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Cardenal Giovanni Battista Re, Homilía durante la Concelebración Eucarística en el 25 Aniversario de la Proclamación de Santo Toribio como Patrono del Episcopado de América Latina
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Homilía del Cardenal Giovanni Battista Re durante la Concelebración Eucarística en el 25 Aniversario de la Proclamación de Santo Toribio como Patrono del Episcopado de América Latina

Iglesia de Santa Anastasia en el Palatino

En esta bas√≠lica de Santa Anastasia, en la que hay un altar dedicado a Santo Toribio, estamos reunidos para conmemorar el 25¬į aniversario de la proclamaci√≥n de Santo Toribio de Mogrovejo como patrono del Episcopado de Am√©rica Latina. Las razones de esta proclamaci√≥n de parte del Papa Juan Pablo II son claras: Santo Toribio, evangelizador en Am√©rica del sur, es un pastor ejemplar al cual podemos mirar como a un modelo de santidad personal, maestro en la fe, entregado santificador e iluminadora gu√≠a pastoral. Al mismo tiempo, es intercesor de gracias en el cielo a favor especialmente de los pastores de Am√©rica Latina.

América Latina ha llegado a ser un continente mayoritariamente católico, de fe cristiana vigorosa y de extraordinaria creatividad, gracias a pastores como Santo Toribio de Mogrovejo que supieron plantar la fe sólidamente y trabajaron con ardor para que echara raíces profundas.

Celebramos esta efem√©ride en circunstancias significativas: la Pontificia Comisi√≥n para Am√©rica Latina est√° recordando los cincuenta a√Īos de su creaci√≥n por obra del Papa P√≠o XII (1958), y estamos a casi un a√Īo de la V Conferencia general del Episcopado latinoamericano en Aparecida.

Dicha Conferencia, como es sabido, tuvo como tema central: "Disc√≠pulos y misioneros de Jesucristo, para que en √©l tengan vida. "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14, 6)". Se trata de un tema que es la puesta por obra del mandato de Jes√ļs que acabamos de escuchar en el evangelio que ha sido proclamado hace pocos minutos: "Id, pues, y haced disc√≠pulos a todas las gentes, bautiz√°ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp√≠ritu Santo, y ense√Ī√°ndoles a guardar lo que yo os he mandado" (Mt 28, 19-20). La vida y acci√≥n pastoral del santo arzobispo de Lima fue una puesta en pr√°ctica de este mandato del Se√Īor; y le√≠da a la luz del Documento de Aparecida su obra adquiere extraordinaria novedad y se nos revela como anticipaci√≥n prof√©tica: es la novedad perenne del Evangelio y la profec√≠a constante de la santidad. En efecto, Santo Toribio fue fiel disc√≠pulo de Jesucristo, que anunci√≥ la buena nueva en los vastos √°mbitos de los Andes, fue buen pastor que ama su reba√Īo, cuya voz conocen las ovejas y que est√° dispuesto a dar su vida por ellas. Fue asimismo misionero de talla excepcional.

En toda vocación hay un designio misterioso del amor de Dios. Es él quien llama y confía una misión. La fecundidad de una existencia humana deriva de la fidelidad a esta misión. Así vemos la vocación de Jeremías, de la cual nos ha hablado la primera lectura de la misa: "Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí" (Jr 1, 5). Así también fue para Santo Toribio.

Toribio de Mogrovejo, eximio jurista de Salamanca y juez en Granada, hab√≠a ya decidido consagrarse al Se√Īor y hab√≠a recibido la tonsura, cuando el rey de Espa√Īa lo propuso al Papa como arzobispo metropolitano de Lima: una arquidi√≥cesis de proporciones enormes y con diez obispos sufrag√°neos. Toribio contaba entonces con treinta y nueve a√Īos de edad.

En un primer momento experiment√≥ cierta dificultad para aceptar el nombramiento de parte del Papa, considerando demasiado alta la misi√≥n que se le quer√≠a confiar, pues el episcopado se le mostraba ‚ÄĒy m√°s a√ļn trat√°ndose del arzobispado de Lima‚ÄĒ como un peso superior a sus fuerzas. Pero luego supo ver en esta decisi√≥n del Papa la mano de la Providencia divina y termin√≥ por aceptar. Fue inmediatamente ordenado di√°cono, sacerdote y obispo.

