fidelidad. Rogamos tambien despues por la Iglesia, por nuestros pastores, parientes, amigos y otros, valiéndonos para esto de la intercesion de nuestra Señora, de los Angeles y de los Santos. Por último, ya te dije que se ha de rezar el Pater noster y Ave María, porque son las oraciones generales y necesarias á todos los fieles.

Añadí á esto, que es necesario formar un pequeño ramillete de devocion: en lo cual he querido decir, que así como los que se han paseado por un jardin hermoso, antes de salir de él cogen cuatro ó cinco flores para olerlas y tenerlas todo el dia, así tambien despues de haber discurrido nuestro espíritu con la meditacion por algun misterio, debemos escoger uno, dos ó tres puntos de aquellos en que hemos encontrado mas gusto, para tenerlos presentes el resto del dia, y olerlos espiritualmente.

Es de advertir, que todo esto se hace en el mismo lugar, manteniéndose allí, ó paseándonos solos algun rato.

Capitulo VIII
Algunos avisos muy útiles sobre la meditacion

Sobre todo es necesario, Filotea, que despues de salir de la meditacion, conserves las resoluciones y deliberaciones que hayas tomado, para practicarlas cuidadosamente aquel dia. Este es su principal fruto, y sin él de ordinario no solo es inutil, sino aun dañosa, porque las virtudes meditadas y no practicadas suelen hinchar el espíritu y el ánimo, pareciéndonos que somos tales cuales habemos resuelto y deliberado ser: lo cual seria verdad si las resoluciones fuesen vivas y sólidas, pero cuando no se practican no lo son, sino antes bien vanas y peligrosas. Es necesario, pues, procurar por todos caminos ponerlas en ejecucion, buscando las ocaciones pequeñas ó grandes: por ejemplo, si he resuelto ganar con dulzura el ánimo de aquellos que me ofenden, procuraré el mismo dia hacerme encontradizo con ellos, para saludarlos con amor, y si no puedo encontrarlos, á lo menos hablaré bien de ellos, y los encomendaré á Dios.

Al salir de esta oracion cordial ten cuidado de no agitar tu corazon, para que no se derrame el bálsamo que en ella has recibido, quiero decir, que es necesario, si se puede, guardar silencio un rato, y procurar que el corazon pase poco á poco de la oracion á los negocios, conservando cuanto mas tiempo puedas los movimientos y afectos que habiesen dado en un vaso de hermosa china un licor muy precioso para que le llevase á su casa, iria poco á poco sin volver los ojos á los lados, sino mirando donde ponia los pies, temiendo tropezar en alguna piedra, ó pisar en falso, y volveria tambien de cuando en cuando la vista al vaso para llevarle derecho, del mismo modo, al salir de la meditacion no te has de distraer, sino mira únicamente á tu camino; quiero decir, que si acaso encuentras á uno á quien forzosamente has de hablar ó oir, le hables ó le oigas, pero de modo que no pierdas de vista tu corazon, para que en cuanto sea posible no se derrame el licor santo de la oracion.

Es tambien necesario que te acostumbres á saber pasar de la oracion á todas aquellas acciones que tu estado y profesion requieren justa y legítimamente, aunque parezcan muy agenas de los afectos que se han excitado en ella: esto es, que el Abogado ha de saber pasar de la oracion á los pleitos, el mercader al tráfico, la muger casada á las obligaciones de su estado y al tráfago de su casa, con tanta dulzura y tranquilidad, que por esto no se inquiete á la voluntad de Dios justo es pasar de lo uno a lo otro con espíritu de humildad y devocion.

Te sucederá alguna vez que apenas te habrás preparado, cuando se hallará tu afecto, movido hácia Dios: entonces, Filotea, es necesario soltar la rienda, sin querer seguir el método que te he dado; porque aunque de ordinario la consideracion debe proceder á los afectos y resoluciones, si el Espíritu Santo te da afectos antes de la consideracion, no tienes para que buscar esta, cuyo fin es únicamente moverlos. En una palabra, siempre que los afectos vengan, se han de recibir, y se les ha de hacer lugar, sea antes ó despues de las consideraciones; pues aunque he colocado todas estas antes de aquellos, ha sido solo por distinguir mejor las partes de la oracion: que por los demas es regla general no detener nunca los afectos, sino dejarlos salir siempre que vengan. Y esto debe entenderse lo mismo que de los demas afectos de la accion de gracias, ofrecimiento y súplica, que se pueden hacer entre las consideraciones, y tampoco conviene detenerlos; aunque será bueno repetirlos para concluir la meditacion. Pero las resoluciones se han de hacer despues de los afectos y cerca del fin de la meditacion antes de la conclusion, porque siendo preciso para estas representarnos objetos particulares y familiares, seria esponerse á muchas distracciones el hacerlas entre los afectos.

Al tiempo de los afectos y resoluciones conviene usar de coloquio, hablando unas veces con nuestro Señor, otras con los ángeles, con las personas representadas en los misterios, con los santos, con uno mismo, con su corazon, con los pecadores, y aun con las criaturas insensibles, como vemos que hace David en sus salmos, y otros Santos en sus oraciones y meditaciones.

Capitulo IX
Avisos acerca de las sequedades que se padecen en la meditacion

Si acaso te sucede, Filotea, no hallar gusto ni consuelo en la meditacion, te encargo que no por esto te turbes, sino que unas veces recurras á la oracion vocal, quejándote de ti misma á nuestro Señor, confesando tu indignidad, pidiéndole que te ayude, besando devotamente su imagen, si la tienes, y diciendo las palabras de Jacob: Señor no os dejaré hasta que me hayais dado vuestra bendicion31, ó las de la Cananea: Sí, Señor, soy una perrilla, pero tambien los cachorros comen las migajas que caen de la mesa de su dueño32.

Otras veces toma un libro, y lee con atencion hasta que se despierte tu espíritu, y vuelvas á entrar en ti. Puedes tambien alguna vez escitar corazon con ciertas posturas y acciones propias de la devocion esterior, postrándote en tierra, cruzando las manos sobre el pecho, y abrazándote con el crucifijo: se entiende si estás en lugar retirado.

Pero aun cuando de este modo no hallares consuelo, no te has de turbar, por grande que sea tu sequedad, sino permanecer delante de nuestro Señor en postura devota; pues si tantos cortesanos van muchas veces en el año á palacio sin esperanzas de hablar al Príncipe, solo para que los vea, y hacerle el corte, tambien nosotros, amada Filotea, debemos ir á la santa oracion puramente, por hacer lo que debemos, y dar testimonio de nuestra fidelidad: y si se dignare la Divina Magestad de hablarnos y conversar con nosotros por medio de sus santas inspiraciones y consolaciones interiores, esto será sin duda una grande honra y deliciosísimo placer para nosotros; pero si no quiere concedernos esta gracia, y nos deja estar allí sin hablarnos, como si no nos viera, ni estuviésemos en su presencia, no por eso debemos retirarnos, antes al contrario por lo mismo nos hemos de mantener en la presencia de su soberana bondad con devota y apacible compostura, y así quedará ciertamente satisfecho de nuestra paciencia, y pondrá los ojos en nuestra continuacion y perseverancia, de modo que cuando volvamos otra vez á su presencia, nos favorecerá y hablará con nosotros por medio de sus consolaciones, descubriéndonos la amenidad de la santa oracion. Pero aun cuando no lo haga así, contentémonos, Filotea, con saber que es mucha honra para nosotros estar junto á él y á su vista.

Capitulo X
Ejercicio de por la mañana

Demas de esta oracion mental, perfecta y ordenada, y de las otras oraciones vocales, que has de rezar una vez cada dia, hay otras cinco especiales de oraciones mas breves, que son como efectos y renuevos de la oracion mas estensa: entre las cuales la primera es la de por la mañana, que sirve como de preparacion general para todas las obras del dia, y se ha de hacer de este modo.

