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S.S. León XIII, Carta encíclica Diuturni temporis
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Carta encíclica Diuturni temporis

Del Sumo Pontífice León XIII
sobre la devoción del Santísimo Rosario

Venerables Hermanos: Salud y Bendición apostólica

I. Protección de Dios y de María sobre el Pontificado del Papa

Al echar una mirada al largo espacio de tiempo que, por voluntad de Dios, hemos pasado en el sumo Pontificado, no podemos menos que confesar que Nos, sin merecerlo, hemos experimentado, de manera muy viva, la asistencia de la Divina Providencia. Juzgamos, empero, que esto debe atribuirse principalmente a la oración en conjunto, y por tanto eficacísima, que, como antiguamente por Pedro, así ahora la Iglesia universal está haciendo sin interrupción por Nos. Por eso, en primer término a Dios, que concede todos los bienes, las gracias más rendidas, y trataremos de conservar en la mente y el corazón mientras vivamos cada uno de los dones recibidos.

Luego se nos presenta el dulce recuerdo de la maternal protecci√≥n de la augusta Reina del cielo, e igualmente guardaremos, piadosa e √≠ntegramente ese recuerdo d√°ndole gracias y exaltando sus beneficios. Porque de Ella, como de caudalos√≠simo canal, descienden los manantiales de las divinas gracias, pues, en sus manos est√°n los tesoros de las misericordias del Se√Īor1. Dios quiere que Ella sea el principio de todos los bienes2. Cobijados en el amor de esta tierna Madre, que hemos procurado fomentar asiduamente e incrementar de d√≠a en d√≠a, esperamos con certeza poder acercarnos a Nuestro √ļltimo D√≠a.

II. Los esfuerzos del Papa en promover y fomentar la devoción al Rosario

Mas hace ya tiempo que, deseando colocar la salvaci√≥n del g√©nero humano en el aumento del culto de la Virgen, como en fort√≠simo baluarte, no hemos dejado de fomentar entre los fieles la costumbre de rezar el Rosario Mariano publicando, a este fin, Enc√≠clicas ya a desde el 1¬ļ de Septiembre de 1883 y promulgando, m√°s de una vez, decretos, como bien sab√©is. Y disponiendo Dios misericordioso que tambi√©n este a√Īo podamos ver el mes de Octubre, que en otro tiempo decretamos que estuviese dedicado y consagrado a la celestial Reina del Rosario, no queremos dejar de dirigirnos a vosotros, y resumiendo en pocas palabras lo que hasta el presente hemos llevado a cabo para fomentar esta clase de oraci√≥n, coronaremos Nuestra obra con otro documento pr√≥ximo a aparecer, en el que patenticemos todav√≠a m√°s espl√©ndidamente Nuestro fervor y afecto para con el mencionado modo de honrar a Mar√≠a, y se estimule el ardiente deseo de los fieles de conservar piadosa y fielmente tan sant√≠sima costumbre.

III. Resumen de las ense√Īanzas de anteriores Enc√≠clicas

Movidos, pues, del constante deseo de que el pueblo conociese el poder y la dignidad del Rosario mariano, despu√©s de recordar, en primer lugar, el origen m√°s celestial que humano de esta oraci√≥n, mostramos que la admirable guirnalda confeccionada con la salutaci√≥n ang√©lica, entrelazada con la oraci√≥n dominical y unida con la meditaci√≥n, resulta una especie excelent√≠sima de s√ļplica, muy fructuosa, principalmente para la consecuci√≥n de la vida eterna; pues, fuera de la excelencia misma de las oraciones de que se compone, ofrece una buena defensa de la fe y un insigne modelo de virtud por medio de los misterios que propone a nuestra contemplaci√≥n; que, adem√°s, no es una oraci√≥n complicada sino que se acomoda f√°cilmente al car√°cter popular, por cuanto se le pone delante, con la consideraci√≥n de la Familia de Nazaret, el ideal absolutamente perfecto de la vida familiar y que el pueblo cristiano por consiguiente, siempre experiment√≥ su saludabil√≠sima eficacia.

