San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota
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Introducción a la Vida Devota

Escrita en francés por San Francisco de Sales

Traducida nuevamente al castellano de orden del EM, y Esc. Señor

Cardenal Lorenzana

Arzobispo de Toledo

Por D. Pedro de Silva.

Al Em. Y Esc. Señor Cardenal Lorenzana

Arzobispo de Toledo, Primado de las Españas, etc.

Eminentísimo señor.

Toda la confianza de que me han llenado los repetidos favores de Vuestra Eminencia necesito para atreverme á presentarle la traducción que he concluido de la Filotea, ó Introducción a la vida Devota, que escribió en francés San Francisco de Sales. Porque han pasado, no ya meses, sino años, y muchos desde que Vuestra Eminencia, no sé si por complacer á sus amadas hijas las Religiosas de la Visitación, ó por un efecto del no merecido concepto que ha formado de mis fuerzas, cargó sobre ellas la empresa de esta nuestra traducción, que hasta ahora no he podido rematar, y cuya dilación dio á muchos lugar de presumir que no llegaría a concluirse. Se ha concluido sin embargo, y con tal que encuentre en Vuestra Eminencia el benigno acogimiento que espero, saldrá sin miedo á presentarse á los rigurosos ojos del público siempre descontentadizo.

¿Qué necesidad teníamos de esta traducción? Dirán muchos: la de Cubillas ha corrido con tanta aceptación, que de ella se ha hecho ya innumerables ediciones: y si en las mas no se ha tenido el cuidado y esmero que merece la obra, una hay, aunque es muy rara, del célebre Don Joaquín Ibarra dirigida por un sugeto muy inteligente y literato1, que podía servir de ejemplar y modelo para reimprimir correcta la misma traducción ya acreditada; pues publicar otra desconocida, es afectación propia de un siglo, que pone toda su gloria en deshacer y desacreditar lo que hicieron los anteriores.

De estas y otras reconvenciones semejantes se verá cargada mi obra: pero todas ellas serán para mí de ningún momento, sabiendo que Vuestra Eminencia, persuadido de que la traducción hecha por el licenciado Don Francisco Cubillas necesitaba muchas correcciones, y hecho cargo de cuan dificultoso es, por no decir imposible corregir bien escritos agenos, aprobó la propuesta que le hice, y me mandó que, abandonado la corrección ya empezada emprendiese la nueva traducción.

No negaré que en nuestros días es moda hablar mal de los escritos antiguos, sin haberlos leído; ó á lo menos sin entenderlos: sé que por flujo de traducir, ó por vergonzoso lucro se publican traducidos á nuestro idioma libros inútiles, escasos de doctrina y de suavidad, y se pretende que ocupen el lugar debido á las suavísimas y doctísimas obras de nuestros autores: veo que esto se experimenta mas que en otras materias en los tratados ascéticos y en las obras llamadas de ingenio, en que España ha sobresalido entre las demás naciones, como descuella entre pigmeos un gigante, y que con todo ser esta verdad tan notoria, que la confiesan los mismos estrangeros, se traducen, publican y celebran obras muy inferiores que solo tienen el mérito de haber nacido lejos de nuestro clima, y venir á él vestidas á la estrangera; porque ordinariamente es menos castellano el lenguage de tales traducciones que el de sus mismos originales. Todo esto conozco, y de todo esto me duelo quizá mas que cuantos pueden censurar mi obra; pero creo que no hablan con ella semejantes lamentos, porque su original es uno de aquellos preciosísimos, que no solo merecen ser adoptados por todas las naciones, sino traducidos por uno y otro traductor, procurando acercarse siempre mas y mas á la perfección que en sí tienen. Y pues Cubillas creyó que podía emprender este trabajo después de haberle ya desempeñado todo un Don Francisco Quevedo, nadie debe estrañar que le emprenda yo después de Cubillas.

Éste, llenando de cruces y asteriscos su traducción, intenta mostrar las ventajas que tienen sobre la de Quevedo; pero sin embargo incurre en faltas que Don Francisco Quevedo no habia incurrido. ¿Quién creyera que, después de gloriarse tanto de sus correcciones, al encontrar en el capítulo XXI de la parte tercera. Il ne faut point manager pour un amour que est si contraire a l’ amour de Dieu, tradujese: No se debe conservar un amor tan contrario al amor de Dios: Cuando Quevedo habia traducido con fidelidad: ¿No es bien regatear el desasirnos de un amor contrario al amor de Dios? En el propio capítulo, habiendo preguntado el Santo si seria ingratitud romper de una vez una amistad responde: Non de par Dieu, etc, y Cubillas sin entender esta especie de aseveracion, y sin acodarse de que en castellano la tenemos, aunque algun tanto mudada, pues decimos en el estilo familiar No par diez, traduce ridículamente: Para con su Divina Magestad no será ingratitud. Bien pudiera haber seguido á Quevedo, que, omitiendo la aseveracion (quiza porque en nuestro idioma es baja y no precisa2), tradujo: No filotea, no será ingratitud. Tambien empeora su traduccion la enmienda que señala con un asterisco al fin del capítulo XVII de la misma parte tercera: dice allí San Francisco de Sales, tratando de las amistades superficiales de los jóvenes, que estos n’ont encore aucune vertu qu’ en bourre: comparacion muy propia y espresiva tomada de los animales reciennacidos que aun no han mudado el pelo, pues así como aquella primera lana ó vello, aunque algo semejante al que los ha de cubrir cuando grandes, carece de la fortaleza y hermosura de este, así las virtudes de los muchachos tienen nombre y apariencia de tales, ó son principio de virtudes, pero no virtudes sólidas y verdaderas. Don Francisco Quevedo omitió la comparacion, pero conservó el pensamiento, diciendo: que no tienen aun virtud alguna que no sea grosera o basta. En lugar pues de esta comparacion que usa el Santo, y que no se podia conservar por demasiado baja, pues decir que no ha pelechado la virtud, seria espresion intolerable3, he sustituido yo (no sé si habré acertado) otra comparacion semejante tomada de los frutos, diciendo, que la virtud de tales personas aun está en cierne.

Pudiera citar otros muchos lugares que tradujo Quevedo con mas fidelidad que Cubillas, pero no es necesario, pues quien quiera tener el gusto de cotejar las dos traducciones con el original, al punto verá que charges de leur vocation quiere decir obligaciones de su estado, como traduce el primero, y no cargas de su devocion, como pone el segundo al fin del capítulo XXXVIII de la parte tercera: que la espresion del Santo en el capítulo XXIII de la misma parte cuando, despues de haber mencionado los dias en que ayunaban los primitivos cristianos, añade: Prenez – en donc de ceux-la pour jeúner, etc., se debe de traducir como Quevedo: Escoge pues de estos dias, etc., y no Aprende pues de ellos á ayunar: como Cubillas: que en el capítulo III de la propia parte donde habla de paciencia de san Carlos en sufrir los baldones de un predicador, omitió Quevedo la circunstancia de haber sido en el púlpito, en chaire; pero Cubillas lo echó á perder, traduciendo por el sonido en su cara4: y á este modo encontrará muchas pruebas de que no siempre fue Cubillas justo corrector de Quevedo.

Dije no siempre, porque seria notoria injusticia negar que son muchos mas los lugares que traduce con mas exactitud Cubillas, y así yo siempre alabaré el esmero con que se aplicó á mejorar la traduccion de Quevedo, aunque conozco que todavía quedó mucho que corregir en la suya. No fuera difícil hacer una crecidísima lista de palabras y frases que no entendió; pero, como es cosa tan visible, me contentaré con las que hay en el primer periodo del Prefacio, que es de muy pocos renglones. Pase el poner jardinera por bouquetiere; pero no el traducir prontamente de proprement, ni el llamar Pausías á Parrasio, ni el entender el modo adverbial á l’ envie por alvo, ni la version no se supo mudar su pintura de il ne savait changer sa peinture. Pues si esto es las cinco ó seis primeras lineas, ¿qué será en toda la obra? Basta lo dicho para probar cuan necesaria era una nueva traduccion, que no incurriese en los errores de las antecedentes.

¿Y habré yo desempeñado esta empresa? No presumo haberlo llevado á cabo, pero creo haber adelantado alguna cosa. Los doctos y prudentes lectores de mi traduccion lo juzgarán, y espero que sus advertencias y correcciones mejorarán la segunda edicion (si acaso merece que se haga), ó tal vez alguno de pluma mas bien cortada que la mia se animará á publicar otra version, que llene todas las medidas.

Por lo que toca al lenguaje solo digo, Señor Eminentísimo, que he procurado huir de galicismos; mas no presumo haberlos evitado del todo, porque teniendo siempre en los oidos el retintín de esa lengua franca (séame lícito esplicarme así), que corre en nuestros tiempos: de esa lengua, que no es frances ni castellano: de esa en que se escriben, no solo las traducciones, sino aun las obras originales: de esa en que se predican los sermones: de esa, que á pesar de muy pocos, ha de ser, si ya no lo es, el único lenguaje de los Españoles: estando, digo, oyendo continuamente esa greguería no será mucho que no me hayan disonado las frases y espresiones del original francés, y que, acostumbrado á escuchar aquellas mismas en boca de los Españoles, las haya puesto en mi traduccion como si fueran nacidas en Castilla.

Mas descuido é imperfeccion que en el lenguaje encontrará Vuestra Eminencia en el estilo; pero como he tardado tanto tiempo en acabar la traduccion, no me he atrevido á sujetarla á una lima que tal vez hubiera escedido el término de los nueve años que señalaba Horacio. Deseoso del aprovechamiento mas que del deleite de mis lectores, he resuelto seguir las huellas de mi Santo autor, y pues él no quiso detenerse á limar su obra, dejar yo tambien la traduccion sin lima.

Aunque noté arriba que ha sido forzoso no conservar algunas espresiones por demasiado bajas, no por eso me he atrevido á mudar todas las que he juzgado de estilo humilde, pues esto seria desfigurar enteramente la obra, que tal vez de intento está escrita en el estilo familiar. Con todo hay en ella una desigualdad, que á mi entender, la hace mas apreciable, porque cuando la grandeza del asunto lo pide, suele calzarse el coturno, y usar de un estilo sublime, volviendo despues con mucha gracia á seguir su llano camino acostumbrado: ¡Ojalá hubiera yo podido conservar estas gracias de su estilo! Pero el del Santo es gracioso sin aliño; y el mio sin gracia es desaliñado.

Nada digo, Señor, de la diligencia y esmero con que he trabajado, porque si no hubiera agotado mis fuerzas, me avergonzaria de comparecer en la presencia de un prelado que tal confianza ha hecho de mí. Por otra parte las Señoras Religiosas del Monasterio de la Visitación de Madrid me han franqueado cuantos ejemplares tienen de las obras de su Santo fundador, y así, aunque me he servido como de original de una edicion que yo tengo, publicada diez y nueve años despues de la muerte del Santo por el Padre Nicolás Talon, de la Compañía de Jesus: á instancias del Comendador de Sillery, he pedido cotejarla con otras antiguas5 y modernas. Tambien he tenido presentes las tres traducciones castellanas de Sebastian Fernandez, de Don Francisco Quevedo, y del Licenciado Cubillas, y una italiana muy literal: todas las cuales he consultado en los lugares que me han parecido dudosos ó difíciles.

Unicamente deseo haber acertado á dar gusto á Vuestra Eminencia, pues con esto solo estaré seguro de que ha de ser util á los fieles la publicación de mi trabajo: y si logro esta dicha, me daré prisa á traducir y publicar las demas obras del Santo Obispo de Ginebra, que con bastante fundamento puedo asegurar verán la luz pública sin tanto atraso como Filotea.

Finalmente, Señor Eminentísimo, aun cuando todos mis desvelos sean inútiles y juzgue Vuestra Eminencia que no se deben publicar, me quedará el consuelo de haber trabajado buscando la gloria de Dios, procurando el aprovechamiento de mis hermanos, y obedeciendo á mi Prelado, cuya vida pido á nuestro Señor conserve muchos años para bien de sus ovejas.

Su mas obsequioso y obediente súbdito y Capellan

PEDRO DE SILVA

Oración Dedicatoria del Santo Autor

¡O dulce Jesús! Señor Salvador y Dios mio, aquí me teneis postrado ante vuestra Majestad, ofreciendo y consagrando este escrito á vuestra gloria. Animad con vuestra bendicion las palabras que contiene, á fin de que reciban las almas, para quienes le he compuesto, todas las sagradas inspiraciones que les deseo: y en particular la de implorar que venga sobre mí vuestra misericordia infinita, no sea que, cuando enseño á los demas el camino de la devocion en este mundo, sea yo eternamente reprobado y confundido en el otro; antes bien en compañía de todos ellos entone por siempre jamas, como cántico de triunfo, la espresion que entre los peligros de esta vida mortal profiero en testimonio de fidelidad: VIVA JESUS, VIVA JESUS: sí. Jesus y Señor mio, vivid y reinad en nuestros corazones por los siglos de los siglos. Amen.

Prefacio

Te suplico, amado Lector, que para satisfaccion tuya y mia leas este prefacio.