1. Da gracias á Dios, y adórale con humildad por la gracia que te ha hecho en haberte conservado la noche antecedente, y si acaso en ella has cometido alguna culpa, le pedirás perdon.

2. Considera que el dia presente se te ha dado para que en él ganes el dia eterno que ha de venir, y por tanto haz firme propósito de emplearle bien. Con esta mira.

3. Recapacita qué negocios, comunicaciones y ocasiones de servir á Dios pueden ocurrirte aquel dia, y qué tentaciones pueden sobrevenirle de ofenderle, por ira, por vanidad, ó por cualquiera otro desorden: prepárate con una santa resolucion para emplear bien los medios que se te ofrezcan de servir á Dios y adelantar en la devocion, y por el contrario apercíbete cuidadosamente para evitar, combatir y vencer todo lo que se oponga á tu salud espiritual y á la gloria de Dios. Pero no basta hacer esta resolucion, es necesario tambien preparar los medios para cumplirla bien: por ejemplo, si preveo que tengo de tratar algun negocio con un sugeto apasionado y facil de enojarse, no solamente he de resolver no propasarme á onfenderle, sino que he de estudiar espresiones suaves con que evitar el riesgo, ó buscar la compañía de alguna persona que pueda contenerle: si preveo que podré visitar á un enfermo, dispondré la hora á que lo he de ejecutar, y prepararé los consuelos y socorros que le he de dar: y así de las demas cosas.

4. Hecho esto, humíllate delante de Dios, reconociendo que por ti misma no puedes hacer nada de lo que has resuelto, tanto de huir el mal, como de ejecutar el bien: y como si tuvieras el corazon en tus manos, ofrécesele con todos tus buenos deseos á la Divina Magestad, suplicándole que le reciba bajo su proteccion, y le fortifique, para que pueda servirle bien, lo cual podrás decir con estas ó semejantes palabras interiores: Ved, Señor, este pobre y miserable corazon, que por vuestra bondad ha concebido muchos buenos deseos; pero ¡ay que es muy flaco y miserable para ejecutar el bien que desea, si vos no le dais vuestra celestial bendicion! Con esta intencion os lo pido, Padre de misericordia, por los méritos de la pasion de vuestro Hijo, á cuya honra consagro este dia y el resto de mi vida. Invoca tambien á nuestra Señora, á tu Angel de guarda y á los santos para que te ayuden con su asistencia.

Pero todos estos actos espirituales se han de hacer con brevedad y viveza antes de salir del cuarto, si se puede, para que por medio de este ejercicio todas cuantas obras hagas en el dia estén vivificadas con la bendicion de Dios; y así te encargo, Filotea, que jamas lo omitas.

Capitulo XI
Por el ejercicio de por la noche, y del examen de conciencia

Así como antes de la comida corporal has tenido tu comida espiritual en la meditacionm así tambien antes de cenar conviene que tomes alguna cena ó colacion devota y espiritual. Busca, pues, un ratito desocupado antes de la hora de cenar, y póstrate en la presencia de Dios, recogiendo tu espíritu en Jesucristo crucificado, á quien por medio de una sencilla consideracion tendrás presente, y mirarás con los ojos del alma: aviva en tu corazon el fuego de por la mañana con algunas aspiraciones fervorosas, humillaciones y amorosos suspiros, que dirigirás á este divino Salvador de tu alma, ó bien sea repitiendo los puntos con que mas te hayas saboreado en la meditacion de por la mañana, ó bien escitando estos afectos con otra nueva consideracion, como mejor te pareciere.

El examen de conciencia que has de hacer siempre antes de acostarte, todos saben que se hace de este modo.

1. Se dan gracias á Dios de habernos conservado el dia.

2. Se examina como hemos vivido en todas las horas de él, considerando, para hacer esto mas fácilmente, en donde, con quienes, y en qué ocupacion hemos estado.

3. Si se halla haber hecho algo bueno, se dan gracias á Dios: si por el contrario se ve que hemos cometido alguna falta en pensamientos, en palabras ó en obras, se pide perdon á la Divina Magestad, con resolucion de confesarse de ello en la primera ocasion, y de procurar enmendarse.

4. Se encomienda despues á la divina Providencia el cuerpo, el alma, la Iglesia, los parientes y los amigos, pidiendo á nuestra Señora, al angel custodio y á los santos que velen sobre nosotros y por nosotros. Y finalmente, con la bendicion de Dios se va á tomar el descanso que el Señor ha dispuesto que necesitamos.

Este ejercicio, así como el de por la mañana, nunca debe omitirse, porque el de por la mañana es abrir las ventanas del alma, para que entre en ella el sol de justicia, y el de por la noche cerrarlas, para que no la oscurezcan las tinieblas del abismo.

Capitulo XII
Del retiro espiritual

Ahora es, amada Filotea, cuando yo te quisiera mas pronta para seguir mis consejos, porque en este artículo de que vamos á tratar consiste uno de los mas seguros medios de tu adelantamiento espiritual.

Procura entre dia, cuanto mas á menudo puedas, llamar tu espíritu á la presencia de Dios de uno de los cuatro modos que te he mostrado, y mira lo que hace Dios y lo que tú haces: verás á este Señor que tiene vuelto siempre hácia ti su rostro, clavados en ti continuamente sus ojos con amor incomparable. ¡O Dios! Dirás, ¿Por qué no estoy yo mirándoos siempre, como vos continuamente me mirais? ¿Por qué habeis de pensar vos siempre en mí, Señor mio, y yo he de pensar en vos tan de tarde en tarde? ¿A dónde estamos alma mia? Nuestra verdadera morada es en Dios, pues ¿dónde, dónde estamos.

Así como las aves tienen nidos en los árboles donde retirarse cuando lo necesitan, y los ciervos tienen bosques y matorrales donde se esconden y guarecen, así nuestros corazones, Filotea, han de buscar y escoger cada dia algun sitio, ó ya sea en la cumbre del Calvario, ó ya en las llagas de nuestro Señor, ó en cualquiera otro lugar cerca de él, para retirarnos allí en medio de todas las ocupaciones, para consolarnos y recrearnos entre los negocios esteriores, y para estar allí defendidos de las tentaciones, como en una fortaleza. Bienaventurada será el alma que pueda con verdad decir al Señor: Vos sois mi casa de refugio, mi muralla fortísima, el techo que me defiende de la lluvia y la sombra que me libra del calor.

Acuérdate pues, Filotea, de retirarle á menudo á la soledad del corazon mientras estás corporalmente en medio de las conversaciones y negocios, pues esta soledad mental de ningun modo pueden impedirla todos los que te rodean, porque como ellos no andan al rededor de tu corazon, sino de tu cuerpo, tu corazon está solo, y en presencia de Dios solo. Este es el ejercicio que practicaba el rey David en medio de sus muchas ocupaciones, como lo testifica en diversos lugares de sus salmos cuando dice: ¡O Señor! Siempre estoy contigo33. Continuamente estoy viendo á mi Dios delante de mi34. A ti, Dios mio, levanté mis ojos, á ti, que habitas en los cielos35. Mis ojos siempre están puestos en el Señor36.

Ademas de que las conversaciones no son de ordinario de tanta entidad que no se pueda de tiempo en tiempo apartar de ellas el corazon para llevarle á esta divina soledad.

Cuando los padres de Santa Catalina de Sena no le concedian el lugar y el tiempo precisos para la oracion y meditacion, nuestro Señor le inspiró que hiciese en su alma un oratorio interior, en el cual, retirándose mentalmente, pudo en medio de las ocupaciones esteriores vacar á esta santa soledad de corazon, y desde entonces, por mas que el mundo pelease contra ella, ella no recibia daño alguno, porque (como solía decir) se retiraba á su interior retrete, en donde se consolaba con su celestial esposo: y así despues aconsejaba a sus hijas espirituales, que fabricasen una celda en el corazon, y que habitasen en ella.

