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S.S. Benedicto XVI, Homilía del Santo Padre durante la Celebración Eucarística en el Hipódromo de Randwick para la XXIII Jornada Mundial de la Juventud
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Homilía del Santo Padre Benedicto XVI durante la Celebración Eucarística en el Hipódromo de Randwick para la XXIII Jornada Mundial de la Juventud

Viaje Apostólico a Sydney (Australia)
con ocasión de la XXIII Jornada Mundial de la Juventud
(13 - 21 de julio de 2008)

Queridos amigos:

¬ęCuando el Esp√≠ritu Santo descienda sobre vosotros, recibir√©is fuerza¬Ľ (Hch 1,8). Hemos visto cumplida esta promesa. En el d√≠a de Pentecost√©s, como hemos escuchado en la primera lectura, el Se√Īor resucitado, sentado a la derecha del Padre, envi√≥ el Esp√≠ritu Santo a sus disc√≠pulos reunidos en el cen√°culo. Por la fuerza de este Esp√≠ritu, Pedro y los Ap√≥stoles fueron a predicar el Evangelio hasta los confines de la tierra. En cada √©poca y en cada lengua, la Iglesia contin√ļa proclamando en todo el mundo las maravillas de Dios e invita a todas las naciones y pueblos a la fe, a la esperanza y a la vida nueva en Cristo.

En estos d√≠as, tambi√©n yo he venido, como Sucesor de San Pedro, a esta estupenda tierra de Australia. He venido a confirmaros en vuestra fe, j√≥venes hermanas y hermanos m√≠os, y a abrir vuestros corazones al poder del Esp√≠ritu de Cristo y a la riqueza de sus dones. Oro para que esta gran asamblea, que congrega a j√≥venes de ¬ętodas las naciones de la tierra¬Ľ (Hch 2,5), se transforme en un nuevo cen√°culo. Que el fuego del amor de Dios descienda y llene vuestros corazones para uniros cada vez m√°s al Se√Īor y a su Iglesia y enviaros, como nueva generaci√≥n de Ap√≥stoles, a llevar a Cristo al mundo.

¬ęCuando el Esp√≠ritu Santo descienda sobre vosotros, recibir√©is fuerza¬Ľ. Estas palabras del Se√Īor resucitado tienen un significado especial para los j√≥venes que ser√°n confirmados, sellados con el don del Esp√≠ritu Santo, durante esta Santa Misa. Pero estas palabras est√°n dirigidas tambi√©n a cada uno de nosotros, es decir, a todos los que han recibido el don del Esp√≠ritu de reconciliaci√≥n y de la vida nueva en el Bautismo, que lo han acogido en sus corazones como su ayuda y gu√≠a en la Confirmaci√≥n, y que crecen cotidianamente en sus dones de gracia mediante la Santa Eucarist√≠a. En efecto el Esp√≠ritu Santo desciende nuevamente en cada Misa, invocado en la plegaria solemne de la Iglesia, no s√≥lo para transformar nuestros dones del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Se√Īor, sino tambi√©n para transformar nuestras vidas, para hacer de nosotros, con su fuerza, ¬ęun solo cuerpo y un solo esp√≠ritu en Cristo¬Ľ.

Pero, ¬Ņqu√© es este ¬ępoder¬Ľ del Esp√≠ritu Santo? Es el poder de la vida de Dios. Es el poder del mismo Esp√≠ritu que se cern√≠a sobre las aguas en el alba de la creaci√≥n y que, en la plenitud de los tiempos, levant√≥ a Jes√ļs de la muerte. Es el poder que nos conduce, a nosotros y a nuestro mundo, hacia la llegada del Reino de Dios. En el Evangelio de hoy, Jes√ļs anuncia que ha comenzado una nueva era, en la cual el Esp√≠ritu Santo ser√° derramado sobre toda la humanidad (cf. Lc 4,21). √Čl mismo, concebido por obra del Esp√≠ritu Santo y nacido de la Virgen Mar√≠a, vino entre nosotros para traernos este Esp√≠ritu. Como fuente de nuestra vida nueva en Cristo, el Esp√≠ritu Santo es tambi√©n, de un modo muy verdadero, el alma de la Iglesia, el amor que nos une al Se√Īor y entre nosotros y la luz que abre nuestros ojos para ver las maravillas de la gracia de Dios que nos rodean.