Tenia tan delicado gusto la ramilletera Glícera en variar la disposicion y mezcla de las flores con que hacia sus ramilletes, que con unas mismas los formaba de muchos modos, en tanto grado que se quedó corto Parrasio, célebre pintor, queriendo imitar á competencia la diversidad de sus labores, porque no pudo variar de tantos modos su pintura, como variaba Glíceria sus ramilletes. Así tambien el Espíritu Santo ordena con tanta variedad las lecciones de devocion que da por las palabras y escritos de sus siervos, que siendo siempre una misma doctrina, son sin embargo muy diferentes los discursos, segun los diversos modos con que están compuestos. Yo á la verdad ni puedo, ni quiero, ni debo escribir en esa introducción otra cosa que lo que ya sobre esta materia han publicado nuestros predecesores, y así las flores que te presento, Lector, son las mismas; pero es muy diverso el ramillete que forman, á causa de la diversidad con que van colocadas.

Casi todos los que hasta ahora han tratado de la devocion han tenido por objeto instruir á los que viven muy retirados del comercio del mundo, ó por lo menos han enseñado una especie de devocion que camina á este total retiro. Pero mi intento es instruir á los que viven en las ciudades, en medio de las familias, en la corte, y que por su situación se ven obligados á profesar una vida comun en cuanto á lo esterior, los cuales no pocas veces pretestando imposibilidades imaginarias, ni aun quieren pensar en emprender una vida devota, porque juzgan que así como ningun animal se atreve á gustar la semilla de aquella yerba que llaman Palma Cristi, así tampoco puede aspirar á la palma de la piedad cristiana el hombre que vive en medio del tráfago de los negocios temporales. Yo pues les haré ver, que así como la madreperla se mantiene en medio del mar sin dejar entrar una gota siquiera de agua salada, y así como cerca de las islas Celidonias hay fuentes de agua dulce en medio del mar, y así como las salamandras vuelan entre las llamas, sin que les chamusquen las alas; así tambien puede una alma vigorosa y constante vivir en el mundo sin dar entrada á las aguas del mundo, encontrar manantiales dulcísimos de piedad en medio de las amargas olas del siglo, y volar entre las llamas de los apetitos terrenos sin que el fuego ofenda las alas de los sagrados deseos de la vida devota. Confieso que es empresa muy difícil; mas por eso mismo desearia que muchos empleasen en ella sus fatigas con mas ardor que hasta aquí; y esto es lo que yo, aunque flaco, intento con este escrito, ayudando en cuanto puedo á los que con ánimo generoso abrazaren tan digna empresa.

Sin embargo no ha sido eleccion ó deseo puramente mio publicar esta Introduccion; sino que habiendo, ya tiempo hace, buscado mi direccion una alma verdaderamente noble y virtuosa, que habia recibido de Dios la gracia de querer aspirar á la vida devota; yo que me veia con muchas obligaciones para con esta persona, y que ya muy de antemano habia reconocido en ella escelentes disposiciones para tan piadoso designio, emprendí con gran cuidado su instrucción, la encaminé por todos aquellos ejercicios proporcionados á su deseo y condicion, y le di varias advertencias por escrito para que recurriese á ellas cuando lo necesitase. Mostró ella estas advertencias a un religioso6 muy doto y espiritual, el cual persuadido de que podrian ser provechosas á muchos, me exhortó con grandes instancias á que las publicase, y no le costó mucho persuadirme, porque su amistad tenia gran dominio en mi voluntad, y su dictamen grande autoridad sobre el mio.

Para que todo sea mas util y agradable lo he repasado ordenándolo de modo que tengan conexion unas especies con otras, y añadiendo muchos avisos y lecciones propias de mi intento; pero todo esto lo he tenido que hacer sin el sosiego necesario, por lo cual no encontrarás exactitud, sino solamente una coleccion de advertencias dadas con buen deseo, y esplicadas con espresiones claras é inteligibles; á lo menos así he procurado hacerlo. Por lo que toca á los adornos del estilo, ni aun siquiera he pensado en ellos, porque he tenido otras muchas cosas que me ocupen.

La razon por que dirijo mis palabras á Filotea, es porque queriendo acomodar á la utilidad comun de muchas almas lo que al principio habia escrito para una sola, la llamo con un nombre que conviene á todas las que quieren ser devotas, puesto que Filotea quiere decir amante, ó enamorada de Dios.

Mirando pues en todo esto á una alma, que por el deseo de la devocion aspira al amor de Dios, he dividido esta Introduccion en cinco partes: en la primera, valiéndome de algunas amonestaciones y ejercicios, procuro convertir el simple deseo de Filotea en una resolucion absoluta, que hace finalmente despues de la confesion general por una protestacion sólida, á que sigue la santísima Comunion, en la cual entregándose á su Salvador, y recibiéndole, entra dichosamente en su amor santo. Hecho esto, para llevarla mas adelante le manifesto dos poderosos medios de unirse mas y mas á su Divina Magestad; es á saber, el uso de los Sacramentos, por los cuales Dios viene á nosotros, y la santa oracion, por la cual nos atrae á sí: esta es la materia de la segunda parte. En la tercera le enseño como debe ejercitarse en aquellas virtudes, que son mas oportunas para su adelantamiento, sin detenerse mas que en ciertos avisos particulares que ella no hubiera podido fácilmente encontrar en otra parte, ni discurrir por sí misma. En la cuarta hago que descubra las emboscadas de sus enemigos, y le muestro como debe salir de ellas, y pasar mas adelante en su digna empresa. Finalmente en la quinta parte procuro que se recoja un poco dentro de sí misma á reposar tomar aliento y recobrar fuerzas para poder despues con mas ventaja ganar tierra y adelantar en la vida devota. Como nuestro siglo es tan caprichoso, conozco que muchos dirán que solo á los religiosos y gentes entregadas á la devocion toca formar tan por menor directorios de piedad, y que estos requieren mas espacio que el que puede tener un obispo cargado de una diócesi tan pesada como la mia: que esto distrae mucho el entendimiento, que debe emplearse en cosas de mas importancia.

Pero yo digo con san Dionisio el grande, que á los obispos es á quienes toca principalmente dirigir las almas á la perfeccion por lo mismo que su gerarquía es la suprema entre los hombres, como lo son entre los ángeles los serafines, y que por consiguiente en nada pueden emplear mejor el tiempo que en esto. Los antiguos obispos y padres de la Iglesia apreciaban su ministerio tanto como nosotros por lo menos, y no por eso dejaban de cuidar de la direccion particular de muchas almas que ponian en ellos su confianza, como se deja ver en sus epístolas, imitando en estos á los apóstoles, que en medio de la cosecha general de todo el universo, recogian sin embargo con mas especial y particular afecto como espigas privilegiadas ciertas almas mas distinguidas. ¿Quien no sabe que Timoteo, Tito, Filemon, Onésimo, santa Tecla, y Apia eran los queridos hijos del grande apostol san Pablo, y los de san Pedro, san Márcos, y santa Petronila? Pongo en este número á santa Petronila, porque como prueban doctamente Baronio y Galonio, no fue hija natural del san Pedro, sino solamente espiritual: y finalmente una de las Epístolas Canónicas de san Juan está escrita á una devota señora llamada Electa. Desde luego confieso que es trabajo el dirigir almas en particular; pero es trabajo que consuela, como el de los segadores y vendimiadores, que nunca están mas contentos que cuando están mas ocupados y cargados: es un trabajo que descansa, conforta y aviva el corazon con la suavidad que de él reciben los que le emprenden, semejante al efecto que produce el cinamomo en los que van cargados de él por la Arabia feliz. Se cuenta de la tigre que cuando encuentra algunos de sus cachorros, que el cazador deja en el camino para entretenerla en tanto que se lleva el resto de la cria, ella, por muy grande que sea, caga con él, y mas ligera que si no llevase peso alguno corre á ponerle en salvo dentro de su cueva, porque el amor natural la alivia con el peso mismo. ¿Con cuánto mas gusto se encargará un corazon paternal del alma que encuentre entre los deseos de la perfeccion santa, y la llevará en su regazo, como hace la madre con su hijuelo, sin sentir un peso que tanto estima?

Pero ha de ser corazon paternal sin duda, y ved aquí por que los apóstoles, y los varones apostólicos llaman á sus discípulos no solamente hijos, sino aun con mayor ternura hijuelos.

Por lo demas, lector amado, cierto es que escribo de la vida devota sin ser devoto, pero no sin deseos de llegar á serlo, y este mismo deseo me da mayores ánimos para instruirte, porque como dice un hombre muy literato, es buen modo de aprender el estudiar, pero mejor escuchar al maestro, y el mejor de todos enseñar. Muchas veces sucede (dice San Agustin escribiendo á su devota Florentina) que el oficio de dar sirve de mérito para recibir; y el de enseñar de fundamento para aprender.

Mandó Alejandro al inimitable Apéles, que hiciese un retrato de Campaspe, á quien amaba, y Apéles considerando muy de espacio la belleza de Campaspe, á medida que iba copiando sus perfecciones en el lienzo, iba grabando el amor en su corazon, de modo que llegó á estar tan apasionado, que Alejandro lo conoció, y compadecido se la dio por esposa, privándose él por amor suyo de la que mas amaba en el mundo: en lo cual dice Plinio que mostró la grandeza de su corazon, tanto como hubiera podido manifestarla con una gran victoria. A este modo pienso, lector amado, que siendo yo Obispo, quiere Dios que pinte en los corazones de los hombres no solo las virtudes comunes, sino tambien su carisma y muy amada devocion: y lo emprendo con gran complacencia, así por obedecer y cumplir con mi obligacion, como por la esperanza que tengo de que al grabarla en el alma de los otros, quizá la mia quedará santamente enamorada, y estoy cierto que si su Divina Magetad llega á verme vivamente prendado de ella, me la dará sin duda en eterno desposorio. Si la hermosa y casta Rebeca, dando de beber á los camellos de Isaac, fue elegida para esposa suya, y recibió de su parte pendientes y brazaletes de oro, yo tambien espero de la inmensa bondad de mi Dios, que llevando sus amadas ovejas á las saludables aguas de la devocion, conseguiré que reciba él mi alma por esposa suya, y ponga en mis orejas las doradas palabras de su santo amor, y en mis brazos la fuerza para ejecutarlas perfectamente; que es en lo que consiste la esencia de la verdadera devocion. Esta pido á su Magestad quiera otorgarme, y á todos los hijos de su Iglesia, á la cual para siempre sujeto mis escritos, mis acciones, mis palabras, mis afectos, y mis pensamientos. En Annecy, hoy dia de santa Magdalena, año de 1609.

Primera Parte
Que contiene los avisos y ejercicios necesarios para llevar al alma desde su primer deseo de la vida devota hasta la entera resolucion de abrazarla.

Capitulo Primero
Descripcion de la devocion verdadera

Aspiras á la devocion, carísima Filotea, porque sabes como cirsitana, que es una virtud sumamente agradable á la Magestad Divina; pero como los defectos leves que se cometen al principio de cualquiera obra, van creciendo infinito en el progreso de ella, hasta llegar á ser casi irremediables en el fin, es necesario antes de todo que sepas lo que es la virtud de la devocion, porque devociones falsas y vanas hay muchas, verdadera una sola, y si no la conoces puedes engañarte y seguir alguna vana y supersticiosa.

Pintaba Aurelio el rostro de todas las imágenes parecido al de las mugeres que amaba; así cada uno pinta la devocion segun su pasion y fantasía. El que es inclinado al ayuno se tiene por muy devoto si ayuna, aunque su corazon esté lleno de rencillas, y al paso que por sobriedad no se atreve á llegar con la lengua al vino, ni aun tal vez al agua, no hará escrúpulo de bañarla en la sangre de su prójimo con murmuraciones y calumnias: otro se juzgará devoto porque reza muchas oraciones al dia, aunque despues de esto se desate su lengua en palabras duras, arrogantes é injuriosas contra sus domésticos y vecinos: otro sacará con gran prontitud de su bolsa el dinero para dar limosna á los pobres, pero no puede sacar de su corazon dulzura con que perdonar á sus enemigos: otro perdonará á enemigos, pero jamás pagará á sus acreedores, sino obligado por la justicia. Todos estos están vulgarmente reputados por devotos, y ciertamente no lo son. Cuando los soldados de Saul buscaban á David en su casa, Michol puso una estatua en el lecho, y vistiéndola con las ropas de David, les hizo creer que era él mismo que estaba enfermo y dormia. A este modo hay muchos que se visten de ciertas acciones esteriores, propias de la santa devocion y el mundo cree que efectivamente son devotos y espirituales, pero en la realidad no son mas que estatuas y fantasmas de devocion.