Haz pues que se retire de cuando en cuando tu espíritu dentro del corazon, en donde, separado de todos los hombres, puedas tratar con tu Dios de corazon á corazon los negocios de tu alma, y decirle con David: He velado y me he hecho semejante al pelicano del desierto. Estoy como el buho ó la lechuza en las hendiduras de la pared, y como el pájaro solitario en el techo37. Cuyas palabras, á mas del sentido literal, que testifica que este gran rey empleaba algunas horas en estar solo entregado á la contemplacion de las cosas espirituales, nos muestran tambien en sentido místico tres admirables retiros, que son como tres hermitas, en que podemos estar en soledad á imitacion del Salvador, que en el monte Calvario fué como el pelicano del desierto, que con su sangre aviva sus polluelos muertos: en su nacimiento, abandonado en un establo, fué como el buho en las hendiduras de la pared, sintiendo y llorando nuestras culpas y pecados; y en el dia de su ascension fué como el pájaro solitario, retirándose y volando al cielo, que se puede llamar techo del mundo: á todos estos tres lugares podemos retirarnos en medio del tumulto de los negocios. El beato Elzeario, conde de Arian en Provenza, habiendo recibido un espreso, que despachó su casta y devota Delfina, para saber como estaba en una larga ausencia, le respondió de este modo: Yo estoy bueno, querida esposa, y si quieres verme, búscame en la llaga del costado de nuestro dulce Jesus: allí tengo mi habitacion, allí es donde me encontrarás, y no tienes que buscarme en otra parte. Este sí que era caballero verdaderamente cristiano.

Capitulo XIII
De las aspiraciones, oraciones jaculatorias y buenos pensamientos

Nos retiramos en Dios, porque aspiramos á él, y aspiramos á él para retirarnos; de modo que la aspiracion á Dios y el retiro espiritual son dos cosas que se ayudan entre sí, y una y otra provienen y nacen de los buenos pensamientos.

Aspira, pues, á Dios muy á menudo, Filotea, con breves, pero ardientes suspiros del corazon: admira su hermosura, implora su auxilio, arrójate en espíritu á los pies de la cruz, adora su bondad, consúltale continuamente sobre tu salud espiritual, entrégale mil veces al dia tu alma, clava la vista interior en su dulzura, estiende hácia él los brazos como un niño chiquito á sui padre para que él te lleve, ponle como delicioso ramillete sobre tu pecho, fíjate en tu alma como bandera, y ejercita todos los movimientos del corazon para concebir amor de Dios, y escitar en ti una tierna y apasionada dileccion del divino Esposo.

Estas son las oraciones jaculatorias que con tanto encarecimiento aconsejaba á la devota matrona Proba, el gran Padre S. Agustin38, por medio de las cuales, dedicándose nuestro espíritu al trato, privanza y familiaridad con Dios, quedará perfumado del olor suavísimo de sus perfecciones. Y no creas que es dificultoso este ejercicio, porque se puede interpolar en todos los negocios y ocupaciones sin estorbarlas, puesto que si nos divierten de ellas el retiro espiritual y las aspiraciones interiores es solo un instante, y eso sin perjuicio, antes bien con provecho de lo mismo que estamos haciendo. El caminante que bebe un trago de vino para avivar el espíritu y refrescar la boca, aunque por esto se detenga un poco, no interrumpe el viage, antes bien cobra fuerzas con que llegar mas pronto y descansado, y si se detiene, es para caminar mejor.

Muchos han recogido gran número de aspiraciones vocales provechosas ciertamente, pero te aconsejo que no te pares en las palabras, sino que digas de corazon ó de boca las que en el mismo lance te sugiera el amor, que él te suministrará cuantas quieras. Verdad es que hay ciertas palabras de particular eficacia para satisfacer al corazon acerca de esto, como son las aspiraciones que se encuentran á cada paso en los salmos de David, las diversas espresiones con que se invoca el nombre de Jesus, y los conceptos amorosos que están escritos en el Cántico de los cánticos, y tambien pueden servir para este efecto las canciones espirituales, si se cantan con atencion.

Finalmente, así como los que están enamorados con amor humano y natural, casi siempre tienen empleado el pensamiento en acordarse, el corazon en estimar, y la boca en alabar el objeto de sus amores, y cuando se hallan ausentes, no pierden ocasion de manifestar su afecto por cartas y en cualquier arbol que encuentran escriben el nombre de la persona amada, así los que aman á Dios no pueden dejar de pensar en él, suspirar por él, aspirar a él y hablar de él, y quisieran, si fuese posible, grabar en todos los corazones del mundo el santo y sagrado nombre de Jesus.

Todas las cosas los convidan á esto, y todas las criaturas les anuncian las alabanzas de su amado; y como dice san Agustin con las palabras de san Antonio39: todo cuanto hay en el mundo les habla con mudo, pero muy inteligible idioma, apoyando su amor: todo despierta en ellos buenos pensamientos, de los cuales nacen despues impulsos y aspiraciones hácia Dios. Escucha algunos ejemplos de esta verdad. Paseándose un dia san Gregorio Nacianceno á la orilla del mar (segun lo refirió él mismo á su pueblo40), consideraba como las olas, entrándose en la playa, dejaban en la arena conchitas, caracolitos, hojas de yerbas, sotritas y otras menudencias semejantes que el mar arrojaba, como quien las escupe en la orilla: y despues con otras olas recogia y se volvia á tragar parte de aquello mismo; pero entre tanto las rocas que por allí estaban se mantenian firmes é inmobles, por mas que viniesen las olas á estrellarse furiosas contra ellas. De esto formó el Santo este bellísimo discurso: que los flacos, semejantes á las conchitas, caracoles y hojas de yerbas, se dejan arrebatar tan presto de la afliccion como del consuelo á voluntad del flujo y de las olas de la fortuna; mas los magnánimos se mantienen firmes é inmomiento sacó aquellas aspiraciones y fervorosos afectos de David: Salvadme, Dios mio, porque han penetrado las aguas hasta lo interior de mi alma: libradme, Señor, del profundo de las aguas, porque he sido arrebatado en alta mar, y la tempestad me ha sumergido41: y es que se hallaba entonces afligido, por la injusticia con que Maximo habia intentado usurparle su obispado. San Fulgencio, Obispo de Ruspa, hallándose en una junta de toda la nobleza romana, á quien hablaba Teodorico, Rey de los Godos; y viendo el esplendor de tantos Señores, que estaban por su orden, segun la calidad de cada uno, esclamó: ¡O Dios! ¡cuan hermosa ha de ser la Jerusalen celeste, pues aquí abajo vemos con tanta pompa á la terrestre Roma! Y si en este mundo concede el Señor tanto esplendor á los amantes de la vanidad, ¿qué gloria habrá reservado en el otro para los que contemplan la verdad? Cuéntase de san Anselmo, Arzobispo de Cantorbery (hijo y gloria de nuestras montañas), que era admirable en la práctica de estos buenos pensamientos. Yendo en una ocasion el santo Prelado de camino, una liebre acosada de los perros se metió entre los pies de su caballo, como en lugar de refugio, que le enseñaba su inminente riesgo de la vida, y los perros, ladrando al rededor, no se atrevian á violar el asilo á que se habia acogido su presa: mientras este estraño espectáculo hacia reir á todos los de la comitiva, decia el grande Anselmo llorando y gimiendo: vosotros os reis, pero la pobre bestiezuela no se rie. Así los enemigos del alma, despues de haberla perseguido y descarriado por las tortuosas sendas de todos los vicios, la esperaban en el estrecho de la muerte, para arrebatarla y devorarla: y ella atemorizada busca por todas partes socorro y refugio, y si no le encuentra, se rien y burlan de ella: dicho esto, echó á andar suspirando. Habiendo escrito á san Antonio con espresiones muy honoríficas Constantino magno, se admiraron mucho los Religiosos que estaban presentes, pero el santo Abad les dijo: Vosotros os admirais de que un Rey escriba á otro hombre, cuando debierais admiraros mucho mas de que Dios eterno haya escrito su ley á los mortales, y ademas de eso les haya hablado boca á boca en la persona de su Hijo. San Francisco viendo una oveja sola en medio de un rebaño de muchos cabrios, le dijo á su compañero: ¿ves con que dulzura está la pobre ovejilla en medio de estos machos? Así estaba el Señor lleno de dulzura y humildad entre los fariseos: y otra vez viendo un corderito comido de un puerco, esclamó llorando: ¡ah corderillo, cuan al vivo representas la muerte de mi Salvador!