Su excelente preparación como teólogo y jurista, que fue sólida y profunda, y su corazón de ardoroso espíritu misionero, hicieron de él una figura fundamental de la historia de la evangelización del nuevo mundo y un gran defensor de los indígenas.

Con gran resolución, comenzó por aprender quechua, para así poder ser entendido por la gente simple. Concibió su ministerio pastoral como un compromiso misionero para anunciar a Cristo a todos. Estaba convencido de que la fe cristiana estaba abierta a cada cultura y era un don proporcionado al corazón de cada hombre y cada mujer, incluidos también aquellos del continente recientemente descubierto.

Lleg√≥ a Per√ļ el 11 de enero de 1581 y all√≠ permaneci√≥ hasta su muerte, veinticinco a√Īos despu√©s. El gran Per√ļ de 1581 ten√≠a siete millones de kil√≥metros cuadrados y la arquidi√≥cesis, que iba de Panam√° a la tierra austral, comprend√≠a diez obispados. A la extensi√≥n se sumaba la configuraci√≥n contrastante y dura de su territorio y la diversidad de lenguas. Y estaban los conflictos entre las diversas √≥rdenes religiosas, las discrepancias con el virrey, las vastas poblaciones ind√≠genas por evangelizar y la inmensidad de la grey cristiana por visitar y apacentar.

Toribio, al llegar, sin p√©rdida de tiempo inici√≥ su labor pastoral: su mente clara de jurista, su aguda inteligencia, su celo de pastor, le van a ir sugiriendo los modos y los medios. Fue claro para todos que era un hombre de Dios, que ten√≠a doctrina, virtud y car√°cter. Su antecesor ya hab√≠a convocado, pero no celebrado, el III Concilio Limense. Toribio renov√≥ en seguida la convocatoria y lo celebr√≥ a partir del 15 de agosto de 1582. Acudieron ocho obispos ‚ÄĒdos no pudieron‚ÄĒ, ocho provinciales y superiores de √≥rdenes religiosas, cinco te√≥logos ‚ÄĒentre ellos, el jesuita Jos√© de Acosta‚ÄĒ, letrados, juristas y procuradores de cabildos catedralicios.

Del III Concilio Limense brotaron el catecismo ‚ÄĒque contiene el manual de la "Doctrina cristiana", resumen de las principales verdades de la fe cristiana‚ÄĒ, el "Catecismo breve", con preguntas y respuestas, y el "Catecismo mayor", que segu√≠a el modelo del catecismo tridentino, todos en tres lenguas, espa√Īol, quechua y aymara. Del III Concilio sali√≥ tambi√©n el Confesionario para los curas de indios y el Sermonario, ambos triling√ľes. Estos catecismos y obras auxiliares traduc√≠an al quechua y al aymara conceptos sutiles y dif√≠ciles, y fueron instrumento de cultura al convertirse en cartilla para ense√Īar la lengua castellana a los ind√≠genas y las lenguas ind√≠genas a los espa√Īoles y mestizos. Fue una obra de aut√©ntica inculturaci√≥n, en la que se realizaba lo que dir√≠a P√≠o XII: la Iglesia civiliza evangelizando.

Del III Concilio Limense cabe subrayar el fomento de la vida sacramental y la formación de sacerdotes, y el cuidado en la elección de los curas y doctrineros. Santo Toribio de Mogrovejo fundó en 1591 el primer seminario conciliar del nuevo mundo, aplicando en su disciplina, espíritu y programas, cuanto el Concilio de Trento había establecido.

Toribio también celebró otros dos concilios provinciales y diez sínodos episcopales, emanando normas para las nuevas situaciones de la vasta realidad de la Iglesia americana a él confiada.

Podemos decir que la legislaci√≥n emanada por Santo Toribio sirvi√≥ de gu√≠a a la Iglesia de Am√©rica del sur durante tres siglos, hasta el Concilio Latinoamericano de 1899. Toribio de Mogrovejo fue el gran organizador de la Iglesia del virreinato del Per√ļ, que abarcaba de Panam√° a la tierra austral. Y, en este sentido, es considerado tambi√©n uno de los grandes forjadores de la sociedad peruana.