La devocion verdadera y viva, ó Filotea, presupone amor de Dios, ó por mejor decir, es verdadero amor de Dios; pero no un amor cualquiera, pues cuando el amor divino hermosea nuestra alma se llama gracia, porque nos hace agradables á la Divina Magestad: cuando nos da fuerzas para obrar bien, se llama caridad; mas cuando llega á tal grado de perfeccion que no solamente nos hace obrar el bien, sino practicarle con cuidado, con frecuencia y prontitud, entonces es cuando se llama devocion. Los avestruces nunca vuelan, las gallinas vuelan, pero con pesadez, muy bajo y raras veces; las águilas, las palomas y las golondrinas vuelan muchas veces con gran velocidad y muy alto. A este modo los pecadores jamas vuelan en Dios, porque hacen todo su camino en la tierra y por la tierra: los buenos que todavía no han llegado á la devocion, vuelan alrededor de Dios con sus buenas obras, pero pocas vecesn con lentitud y pesadez: las almas devotas vuelan en Dios muy á menudo, con prontitud y elevación. En una palabra, la devocion es una agilidad y viveza espiritual, con que produce la caridad sus obras en nosotros, ó nosotros las hacemos por ella, con prontitud y complacencia, y asi como es propio de la caridad hacernos practicar general y universalmente todos los mandamientos de Dios, así es propio de la devocion hacer que los practiquemos con prontitud y aficion. Por esta razon el que no guarda los mandamientos de Dios no debe ser tenido por bueno, ni por devoto, pues para ser bueno es preciso tener caridad, y para ser devoto es necesario ademas de tener caridad escitarla con actividad y prontitud.

Y como la devocion estriba en un grado escelente de caridad, no solo nos hace prontos, activos y diligentes para guardar los mandamientos de Dios, sino tambien para practicar pronta y gustosamente cuantas mas obras buenas podamos, aunque no sean de precepto, sino solamente de consejo ó inspiradas. Porque así como un hombre que acaba de salir de una enfermedad anda lo que necesita, pero con lentitud y pesadez, así tambien el pecador curado de su iniquidad, camina lo que Dios le manda, pero con pesadez aun y lentitud, hasta tanto que llega á la devocion, que entonces ya como hombre perfectamente sano, no solo camina, sino corre y salta por el caminos de los mandamientos de Dios, y ademas de esto pasa y corre por las sendas de los consejos é inspiraciones celestiales. Finalmente la diferencia entre la caridad y la devocion es la misma que hay entre el fuego y la llama, pues siendo la caridad un fuego espiritual, cuando levanta llama toma el nombre de devocion. Así que la devocion solo añade al fuego de la caridad la llama que la hace pronta, activa y diligente, no solo en la guarda de los preceptos de Dios, sino tambien en la práctica de los consejos é inspiraciones celestiales.

Capitulo II
Propiedad y escelencia de la devocion

Desanimaban á los Israelitas, para que no entrasen en la tierra de promision los esploradores, diciéndoles que aquel pais devoraba á sus habitantes, esto es, que el aire era tan maligno, que no se podia respirándole vivir mucho tiempo, y los habitantes eran gentes monstruosas que se tragaban á los demas hombres como langostas. Tambien el mundo, amada Filotea, procura de este modo desacreditar la santa devocion, pintando á los devotos con un rostro fastidioso, triste y melancólico, y publicando que la devocion produce humores hipocondriacos é insufribles. Pero así como Josué y Caleb aseguraban á los hijos de Israel, que no solo era buena y hermosa la tierra prometida, sino que su posesion les seria dulce y agradable, asi tambien el Espíritu Divino por boca de los Santos, y nuestro Señor por la suya propia, nos aseguran que la vida devota es dulce, bienaventurada y amable.

Ve el mundo que los devotos ayunan, oran, sufren las injurias, sirven á los enfermos, socorren á los pobres, velan, reprimen la ira, sofocan y ahogan sus pasiones, se privan de los placeres sensuales, y ejecutan estas y otras acciones que en si mismas, y por su propia esencia y calidad son ásperas y rigurosas; pero no ve el mundo aquella devocion interior y cordial, que hace todas estas acciones agradables, y dulces y fáciles. ¿Ves las abejas como chupan del tomillo un jugo amarguisimo, y chupándole, por una propiedad que tienen le convierten en miel? Así, ó mundano, aunque las almas devotas encuentran ciertamente mucha amargura en los ejercicios de mortificacion, practicándolos la convierten en dulzura y suavidad. Miraban los mártires las hogueras, las hachas encendidas, las ruedas y las espadas como flores y olorosos perfumes, porque eran devotos: pues si la devocion es capaz de hacer dulces los mas crueles tormentos y la muerte misma ¿qué hará con las acciones virtuosas? El azucar dulcifica las frutas verdes, y corrige la crudeza y malignidad que tienen algunas despues de maduras; y la devocion, que es como azucar espiritual, quita la amargura á las mortificaciones, y estorba que puedan hacer daño los consuelos: corrige las cuitas de los pobres y las solicitudes de los ricos: quita la desolacion al oprimido y la arrogancia al favorecido, la tristeza al solidario y la disipacion al que vive en sociedad: sirve de fuego en invierno y de rocío en verano: enseña á vivir así en la abundancia como en la pobreza: hace igualmente útiles las honras que los menosprecios: recibe con un corazon casi siempre igual el placer y el dolor, y nos llena de una suavidad maravillosa.

Contempla en la escala de Jacob un verdadero retrato de la vida devota: los dos largueros en que están afirmados los escalones y entre los cuales se sube, representan la oracion que nos alcanza el amor de Dios y los santos sacramentos que nos le confieren: los escalones son los diferentes grados de caridad, por los cuales se va de virtud en virtud, ó bien bajando con la accion á socorrer y sufrir al prójimo, ó bien subiendo con la contemplacion á la amorosa union con Dios. Mirad ahora por vida vuestra á los que están en la escala, y vereis que son hombres de corazon angelical ó ángeles en cuerpo humano: no son jóvenes, pero lo parecen, porque están llenos de vigor y agilidad espiritual: tienen alas para volar, y se arrojan á Dios por medio de la santa oracion; pero tienen tambien pies con que caminar entre los hombres por medio de una santa y amigable conversacion: su rostro es hermoso y alegre, como que todo lo reciben con dulzura y suavidad: llevan descubiertos los pies, los brazos y la cabeza, para denotar que en sus pensamientos, afectos y acciones no llevan otro fin, ni otro motivo que el de agradar á Dios: el resto del cuerpo está vestido, pero de una ropa hermosa y ligera, porque usan á la verdad del mundo y de sus cosas, pero de un modo puro y sincero, tomando sin empeño ni apego, únicamente lo muy preciso segun su condicion: tales son pues las almas devotas. Créeme, querida Filotea, la devocion es dulzura de las dulzuras, reina de las virtudes, y perfeccion de la caridad misma. Si la caridad es como leche, la devocion es la nata; si es una planta, la devocion es la flor; si es piedra preciosa, la devocion es el brillo; si es bálsamo escogido, la devocion es el olor que exhala, tan suave que conforta á los hombres y recrea á los ángeles.

Capitulo III
Que la devocion conviene á toda suerte de estados y profesiones

Dios que en la creacion del mundo mandó á las plantas que produjesen fruto cada una segun su especie, manda tambien á los cristianos, plantas vivas de su Iglesia, que produzcan frutos de devocion cada uno segun su calidad y estado. De diferentes maneras deben practicar la devocion el caballero, el artesano, el criado, el Principe, la viuda, la soltera y la casada; y se ha de acomodar tambien su ejercicio á las forzosas ocupaciones, y obligaciones de cada uno. Dime Filotea, ¿seria conveniente que un obispo quisiese vivir en soledad como un cartujo? ¿ó que un hombre casado nada quisiese adquirir, como hace un capuchino? ¿ó que un artesano estuviese todo el dia en la iglesia, como un religioso? ¿ó que el religioso tuviese continuamente abierta la puerta á toda especie de visitas por servir al prójimo, como hace un obispo? ¿No seria ridícula, desreglada, é intolerable una devocion de esta especie? Pues sin embargo es bien frecuente, y el mundo, que no sabe, ó no quiere discernir entre la devocion y la indiscrecion de los que se tienen por devotos, murmura y echa la culpa á la devocion, que jamas puede ser causa de semejantes desórdenes.

No, Filotea, la devocion, si es verdadera, nada vicia, antes bien lo perfecciona todo; y si es contraria á la legítima vocacion de alguno, será sin duda devocion falsa. De las abejas dice Aristóteles, que sacan miel de las flores sin hacerles daño alguno y dejándolas enteras y frescas como estaban; pero la verdadera devocion lo hace aun mejor, porque no solo no daña vocacion, ni ocupacion alguna, sino antes por el contrario las perfecciona y hermosea. Si todas las especies de pedrería adquieren mayor brillo, cada una segun su color, echándolas en miel, tambien cada uno se hace mas perfecto en su estado juntándole con la devocion. Con ella el cuidado de la familia es apacible, el amor del marido y de la muger mas sincero, el servicio del Príncipe mas fiel, y todas las ocupaciones mas suaves y gustosas.

Es error, ó por mejor decir heregía, pretender desterrar la vida devota de las compañías de los soldados, de las tiendas de los artesanos, de los palacios de los príncipes, y de las familias de los casados. Cierto es, Filotea, que en estos estados no se puede ejercitar una devocion puramente contemplativa, monástica y religiosa, pero tambien es cierto que á mas de estas tres especies de devocion hay otras muchas proporcionadas para perfeccionar á los que viven en los estados seculares. Testigos son de esta verdad en el Antiguo Testamento Abraham, Isaac, Jacob, David, Job, Tobías, Sara, Rebeca, y Judit, y en el muevo san José, Lidia, y san Crispin, que fueron perfectamente devotos en sus tiendas; santa Ana, santa Marta, santa Mónica, Aquila, y Priscila en sus familias: Cornelio, san Sebastián y san Mauricio e los ejércitos: Constantino, Helena, san Luis, el Beato Amadeo, y san Eduardo en el trono. Tambien ha sucedido que muchos han perdido la perfeccion en la soledad, sin embargo de que es tan á propósito para la vida perfecta, y la han conservado e medio de la multitud que parece tan poco favorable para ella. Lot, que en la ciudad fue tan casto, se contaminó en la soledad, dice san Gregorio7, y así en cualquiera parte que estemos podemos y debemos aspirar á la vida perfecta.

Capitulo IV
De cuan necesario es un Director para entrar y hacer progresos en la devocion

Cuando el joven Tobías oyó que le mandaban ir á Rages, replicó diciendo: yo no sé el camino. Vé pues, le dice su padre, busca algun hombre que te guie, y lo mismo te digo yo, Filotea. ¿Quieres tomar con seguridad el camino de la devocion? Pues busca alguna persona de virtud que te guie y encamine. Esta es la advertencia de las advertencias, pues como dice el piadoso Avila8, por mas que te fatigues no hallarás medio mas seguro de hacer la voluntad de Dios que esta humilde obediencia, tan encomendada y practicada por las personas devotas de los pasados siglos. La bienaventurada madre Teresa viendo que Doña Catalina de Cardona hacia rigurosas penitencias, tubo grandes deseos de imitarla en esto contra el dictámen de su confesor que se lo prohibia, y estuvo muy tentada á no obedecerle en esta parte; pero Dios le dijo: Eso no, hija, buen camino llevas y seguro: ¿ves toda la penitencia que hace? Es mas tengo tu obediencia9. Con efecto amaba tanto esta virtud, que á mas de la obediencia, que por obligacion tenia á sus superiores, hizo voto de obedecer á un varon de gran virtud, y se obligó á seguir su direccion y guia, en lo cual encontró sumo consuelo, como antes y despues de ella le han esperimentado muchas almas buenas, que por sujetarse mas perfectamente á Dios, han sometido su voluntad á la de sus siervos, de lo cual hace particular elogio santa Catalina de Sena en sus Diálogos. Así la devota princesa santa Isabel se sujetó con suma obediencia al doctor Conrado, y san Luis aconsejó esto mismo á su hijo, diciéndole antes de morir: Confiésate á menudo, eligiendo un confesor idóneo, prudente, y que te pueda enseñar con seguridad á practicar las cosas que te sean necesarias.

El amigo fiel, dice la escritura Santa10, es una proteccion fuerte, y el que la ha encontrado, ha encontrado un tesoro: el amigo fiel es un medicamento de vida, y de inmortalidad, y los que temen a Dios, le encuentran. Estas palabras divinas miran principalmente, como ves, á la inmortalidad, para la cual es necesario sobre todo tener este fiel amigo que gobierne nuestras acciones con sus avisos y consejos, defendiéndolos por este medio de las emboscadas y engaños del maligno. Será este amigo para nosotros tesoro de sabiduría en las aflicciones, tristezas y caidas: medicamento que aliviará y consolará nuestros corazones en las enfermedades espirituales: nos librará del mal, y hará que nuestro bien sea mas cumplido; y aun cuando padezcamos alguna enfermedad, estorbará que sea de muerte levantándonos de ella.

¿Mas quién podrá encontrar este amigo? El Sabio responde, que los que temen á Dios, esto es, los humildes, que desean con ansia su adelantamiento espiritual. Pues si tanto te importa, Filotea, caminar con una buena guia en este santo viage de la devocion, pide á Dios con grandes instancias que te la dé segun su corazon, y no desconfies que te dará conductor bueno y fiel, aunque sea necesario enviar un Angel del cielo, como hizo con el joven Tobias.