El heroe de nuestro siglo Francisco de Borja, siendo aun Duque de Gandia, tenia muchos pensamientos devotos en el ejercicio de la caza. Admiracion me causa, decia despues, que los halcones vuelvan á la mano, y se dejen cubrir los ojos y atar á la percha, y los hombres sean tan rebeldes á la voz de Dios. San Basilio magno dice42: que la rosa entre las espinas está haciendo á los hombres esta reconvencion: Mortales, las cosas mas agradables del mundo están mezcladas con pesares: nada hay puro en él, la tristeza se sigue á la alegria, la viudez al matrimonio, la necesidad á la abundancia, la ignominia á la gloria, el gasto á las honras, el fastidio á los placeres, y la enfermedad á la salud. Hermosa flor es la rosa, decia este Santo, pero me llena de tristeza recordándome mi pecado, por el cual fué condenada la tierra á producir espinas. Una alma devota mirando un arroyuelo en que se veia retratado el cielo con todas sus estrellas en una noche serena, esclamó: ¡O Dios mio! debajo de mis pies estarán estas mismas estrellas cuando me hayais dado albergue en vuestros santos tabernáculos: y así como las estrellas del cielo están representadas en la tierra, así tambien los hombres de la tierra están representados en el cielo en la viva fuente de la caridad divina. Otro viendo correr un rio, esclamó: de este mismo modo, no tendrá jamas reposo mi alma hasta que esté abismada en el mar de la Divinidad, de donde tiene su origen: y san Francisco mirando un hermoso arroyuelo, á cuya orilla se habia arrodillado para orar, fué arrebatado en éxtasis, repitiendo muchas veces estas palabras: la gracia de mi Dios corre dulce y suavemente como este arroyuelo. Otro al mirar los árboles floridos suspiraba, diciendo: ¿con que solo yo he de ser quien no dé flores en el jardin de la Iglesia? Otro viendo los polluelos juntos bajo las alas de su madre, dijo: conservadnos, Señor, bajo la sombra de vuestras alas. Otro dijo mirando un girasol: ¡Dios mio! ¿cuando seguirá mi alma los atractivos de vuestra bondad? Y viendo unas flores trinitarias ó pensieres, hermosas, pero sin olor, tales son, dijo, mis pensamientos, hermosos al proponerse, pero sin efecto y sin fruto.

De este modo, Filotea, se sacan buenos pensamientos y aspiraciones santas de los mismos objetos que se presentan en la variedad de este mundo: desdichados los que apartan las criaturas de su Criador para volverlas hácia la culpa, y dichosos aquellos que convierten todas las criaturas á la gloria de su Criador, empleando la vanidad de ellas en honor de la verdad. Yo, decia san Gregorio Nacianceno, acostumbro servirme de todas las cosas para mi bien espiritual43. Lee el devoto espitafio de santa Paula, que compuso san Jerónimo, es gusto ver cuando lleno está de aspiraciones y conceptos sagrados, que formaba esta santa en todas las ocasiones.

En este ejercicio del retiro espiritual y de las oraciones jaculatorias estriba la grande obra de la devocion: él solo puede suplir la falta de las demas oraciones; pero la falta de este es casi imposible repararla por otro medio: sin este no se puede seguir bien la vida contemplativa, ni tampoco desempeñar debidamente la vida activa: sin este el reposo es ociosidad, y el trabajo estorbo; por lo cual te aconsejo que le abraces de todo corazon, y que jamas le abandones.

Capitulo XIV
De la santa Misa, y como se ha de oir

1. No te he hablado aun del sol de los ejercicios espirituales, que es el santísimo y soberano sacrificio de la Misa, centro de la Religion cristiana, alma de la devocion, vida de la piedad, misterio inefable, que comprende el abismo de la caridad divina, por el cual Dios, uniéndose realmente á nosotros, nos comunica con magnificencia sus gracias y favores.

2. La oracion unida con este divino sacrificio tiene una indecible fuerza, de modo, que por este medio abunda el alma en celestiales favores, como apoyada sobre su amado, el cual la llena tanto de olores y suavidades espirituales, que parece una columna de humo producido de las maderas aromáticas de mirra y de incienso, y de todos los polvos que usan los perfumadores, como se dice en los cantares.

3. Procura pues con toda diligencia oir todos los dias Misa, para ofrecer con el Sacerdote el sacrificio de tu Redentor á Dios su Padre por ti y por toda la Iglesia. Allí están presentes muchos Angeles, como dice san Juan Crisóstomo, para venerar este santo misterio; y asi, estando nosotros con ellos y con la misma intencion, es preciso que con tal compañía recibamos muchas influencias propicias. En esta accion divina se vienen á unir á nuestro Señor los corazones de la Iglesia triunfante y los de la Iglesia militante, para prendar con él, en él y por él el corazon de Dios Padre, y apoderarse de toda su misericordia. ¡O qué felicidad es para una alma contribuir devotamente con sus afectos á un bien tan necesario y apetecible!

4. Si por algun estorbo inexcusable no puedes asistir corporalmente á la celebracion de este soberano sacrificio, á lo menos envia allá tu corazon, asistiendo espiritualmente. Para esto á cualquiera hora de la mañana ve con el espíritu á la Iglesia, ya que no puedes de otro modo: une tu intencion con la de todos los Cristianos, y haz desde el lugar en que te halles los mismos actos interiores que harias si te hallases realmente presente en la Iglesia al santo sacrificio.

5. Este método ha de seguir, Filotea, para oir Misa como conviene, ya sea real, ya espiritualmente. 1° Desde el principio hasta que el Sacerdote suba al altar prepárate juntamente con él, lo cual harás poniéndote en la presencia de Dios, reconociendo tu indignidad, y pidiéndole perdon de tus defectos. 2° Desde que el Sacerdote suba al altar hasta el Evangelio considera sencillamente y en general la venida de nuestro Señor al mundo y su vida en él. 3° Desde el Evangelio hasta concluido el Credo considera la predicacion del Salvador, protesta que quieres vivir y morir en la fe y obediencia á su santa palabra y en la union de la santa Iglesia Católica. 4° Desde el Credo hasta el Pater noster contempla con el espíritu los misterios de la pasion y muerte de nuestro Redentor, que actual y esencialmente se representan en este santo sacrificio, que has de ofrecer, juntamente con el Sacerdote y con el resto del pueblo á Dios Padre para honra suya y salvacion de tu alma. 5° Desde el Pater noster hasta la Comunión esfuérzate á escitar en tu corazon muchos y ardientes deseos de estar siempre junta y unida á nuestro Señor con un amor eterno. 6° Desde la Comunion hasta el fin da gracias á su Divina Magestad por su encarnación, vida, pasion y muerte, y por el amor que nos muestra en este sacrificio, pidiéndole por él que te sea siempre propicio á ti, á tus parientes, á tus amigos y á toda la Iglesia; y humillándote de todo corazon recibe devotamente la bendicion divina que te da nuestro Señor por medio de su Ministro.

Pero si quieres tener, mientras la Misa, la meditacion de los misterios que vas siguiendo por orden todos los dias, no es necesario que te diviertas en hacer estos actos particulares, bastará que al principio hagas intencion de que el ejercicio de meditacion y oracion que tienes, sirva para adorar y ofrecer este santo sacrificio, puesto que en cualquiera meditacion se encuentran los actos arriba dichos, ó ya espresos, ó á lo menos implícita y virtualmente.

