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S.S. Le贸n XIII, Carta enc铆clica Catholicae Ecclesiae
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Carta enc铆clica Catholicae Ecclesiae

Del Sumo Pont铆fice Le贸n XIII. Sobre la esclavitud, la propagaci贸n de la fe en 脕frica y la colecta misional de Epifan铆a

Venerables Hermanos: Salud y Bendici贸n apost贸lica

I. La obra emancipadora de la Iglesia

En la Iglesia cat贸lica que con maternal caridad abraza a todos los hombres no hay como sab茅is, Venerables Hermanos, desde un principio, casi nada tan antiguo que el esfuerzo de ver eliminada y del todo extirpada la esclavitud, la cual con duro yugo oprim铆a a much铆simos hombres. Pues, siendo ella sol铆cita en velar por la doctrina de su Fundador quien personalmente o por boca de sus Ap贸stoles hab铆a ense帽ado a los hombres la fraternal uni贸n que los estrecha a todos, por cuanto nacieron del mismo Padre com煤n, fueron redimidos con el mismo precio y llamados a la misma bienaventuranza eterna, recogi贸 la causa despreciada de los esclavos, y, aunque la llevara adelante, conforme lo aconsejaran los tiempos y las circunstancias, lenta y medidamente, se constituy贸 en su esforzada abogada, es decir lo hac铆a con prudencia e inteligencia, reclamando constantemente lo que en nombre de la Religi贸n, de la justicia y de la humanidad se hab铆a propuesto, con cuyo logro final mereci贸 muy bien y propuls贸 la prosperidad de las naciones y de la civilizaci贸n.

En el transcurso de los tiempos no desfalleci贸 tampoco en su empe帽o de llevar a los esclavos hacia la libertad; por el contrario, con cuanto mayor fruto realizaba la obra con tanto mayor celo insist铆a en ella, como lo atestiguan fehacientemente los documentos de la Historia, la cual a este respecto destaca a varios de Nuestros Predecesores entre los cuales se distinguen San Gregorio Magno, Adriano I, Alejandro III, Inocencio III, Gregorio IX, P铆o II, Le贸n X, Paulo III, Urbano VIII, Benedicto XIV, P铆o VII y Gregorio XVI quienes no perdonaron trabajo ni solicitud para abolir donde estaba en vigencia, la instituci贸n de la esclavitud, y cuidaron que, donde ya se hab铆an extirpado sus g茅rmenes, no volvieran a la vida.

II. La intervenci贸n constante de Le贸n XIII

Los horrores del comercio de hombres en 脕frica

Nos no pod铆amos empa帽ar la herencia de tanta gloria que Nuestros Predecesores Nos hab铆an transmitido, por lo cual no dejamos pasar oportunidad sin reprobar y condenar p煤blicamente esta t茅trica plaga de la esclavitud, y as铆 ocup谩ndonos de ella, escribimos una carta que con fecha 5 de Mayo de 1888 dirigimos a los Obispos del Brasil1 en la cual los congratulamos por lo que en esa parte del mundo, para ejemplo laudable de los dem谩s, se hizo p煤blica y privadamente por la libertad de los esclavos, y demostramos al mismo tiempo hasta qu茅 punto la esclavitud era adversa a la Religi贸n y a la dignidad humana. Nos sentimos vehementemente sacudidos por la situaci贸n en que quedan los que est谩n sujetos a dominio ajeno; pero mucho m谩s acerbamente Nos sent铆amos conmovidos al escuchar las narraciones acerca de las penurias que afligen a todos los habitantes de ciertas regiones del interior del 脕frica. Aquello es demasiado abyecto y horrendo para que recordemos lo que a trav茅s de comunicaciones ver铆dicas Nos hicieron saber, y es que casi 400.000 africanos, sin distinci贸n de edad ni de sexo, son arrancados anualmente por la fuerza de sus pagos primitivos, desde donde, en largas jornadas, cargados de cadenas y golpeados con azotes se llevan a los mercados en que como bestias vendibles se exponen y venden.