Y con efecto, siempre ha de ser para ti un Angel, quiero decir que cuando le hayas encontrado, no le has de mirar solamente como á un hombre, ni has de poner tu confianza en él, y en su sabiduría humana, sino en Dios, que le favorecerá y hablará por medio de este hombre poniendo en su corazon y en su boca todo lo que sea conducente á tu felicidad: así que debes escucharle como á un Angel bajado del cielo para llevarte allá. Trata con él con franqueza de corazon, con toda sinceridad, y fidelidad, manifestándole claramente lo bueno y lo malo, sin fingimiento, ni disimulacion alguna; que de este modo examinará lo bueno, y quedarás mas asegurada con ello: corregirá y remediará lo malo: tendrás alivio y fortaleza en las aflicciones, y moderacion y regla en los consuelos. Ten pues en él suma confianza acompañada de santa reverencia, de modo, que ni la reverencia disminuya la confianza, ni la confianza estorbe la reverencia: fiate de él con el respeto de una hija para con su padre: respétale con la confianza de un hijo para con su madre: en suma, esta amistad ha de ser fuerte y suave, enteramente santa, enteramente sagrada, enteramente divina, enteramente espiritual.

Para esto, dice el maestro Avila, que se ha de escoger uno entre mil; porque se encuentran muchos menos de los que se piensa capaces de ejercer este oficio. Es necesario que esté lleno de caridad, de ciencia y de prudencia, y hay peligro en que le falte cualquiera de esas partidas. Pero yo te vuelvo á repetir que se le pidas á Dios, y cuando le hayas obtenido, bendigas á su Divina Magestad permanezcas firme, y no andes buscando otro, sino que camines con simplicidad, humildad y confianza, porque ciertamente tendrás feliz viage.

Capitulo V
Que se ha de empezar por la purificacion del alma

Aparecieron las flores en nuestra tierra, dice el Sagrado Esposo, y ya ha llegado el tiempo de la poda11: y pues las flores de nuestro corazon, Filotea, son los buenos deseos, luego que estos parecen, es necesario echar mano de la podadera para cortar en nuestra conciencia todas las obras muertas é inútiles. Si alguna doncella estrangera se habia de desposar con algun israelita, estaba obligada á quitarse el vestido de cautiva, y á cortarse las uñas y los cabellos: así el alma que aspira á la honra de ser esposa del Hijo de Dios se debe desnudar del hombre viejo y vestirse del nuevo dejando el pecado, y despues ha de cortar todos aquellos impedimentos que la desvian del amor de Dios, pues el principio de la salud es purgar los humores dañosos. En un instante fué purificado san Pablo con purificacion perfecta, y del mismo modo lo fueron santa Catalina de Génova, santa Magdalena, santa Pelagia, y algunos otros; pero esta especie de purificacion es totalmente milagrosa, y tan estraordinaria en el orden de la gracia, como en el de la naturaleza la resurreccion de los muertos, por tanto no debemos pretenderla. La purificacion y curacion ordinaria, asi de los cuerpos, como de las almas, se hace poco á poco, á otro á fuerza de trabajo y de tiempo.

Los Angeles de la Escala de Jacob tenian alas, pero no volaban, sino que subian y bajaban de escalon en escalon. Compárase el alma que sube del pecado á la devocion, al alba, la cual al levantarse no ahuyenta de una vez las tinieblas, sino que poco á poco las disipa; y como dice un aforismo, la curacion que se hace despacio es la mas segura, pues las enfermedades, tanto del alma como del cuerpo, vienen á caballo y corriendo, y se van á pie, y paso á paso; por lo cual es necesario, Filotea, tener ánimo y paciencia en esta empresa. ¡O cuán dignas de lástima son aquellas almas que despues de haber practicado algun tiempo la devocion, viéndose aun con muchas imperfecciones, se inquietan, turban, y desaniman, dejándose casi llevar de la tentacion de abandonarlo todo, y volverse atrás! Pero por el contrario ¡en cuán grande peligro están las almas que dejándose llevar de la tentacion opuesta, creen desde el primer dia de su purificacion que ya están limpias de todas las imperfecciones, teniendo por consumada la obra casi antes de estar comenzada, y arrojándose á volar sin tener alas! ¡Ah Filotea! ¡en cuánto riesgo están de recaer estas almas por haber salido demasiado pronto de las manos del médico! Te levantas, dice el Profeta, antes que aparezca la luz de la mañana, levántate despues que te hayas sentado12; así lo practicaba el mismo santo Rey, que despues de haber sido lavado y limpiado, aun pedia á Dios que la lavase mas y limpiase.

Ni puede, ni debe acabarse este ejercicio de purificar el alma hasta que se acabe nuestra vida, con que así no tenemos que turbarnos por nuestras imperfecciones, porque la perfeccion consiste en combatirlas, y seria imposible combatirlas sin verlas, ó vencerlas sin encontrarlas; de modo que nuestra victoria no consiste en no sentirlas, sino en no consentir en ellas.

Pero no es consentir, el que nos incomode; antes bien para ejercicio de la humildad conviene que alguna vez salgamos heridos en esta espiritual batalla; mas nunca quedamos vencidos sino cuando perdemos la vida, ó el esfuerzo. Y pues las imperfecciones y pecados veniales no son capaces de quitarnos la vida del alma, que solo se pierde por el pecado mortal, lo que nos resta es estorbar que nos quiten el esfuerzo. Por eso decia David: Libradme, Señor, de la cobardía y falta de ánimo13, porque á la verdad es gran ventaja para nosotros en esta guerra el saber que no necesitamos mas que pelear, para salir siempre vencedores.

Capitulo VI
De la primera purifiacion, que es la de los pecados mortales

La primera purificacion que se necesita es la del pecado, ka cual se hace por el santo sacramento de la Penitencia. Busca el confesor mas á propósito que puedas: sírvete de alguno de los libros que están escritos con el fin de ayudar las conciencias para confesarse bien, como son Granada, Bruno, Arias, Auger: léele bien, y nota punto por punto en qué has caido desde que tienes uso de razon hasta la hora presente, y si acaso desconfias de tu memoria, vé apuntando por escrito lo que notes. Despues de haber preparado y juntado de esta manera los humores viciosos de tu conciencia detéstalos y arrójalos por medio de la mas fuerte contricion y dolor de que fuere capaz tu corazon, considerando estas cuatro cosas: que por el pecado has perdido la gracia de Dios, has sido despojada del derecho de la gloria, has aceptado las penas eternas del infierno, y has renunciado el amor eterno de tu Dios. Bien ves, Filotea, que voy hablando de una confesion general de toda la vida, la cual á la verdad confieso que no siempre es absolutamente necesaria; pero tambien juzgo que te será sumamente util en el principio, y por esto te la aconsejo con tanto encarecimiento. Sucede muy comunmente que las confesiones ordinarias de los que viven una vida comun y vulgar están llenas de grandes defectos, porque muchas veces no se preparan, ó se preparan poco: otras no tienen la contricion necesaria: y muchísimas van á confesarse con tácita voluntad de volver al pecado, porque no quieren evitar la ocasion de él, ni poner los medios necesarios para la enmienda de la vida: y en todos estos casos es necesaria la confesion general para asegurar la conciencia. Pero demas de esto sirve la confesion general para darnos conocimiento de nosotros mismos, para escitar una confusion saludable de nuestra vida pasada para llenarnos de admiracion á vista de la misericordia de Dios, que con tanta paciencia nos ha esperado, para sosegar nuestros corazones, aliviar nuestros espíritus, escitar en nosotros buenos propósitos, y para que nuestro padre espiritual tenga un motivo de darnos advertencias correspondientes á nuestra condicion; y sirve tambien de abrir nuestro pecho para que llenos de confianza nos declaremos bien en las confesiones siguientes.

Por todo lo cual tratándose de una renovacion general del corazon, y de una conversion universal de nuestra alma á Dios por medio de la vida devota, me parece que con justa razon te aconsejo, Filotea, que hagas confesion general.

Capitulo VII
De la segunda purificacion, que es del afecto al pecado

Todos los israelitas salieron de Egipto con el efecto, pero no todos con el afecto, y por eso muchos de ellos echaban menos en el desierto las cebollas y carnes de Egipto; del mismo modo hay muchos penitentes, que en el efecto salen del pecado, pero no dejan sin embargo el afecto; quiero decir, que proponen no pecar mas pero con una cierta repugnancia de privarse y abstenerse de los miserables atractivos de la culpa. Es verdad que su corazon renuncia y se aparta del pecado; pero no por eso deja de volverse muchas veces hácia aquella parte, como hizo la muger de Lot hácia Sodoma. Se abstienen del pecado, como los enfermos que se privan de comer melones, cuando el médico les amenaza con la muerte si los comen; pero los inquieta esta privacion, hablan de ella, regatean el cumplirla, quieren olerlos á los menos, y tienen por dichosos á los que pueden comerlos; así estos flacos y perezosos penitentes se abstienen por algun tiempo del pecado, pero de mala gana, y quisieran poder pecar sin condenarse: hablan con aficion y gusto del pecado, y miran como dichosos á los que le cometen. Un hombre por ejemplo resuelto á vengarse, mudará de voluntad en la confesion; pero poco despues le veremos entre sus amigos complaciéndose en hablar de su queja, diciendo que si no hubiera sido por el temor de Dios, hubiera hecho esto y lo otro, y que la ley Divina, particularmente en este artículo de perdonar, es ardua, que ojalá fuera lícito vengarse. ¿Quién no ve que este pobre hombre, aunque esté fuera del pecado, está sin embargo enredado en el afecto de él, y que estando efectivamente fuera de Egipto, aun no lo está con el deseo, pues le tiene de los ajos y cebollas que allí solia comer? En el mismo caso se halla la muger que despues de haber detestado sus ilícitos amores, se complace sin embargo de que la celebren y la obsequien. ¡Ay qué peligroso es el estado de todos estos!

Puesto, Filotea, que quieres emprender la vida devota, no solo necesitas dejar el pecado, sino tambien purificar enteramente tu corazon de todos los afectos que dependen del pecado; porque ademas del peligro que con eso tendrias de volver á recaer, estos miserables afectos mantedrian perpetuamente enfermo tu espíritu, y le gravarian de tal modo, que no podria practicar las buenas obras con prontitud, diligencia y frecuencia, en lo cual consiste sin duda la verdadera esencia de la devocion. Pudiera en mi juicio compararse estas almas, que despues de haber salido del pecado tienen aun semejantes afectos y languideces, á las doncellas que padecen opilacion, las cuales aunque no están enfermas, todas sus acciones son de enfermas, comen sin gusto, duermen sin reposo, rien sin alegría, y mas podemos decir que van arrastrando que no caminando. Del mismo modo estas almas practicando lo bueno con tanta flojedad espiritual, quitan toda la gracia á sus piadosos ejercicios, que son pocos y de poco valor.

Capitulo VIII
Del medio para hacer esta segunda purificacion

El primero y el fundamental medio de esta segunda purificacion es un conocimiento del gran mal que acarrea el pecado, tan vivo y eficaz que escite en nosotros contricion profunda y vehemente. Pues así como la contricion, si es verdadera, por pequeña que sea, nos purifica suficientemente del pecado, sobre todo cuando va unida con la virtud de los Sacramentos; así tambien cuando es grande y vehemente, nos purifica de todas las aficiones que dependen del pecado. Un aborrecimiento y rencilla pequeña y debil nos hace mirar con repugnancia á la persona que aborrecemos, y huir de su trato; pero si es un rencor mortal y violento, no solamente huimos y aborrecemos al sugeto contra quien lo tenemos, sino tambien miramos con disgusto, y no podemos sufrir la conversacion de sus allegados, parientes y amigos, ni mirar su retrato, ni ver cosa que tenga relacion con él. A este modo cuando el penitente aborrece el pecado con una ligera, aunque verdadera contricion, se resuelve de veras á no pecar mas; pero cuando le aborrece con una contricion poderosa y fuerte, no solamente detesta el pecado, sino tambien todos los afectos, consecuencias y ocaciones de él. Es necesario pues, Filotea, acrecentar cuanto sea posible nuestra contricion y arrepentimiento, para que se estienda hasta la mas mínima cosa que pertenezca al pecado. Así Magdalena al convertirse perdió de tal modo el afecto á la culpa, y á los placeres que habia buscado, que jamas volvió á pensar en ellos ; y David protestaba que aborrecia no solamente el pecado, sino tambien todos sus caminos y sendas14: y ve aquí en lo que consiste la renovacion del alma que compara á la del águila el mismo Profeta15.

Para llegar á este conocimiento y contricion, es necesario que te ejercites cuidadosamente en las siguientes meditaciones, que si las tienes bien, desarraigarán de tu corazon (mediante la divina gracia) el pecado y sus principales afectos, que es el fin para que espresamente las he formado. Te servirás de ellas por su orden segun van señaladas no tomando mas que una para cada dia, la cual meditarás si es posible por la mañana, por ser el tiempo mas propio para todas las operaciones intelectuales, y la rumiarás todo el resto del dia: y si acaso no estuvieres aun hecha á meditar, mira lo que se dirá en la segunda parte.