Capitulo XV
De otros ejercicios públicos y comunes

Demas de esto es necesario, Filotea, que los domingos y fiestas asistas á las horas y vísperas del oficio divino, si tienes comodidad para ello, porque en estos dias consagrados al Señor es debido hacer mas ejercicios que en los otros á honra y gloria suya. Por este medio conseguirás mucha dulzura de devocion, como le sucedia á San Agustin, el cual, recien convertido, segun refiere en sus confesiones44, oyendo los divinos oficios, sentia derretirse de ternura su corazon y deshacerse en lágrimas de piedad sus ojos. A mas de que (lo diré de una vez para siempre) se encuentra mayor bien y consuelo en los oficios públicos de la Iglesia que en los ejercicios particulares, porque Dios tiene ordenado que la comunion ó junta de los fieles sea preferida á cualquiera particularidad.

Entra con gusto en las cofradías del lugar en que estás, pero particularmente en aquellas cuyos ejercicios son mas fructuosos y edificativos, porque en esto practicarás cierta especie de obediencia muy agradable á Dios; pues aunque las cofradías no están establecidas por precepto de la Iglesia, están sin embargo recomendadas por ella, y en prueba de que desea se alisten muchos en ellas concede indulgencias y otros privilegios á los cofrades; y siempre es obra de gran caridad concurrir con otros muchos y cooperar con ellos a sus laudables fines. Y aunque puede suceder que cada uno en particular practique tan buenos ejercicios como los que se hacen en comun con las cofradías, y que tal vez encuentre mas gusto en hacerlos en particular, con todo es cierto que glorifica mas á Dios la union y el consagrarle nuestras buenas obras juntamente con nuestros hermanos y prójimos.

Lo mismo digo de todas las demas devociones y oraciones públicas, en todas las cuales debemos, en cuanto nos sea posible, dar buen ejemplo para edificación de los prójimos, y enderezar el afecto á la gloria de Dios y la intencion comun.

Capitulo XVI
Que se debe honrar é invocar á los Santos

Pues Dios frecuentemente nos envia sus inspiraciones por medio de sus Angeles, debido es que por ellos le enviemos nosotros con frecuencia nuestros suspiros: y pues hacen tambien el mismo oficio de inspirarnos y suspirar por nosotros las almas santas de los difuntos que habitan el paraiso juntamente con los Angeles, y son semejantes é iguales á ellos, como dice Jesucristo, juntemos nuestros corazones, Filotea, con estos espíritus celestiales y almas bienaventuradas: y así como los ruiseñores, cuando son polluelos, aprenden á cantar de los que ya son grandes, así nosotros, por el trato espiritual que hemos de tener con los Santos, aprenderemos á orar y cantar con mayor perfeccion las divinas alabanzas: por eso decia David45: Cantaré Salmos en tu loor, Dios mio, en presencia de los Angeles.

Honra, reverencia y respeta con especial amor á la sagrada y gloriosa Virgen María, porque es madre de nuestro Padre soberano, y por consiguiente nuestra gran madre. Recurramos, pues, á ella, y como hijuelos suyos echémonos en su regazo en todo tiempo y ocurrencia con firmísimo confianza: invoquemos á esta dulce madre, imploremos su amor maternal, procuremos imitar sus virtudes, y tengamos un afecto verdaderamente filial para con esta Señora.

Procura tener trato familiar con los ángeles, mirándolos muy á menudo invisiblemente presentes á todas las acciones de tu vida, pero especialmente has de amar y reverenciar al custodio de la diócesis en que vives, á los de las personas con quienes tratas, y sobre todo al tuyo. Házles continuas súplicas, alábalos con frecuencia, y valte de su auxilio y socorro en todas tus necesidades espirituales y temporales, para que ellos cooperen á tus intenciones.

El gran Pedro Fabro, primer sacerdote, primer predicador, primer lector de teología de la santa Compañía del nombre de Jesus, y primer compañero del B. Ignacio, fundador de ella, viniendo una vez de Alemania, en donde habia hecho grandes servicios á la gloria de nuestro Señor, y pasando por esta diócesis, patria suya, contó que habiendo atravesado muchos lugares de hereges, en ellos habia recibido grandes consuelos, saludando, al llegar á cada una de las parroquias, á los ángeles protectores de ellas, los cuales sensiblemente se le habian mostrado propicios, ya defendiéndole de las emboscadas de los hereges, ya llenando á muchas almas de dulzura y docilidad para recibir la doctrina de salvacion. Decia esto con tanto encarecimiento, que una señorita, que entonces siendo muy joven, lo oyó de su boca, cuatro años há, esto es, al cabo de mas de sesenta lo referia llena de ternura. Gran consuelo tuve yo el año pasado en consagrar un Altar en el mismo puesto en que Dios ordenó que naciese este bienaventurado varon en un pueblecito de nuestras mas elevadas montañas llamado Villaret.

Elige algunos Santos en particular, cuyas vidas te pueden servir de consuelo y de modelo, y ten especial confianza en su intercesion. El de tu nombre ya va por supuesto, porque te fue dado en el Bautismo.

Capitulo XVII
Como se ha de oir y leer la palabra de Dios

Has de ser muy devota de la palabra de Dios, ó ya la oigas en el trato familiar con tus amigos espirituales, ó ya la escuches en los sermones. Oyela siempre con atencion y reverencia, saca de ella cuanto provecho puedes, no consientas que se derrame, antes bien como precioso bálsamo recógela en tu corazon, imitando á la Santísima Virgen, que conservaba en el suyo cuidadosamente todas las palabras que se decian en gloria de su Divino Hijo, y acuérdate de que nuestro Señor recoge las palabras que decimos en la oracion á medida que nosotros recogemos las que él por la predicacion nos dice.

Ten siempre á la mano algun libro bueno y devoto, como los de san Buenaventura, Gerson, Dionisio Cartujano, Ludovico Blosio, Fr. Luis de Granada, el Padre Estella, el Padre Arias, Pinelli, el Padre Luis de la Puente, el maestro Avila, el Combate Espiritual, las Confesiones de San Agustin, las Epístolas de San Jerónimo ú otros semejantes; y lee todos los dias un poco con gran devocion, como si leyeras cartas que los Santos te hubiesen escrito desde el cielo para enseñarte el camino, y animarte á ir allá. Lee tambien las historias y vidas de los Santos, en las cuales, como en un espejo, verás el retrato de la vida cristiana, y acomoda sus acciones á tu provecho, segun tu vocacion. Pues aunque los que viven en medio del mundo no es posible que imiten muchos hechos de los Santos, sin embargo á todos los Santos se puede seguir de cerca ó de lejos. La soledad de San Pablo, primer ermitaño, se imita con el retiro espiritual y real, de que hemos hablado y hablaremos.

La estrema pobreza de San Francisco con el modo de ejercitar esta virtud, que enseñaremos mas adelante; y así de las demas, Verdad es que, para gobierno de nuestra vida, unas historias dan mas luz que otras, como la vida de la bienaventurada madre Teresa de Jesus, la cual para este efecto es admirable, las vidad de los primeros Jesuitas, la de Milán, la de San Luis, la de san Bernardo, las Crónicas de San Francisco y otras semejantes. Hay otras en que mas se encuentra que admirar que no que imitar, tales son las de Santa María Egipciaca, San Simeon Estilita, las dos Santas Catalinas de Sena y de Génova, Santa Angela y otras semejantes, las cuales sin embargo siempre sirven para escitar en general grande afecto al santo temor de Dios.