III. 脡xito de las gestiones papales. Iniciativas estatales y particulares

Por cuanto lo atestiguaron los que lo vieron, y lo confirmaron recientes exploraciones del 脕frica equinoccial, Nos sent铆amos inflamados por el anhelo de ayudar a esos pobres hombres y aliviar su desgracia. Por ello, sin demora, encargamos a Nuestro dilecto Hijo, el Cardenal Carlos Lavigerie, cuyo fervor y celo apost贸lico Nos son conocidos, recorrer las principales ciudades europeas a fin de hacer conocer la ignominia de este nefando comercio humano y mover los 谩nimos de los pr铆ncipes y ciudadanos a socorrer a esa gente afligida.

Debemos dar gracias a Dios, amant铆simo Redentor de todos los hombres, por no haber permitido, en su bondad, que Nuestros esfuerzos resultaran est茅riles sino que quiso que fuesen como una semilla arrojada en tierra f茅rtil que promete gozosa mies; pues, tanto los gobiernos de los pueblos como los cat贸licos de todo el orbe de la tierra, y tambi茅n todos los hombres que consideran sagrados los derechos de las gentes y la ley natural, se hac铆an mutua competencia estudiando de qu茅 manera y por medio de qu茅 obra conven铆a, principalmente, arrancar de ra铆z ese comercio humano.

No hace mucho, con elevado esp铆ritu se celebr贸 en Bruselas un solemne Congreso en que se reunieron los delegados de los pr铆ncipes europeos, y en fecha aun m谩s reciente, en una reuni贸n que personas particulares con el mismo fin tuvieron en Par铆s, se anunci贸 abiertamente que con tanto af谩n y constancia iban a defender la causa de los negros cuanto era el c煤mulo de males que agobiaba a los esclavos.

Por eso, al volver a ofrec茅rsenos oportunidad para ello, no queremos dejarla pasar sin realzar y agradecer los m茅ritos de los pr铆ncipes europeos a este respecto e implorar fervorosamente al Sumo Dios a fin de que otorgue cumplido 茅xito a sus proyectos y principios de esa obra.

IV. Est铆mulo papal de las misiones Africanas, remedio del mal de la esclavitud

Pero, adem谩s, de la solicitud por proteger la libertad, otra mayor ata帽e m谩s de cerca Nuestro ministerio cat贸lico, por cuanto ella Nos urge cuidar de que en las regiones africanas se propague la doctrina del Evangelio, cual, con su luz de divina verdad cuya posesi贸n ha de hacerlos part铆cipes con Nosotros de la heredad del Reino Dios, deber谩 iluminar a sus habitantes que est谩n sentados en las tinieblas causadas por una ciega superstici贸n. Tanto m谩s fervorosamente lo procuramos cuanto que ellos mismos, una vez que hayan recibido esa luz, sacudir谩n de sus hombros el yugo de la esclavitud humana. Pues, donde entren en vigencia las costumbres y leyes cristianas, donde la Religi贸n de tal modo penetre a los hombres que observen la justicia y honren la dignidad humana, donde abundoso corra el esp铆ritu de la caridad fraterna que Cristo nos ense帽贸, all铆 no podr谩 seguir subsistiendo la esclavitud, ni la crueldad, ni la barbarie sino que florecer谩 la suavidad del trato y la cristiana libertad ornada de cultura ciudadana.

Ya much铆simos varones apost贸licos cual intr茅pidos soldados de Cristo penetraron en aquellas regiones, y para lograr la salvaci贸n de Nuestros hermanos no s贸lo vertieron sus sudores sino tambi茅n su sangre. Pero por cuanto la mies es mucha y los operarios pocos2 es menester que otros muchos, movidos por el mismo esp铆ritu de Dios, sin temor a los peligros, incomodidades ni trabajos acudan a aquellas regiones donde se ejerce ese oprobios铆simo comercio, llevando a sus habitantes la doctrina de Cristo que va siempre unida a la verdadera libertad.

Verdad es que la iniciaci贸n de tan importante obra, mediante la revelaci贸n de su divinidad, ha de ilustrar tambi茅n a aquella porci贸n desgraciada del g茅nero humano, y ha de arrancarla del fango de la superstici贸n y de su penosa situaci贸n en que despreciada y olvidada yace desde hace tanto tiempo.