En breves palabras, Toribio de Mogrovejo fue discípulo ejemplar de Jesucristo, a quien seguía y amaba por encima de la propia vida. Fue, como él, buen pastor al servicio de las almas, sobre todo de las más desamparadas, como los indígenas y los pobres. Vivió un amor concreto y heroico a la Iglesia, con acatamiento y obediencia al Papa. El centro de sus jornadas era la Eucaristía; fue hombre de mucha oración, de fe acrisolada, de exigencia austera consigo mismo. Fue asimismo misionero de talla excepcional catequizando, predicando y administrando los sacramentos en primera persona. Bautizó personalmente a más de un millón de indígenas y confirmando seiscientas mil personas, como lo dice con sencillez en su carta al Papa Clemente VIII. Sus biógrafos afirman que, cuando la muerte lo sorprendió en plena visita pastoral, en Zafia, había recorrido a pie y a lomo de mula, cuarenta mil kilómetros.

Toribio de Mogrovejo realiz√≥ de modo admirable el esp√≠ritu misionero subrayado en el Documento de Aparecida que dice: "La di√≥cesis, en todas sus comunidades y estructuras, est√° llamada a ser una comunidad misionera. Cada di√≥cesis necesita robustecer su conciencia misionera, saliendo al encuentro de quienes a√ļn no creen en Cristo en el √°mbito de su propio territorio, y responder adecuadamente a los grandes problemas de la sociedad en la cual est√° inserta. Pero tambi√©n, con esp√≠ritu materno, est√° llamada a salir en b√ļsqueda de todos los bautizados que no participan en la vida de las comunidades cristianas" (n. 168).

Desde el inicio de su labor pastoral, Toribio se propuso la atenci√≥n y promoci√≥n de los ind√≠genas, consider√°ndolos en su dignidad de personas y de hijos de Dios. "Para Toribio de Mogrovejo en todo hombre hab√≠a luces y sombras y estaba convencido de que lo que requer√≠an los indios en dura sumisi√≥n por la conquista era una dedicaci√≥n mayor y una caridad m√°s extremada" (Jos√© Agust√≠n de la Puente Candamo, La contribuci√≥n de Santo Toribio a la formaci√≥n del Per√ļ, en Toribio de Mogrovejo, misionero, santo y pastor, p. 26). "En vez de considerar a espa√Īoles e ind√≠genas como dos mundos separados, debemos considerar la universal rep√ļblica de los indios y los espa√Īoles como una sola y no como dos diversas", dec√≠a el padre Acosta en su De Procuranda indorum salute, reflejando el pensamiento del santo obispo.

En un tiempo en el cual la opinión dominante era que no se debería dar la Eucaristía a los indios a quienes consideraban de rudeza espiritual y poca capacidad humana, Santo Toribio se preocupó de que también los indígenas, bien preparados, recibieran con frecuencia la Eucaristía.

Toribio de Mogrovejo puso al servicio de la promoci√≥n de los ind√≠genas su capacidad organizativa y su celo pastoral en el campo de la evangelizaci√≥n, con los varios catecismos en sus propias lenguas y misionando √©l personalmente entre ellos durante 25 a√Īos; en el campo de la educaci√≥n, con la fundaci√≥n de diversas escuelas y centros de ense√Īanza; y en el campo de la promoci√≥n humana, aprendiendo √©l sus lenguas para mejor comprenderlos y ayudarlos y compartiendo su vida y afanes. Y es que en el santo arzobispo de Lima ve√≠an los ind√≠genas la imagen viva de Jesucristo, y Toribio, en ellos, a √©l serv√≠a amorosamente.

Al conmemorar los veinticinco a√Īos de la proclamaci√≥n de Santo Toribio como patrono del Episcopado latinoamericano, el santo arzobispo de la "ciudad de los reyes" se nos revela como figura entra√Īable y actual, aut√©ntico modelo de disc√≠pulo y misionero de Jesucristo, seg√ļn el esp√≠ritu de la Conferencia de Aparecida.

Expreso el deseo de que el testimonio de vida de este extraordinario obispo contin√ļe iluminando el camino de Am√©rica Latina y de la Iglesia cat√≥lica entera, mientras pedimos a Santo Toribio que proteja a Am√©rica Latina y la ayude a ser fiel a aquella identidad cat√≥lica que la caracteriza y por la cual Santo Toribio tanto se entreg√≥.

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