Capitulo XVIII
Cómo se han de recibir las inspiraciones

Llamamos inspiraciones á todos los atractivos, movimientos, reconvenciones, remordimientos interiores, ilustraciones y conocimientos que Dios con cuidado y amor paternal escita en nosotros, previniendo nuestro corazon con sus bendiciones, para dispertarnos, movernos, estimularnos y atraernos á las santas virtudes, al amor celestial. Á los buenos propósitos, y en una palabra, á todo lo que nos encamina á la felicidad eterna. Esto es lo que entiende el divino Esposo por llamar á la puerta, hablar al corazon de la Esposa, dispertarla cuando duerme, gritarla y llamarla cuando está ausente, convidarla á gustar la miel y á coger los frutos y flores de su jardin, á cantar y hacer que suene su dulce voz en los oidos del amado.

Tres pasos se requieren por parte de la esposa para ajustar el casamiento: el primero, que se le proponga el partido, el segundo, que admita ella la propuesta; y el tercero, que dé consentimiento. De este mismo modo cuando Dios quiere obrar en nosotros, por nosotros y con nosotros alguna accion de grande caridad, primero nos la propone por su inspiracion, despues damos oidos á ella, y finalmente prestamos nuestro consentimiento; pues así como para caer en el pecado hay tres grados, que son la tentacion, la delectacion y el consentimiento, así tambien hay tres para subir á la virtud, la inspiracion, que es lo contrario de la tentacion, delectacion en esta inspiracion, que es opuesta á la delectacion en la tentacion, y el consentimiento ó la inspiracion, contrario al consentimiento en la tentacion.

Aunque durase la inspiracion todo el tiempo de nuestra vida, no seriamos agradables á Dios si no nos complaciésemos en ella, antes bien ofenderíamos á su Divina Magestad, como le ofendieron los Israelitas, á quienes estuvo inmediato el Señor, segun él mismo dice46, por espacio de cuarenta años, solicitándolos para que se convirtiesen, sin que ellos jamas quisiesen escucharle; por lo cual juró contra ellos en su ira, que no entrarian jamás en su descanso: al modo que un caballero que hubiese servido largo tiempo á una dama, se daria por ofendido si despues de este mérito no quisiese ella dar oidos á las proposiciones de casamiento.

Sentir complacencia cuando se reciben las divinas inspiraciones es principiar á encaminarse á la gloria de Dios, y empezar ya con esto á darle gusto; porque si bien esta delectacion no es por entonces consentimiento pleno, por lo menos es disposición para él: y como gustar de oir la palabra de Dios, la cual se puede llamar inspiracion esterior, es utilísimo y muy buena señal, tambien es bueno y agradable al Señor complacerse con la inspiracion interior. De este placer habla la Esposa cuando dice: Mi alma se ha deshecho de placer al oir la voz de mi amado47: al modo que se da por satisfecho y se juzga favorecido un caballero de la dama á quien sirve, cuando ve que ella tiene gusto en que la sirva.

Sin embargo la accion virtuosa se perfecciona con el consentimiento; porque si despues de haber recibido la inspiracion y de habernos complacido en ella, con todo negamos á Dios el consentimiento, somos sumamente ingratos, y ofendemos en gran manera á su Divina Magestad, pues esto bien se ve que es mayor desprecio. Así le sucedió á la Esposa, que aunque la dulce voz del amado llenó su corazon de santa alegría, con todo no le abrió la puerta, escusándose con un frívolo pretesto, de lo cual indignado justamente el Esposo pasó de largo y la dejó: así como el caballero que ha pretendido mucho tiempo á una dama, la cual recibia con agrado sus servicios, si al fin se ve despreciado y desechado, tiene mas justo motivo de queja que si su pretension no hubiese sido admitida ni favorecida. Resuélvete pues, Filotea, á aceptar gustosamente todas las inspiraciones que el Señor se digne enviarte, y cuando lleguen, recíbelas como embajadores del Rey de los cielos, que desea contraer matrimonio contigo: oye gustosamente sus proposiciones, considera el amor con que te inspira, y fomenta la santa inspiracion.

Consiente á ella, pero con un consentimiento pleno, amoroso y constante, que de este modo Dios, á quien no eres capaz de obligar, se dará sin embargo por muy obligado de tu afecto. Pero cuando las inspiraciones son de cosas importantes ó estraordinarias, consúltalas siempre con tu director antes de consentir, para que él examine si son verdaderas ó falsas, no sea caso que tú te engañes, pues el enemigo cuando ve una alma que con prontitud da consentimiento á las inspiraciones, de ordinario le propone inspiraciones falsas para engañarla: mas no podrá conseguirlo, si ella obedece con humildad á su director.

Despues de dado el consentimiento, es menester procurar con gran solicitud que se efectue y ponga en práctica, en lo cual consiste el complemento de la verdadera virtud, pues dar consentimiento en el corazon y no ejecutarle, seria lo mismo que plantar una viña, y no querer que diese fruto.

Para todo esto conviene muchísimo practicar bien el ejercicio de por la mañana y los retiros espirituales, de que he tratado arriba, pues por este medio nos preparamos para obrar bien, no solo en general, sino tambien en particular.

Capitulo XIX
De la santa confesio

Ha dejado nuestro Salvador á su Iglesia el sacramento de la Penitencia y Confesion, para que en él nos lavemos de todas nuestras iniquidades siempre que nos hallemos manchados; y así no consientas, Filotea, que permanezca largo tiempo contaminada con el pecado de tu alma, pues tienes un remedio tan pronto y facil. La leona que ha estado con el leopardo al instante corre á lavarse, para disipar el hedor que le queda de su contacto, no sea que viniendo el leon se ofenda é irrite: así el alma que ha consentido en la culpa se ha de horrorizar de sí misma, y limpiarse lo mas pronto que pueda, por el respeto que debe tener á los ojos de Dios que le están mirando: á mas de que es gran necesidad estar muertos en el espíritu, teniendo un tan soberano remedio.

Confiésate pues humillate y devotamente cada ocho dias, y si puedes siempre que hayas de comulgar, aunque no sientas en tu conciencia remordimiento alguno de pecado mortal, pues en la confesion recibirás el perdon de los pecados veniales que confesares, gran fortaleza para evitarlos en adelante, mucha luz para discernirlos bien, y abundante gracia para resarcir todo el daño que te hubieren causado: practicarás al mismo tiempo las virtudes de humildad, obediencia, sencillez y caridad, y en solo este acto de confesarte ejercitarás mas virtudes que en otro alguno.

Ten siempre verdadero dolor de los pecados que te confiesas, por ligeros que sean, y firme propósito de la enmienda para en adelante. Muchos hay que pierden grandes bienes y mucho aprovechamiento espiritual, porque confesándose de los pecados veniales, como por costumbre y cumplimiento, sin pensar enmendarse, permanecen toda la vida cargados de ellos; y así si te confiesas de haber mentido, aunque sea sin perjuicio, o de haber dicho alguna palabra descompuesta, ó de haber juzgado con algun esceso, arrepiéntete y haz propósito firme de la enmienda, porque es abuso confesarte de cualquiera especie de pecado, sea mortal ó sea venial, sin querer purificarse de él, puesto que la confesion se ha instituido para esto.

No te acuses solamente con aquellas fórmulas superfluas, que muchos dicen por costumbre: yo no he amado á Dios tanto como debia, no he orado con la devocion que debiera, no he amado á mi prójimo como debiera amarle, no he recibido los santos sacramentos con la reverencia que es debida y otras semejantes. La razon es, porque diciendo esto, no dices nada en particular, que pueda manifestar al confesor el estado de tu conciencia, pues cuantos hombres hay en la tierra y cuantos santos están en el cielo pudieran decir lo mismo si se confesasen. Examina qué motivo particular tienes de acusarte de estas cosas, y cuando le hayas conocido, acúsate sencilla y claramente de aquella falta que has cometido. Pongo por ejemplo, te acusas de no haber amado al prójimo como debias, quizá será porque habiendo visto algun pobre muy necesitado, y pudiendo tú fácilmente socorrerle y consolarle, no tuviste cuenta de ejecutarlo: pues bien, acúsate de esta particularidad y dí: habiendo visto un pobre necesitado, no lo he socorrido como podia por negligencia, ó por dureza de corazon, ó por desprecio, segun de lo que conozcas haber nacido esta falta. Del mismo modo, no te acuses de no haber orado á Dios con tanta devocion como debias, sino de haber tenido distracciones voluntarias, ó no haber buscado lugar y tiempo oportuno, ó no haber estado en postura conveniente para tener atencion, segun conocieres haber faltado, sin hablar en la confesion con esa generalidad, que ni ata ni desata.