Capitulo IX
Meditacion I. – De la creacion

Preparacion

1. Ponte en la presencia de Dios.

2. Ruégale que te inspire.

Consideraciones

1. Considera que no ha mas de tantos años que tú no estabas en el mundo, y que tu ser era una verdadera nada. ¿Dónde estábamos, alma mia, en aquel tiempo? El mundo habia durado ya tantos años, y aun no habia noticia de nosotros.

2. Dios te ha sacado de la nada para darte el ser que tienes sin tener necesidad de ti, sino por sola su bondad.

3. Considera el ser que Dios te ha dado, que es el primero del mundo visible, capaz de vivir eternamente, y de unirse perfectamente á su Divina Magestad.

Afectos y Resoluciones

1. Humillate profundamente en la presencia de Dios diciéndole de corazon con el Salmista: Señor, yo soy delante de vos como una verdadera nada: ¿Cómo os acordáis de mí para criarne? ¡ Ay, alma mia! Estabas abismada en esta antigua nada, y lo estarias tambien ahora, si Dios no te hubiera sacado de ella: ¿Y qué harias tú en esa nada?

2. Da gracias á Dios. ¡O sumo y bien Criador mio! ¡cuán grande es mi deuda para con vos que me fuisteis á buscar en mi nada para hacerme por vuestra misericordia lo que soy! ¡Qué podré yo hacer jamas que sea correspondiente para bendecir vuestro santo nombre y daros gracias de vuestra bondad inmensa!

3. Confúndete. Mas ¡ay de mí! Criador mio, en vez de unirme con voz amándoos y sirviéndoos, me he rebelado con mis desreglados afectos, separándome y alejándome de vos para abrazar el pecado, sin tener mas cuenta con dar honra á vuestra bondad, que si no fuerais mi Criador.

4. Póstrate en el divino acatamiento. Conoce, alma mia, que el Señor es tu Dios: él es quien te ha hecho, que tú no has podido hacerte á ti misma. ¡O Dios mio! yo soy obra de vuestras manos. Ya de aquí adelante no me he de complacer mas en mi misma, pues de mi propio caudal soy nada. ¿De qué te glorias polvo y ceniza? ó por mejor decir, ¿nada, de que te exaltas? Para humillarme quiero hacer tal y tal cosa, sufrir tales y tales menosprecios: quiero mudar de vida, y seguir desde hoy á mi Criador, honrándome con la condicion del ser que me ha dado, empleándole todo enteramente en cumplir su voluntad por los medios que me sean enseñados, los cuales aprenderé de mi padre espiritual.

Conclusión

1. Da gracias á Dios. Bendice, alma mia, á tu Dios, y todas mis entrañas alaben su santo nombre, porque su bondad me ha sacado de la nada, y su misericordia me ha criado.

2. Ofrece. ¡O Dios mio! yo os ofrezco con todo mi corazon el ser que me habeis dado, yo os le consagro y dedico.

3. Ruega. Confirmadme, Dios mio, en estos afectos, y resoluciones. Y vos, Virgen santa, encomendadlas á la misericordia de vuestro Hijo, con todos aquellos por quienes estoy obligada á orar. Pater noster, Ave María.

Al salir de la oracion, paseándote un poco, formarás un ramilletito de devocion de las consideraciones que hayas tenido para estarle oliendo todo el dia.

Capitulo X
Meditacion II. – Del fin para que hemos sido criados.

Preparacion

1. Ponte en la presencia de Dios.

2. Ruégale que te inspire.

Consideraciones

1. No te ha puesto Dios en este mundo, porque tenga necesidad alguna de ti, pues eres para su Magestad totalmente inutil. Te ha criado solo para ejercitar en ti su bondad dándote su gracia y su gloria. A este fin te ha dado el entendimiento para que le conozcas, la memoria para que te acuerdes de él, la voluntad para que le ames, la imaginacion para que tengas presentes sus beneficios, los ojos para que veas las maravillas de sus obras, la lengua para que le alabes, y así de todas las demas facultades.

2. Puesto que has sido criada y colocada en el mundo con este fin, debes echar de ti, y evitar todas las acciones contrarias á él: y las que á él no conducen menospreciarlas como vanas y superfluas.

3. Considera la infelicidad del mundo, que no piensa jamas en esto, antes vive como si creyera haber sido criado para edificar casas, plantar árboles, juntar riquezas, y emplearse en niñerías.

Afectos y Resoluciones

1. Confúndete, echando en cara á tu alma su miseria que ha sido tan grande hasta ahora que poco ó nada ha pensado en todo esto. ¡Ay de mí! Dirás, ¿en qué pensaba yo, Dios mio, cuando no pensaba en vos? ¿de qué me acordaba cuando me olvidaba de vos? ¿qué amaba cuando no os amaba á vos? ¡Ay de mí! debia apacentarme con la verdad y me hartaba de vanidad, y servia al mundo que fue criado para servirme.

2. Detesta la vida pasada. Pensamientos vanos, discursos inútiles, os desecho: memorias abominables y frívolas, os detesto: amistades infieles y desleales, servicios perdidos y miserables, gratificaciones ingratas, complacencias enfadosas, os renuncio.

3. Conviértele á Dios. Y vos, Dios mio, y Salvador mio, vos sereis desde hoy el único objeto de mis pensamientos: jamas emplearé mi entendimiento en cosa alguna que pueda desagradaros: la grandeza de vuestra benignidad, que tan dulcemente habeis ejercitado conmigo, ocupará mi memoria todos los dias de mi vida: vos sereis las delicias de mi corazon, y la suavidad de mis afectos.

De aquí en adelante miraré con horror tales y tales fruslerías y diversiones en que me ocupaba, tales y tales ejercicios vanos en que empleaba los dias, tales y tales adiciones que prendaban mi corazon, y para esto usaré de tales y tales remedios.

Conclusiones

1. Da gracias á Dios que te ha criado para un fin tan escelente. Me habeis criado para vos, Señor, para que goce eternamente de la inmensidad de vuestra gloria. ¿Cuándo seré digna de ella, y cuándo os bendeciré como debo?

2. Ofrece. Yo os ofrezco, amado Criador mio, todos estos afectos y resoluciones con toda mi alma y todo mi corazon.

3. Ruega. Os suplico, Dios mio, que acepteis mis deseos y mis votos, y echeis vuestra santa bendicion á mi alma para que pueda cumplirlos, por los méritos de la preciosa sangre de vuestro Hijo derramada en la cruz.

Haz el ramillete de devocion.

Capítulo XI

Meditación III – De los beneficios de Dios.

Preparación

1. Ponte en la presencia de Dios.

2. Ruégale que te inspire.

Consideraciones

1. Considera los dones corporales que Dios te ha dado. ¡Qué cuerpo! ¡qué comodidades para mantenerle! ¡qué salud! ¡cuántos consuelos lícitos! ¡qué amigos! ¡qué asistencias! Pero considéralo en contraposicion de tantos, que siendo mucho mejores que tú, carecen de estos beneficios: unos son imperfectos de cuerpo, faltos de salud, ó de algun miembro: otros se hallan expuestos á toda suerte de oprobios, desprecios y deshonras: otros consumidos de pobreza: y Dios no ha querido que padezcas tú tantas miserias.

2. Considera los dones del espíritu. ¡Cuántos fatuos, furiosos, é insensatos hay en el mundo! ¿pues por qué no eres tú uno de ellos? Porque Dios te ha hecho ese favor. ¿Cuántos se han criado rústicamente y en una total ignorancia, y la providencia divina ha dispuesto que te hayan criado á ti civil y honradamente.

3. Considera, Filotea, las gracias espirituales. Eres hija de la Iglesia, y Dios te ha enseñado á conocerle desde tu tierna infancia. ¿Cuántas veces te ha dado sus Sacramentos? ¿cuántas sus inspiraciones, luces interiores y reprensiones para tu enmienda? ¿cuántas te ha perdonado tus faltas? ¿cuántas te ha librado de las ocasiones de perderte, a que te hallabas espuesta? Y ¿qué eran los años pasados, sino lugar y comodidad que te daba para adelantar en el bien de tu alma? Examina por menor cuan dulce y propicio ha sido Dios contigo.

Afectos y Resoluciones

1. Admira la bondad de Dios. ¡O cuán bueno es Dios para conmigo! ¡ó cuán bueno es! Vuestro corazon, Señor, es rico en misericordia, y liberal en benignidad. Cantemos eternamente, alma mia, las misericordias que nos ha hecho.

2. Pásmate de tu ingratitud. ¿Mas quién soy yo, Señor, para que os hayais acordado de mí? ¡ó cuán grande es mi indignidad! ¡ay de mi! He pisado vuestros beneficios, he deshonrado vuestras gracias, usando de ellas con descuido y menosprecio de vuestra soberana bondad: he contrapuesto el abismo de mi ingratitud al abismo de vuestras gracias y favores.

3. Escítate á reconocimiento. Ea pues, corazon mio, no quieras de hoy mas ser infiel, ingrato y desleal á tan grande bienhechor. ¿Cómo era posible que mi alma no quedase desde hoy sujeta á Dios, que ha obrado tantas maravillas y gracias en mí y por mí?

4. Aparte pues, Filotea, tu cuerpo de tales y tales placeres; sujétale al servicio de Dios, que tanto ha hecho por él: aplica tu alma á conocer mas y mas á su Dios por medio de tales y tales ejercicios, que para esto se requieren: emplea cuidadosamente los medios que tienes en la Iglesia para salvarte, y para amar á Dios. Así será: frecuentaré la oracion y los santos Sacramentos, oiré la palabra de Dios, y pondré en práctica las inspiraciones y consejos.

Conclusiones

1. Da gracias á Dios por el conocimiento que ahora te ha dado lo que le debes, y de todos los beneficios hasta aquí recibidos.

2. Ofrécele tu corazon con todas las resoluciones, que has hecho.

3. Pídele que te dé fuerzas para practicarlas fielmente, por los méritos de la muerte de su Hijo: implora la intercesion de la Virgen y los Santos, Pater noster, Ave María.

Haz el ramillete espiritual.

Capítulo XII
Meditación IV. De los pecados

Preparación

1. Ponte en la presencia de Dios.

2. Ruégale que te inspire.

Consideraciones

1. Piensa cuanto tiempo ha que empezaste á pecar, y mira desde aquel primer instante cuanto se han multiplicado los pecados en tu corazon: como los has acrecentado todos los dias contra Dios, contra ti misma, y contra el prójimo, por obra, por palabra, y por deseo y pensamiento.

2. Considera tus malas inclinaciones, y cuantas veces te has dejado llevar de ellas, y por estos dos puntos conocerás que tus culpas son mas que los cabellos de la cabeza, y las arenas del mar.

3. Considera aparte el pecado de ingratitud á Dios, que s un pecado general que se estiende por todos los demas, y los hace infinitamente mas enormes. Mira pues cuantos beneficios te ha hecho Dios, y como de todos ellos has abusado contra el dador; pero singularmente piensa cuantas inspiraciones has despreciado, y cuantos buenos movimientos has inutilizado, y sobre todo cual ha sido el fruto de los santos Sacramentos que tantas veces has recibido. ¿Dónde están aquellos preciosos joyeles con que te habia adornado tu Esposo? ¿Con qué preparacion has llegado á recibirlos? Repara bien esta ingratitud, que habiendo Dios corrido tras de ti para salvarte, tú has huido siempre de él para perderte.

Afectos y Resoluciones

1. Confúndete de tu miseria. ¿Cómo me atrevo Dios mio, á comparecer en vuestra presencia? ¡Ay de mí que soy una apostema del mundo, y una piscina de ingratitud y de iniquidad! ¿Es posible que á tanto ha de haber llegado mi deslealtad que ni un sentido del cuerpo, ni una potencia del alma haya dejado, sin pervertirla, violarla y contaminarla, y que no haya dejado pasar un dia siquiera de mi vida en que no haya producido tan abominables efectos? ¿Es esta la debida paga de los beneficios de mi Criados y de la sangre de mi Redentor?

2. Pide perdon, y arrojáte á los pies del Señor, como el hijo pródigo, como la Magdalena, ó como una muger que ha manchado el lecho conyugal con toda suerte de adulterios. Señor, habed misericordia de esta pecadora. ¡Ay de mí! Fuente viva de clemencia, habed piedad de esta miserable.

3. Propon mejorar tu vida. No mas ya, con vuestra gracia, Señor, no mas ya, no mas abandonarme al pecado, ¡Ay de mí! Harto le he amado hasta ahora, ya le detesto, y os abrazo á vos, Padre de misericordia, pues en vos quiero vivir y morir.

4. Para borrar los pecados pasados me acusaré de ellos con valor, y no dejaré ni uno que no confiese.

5. Haré de todo cuanto pueda para desarraigarlos enteramente de mi corazon, en particular estos y aquellos que mas me molestan.

6. Para hacerlo así abrazaré constantemente los medios que me aconsejen, no pareciéndome jamas que ya he hecho bastante para reparar tan grandes faltas.

Conclusión

Da gracias á Dios que te ha esperado hasta ahora, y te ha dado estos buenos afectos.

Ofrécele tu corazon para ponerlos en práctica.

Pídele que te dé fuerzas etc.