Aqu√≠ en Australia, esta ¬ęgran tierra meridional del Esp√≠ritu Santo¬Ľ, todos nosotros hemos tenido una experiencia inolvidable de la presencia y del poder del Esp√≠ritu en la belleza de la naturaleza. Nuestros ojos se han abierto para ver el mundo que nos rodea como es verdaderamente: ¬ęcolmado¬Ľ, como dice el poeta, ¬ęde la grandeza de Dios¬Ľ, repleto de la gloria de su amor creativo. Tambi√©n aqu√≠, en esta gran asamblea de j√≥venes cristianos provenientes de todo el mundo, hemos tenido una experiencia elocuente de la presencia y de la fuerza del Esp√≠ritu en la vida de la Iglesia. Hemos visto la Iglesia como es verdaderamente: Cuerpo de Cristo, comunidad viva de amor, en la que hay gente de toda raza, naci√≥n y lengua, de cualquier edad y lugar, en la unidad nacida de nuestra fe en el Se√Īor resucitado.

La fuerza del Esp√≠ritu Santo jam√°s cesa de llenar de vida a la Iglesia. A trav√©s de la gracia de los Sacramentos de la Iglesia, esta fuerza fluye tambi√©n en nuestro interior, como un r√≠o subterr√°neo que nutre el esp√≠ritu y nos atrae cada vez m√°s cerca de la fuente de nuestra verdadera vida, que es Cristo. San Ignacio de Antioqu√≠a, que muri√≥ m√°rtir en Roma al comienzo del siglo segundo, nos ha dejado una descripci√≥n espl√©ndida de la fuerza del Esp√≠ritu que habita en nosotros. √Čl ha hablado del Esp√≠ritu como de una fuente de agua viva que surge en su coraz√≥n y susurra: ¬ęVen, ven al Padre¬Ľ (cf. A los Romanos, 6,1-9).

Sin embargo, esta fuerza, la gracia del Esp√≠ritu Santo, no es algo que podamos merecer o conquistar; podemos s√≥lo recibirla como puro don. El amor de Dios puede derramar su fuerza s√≥lo cuando le permitimos cambiarnos por dentro. Debemos permitirle penetrar en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestro cansancio espiritual, de nuestro ciego conformismo con el esp√≠ritu de nuestro tiempo. S√≥lo entonces podemos permitirle encender nuestra imaginaci√≥n y modelar nuestros deseos m√°s profundos. Por esto es tan importante la oraci√≥n: la plegaria cotidiana, la privada en la quietud de nuestros corazones y ante el Sant√≠simo Sacramento, y la oraci√≥n lit√ļrgica en el coraz√≥n de la Iglesia. √Čsta es pura receptividad de la gracia de Dios, amor en acci√≥n, comuni√≥n con el Esp√≠ritu que habita en nosotros y nos lleva, por Jes√ļs y en la Iglesia, a nuestro Padre celestial. En la potencia de su Esp√≠ritu, Jes√ļs est√° siempre presente en nuestros corazones, esperando serenamente que nos dispongamos en el silencio junto a √Čl para sentir su voz, permanecer en su amor y recibir ¬ęla fuerza que proviene de lo alto¬Ľ, una fuerza que nos permite ser sal y luz para nuestro mundo.