IV. Lo que hicieron los Papas anteriores y León XIII por la devoción del Santísimo Rosario. Fiesta, mes de Octubre y la invocación en las Letanías

De esta manera, despu√©s de haber recordado principalmente la naturaleza del Sant√≠simo Rosario y de haber exhortado a su pr√°ctica de variados modos, Nos aplicamos, adem√°s, siguiendo las huellas de Nuestros predecesores, a fomentar su importancia por medio de un culto m√°s solemne. Pues as√≠ como Sixto V, de feliz recordaci√≥n, aprob√≥ la antigua costumbre de rezar el Rosario, y Gregorio XIII dedic√≥ un d√≠a de fiesta al mismo titulo, que luego inscribi√≥ en el Martirologio Clemente VIII, y mand√≥ Clemente XI que fuese guardada por la universal Iglesia, y Benedicto XIII la introdujo en el Breviario Romano, as√≠ Nos, para perenne testimonio de Nuestro aprecio a esta manera de piedad, mandamos que la misma solemnidad del Sant√≠simo Rosario con su oficio fuese celebrada en la universal Iglesia con rito doble de segunda clase. Quisimos, adem√°s, que se consagrase a esta pr√°ctica todo el mes de Octubre; finalmente, ordenamos que en las Letan√≠as Lauretanas se a√Īadiese la invocaci√≥n Reina del Sant√≠simo Rosario, como augurio de la victoria que hab√≠amos de reportar en la actual contienda.

V. Indulgencias anejas al rezo del Rosario

Faltaba por recordar el grandísimo valor y utilidad del Rosario mariano a causa de la abundancia de privilegios y derechos con que está enriquecido, y más que nada, por el preciosísimo tesoro de indulgencias de que goza. Ahora bien, es fácil entender cuánto interesa a todos los que se preocupan de su salvación aprovecharse de este beneficio. Pues, se trata nada menos que de conseguir el perdón, total o parcial, de la pena temporal que hay que pagara en esta o en la otra vida, aun después de cancelada la culpa. Es decir, el rico tesoro formado con los méritos de Cristo, de la Madre de Dios y de los santos, y al que con razón aplicaba Nuestro predecesor Clemente VI las palabras de la Sabiduría: Tienen los hombres un infinito tesoro, y los que de él se aprovechan, se hacen partícipes de la amistad de Dios3. Ahora bien, los Romanos Pontífices, en virtud de la potestad soberana de que están revestidos por el mismo Dios, abrieron estas copiosísimas fuentes de gracias a los cofrades del Santísimo Rosario y a los que piadosamente lo recitasen

VI. Anuncio de una constitución para la Cofradía del Rosario

Así, pues, Nos también, pensando que la corona mariana, como adornada de gemas escogidísimas, luce más bella con estos beneficios e indulgencias, tras largos estudios, ya tenemos madurado el plan de publicar una Constitución acerca de los derechos, privilegios e indulgencias de que podrán disfrutar las cofradías del Santísimo Rosario. Esta Nuestra Constitución sea prueba de amor para con la augustísima Madre de Dios, y para los fieles todos, estímulo juntamente y premio de su piedad, a fin de que, en la hora suprema de la vida, puedan por su medio ser aliviados y descansar suavísimamente en su regazo.

VII. Bendición Apostólica

Suplicando de corazón estas gracias a Dios Optimo Máximo, por medio de la Reina del Santísimo Rosario, Nos amantísimamente os damos la Bendición Apostólica. como auspicio y prenda de los bienes celestiales, a vosotros, Venerables Hermanos, al clero y al pueblo confiado a vuestras particulares cuidados.

Dado en Roma, cerca de San Pedro, el d√≠a 5 de Septiembre de 1898, en el a√Īo vig√©simo primero de Nuestro Pontificado.

LE√ďN PAPA XIII


1

San Juan Damasceno, Serm. 1 de la Natividad de la Virgen.

2

San Irineo, Adv. Valent. 1. 3, c. 33.

3

Sabiduría, 7, 14.
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