Capítulo XIII
Meditación V. – De la muerte

Preparación

1. Ponte en la presencia de Dios.

2. Pídele su gracia.

3. Imagina que estás enfermo, á los últimos, con la agonía de la muerte, sin esperanza alguna de vida.

Consideraciones

1. Considera cuan cierto es el dia de tu muerte. Algun dia saldrás de este cuerpo, alma mia, ¿pero cuándo? ¿Será en invierno ó en verano? ¿en la ciudad ó en la aldea? ¿de dia ó de noche? ¿será de repente ó dando tiempo? ¿de enfermedad ó de accidente? ¿tendrás lugar de confesarte ó no? ¿te asistirá tu confesor y padre espiritual? ¡Ay! que nada de esto sabemos; solo es cierto que hemos de morir, y que será mas pronto de lo que pensamos.

2. Considera que entonces por lo que á ti te toca se acabará el mundo, pues para ti ya no le habrá mas: trastornará de arriba abajo delante de tus ojos porque entonces los placeres, las vanidades, las alegrias mundanas y las aficiones vanas nos parecerán fantasmas y nublados. ¡Ah desventurada! ¡por qué bagatelas y quimeras he ofendido á mi Dios! Verás entonces que hemos dejado á Dios por una nada. Mas por el contrario la devocion y las buenas obras te parecerán entonces apetecibles y dulces. ¿Por qué no he seguido yo este camino tan hermoso y agradable? Entonces los pecados que parecian pequeñísimos, parecerán tan grandes como los montes, y tu devocion parecerá pequeña.

3. Considera las tristes y dolorosas espreciones con que se despedirá tu alma de este mundo inferior. Despediráse de las riquezas, de las vanidades y vanas compañías, de los placeres, de los pasatiempos, de los amigos y vecinos, de los padres, de los hijos, del marido, de la muger, en una palabra, de todas las criaturas, y finalmente de su mismo cuerpo, que dejará pálido, demudado, deshecho, deshecho, horroroso y pestilente.

4. Considera la prisa que se darán para echar de allí tu cuerpo, y sepultarle en la tierra: y que hecho esto el mundo no volverá á pensar en ti, ni se acordará de ti, así como tú no has pensado en los otros. Dios le tenga en descanso, dirán, y á esto se reducirá todo. ¡O muerte! que poco se piensa en ti, y qué rigurosa eres.

5. Considera que al salir el alma del cuerpo toma su camino á la derecha ó á la izquierda. ¡Ay! ¿adónde irá la tuya? ¿qué camino seguirá? El mismo que haya empezado en este mundo.

Afectos y Resoluciones

1. Ruega á Dios y arrójate en sus brazos. Señor, recibidme bajo vuestro amparo en aquel dia espantoso. Haced que sea para mí feliz y favorable aquella hora, y mas que sean tristes y de afliccion de todas las demas de mi vida.

2. Desprecia al mundo. Ya que no sé la hora en que tengo que dejar, ó mundo, no quiero tenerte apego. Amigos queridos, amados deudos, tened á bien que os estime solo con una amistad santa, que pueda durar eternamente; porque ¿para qué he de hacer con vosotros enlaces, que por fuerza he de abandonar y romper?

3. Quiero prepararme para esta hora, y tomar las medidas necesarias para dar este paso felizmente, quiero asegurar con todas las diligencias posibles el estado de mi conciencia, y quiero remediar tales y tales defectos.

Conclusiones

Da gracias á Dios de las resoluciones que te ha dado: ofrécelas á su Magestad: suplícale otra vez que te dé una buena muerte por los méritos de la muerte de su Hijo: implora la asistencia de la Virgen y los Santos. Pater noster.

Forma un hacecito de mirra.

Capítulo XIV
Meditación VI. – Del juicio.

Preparación

1. Ponte en la presencia de Dios.

2. Suplícale que te inspire.

Consideraciones

1. Pasado el tiempo que Dios tiene señalado para la duracion de este mundo, y despues de muchas señales y presagios horribles, que harán á los hombres secarse de espanto y de temor, el fuego que vendrá como un diluvio abrasará y reducirá á cenizas toda la faz de la tierra, sin perdonar cosa alguna de cuantas miramos en ella.

2. Despues de este diluvio de llamas y de rayos resucitarán todos los hombres de la tierra (á escepcion de los que hayan resucitado ya), y á la voz del arcángel comparecerán todos en el valle de Josafát; pero ¡con cuánta diferencia! porque unos estarán allí con sus cuerpos gloriosos y resplandecientes, y otros con cuerpos feos y espantosos.

3. Considera la magestad con que aparecerá el soberano juez rodeado de todos los ángeles y santos, llevando delante de sí su cruz mas resplandeciente que el sol, como estandarte de gracia para los buenos, y de rigor para los malos.

4. En fuerza del decreto de este soberano juez, que se ejecutará al instante, serán separados los buenos de los malos, poniendo los unos á su derecha y los otros á su izquierda: separación eterna, despues de la cual jamas podrán volverse á juntar estas dos alas.

5. Hecha esta separacion, se abrirán los libros de las conciencias, y se verá claramente la malicia de los malos, y el desprecio que hicieron de Dios; y por otra parte la penitencia de los buenos, y los efectos de la divina gracia que recibieron. Nada quedará oculto. ¡O Dios, qué confusion para los unos, y qué consuelo para los otros!

6. Considera la sentencia final de los malos: Id, malditos, al fuego eterno que está preparado para el demonio y sus compañeros. Pondera bien estas palabras de tanto peso. Id, les dice: palabra que denota el abandono perpetuo de Dios con que arroja para siempre de su vista á estos infelices. Los llama malditos: ¡ó alma mia, qué maldicion! maldicion general que comprende á todos los males, maldicion irrevocable que se entiende á todos los tiempos y á la eternidad. Al fuego eterno, añade: mira, corazon mio, esta grande eternidad: ¡ó eterna eternidad de penas cuán digna eres de ser temida!

7. Considera por el contrario la sentencia de los buenos. Venid, dice el juez: esta es la palabra agradable y de salud con que Dios nos trae á sí, y nos recibe en el seno de su bondad. Benditos de mi Padre: ¡ó amable bendicion que comprende todas las bendiciones! Poseed el reino que os está preparado desde la constitucion del mundo: ¡ó Dios qué gracia tan grande! porque jamas ha de tener fin este reino.

Afectos y Resoluciones.

1. Tiembla, alma mia, con esta memoria. ¡O Dios, quién podrá darme seguridad en aquel dia en que las columnas del cielo temblarán de espanto!

2. Detesta tus pecados, pues solo ellos pueden perderte en este dia horroroso. Yo quiero juzgarme á mi misma ahora para no ser juzgada, quiero examinar mi conciencia, condenarme, acusarme y corregirme yo, para que el juez no me condene en aquel dia terrible. Me confesaré y aceptaré los oportunos consejos que me dieren, etc.

Conclusión

1. Da gracias á Dios que te ha concedido medios de alcanzar seguridad para aquel dia, y te ha dado tiempo de penitencia.

2. Ofrécele tu corazon para hacerla.

3. Suplícale que te conceda la gracia de hacerle bien. Pater. Ave.

Haz un ramillete.

Capítulo XV
Meditación VII. – Del infierno

Preparación

1. Ponte en la presencia de Dios.

2. Humillate y pídele su asistencia.

3. Figúrate una ciudad tenebrosa ardiendo en llamas de azufre y pez pestilencial, y llena de ciudadanos que nunca pueden salir de ella.

Consideraciones

1. Los condenados están en el abismo infernal como dentro de una ciudad malaventuraza, en la cual sufren indecibles tormentos en todos los sentidos y miembros; porque como emplearon en el pecado todos sus miembros y sentidos, sufrirán en todos ellos las penas correspondientes al pecado. Los ojos por sus licenciosas é ilícitas miradas sufrirán la horrible vision de los demonios y del infierno: los oidos por haberse deleitado con discursos malos jamas oirán otra cosa mas que llantos, lamentos y desesperaciones: y así de los demas.

2. Ademas de todos estos tormentos hay otro todavía mayor, que es la privacion y pérdida de la gloria de Dios, de la cual los condenados están escluidos para siempre

Si Absalon juzgó que el estar privado de ver el amable rostro de su padre David era mas penoso que su destierro, ¿cuál será, Dios mio, la pena de estar para siempre privado de ver vuestro dulce y suave rostro?

3. Sobre todo considera la eternidad de las penas, pues ella sola basta para hacer el infierno insoportable. Si la picadura de una pulga en una oreia, ó el ardor de una ligera calentura es suficiente para que juzguemos largísimo é insufrible el corto espacio de una noche, ¿qué espantosa será la noche de la eternidad con tantos tormentos? De esta eternidad nace la desesperacion eterna, y las rabias y blasfemias infinitas.

Afectos y Resoluciones

Atemoriza tu alma con las palabras de Isaías16: ¡O alma mia! ¿podrás vivir eternamente con estos ardores perdurables, y en medio de este fuego devorador? ¿Quieres abandonar para siempre á tu Dios?

Confiesa que has merecido el infierno y muchas veces. Ya desde hoy tomaré el camino contrario: ¿por qué me he de sepultar en este abismo?

Haré tales y tales esfuerzos para evitar el pecado, que es quien solamente puede darme la muerte eterna.

Da gracias, ofrece y suplica.

Capítulo XVI
Meditación VIII. – De la gloria

Preparación

1. Ponte en la presencia de Dios.

2. Invócate.

Consideraciones

1. Considera qué gusto da en una noche muy serena y hermosa ver el cielo con tanta multitud y variedad de estrellas: imagina unida esta belleza con la de un hermoso dia, de manera que la luz del sol no estorbe la vista clara de las estrellas y de la luna: y despues asegura, sin reparo, que toda esta hermosura junta es nada en comparacion del cielo empíreo. ¡O qué lugar tan apetecible y amable! ¡ó qué ciudad tan preciosa!

2. Considera la nobleza, hermosura y muchedumbre de los ciudadanos y habitadores de este lugar dichoso: aquellos millones de millones de Angeles, Querubines y Serafines: aquel ejército de Apóstoles, Mártires, Confesores, Vírgenes y Matronas Santas, que no tienen número. ¡Qué dichosa compañía! El menor de estos escede á todo el mundo en belleza, pues ¿qué será verlos todos juntos? ¡Qué felicidad la suya, Dios mio, de estar cantando sin intermision el dulce cántico del amor eterno! Gozan siempre de una constante alegría, se comunican unos á otros indecibles contentos, y viven gozando de una feliz é indisoluble sociedad.

3. Considera finalmente el bien que logran todos en gozar de Dios, que con su amabilísimo aspecto eternamente nos regala, y derrama en sus corazones un abismo de delicias. ¡Qué dicha estar siempre unidos á su primer principio! Son los bienaventurados en el cielo como unos felices pajarillos que revolotean y cantan sin cesar en el aire puro de la divinidad, que por todas partes los rodea con increibles placeres. Allí cada uno á cual mejor, pero sin envidia, canta las alabanzas del Criador diciendo: Bendito seais para siempre, dulce Criador y Salvador, que tan bueno sois para nosotros, y tan liberalmente nos comunicais vuestra gloria. Dios recíprocamente bendice con una bendicion perpetua á todos sus Santos: Benditas seais vosotras para siempre, dice, amadas criaturas mias, que me habeis servido, y que me alabareis eternamente con tanto amor y afecto.

Afectos y Resoluciones

1. Admira y alaba esta patria celestial. ¡O cuán hermosa eres, amada Jerusalen mia, y qué bien aventurados tus habitadores!

2. Echa en cara á tu corazon su poco ánimo que le ha hecho hasta ahora apartarse tanto del camino de esta gloriosa morada. ¿Por qué causa me he alejado tanto de mi felicidad suma? ¡Ah necio! Mil veces he dejado estas eternas é infinitas delicias por placeres insulsos y livianos. Pues ¿dónde estaba mi entendimiento cuando por tan vanos y despreciables deseos menospreciaba unos bienes tan dignos de ser apetecidos?

3. Aspira, sin embargo de eso, animosamente á esta mansión de delicias. Pues os habeis dignado, soberano piadoso Señor, enderezar mis pasos por vuestros caminos, ya nunca me he de volver atrás. Vamos, alma mia, vamos á aquel descanso infinito, caminemos hácia aquella tierra de bendicion, que nos está prometida. ¿Qué hacemos en este Egipto? Me desembarazaré, pues, de tales y tales cosas, que me estravian ó retardan en este camino. Practicaré tales y tales que pueden conducirme allá.

Da gracias, ofrece, suplica.

Capítulo XVII
Meditación IX. – A manera de eleccion del paraiso

Preparación

Ponte en la presencia de Dios.

Humillate delante de él pidiéndole que te inspire.

Consideraciones

1. Imagina que estás en un campo raso sola con tu Angel de guarda, como estaba el joven Tobias cuando iba á Rages, y que el Angel te muestra en lo alto el cielo abierto con todos los placeres representados en la meditacion de la gloria, que ya has considerado. Despues á la parte de abajo te manifiesta el infierno abierto con todos los tormentos descritos en la meditacion del infierno. Situada de este modo con la imaginacion, y arrodillada delante del Angel de la guarda.

2. Considera que es certísimo que estás en medio del cielo y del infierno, y que uno y otro están abiertos para recibirte, conforme la eleccion que hicieres.