En su Ascensi√≥n, el Se√Īor resucitado dijo a sus disc√≠pulos: ¬ęSer√©is mis testigos‚Ķ hasta los confines del mundo¬Ľ (Hch 1,8). Aqu√≠, en Australia, damos gracias al Se√Īor por el don de la fe, que ha llegado hasta nosotros como un tesoro transmitido de generaci√≥n en generaci√≥n en la comuni√≥n de la Iglesia. Aqu√≠, en Ocean√≠a, damos gracias de un modo especial a todos aquellos misioneros, sacerdotes y religiosos comprometidos, padres y abuelos cristianos, maestros y catequistas, que han edificado la Iglesia en estas tierras. Testigos como la Beata Mary Mackillop, San Peter Chanel, el Beato Peter To Rot y muchos otros. La fuerza del Esp√≠ritu, manifestada en sus vidas, est√° todav√≠a activa en las iniciativas beneficiosas que han dejado en la sociedad que han plasmado y que ahora se os conf√≠a a vosotros.

Queridos j√≥venes, permitidme que os haga una pregunta. ¬ŅQu√© dejar√©is vosotros a la pr√≥xima generaci√≥n? ¬ŅEst√°is construyendo vuestras vidas sobre bases s√≥lidas? ¬ŅEst√°is construyendo algo que durar√°? ¬ŅEst√°is viviendo vuestras vidas de modo que dej√©is espacio al Esp√≠ritu en un mundo que quiere olvidar a Dios, rechazarlo incluso en nombre de un falso concepto de libertad? ¬ŅC√≥mo est√°is usando los dones que se os han dado, la ¬ęfuerza¬Ľ que el Esp√≠ritu Santo est√° ahora dispuesto a derramar sobre vosotros? ¬ŅQu√© herencia dejar√©is a los j√≥venes que os suceder√°n? ¬ŅQu√© os distinguir√°?

La fuerza del Esp√≠ritu Santo no s√≥lo nos ilumina y nos consuela. Nos encamina hacia el futuro, hacia la venida del Reino de Dios. ¬°Qu√© visi√≥n magn√≠fica de una humanidad redimida y renovada descubrimos en la nueva era prometida por el Evangelio de hoy! San Lucas nos dice que Jesucristo es el cumplimiento de todas las promesas de Dios, el Mes√≠as que posee en plenitud el Esp√≠ritu Santo para comunicarlo a la humanidad entera. La efusi√≥n del Esp√≠ritu de Cristo sobre la humanidad es prenda de esperanza y de liberaci√≥n contra todo aquello que nos empobrece. Dicha efusi√≥n ofrece de nuevo la vista al ciego, libera a los oprimidos y genera unidad en y con la diversidad (cf. Lc 4,18-19; Is 61,1-2). Esta fuerza puede crear un mundo nuevo: puede ¬ęrenovar la faz de la tierra¬Ľ (cf. Sal 104,30).

Fortalecida por el Esp√≠ritu y provista de una rica visi√≥n de fe, una nueva generaci√≥n de cristianos est√° invitada a contribuir a la edificaci√≥n de un mundo en el que la vida sea acogida, respetada y cuidada amorosamente, no rechazada o temida como una amenaza y por ello destruida. Una nueva era en la que el amor no sea ambicioso ni ego√≠sta, sino puro, fiel y sinceramente libre, abierto a los otros, respetuoso de su dignidad, un amor que promueva su bien e irradie gozo y belleza. Una nueva era en la cual la esperanza nos libere de la superficialidad, de la apat√≠a y el ego√≠smo que degrada nuestras almas y envenena las relaciones humanas. Queridos j√≥venes amigos, el Se√Īor os est√° pidiendo ser profetas de esta nueva era, mensajeros de su amor, capaces de atraer a la gente hacia el Padre y de construir un futuro de esperanza para toda la humanidad.