V. Colectas para reunir fondos para las misiones y la lucha contra el comercio humano. Distribuci贸n

Decretamos, pues, que en el d铆a mencionado en la introducci贸n, se recojan en las en las Iglesias y capillas, sujetas a tu jurisdicci贸n y se env铆en a Roma, al sagrado Consejo para la propagaci贸n del nombre cristiano; el oficio del Consejo ser谩 el de repartir los caudales recolectados entre las misiones que trabajan principalmente en la abolici贸n de la esclavitud en las regiones africanas. Se distribuir谩n, empero, de tal modo que los fondos venidos de naciones que tienen sus misiones cat贸licas propias para devolver la libertad a los esclavos, como recordamos, se entreguen a esas misiones para su sostenimiento y auxilio. Las limosnas restantes ser谩n repartidas por el sagrado Consejo, despu茅s de prudente deliberaci贸n, entre las misiones m谩s indigentes, cuyas necesidades se han comprobado.

No dudamos, pues, que Nuestras plegarias por los infelices africanos las reciba el misericordios铆simo Dios, y t煤, Venerable Hermano, por tu cuenta, aportar谩s tu celo y tu trabajo para que todo se cumpla colmadamente.

VI. Recomendaci贸n de la Colecta de la "Propagaci贸n de la Fe"

Confiamos, adem谩s, en que los subsidios temporarios y especiales que los fieles re煤nen para abolir la mancha del comercio humano y para sostener a los heraldos del Evangelio de aquellas regiones donde la esclavitud est谩 en vigencia, no restrinjan la generosidad con que suelen ayudar a las misiones cat贸licas, al hacer las colectas que se env铆an al instituto fundado en Lyon que recibiera el nombre de Propagaci贸n de la Fe. Esta obra saludable que ya antes de ahora recomendamos al celo de los fieles, tambi茅n en esta oportunidad reclama con insistencia los medios que correspondan a la amplitud de sus necesidades, pues, sin invertir ingentes sumas no se puede proveer la educaci贸n de los misioneros, los largos viajes, la instalaci贸n de estaciones, la edificaci贸n y habilitaci贸n de templos y otras cosas necesarias de este g茅nero, inversiones que por algunos a帽os han de continuar haci茅ndose hasta que aquellos lugares donde residen los heraldos del Evangelio se puedan defender con sus propias entradas.

VII. Cooperaci贸n de todos. Colecta en Epifan铆a

隆Ojal谩 tuvi茅ramos los medios para sostener esa obra, pero por cuanto se oponen a Nuestros deseos las graves estrecheces en que Nos hallamos os estimulamos con voz paternal, a ti, a los dem谩s obispos y a los cat贸licos todos, recomendando a vuestro esp铆ritu caritativo una empresa tan santa y saludable. Nos deseamos que todos participen en ella, aunque no puedan contribuir sino con un peque帽o 贸bolo, para que la carga repartida entre muchos resulte m谩s llevadera y a todos alcance la gracia de Cristo pues, de la defensa de su causa se trata, y todos obtengan la paz, el perd贸n de los pecados y los m谩s eximio favores del cielo

Por eso ordenamos que anualmente donde y cuando se celebren los misterios de la Epifan铆a del Se帽or se recojan fondos a modo de colecta para el sostenimiento de esta obra.

Elegimos ese solemne d铆a porque, como bien comprendes, Venerable Hermano, en ese d铆a se manifest贸 por primera vez el Hijo de Dios a los gentiles, cuando se ofreci贸 a los ojos de los Magos, los cuales, por esta raz贸n, h谩bilmente fueron llamados por Nuestro predecesor San Le贸n Magno "Las primicias de nuestra vocaci贸n y fe".

Conclusi贸n y bendici贸n apost贸lica.

Por eso, alentamos la firme esperanza de que Nuestro Se帽or Jesucristo, movido por el amor y las preces de sus hijos que recibieron la luz de la verdad y lo celebran con un nuevo testimonio de alabanza, extienda ampliamente su benevolencia que florezca con gozosa prosperidad.

Entretanto, con gran afecto, os impartimos, a t铆, Venerable Hermano, al clero y a los fieles encomendados a tu pastoral solicitud, la Bendici贸n Apost贸lica.

Dado en Roma, desde San Pedro 20 de Noviembre de 1890, en el a帽o 13 de Nuestro Pontificado.

LE脫N XIII


1

Le贸n XIII, Encicl. In pluribus maximisque.

2

Mat. 9, 37; Luc. 10, 2.
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