3. Considera que la eleccion de uno ú otro que se hace en este mundo, ha de durar en el otro eternamente.

4. Asimismo has de considerar que aunque uno y otro están abiertos para recibirte, segun tú eligieres, y Dios está pronto á darte, ó ya el uno por justicia, ó ya el otro por misericordia, sin embargo desea con imponderable deseo que escojas el cielo, y á este fin tu santo Angel te insta cuanto puede, ofreciéndole de parte de Dios gran copia de gracia y de auxilios para ayudarte á subir á él.

5. Desde lo alto del cielo te mira Jesucristo lleno de benignidad, y te convida dulcemente diciendo: Ven, alma muy amada, á descansar eternamente entre los brazos de mi bondad, que te tiene preparadas inmortales delicias en la abundancia de su amor. Mira con los ojos del espíritu á la santísima Virgen que te convida como madre, y te dice: Animo, hija mia, no desprecies los deseos de mi Hijo, ni tantos suspiros como doy por ti, aspirando juntamente con él á tu salvacion eterna. Mira á los Santos que te exhortan, y aquella multitud de almas santas que con gran dulzura te convidan, deseando ver algun dia tu corazon unido con los suyos para alabar á Dios eternamente, y te aseguran que el camino del cielo no es tan difícil como le pinta el mundo. Ten valor le dicen, carísima amiga, porque si consideras bien el camino de la devocion por donde hemos subido, verás que hemos llegado á estas delicias por otras delicias incomparablemente mas suaves que las del mundo.

Elección

1. ¡O infierno! Desde ahora te detesto para siempre, detesto tus tormentos y tus penas, detesto tu infeliz y malaventuraza eternidad, y sobre todo abomino las eternas blasfemias y maldiciones que eternamente vomitas contra mi Dios. Y volviendo mi corazon, y mi alma hácia ti, paraiso hermoso, gloria eterna, felicidad perdurable, elijo para siempre é irrevocablemente para mi domicilio y morada tus hermosas y sagradas mansiones y tus santos y deseables tabernáculos. Bendigo, Dios mio, acepto vuestro amor eterno y admito el lugar y habitacion que para mí habeis ganado en esta dichosa Jerusalen, y lo principal porque le quiero es por amaros y bendeciros eternamente.

2. Acepta los favores que la santísima Virgen y los Santos te ofrecen, y dales palabra de seguirlos. Estiende la mano á tu santo Angel para que te lleve allá, y alienta á tu alma para que haga esta eleccion.

Capítulo XVIII
Meditación X. – A manera de eleccion que hace el alma de la vida devota.

Preparación

1. Ponte en la presencia de Dios.

2. Humíllate ante su rostro, y pídele su auxilio.

Consideraciones

1. Imagínate otra vez en un campo raso sola con tu Angel de guarda, y que á la izquierda ves al demonio sentado sobre un grande y elevado trono acompañado de una gran tropa de mundanos que con la cabeza descubierta, le reconocen todos por su señor, y le rinden homenage, unos por un pecado, y otros por otro: mira el aspecto de todos los infelices cortesanos de este abominable rey: repara como los unos están furiosos con el odio, la envidia y la cólera, aquellos se dan la muerte unos á otros, estos andan demudados, pensativos y ansiosos por juntar riquezas, otros entregados á la vanidad sin gozar placer alguno que no sea inútil y vano, otros envilecidos. Encenagados y corrompidos en sus brutales apetitos: mira como están todos sin descanso, sin orden y sin compostura: advierte como se desprecian unos á otros, y su cariño no es mas que falsas apariencias: en fin verás una calamitosa república tan tiranizada por aquel rey maldito, que te causará compasion.

2. Mira á la mano derecha á Jesucristo crucificado orando con entrañable amor por estos miserables esclavos de Satanás para que salgan de su tiranía y llamándolos á sí: y al rededor de Jesucristo verás muchas almas devotas acompañadas de sus Angeles. Contempla la hermosura de este reino de devocion. ¡Qué gusto da ver una tropa de Vírgenes, hombres y mugeres mas blanco que la azucena, otra de viudas adornadas de sagrada mortificacion y humildad, y un numeroso coro de gentes casadas, que viven dulcemente unidas con el respeto mutuo, el cual no puede subsistir sin grande caridad! Mira como estas almas devotas saben hermanar el cuidado de la casa esterior con el de la interior, el amor del marido con el del celestial Esposo: repara en todos, y á todos verás con aspecto santo, dulce y amoroso, escuchando á nuestro Señor, y deseando colocarle en medio de sus corazones.

Regocíjanse, mas con alegría suave, caritativa y bien ordenada: ámanse unos á otros pero con amor santo y purísimo: en este pueblo devoto los que padecen aflicciones, no se dejan llevar del sentimiento, ni pierden la serenidad: en una palabra, mira como la vista del Salvador consuela á todos, y todos juntos suspiran por él.

3. Tú has dejado ya á Satanás con su triste y malaventurado séquito, por medio de los buenos deseos que has concebido; pero sin embargo no has llegado todavía al rey Jesus, ni te has unido á su feliz y santa compañía de devotos: y así has estado siempre entre el uno y el otro.

4. La Virgen santísima, san José, san Luis, santa Mónica, y otros muchos que están en el escuadron de los que vivieron en medio del mundo, te convidan y animan.

5. El Rey crucificado te llama por tu nombre propio, y te dice: Ven, querida mia, ven para que yo te corone.

Elección

1. ¡O mundo! ¡o ejército abominable! no me has de ver jamas siguiendo tus banderas, ya para siempre he dejado tus locuras y vanidades. Rey orgulloso de miserias, espíritu infernal, para siempre te renuncio á ti y á todas tus pompas vanas: para siempre te detesto á ti y á todas tus obras.

2. Y volviéndome á vos, dulcísimo Jesus mio, Rey de felicidad y de gloria eterna, yo os abrazo con todas las fuerzas de mi alma, yo os adoro con todo mi corazon, yo os escojo desde ahora para siempre por mi Rey, y con inviolable fidelidad os hago irrevocable homanage, sometiéndome á guardar vuestras santas leyes y preceptos.

Virgen santísima, amada Señora mia, yo os elijo por mi caudillo, y siento plaza en vuestras banderas, ofreciéndoos particular respeto y especial reverencia.

Angel santo de mi guarda, preséntame en esa sagrada congregacion, y no me abandones hasta que llegue al término con tan dichosa compañía, con la cual digo, y diré siempre en testimonio de mi eleccion. Viva Jesus, viva Jesus.

Capítulo XIX
Como se ha de hacer la confesion general

Estas son, amada Filotea, las meditaciones que se requieren para nuestro intento. Despues que te hayas ejercitado en ellas, has de ir con resolucion y con espíritu de humildad á hacer una confesion general: y te encargo que no te turbes con aprension alguna. Venenoso es el escorpion cuando pica, pero el aceite que de él se saca es eficaz medicamento contra su misma picadura: así el pecado es vergonzoso cuando le cometemos, pero convertido en confesion y penitencia es honroso y saludable; porque la confesion y contricion tienen tal hermosura y fragancia, que borran la fealdad, y disipan el hedor del pecado. Cuando Simon leproso decia que Magdalena era pecadora, nuestro Señor decia que no, y solo hablaba de los perfumes que vertia, y de la grandeza de su caridad. Filotea, si somos de veras humildes, nos desagradará infinito nuestro pecado, porque es ofensa de Dios; pero la confesion de este mismo pecado nos será dulce y agradable, porque da honra á su divina Magestad: y ciertamente sirve de consuelo decir con claridad al médico el mal que atormenta.

Cuando llegues á la presencia de tu padre espiritual imagina que estás en el monte Calvario á los pies de Jesucristo crucificado, cuya sangre preciosa destila por todas partes para lavarte de tus iniquidades; porque ya que no sea ella misma, el mérito de esta sangre derramada baña con abundancia á los penitentes en el confesionario. Abre, pues, del todo tu corazon para que por medio de la confesion salgan los pecados, pues á medida que ellos salieren, entrarán los preciosos méritos de la sagrada pasion para llenarle de bendiciones.

Dirás con sencillez y claridad todo aquello que te cause la conciencia, para dejarla de una vez descargada y satisfecha, confesándote con franqueza y sin rodeos, y hecho esto, escucha las advertencias y mandatos del ministerio de Dios, diciendo en tu corazon: Hablad, Señor, que vuestra sierva oye17. Sí, Filotea, Dios es á quien escuchas, pues este Señor dice á sus Vicarios: El que á vosotros oye, á mi me oye18. Despues has de hacer como por conclusion de tu arrepentimiento la protestacion siguiente, que conviene hayas meditado y considerado de antemano, leyéndola con la mayor atencion y afecto que pudieres.

Capítulo XX
Protestacion auténtica con que se graba en el alma la resolucion de servir á Dios, y se concluyen los actos de penitencia

Yo la infrascrita puesta y constituida en la presencia de Dios eterno y de toda la corte celestial, habiendo considerado la inmensa misericordia de su divina bondad para conmigo indigna y despreciable criatura, á quien ha criado de la nada, conservado, mantenido, librado de tantos peligros, y colmado de tantos beneficios; pero sobre todo, habiendo considerado la incomprensible dulzura y clemencia con que este Dios de bondad, estando yo viviendo entre inquietudes, me ha sufrido benignamente, me ha llamado y animado á la enmienda tantas veces con indecible amor, y con tanta paciencia me ha esperado á penitencia y arrepentimiento hasta este año, que es el N. de mi edad, por mas que con ingratitudes, dilaciones é infidelidades le he ofendido tan descaradamente, dilatando la conversion, y despreciando sus gracias: despues de haber considerado tambien que el dia que recibí el santo Bautismo, fui consagrada y dedicada dichosa y santamente á mi Dios para ser hija suya, y que contra esta profesion que se hizo entonces en mi nombre, he profanado y violado infeliz y detestablemente mi alma tantas veces, aplicándola y empleándola contra la Divina Magestad: volviendo ya en mí, postrada de corazon y de espíritu ante el trono de la divina justicia, me reconozco, protesto y confieso legítimamente acusada y convencida del crimen de lesa Magestad Divina, y rea de la muerte y pasion de Jesucristo en fuerza de los pecados que he cometido, por los cuales murió el Señor y sufrió el tormento de la Cruz: así que por tanto soy merecedora de ser para siempre perdida y condenada.

Pero volviéndome al trono de la infinita misericordia de este mismo Dios eterno, despues de haber detestado de todo corazon y con todas mis fuerzas las iniquidades de mi vida pasada, pido é imploro humildemente gracia, perdon y merced con absolucion entera de mi delito, en virtud de la muerte y pasion de este mismo Señor y Redentor de mi alma: apoyada en la cual como en el único fundamento de mi esperanza confieso otra vez, y renuevo la sagrada profesion de fidelidad hecha por mi á Dios en el Bautismo, renunciando al demonio, al mundo y á la carne, detestando sus depravadas sugestiones, vanidades y concupiscencias por todo el tiempo de mi vida presente y por toda la eternidad: y volviéndome á mi benignísimo y piadosísimo Dios, deseo, propongo, determino y resuelvo irrevocablemente servirle y amarle eternamente, dándole, dedicándole y consagrándole á este fin mi entendimiento con todas sus facultades, mi alma con todas sus potencias, mi corazon con todos sus afectos, mi cuerpo con todos sus sentidos, protestando para siempre no abusar mas de parte alguna de mi ser contra su divina voluntad y Magestad soberana, á la cual en espíritu me ofrezco en sacrificio y víctima para ser siempre su leal, obediente y fiel criatura, sin querer jamas retratarme ó arrepentirme. Pero si acaso ¡ay de mi ¡ por sugestion del enemigo ó por alguna flaqueza humana acaeciese contravenir en algo á esta mi resolucion y consagracion, protesto y propongo desde ahora con la gracia del Espíritu Santo levantarme al instante que lo conozca, convirtiéndome otra vez á la misericordia divina sin tardanza ni dilacion alguna.

Esta es mi voluntad, mi intencion y mi resolucion inviolable é irrevocable, la cual confieso y confirmo sin reserva ni escepcion en la misma presencia sagrada de mi Dios, á vista de la Iglesia triunfante, á la faz de la Iglesia militante mi madre, que oye esta mi declaracion en persona del que como ministro suyo me escuchaba en este acto. ¡Plugueos, Dios mio, eterno, omnipotente y bueno, Padre, Hijo y Espíritu Santo confirmar en mí resolucion, y aceptar este mi sacrificio cordial é interior en olor de suavidad! Y pues habeis querido darme la inspiracion y voluntad de hacerle, dadme tambien la fuerza y gracia necesaria para perfeccionarle. ¡O Dios mio! vos sois mi Dios, Dios de mi corazon, Dios de mi alma, Dios de mi espíritu, por tal os reconozco ahora y por todos los siglos de los siglos. Viva Jesus.

Capítulo XXI
Conclusion de esta purificacion primera

Hecha esta protesta, atiende y abre los oidos de tu corazon para oir en espíritu la sentencia de tu absolucion que el mismo Salvador de tu alma, sentado en el trono de su misericordia, pronunciará allá en lo alto de los cielos, en presencia de todos los Angeles y Santos, al mismo tiempo que en su nombre te absuelve el Sacerdote acá en la tierra.