El mundo tiene necesidad de esta renovaci√≥n. En muchas de nuestras sociedades, junto a la prosperidad material, se est√° expandiendo el desierto espiritual: un vac√≠o interior, un miedo indefinible, un larvado sentido de desesperaci√≥n. ¬ŅCu√°ntos de nuestros semejantes han cavado aljibes agrietados y vac√≠os (cf. Jr 2,13) en una b√ļsqueda desesperada de significado, de ese significado √ļltimo que s√≥lo puede ofrecer el amor? √Čste es el don grande y liberador que el Evangelio lleva consigo: √©l revela nuestra dignidad de hombres y mujeres creados a imagen y semejanza de Dios. Revela la llamada sublime de la humanidad, que es la de encontrar la propia plenitud en el amor. √Čl revela la verdad sobre el hombre, la verdad sobre la vida.

Tambi√©n la Iglesia tiene necesidad de renovaci√≥n. Tiene necesidad de vuestra fe, vuestro idealismo y vuestra generosidad, para poder ser siempre joven en el Esp√≠ritu (cf. Lumen gentium, 4). En la segunda lectura de hoy, el ap√≥stol Pablo nos recuerda que cada cristiano ha recibido un don que debe ser usado para edificar el Cuerpo de Cristo. La Iglesia tiene especialmente necesidad del don de los j√≥venes, de todos los j√≥venes. Tiene necesidad de crecer en la fuerza del Esp√≠ritu que tambi√©n ahora os infunde gozo a vosotros, j√≥venes, y os anima a servir al Se√Īor con alegr√≠a. Abrid vuestro coraz√≥n a esta fuerza. Dirijo esta invitaci√≥n de modo especial a los que el Se√Īor llama a la vida sacerdotal y consagrada. No teng√°is miedo de decir vuestro ¬ęs√≠¬Ľ a Jes√ļs, de encontrar vuestra alegr√≠a en hacer su voluntad, entreg√°ndoos completamente para llegar a la santidad y haciendo uso de vuestros talentos al servicio de los otros.

Dentro de poco celebraremos el sacramento de la Confirmaci√≥n. El Esp√≠ritu Santo descender√° sobre los candidatos; ellos ser√°n ¬ęsellados¬Ľ con el don del Esp√≠ritu y enviados para ser testigos de Cristo. ¬ŅQu√© significa recibir la ¬ęsello¬Ľ del Esp√≠ritu Santo? Significa ser marcados indeleblemente, inalterablemente cambiados, significa ser nuevas criaturas. Para los que han recibido este don, ya nada puede ser lo mismo. Estar ¬ębautizados¬Ľ en el Esp√≠ritu significa estar enardecidos por el amor de Dios. Haber ¬ębebido¬Ľ del Esp√≠ritu (cf. 1 Co 12,13) significa haber sido refrescados por la belleza del designio de Dios para nosotros y para el mundo, y llegar a ser nosotros mismos una fuente de frescor para los otros. Ser ¬ęsellados con el Esp√≠ritu¬Ľ significa adem√°s no tener miedo de defender a Cristo, dejando que la verdad del Evangelio impregne nuestro modo de ver, pensar y actuar, mientras trabajamos por el triunfo de la civilizaci√≥n del amor.

Al elevar nuestra oración por los confirmandos, pedimos también que la fuerza del Espíritu Santo reavive la gracia de la Confirmación de cada uno de nosotros. Que el Espíritu derrame sus dones abundantemente sobre todos los presentes, sobre la ciudad de Sydney, sobre esta tierra de Australia y sobre todas sus gentes. Que cada uno de nosotros sea renovado en el espíritu de sabiduría e inteligencia, el espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y piedad, espíritu de admiración y santo temor de Dios.

Que por la amorosa intercesi√≥n de Mar√≠a, Madre de la Iglesia, esta XXIII Jornada Mundial de la Juventud sea vivida como un nuevo cen√°culo, de forma que todos nosotros, enardecidos con el fuego del amor del Esp√≠ritu Santo, continuemos proclamando al Se√Īor resucitado y atrayendo a cada coraz√≥n hacia √Čl. Am√©n.

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