En la acusacion de los pecados veniales, no digas solamente el hecho, sino tambien el motivo que te ha inducido á cometerlos. Pongo por ejemplo, no te contentes con decir: he mentido sin perjuicio de nadie, dí tambien si ha sido por vanagloria, para alabarte ó escusarte, ó por alegría vana ó por no ceder de tu opinión: si has pecado en el juego, esplica si fué por deseo de ganar, ó por el placer de la conversacion: y así de los demas.

Has de espresar tambien si te has detenido largo tiempo en el mar, pues la prolongacion del tiempo de ordinario acrecienta mucho la culpa, porque hay gran diferencia entre una vanidad pasagera que aya ocupado el espíritu por espacio de un cuarto de hora, y otra en que el corazon se mantuvo sumergido uno, dos ó tres dias. En suma, es menester decir el hecho, el motivo y la duracion de las culpas; pues aunque por lo comun no hay obligacion de esplicar tan puntualmente los pecados veniales, y en rigor no estamos obligados á confesarlos, con todo, los que quieren purificar bien sus almas para llegar mejor á la devocion santa, deben ser muy cuidadosos en manifestar claramente al médico espiritual la enfermedad, de que buscan el remedio, por pequeña que sea.

No omitas pues nada de cuanto convenga para declarar bien la calidad de la ofensa, como es el motivo porque te encolerizaste, ó porque permite que alguno permaneciese en el vicio. Pongo por ejemplo, una chanza ligera, si me la dice uno que me desagrada, quiza será bastante para irritarme, entendiéndola en mal sentido, y tal vez hubiera echado á buena parte otra espresion mucho mas picante, dicha por alguno que me cayese en gracia: pues en este caso he de espresar, que me dejé llevar de la cólera hasta decir palabras descompuestas contra una persona, cuyas espresiones tomé en mal sentido, no por la calidad de las palabras, sino porque me enfadaba el que las decia: y aun si fuere necesario, para declarar mejor el hecho, espresar las palabras, pienso que será acertado el decirlas; porque acusándose con esta franqueza, no solo se manifiestan los pecados cometidos, sino tambien las malas inclinaciones, costumbres, hábitos y otras raices de la culpa, y con esto el padre espiritual adquiere un conocimiento mas completo del corazon y de los remedios propios para curarle: pero sin embargo siempre es menester cuidado con no manifestar, en cuanto sea posible, el sugeto que ha tenido parte en la culpa.

Ten cuenta con ciertos pecados que de ordinario, sin que se eche de ver, viven y reinan en la conciencia; y confiésalos para purificarte de ellos. A este efecto convendrá que leas con cuidado los capítulos 6, 27, 28, 29, 35 y 36 de la tercera parte, y el capitulo 8 de la cuarta. No andes mudando de confesor con poca causa, sino continúa con el que hayas escogido, y dale cuenta de tu conciencia los dias señalados para ello, diciéndole con claridad y franqueza los pecados que hayas cometido: y de tiempo en tiempo como de mes á mes, ó de dos en dos meses, le dirás tambien el estado de tus inclinaciones, aunque en ellas no haya pecado, como por ejemplo, si te has visto atormentada de la tristeza ó del disgusto, si eres llevada de la alegría ó del deseo de adquirir bienes temporales, y otras semejantes inclinaciones.

Capitulo XX
De la frecuente Comunion

Se cuenta de Mitridades, rey del Ponto, que habiendo descubierto el secreto de hacer un específico, llamado mitridático, robusteció con él su cuerpo en tanto grado, que habiendo procurado despues de envenenarse, para no ser esclavo de los Romanos, no lo pudo conseguir. Pero sea de esto lo que fuere, nuestro Señor sí que instituyó el augustísimo sacramento de la Eucaristía, donde realmente está su cuerpo y su sangre, para que quien le coma viva eternamente, y por eso el que le recibe á menudo y con devocion, asegura de tal modo la salud y vida de su alma, que es casi imposible que sea envenenado con ninguna especie de aficiones malas, porque ¿cómo puede ser que quien se alimenta con esta carne de vida, viva con afectos de muerte? Si los hombres cuando estaban en el paraiso terrenal podian no morir corporalmente por la virtud del fruto de aquel arbol de la vida que Dios habia puesto en él, por la virtud de este sacramento pueden no morir espiritualmente: y si las frutas mas delicadas y sujetas á corrupcion, como son las guindas, albaricoques y las fresas, se conservan fácilmente todo el año, estando confitadas en azucar ó en miel, no es maravilla que nuestros corazones, aunque tan frágiles y débiles, estén libres de la corrupcion del pecado, cuando están confitados con la carne y sangre incorruptible del Hijo de Dios. No tendrán que replicar los cristianos que se condenan, cuando el justo juez les haga ver su necedad de morir espiritualmente, pudiendo con gran facilidad mantenerse vivos y sanos, comiendo su santísimo cuerpo, que para este fin les habia dejado. Miserables, les dirá, ¿por qué habeis muerto, teniendo á vuestra disposicion el fruto y manjar de vida?

Recibir todos los dias la comunion eucarística, ni lo alabo no lo vitupero, pero comulgar todos los domingos, lo persuado y encomiendo á todos, con tal que tengan su alma sin efecto alguno de pecado. Estas son las palabras de San Agustin48, con el cual yo ni vitupero ni alabo absolutamente la comunion diaria, sino lo dejo á la discrecion del padre espiritual de la persona que piense resolverse á ello: porque siendo muy esquisita la preparacion que se requiere para comulgar con tanta frecuencia, no conviene aconsejarla en general á todos; pero como esta disposicion, aunque sea esquisita, puede hallarse en muchas almas buenas, tampoco tengo por justo el apartar y disuadir generalmente á todos: y así esto se debe resolver con atencion al estado interior de cada uno en particular. Imprudencia seria aconsejar indistintamente á todos un uso tan frecuente, pero seria tambien imprudencia reprender por él á cualquiera, sobre todo cuando siguiese el dictamen de algun prudente director. Graciosa fué la respuesta de Santa Catalina de Sena á los que, desaprobando que comulgase con tanta frecuencia, alegaron el dicho de San Agustin, que ni alaba ni vitupera el comulgar todos los dias: puesto que San Agustin no lo vitupera, dijo, no lo vitupereis vosotros tampoco, y me doy por contenta.

Pero ya que San Agustin, como ves, aconseja y exhorta encarecidamente á comulgar todos los domingos, házlo así siempre que puedas, Filotea, porque supuesto que no tienes afecto alguno al pecado mortal, ni aun al venial, es tu disposicion la misma que pide San Agustin; y aun es mejor todavía, pues á mas de no tener afecto á pecar tú, tampoco tienes aficion al pecado en general: por lo cual si tu padre espiritual lo tiene por conveniente, puedes comulgar aun mas á menudo que todos los domingos.

Con todo pueden ocurrir muchos estorbos legítimos, que sin depender de ti, sino de aquellos con quienes vives, sean justa causa de que el prudente director te mande no comulgar tan á menudo.

Pongo por ejemplo, si vives con alguna sujecion, y los superiores á quienes debes obedecer y reverenciar, por ser poco instruidos, ó por su estraño modo de pensar, se inquietan y enfadan de verte comulgar con tanta frecuencia, quizá, consideradas todas las circunstancias, será bien condescender en algun modo con su flaqueza, y no comulgar mas que cada quince dias: bien entendido, que esto ha de ser en caso de que no se pueda absolutamente vencer la dificultad. Este es un punto que no se puede decidir bien en general, y es necesario hacer lo que diga el padre espiritual; pero lo que yo te puedo asegurar es que quien desea servir á Dios devotamente, lo mas de tarde en tarde que puede comulgar es de mes á mes.