Y entonces, regocijándose de tu dicha los celestiales ejércitos de los bienaventurados, entonarán un cántico espiritual de incomparable alegría, y todos darán el ósculo de paz y de sociedad á tu corazon restituido á la gracia y santificado.

Ve aquí, Filotea, un admirable contrato, en el cual haces con Dios ventajoso ajuste, pues dándote tú á Dios, le ganas, y te ganas á ti misma para la vida eterna. Ya solo resta que, tomando la pluma, firmes de todo corazon el acto de protestacion que has hecho, y que despues te acerques al altar, en donde Dios tambien por su parte firmará y sellará tu absolucion, y la promesa que te hará de la gloria, poniéndose él mismo por medio de la sagrada Eucaristía como un divino sello sobre tu corazon renovado. Con esto, Filotea, creo que tu alma quedará purificada del pecado y de todo afecto á él; pero como por nuestra fragilidad y concupiscencia renacen fácilmente estas aficiones en el alma, que mientras vivimos en la tierra, puede estar mortificada, mas no muerta, voy á darte algunos avisos, que si los practicas bien, te preservarán en adelante del pecado mortal y de toda aficion á él, para que nunca pueda volver á tener lugar en tu corazon. Mas como estos mismos avisos sirven tambien para otra purificacion mas perfecta, quiero antes de dártelos, decir alguna cosa de la pureza mas cumplida, á que deseo conducirte.

Capítulo XXII
Que es necesario purificarse de los afectos que se tienen á los pecados veniales

A medida que va aclarando el dia, vamos descubriendo en el espejo las manchas del rostro, y tambien á medida que ilumina nuestras conciencias la luz interior del Espíritu Santo, vemos mas clara y distintamente los pecados, inclinaciones é imperfecciones, que nos pueden impedir el llegar á la verdadera devocion: y la misma luz con que descubrimos estos defectos é imperfecciones, nos enciende en deseos de limpiarnos y purificarnos de ellas.

Descubrirás, pues, amada Filotea, que, ademas de los pecados mortales y de las aficiones á estos, tienes aun en tu alma muchas inclinaciones y aficiones á los pecados veniales. Advierte que no digo que descubrirás pecados veniales, sino aficiones é inclinaciones á ellos, cosas muy diversas una de otra, porque no podemos jamas estar del todo limpios de pecados veniales, ó á lo menos permanecer largo tiempo con esta pureza, pero podemos muy bien no tenerles aficion alguna. A la verdad hay mucha diferencia de mentir, una vez ó dos en tono de fiesta, y en materia de poca importancia, a tener gusto en mentir, y ser aficionada á esta especie de pecado.

Ahora, pues, digo que es necesario purificar el alma de todas las aficiones que tiene á los pecados veniales, esto es, no mantenerse voluntariamente en ánimo de continuar y permanecer en alguna especie de pecado venial, porque seria ciertamente una falla muy grande querer á sabiendas conservan en nuestra conciencia una cosa tan desagradable á Dios, como es la voluntad de querer desagradarle. Por pequeño que sea el pecado venial, desagrada á Dios, aunque no tanto que por él quiera el Señor condenarnos ó perdernos: pues si desagrada á Dios el pecado venial, la voluntad y afecto á él es manifiesta resolucion de querer desagradar á su Divina Magestad. ¿Y será posible que una alma noble quiera no solamente desagradar á su Dios, sino tener aficion á desagradarle?

Estas aficiones, Filotea, se oponen directamente á la devocion, del mismo modo que el afecto al pecado mortal se opone á la caridad: debilitan las fuerzas del espíritu: estorban las consolaciones divinas: abren la puerta á las tentaciones: y aunque no dan muerte al alma, la dejan sumamente enferma. Las moscas que mueren, dice el Sabio, pierden y corrompen la suavidad del ungüento19, quiere decir, que cuando las moscas no se paran en el ungüento, sino que de paso le comen, no echan á perder mas que aquello que cogen, y lo demas queda en su perfeccion; pero cuando mueren en él, le hace despreciable, y de ningun valor. Del mismo modo los pecados veniales, si no se detienen largo tiempo en una alma devota, no causan gran daño; pero si permanecen en ella, por el afecto que les tiene, le hacen perder sin duda la suavidad del ungüento, esto es, la devocion santa.

Las arañas no matan á las abejas, pero echan a perder y corrompen la miel, y como ocupan con sus telas los panales, no dejan hacer su oficio á las abejas; bien entendido que es cuando hacen allí mansion las arañas. Así el pecado venial, aunque no da muerte a nuestra alma, sin embargo, daña la devocion, y empacha tanto las potencias con malas costumbres é inclinaciones, que ya no puede el alma ejercitar la caridad con prontitud, en lo cual consiste la devocion; pero esto se entiende si el pecado venial permanece de asiento en la conciencia, por el afecto que le tenemos. No es mucho, Filotea, decir alguna mentira leve, faltar un poco á la circunspeccion en las palabras, en acciones, en miradas, en vestidos, en adornos, en juegos, en bailes, con tal que al instante que entran estas arañas espirituales en nuestra conciencia, las rechacemos y ahuyentemos, como hacen las abejas con las arañas. Pero si las dejamos que se paren en nuestros corazones, y no solo esto, sino que nos aficionamos á mantenerlas y multiplicarlas, bien pronto veremos echada á perder nuestra miel, y apestada y deshecha la colmena de nuestra conciencia. Vuelvo á repetir que no cabe en la imaginacion que una alma generosa se complazca en desagradar á su Dios, y se aficione á serle desagradable, y quiera querer lo que sabe que le disgusta.

Capítulo XXIII
Que es necesario purificarse de la aficion á las cosas inútiles y peligrosas.

Los juegos, los bailes, los festines, las pompas, las comedias en su esencia no son cosas malas, sino indiferentes, puesto que pueden ejecutarse bien ó mal; pero sin embargo todas estas cosas son siempre peligrosas, y el aficionarse á ellas es todavía mas peligroso. Digo pues, Filotea, que aunque sea lícito jugar, bailar, componerse, ver comedias honestas y asistir á banquetes, con todo el tener aficion á esto es cosa contraria á la devocion, y sumamente nociva y peligrosa. No está el mal en ejecutar estas cosas, sino en aficionarse á ellas. A la verdad es lástima sembrar en la tierra de nuestro corazon aficiones necias y vanas, que ocupan el lugar que habian de tener las impresiones buenas, y estorban que el juego de nuestra alma se emplee en nutrir las buenas inclinaciones.

Por eso los antiguos Nazarenos se abstenian no solo de todo lo que puede embriagar, sino tambien de las uvas y del agraz: no porque el agraz y las uvas embriaguen, sino porque comiendo el agraz, se esponian á desear comer uvas, y comiendo uvas, á desear beber mosto y vino: del mismo modo, no digo que no se puede usar de las cosas peligrosas, pero digo que no se puede jamas tener aficion á ellas sin que lo padezca la devocion. Los ciervos cuando conocen que han engordado mucho, se esconden y retiran en los bosques, porque no están espeditos para correr en caso de que los persigan: tampoco puede el corazon del hombre, cuando está cargado de aficiones inútiles, supérfluas y peligrosas, correr con prontitud, espedicion y facilidad en seguimiento de su Dios, que es el verdadero término de la devocion. Los niños se aficionan y empeñan en coger mariposas, y nadie lo lleva á mal porque son niños; pero, ¿no es cosa ridícula, ó por mejor decir, lamentable, ver á unos hombres hechos aficionarse acalorarse en seguimiento de bagatelas tan indignas como son las cosas que he nombrado, las cuales, ademas de su inutilidad, nos ponen á peligro de desarreglarnos y desordenarnos en su seguimiento? Por esto, amada Filotea, te digo que es necesario purificarse de estas aficiones, y que aunque los actos no sean siempre contrarios á la devocion, las aficiones le son siempre perniciosas.

Capítulo XXIV
Que es necesario purificarse de las inclinaciones malas

Tenemos demas de lo dicho, Filotea, ciertas inclinaciones naturales, las cuales como no provienen de pecados nuestros personales, tampoco son propiamente pecados, ni mortales, ni veniales, pero se llaman imperfecciones, y sus actos defectos y faltas. Pongo por ejemplo, Santa Paula, según refiere San Gerónimo20, era muy propensa á la tristeza y melancolía, tanto que en la muerte de sus hijos y de su marido estuvo á peligro de perder la vida de dolor: esto era imperfeccion, pero no pecado, puesto que era contra su gusto y voluntad. Algunos son naturalmente ligeros, otros tienen espíritu de contradiccion, otros se desazonan fácilmente, otros son propensos á la ira, otros inclinados al amor; en suma, poquísimas personas se hallarán en quienes no puedan notar semejantes imperfecciones, las cuales, aunque sean como propias y naturales, con todo, á fuerza de cuidado, y por medio de aficiones contrarias, se pueden corregir y moderar, y aun librarnos y purificarnos enteramente de ellas: y mas te digo, Filotea, que no solo se puede, sino que se debe corregirlas. Si se ha encontrado el modo de hacer dulces los almendros amargos, taladrando el pié para que salga el jugo, ¿no podremos nosotros tambien dar salida á nuestras inclinaciones perversas para mejorarnos? No hay carácter alguno, por bueno que sea, que no pueda hacerse malo con los hábitos viciosos; pues tampoco hay natural tan áspero, que no pueda domarse y vencerse, lo primero con la gracia de Dios y despues con la industria y la diligencia. Ahora, pues, te daré avisos, y te propondré ejercicios, que te servirán para purgar el alma de aficiones peligrosas, de imperfecciones, y de cualquier afecto á pecados veniales, y para poner tu conciencia mas á cubierto del mortal. Dios te dé gracia para practicarlos bien.


1

Cuidó de esta edición publicada el año de 1759 el Ilustrísimo Señor Don José Laplana y Castellou, actual obispo de Tarazona.

2

En las ediciones francesas modernas en lugar de Non par Dieu han sustituido Non veritablement, sin duda por ser muy baja aquella espresion para nuestro siglo.

3

Tal vez algunos de estos que no tienen por baja ninguna espresion que se encuentra en algun autor antiguo, no aprobaran mi modo de pensar, pero otros pensarán como yo; y aun los editores franceses modernos han pensado lo mismo, y han puesto: N’ont encore aucune vertu qu’ en idée.

4

Podrá reparar alguno que yo, cuando estoy censurando á Cubillas de que traduce por el sonido de las palabras, incurro en lo mismo, poniendo en el cap. 16 de la parte segunda gran madre por correspondencia de grand mére, que quiere decir abuela, pero á mas de ser muy comun en España el uso de llamar los niños madre á su abuela, me ha parecido que es nuestro idioma espresion muy baja llamar abuela á la Virgen Santisima.

5

Despues de concluida mi traduccion, me franqueó Don Sebastián Pascual, Teólogo de Cámara du su Ema., un ejemplar que posee impreso en Ruan año de 1616, que me ha servido mucho. Al principio de esta edicion se lee la nota, de que habla Cubillas en su prólogo, y dice así: Au lecteur. – Ce libret sortit de mes mains l’an 1608. En sa seconde edition il fut augmenté de plusieurs chapitres, mains tríos de ceux qui estoyent en la premiére furent oubliez par mesgarde. De puis il a esté souvent imprimé sans mon sceu el avec les impressions, les fautes s’ y sont multipliées. Or ie voila maintenant de noveau corrige et avec tous ses chapitres: mains toujours sans citations parce que les doctes n’ en ont pas besoin et les austres ne s’ en soucient pas, Quand j’ use des paroles de l’Escriture cen’ est pas toujours pour les expliquer, mais pour m’expliquer par icelles comme plus aimables et venerables. Si Dieu m’ exauce tu en feras bien ton profit et recevras beaucoup de benedictinos. Y aunque de esta nota se pudiera inferir no ser del Santo el cap. 52 de la tercera parte, en que se trata de los juegos prohibidos, no he creido que esta razon sea suficiente para excluirle. Dejo á los eruditos el examen de si esta es la edicion en que puso el Santo la nota, ú otra en que el editor la repitió para mayor recomendacion, y entretanto pongo el capítulo como le han puesto posteriormente todos los editores y traductores, pues aun cuando no sea del Santo, no desdice de la obra.

6

El Reverendísimo Padre Juan Ferrier, teólogo de la Compañía de Jesus, Rector entonces del Colegio de Chamberi.

7

Epist. Lib 6. ep. 4.

8

Trat. Audi Filia. C. 55.

9

Santa Teresa, en los papeles que están al fin de su vida.

10

Eccles. C. 6. v. 14. y 16.

11

Cant. C. 2. v. 12.

12

Ps. 126. v. 2.

13

Ps. 54. v. 9.

14

Ps. 118, v. 104.

15

Ps. 1 v.5.

16

Isaías, c. 33. v. 14.

17

I. Reg. C. 4. v. 9.

18

Luc. C. 10. v. 10.

19

Eccles. c. 10. v. 1.

20

Epitaph. Paul ad Eustoch.

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