Si te portas con prudencia, ni padre, ni madre, ni marido, ni muger podrán estorbarte que comulgues á menudo, porque supuesto que el dia de la comunion no has de faltar á los cuidados propios de tu estado, y que has de tratar á todos con mas dulzura y afabilidad; y que no les has de negar nada de lo que debes, no es creible que quieran apartarte de este ejercicio, que nada les incomoda, si no es que tengan un genio sumamente delicado y extravagante, en cuyo caso, como ya te he dicho, querrá tal vez tu director que uses de condescendencia.

Fuerza es decir siquiera una palabra para los casados. No permitia Dios en la ley antigua que los acreedores exigiesen la paga de sus créditos en dias festivos, pero jamas prohibió que los deudores pagasen en tales dias lo que exigian de ellos. Es indecente, aunque no pecado grave, pedir el débito matrimonial en dia de comunion, pero no es impropio, antes bien será meritorio el pagarle; y así por la paga de esta deuda ninguno se debe privar de la comunion, cuando por otra parte su devocion le mueve á desearla. Lo cierto es que en la primitiva Iglesia comulgaban diariamente los cristianos, aunque fuesen casados, y tuviesen fruto de bendicion por la generacion de sus hijos; y ved aquí porque he dicho que la frecuente comunion no puede causar incomodidad alguna, ni á los padres, ni á las mugeres, ni á los maridos, con tal que la persona que comulga sea prudente y discreta. En cuanto á las enfermedades corporales ninguna es estorbo legítimo para la comunion, sino la que cause vómitos frecuentes.

Para comulgar cada ocho dias es necesario no tener pecado mortal, ni afecto alguno al venial, y desear mucho la comunion; pero para comulgar todos los dias es necesario, á mas de esto haber ya vencido la mayor parte de las malas inclinaciones, y que sea por dictamen del padre espiritual.

Capitulo XXI
Cómo se ha de comulgar

Comienza á prepararte para la santa comunion desde la noche precedente con muchas aspiraciones y actos de amor, retirándote un poco mas temprano para poder madrugar mas, y si entre noche dispiertas, al punto se han de llenar tu corazon y tu boca de palabras amorosas, las cuales como olorosos perfumes dispongan tu alma para recibir al soberano esposo, que vigilante, mientras tú duermes, se prepara á traerle muchas gracias y favores, con tal que tú por tu parte estés dispuesta á recibirlos. Levántate á la mañana llena de gozo por la dicha que te espera, y despues de haberte confesado, llégale con grande humildad y confianza á recibir aquel manjar del cielo, que te alimenta para hacerte inmortal. Despues de decir aquellas sagradas palabras: Señor yo no soy digna, no muevas la cabeza ni los labios, ni para rezar ni para suspirar, sino abre suave y moderadamente la boca, levantando la cabeza cuanto sea necesario para que el Sacerdote pueda ver lo que hace y recibe llena de fe, esperanza y caridad al Señor, en quien, á quien, por quien y para quien crees, esperas y amas. Imagínate, ó Filotea, semejante á una abeja, que habiendo recogido en las flores el rocio del cielo y el jugo de la tierra, y habiéndole convertido en miel, le lleva á su colmena, pues á este modo el Sacerdote, tomando del altar al Salvador del mundo, verdadero Hijo de Dios, que como rocio bajó del cielo, y verdadero Hijo de la Virgen, que como flor brotó de la tierra de nuestra humanidad, le pone cual manjar suavísimo dentro de tu boca y de tu cuerpo. Despues de haberle recibido, llama á tu corazon para que acudaá rendir homenage al rey de la salud, trata con él de tus negocios espirituales, y considérale dentro de ti, adonde ha venido para bien tuyo. En fin dale la mejor acogida que sea posible, y pórtate de tal modo que en todas tus acciones se eche de ver que Dios está contigo.

Pero cuando no puedas lograr esta dicha de comulgar realmente en la misa, comulga siquiera interior y espiritualmente, uniéndote con ardiente deseo á la carne vivificadora de tu Salvador.

Tu principal designio en la comunion ha de ser adelantar en el amor de Dios, arraigarle en tu alma, y tener en él tu consuelo, pues justo es que recibas por amor lo que solo el amor pudo hacer que se te diese. Es imposible considerar á nuestro Salvador en accion mas amorosa ni mas tierna que esta, en la cual, por decirlo así, se anonada y se hace comida para penetrar nuestras almas, y unirse íntimamente con los corazones y cuerpos de sus fieles.

Si acaso te preguntan los mundanos porque comulgas tan á menudo, diles que para aprender á amar á Dios, para purificarte de tus imperfecciones, para librarte de tus miserias; para tener consuelo en tus aflicciones y apoyo en tus flaquezas: diles que dos especies de gentes deben comulgar á menudo, los perfectos, porque como están bien dispuestos, quedarian muy perjudicados en no llegar al manantial y fuente de la perfeccion, y los imperfectos para tener justo derecho de aspirar á ella: los fuertes para no debilitarse, y los débiles para fortalecerse: los enfermos para alcanzar la salud, y los sanos para no enfermar; y que así tú, como imperfecta, debil y enferma necesitas comulgar á menudo para buscar perfeccion, fuerzas y médico divino. Diles que los que se hallan sin muchos negocios mundanos deben comulgar con frecuencia, porque tienen comodidad para ello, y los que están entre muchos negocios del mundo tambien deben comulgar frecuentemente, porque tienen necesidad, pues quien trabaja mucho, y está fatigado, necesita comer manjares sustanciosos y á menudo. Diles finalmente que recibes este Sacramento para aprender á recibirle bien, porque nadie hace bien una accion en que no se ejercita con frecuencia

Comulga frecuentemente, Filotea, y cuanto mas frecuentemente puedas con el dictamen de tu padre espiritual: creeme, que si las liebres se vuelven blancas el invierno en nuestras montañas, es porque ni ven ni comen otra cosa mas que nieve; con que tú tambien te volverás hermosa, buena y pura á fuerza de adorar y de comer la hermosura, la bondad y la pureza misma en este santo Sacramento.


21

Joan. c. 6. v. 15.

22

Psalm. 138. v. 8.

23

Genes. C. 28. v. 16.

24

Psalm. 72. v. 26.

25

Act. C. 17. v. 28.

26

Cant. C. 2. v.

27

Psalm. 50. v. 13.

28

Psalm. 118. v. 135.

29

Ib. V. 34.

30

Ib. V. 125.

31

Genes. C. 52. v. 26.

32

Math. C. 15.v. 27.

33

Psalm. 72. v. 28.

34

Ib. 15. v. 8.

35

Ib. 128. v. 1.

36

Ib. 24. v. 15.

37

Psalm. 101. v. 7 et 8.

38

August. Probae viduae, de orando Deo. Ep. 121.

39

Serm. 17. ad. Fratr. In eremo August. Tribut.

40

Orat. 28.

41

Psalm. 68. v. 1.

42

Homil. 5. in hexamer.

43

Orat. 28.

44

Confes. Lib. 10. c. 23.

45

Psalm. 137. v. 2.

46

Pasalm. 94. juxta lectionem breviario romani.

47

Caut. C. 5. v. 6.

48

En tiempo de San Francisco de Sales se creia de San Agustin el libro de Fide, seu de Ecclesice dogmatibus, que es de Genadio Masiliense, autor del siglo quinto, en el cual al cap. 55. se leen estas palabras: Quotidie Eucharistive communionem percipere nec laudo nec reprehendo: ommibus tamen dominicis diebus communicandum suadeo et hortor, si tamen mens sine affectu peccandi sit.

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